viernes, 27 de enero de 2012

LAS BÜCKERS DE ARMILLA


Rara vez entrega el ser humano su cariño a objetos inanimados; pues bien, si hablamos de “la Bücker” a cualquier piloto español veterano, comprobaremos que nos hallamos ante una de esas extrañas ocasiones, al replicar siempre nuestro interlocutor con el apasionamiento de un adolescente enamorado, lo cual es perfectamente explicable si tenemos en cuenta que, casi sin excepción, esta avioneta fue su primer contacto inolvidable con el maravilloso mundo del aire.


Este aparato, salido de Alemania de las manos de Carl Clemens Bücker en el año 1935, fue un avión concebido para la escuela y deporte en el que se combinaban tres factores esenciales: Economía, duración y manejabilidad. La alta maniobrabilidad de este aerodino permitía una variedad de empleo que le hacía apto como entrenador elemental, escuela intermedia y aún como entrenador acrobático.


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El aparato era un biplaza, biplano arriostrado, de construcción mixta. Las alas, con una notable flecha, eran de estructura bilarguera en madera y revestimiento de tela. Estas alas eran intercambiables entre sí, ligadas por dos pares de montantes de tubo de acero. El fuselaje, construido a base de cuatro largueros y de elementos triangulares de tubo de acero sin arriostramiento alguno interior, constituía un armazón de peso asombrosamente bajo y extraordinaria resistencia a la torsión. Su revestimiento era de chapa de aluminio en capots y parte superior y de tela en el resto del fuselaje.
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Imitada y reproducida hasta la saciedad por todos los clubes de aeromodelismo.
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Esta avioneta Bücker, modelo Bu-131, encontró pronto favorable eco y fue adquirido para el entrenamiento de pilotos de distintas fuerzas aéreas. En cuanto a su producción se refiere, este prodigio alado no solo fue fabricado en Alemania. En Japón alcanzó una producción de 1.254 máquinas. Después de la 2ª Guerra se continuó su producción en Suiza y España, países en los que un nutrido contingente de estos aviones se halla aún en servicio, principalmente en manos de particulares.

Un cuadro de mandos sencillo pero eficaz.

De su producción en España se hizo cargo Construcciones Aeronáuticas, S. A., que los denominó CASA 1.131. De los 500 ejemplares construidos en Cádiz bajo licencia, los 200 primeros eran similares a los alemanes, con el mismo motor Hirth de 100 CV. Del resto de la producción, otras 330 máquinas, fueron provistas con el motor nacional “Tigre” de 125 CV, a la par que eran reforzados el fuselaje y el tren de aterrizaje. Y si a éstas añadimos las 95 compradas a Alemania, vemos que en total, el Ejército del Aire llegó a disponer de 625 ejemplares, gracias a los cuales, durante los difíciles años de la II.G.M. y de la inmediata posguerra, sus unidades, que en su mayoría tuvieron destinado este modelo, pudieron seguir volando. En años posteriores, con la puesta en servicio de modelos más modernos, la fiel Bücker siguió en la brecha haciendo lo que mejor sabía hacer: Enseñar a volar, tanto en el ámbito militar como en el civil.
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Las últimas bucker de Armilla sobrevuelan la Vega. Al fondo Sierra Arana.
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El último destino en el Ejército del Aire, después de casi 40 años de servicio, fue el Ala 78 de Granada, en cuyo Escuadrón 781, y con la misión de averiguar las aptitudes de los futuros alumnos de la Academia General del Aire para el vuelo y de impartir el curso elemental de vuelo a los alumnos de complemento, les llegó la “jubilación”.


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Tras su baja en el Servicio, numerosos ejemplares fueron enajenados en pública subasta y adquiridos por clubes, organismos y particulares de diversos países (España, Francia, Alemania, Gran Bretaña, Italia y EE.UU, entre otros) donde siguen volando y causando admiración.
Pero no es el punto final para este “Stradivarius del cielo” en España: En Albacete un romántico y avispado industrial, el amigo Jesús Ballester, con un puñado de colaboradores tan “locos” como él, las fabrica artesanalmente, con dedicación, esmero y cariño y… las exporta en pleno siglo XXI.

