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miércoles, 28 de diciembre de 2016

LA VIEJA CASONA NOBILIARIA


Toquemos madera. Así comenzaba el cronista Juan Bustos el presente trabajo, dado el escepticismo  y el desencanto que le producían los encargados de velar por nuestro patrimonio monumental:  

“Toquemos madera. Aires de desinterés, vencimiento y semiabandono, rondan últimamente por este interesantísimo edificio en la calle o cuesta de Horno de la Merced, entre la plaza de ese nombre y la calle de Elvira. No exageramos sin incluimos esta vieja y noble casona en la cada vez más menguada lista de casas castizas que aún pueden verse en Granada.



En el libro de María Angustias Moreno Olmedo dedicado a la “Heráldica y Genealogía granadina”, se consigna la finca como solar de dos ilustres familias: los Muguera Cattaña y los Barreda o Barrera, quienes, por cierto, adoptaron está arrogante leyenda para su linaje:

“Entrepeñas y tormentos soy lanzado,
jamás de vencimiento so juzgado”.


Los dos escudos que campean sobre la puerta, recuerdan aquellos primeros lejanos propietarios. Entre ambos escudos un interesante bajorrelieve de caracteres geométricos y debajo otro escudo más pequeño, el de la Santa Inquisición. Todo ello en piedra de Sierra Elvira. De admirar también las excelentes rejas que se abren a la fachada, con buenos hierros carceleros de forja, dos en los ventanales grandes y otra en el inferior, más pequeño.



En el cuerpo superior de la casa, una galería con arcos de medio punto, sin duda con antiguo uso como tendedero o depósito de frutos. El tejado, de teja curva árabe, arranca de una cornisa sostenida por canecillos de madera. Un amplio zaguán abre el interior del edificio, con empedrado antiguo y en el lateral un apeadero o poyo hecho para bajarse más fácilmente del caballo.


El patio, con columnas en piedra de Sierra Elvira, tiene una galería con pilastras, y canecillos de madera tallados según la tradición morisca. En la parte posterior, un pequeño patio de servicio y un jardín de dimensiones reducidas. Buenos elementos los de esa antigua noble casona, cuyo destino ojalá no esté pronto a consumarse. Pero los síntomas, amigos, son preocupantes”.

El antiguo tendedero o almacén ha sido transformado en este cálido salón.


Afortunadamente, ya ve mi querido cronista de la ciudad, no se cumplieron, esta vez, sus pesimistas prejuicios. La vieja casona nobiliaria sigue en pié, yo la ví y la toqué, remozada y gozando de buena salud. Pero también añadiré que está en venta. ¡Toquemos madera…!



NITO


sábado, 30 de junio de 2012

LAS PASADERAS DE SAN PEDRO



A San  Pedro, que era calvo,
le picaban los mosquitos,
y su madre le decía,
ponte el gorro Periquito,
que te pican los mosquitos,
con el triqui triqui tron,
una pulga y un ratón
han salido de un cajón.

-oOo-
Qué duda cabe que Las Pasaderas eran el plato fuerte del programa de fiestas del barrio de San Pedro. Pero el 29 de junio, festividad de San Pedro y San Pablo, la chiquillería esperaba con ansiedad gozosa aquel arroz tradicional, «probe pero güeno» con que eran obsequiados.
Apenas ya nadie las recuerda: Las «Pasaeras» era un juego que consistía en cruzar el cauce del río Darro sobre piedras enjabonadas o con sebo. Era como una cucaña, sólo para señoritas, se iniciaba la diversión a las siete de la mañana y otorgaban premios la Comisión de Festejos y el comercio. En 1972, último año de las «pasaeras», pusieron la fiesta a las siete de la tarde; ¡Innovadores!


