martes, 30 de julio de 2024

EL CASTAÑO DE LOS SEIS ESCUDEROS (Leyenda granadina)



Existen varias versiones de esta leyenda, pero la más original y con la gracia “granaína” innata que le caracterizaba, es la de Francisco Izquierdo en “El apócrifo de La Alpujarra Alta” -1969- contada por el maestro del pueblo de Bubión:

 “EI castaño era alto como el Alto de la Cañada de las Majaíllas y recio como treinta bueyes cogidos por el ronzal. En sus ramas cabían todos los jilgueros y todas las alondras del Magalite. Por el otoño, cuando se le iban las hojas, éstas, puestas unas sobre otras, subían una docena de varas, rojas como la sangre y olorosas a canela húmeda.

 En tiempos, en la copa del árbol vivió un águila imperial y su corte de alcaudones, quinientos pájaros de presa con el cuello negro y la mirada redonda como el brocal de un aljibe. En tiempos, en el hueco del árbol hubo una aljama y en ella se reunían hasta veinticuatro moros importantes. En tiempos, el castaño fue telar para tejer lienzo y vivían en él diez muchachos y su madre, la hilandera. La enramada cubría un marjal y resguardaba del sol y de la lluvia a la mujer, a sus hijos y a todas las madres y sus hijos de Bubión. EI castaño era templo, plaza, alegría, velatorio, fiesta, guerra.


El castaño, además, tenía poderes únicos: convertía en veletas a las serpientes que reptaban el tronco en busca de pájaros; durante las tormentas, el castaño transformaba las chispas eléctricas en arcos iris; sus sombras sanaban a los lisiados de la guerra, a los leprosos, a los estériles; su corteza, en tiempos de hambre, se hacía pan de higo. Dicen que el castaño, en la noche de San Juan, se metamorfoseaba en legión de sarracenos y cabalgaba las cumbres de Sierra Nevada con la algarabía y el estropicio de los mejores tiempos de la sublevación morisca. ¡Ay del que tropezara con el castaño convertido en animal bélico…!


El Comendador de Castilla, que vino al lugar de Bubión, del que era dueño como de gran parte de las tahas de Órjiva y de Pitres, supo del castaño y de sus condiciones extra naturales.

-Y eso, ¿cómo puede ser? preguntó el feudal. 

-Pues siendo, -¡ea!  respondió su secretario.

-Mira, tú, manda razón y que le busquen averiguaciones.

Hechas las averiguaciones y vistas las referencias se cayó en la cuenta de que el árbol era, aparte su madera y sus cobijas irracionales, “una cosa mala con ánima”.

-Que se le juzgue por antinatural.

-Sí señor.

-Y por brujería.

-Sí señor.-

Y por planta vegetal que es demonio.

Fueron necesarios seis consejeros y dos escribanos, todos expertos, amamantados por la Inquisición, cultos en el arte de las averiguaciones, duros como el pedernal y católicos desde cien generaciones. Al castaño se le puso juicio una tarde de julio, con la calor fuerte, y los jueces y los escribanos y el público se cocían al sol, pero no dejaron que las sombras del árbol  les tocara el cuerpo.

-Preguntamos si has consentido y creído que Cristo no sea Dios.

“La planta no responde”, susurró un escribano.

-¿Por qué no responde? -indagó el presidente.

 -No lo sabemos, señor presidente.

-Segunda pregunta -señaló el juez mayor. 

-Preguntamos si, aparte las dudas sobre la fe de Cristo, como dicho y confesado habéis por el silencio, tuvisteis fe y creísteis en la secta de Mahoma.

Se hizo por segunda vez la segunda pregunta.

“El árbol no responde, señor juez”, repitió el escribano correspondiente.

-No responde, ¿eh?

-No, señor.

-Mal, muy mal. Échale otra interrogación.

-Preguntamos si tenéis alguna inteligencia con espíritu maligno de los que suelen traer y convocar a lugares negros y en formas diversas.