Nota.- Puede verse, además, la entrada en La Murga de 30 de Mayo de 2011 sobre este mismo tema.


NITO

viernes, 20 de enero de 2012

BLASFEMEAR, VERBO HÍBRIDO

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Eran otros tiempos, pero la poesía y el arrobo que dimana de las cosas bellas, sigue siendo el mismo. En este caso me quiero referir –cómo no- a nuestro barrio universal: El Albaicín.
Hace unos días releía al viejo –y siempre actual- poeta Julio Alfredo Egea y no pude por menos, de sonreír ante sus ocurrencias:
¡Qué bonita –decía- es la plaza de San Miguel el Bajo! (Rahba Babis).
Plaza ideal para escuchar cantes perdidos, en cualquier alta noche con silencios de estrellas. La torre de la iglesia es espectral, por muy cerrada que sea la oscuridad nocturna, se recorta como un milagro de reflejos sobrenaturales. Esta iglesia de San Miguel el Bajo, con cierta dignidad en su abandono, cobija entre sus muros, en la boca de su aljibe tapiado, unas maravillosas columnas romanas como una página de historia remota en el misal de su sillería.
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Plaza de tabernas y de tahonas con olor a pan recién cocido. En la puerta de su puesto de vinos de la costa, veréis al Lara con sombrero ancho, filósofo y flamenco. Por las espaldas de la plaza, al final del callejón del Gallo, encontraréis una placetilla recoleta y cortijera con suelo de tierra y frutales –del Gallo o del Huertecillo, se llama-, preciosa y natural. Está próximo el compás de Santa Isabel la Real, con su entrada amplia y conventual hacia la iglesia alzada sobre siglos de historia.
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Sevilla 1965.- Poetas del Grupo "Versos al aire libre" : José Guevara, Trina Mercader,
Elena Martín Vivaldi, María de los Reyes, Julio Alfredo Egea  y Rafael Guillén.

En esta plaza de San Miguel el Bajo hay un Cristo del siglo XVII, maltratado, erosionado y roto por borrascas y revoluciones, lañado como los lebrillos, que ha cambiado varias veces de lugar (*). Con anterioridad estaba más cercano a las tabernas y bajo su mirada jugaban a la lotería, con cartones y habichuelas, los viejos del barrio. Era corriente oír blasfemias lanzadas por los jugadores desafortunados y de mala lengua, bajo la mirada paciente del Cristo. También llegaban a alzar la pata al pie de la Cruz todos los perros de los contornos y los borrachos que salían con urgencia también encontraban apoyadura en la cruz de piedra y allí meaban. Ahora está más distante de las tabernas y con un cerco de hierro. Queriendo yo saber cómo y cuando se trasladó el Cristo, le pregunté a un vecino, que me dijo: -Una noche se fue él solito, de tanto blasfemear
Insólito verbo híbrido creado para una situación especial, como es la de mear al tiempo que  se blasfema.

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NITO


(*) El Cristo de las Lañas o de las Azucenas  fue restaurado a finales 2008.  -Este Blog publicó una entrada sobre el mismo el Martes, 18 de NOV. de 2008

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viernes, 13 de enero de 2012

BAÑO REAL DE COMARES










En este artículo vamos a tratar del baño real del Palacio de Comares, que es uno de los mejores conservados y que es el paradigma del baño musulmán. El baño musulmán o hamman responde fielmente al de las termas romanas aunque es en el periodo emiral-califal cuando se adapta el esquema del baño en salas alineadas.