El cura Bueno Pardo escribe: «El día de San Pedro va mucha gente a rezarle y mucha, mucha, muchísima a las enjabonadas pasaderas del río; a mojarse las mozuelas gentiles los zapatitos nuevos y las bordadas fimbrias de los limpios vestidos en la espuma de la corriente mansa, mientras que, atolondrada muchedumbre del masculino sexo, se entretiene en cazar «monas» por los alrededores pintorescos de las cercanas alturas»
Surroca dice que los mozos se dedican a cazar «moscas». El que tenía razón era el cura, pues los jóvenes, además de trincar mozas entre los árboles, agarraban «monas», jumeras increíbles. Afán de Ribera dedica a la Fiesta de las pasaderas más de diez páginas, en las cuales describe minuciosamente el jolgorio y su mecánica. En un momento explica: «¡Qué bulla y qué bullicio cuando alguna forastera, moza de servicio, más audaz que sus compañeras, intentaba la aventura, dando por postre un episodio de enseñanza libre de robustos cimientos y de ligas más o menos verdes o coloradas!» Al fin, todo el mundo acababa cantando lo de «A San Pedro, como era calvo, le picaban los mosquitos, y su madre le decía: Cómprate un gorro, Perico».


Hasta hace unos años se mantuvieron las pasaderas y hoy esperamos su rehabilitación, ya que se habla de «asociación de vecinos de San Pedro». Si renacen, estamos seguros que los organizadores sabrán respetar las tradiciones. La víspera de la fiesta, Los Serenillos, que tenían un quiosco al lado del Rey Chico, eran los encargados de abrir la poza y colocar los peñones para las pasaderas: eran siete, tres fijos al principio y tres, también fijos, al final, y el de en medio, que se movía. A las piedras se las untaba con jabón y sebo, con lo que resultaba muy difícil cruzar el río sin caer a la poza, incluso evitando la piedra móvil del centro. La diversión se iniciaba con el alba y los mozos esperaban el comienzo de ella tomando anís y buñuelos, aquellos que se vendían engarzados en un junco.


 En los últimos años de su celebración, con las limitaciones a que eran sometidas las jóvenes, las principales participantes, a la hora de cruzar descalzas las «pasaeras», fueron las «niñas de mal vivir». Y, entre ellas, se dice que aguantaron hasta que se extinguió la fiesta, la Puta Pelada y la Pelona de la Fuente, muy habilidosas en esquivar resbalones. Al medio día, se cercaba el paseo y se obsequiaba a los chaveas del barrio con arroz con carne. Lo preparaban los cocineros del Sacro Monte, que bajaban con toda clase de cacharros y peroles y lo servían las mozas del barrio, ataviadas con mantones de manila y peinetas. Ambiente muy de los años cuarenta.

El tradicional arroz, «probe pero güeno», se cocinaba friendo un pimiento cornicabra, que se sacaba después. En el aceite se echaban unas costillas de cerdo, que son las que dan gusto al arroz, y cuando tenía dos o tres vueltas, se le añadían el pimiento verde, el casquillo de cebolla, un par de tomates «maúros», todo ello muy bien picado. A esta fritada se le ponían dos o tres ajos, picante, perejil y pimiento seco, todo bien machacado. Después un poco de vino y azafrán y a la sartén, donde aguardaban las costillas. Se le echaba agua según la cantidad de arroz y se sazonaba. Cuando las costillas estaban «ternicas», se volcaba el arroz, pero que no fuese «muy malejo». Se apartaba «enterico» y se dejaba reposar.
Durante el día se repartía el agua del Carmen de la Fuente, transportada con borricos enjaezados.

NITO
BIBLIOGRAFÍA:
1 / “Ritual de la Cocina Albaycinera” de Mariano Cruz Romero, editada en diciembre de 1982 por Los papeles del CARRO DE SAN PEDRO (colección de monografías del Albayzín) por la editorial Azur, y en segunda edición corregida y aumentada en febrero de 2005  por Alquería de Morayma.

