viernes, 29 de julio de 2022

EL CONJURO DE LA CALLE DEL AIRE

 Escribía Joaquín Romero Murube, articulista, poeta y amigo sevillano de García Lorca, que “una de las muestras de peor gusto  y de poco respeto  a sí misma que una ciudad puede dar es la variación  de los nombres de sus calles”.



Paseaba por Plaza Nueva una tórrida mañana de este verano insufrible, ajeno a todo menos a la imagen mental de un botijo rezumante de barro colorao, cuando un potente chorro de aire fresco  proveniente de una estrechísima calle me devolvió a la realidad: Calle Aire.


Enseguida recordé el conjuro de ciertas calles albaicineras que celebrara nuestro inolvidable cronista oficial de la ciudad Juan Bustos.  Granada,  -decía-  como el resto de las urbes españolas, no se libró de esta sentencia y fueron abundantes los cambios en la nomenclatura de sus vías por lo general más importante. Más, por fortuna, los nombres de las viejas calles de los viejos barrios, un delicioso poema inimitable, se salvaron del desaguisado.  Se conservaron  –y se conservan- infinidad de calles, callejuelas y placetas, con  nombres sugeridores de cosas familiares y poéticas, nombres poemáticos que nos dan una suave emoción de intimidad. Calles de Aceituneros, de Doña Rosita, Duende, Ánimas, Beso, Hornillo de  Vagos, Corazones, Jazmín de San Matías, Aljibe de la Lluvia,  Mano de Hierro,  Niños Luchando, Rueda Bolas, Alondra, Amapola, Albahaca, Capellanes, Botica…


En la Plaza Nueva nos llama, con su severa imagen de otros tiempos, la calle del Aire. Enríquez  de Jorquera le daba un nombre más bello: Chorrillo del Aire. Uno va peregrinando poco menos que sin rumbo hasta que, de pronto, se percata de la sobria grandiosidad de este escenario, poblado de viejos fantasmas.

A la izquierda, la fachada lateral de la Real Chancillería; a la derecha, la Capilla de San Juan de Dios de la Casa de los Pisas. Al fondo una casa importante del siglo XVI, en la cuesta de las Arremangadas. (En ella tenía su estudio el malogrado pintor granadino Julio Espadafor). Un paisaje urbano, en suma, que produce una sensación de ensueño que acaba en melancolía.


Al hecho universal de la fascinación que ejercen muchas ciudades sobre las personas, es decir, al conjunto de pequeñas y grandes cosas mezcladas bajo escala inefable y en dosis no clásicas, pero que aprisionan el ánimo, se le atribuye un origen poco menos que mágico. La magia de Granada no está solo en la historia reducida a gloria, piedra  y erudición de sus monumentos. Es la también en escenarios como éste, tan vigoroso en sus luces, en el que parece flotar un aire viejísimo.  El alma  antigua de la ciudad  –esa que, entre todos, vamos matando-  nos sale al paso en calles como ésta, inmovilizada en su edad de algunos siglos. La imaginamos sin dificultad en la Granada del XVII. Calle del Aire, calle donde el aire corre como un río, calle de achicamientos, transitada entonces por severos leguleyos y oscuros alguaciles de la Real Chancillería y por los cada vez más abundantes devotos del fundador de la Orden Hospitalaria.

El último secreto, la más fina esencia de la ciudad  –su melancolía, su carácter, su misterio-, se halla también en lugares así, milagrosamente escapados de tiempos muy lejanos. En ellos, entre denso silencio, se ha detenido la ineludible marcha de las horas.



Magnífica plumilla de Juan B. Olalla



NITO

 

BASADO EN:

 "Siete romances": de Joaquín Romero Murube

Granada, laberinto de imágenes y recuerdos: Juan Bustos

 



jueves, 30 de junio de 2022

LA TROCHA DE JÚCARO

 


Quisiéramos traer a estas páginas, a un granadino, tan ejemplar y esforzado como desconocido e ignorado por sus paisanos: Don José Gago Palomo, teniente coronel de Ingenieros, licenciado en Medicina y en Derecho. Poco rastro queda, sin embargo, de su recuerdo en Granada; a mis manos llegó una foto que muestra su nombre filigraneado  en un empedrado granadino perteneciente a un parterre del carmen albaicinero que habitó. Hombres de su temple hicieron lo imposible por evitar la caida de nuestro Imperio Colonial.


