miércoles, 31 de mayo de 2023

AYOLA Y LOS CÁRMENES DEL DARRO


"Aquellos cármenes, a los que se refirió Chateaubriand como «asilos de la cansada vida», son una de las más atractivas imágenes de la Granada pintoresca de otro tiempo".

EN esta ocasión les propongo un itinerario caprichoso y sugerente a través del tiempo y del espacio, que nos conducirá al reencuentro con una Granada lamentablemente desaparecida; una Granada donde cada rincón salía al paso no sólo embellecido por legados de Arte y de Historia, sino también por ese inefable color de las cosas añejas, doradas por la pátina del pasado y por la honda sensación de vago misterio que suelen crear muchos siglos de vida, civilizaciones, esplendores y decadencias.


Al mismo tiempo que nos recreamos en este mágico itinerario, reconozcamos el mérito y agradezcamos a pintores, grabadores y  fotógrafos como Ayola, que hizo hermosas fotografías de los 'cármenes y molinos de la Cuesta de los Chinos' entre 1885 y 1890. Este escenario ya había cautivado muchos años antes a los artistas extranjeros del período romántico, aquellos pioneros que buscaban una Granada maravillosa de ensoñación. Desde el final de la Guerra de la Independencia hasta poco después de la mitad del trágico y desastroso siglo XIX español, fue numerosa la relación de viajeros ilustres, ávidos y curiosos escritores y pintores, ingleses y franceses especialmente, que no se arredraron de venir a España, a conocerla, cuando nuestros caminos eran una temeraria aventura y nuestras fondas, posadas y mesones solían ser infectos reductos de todas las incomodidades y desatenciones, por lo general. 


Pero España, Andalucía especialmente y Granada sobre todo, bien merecían aquellas  inolvidables peripecias, que darían lugar más tarde a libros inefables de viajes y a pinturas y grabados bellísimos que expandieron por el mundo el nombre de nuestra ciudad, la ciudad romántica por excelencia. David Roberts fue uno de aquellas visitantes. Con él y con sus compañeros de generación y aventura, Granada tiene contraída una deuda de gratitud extraordinaria. En 1837, este artista inglés, delicado pintor de paisajes y monumentos firmó  y fechó una espléndida fotografía inspirada en semejante  perspectiva  de la Alhambra  y los contornos del Darro.


Nuestro gran cronista Juan Bustos, en su “Granada siempre viva”, nos refería: << Sería justo el sencillo y modesto homenaje de admiración a David Roberts y es justo que nos ocupemos ya de la fotografía de Ayola. Es una vista risueña de los cármenes y molinos que hace un siglo coloreaban el margen izquierdo del río al comienzo de la Cuesta de los Chinos, enclave gravemente afectado en estos tiempos por el nuevo edificio levantado sobre el solar del desaparecido 'Rey Chico'. La imagen de Ayola recoge en todo su esplendor el aspecto luminoso de estos parajes donde, desde antiguo, se alzaban los escasos, celebrados y maravillosos cármenes del Darro. Uno de ellos, a la entrada del camino del Avellano, el carmen de los “Chapiteles”, propiedad del Gran Capitán, que lo ennobleció con sus escudos, había figurado siglos antes entre las láminas del 'Civitatis orbis terrarum', mencionándosele como la 'Casa del Moro Rico'.

 


Otro Carmen que aparece con frecuencia en la obra de Ayola  es el carmen 'del Granadillo', que llegó hasta casi nuestros días. Marino Antequera, el académico y crítico de arte fallecido no hace mucho, nació por cierto en este carmen 'del Granadillo'. Él pudo describir sentidamente este bello panorama de «cármenes y huertos junto al lecho del río, enfrente el cerro de San Miguel, coronado de murallas y cubierto en su parte baja de pitas, chumberas y cuevas».

Al igual que había sucedido con los artistas del período romántico, este carmen y su entorno no pudo pasar inadvertido para un buen fotógrafo como Ayola, a la búsqueda siempre de las más sugestivas imágenes de la Granada pintoresca. Era una construcción del siglo XVIII, transformada en el siglo siguiente, pero conservando las alegres claves estéticas de la primitiva edificación, con sus graciosos tejados, aleros y chimeneas y con su ameno, sencillo jardín, en tiempos adornado con una deliciosa glorieta cubierta de rosales en primavera. «Cuando las flores de los cármenes despiertan  -decía el pintor Santiago Rusiñol- el aire parece emborracharse de aromas». Sensación semejante se disfrutaría a buen seguro en este soñador paisaje, a continuación del cual se encuentran las Chirimías y la iglesia de San Pedro. En los años 60 del pasado siglo, el cármen “del Granadillo” lo adquirió el Ayuntamiento, utilizándolo casi exclusivamente como almacén y vestuario del escenario que era situado sobre el Darro para las actuaciones artísticas de la feria del Corpus, pero un incendio afectó gravemente a la construcción y, en mala hora, se tomó la determinación de derribarlo. Desaparecía así para siempre uno de los edificios que, con su alegre fisonomía y pintorescas líneas, había embellecido esta zona del Darro durante siglos>>.