2/ “A orillas del Dauro” y “Fiestas populares de Granada (1885) de Antonio Afán de Ribera.
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domingo, 24 de junio de 2012

LOS AGUARDIENTES DE SAN JUAN




Allá va la ronda
de las chicas guapas;
dicen que hay bautizo
en la Plaza Larga.
Llena de confites,
la bandeja pasa,
los vasos de vino,
la sangría helada;
copas de aguardiente
que saltan las lágrimas
y para calmarse
la fresca alcarraza.
Siempre hubo gentes audaces, inteligentes y trabajadoras que en aquellos tiempos difíciles, con economías de subsistencia, le supieron sacar partido a las modestas materias primas, que la parca naturaleza les ofrecía.
Siguiendo la tradición y durante el mes de San Juan, mes misterioso y propicio donde los haya, tenía lugar la recogida de hierbas y frutos capaces de ser transformados en bebedizos, untos y demás remedios para la alegría y salud del personal.
Nuestro emblemático barrio del Albaicín, como cualquier otro barrio, contó siempre con personajes singulares, como Manolo “Mudéjar”, el vecino que más sabía de aguardientes.


Mirad lo que he encontrado en “Los Papeles del Carro de Santiago” de Mariano Cruz (Ritual de la Cocina Albaycinera), sobre dicha agua de fuego y otras costumbres a punto de desaparecer por la moda cambiante del baño en el mar, en pelota picada, al filo de la media noche y a la luz de las hogueras…

Aguardiente de nueces: Es necesario coger las nueces la víspera de San Juan, ya que entonces están en su punto. Se utilizan tres nueces sin quitarle la cáscara verde, en pedazos, por cada litro de aguardiente seco (corriente). Este lo hay en la Taberna de Manzanares, «El Descanso», porque se halla en todo lo alto de la Cuesta de la Alhacaba. Se bebe cuando está oscuro como el vino tinto. Este licor se aconseja a las mujeres que padecen trastornos menstruales y de ahí que, en el Albayzín, se dice que cuando las hembras toman este aguardiente, los hombres pueden descansar y estar más rato en las tabernas.


Aguardiente de moras: por su buen paladar se consume mucho en el Barrio. Las moras deben ser de zarzales apartados de los caminos, que son las que no cogen polvo, pues si se lavan pierden casi toda su enjundia. El aguardiente debe cubrir las moras. El licor se prepara en septiembre-octubre.


Aguardiente de hierbas: Se elabora en junio, cuando aparece la manzanilla, aunque se utilizan cuatro hierbas más, a partes iguales. Las plantas son, pues, manzanilla de la sierra, hierbabuena o hierba luisa (de los huertos y cármenes), mejorana (de por encima del Avellano o de por el cortijo de Las Monjas, en los altos de San Gabriel) y flor de malva, algo menos de la cantidad que pongamos de las otras hierbas. Estas se han de depositar en el aguardiente siguiendo el orden: primero la manzanilla y la mejorana, que sueltan pelusas; luego las otras hierbas, que harán de filtro. El aguardiente las cubrirá totalmente. Se usa como remedio para los dolores de barriga y las digestiones pesadas.


Otros aguardientes: de uva (de piel dura); de cereza (de corazón de cabrito); de pasas, pero sin despojarlas del rabo; de pepino, criándolo en la botella y cuidando que el cristal no haga de lupa y lo queme.
El día de San Juan, por la tarde, se celebraban reuniones en los huertos y cármenes para comer cerezas con pan de aceite.
A “El Mudejar” se le puede considerar el gran maestro del aguardiente, cogedor, fabricante, catador y bodeguero. ¡Cuántos días del año, en su mesa camilla, gustando y divagando de lo divino y humano!



NITO
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sábado, 26 de mayo de 2012

DE PASEO CON LA “DIABLINE”


Al último invento del Sr. Alcalde, La Diablina, se le ha llamado de todo: Extravagante, útil  solución, capricho, ecológica, trastico… La polémica está montada, murguero: Resulta que el Ayuntamiento, agobiado por los problemas que ha creado la peatonalización reciente de la Carrera del Darro, propone y estrena un microbús eléctrico que unirá Plaza Nueva con el inicio de la Cuesta del Chapiz. Granada es, en estos momentos, la primera ciudad española que instala este tipo de vehículos, muy habituales en Francia.
No contamina, no hace ruido y, lo más importante, no ocupa demasiado espacio. Con sus 1,5 metros de anchura, la 'Diabline', el pequeño vehículo eléctrico importado de Francia por el Ayuntamiento, comenzó ayer a recorrer la Carrera del Darro y el Paseo de los Tristes para intentar mejorar la comunicación del Albaicín tras la peatonalización de una de sus principales vías de acceso y la 'rebelión' de parte de sus vecinos.