 Biografía

Gago Palomo, José. Granada, (1849 – 1908). Ingresó en 1875 en la Academia de Ingenieros de Guadalajara, después de realizar previamente los estudios de medicina y cirugía en su ciudad natal. Salía de la citada Academia como teniente, una vez terminado el plan de formación reglamentario, el 22 de febrero de 1879, siendo destinado al Regimiento Montado del Cuerpo.

En junio de 1885 era destinado a Ultramar, al batallón de Ingenieros en las islas Filipinas. Durante el mando del general Weyler como capitán general de las Filipinas, se encargó al comandante en Ultramar Gago, la construcción de la “trocha” de Tukurán, que tanto sirvió en las operaciones posteriores de los generales Weyler y Blanco contra los “moros” (musulmanes nativos).

Por lo extraordinario de su labor, fue recompensado con la Cruz de María Cristina. En 1891, regresó a la Península.

En 1893 estaba prestando sus servicios en la Comandancia de Ingenieros de Granada y en 1894 ascendía a comandante de Ingenieros. En julio de 1895 cesaba en tal situación, siendo destinado a la Comandancia de Ingenieros de Sevilla, donde permaneció hasta enero de 1896 en que se le nombraba ayudante del capitán general de la isla de Cuba, el general Weyler, isla en la que desembarcaba el mes siguiente.

Poco después de hacerse cargo de su destino como ayudante, se le mandaba a la Trocha de Júcaro a Morón para los trabajos de fortificación necesarios. Bajo su dirección (su trocha de Tukurán le sirvió de experiencia para la del Júcaro), se construyeron cincuenta torres de mampostería (una por cada kilómetro de la línea), la tala de la manigua a lo largo de la citada trocha, con un ancho de trescientos metros, un campamento permanente cada diez kilómetros, la instalación de proyectores para alumbrado de la línea, así como un tendido telefónico, dos hospitales, una línea férrea paralela a la trocha y, finalmente, otros edificios auxiliares. Esta impresionante obra la terminaba el 21 de agosto de 1897. En dos ocasiones fue atacado por partidas de los insurrectos, logrando rechazarlos e incluso perseguirlos. Como recompensa por estas acciones de guerra y por las obras realizadas, se le concedió la segunda Cruz de María Cristina.

Retirado a petición propia del servicio, se establecía en Granada, donde se dedicó al estudio de la jardinería, reuniendo un gran número de datos y observaciones de millares de plantas, a las que estudió científicamente.

Don José Gago Palomo

 Gago, el diseñador de La Trocha

Estaban aún en el azaroso viaje marítimo cuando Weyler le develó la idea de levantar la Trocha. El Comandante, en 1898, había divulgado en la revista madrileña Memorial del Ingenieros del Ejército, un informe donde narró de manera minuciosa el desarrollo de la compleja empresa y su descripción técnica. Reproducimos este testimonio excepcional:


TROCHA DEL JÚCARO

Las trochas son sencillamente líneas de bloqueo, que se destinan a interceptar el paso de víveres, municiones y demás recursos que generalmente se emplean para atacar puntos aislados, obligándoles a agotar sus medios de subsistencia y defensa, sin permitirles reponerlos.

Hasta ahora a ninguna nación más que a China se le ha ocurrido presentar al enemigo una línea continua a lo largo de un territorio, porque los ejércitos regulares combaten en grandes masas y esa línea necesitaría un personal numerosísimo y una organización costosísima para tener en cada punto la resistencia suficiente para rechazar el ataque. En la guerra de Cuba el enemigo jamás se reunió en grandes masas, sino en casos excepcionales, para dar un golpe de mano y disgregarse después en pequeños grupos resueltos a no combatir, que pudieran vivir sobre el país y marchar sin impedimenta. No necesitaban, por lo tanto, líneas de comunicaciones.

Las trochas no sólo fuesen útiles, sino hasta necesarias en la guerra de Cuba, a no ser que España hubiera ocupado militarmente todo el territorio, para lo que hubiera necesitado un ejército enorme.


La organización de esta trocha.

A la llegada del general Welter no existían vestigios de la trocha antigua; sólo se encontraban a lo largo de la vía férrea, en dos o tres puntos a lo sumo, restos de cimentación de edificios de mampostería, de planta cuadrada del metro, 50 de lado, cuyo destino no se concibe fuese otro que el de los abrigos para escucha actuales, pero teniendo la mitad de superficie que estos últimos.