Un golpe de viento agita las hojas del castaño y de su enramada desciende un frescor a sombra y dulzura. Los presentes se apartan vivamente para que no les toque el aire impuro.

-¿Es una respuesta?-quiere saber el juez mayor.

-No creo, señor. Parece voluntad de Dios Nuestro Señor al mover el viento entre las ramas de una de sus criaturas.

-Hazle una última pregunta y si no contesta, decidiremos.

-Preguntamos si tenéis relación directa o indirecta con Zaquiel.

-¿La tenéis?-insiste el segundo escribano, impaciente.

-¿Qué dice?

-No dice nada, señor juez.

-¿Cómo es posible?

-Tampoco lo entendemos nosotros-agregan los consejeros.

-Mal, pero que muy mal -el juez sacude la cabeza.

Bajo el calor tremendo del día de julio, los del tribunal deliberan, pero no mucho, que la sentencia era clara. EI Comendador, bajo sombrilla, que para eso es amo y señor, atiende a los justicias.

“No responde, no responde”, condenan los consejeros.

-¿Hacen falta más pruebas? -pregunta el amo.

 -Creemos que no, señor.

-Pues haced justicia. En su silencio hallaréis la culpa. Quien calla, otorga.

Fue sentenciado a la hoguera. Por brujería, por tratos con el Maligno, por rebelión ante la justicia, por desprecio al Comendador de Castilla. Tardó en arder completamente dos semanas justas, y en el último día de su tronco enorme, surgió un pajarraco negro que huyó a los montes blasfemando horriblemente.

-¿Qué gritaba el pájaro? -pregunta el cronista a Salvorico Bu, que asiste a la historia sin pestañear.

-Era una urraca.

-Pero, ¿qué gritaba? -insiste el cronista.

-” ¡Voto a Satanás, que me quemo!”.




BIBLIOGRAFÍA.-

Tomado de www.aldearural.com


NITO



domingo, 30 de junio de 2024

EL BALCÓN DE LOS PINTORES


Nuestro gran pintor Pepe Carmona en uno de sus últimos certámenes participó con la acuarela titulada “El Balcón de los Pintores”, de la que realizó el siguiente comentario en el catálogo:


“El Balcón de los Pintores es un homenaje a la Granada desaparecida y a todos aquellos pintores que plasmaron cada rincón del viejo Albaicín. He decidido pintar algo que hoy ya no existe en la realidad, pero que refleja el valor de la pintura como documento histórico”




Prestigiosos pintores y fotógrafos retrataron este mirador con vistas a la Alhambra perteneciente a una vivienda de la calle Guinea, hoy en venta. El conocido balcón de los pintores, oculto entre muros y hierbajos, se desmorona debido al mal estado del inmueble sito en el Albaicín.

 

Estado actual del Balcón de los Pintores

 Posiblemente sea el único balcón de sus características que quede en el Albaicín. Hubo uno similar en la calle Zenete, pero desapareció hace algún tiempo. Queda el consuelo de contemplar la fotografía de Arturo Cerdá que se conserva del peculiar mirador.

Algunos vecinos sostienen que el nombre del ‘balcón de los pintores’ viene dado por el interés de los artistas en alquilar este espacio para retratar la Alhambra, pero una de las personas que más sabe de pintura granadina, Juan Manuel Segura, mantiene que la denominación obedece al interés de los propios creadores en reproducir en sus lienzos el balconcillo por su imponente arquitectura.

Esta versión cobra más sentido si se tiene en cuenta que no hace falta alquilar una casa para retratar la Alhambra. En el Albaicín son innumerables los rincones con extraordinarias vistas a la colina de la Sabika.

Segura recuerda a bote pronto las obras del balcón de los pintores que han plasmado artistas como el sevillano Manuel Osuna, Rafael Latorre, Enrique Marín, Isidro Marín y Tomás Martín Rebollo, entre otros. También instantáneas de fotógrafos como Arturo Cerdá o Abelardo Linares, éste último conocido por su estudio fotográfico en la Alhambra.