El vehículo, que cuenta con 7 plazas y está especialmente dirigido a los vecinos mayores y con movilidad reducida, recorrerá los 703 metros que hay desde Plaza Nueva hasta el inicio de la Cuesta del Chapiz, con paradas en Bañuelo, San Pedro y Rey Chico. El alcalde de Granada, José Torres Hurtado, aseguró que con la puesta en marcha de la 'Diabline' -que será gratis hasta el 9 de junio- el barrio "queda perfectamente comunicado” (?)
Claro que, como a menudo ha sucedido y sucede entre nosotros, las nuevas ideas son acogidas con suspicacia y se les vaticina poca duración, como pasó en Granada con la luz eléctrica o el teléfono en 1902, por ejemplo... ¡Válgame Dios y qué flaca es nuestra memoria histórica…!
Recuerdo haber leído al cronista Juan Bustos, sobre otros problemas parecidos a los que suscita “La Diabline”, cuando la única solución para subir al Albaicín era: ¡A pie o en burro...!

A pie o en burro
Faltaban dos años para que, en 1904, empezaran a circular los primeros tranvías eléctricos. Y uno para que, en 1903, apareciera en las calles granadinas el primer automóvil, que sería un Renault de 18 caballos propiedad del duque de San Pedro, que lo había adquirido en París. Así que, sin tranvías ni automóviles, la gente iba a pie a todas partes, y sólo en ocasiones se utilizaban coches de caballos, cuya parada estaba frente a la Acera del Casino, con tarifa de una peseta el trayecto por el interior urbano.

Para subir al Albaicín o al Sacromonte, las personas de edad alquilaban, también por una peseta, las dóciles burras de una mujer a la que toda Granada conocía por el apodo de “Pepica, la de las burras”, que se ponía a diario con sus animales por los alrededores de la iglesia de Santa Ana. Los usuarios de las burras hacían el trayecto acompañados por algún chiquillo que, luego, a cambio de unos céntimos, devolvían los rucios a su dueña. ¡Y había que ver cómo bajaban los chiquillos por las cuestas, emulando a los caballeros que aún se desplazaban por la ciudad jinetes de sus caballos propios…!



NITO
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sábado, 25 de febrero de 2012

ARCO DE LAS PESAS, O PUERTA NUEVA


 Lo que actualmente se conoce como Arco de las Pesas también se le llama Puerta Nueva y se encuentra situada en el Albayzín entre la Plaza Larga y la placeta de las Minas.
El nombre de Puerta de las Pesas es por las romanas y pesas decomisadas y que se ven en el arco exterior y el de Puerta Nueva se debe a que en la época nazarí estuvo muchos años cerrada por temor a las razzias cristianas.
Es la puerta que daba acceso a la Qasabat Al-Qadima o Alcazaba Vieja y la comunicaba con el Rabat Al- Bayyatin o Albayzín.


Cuando llega la fitna o ruptura del Califato de Córdoba se forman en la España musulmana los conocidos como primeros reinos de taifas. En Granada viene un alto cargo del califato el hayib Al-Manzur Abu Mutanná Zawi Ibn Zirí Ibn-Manad Al-Sinhayi que funda en la Cora de Ilbira su reino. Cuando viene a Granada se encuentra con dos ciudades: Medina Ilbira, situada en Atarfe y otro núcleo llamado Qasabat Garnata que estaba formado sobre las ruinas de una ciudad ibera, romana y visigoda, según se ha demostrado por las excavaciones llevadas a cabo por el P. Sotomayor que descubrió en el Arco de las Pesas la primitiva muralla íbera y romana, la misma que apareció años más tarde en las excavaciones de la Nueva Mezquita Aljama del Albaizín.