El plan del general Weyler abarcó dos clases de obras: las permanentes, que debían subsistir durante la paz, y las pasajeras, que sólo prestarían servicio durante la guerra.

Las principales entre las primeras y base de la defensa y vigilancia, eran las torres que luego describiremos, de las que debía construirse una en cada kilómetro de la línea. La guarnición de estas torres, en tiempo de paz, sería sólo de dos o tres hombres para su cuidado.

Cada 10 kilómetros se construiría un cuartel con carácter defensivo para cabecera de compañía, donde se alojaría la que tuviese a su cargo las diez torres correspondientes al tramo, y por último, en cada una de las líneas del Norte y del Sur se construiría un cuartel con alojamiento para dos compañías completas, que serviría de cabecera de batallón para alojamiento del que tuviera a su cargo cada una de las líneas.


Todas estas obras debían ser de carácter permanente y fueron designadas con el número del kilómetro en que se habían de emplazar, desde la torre 1 hasta la torre 68, por ser éste el número de kilómetros de la línea. Para emplazamiento de los cuarteles cabecera de compañía se eligieron los puntos medios de la distancia entre las torres.

Para completar la vigilancia se dotaría a las torres de una garita elevada, donde se colocaría un centinela, y se instalaría un aparato proyector de luz para iluminar la zona correspondiente a cada torre.

La llegada de tropas sería continua, hasta acumular las que fuesen necesarias, utilizando la vía férrea desde el momento en que el material de la vía estuviese disponible. Para imprimir la mayor velocidad a toda disposición y tener noticia inmediata de cualquier suceso, se proyectó también dotar a la línea de una red telefónica completa, estableciendo un aparato telefónico en cada torre, enlazando cada cinco de éstas con el campamento correspondiente y con el inmediato, permitiendo esta doble comunicación que quedase asegurada, aun cuando por un accidente cualquiera se interrumpiese una de ellas. Otra doble línea, con aparatos magnetos de mayor energía, dejaba asegurada la comunicación de todos los campamentos entre sí y con las poblaciones de Jácaro, Ciego de Ávila y Morón. De este modo el jefe de un tramo cualquiera tendría inmediato conocimiento de cualquier suceso y podría transmitirlo en seguida al comandante general de la trocha, cualquiera que fuese el punto de la línea donde éste se encontrase, y éste, a su vez, podría mandar a la vez desde cualquier punto de la línea todas las fuerzas de la misma, como si estuviesen a su alcance.


En los proyectores de luz se marcó la condición de que se había de leer un manuscrito a 500 metros del foco, distancia que se consideró como límite de acción; pues separadas las torres 1 kilómetro, correspondía la mitad de esta distancia a cada una.


"La Patria ha sido defendida con honor. La satisfacción del deber cumplido deja nuestras conciencias tranquilas, con solo la amargura  de lamentar la pérdida de nuestros compañeros y las desdichas de la Patria". 

ALMIRANTE CERVERA Y TOPETE.


FUENTES.- 

-Tomado de Memorial de Ingenieros del Ejército, año LIII, No. VIII, Madrid, España, 1898.

WIKIPEDIA

-MIS MEMORIAS DE GRANADA de Luis Seco de Lucena

-Compilación de José Antonio Quintana García: "Gago, el diseñador de la Trocha".



NITO

 

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viernes, 27 de mayo de 2022

EL NOBLE QUE DEJÓ UN TRANVÍA, UN ACCESO A LA ALHAMBRA Y UN PALACIO EN GRANADA



NO es la primera vez que en esta “Murga” se habla del tranvía de Granada y de su creador: Digamos que es un tema recurrente. (Aquí dejo un enlace para que puedan releer la última entrada de 22 de Mayo de 2021 si les place [*]  )

 El 14 de Febrero de 1999 se cumplió un cuarto de siglo de la desaparición de los tranvías de Granada. Nicolás Escoriaza, su implantador, fue uno de los modernizadores de Granada y uno de los personajes que influyeron más decisivamente en la trayectoria de la ciudad de principios del pasado siglo. Un personaje importante, crucial para nuestra ciudad, del que no podemos dejar de hablar siempre que tratemos de temas granadinos; y más cuando hablemos de los tranvías eléctricos que no hace mucho paseaban por nuestras calles.

