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jueves, 15 de mayo de 2014

LA CASA DEL AMERICANO


A modo de sinopsis.-  El personaje y su obra: “El Americano”.

 Cuando en marzo de 1910 Juan Jiménez Guerrero compró varios solares para construir un nuevo edificio al comienzo de la calle, entregó un cheque por 120.000 pesetas.
Entonces nada hacía pensar en la construcción que hoy se levanta entre la avenida Constitución y la Gran Vía, sería una de los monumentos más emblemáticos de la ciudad.

Juan Giménez Guerrero, llamado popularmente ‘El Americano´ por ser uno de los inmigrantes enriquecidos que regresaron a España al terminar la Independencia, dio nombre al edificio que cuenta con tres casas independientes que ocupan toda la manzana.

De estilo cercano al modernismo barcelonés, acogió en su planta baja durante muchos años al café ‘El Americano´, muy frecuentado durante la primera mitad del siglo pasado.



Repasando los escritos del que fuera (para mi gusto) el mejor cronista moderno de la ciudad, Don Juan Bustos, me encuentro con la cónica que hace sobre este popular y bellísimo edificio.
“Este es  el magnífico  edificio de la Gran Vía, que siempre ha sido conocido popularmente como “casa del Americano”, por ser ese el apelativo que los granadinos de principios de siglo dieron al rico propietario de la finca. Se llamaba Juan Giménez Guerrero y -según contaba Manuel Martín Rodríguez en su estudio sobre la polémica calle- había adquirido, en marzo de 1910, por un importe de 120.000 pesetas, los solares necesarios para su construcción.


Son tres casas independientes las que componen este edificio, que ocupa una manzana completa como es sabido. Destacan en él, en su plano estrictamente arquitectónico, los fuertes ritmos contrapuestos de los huecos de balcones verticales, y las barandas con balaustradas horizontales. En la interesante fachada destacan también determinados elementos ornamentales modernistas, con formas vegetales, especialmente en los remates de la balaustrada que corona la casa. Interés especial ofrece, entre los muchos detalles afortunados del edificio, el cierre que ocupa dos plantas, con gran superficie, en el frente curvo de la finca, precisamente donde, en la planta baja, se distinguen los arcos rebajados de cantería. Una gran forma decorativa modernista en la coronación de la esquina. De singular atractivo la cuidada ornamentación con tallas diversas. Una relación visual irreprochable con las restantes construcciones del más próximo entorno completa este breve comentario de las cualidades y méritos de tan notable construcción.



Muy poco sabemos de aquel Juan Giménez Guerrero llamado popularmente el americano. Su compra de estos solares de la Gran Vía en 1910, doce años después de las pérdidas coloniales, hace pensar que pudo ser de los emigrantes enriquecidos que regresaron a España al consumarse la independencia de los últimos territorios del otro lado del Atlántico. Quizá alguno de sus descendientes pudiera aportamos más daros sobre su identidad. Lo cierto, a fin de cuentas, es que el edificio fue así llamado desde el primer momento.



En los bajos de la casa, hubo un café popularísimo, que se montó casi al mismo tiempo que el inmueble se inauguraba. El café se llamó también “el Americano”. Su propietario era un hombre muy conocido entonces: Enrique Carmona, que compartía su trabajo en el mostrador, con sus actividades come jefe de personal de la Plaza de Toros del Triunfo y como conserje de la tristemente célebre “Casa de los locos”, instalada entonces en el Hospital Real. Aquel primitivo café del “Americano”, estuvo siempre muy concurrido, tanto por la calidad de su café, a veinte céntimos en vaso grande, como por la simpatía y buen trato de su dueño, hombre servicial y amable de los que contribuyeron a la buena reputación de estos establecimientos en nuestra ciudad .