El fundador de la dinastía Zirí se percató que dados los convulsos tiempos era más segura y fácil de defender este núcleo urbano por lo que procedió a amurallarlo y establecer en ella su centro de poder y ser la capital de la taifa granadina y la población de Ilbira fue trasladándose a esta ciudad mejor defendida dando lugar a lo que más tarde de llamó Qasabat al-Qadima o Alcazaba Vieja, una ciudad de unas 75 hectáreas y se fueron elevando nuevas construcciones como el desaparecido alcázar del Rey Badis, Palacio del Gallo, sobre sus ruinas se levantó más tarde el Palacio de Dar-Al-Horra, el mal llamado Puente del Cadí, la mezquita de los Al-Murabitún, cuyo alminar es actualmente el campanario de San José con su preciosa ventana califal y el hammán zirí del Nogal más conocido como el Bañuelo…


La dinastía Zirí gobernó Garnata desde 1012 hasta que Yusiuf Tasufín destronó al rey Abd Allah Ibn Buluggín en el año 1090.
La puerta de las Pesas ubicada en la Plaza Larga es una de los accesos que formó parte de la muralla zirí que cerraba la Al-Qasba Al-Qadima. El nombre más popular se debe a que allí se depositaban las pesas confiscadas por defectuosas desde que a finales del siglo XVI la plaza del Ensanche y la Plaza Larga, construida en el 1576, se convirtieron en el centro del Albayzín repoblado tras la expulsión de los moriscos con carnicerías.

De esta renovación urbana da fe la lápida colocada en la puerta y que dice: “Esta plaza y el matadero y carnicería y lavadera de este Albaicín se ha hecho de hacienda de Su Magestad, por orden de los señores de su consejo, siendo uno de ellos el corregidor de ésta y general, el muy ilustre señor Arévalo de Suazo comendador de Santiago y el muy ilustre señor Tello González de Aguilar. Año de 1.576."
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El pasadizo de la puerta estrecho y en cuesta , nos recuerda que fue puerta exterior y por tanto, con una función defensiva, así como el recodo, con ángulo recto que obliga a que el torreón que cobija el arco sobresalga de la muralla, planteamiento que no se produce en las fortificaciones cristianas. El pasillo tiene bóvedas de cañón y baida con arcos de ladrillo superpuestos. La portada tiene un arco de herradura enjarjado con dovelas enlazadas de piedra de la Malahá. En la muralla se pueden observar perfectamente los mechinales propios de un muro de tapial coliscastrado.

Esquema del Arco Exterior
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Antonio Montufo Gutiérrez

viernes, 20 de enero de 2012

BLASFEMEAR, VERBO HÍBRIDO



Eran otros tiempos, pero la poesía y el arrobo que dimana de las cosas bellas, sigue siendo el mismo. En este caso me quiero referir –cómo no- a nuestro barrio universal: El Albaicín.
Hace unos días releía al viejo –y siempre actual- poeta Julio Alfredo Egea y no pude por menos, de sonreír ante sus ocurrencias:
¡Qué bonita –decía- es la plaza de San Miguel el Bajo! (Rahba Babis).
Plaza ideal para escuchar cantes perdidos, en cualquier alta noche con silencios de estrellas. La torre de la iglesia es espectral, por muy cerrada que sea la oscuridad nocturna, se recorta como un milagro de reflejos sobrenaturales. Esta iglesia de San Miguel el Bajo, con cierta dignidad en su abandono, cobija entre sus muros, en la boca de su aljibe tapiado, unas maravillosas columnas romanas como una página de historia remota en el misal de su sillería.



Plaza de tabernas y de tahonas con olor a pan recién cocido. En la puerta de su puesto de vinos de la costa, veréis al Lara con sombrero ancho, filósofo y flamenco. Por las espaldas de la plaza, al final del callejón del Gallo, encontraréis una placetilla recoleta y cortijera con suelo de tierra y frutales –del Gallo o del Huertecillo, se llama-, preciosa y natural. Está próximo el compás de Santa Isabel la Real, con su entrada amplia y conventual hacia la iglesia alzada sobre siglos de historia.