El tranvía de Dúrcal a su paso por el "Puente de Lata"

Cupo a nuestra ciudad la dicha de ser una de las pocas ciudades españolas que se beneficiaron de la presencia del tranvía. Y puede decirse que nuestro particular Escoriaza, el asignado por la historia para Granada, fue Nicolás Escoriaza y Fabio, que llegó a principios del siglo XX, con apenas 35 años cumplidos, con la intención después hecha realidad, de implantar los tranvías. Un medio de transporte del que durante casi 70 años hicieron gala Granada y los pueblos del entorno.

Terminal  de la Zubia junto al Parque de " la Encina Milenaria "

Sólo una década estuvo Nicolás Escoriaza en Granada, pero dejó una huella tan profunda, una impresión tan notable, que aún muchos años después de su marcha, los granadinos siguieron recordando su paso por esta ciudad. Ahora un cuarto de siglo después de la desaparición del tranvía, se empieza a hablar de su recuperación, al menos, en su idea como medio de transporte, ecológico, barato, eficaz y moderno.

Como hace un siglo, y para nuestra esperanza, el tranvía (en su versión Metro) vuelve a abrirse camino como el mejor medio de locomoción urbana para el futuro, ante el colapso absoluto que viven nuestras ciudades.

Dos unidades del tranvía en exposición delante del palacete de su creador

Y SI POR ESTO FUERA POCO…

Un frondoso paseo lleno de árboles a un lado y palacetes al otro. Un lugar con magia que recuerda la historia reciente de una Granada que empezaba a modernizarse como el resto de Europa. Seguro que, al pasear por este bulevar, has rememorado –y sin proponértelo- pasajes de tu propia vida ligada a esta Granada fascinante. La estampa es privilegiada.

En el Paseo del Salón hay una casa que llama la atención sobre el resto. Su color inmaculado combina con las formas y curvas de la arquitectura nazarí. Sus yeserías y pequeñas columnas de mármol recuerdan a los palacios de la Alhambra y su torre a la de los Picos.

Torre, almenas y blasones

Lo levantó el arquitecto Modesto Cendoya  y fue un capricho de Nicolás de Escoriaza. El vizconde y empresario que promovió la electrificación de los antiguos tranvías de Granada. Un cableado que unía el centro de Granada y distintos pueblos del cinturón.

Nicolás de Escoriaza comenzó la construcción de su mansión por el 1905, dos años más tarde de la adquisición de la sociedad francesa “Tramways de Granade et Murcie”, con la que trabajó en la ciudad de la Alhambra. Aunque, no debió disfrutar mucho esta vivienda, ya que gestionaba también el tranvía de Zaragoza, construyó el de Cádiz y poseía varias propiedades de lujo en distintas ciudades, por las que no paraba de viajar.

El palacete del Vizconde de Escoriaza

 Pero la figura de este hombre va mucho más allá de este palacete un siglo después de su actividad. La cuesta que llega a la Alhambra desde el Paseo del Salón, lleva también su nombre.

Y es que, Nicolás de Escoriaza poseía toda esa zona, entonces huertas no urbanizadas -antigua Huerta de la Estefanía-. Creó parcelas para la clase noble y construyó una vía por la que más tarde pasaría el tranvía que él promovió: La Cuesta de Escoriaza.

La Parrilla. Al fondo el pilar de Escoriaza

No se había cumplido ni un mes de la inauguración del tranvía en Granada, concretamente en julio de 1904, cuando su gerente, Nicolás Escoriaza, anunciaba  “la conexión con la Alhambra a través de un funicular que partiría desde la Carrera del Darro junto a los Baños Árabes y que llegaría hasta las inmediaciones de la Alhambra”, según las crónicas de la época.

El primer coche del tranvía al pasar por la Higuerilla en la Cuesta de Escoriaza

La historia no acaba aquí, ya que ese tranvía estaba proyectado para ascender por la Cuesta de Gomérez, pero la oposición de la época, por el impacto visual, hizo abandonar el proyecto. Como solución, se introdujo el medio de transporte por la Cuesta de Escoriaza. Una idea que le vino muy bien al Duque de Galatino, ya que estaba levantando el Hotel-Casino Alhambra Palace. 