Hoy sería imposible captar la belleza de aquellos retratos. Si uno compara cualquiera de aquellas obras con la imagen actual del lugar se percata rápidamente del escaso cuidado que se ha tenido a la hora de conservar este rincón histórico. La normativa o la disciplina urbanísticas no entienden de arte y tampoco de historia. 

 


Juan Bustos, al referirse al gran reto que supone para los pintores captar la luz en Granada, afirma ser un abierto desafío para todos los artistas que han querido reproducirla. El juego cambiante de sus tonalidades —gama riquísima de sutiles naranjas, azules que se transforman en delicados violetas, púrpuras disueltos en rosas increíbles—, es tan intenso, tan llamativo, que despierta la atención hasta del observador más indiferente. Alejandro Dumas, apreciaría el fenómeno —no en balde tenía una especial sensibilidad para el color— y lo describiría con acierto en pocas palabras: Esta es una luz que imprime a las casas y a las figuras una coloración cálida y vivaz que yo no he encontrado hasta ahora sino aquí”.

No puede sorprendernos, por tanto, que cada artista que viniera a Granada dispuesto a interpretarla, a «descubrirla» con sus pinceles, buscara con ahínco el lugar idóneo para mejor lograrlo, el emplazamiento más estratégico para captar un más luminoso paisaje. Entre todos estos puntos, el llamado “Balcón de los Pintores" en el Albayzín, ha sido desde muy antiguo uno de esos enclaves estratégicos.


Mirador del Zenete.  Fotografía de Arturo Cerdá.

En la tortuosa y pintoresca confluencia de Azacayuela de San Pedro con Limón, este viejo y privilegiado mirador se abre a una vista prodigiosa. Isidoro Marín lo pintó, en 1894, con técnica perfecta y una gracia y sencillez admirables. En 1923, casi treinta arios más tarde, conservaba el mismo aspecto, como atestigua la fotografía que reproducimos hecha entonces por el maestro Torres Molina.

La imagen -admirada en toda España y la América Española, porque se publicó en “La Esfera”, en uno de sus números´-   era  de las que definía el Albayzín de la época. Un Albayzín todavía, para su suerte, casi incontaminado de experiencias arquitectónicas; el barrio donde vivía el poético espíritu de la tradición, donde había encontrado refugio la leyenda con su eco de siglos, donde se encerraba, en suma, el alma vieja y melancólica de la ciudad. «El Albayzín es Granada, como Triana es SeviIla —escribía Enrique Hernández Carrillo—; porque el Albayzín, con sus calles pintorescas, sus casas antiguas y sus rincones misteriosos, guarda el tesoro de Granada y mantiene vivos sus emocionantes recuerdos.

 No exageraba en demasía el entonces presidente de la Comisión de Fiestas y Turismo del Ayuntamiento granadino. El aliento invisible de la poesía se dejaba sentir todavía fuertemente en el noble barrio albaycinero. Y desde el «Balcón de los Pintores", aún se podía disfrutar de la exaltación de la luz en un panorama de color incopiable.



NITO

 


 

 

 


jueves, 30 de mayo de 2024

BAILES POPULARES GRANADINOS

 


 BAILES POPULARES GRANADINOS

Los bailes más populares entre las diversas clases sociales de la Granada romántica, despertaron, por lo General, la admiración y el entusiasmo de los visitantes extranjeros de aquel período. Uno de los primeros en llegar, el gran escritor francés Renato de Chateaubriand –el célebre vizconde autor de “el último Abencerraje”- , se interesó vivamente por la infinita diversidad de danzas que tuvo ocasión de contemplar. El repertorio era en verdad abundante: la chacona, el jaleo, el avilipinti, el vito, la zambra, el fandango…

El barón charles Davillier, años más tarde, describió, con acierto el zorongo que vio bailar a una muchacha de precioso cuerpo, apodada “La Perla”, que ejecutó esta típica danza –en el en la que un pandero sustituía a las castañuelas-con una flexibilidad y una gracia admirables. “Sus desnudos pies rozaban el suelo sembrado de guijarros como si estuviera bailando sobre una alfombra”. El mismo ilustre y culto viajero enumeraba entre los bailes de palillos, a las seguidillas, boleros, manchegas, jícaras, el olé y otros menos frecuentes.