Sevilla 1965.- Poetas del Grupo "Versos al aire libre" : José Guevara, Trina Mercader,
Elena Martín Vivaldi, María de los Reyes, Julio Alfredo Egea  y Rafael Guillén.

En esta plaza de San Miguel el Bajo hay un Cristo del siglo XVII, maltratado, erosionado y roto por borrascas y revoluciones, lañado como los lebrillos, que ha cambiado varias veces de lugar (*). Con anterioridad estaba más cercano a las tabernas y bajo su mirada jugaban a la lotería, con cartones y habichuelas, los viejos del barrio. Era corriente oír blasfemias lanzadas por los jugadores desafortunados y de mala lengua, bajo la mirada paciente del Cristo. También llegaban a alzar la pata al pie de la Cruz todos los perros de los contornos y los borrachos que salían con urgencia también encontraban apoyadura en la cruz de piedra y allí meaban. Ahora está más distante de las tabernas y con un cerco de hierro. Queriendo yo saber cómo y cuando se trasladó el Cristo, le pregunté a un vecino, que me dijo: -Una noche se fue él solito, de tanto blasfemear
Insólito verbo híbrido creado para una situación especial, como es la de mear al tiempo que  se blasfema.




NITO


(*) El Cristo de las Lañas o de las Azucenas  fue restaurado a finales 2008.  -Este Blog publicó una entrada sobre el mismo el Martes, 18 de NOV. de 2008

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lunes, 4 de julio de 2011

LA COFRADIA DE LOS AMIGOS DE LA OLLA


O los refrigerios en sábados veraniegos: La sangría y la limonada.
Desde mediados de los años setenta, existía y no sabemos si aún existe, la Cofradía de los Amigos de la Olla en el Albaicín. ¡Quiera Dios que sigan con este simpático rito y de paso les de salud y larga vida a todos sus cofrades!
Por entonces la componían unas docenas de vecinos que, aparte de deleitarse en cualquier buena ocasión con comilonas adecuadas en los mejores alrededores granadinos (Fuente del Hervidero, nacimientos del Beas y del Darro), se reunían religiosamente todos los sábados del verano a las ocho de la tarde, previa estruendosa llamada con cohetes para despertar de la siesta a los dormilones.
















Nos cuenta Mariano Cruz Romero en su libro “Ritual de la Cocina Albaycinera”, de la que copio esta deliciosa entrada for the face, que la procesión de la Gran Olla, porteada con angarillas adecuadas, salía del bar Ocaña, siguiendo la calle del Agua, Plaza Larga, Arco de las Pesas, Ermita de San Cecilio y Plaza de San Nicolás para aposentarse ceremoniosamente en el maravilloso Mirador de San Nicolás, itinerario que se sobrellevaba con estaciones «refrigerantes» y cohetería.


En el Mirador compartían el fresco con el refresco hasta media noche. La Gran Olla se llenaba de «sangría» o de «limonada» según santoral y hay razones más que suficientes para los expertos en estos «brebajes»:

Sangría: vino tinto de Valdepeñas, azúcar, melocotones e hielo, dándole su punto. Los albaycineros no le echan canela, que produce dolor de cabeza, ni licores, pues los aguardientes los beben por la mañana para matar el «gusanillo».