POST SCRIPTUM.-

Estaba buscando ángulo, cámara en mano, de la parte trasera del edificio (la que pasa más desapercibida, al no estar al paso cotidiano), cuando me topo con el amigo NINO.
Al  contarle lo que hago por aquí, y “en qué gasto mi tiempo libre”, me hace notar una curiosidad palpable en el edificio y que, desde su lugar de trabajo, viene observando desde hace un par de años: Un moderno ático en construcción, al parecer paralizado -¿interdictado…?-
¿Para qué querrán más habitaciones para la “casa de los cien balcones” (según nota aclaratoria que nos manda  María Belén…)



Vista trasera desde la Puerta Elvira


NITO


sábado, 16 de noviembre de 2013

ESQUINAS ATREVIDAS EN GRAN VÍA




Entre las cada vez más escasas muestras de interés arquitectónico de una época concreta –comienzos del siglo XX- que van quedándonos en Granada, destacamos este notable edificio de la Gran Vía, esquina a Tinajilla.
No es un caso único en esta Avenida el gusto por rematar las esquinas cuando no es posible utilizar el ángulo recto. Crean así sus arquitectos unas bellas esquinas atrevidas y originales (véase el edificio esquina a Azacayas).


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 Nos dice Juan Bustos Rodríguez  en su Granada, laberinto de imágenes y recuerdos: “Su cierre en piedra artificial (cemento) y sus barandas en hierro forjado, con diseño y ornamentación modernista, caracterizan su estilo, que fue el adoptado en tiempos de la burguesía progresista de nuestra ciudad –con la del resto del país- hacia finales del S. XIX.
Era aquélla burguesía la que estuvo ligada a un excitante tirón industrial que, por lo efímero, apenas dejó más recuerdo que sus frustradas expectativas de desarrollo.




 Pero volviendo a la finca, resaltaremos su  abundancia en elementos de interés, empezando por los propios de la ornamentación vegetal y floral que decora  la vistosa fachada.
Es interesante, así mismo, la ligazón del cierre a los balcones laterales, dentro de una composición unitaria de la fachada, que desestima la simple superposición de elementos sueltos.
Original  también el dintel trilobulado encima de los balcones, que en su moldura recuerda formas góticas, estilo artístico con el que tantas relaciones formales tubo, en definitiva, el estilo modernista.



De gran visualidad el remate superior, con cornisa discontinua, con molduras y modillones, culminando con barandillas de huecos arcos en su parte inferior y remates de la parte de obra que continúan a modo de grandes pilastras.
Acaba tan deliciosa ornamentación una serie de motivos vegetales y florales. En la planta baja pueden observarse los arcos que eran propios durante una época en los huecos de fachadas para los locales comerciales”.
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En la casa, por cierto, tuvo lugar un episodio dramático cierta vez. En los terribles años 40. Unos rateros fueron sorprendidos en plena fechoría, se armó el consiguiente revuelo entre los inquilinos, se corrió la voz de que podían ser los célebres hermanos Quero, los últimos resistentes al régimen del 18 de julio que eran buscados por todas las fuerzas de seguridad, se presentó la policía y los pobres desdichados –que no eran ninguno de los Quero-  murieron acribillados.

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En estos ejemplos de ´”esquinas atrevidas” que posee la Gran Vía, se ha huido de la fractura rotunda del ángulo recto, aliviando su rigidez con gracia y originalidad manifiesta. En la época en que se levantaron estos edificios, aún no había muerto la Diversidad; aún no había aparecido ese horrible y mal llamado “sentido práctico” que está acabando con nuestra elegante arquitectura en la ciudad.




NITO
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domingo, 28 de octubre de 2012

LA CASA DE LA PERRA GORDA


Un inmueble señero
El inmueble, ubicado en el número 23 de Gran Vía, tiene sin duda un gran valor arquitectónico y está muy unido a varias generaciones de granadinos que en el mismo, tramitaron sus prestaciones en la Seguridad Social. El proyecto data de 1925 y  pertenece al arquitecto José Fernández Fígares, pero hay que decir que hubo varios más que trabajaron en él. Uno de ellos fue Leopoldo Torres Balbás. Su inicio se llevó a cabo por la Caja de Previsión de Andalucía Oriental, de ahí los tres escudos que aparecen en la fachada (Granada, Almería y Málaga) y se inauguró en el año 1932.
Es importante, así mismo, destacar la intervención en su interior del artista Hermenegildo Lanz realizada en los primeros años de la década de los treinta y de la que sólo permanecen algunos elementos originales como la escalera de acceso al patio de operaciones, en curva y situada en una de las esquinas.
Originariamente el edificio estuvo coronado con una escultura alegórica representando a la Previsión Social, obra del escultor Pedro Loyzaga y que fue eliminada en 1980.