        

Había también -como siempre ha habido en todos los países- bailes de marcada procacidad, por lo común limitados a las capas más bajas de la población. Bailes como la apasionada zarabanda, cuyos movimientos  lascivos y gestos desvergonzados, hacían tronar a los predicadores de los púlpitos, si bien no con demasiado éxito en sus acusaciones de liviandad. No digamos de otra danza del título más que significativo,  “la jerigonza del fraile”, que las autoridades eclesiásticas conseguían prohibir por temporadas.

                                           

El baile fue consustancial con el espíritu de los granadinos

Esta ilustración de tema folclórico que mostramos, reproduce una escena de uno de estos bailes granadinos. En el patio se ha improvisado esta fiesta. La guitarra, el pandero y las castañuelas como únicos instrumentos musicales. Las palmas de los asistentes pondrían lo demás. “La música española, compuesta con suspiros, con arranques vivos, gemidos dolorosos y cánticos entrecortados –escribió Chateaubriand- , ofrece una mezcla singular de alegría y tristeza”.          

A la sombra de un parral, bien provistos de bebida, el baile empieza a perfilar sus primeros movimientos. ¿Sería un bolero? ¿Acaso el vito? Ambos fueron, casi con absoluta seguridad, los bailes más populares en la Granada de los siglos XVIII y XIX.

Sobre todo el segundo, un que unía a la gracia de su ritmo y a la expresividad de sus movimientos, unas letras picarescas y zumbón las la mayoría de las veces. Una viajera inglesa de 1853, recogería una letra del editor que vio bailar. Merece la pena reproducirla:

“Las mocitas son de oro

las casadas son de plata

las viudas son de cobre

las viejas son de hojalata

con el Vito, Vito, Vito

con el Vito, Vito.  Va…”


                                  

 




NITO  


domingo, 28 de abril de 2024

ODA A LAS HABAS TIERNAS CON JAMÓN Y HUEVOS PARA EL DÍA DE LA CRUZ.–

 



   No hay cronista ni escritor que al ocuparse de esta festividad,  en su vertiente gastronómica, (ya sea de nuestros barrios, o de nuestros pueblos), que no  aseguren que el guiso de este día son las habas fritas con lonchas de jamón y huevos fritos. 

Las fiestas han cambiado. Hoy, en el día de la Cruz, con tanta concentración de masas, sólo hay tiempo para la bulla y el jolgorio. Ya decía Don Mariano Cruz Romero, en su Manual de Cocina Albaycinera, que, “para el buen comer, era necesaria la tranquilidad y, para este plato, más aún, pues va siempre unido a la recolección de las habas. En este mes se organizan pandas de amigos y peñas para vivir en común el delicioso menú. Las habas se compraban en los cármenes y en los huertos del Albayzín o en sus alrededores. Las más dulces eran las de la Albérzana, las de la Cisterna, las del huerto de Antonio Cañero, las de San Pascual o de los Marranicos, allá en la carretera de Murcia. Por el camino del Monte, las de Cá-Joseíco Poyato, Puente Quebrada, el Jornillo y Puente Mariano. Las mejores son las recién cortadas y es frecuente, por estas fechas, ir a las huertas y esperar a que las corten.

Forma de hacerlas: se echa el aceite en una sartén o mejor en cazuela de barro que se pueda tapar. Cuando el aceite está fuerte, se le pone un pedacito de gordo de jamón, para que suavice las habas, y cuando el tocino ha soltado la grasa, se añaden las habas, sin vainas, y se tapan, guisándose a fuego lento para que no se arrebaten. Tres o cuatro minutos antes de apartarlas de la lumbre, se le echa jamón fresco o de paletilla, se remueve con las habas y se deja tapado un momento para que no se endurezca el jamón. Listas ya, se les puede agregar un par de huevos fritos.