El  tranvía entrando a Santa Fe 


OBRAS CONSULTADAS:

Laberinto de Imágenes y Recuerdos. (De Juan Bustos)

Diario Granada Digital: (José Luis Moreno)

Miscelánea de Granada: (César Girón)

                                                                                              

  NITO




sábado, 30 de abril de 2022

LA PINTORA AURELIA NAVARRO

 

"Desnudo" (Tercera medalla en la Exposición Nacional en 1908)

"El Defensor de Granada", en 1908: Aurelia Navarro es “Una artista que vale y que puede estar por derecho propio”.

Podría haber pintado un desnudo moralizante, que desvelara y criticara cómo la mujer se convierte en un objeto del deseo de ellos. Podría haber cargado contra esos cuadros que alimentaban los ardores masculinos, uno en el que la mujer no apareciera lista para usar y tirar. Pero Aurelia Navarro (1882-1968) no lo hizo. La pintora granadina se atrevió a participar con 26 años en la gran Exposición Nacional de 1908, con la intención de arrebatársela a los pintores en su propia casa y con su propio discurso: presentó una versión de la Venus en el espejo, de Velázquez. Por primera vez, una mujer no protagonizaba el desnudo, lo pintaba. La crítica lamentó que el jurado, presidido por Joaquín Sorolla, le hubiera concedido a Navarro la tercera medalla del certamen. Se merecía la segunda, dijeron. Poco importaba el talento que todos ellos vieran en aquella “bella y joven” mujer: El éxito la condujo a su desaparición en un convento -en la Congregación de las Adoratrices Esclavas del Santísimo Sacramento y de la Caridad, de Madrid en 1923-.

"Sueño tranquilo" (Mención honorífica en 1904)

Era difícil luchar, al mismo tiempo, contra aquella sociedad, familia y jurados de las exposiciones que nunca premiaban con justicia a las mujeres. Su familia, especialmente su padre, consideraba que el ambiente artístico madrileño y la repercusión mediática no eran adecuados para una mujer joven y presionó para que regresara a Granada. Continuó pintando en su ciudad natal y participó en varias muestras del Centro Artístico hasta 1916.

Para muchos críticos no quedó claro si Aurelia Navarro entró en el convento por decisión propia o fue obligada a ello, porque con “Desnudo femenino” (algunos creen que es un autorretrato de la pintora), dinamitó todas las normas morales del momento.

"Retrato de señorita" (Tercera medalla en 1900)

 Al final de su carrera, aunque había tratado todos los géneros, lo único que le dio por pintar fueron cuadros de tema religioso como el dedicado a la Madre Sacramento (1933), fundadora del convento.

Aurelia murió en Córdoba en 1968 pero sigue viva y hermosa en Granada, en el palacio de Bibataubín y en la preciosa Casa Museo Ajsaris, entrañable pinacoteca que ojalá nunca desaparezca de nuestra ciudad.


Aurora, Navarro ha sido últimamente, una de las protagonistas de la exposición  'Invitadas. Fragmentos sobre mujeres, ideología y artes plásticas en España (1833-1931)”, que ha permanecido abierta en el Museo del Prado hasta el  pasado 14 de marzo de 2022.

 En esta exposición se pudo ver 'Desnudo de mujer', una obra de 93 por 160 centímetros pintada en 1908, y cuya ejecución le ocasionaría  no pocos problemas, a pesar de ser premiada en la Exposición Nacional de Bellas Artes de aquel año.

La obra es propiedad de la Diputación Provincial de Granada, quien la adquirió en su día por 2.000 pesetas, según afirma el coleccionista y propietario del museo Casa Ajsaris, Juan Manuel Segura.  Por cierto que el museo albaicinero alberga en sus muros otra de las muy pocas obras firmadas de la pintora que hay en la ciudad, aunque es posible que haya algunas más sin firmar.

Segura descubrió a la pintora a través de quien fue uno de sus grandes maestros, Marino Antequera. «Pocas mujeres ha habido que tuvieran premios en tres exposiciones nacionales de Bellas Artes. En su caso, fue mención honorífica en 1904, cuando solo tenía 22 años, por su obra 'Sueño tranquilo'. Dos años más tarde, en 1906, obtuvo una tercera medalla en 1906 por 'Retrato de señorita' y también fue tercera medalla en 1908, precisamente con el cuadro que se expuso ahora en el Museo del Prado».