<<Hay referencias literarias abundantes de la impresión que causaban estos parajes. Como el que aquí recogió la cámara de Ayola. Escritores muy  diferentes evocaron entusiasmados el pintoresco carácter y los risueños vergeles de estos cármenes del Darro, desde donde las puestas de sol debían tener un ímpetu rojo y ardiente, de voluptuosidad y de sangre.

Entre los deslumbrados por el panorama, hemos elegido al azar al comediógrafo y cronista sudamericano Felipe Sassone que alcanzó a conocerlo y disfrutarlo ya bien entrado siglo pasado, hacia 1923. El escritor peruano se maravillaría, al pasear por aquí, de que “allá arriba, las piedras altivas de la Alarmara, parecieran corno recogerse en sí mismas al caer la tarde, dando la impresión indefinible de un velado misterio y una serena melancolía. El viajero terminaba sus impresiones en un artículo diciendo: - “El ambiente eternamente perfumado de los cármenes del Darro se percibe una lejana sensualidad musulmana; se adivina y se goza aquella paz de los antiguos musulmanes más que en ningún otro pueblo enamorados de la vida por el placer de sentirse vivir”.

No hace falta decir que este lugar es hoy irreconocible. Un siglo de negligencia y desinterés se ha bastado y sobrado para destrozarlo. Ello es particularmente penoso si considerarnos que con pérdidas como ésta y como tantas otras que se han venido y se vienen sucediendo, va desapareciendo lo que era uno de los mayores encantos de Granada: su poesía inexpresable. El noble y bello semblante que fue propio de la ciudad durante siglos, y del que formó parte tanto tiempo este escenario florido y alegre donde se levantaban los cármenes y molinos del Darro, está hoy más amenazado que nunca, cuando ha nacido una Granada nueva, cuya estridente fisonomía  arquitectónica la hace no parecerse a la Granada de ayer en lo más mínimo, como si se trataran de dos ciudades diferentes.

  Eugenio Montes escribió cierta vez que había visto, en el escudo de una casa señorial de Castilla, un caldero y un pozo, con el lema siguiente; «Cuanto más doy, más tengo”.  Así es Granada, todavía, aunque no sabemos por cuanto tiempo>>.

Leyendas de palacios perdidos, lágrimas de reyes y una belleza acrecentada con el paso de los siglos…


NITO


BIBLIOGRAFIA.-

Prensa IDEAL. “Los Cármenes del Darro”

EL PAIS. “A la izquierda del Darro”

JUAN BUSTOS. “Granada siempre viva”


 

viernes, 28 de abril de 2023

LIBRERÍA “SUCESOR DE CASSO”


Librería "Hijos de Santiago Rodríguez" de Burgos, la más antigua de España (1850)

NOTA PRELIMINAR.-

 Nunca pude imaginarme  que la librería-papelería en donde he entrado casi a diario ha recibido recientemente el meritorio galardón de ser, actualmente, la más antigua de Granada. Situada en la avenida Dílar, 122, en el conocido barrio del Zaidín, mantiene el sabor de los viejos comercios de otra época, aunque renovado y equipado para atender las necesidades de los tiempos modernos. Inaugurada el 1968, la papelería librería Mesa es, actualmente, la más antigua de Granada. Es tal su solera que hace unos años recibió el conocido premio «Gorrión de Plata».-

Acostumbrados, como estamos, a “despedir” viejas librerías que nos han acompañado durante toda una vida, no he podido sustraerme a la tentación de recordarlas. Pero también quisiera mencionar a otras que no llegué a conocer (tan sólo pinceladas y anécdotas de mis abuelos) y que fueron señeras en Granada. Tal es el caso de: Una librería con Historia.


LIBRERÍA “SUCESOR DE CASSO” 

La librería Casso en calle Reyes Católicos. -Granada-

Fue una librería, imprenta y papelería de  lo más popular (nos cuenta Juan Bustos Rodríguez) y acreditada en la ciudad hasta bien entrado siglo pasado. “Con su rótulo —tradicional para referirse a algunos propietarios— de «Sucesor de Casso», sus escaparates sencillos de madera y sus anuncios bien visibles, «Venta de figurines» y «A peseta», como reclamos para el público de paso. La tienda era frecuentísima por toda clase de gentes, porque en ella había desde papel de escribir a revistas españolas y extranjeras, desde recortables a lápices y plumas estilográficas, «la última novedad, la pluma Swan de llene automático, con el doble capuchón de seguridad y la palanca chapada en oro».