Otros platos, frecuentes en el Barrio, pasadas las primeras habas, son: habas fritas con cebolleta; habas fritas con tallos de ajos; cazuela de habas con arroz y fideos (como acompañamiento pueden llevar, según presupuesto, almejas, gambas o alcachofas), siempre con su matica de hierbabuena; tortilla de habas, pero en este caso tiernas; puchero de habas verdes con chicharros y hojas de lechuga (no es puchero de verano, sino primaveral); sopa de habas con huevos cuajados, almendras y pan tostado, etc.

De aquí en adelante aparece en la cocina el puchero de verano, que contiene habichuelas verdes, peras de verano, papas y calabaza. Es el llamado cocido granadino”.

 

Las habas, el sabor granadino por excelencia.

Por ello, desde el 25 de abril, festividad de San Marcos en adelante, es costumbre en Granada y provincia, comer habas verdes con bacalao seco, pan y vino, ritual que se realiza en las huertas. Además, esos días la mayoría de los bares de Granada ofrecen generosamente, colocadas a veces en capachos sobre las barras, como acompañamiento de la bebida, gran cantidad de habas.

 Las jugosas habas tiernas protagonizan multitud de platos, de los que destaca el que tiene como ingrediente básico el jamón y el aceite de oliva virgen.


 Del primer plato al postre: habas

¿Y en la actualidad…? -Algo han cambiado los gustos: Un año más, desde el primero hasta el último de los platos que componen el menú de la vigesimoquinta edición de las jornadas gastronómicas de Regaman (Asociación Empresarial y Gastronómica de la Mancomunidad del Rio Monachil), todas las recetas giraron sobre un producto: el haba verde.

 Y estos han sido:

El Guerra, con una ensalada de habas con alcachofas y salmorejo semifrito con anchoa; La Estrella, con unas croquetas de habas con jamón; Los Cerezos, con una cazuela de habas con alcachofas a la hierbabuena; Las Perdices, con unas habitas primera flor en patacón con berenjenas, tomate y cebolla caramelizada; Montevélez, con un bacalao al horno con habas; El Palacio del Capricho, con un choto con costra y vicia faba; y Dulces Francisco Arenas, con un cupcake de crema de haba.

 El ganador, como todos los años, ha vuelto a ser elegido de forma democrática por todos los asistentes a la cena, que al finalizar la misma tuvieron la posibilidad de votar en unas tarjetas que se depositaron en cada mesa.

 Un dilema en Granada:

En Granada no hay discusión. Unas buenas habas fritas en su temporada y, si puede ser, en una buena terraza viendo la Vega de Granada es un placer sublime. No obstante, si hablamos con un “granaino”, la cuestión de si fritas ó crudas es como preguntarle a un niño si quiere más a papá o a mamá.


 

NITO

 

 BIBLIOGRAFÍA.-

 Ritual de la Cocina Albaycinera de Mariano Cruz Romero

 Diario "Granada-Hoy"

 

viernes, 29 de marzo de 2024

EL CRISTO DE SAN AGUSTÍN: EL SAGRADO PROTECTOR DE GRANADA

 


EL CRISTO DE SAN AGUSTÍN 

El Cristo de San Agustín es una escultura de madera de carácter devocional, que se conserva en el Convento del Santo Ángel Custodio (Granada, España) y que está atribuida a Jacobo Florentino, quien pudo ejecutarla entre 1520 y 1525.  Actualmente, la imagen está en usufructo de la Hermandad del Cristo de San Agustín y procesiona cada año durante Semana Santa.

La imagen, por acontecimientos históricos de la ciudad, está considerada como "Sagrado Protector de Granada" desde 1680, cuando se obraron algunos milagros atribuidos a la acción del Cristo ante una epidemia de peste.