El coleccionista granadino es propietario de otra de las obras de la artista, un retrato de pequeño formato titulado 'Pensativa', sin fechar, que muestra a una joven ataviada con una falda oscura, blusa celeste y sombrero.


En mi última visita a esta entrañable pinacoteca en este mes de abril,  (auspiciada por OFECUM), estuve dialogando con Don Juan Manuel Segura sobre la pintora, y me quedaron claras muchas dudas e incertidumbres: Se ha creído ver siempre una relación directa entre el hecho de que la artista acabara profesando como monja adoratriz en 1923 y las críticas recibidas en los ambientes más puritanos de la época por haber pintado el desnudo que ahora se ha exhibido en la pinacoteca nacional. «Es completamente incierto», afirma Segura. «La decisión de ingresar en el convento de las adoratrices de Madrid, no en el de Córdoba como también se ha dicho erróneamente, fue muy posterior, y no es consecuencia de la repercusión del cuadro».

Añade que Aurelia Navarro continuó con su carrera artística sin problemas y residiendo en Granada durante 15 años. «El ingreso en el convento tuvo lugar por el enfrentamiento que Aurelia tuvo con su padre, cuando el pintor Tomás Muñoz Lucena, viudo, con dos hijos y su vecino en Plaza Nueva, que había sido su maestro, pidió su mano. Su padre se la negó, y en aquel año el pintor, se trasladó a Sevilla, alejándose también de la ciudad de Granada». La revista “Granada Gráfica” dio noticia del traslado del maestro, una figura eminente dentro del ambiente artístico de la época, profesor además en el Instituto Padre Suárez.

La obra 'Desnudo de mujer' tiene evidentes reminiscencias velazqueñas y una calidad fuera de toda duda. De hecho, la calificación como tercera medalla de la obra en la exposición de 1908 provocó el enfado de Julio Romero de Torres, uno de los miembros del jurado, que argumentó lo insuficiente del premio, ya que, según el artista cordobés, merecía un más alto galardón.


Desde el punto de vista estilístico, las obras de Aurelia Navarro son deudoras de las de su maestro. «Podrían estar firmadas por él», afirma. Aunque no fue el único guía en el arte que tuvo, ya que antes fue alumna de José Larrocha. Tras profesar, abandonó el mundo pero no el arte. En Alcalá de Henares fue maestra de novicias, y al estallar la guerra civil se trasladó a Córdoba, donde vivía su hermano, médico famoso, y donde está enterrada.

Y en este punto, queda por aclarar un misterio en torno a ella. Según afirma Juan Manuel Segura, se decía que Aurelia tuvo un contacto muy directo con las Carmelitas Calzadas, convento muy próximo a su casa, y que pintó algunos cuadros para ellas. Estos cuadros estarían sin firmar, por lo que es posible que en dicho convento se encuentren emboscadas algunas obras de esta artista granadina.

"Pensativa" (la joya de Casa Ajsaris)


NITO

 

BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA

Periódico “El País”

Diario “IDEAL”

Wikipedia

lunes, 28 de marzo de 2022

COBERTIZO DE SANTO DOMINGO

 

El Cobertizo de Santo Domingo, es una estrecha calle que discurre por el lado izquierdo de la Iglesia de Santo Domingo. La denominación “cobertizo” o “pasadizo volado”,  son elementos arquitectónicos que unen dos edificios fronteros por su parte más alta, con el fin de facilitar la comunicación entre ambos, normalmente de un mismo propietario.

 Su origen se remonta, normalmente, a las ciudades andalusíes de calles laberínticas, curvos trazados, arcos, recovecos y adarves o callejones sin salida. En 1530 se promulgó una ley que prohibía construir nuevos balcones, saledizos y pasadizos, para evitar la falta de higiene o de luz que pudieran causar, y la fácil propagación de incendios entre dos viviendas en las estrechas calles medievales. El origen de esta calle granadina que comentamos hoy, se remonta a finales del siglo XV.


En esta minúscula y enigmática calle encontramos, por añadidura, elementos tan notables como el Convento de las  Comendadoras, y el Convento de Santa Cruz la Real.  Y anejo al Cobertizo de Santo Domingo, se encuentra el antiguo Hospital y Casa de la Seda. Fundados en 1511, el hospital atendía al colectivo de los trabajadores de la seda, cuya misión era pesar, medir y certificar la calidad de la misma. La seda,  fue el soporte económico del Realejo durante los siglos XVI y XVII.