También teníamos la "Perra Chica" ó cinco céntimos

Es, por tanto, uno de los muchos edificios que merecen nuestro especial interés en esta controvertida avenida y que han llegado hasta nuestro tiempo. Ésta edificación, es conocidísima por toda la ciudad con el nombre de “Casa de la perra gorda”, apodo que le sobrevino por su vinculación a la naciente Seguridad Social, que empezaba a implantarse, lenta y pobremente, en la alterada España de los años 20 y 30 del siglo XX.
Año 1931: Aún faltaba un año para la "entrega de llaves"

Coincidió aquella época con la del mayor esplendor y carácter de las edificaciones de la discutida calle. Ángel Isac define muy bien el episodio:
“Iniciada por arquitectos y maestros de obras formados en el ambiente del academicismo, como Juan de Montserrat, Modesto Cendoya, Wihelmi, Giménez Arévalo o Díez Alonso, la arquitectura de la Gran Vía se prolongaría, en proyectos de Ángel Casas, Pascual Bravo o José Fernández Fígares, con versiones sintomáticas del panorama arquitectónico contemporáneo, hasta finalizar la década de los años 20”.
José Fernández Fígares fue el arquitecto de la popular “Casa de la perra gorda”. Un edificio singular de carácter monumentalista, que recuerda a otro del mismo autor, en la plaza de la Trinidad esquina a la calle de las Tablas. En la “Casa de la perra gorda”, destacan los elementos clásicos aumentados de escala y utilizados en forma decorativa, simétrica. Con la intención de impresionar, el arquitecto adopta tecnologías constructivas modernas y elementos formales vanguardista que compone con los clasicistas, pervirtiéndolos.
Ménsulas que no sostienen nada, incluso placas recortadas de la tradición barroca canesca (una suerte de cogollo vegetal que se distingue de las tradicionales hojas de acanto y de las guirnaldas y sartas de frutas habituales en el barroco del Seiscientos).


En los bajos de la “Casa de la perra gorda”, la sede del Instituto Nacional de la Seguridad Social, una excelente obra decorativa -que ha sufrido alteraciones hasta hoy-, realizada en su mejor momento de capacidad creativa por el pintor vanguardista Hermenegildo Lanz. El artista vio premiado su proyecto en un concurso. Un proyecto diseñado sobre la base de una avanzada e importante ornamentación funcional, denominada por unos “Art Decó” y por otros cubista, en la que destacan los espacios redondos y el uso integrado de la luz y de materias y formas muy modernos.


El arquitecto José Fernández Fígares, poco después de ver ejecutado su proyecto de la “Casa de la perra gorda”, se convertiría en hombre decisivo para la realización de una iniciativa de la Caja de Previsión Social de Andalucía Oriental, entidad dispuesta a construir en Granada una de aquellas “ciudades jardín”, que tanto se prodigaron en España durante la Dictadura y, con menor abundancia luego, en los revueltos años de la República.
La obra de José Fernández Figares para este proyecto fue la de los Hoteles de Belén.


La rehabilitación.-
Lo que quizás no sea tan de dominio público es que la Administración de la Seguridad Social y el Ayuntamiento de Granada discutieron la rehabilitación del inmueble durante cuatro larguísimos años, desde 1999 a 2003, tras lo cual acordaron las condiciones en que se había de efectuar la misma y que pasaban por el respeto al valor singular del edificio. Las obras comenzaron a principios de 2003 y terminaron en 2007 : Otros cuatro años.
Durante la ejecución de los trabajos fue preciso prorrogar hasta en seis veces el plazo, como consecuencia de los retrasos provocados por las obras de urbanización de Gran Vía puesto que éstas impedían el acceso de materiales y equipos auxiliares al edificio.
Con respecto a las modificaciones que ha sufrido el proyecto, éstas fueron consecuencia de la aparición de factores imprevistos en la estructura del edificio que, según lo dispuesto por la Comisión de Cultura, era preciso conservar cuando inicialmente estaba prevista su demolición
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Bibliografía utilizada:
Miguel Allende: Ideal
Miguel Sangüesa: Alzada  Nº 72
Juan Bustos: Granada

NITO
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sábado, 5 de mayo de 2012

EL MONTE DE SANTA RITA DE CASIA

En la carrera del Darro, frente a la Casa de las Chirimías –hoy felizmente restaurada a iniciativa municipal-, se encuentra esta magnífica y vieja portada lateral del s. XVIII, de una de las antiguas capillas del edificio, donde tuvo sus primeras dependencias el primitivo Monte de Piedad de Santa Rita de Casia, fundado en Granada en 1740, a semejanza del impulsado en Madrid por el Padre Piquer.