CARACTERÍSTICAS

Esta imagen religiosa, actualmente venerada en el convento del Santo Ángel Custodio de Granada, es una escultura de talla completa y de vestir hecha de madera de nogal, de 1'92 metros de altura, policromada. Se trata de una de las obras más señeras de su autor, Jacobo Florentino. Presenta una melena de cabello natural y nimbo y corona de plata sobrepuesta del siglo XVIII. El Cristo reposa sobre una cruz de plata cincelada con motivos florales, del siglo XVIII y restaurada recientemente.


Es una obra simétrica, concepto muy propio de la época en que fue realizada, el Renacimiento, salvo por la inclinación diestra que presenta la cabeza, que muestra a Jesús después de expirar. El rostro refleja visiblemente el dolor y cansancio de Cristo, sobrevenido sobre su propio peso. Sobre la zona pectoral vemos tres regueros de sangre y en el costado derecho la herida de la lanza de Longinos, representada con una mancha negruzca y una pequeña perforación del cuerpo. Al estar tallada íntegramente, su anatomía se cubre con un sudario corto de tela, bien con faldilla o tonelete.

A modo anecdótico podemos destacar de esta imagen que es la titular de la Hermandad del Santísimo Cristo de San Agustín de Granada, cuya Hermana Mayor ad perpetuam es la Reina Isabel II a petición propia tras orar frente a la imagen. Debido a los milagros que se le atribuyen, así como favores concedidos al pueblo granadino durante el siglo XVII, ostenta el título de "Sagrado Protector de la Ciudad".


Solemne Función de la Reina Isabel II (1863)

Bula concedida por Su Santidad Pío IX de 27 de febrero de 1863 a la Hermandad del Cristo de San Agustín

Las bulas recibidas por la Hermandad responden a un momento de especial esplendor. En los últimos años del reinado de Isabel II y muy ajenas a las dificultades que se avecinaban a finales de la década de 1860, las cofradías granadinas conocieron, en general, una época de prosperidad. Así ocurrió en la Hermandad del Stmo. Cristo de San Agustín.

Indicios de la brillantez de esa etapa son, sin duda, los solemnes cultos que se celebraron durante esos años, que nos han dejado, como testimonios impresos, diversos folletos reseñando los predicadores del quinario anual. Se desarrollaba entre los días 5 al 9 de agosto y en la función del día 8 -fecha originaria del Voto de la Ciudad- se recibía solemnemente a la corporación municipal.

Entre los comisarios de cada año encontramos personas distinguidas de la sociedad granadina, como nobles, senadores o canónigos; en una ocasión incluso el propio deán de la Catedral (1860) y hasta el mismo arzobispo de Granada (1857). No es de extrañar, pues el arzobispo don Salvador José de Reyes estuvo al frente de la Hermandad entre 1852 y 1864. Lo más granado de la oratoria sacra granadina ocupó la sagrada cátedra durante aquellos célebres quinarios.

Debe resaltarse que, por entonces, gozaba de una intensa vitalidad la Asociación de Señoras aneja a la antigua Hermandad del Cristo de San Agustín. Por las actas que se han conservado, sabemos que militaban en esta rama numerosas damas de la alta sociedad granadina -muchas de ellas eran esposas o hijas de miembros de la Hermandad-, que elegían sus propios cargos y que en todo momento se afanaron de mantener el culto al Stmo. Cristo de San Agustín en el convento del Santo Ángel Custodio, ubicado por entonces en lo que actualmente es el Banco de España.

Un último indicio de ese auge en la segunda mitad del siglo XIX es, sin duda, el nombramiento de la reina Isabel II como Hermana Mayor y Protectora perpetua de la corporación. Ya hubo un ofrecimiento, seguramente aceptado, por parte de la Hermandad en 1844, pero esa vinculación con la soberana quedó definitivamente rubricada el 31 de diciembre de 1862, fecha que presenta la comunicación de aceptación girada a la Hermandad por el duque de Bailén, Mayordomo Mayor de Palacio.




BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA.- 

Hermandad del Cristo de San Agustín.-

"El Rincón del Cofrade".-

Wikipedia.-

La «Gazetilla Curiosa», del P. de la Chica

Diario “GRANADA HOY”


NITO

 

 

jueves, 22 de febrero de 2024

CENTENARIO DE LA MUERTE DE FRANCISCO DE PAULA VALLADAR

Francisco de Paula Valladar murió el 22 de febrero de 1924 ( justo hoy hace un siglo), la ciudad entera acudió a la conducción del cadáver, aunque el Ayuntamiento le denegó la pensión que solicitó su viuda Dolores Núñez. Es verdad que lo enterraron gratis, pero su tumba hoy presenta un aspecto que es mejor ni verla. Así es la vida en Granada. Unos cronistas con parque y otros aparcados. (Profesor D. José Luis Delgado)  

Don Francisco de Paula Valladar y Serrano, el erudito granadino que lo fue todo en la cultura de su tierra.

Dio a conocer la historia, el arte, las tradiciones y el teatro con su revista La Alhambra durante 27 años

Publicó decenas de libros de temática local; cronista de la ciudad y la provincia; primer director del Patronato de la Alhambra.

Nuestra "MURGA" ya le dedicó una semblanza en Febrero de 2012, cumplido con creces el siglo y medio de su nacimiento


Aquí yace el erudito granadino que lo fue todo en la cultura de su tierra.

Nota: Pinchando en el siguiente enlace se accede a la entrada mencionada.

 [ https://nito-lamurga.blogspot.com/2012/09/francisco-de-paula-el-cronista-de.html ] :


NITO

martes, 30 de enero de 2024

LOS PRECURSORES DE LA GENERACIÓN DE PINTORES GRANADINOS DEL XX

 

Fco. Soria Aedo

LOS PRECURSORES DE LA GENERACIÓN DE PINTORES GRANADINOS DEL XX

 “Granada ha ejercido siempre una fuerte atracción en los pintores. La ciudad se puso pronto de moda entre ellos, con su prodigioso laberinto de escenarios pintorescos y exóticos. Cada uno de aquellos artistas contribuyó a su manera a difundir su visión de una Granada original y colorista, melancólica y misteriosa”

Felipe Sassone



Aedo

Los años 20 del pasado siglo, fueron cruciales para muchas cosas, como después se ha sabido. Fueron los años de máximo esplendor de una generación artística de suma importancia en el panorama creador del siglo XX español y, también, los años de los primeros pasos de jóvenes pintores que pronto alcanzarían prestigio y estimación. La ciudad, su ambiente, sus escenarios, seguían siendo golosos para los pintores. “Época de pleno esplendor para Granada –escribió Mariano Antequera, que disfrutó de ella-, como meta ideal para los paisajistas, con su entonces intacta vega, sus bellísimas huertas, su Albaicín de palacios renacentistas, casitas humildes y cármenes paradisíacos y, sobre todo, su  Generalife, con sus panoramas, rincones y jardines dignos de las más nobles villas romanas".

Gabriel Morcillo

En aquella  Granada pintaron con entusiasmo y fortuna, artistas  granadinos de reconocidos méritos. Como Ismael González de la Serna, ido pronto a París, después de  acreditar el magisterio de su colorido; los hermanos Ramón y José Carazo; Francisco Soria Aedo, con su característica desenvoltura de maneras; Gabriel Morcillo, con sus cuadros de convencional orientalismo. También se iniciaba por entonces un jovencísimo Manuel Ángeles Ortiz, "cuya inquieta sensibilidad, siempre juvenil  -escribió Emilio Orozco-, le permitiría moverse al unísono de las cambiantes tendencias de la pintura europea". Era la bien llamada "generación del Centro Artístico". Él había recibido a un Manuel Ángeles, recién llegado y seducido por la pintura de Romero de Torres. En Granada se sacudiría dicha disciplina y empezaría a perfilarse el artista dispuesto a vivir la gran aventura de las artes plásticas de nuestro siglo.