Sin embargo, lo más singular del Cobertizo de Santo Domingo es el tesoro que esconde, y que, por lo general, pasa desapercibido. En el salto que da lugar al túnel abovedado, se ubica el Camarín de la Virgen del Rosario. 

Balcón del Camarín de la Virgen del Rosario.

El camarín representa el barroco en todo su esplendor  y está exuberantemente adornado. Como nota curiosa, cabe añadir, que por esta singular calle pasa el Camino de Santiago andaluz o Camino Mozárabe, que partiendo de la calle Seco de Lucena, nos lleva hasta  Santiago de Compostela unos 1.000 km después.


Lugares de Granada como éste, escribía el cronista de Granada Juan Bustos, invitan a realizar un viaje a un tiempo ya pasado. A la entrada de este pasaje o cobertizo de Santo Domingo  -uno de los pocos que subsisten en nuestra ciudad-, debería advertirse al viandante: “¡Cuidado, acaba usted de entrar en otro tiempo!”.

Quien busque una ciudad de otra época, quien busque una estampa del pasado, aquí lo consigue plenamente. En la puerta claveteada, en un buen balcón de hierro forjado, en la portada hecha en piedra de Sierra Elvira tallada, en la influencia de la composición y detalles arquitectónicos de Alonso Cano y de la escuela granadina, todo respira un ambiente de una época ciertamente brillante para recreación de las más hondas y legítimas claves artísticas y ambientales de la ciudad.

¡Que embalse de eternidad hay en este palmo de terreno! : Diáfano, como ópalo volatilizado, flota en el aire y acaricia dulcemente todo lo que existe, todo lo que respira, con su hálito vaporoso y aterciopelado. 

La descripción es exacta para este enclave de nuestro más viejo callejero, antaño de continuo transitado por los nobles artesanos del “torcido de la seda”, tan vinculados a la construcción de la vecina iglesia de Santo Domingo.

Hoy, entre el humo, el cemento, el ruido y la prisa que rondan el lugar, también es posible escuchar la calma antigua y los silencios hondos de la vieja Granada, esa alma de Granada que atrae, que subyuga, que domina y esclaviza.

Cualquiera, con sensibilidad, puede percibirla, por ejemplo, en la extraña sonoridad de los pasos al cruzar este cobertizo. 


NITO

 


BIBLIOGRAFÍA:

Blog “Por las calles de Granada”.

Dialnet “Pasadizo o “sabat”, un tema recurrente

“Laberinto de Imágenes y Recuerdos” de Juan Bustos Rodríguez.


lunes, 28 de febrero de 2022

EL RELOJ DE CANDELA DE LA ALHAMBRA

 


El horologio o reloj de candela de la Alhambra

La exposición de ingenios mecánicos de la ciencia nazarí del Pabellón de al-Ándalus y la Ciencia, de la Fundación El Legado Andalusí, alberga un curioso instrumento. Descrito por el historiador, filósofo y poeta árabe Ibn al-Jatib (1313 1324), el reloj de candela de Mohamed V, tiene un sentido simbólico inspirado en el hermetismo árabe.

En su manuscrito Nufada III, Ibn al-Jatib describe este reloj, minkan,  o mankana, que se utilizaba para marcar las horas durante el Mawlid  del año 764 de la Hégira correspondiente al año 1362 de la era cristiana. La Hégira designada migración del profeta Mahoma de la Meca a Medina, en septiembre del año 622 después de Cristo. El Mawid es la fecha en la que el Islam celebra el nacimiento del profeta Mahoma aunque el Corán no lo menciona, e incluso, desaconseja esta celebración: “No exageréis con respecto a mí como los cristianos lo hicieron con el hijo de María. No soy más que un siervo temerosos de Alá”.

Algunos teólogos islámicos se han opuesto a esta práctica a lo largo de los tiempos considerándola ajena a la religión musulmana. Esta celebración procede probablemente de las influencias cristianas que festejaban la Natividad de Jesucristo.

A pesar de esta oposición teológica, miles de musulmanes celebran el Mawlid con cantos y oraciones. En algunos países se organizan desfiles y, con el tiempo, se ha adoptado la costumbre de lanzar fuegos artificiales.