Aquel Monte de Piedad nació fruto de las exigencias de su tiempo. Cortes Peña y Bernard Vicent, aludiendo a la época, subrayan que la ciudad, “como el resto de las andaluzas, presentaba una total ausencia de entidades bancarias o crediticias, que apoyasen las necesarias inversiones para un desarrollo de la economía armónico y con perspectivas de futuro”.

En tal momento, el agustino calzado Isidro Antonio Sánchez Jiménez, fervoroso devoto de Santa Rita de Casia, a cuyo culto había ya creado una congregación, puso en marcha un Monte de Piedad, que obviamente colocó bajo la advocación de la santa, abogada de los imposibles, no sólo con el propósito de propagar su devoción, entre otras motivaciones religiosas, sino también para “aliviar a los pobres en sus necesidades proporcionándoles un mecanismo de empeño de sus objetos que les librase de las garras de los usureros”, finalidad ésta muy acorde con el estado de extrema necesidad a que había llegado buena parte de la población .

El Monte granadino de Santa Rita de Casia nació con un ordenamiento estricto. Se impone citar a Manuel Titos: “Quedaba autorizado a dar préstamos por una cuantía mínima de 750 reales de vellón, por un periodo de cuatro meses y un día, tomando como garantía toda clase de alhajas y ropas de seda, ante y lino que estuviesen en buenas condiciones, de manera que se pudieran vender
fácilmente”.


La marcha del recién fundado organismo de crédito fue tan próspera, que 25 años después de su fundación ya veía pequeñas sus primeras instalaciones y, para mejorarlas y adecuarlas, acometía las obras de adaptación del edificio adquirido en la carrera del Darro en 1765. Dos años más tarde el flamante Monte de Piedad de Santa Rita de Casia, de Granada, estrenaba casa propia y en ella permanecería hasta que en 1866 desapareció, con escándalo y acusaciones de estafa incluidos, dando paso a la primera Caja de Ahorros. (*)

Gallego Burín en su Guía, define este edificio como “flanqueado por dos torres, teniendo bajo estas, en la planta inferior, portadas de piedra de Sierra Elvira, una de las cuales daba acceso a un oratorio –ya desaparecido- dedicado a Santa Rita”.



Más de un siglo de la historia económica de Granada están entre los muros de esta casa, restaurada a primeros del siglo pasado. Historia, no sólo crediticias, sino también historia de lo particular y anecdótico, casi siempre más interesante, amena e instructiva que la otra.



(*) No confundir ambas instituciones:
Véase nuestra entrada de 03/12/2011 “Antigua sede de la Caja de Ahorros”
Bibliofrafía consultada: Manuel Titos :::  Juan Bustos Rodríguez

NITO
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sábado, 28 de abril de 2012

COLEGIO MAYOR SAN BARTOLOMÉ Y SANTIAGO.

Extraña perspectiva del Colegio


Seguro que hemos pasado cantidad de veces por la calle San Jerónimo y hemos mirado un edificio de color rosa que está cerca de la Iglesia de San Justo y Pastor y a lo sumo hemos mirado la entrada y nada más. Pues bien este edificio es uno de los más hermosos de Granada y tiene una larga historia que hoy vamos a conocer.
El actual colegio mayor es el resultado de la unión de dos colegios, el de Santiago y el de San Bartolomé que se unieron en el siglo XIII.
El de Santiago lo fundó Don Diego de Ribera oriundo de Córdoba y que se trasladó a Granada y llego a ser corregidor y miembro notable de le Real Chancillería. En su testamento de 6 de abril de 1611 dispuso la fundación de un colegio en Salamanca encargándoselo a la Cartuja pero posteriormente modificó el testamento uno días antes de morir sustituyendo a la Cartuja por el Rector del Colegio San Pablo de la Compañía de Jesús que decidió erigirlo en Granada en la misma casa del fundador en la calle San Jerónimo por estar cerca de la Universidad. Se otorgó escritura en el año 1642 con el nombre de Colegio Santiago y se colocó la imagen del Santo sobre el escudo de los Riberas en la puerta principal.