Limonada: vino blanco, azúcar, plátano, manzanas picadas e hielo, dándole su punto, que consiste en cáscara de limón rallada con terrones de azúcar. Luego se le exprime un poco limón. Hoy se pone el vino blanco en la nevera para que no se agüe tanto con el hielo…

2
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Seguro que un relamio poeta, sea de donde sea su patria y condición, definiría la sangría más o menos así:

Son gotas de sangre, dulce, afrutada,
cual pócima de verano que engaña,
de entrada sigilosa, refrescante y rauda,
que altera tu sangre en corrientes de lava.
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Pero que el castizo del Barrio no dudaría ni un momento en definirla, para convencerte, de este modo:

Si la bebes con prudencia
y mucha moderación,
durmiendo luego la siesta,
te beneficia un montón.
Es buena para el catarro,
para la tos repentina,
para ciáticas, lumbagos
y entuertos de barriga.
¡Te digo que es buena pa tó!
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NITO

jueves, 21 de octubre de 2010

ALJIBE DE TRILLO -Agua regalada-

En el jardín apergolado que luce encima la aljibe, antaño había una vivienda, como se ve en el grabado.

3 [Resolución de Escritorio]Grabado de “La Ilustración Española y Americana”

alg.4 He aquí una foto que pocos granadinos han visto

He aquí una foto que pocos granadinos han visto: En la ciudad de Aix- en- Provence, situada al sur de Francia, con motivo del 30 aniversario de su hermanamiento con Granada, se va a celebrar una exposición de fotos de nuestra capital y especialmente del Albayzín, del fotógrafo Arturo Cerdá (1844 – 1921), con el título “Regardes Croises. Grenade / Aix–en-Provence”. Esta muestra, con fotos solo del barrio, ya se exhibió en el año 2006 en la sede del Aljibe del Rey, organizada por la Fundación Albayzín.

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El Aljibe de Trillo

Entre los aljibes públicos granadinos de otro tiempo, el llamado aljibe de Trillo, en la confluencia de la cuesta y la calle de ese nombre, en el viejo Albaicín, fue siempre uno de los más populares.

En épocas lejanas, el conjunto de estos aljibes se había bastado y sobrado para proveer de agua potable a la ciudad. Bosque Maurel, en su “Geografía Urbana escribía : “La red de conducción y distribución, que partiendo de las del Darro y Aynadamar, se distribuía por un complejo sistema de aljibes, permitiendo no sólo el riego de los jardines domésticos sino el mismo consumo familiar, era la admiración de propios y extraños en el siglo XV”. De entonces los bellos y evocadores nombres de muchos aljibes: del Rey, de la vieja, de la Gitana, de la Lluvia o del Agua Dulce…

¿Qué méritos tendría el tal Don Trillo, aparte de ser Caballero Veinticuatro y Comendador, que vivió por este lugar, para que dieran su nombre a calle y aljibe, en esta “pintoresca encrucijada en el corazón de la Alcazaba –describía Julio Belza-, que, desgraciadamente, empieza a desfigurarse”?

En 1915, el aljibe y su más cercano entorno, presentaban este pintoresco espectro que nos da conocer este cliché. Enormemente sugestivo el típico rincón albaicinero, risueña esquina escondida en el primitivo barrio llamado por los musulmanes de la “Couracha”. Aquí, en el corazón del antigua Alcazaba Cadima, el Aljibe de Trillo elemento valioso de un paisaje infinitamente seductor. En 1915, como puede verse, el varias veces centenario aljibe seguía prestando sus servicios, como cuando Henríquez de Jorquera, en sus anales del siglo XVIII, ya lo citaba entre los “muchos ´algives´ de agua regalada de que se ´sirben´ los vecinos”.

Hoy, que los aljibes son un entrañable recuerdo del ayer granadino, “un reflejo de vida y costumbres nunca suficientemente estudiadas” -como muy bien escribió Seco de Lucena-, esta curiosa imagen fotográfica posee un indudable colorido y sabor. La sencilla portada del aljibe, su arco elegante, el aguador, el transeúnte sin prisas, el vecino asomado a la puerta matando el tiempo, los valiosos restos de edificaciones antiguas aún conservados, la gracia del balcón cargado de flores…

Hoy, que la ciudad toda nos estremece o irrita con su permanente sucesión de ruidos a cual más agresivo y odioso, ese escenario del albaicín en 1915 se nos ofrece a nuestros nervios cansados y nuestra vida de vértigo como una ventana abierta al misterio cósmico de un tiempo sereno que se nos fue para siempre.