La función del reloj de candela de Granada era precisamente marcar las horas de la celebración de la Natividad islámica en la residencia del sultán de la Alhambra Mohamed V (1338-1391), rey nazarí del reino de Granada y el primero en poseer una máquina que marcaba las horas nocturnas. Ibn al-Jatib  detalla su funcionamiento en Nufada III: Un mueble o cajón de sección dodecagonal, de madera, de una braza de alto (de 165 cm a 170 cm.) y, en cada uno de sus lados, un nicho en forma de mihrab totalmente cerrado con una ventana con pestillo y recubierto de decoraciones polícromas. En la parte superior  había una vela encendida, dividida en 12 partes, una por cada hora.


De cada división salía un hilo de lino; 12 hilos en total, atados cada uno a cada uno de los pestillos, impidiendo que se abrieran. En el tímpano del arco de cada mihrab, un hueco hexagonal, cuya función era dejar caer una bolita de cobre al final de cada hora, servía también para detener una varilla de hierro unida a cada pestillo.

Detrás de cada ventana, la varilla impedía que la bolita cayera antes de tiempo. Tras cada ventana también había un personaje sosteniendo una hojilla de papel que contenía un verso, anunciando la hora. Cuando el fuego consumía la vela y la hora llegaba a su fin, el hilo del lino ardía, liberando así el pestillo que soltaba la varilla que, a su vez, permitía a la bolita caer en una de las bandejitas de cobre.  Esto causaba un llamativo sonido al tiempo que caía la hojilla de papel con la hora en verso que el encargado del reloj, el recitador, declamaba.

A lo largo de los tiempos, esta máquina movida por el fuego de una vela y por el aire provocado por su forma hueca despertó la curiosidad de muchos. En cada prueba, tanto su funcionamiento como la indicación de las horas eran exactos, probando así que su ingenioso diseño se ha mantenido inalterable hasta hoy.

Simbólicamente, la presencia del mihrab en el reloj alude al carácter sagrado del tiempo: el mirador es el nicho en forma de ábside en una mezquita que indica la dirección de la ciudad Santa de la Meca hacia la que los musulmanes dirigen sus oraciones. Además, las doce bolitas del reloj son de cobre, un metal asociado por los alquimistas árabes con el planeta Venus, considerado como el alter ego de la Luna cuyo cuarto creciente es el símbolo del Islam.

Estas bolitas estriadas simbolizaban pues la Luna, con sus cráteres, iluminada por el Sol, representado por la vela.

 


Nos cuenta Antonio Fernández-Puertas, catedrático de Hª del Arte Musulmán de Granada,  que:

“El horologio no era máquina conocida en la Granada nazarí pues excitó la curiosidad de los asistentes, la cual se accionaba al quemarse el pabilo del cirio y su interior hueco expandía el sonido de la caída de una bola. Cada doce horas se tenía que reponer un nuevo cirio y empezar de nuevo su funcionamiento: cerrar los mih rjhs, o ta’qas, colocar las bolitas de los platillos en los huecos hexagonales, y un nuevo cirio dividido en partes por doce cuerdas a las que se ataban otra vez las cabezas de los pestillos que cerraban el horologio.

Aquella noche del  mawlid del 1362, la del 30 al 31 de diciembre, se leyeron los correspondientes poemas de las sucesivas horas. Este mismo programa se repitió las restantes noches de la semana. A pesar de lo primitivo de su mecanismo Ibn al-Jatib especifica que el funcionamiento fue perfecto, se siguió el paso de las horas, y añade que era ligero de trasladar al estar hecho de madera hueca. La última bola o piedrecita que cayó, marcó el momento preciso de la oración del alba.

 Es interesante anotar que Ibn al-Jatib debió ver su interior “hueco” desde la escalera que usaría el encargado, porque no tenía tapa horizontal que impidiese el poder trabajar en su interior sin trabas y ampliaba la limpia y clara expansión del sonido de la hora”.


NITO

 

SE HA CONSULTADO.-

“La Granada Insólita y Secreta” de  César Requesens.

Diario “IDEAL”: Las horas nazaríes por Fernández-Puertas.

Biombo Histórico Blog: El horologio de la Alhambra.

Legadonazaríblog.