La más antigua del mundo, "Colegio", está en Buenos Aires, Argentina (1785)

Pero la actividad más provechosa era la de la imprenta, porque los Juzgados estaban entonces en el mismo edificio y, aunque sólo fuera por esta proximidad, las cuantiosas necesidades de impresos se solucionaban allí. Pero digamos, que ya es hora, que el popularísimo comercio estaba en la calle de Reyes Católicos, más o menos en la manzana que ahora ocupa la cafetería «Reina Ysabel» o siguientes. La calle, por cierto, hacía allí una especie de pendiente o acentuado desnivel hacia la acera. La librería era fácil de localizar, por otra parte, ya que se hallaba muy próxima a uno de los lugares de reunión más frecuentados por media Granada: “La Escribanía”… En la revista “Granada Gráfica”  el establecimiento se anunciaba así: “El mejor restaurant, servicio permanente de comidas a la carta, vinos, café, refrescos, aperitivos, gran confort. Esta casa está considerada como la primera de Andalucía en decoración y servicio. Cañuelo, 5 al 9 y Abenamar, 6 al 10.  Espalda a la Gran Vía y salida a Reyes Católicos. Teléfono 493. Granada”… La vista de uno de los comedores de la casa, profusamente decorado, en efecto, con azulejos y arabescos, completaba la publicidad. Algunos granadinos que conocieron el local me aseguraron que tenía sus “cuartos reservados”, a los que se entraba directamente por una puerta discreta.

La más bonita del mundo está en Lisboa

Don Manuel de Falla solía acudir a esta librería del “Sucesor de Casso”, cuando pasaba de regreso hacia  su Carmen de la Antequeruela . Me dicen que, en la  acera de enfrente el tranviario, con  la misma cortesía que el resto de los viajeros, solía esperar a  que don Manuel saliera de la tienda y subiera al vehículo. Imaginamos sin esfuerzo al compositor, la timidez en persona, dando disculpas poco menos que desolado por la espera que inadvertidamente ha originado, y el tranvía arrancando, al fin, con un alegre rechinar de ruedas y un músico genial, pensativo, menudo y vestido siempre con mucha modestia, acomodado en su asiento del ruidoso vehículo. Todo esto nos sugiere la vieja foto de la hace tiempo desaparecida librería de “Sucesor de Casso”. Con figurines  -“El Hogar y la Moda”  y “Cosmopolitan”, entre los más populares-, al precio  de una peseta, que no era  ninguna tontería en aquel tiempo”.



NITO


jueves, 30 de marzo de 2023

LA ERMITA DEL SANTO SEPULCRO DE LOS REBITES

 

Grabado de Nicolás Chapuy en 1843

NOTA PRELIMINAR

Granada, la ciudad del vía crucis.  “Entre los siglos XVII y XIX, la ciudad llegó a acoger hasta diez cofradías de la «vía sacra», que rezaban las estaciones por las calles, desde sus templos hasta lugares alejados de la ciudad, como el Sacromonte, el convento carmelita de los Mártires o el Cerro de los Rebites, lo que es actualmente el barrio de la Bola de Oro, que iniciaba su recorrido penitencial junto a los Escolapios, en la capilla del Pretorio y terminaban en el Cerro de los Rebites, en una ermita llamada también del Santo Sepulcro.

Por tanto, Granada fue sin duda una hermandad consagrada al vía crucis, como lo es hoy también gracias a los multitudinarios rezos estacionales que se celebran en Granada durante la Cuaresma y, muy especialmente el Martes Santo con la Hermandad del Vía Crucis.”

El oscuro encanto de las ermitas de planta octogonal

 ERMITA  DEL SANTO SEPULCRO

Nos referiremos en este artículo a la ubicada  en el Cerro de los Rebites. Juan Manuel Barrios Rozúa nos dice de "...Esta ermita del Santo Sepulcro, que fue la más bella y original de las que tenía Granada, aparece muchas veces nombrada como de San Antón el Viejo, aunque no debe confundirse con ese santuario. Tampoco con dos ermitas llamadas del Santo Sepulcro, la que hay en el camino del Sacromonte y la que existió en el Secano de la Alhambra.

Edificada en el siglo XVII, la ermita presentaba al exterior una planta octogonal con un alzado decreciente en tres niveles: el de las capillas abajo, el de la nave en el centro y el de la cúpula como remate. El cuerpo de la cúpula estaba decorado con pilastras dóricas y cuatro ventanas, mientras que la parte inferior del templo presentaba un aspecto más irregular, con algunos ventanucos y arcos ciegos con frontón. Se accedía a la ermita atravesando un pequeño atrio y una puerta sobre la que había un nicho con una campana para llamar a la oración.