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Bibliografía consultada:

-GRANADA, de Juan Bustos Rodríguez.

-ASOCIACION DE VECINOS - BAJO ALBAYZIN

NITO

miércoles, 22 de septiembre de 2010

ROMERÍA DE SAN MIGUEL


Romería de San Miguel

En pleno “ecuador membrillero”, es decir, en este nuestro particular veranillo de San Miguel, me vienen a las mientes un suceso que me contaron mis viejos:

“Hará pa 70 años, en la gran jornada de la romería de este Santo, cayó una enorme tormenta de agua que arrastró cuestas abajo tal cantidad de almecinas, majoletas, acerolas, erizos de castaño y demás vituallas que se vendían en puestecillos y tenderetes para los peregrinos que allí subían, que alfombró totalmente Plaza Nueva. Esto te da medida de la importancia que adquirió «la subida al Cerro» y del personal que allí acudía”.


A mayor abundamiento, y queriendo yo profundizar en el tema, cae en mis manos por puro azar, una monografía titulada:“Ritual de la Cocina Albaycinera” de Mariano Cruz Romero, y cuya entrada copio.

“Afán de Ribera ha dedicado páginas muy divertidas y también emocionadas a «La subida al Cerro». Decía: « ¡Cómo te resucitas el día del Santol ¡» y añadía (refiriéndose al Albayzín orgulloso), «Todo se engalana para que la gente de allá abajo vea que algo queda de su pasado esplendor». Los autores que hemos venido citando recuerdan las frutas que se consumían durante la fiesta: membrillos de carne amarilla, gamboas (azamboas), acerolas como melones, azufaifas de cuello vuelto, granadas de Fuente Peña (como la sangre, de grano negro), nueces mollares, almecinas, majoletas, cacahuetes, girasoles, erizos verdes e higos chumbos. Frutas que aún siguen ofreciéndose en la romería, de la misma manera y por el mismo tipo de vendedores, y con el mismo sistema de pesos y medidas: el «puñao». Con las almecinas (un «puñao» por un duro hoy) se regala el canuto de caña, arma de gran precisión para disparar el hueso de la almecina a la pantorrilla o el bullarengue de las mozas o al cogote de los malafollás. Es un juego vitamínico”.

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La historia de la Romería

En la época de dominación árabe existía la leyenda de que en el conocido Cerro del Aceituno o también Cerro de los Diablos, había un milagroso olivo que sólo en un día era capaz de ofrecer sus frutos con todo el proceso de maduración de manera simultánea. Y con tal se celebraba una fiesta en el día de la Ankara junto a una torre que allí se elevaba.


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Después de la conquista cristiana de la ciudad el lugar pasó a llamarse Cerro de los Ángeles y se edificó una pequeña ermita en la que se dijo misa por primera vez en 1673. Esta ermita fue arrasada por los franceses en 1810, pero el empeño de la Hermandad la volvió a erigir en 1828.

Aunque es una fiesta local del barrio del Albaicín, tiene una enorme repercusión en toda la población de Granada que asiste a la romería que comienza a primeras horas de la tarde.

La Ermita del Arcángel San Miguel, San Miguel Alto, preside la ciudad de Granada puesto que se encuentra en un alto, el Cerro del Aceituno, en la muralla del siglo XIV. Se celebra la romería de San Miguel Alto el último domingo de septiembre, que es prácticamente la única vez al año que se abre la ermita. Desgraciadamente, pues la estatua es tema de uno de los poemas más hermosos de Federico García Lorca.

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El día de la romería, los romeros se dirigen al Albaicín en carretas y caballos, para sacar en andas una de las imágenes del Arcángel, hecha especialmente para salir en procesión. La imagen recorre las calles del Albaicín y regresa de nuevo a su ermita en la tarde.

La imagen original permanece en el altar. San Miguel tiene muchos devotos. Siempre se le ha relacionado con la Reconquista y la expulsión de los musulmanes. El tradicional dragón derrotado por el Arcángel tiene en Granada rostro moro.


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NITO

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