Las salas de un hamman son: Apoditerium o al-bayt al-maslaj, es la sala del devestimiento y de reuniones, en esta sala suele haber un retrete abierto por una ranura vertical en el suelo por la que corre agua. El frigidarium o al-bayt al-barib es la sala fría, el tepidarium o al-bayt al-wastani es la sala templada, en árabe literalmente significa "sala intermedia", el caldarium o al-bayt al-sajun que es la sala caliente. El suelo de esta sala está hueco y se sostenía sobre pilares de ladrillo, es lo mismo que podemos contemplar el algunas ruinas de termas romanas, y la finalidad es mantener el suelo muy caliente para que el agua que caía al suelo se formara vapor con el calor del horno, para andar por este suelo se usaban grandes suecos, normalmente de esparto, que impedían que se quemaran los pies. La zona de servicio o hypocausis contaba con la caldera o al-burma, y todo este sector recibía el nombre genérico de horno o al-fun, aunque lo conocemoss más comunmente como leñera. En este baño de Comares existe un callejón estrecho para el acarreo de leñas con animales y que el Dr. Bermúdez Pareja llamó "callejón de servicio del baño".

Los baños son edificios de gran solidez , dado su uso. Fundamentalmente se usan muros de hormigón de cal y las bóvedas se construían de piedra o de ladrillo y eran de cañón, de aristas y esquifadas y en ellas se abrían pequeñas tragaluces o lucernas, midwa, que eran de piedra, cerámica o vidrio y las formas son lobuladas, cuadradas, hexagonales, octagonales o estrelladas y servían para dar luz cenital y para regular el calor y el vapor de las salas. Las madawi eran muy llamativas con cristales de diversos colores como describe Ibn Suhayd:

Yo estoy atónito por el placer de este baño

pues me parecía que la esfera celeste se manifestaba.

El rojo y el blanco que están encima de nosotros

nos hace creer que son la mejilla de la amada

cubierta de sudor.

Maravillado por la belleza de este baño el tiempo

ha venido a teñir las lucernas de su techo con

los rubores del crepúsculo.

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El baño de Comares ha conservado bastante bien todos los elementos, con las modificaciones estructurales propias de un cambio de uso y de mantenimiento más testimonial que funcional.

El lugar más emblemático de este baño es la sala al-bayt al-maslaj conocida como sala de las Camas por los dos amplios aposentos ligeramente elevados que la flanquean. Todo este espacio está aireado e iluminado cenitalmente por una linterna, muy frecuente en la arquitectura nazarita. Los elementos decorativos de esta sala son en gran parte originales, aunque techos y yeserías fueron reparados y repintados con vivos colores en la segunda mitad del XIX por Rafael Contreras con una mentalidad orientalista.

La sala caliente, al-bayt al-sajun tiene en sus extremos dos grandes pilas, iwanes, que vierten agua caliente y fría.

En el siglo XVI se renovaron algunos zócalos cerámicos de las salas en los que pueden verse las iniciales del "Plus Ultra" imperial.

Cuando Jerónimo Münzer visita estos baños con el Marqués de Mondéjar, este le explica que en la sala de las Camas es dónde el Sultán, situado en la galería superior contemplaba a las mujeres y le arrojaba una manzana a aquella con la que quería pasar la noche.

Actualmente el baño de Comares está cerrado a las visitas salvo un mes al año que se abre los martes, miércoles y jueves y es una medida acertada del Patronato de la Alhambra y Generalife para preservar este delicado espacio alhambreño.

Antonio Montufo Gutiérrez


viernes, 6 de enero de 2012

JUGUETES DE ALAMBRE (1)