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El colegio de San Bartolomé fue fundado por Don Bartolomé Lomelín Beneroso que vino de Italia a establecerse en Granada dedicándose al comercio de tintes, papeles y mercería logrando alcanzar una sólida posición social y llegó a ser Veinticuatro y Alguacil Mayor del Santo Oficio. Al morir en 1609 dejo por testamento que si se extinguiese su descendencia se destinarían sus bienes a obras piadosas entre ellas un colegio de niñas pobres y otro de estudiantes ambos dirigidos por los jesuitas que finalmente lo unieron con el Colegio de Santiago considerando a Beneroso y a Ribera cofundadores uniendo sus emblemas: El cuchillo, instrumento de tortura de San Bartolomé y abajo, la flor de Lis de los Beneroso, y la cruz roja de Santiago y las barras verdes de los Ribera y ocupando el edificio de los Beneroso por su mayor amplitud y por estar más cerca de la residencia jesuítica. En 1702 se inauguró el colegio siendo el P. Pedro de Aleu su primer rector porque este cargo siempre lo ocupaba un jesuita. Tras la expulsión de la Compañía de Jesús y por Pragmática de 1767, se incorpora al patronato de los Borbones como Colegio Real posteriormente fue Instituto de Segunda enseñanza y en la actualidad es un prestigioso Colegio Mayor Universitario de la Universidad de Granada.

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La fachada principal presenta ventanas con rejas en la planta baja, balcones en la primera y en la superior una galería con ventanas con arco y en la esquina una torrecilla con seis ventanas, tres en cada equina.
La portada, de piedra de Sierra Elvira y los escudos son de mármol blanco de Macael, combinación de materiales que es repetitiva en los monumentos granadinos, es de dos cuerpos de orden dórico con cuatro columnas y arco de medio punto el primero de principios del siglo XVII y el segundo reformado a principios del XVIII.
La hornacina del segundo cuerpo tiene las esculturas de los patrones, frontón partido con el escudo de los Borbones y a ambos lados los escudos de armas de los fundadores.
La fachada en un principio era de ladrillo y posteriormente se decoró con color vivo que presenta en la actualidad.


El patio es uno de los más bellos y diáfanos del renacimiento tardío granadino de planta cuadrada con tres grandes arcadas en cada lado y tres pisos, con columnas toscanas de mármol de Macael y arcos carpaneles en los dos primeros con escudos de los Beneroso en las enjutas; en el tercer piso, de época posterior, las columnas rematan en zapatas y dinteles de madera. Es de destacar el pilarillo tan común en los palacios de este tiempo.
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La amplia escalera tiene tiene una cúpula ciega sobre pechinas en la que vuele a contemplarse los escudos de los Beneroso. Es muy interesante la visión al desembocar en la galería por la fina columna que queda al contraluz. Las principales estancias tienen alfarjes de madera y en el salón de Actos se observa una cúpula con los escudos del colegio y los Borbones. Llama la atención en la balaustrada los grafitis y las pintadas que tradicionalmente han ido haciendo los estudiantes y entra las que podemos ver la firma de Federico García Lorca. El colegio cuenta con una buena colección de cuadros de los benefactores del colegio como los fundadores, Carlos III, cardenal Belluga, Bonel y Orbe, Ríos Rosas, y otros.
El consejo que doy es que merece la pena, cuando pases por la calle San Jerónimo, entres y disfrutes de este magnífico edificio granadino.