Isidoro Marín

LOS MAESTROS

Con todo y con todos, las cumbres de la pintura granadina de aquel momento artístico tan importante, eran los dos José María: López Mezquita y Rodríguez Acosta. "Por los años 20 -escribe Cristina Viñes- el talento de López Mezquita y de Rodríguez Acosta ha sido reconocido oficialmente y premiado en numerosas exposiciones nacionales e internacionales". Eran firmas cotizadas las de estos dos artistas, relacionados en los mejores círculos culturales de España y del extranjero y ambos moviéndose, a niveles de galerías y mercados, a la misma altura de los grandes maestros de su generación, Sorolla, Zuloaga, Solana, Vázquez Díaz. Melchor Fernández Almagro nos dejó excelente retrato de los dos José María, cierta vez que estuvo con ellos en el Cortijo del Pino: "Rodríguez Acosta era muy alto, elegante, ya casi calvo; parecía altivo, por su gesto y su traza física, y se expresaba con absoluta sencillez y simpatía", López Mezquita, en cambio, "era más fornido, de cuello muy corto y mirada muy vivaz que parecía no detenerse un momento". En 1901, aún muy joven, dieciocho años, había ganado la Primera Medalla de la Exposición Nacional de Bellas Artes con un espléndido cuadro titulado "Cuerda de presos", cuadro que causó una auténtica conmoción en el panorama de la llamada "pintura social", a la que esta obra de López Mezquita estará siempre ligada.

Cuerda de presos (José Mª. López Mezquita)

Rodríguez Acosta obtendría idéntico galardón en la Exposición Nacional de 1908, presentando su obra "Gitanos del Sacromonte". Fueron distintas sus técnicas. También sus vidas. Cuando López Mezquita muere en Madrid, en 1954, se extingue una carrera artística internacional de lo más brillante, y tan extensa que resulta imposible seguir con pormenores.

Rodríguez Acosta

“López Mezquita fue considerado y aún mantiene tal consideración --insistía Marino Antequera-, como el mayor de los pintores granadinos contemporáneos". En el Museo de Arte Moderno de Madrid se conserva una de las más hermosas obras de López Mezquita: el retrato de la Infanta Isabel saliendo de los toros, en compañía de la condesa de Nájera. (La Infanta había sido protectora del pintor en sus años juveniles y él le guardaría siempre gratitud). Es uno de los mejores cuadros de la pintura española de este siglo.


López Mezquita

Circunstancias anímicas, de sensibilidad y, sin duda, de índole económica también -Rodríguez Acosta, por la fortuna de su casa no sentía más apremio para pintar que el de su propio gusto-, hicieron que la carrera artística de este otro José María no fuera tan regular, si bien, a su muerte, en 1941, dejaba una obra de calidad admirable generalmente reconocida. “Si no alcanzó la fama, ni la extraordinaria maestría de López Mezquita –subrayaba el crítico-, por su extraordinaria cultura artística y por la honradez de su estilo, puede considerársele como uno de los más grandes pintores granadinos de todos los tiempos”. La palabra “pintor” era poco para Ramón Pérez de Ayala, que escribía en Buenos Aires al conocer la muerte  en Granada de Rodríguez Acosta: Cuando digo “pintor”, me quedo corto. Era un hombre; en el sentido clásico; “soy hombre fuera de lo común, en una tierra tan fértil de hombres”.

Gabriel Morcillo

Hoy, tan lejos ya de los años en que ambos maestros resaltaron especialmente el nombre de Granada en el arte de la pintura, los recordamos como muy relevantes antecesores de los pintores de la aquella generación llamada a cerrar el siglo XX que ellos abrieron. Desde José Guerrero, ahora Juan Vida, Julio Juste, en plena madurez…



NITO

 

BIBLIOGRAFÍA.-

“GRANADA: Un siglo que se va” de Juan Bustos

GRANADA HOY: “El arte granadino del siglo XX, en su máximo esplendor