 
Hoy, cuando el gasto navideño da vértigo, sobre todo si se piensa que la mitad de lo que compramos es superfluo e innecesario, cuando vemos a nuestros niños pequeños pateando costosos juguetes que nada les dicen, salvo la novedad fugaz del momento, me acuerdo de una exposición donde coches y camiones de alambre, pelotas de trapo, espadas hechas con restos de latas… eran los juguetes de los niños refugiados saharauis, que hasta finales de noviembre pudo verse en el Museo del Juguete de Catalunya, en Figueres.
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Pero me acuerdo, sobre todo, de mis tiempos de chavea en las duras tierras del Protectorado Marroquí, donde a falta de medios y oportunidad geográfica, nos la teníamos que ingeniar construyendo nuestros propios juguetes.
Quizás me venga de ahí la pasión por las manualidades y saber apreciar las cosas hechas con nuestras manos. Mis maestros fueron los morillos del barrio a los que pronto superé. Mis coches de alambre se cotizaban muy bien y el mercadeo de permutas funcionó a las mil maravillas.


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Hoy, rememoro aquella “industria” pensando en mi nieto Manuel con el deseo profundo de que pronto sepa apreciar las cosas hechas por uno mismo como las más bonitas del mundo.
El coche o el camión de alambre tenía unas cualidades que lo hacía único y superior a los que se compraban en la juguetería:
Se guiaba con una larga caña –pues era direccionable- a la que se le acoplaba un volante; circulaba en casi cualquier terreno y era fácilmente reparable. La forma era lo de menos y aquí se imponía tu habilidad y tu imaginación: Tratábamos de copiar los modelos reales que veíamos en nuestro entorno.
Todo el material necesario para esta técnica (que yo creí local), era de alambre. Alambre que no siempre lo teníamos a mano y que había que buscar en vertederos y viejas cercas. Alambre normal para la estructura y alambre fino para los empalmes. Las ruedas eran siempre de latas y botes de conservas.
He visto con sorpresa que esta técnica es universal, por lo menos en África, y que sesenta años después de “aquello”, se sigue practicando hoy día en pueblos deprimidos: La necesidad agudiza el ingenio.
Era digno de admirar el arte y la maña que empleaban los niños rifeños en estos artefactos: Sólo dos piedras (como martillo, yunque y cizalla) les bastaba. Así que cuando aparecí yo con alicates y martillo… ¡el “taller general” estaba siempre en la puerta de mi casa…!

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Luego vendrían otros refinamientos a los que los nativos no estaban acostumbrados: El forrado del chasis con cartón, las imitaciones de vehículos del ejército o la conducción nocturna con luz…
¡En qué bazar juguetero se podría adquirir algo parecido…!

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Esta experiencia, y como podréis sospechar, la llevé años después al aula: El éxito estaba asegurado –y eso que ya eran otros tiempos, donde la oferta y las posibilidades eran incomparables- y si el alumno tenía habilidad y ese gusto por las cosas hechas por él mismo, no las cambiaba por nada del mundo.
Aquí empleé por primera vez técnicas pedagógicas: Todos partían de planos a escala hechos por ellos mismos. La oportunidad de aplicar y aunar las disciplinas teóricas aprendidas en clase –como el cálculo, el sistema métrico decimal, el dibujo técnico- era enorme.
No os extrañe, pues, si en esta Navidad y en víspera de Reyes,  retomo los alicates y el alambre.
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Los pasos. Parte Primera.-

Lo primero es buscar un modelo que te haga tilín y sacarle un plano simplificado con los perfiles.  En este caso optamos por el popular Citroën 2 CV.
Alambre maleable y herramientas elementales serán tus aliados.
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Ejercicio de imaginación. Reciclando material: Todo vale, todo es aprovechable, aquí no se tira nada.  Si no sirve para éste, se usará en otro modelo.

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Pensando en el parquet de nuestro piso y que, de momento, el modelo no saldrá a la calle, buscaremos unas ruedas “de fortuna” blandas y silenciosas, prescindiendo de las de lata.

 
Pasito a paso y con grandes dotes de paciencia, iremos conformando el chasis al que luego forraremos con hojalata, chapa de aluminio, plástico o cartón –según disponibilidad- y habilidad.
Lo más bonito y entretenido será el pintado de la maqueta y la decoración con aquellos detalles que nuestra imaginación nos irá dictando.

NITO