Colegiales del C. Mayor de San Bartolomé y Santiago. Año 1931/32


Antonio Montufo Gutiérrez
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sábado, 3 de diciembre de 2011

ANTIGUA SEDE DE LA CAJA DE AHORROS

Hoy nos parece una calle secundaria, incómoda por lo estrecha para el tráfico rodado, mal ventilada, sin apenas servicios… Sin  embargo antaño fue una arteria muy notable y muy codiciada por los granadinos. Hablamos de la  calle de San Matías que conserva aún, por fortuna, buena parte de los edificios que desde muy antiguo le confieren prestancia y relieve. No puede olvidarse que esta calle abundó en fincas de calidad, puesto que en ella se aposentaron algunos miembros de la nobleza granadina, a la que se unieron luego los representantes de una clase emergente, la burguesía.
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Juan Bustos Rodríguez, el que fuera genial Cronista Oficial de la Ciudad de Granada, nos dice que, entre las edificaciones que definen las rancias estructuras arquitectónicas de esta calle, merece atención sobresaliente la finca Nº 17. Una muestra notable de la arquitectura granadina del siglo XVIII, siglo en que Granada culminó su transformación urbana iniciada en la conquista cristiana. La finca puede considerarse como de gran importancia por su fachada manierista simétrica (*), magníficamente estructurada en pilastras y frontones, con aleros moldurables y excelente portada tallada en piedra que abarca el balcón principal.
(*) Ignoro si el cierre del balcón del piso superior, que le da un gracioso toque asimétrico, fue un elemento añadido o no al inmueble.
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Otros detalles del edificio, todos de calidad singular, son: laterales sencillos de canalero en pico de gorrión y forja carcelera; un amplio patio, con ocho columnas corintias en mármol y galería superior con elementos originales de interés.
La casa fue en su día modelo de las casonas señoriales que, durante más de dos siglos, abundaron en este sector de la ciudad, ocupado con gente de alcurnia. Esta conserva aún su zaguán, su gran patio -actualmente retransformado- al que se abrían las habitaciones secundarias, mientras que las principales lo hacían a la calle. La última planta era la destinada a los servicios y criados.
La fachada principal de la edificación es de lo más representativa. Testimonio del primitivo orden palaciego de la finca son sus los hierros de forja especial, carpintería de cuarterones tallada, artesonados, etc. La misma puerta principal, en madera noble con clavos de bronce, confirma la calidad de vida de los señoriales propietarios.
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Durante un tiempo, y como lo atestigua una lápida conmemorativa, este palacete estuvo ocupado por las dependencias de de la Caja General y Monte de Piedad de Granada. Los granadinos, en todo aquel periodo, conocieron la institución más como “Monte de Piedad” que con su nombre completo.
Aunque quizás convenga aquí advertir que no se trata de la primigenia institución “El Monte de Santa Rita de Casia”, que tuvo su sede inicial en el número 53 de la Carrera del Darro, y que se fundara en 1740, aunque ambas, en cierto modo, son las precursoras de nuestra actual Caja de Ahorros de Granada.
En la actualidad, este edificio es sede del Instituto Andaluz de la Mujer, como con anterioridad, había sido sede del Consejo Escolar de Andalucía.

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NITO
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miércoles, 8 de abril de 2009

MIS BELLOS TORREONES

Dicen que cuando Melchor Almagro, visitó las ruinas de Pompeya creyó descubrir en sus ruinas trazos de edificios familiares semejantes a las casas tradicionales granadinas. Casas graciosas, holgadas, abiertas al aire con alegres patios y floridos jardinillos que eran un verdadero gozo para sus vecinos.

Ya nos quedan muy pocas de aquellas casitas que se generalizaron en Granada durante varios siglos. Como empiezan a ser igualmente escasas las edificaciones de tiempos más recientes, que, hasta los años 20, aún imprimieron personalidad propia a la noble y elegante arquitectura ciudadana. Aquí tenemos una buena casa de esta época a que nos referimos, que está siendo excelentemente restaurada. Se levanta en la Romanilla, esquina a la Pescadería, y es obra del arquitecto Ángel Casas, uno de los valores más considerados de una generación de profesionales realmente notable.

En esta ocasión, Casas se inspiró en construcciones antiguas granadinas. Los balcones poseen buena cerrajería y la decoración está diseñada con motivos renacentistas y ornamentaciones platerescas basadas en Diego de Siloé y en otros innumerables renacentistas del siglo XVI en la ciudad. La fachada principal la rematan dos bellos torreones abiertos.

Estos torreones abundaban en nuestro caserío granadino. Melchor Fernández Almagro, recordaba nostálgico un torreón que tenía en su casa, “que me permitía ver otras torres, presentir otros patios, en un paisaje de tejados y azoteas, realzado por torres de iglesia al alcance de mi mano, de mi oído”.

Contiguas a esta casa, otras más sencillas, pero cuya tipología fue también popular un tiempo. Una de ellas albergaba el típico restaurante “El Cepillo”, muy popular en su tiempo.

En el animado semblante callejero de la Romanilla, éste edificio -con el siguiente a la izquierda, también debido a Ángel Casas-, pone un acento de inequívoca distinción.

Este céntrico lugar, siempre curioso y transitado, simpático y ruidoso, alcanza hoy el paroxismo más violento de urbanismo demoledor: Veremos lo que nos queda en pié. ¡Crucemos los dedos!


(Basado en un relato de Juan Bustos).

Compárese el tamaño de las palmeras en una y otra fotografía

NITO

domingo, 15 de febrero de 2009

¿PARÍS EN LA GRAN VÍA...?

El capricho de un granadino

A fines del pasado siglo, los miembros de una naciente clase social granadina, la de los propietarios súbitamente enriquecidos con los bienes de sus fábricas azucareras; aquella burguesía, antes ociosa, que empezaba a sentirse atraída por los negocios, había descubierto París. El París resplandeciente de la era de general optimismo que se llamó “La belle apoque”. El de los grandes modistos, como Worth o como Poiret; el del “Moulin de la Galette”, pintado por Renoir y nuestros Santiago Rusiñol y Ramón Casas; el París de la legendaria “Bella Otero», que se acababa de batir en duelo a espada con otra bellísima “cocotte”, la famosa Lina Cavalieri; y, por encima de todo, el París que determinó los usos y costumbres, las tendencias artísticas y la moda del mundo entero, el prototipo de gran capital, con espaciosas avenidas, amplias calles y desahogadas plazas.
Un nuevo París, despejado, abierto, había nacido al dictado de la voluntad de un alcalde del II Imperio, quien consideró necesario eliminar buena parte de la ciudad vieja, con sus callejuelas retorcidas y sus rincones imprevistos, a fin de privar a los alborotadores de posibles escondites en motines y algaradas.

El radiante y luminoso urbanismo del París de la segunda mitad del siglo XIX, había correspondido más a una medida de policía que a un propósito de embellecimiento de la urbe. Pero el resultado fue aquel París, que se convirtió en espejo de la aparente felicidad del mundo.


La nueva burguesía granadina surgida con el auge de las industrias del azúcar, también peregrinó a París. Ellas, buscando las tiendas de los modistos; ellos, en su mayoría, acababan buscando los cabarets, donde decían que el amor era fácil. El nombre de la capital francesa fue dado en Granada a comercios de alto prestigio, sobre todo en modas y joyerías. Pero hay más. De París se calcó exactamente éste edificio, que todavía -y ojalá que por mucho tiempo- ennoblece y señorea una esquina de la Gran Vía con Reyes Católicos. La magnífica finca, ocupada y bien cuidada por el Banco Central primero, y ahora por La Caja Rural, es una fiel reproducción de otra que se levanta en el “Bulevar de los Italianos” parisiense. (Habría que pedirle a mi amigo Jean Nöel que la localice en París y le haga una foto).

La historia merece la pena. En un viaje a París, un importante anticuario granadino, Enrique Linares García, se quedó prendado de un edificio que había sido distinguido con el Premio de Arquitectura del Ayuntamiento de la capital francesa. El edificio es éste que tienen ustedes delante en cliché de sus primeros años: Porque el bueno del señor Linares, de regreso a Granada, había encargado al arquitecto Ángel Casas que le construyera, aquí, en esta esquina de la Gran Vía, una casa igual que aquella. No puede negarse el buen gusto del anticuario.

Tampoco dudar de la maestría del autor de los moldes de los adornos del suntuoso edificio, un artista carpintero ebanista y escultor, llamado Torres Rada, que tenía su taller en el Callejón del Tinte. La vieja fotografía nos permite disfrutar del golpe de vista de la noble fachada recién construida, cuando la casa empezaba a ser llamada “La Paz Chica”, en Granada aún no había automóviles y las farolas tenían una pomposidad italianesca.

Esta historia está basada en un relato de Juan Bustos.


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NITO

sábado, 14 de febrero de 2009

LA CASA DE LOS PATOS

La Casa de los Patos
A finales del siglo pasado, las familias de la alta burguesía granadina iniciaron un alejamiento progresivo del centro de la ciudad y de sus barrios señoriales, instalándose en chalés o palacetes que se hicieron construir en lo que entonces se consideraban “las afueras”. Entre las contadas mansiones de tales características que han llegado hasta nuestros días, la llamada “Casa de los Patos” -que ojalá perviva-, es una muestra elocuente del buen gusto de aquella sociedad.
La vieja fotografía nos ofrece la vista de la hermosa y elegante finca recién terminada. Esto ocurría hacia 1890, año en que el arquitecto Francisco Giménez Arévalo había levantado esta bella residencia, en la calle Salarillo de Gracia, para el matrimonio Moreno Agrela (don Eduardo Moreno y doña Filomena Agrela Moreno), propietarios de extensos cultivos de caña de azúcar en la costa. Giménez Arévalo proyectó este notable edificio historicista, combinando con éxito evidente motivos de arquitectura clásica, como el frontón que preside la fachada, con elementos de arquitectura industrial, como el porche compuesto de trabajos de fundición muy ornamentados.
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Un cuerpo acristalado en forma de torre, para dar luz a la escalera interior, remata la opulenta mansión. La reja exterior, también de fundición, tiene dos cancelas enmarcadas en pilastras de piedra, que servían para la entrada y salida respectivamente de los carruajes que llegaban hasta el mismo porche. Sobre éste puede verse un mástil, ya que en una época el dueño de la casa fue cónsul de Holanda, por lo que tenía derecho a izar la bandera del país que representaba.
No es posible en modo alguno deslindar la historia de la ciudad de la historia de sus más influyentes familias. Y la familia Moreno Agrela, emparentada con el arzobispo de esta diócesis don José Moreno Mazón, familia de propietarios, banqueros, industriales azucareros y políticos, tuvo manifiesta importancia en la Granada que vio construir la "Casa de los Patos”. No se sabe si proceden de aquel lejano dignatario judío del siglo X, Ibn Agrela, que fue Visir del Rey de Granada y tuvo un palacio propio en el Mauror, palacio en uno de cuyos patios -según María Elena Gómez Moreno- estuvo en un principio la fuente que ahora conocemos en el Patio de los Leones de la Alhambra. Hubo otra importante familia Agrela, en el siglo XVI, que edificó el gran palacio con portada de columnas que se conserva en la Cuesta de Santa Inés, actualmente propiedad municipal donde se acoge el colegio Divina Infantita.
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Otros Moreno Agrela tuvieron también casa señorial en la Plaza de los Campos. Los Moreno Segura levantaron un hermoso chalé en el Paseo del Salón, a la entrada de la Cuesta de Escoriaza. Los Moreno de Barreda, en la calle Duquesa, frente a la Facultad de Derecho. Hija de éstos es la actual propietaria de la popular “Casa de los Patos. (*) Y de la familia era también Rosario, duquesa de Lécera, propietaria del «carrnen» de la Antequeruela donde vivió Manuel de Falla y ahora es su Casa-Museo. La duquesa, castiza y de proverbial simpatía, amiga de todos los grandes artistas españoles de su tiempo, era pariente de la Reina Fabiola de Bélgica. A esto se debe que los reyes belgas tengan casa propia en Motril. El solar de “Villa Astrida”, la residencia de Balduino y Fabiola en la costa, fue un regalo de la familia Moreno Segura cuando urbanizó aquellos terrenos de su propiedad.
Mas volvamos la vista a nuestra fotografía. Algo habrá llamado la atención del lector seguramente: el sencillo edificio que vemos a la izquierda en primer término y que en nuestros días ha desaparecido. Era la portería de la finca, portería que fue derribada para permitir el ensanche de la calle Recogidas en 1956.
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Notas.-

(*).- Hoy, como sabemos, la Casa de los Patos es un hotel de ensueño.

NITO