Conservamos varias descripciones del interior de esta singular ermita que permiten conocerla con todo detalle. Consistía en una nave ochavada en cuyos chaflanes se abrían cuatro capillas (Nuestra Señora de la Soledad, Jesús Nazareno, impresión de las llagas a San Francisco y Jesús a la columna) y cuatro arcos, el de la puerta de acceso a la ermita, el de la capilla mayor, el de la sacristía y el que daba paso a las dependencias del ermitaño. La capilla mayor destacaba con su retablo dorado. A media altura había cuatro lienzos con escenas de la Pasión y se abrían cuatro balcones de hierro dorado con bolas de bronce en las esquinas y puertas pintadas. En el último cuerpo otros cuatro lienzos representaban a los evangelistas y sendas ventanas con celosías aumentaban la luminosidad de la ermita. La nave la cubría una bóveda que apoyaba en cuatro columnas de mármol y en el centro se elevaba una alta cúpula ornada con motivos de yeso dorado y estofado. Sobre la bóveda de la nave se encontraban las salas que habitaba el ermitaño, iluminadas por dos balcones con sus guardapolvos, uno mirando a poniente y otro a oriente.

 Con la exclaustración del convento de San Antonio Abad la ermita pasó a ser bien nacional y como tal la adquirió en 1845 José Pareja Martos. El oratorio debió utilizarse a partir de ese momento como almacén de aperos de labranza o quedó cerrado. La romería que subía hasta ella el día de San Antón era ya sólo un recuerdo y el deterioro del edificio se acentuaba año tras año sin que a nadie le preocupara. Aunque todavía hay noticias de su existencia en el tercer cuarto del siglo XIX, lo más seguro es que para esas fechas la ermita hubiera sido expoliada en sus materiales y quedara poco más que un cascarón vacío y ruinoso que no tardó en desaparecer. Su solar lo ocupa hoy un desigual conjunto de casas.”

Grabado de Henry Swinburne (1808)

 El relato de César Girón, en su obra “Miscelánea de Granada”, nos dice: “…Poco más arriba de San Antón el viejo, en la zona de los Rebites, existió la llamada ermita del Santo Sepulcro, desaparecida también a mediados del siglo pasado como consecuencia de las leyes desamortizadoras y de la que se conserva también una calle con su nombre, la cual discurre paralela a la avenida de Cervantes.

Esta otra ermita de la que existe algún grabado, era de planta octogonal y fue construida en el siglo XVII. Tenía una capilla  central con otras cuatro laterales que la rodeaban y estaba cubierta por una bóveda semiesférica parecida a la del morabito de San Sebastián. En este templo del Santo Sepulcro terminaba el Vía Crucis que partiendo desde la Capilla del Sagrado Corazón, en el callejón del Pretorio, fuera establecido entre los años 1681 y 1687 aprovechando gran parte de los numerosos morabitos que existieron en esta zona y que habían sido consagrados por los Reyes Católicos al culto cristiano tras la rendición de la ciudad. Algunas de las capillas de este Vía Crucis se conservaron hasta bien entrado el siglo XX.

La visión monumental y romántica de España vista por Nicolás Chapuy 

En unas notas de la Guía de Gómez Moreno, nos narra lo siguiente: “En la barriada de la Quinta Alegre que hay sobre el camino de Huetor, donde estuvo la ermita de San Antón el Viejo, que dicen había sido morabito y en ella fundaron su convento en 1534 los frailes de la orden tercera de San Francisco. En el inmediato cerro, cuyo color bermejo motivó su antiguo nombre en Rubite, hoy cambiado en Rebité, aún quedan rastros de la bella ermita del Santo Sepulcro.

 La ermita del Santo Sepulcro, construida en el siglo XVII, que era octogonal, con una serie de arcos y columnas alrededor de la capilla central, y por fuera un pórtico donde había cuatro  capillejas y otras tantas puertas”.

Capilla de Briones en La Rioja de planta octogonal

 NOTA CURIOSA

Recién llegado a Granada, en mi mocedad, llegué a ver esas ruinas de piedras y ladrillos amontonadas, que tomé por un caserón derruido,  sin sospechar siquiera ni su origen ni su importancia: ¡Quién me iba a decir a mí que, transcurridos más de cincuenta años, escribiría sobre aquellas venerables piedras una vez  “descubierto” su secreto y el oscuro encanto de las capillas de planta octogonal…!

A cincuenta metros de mi bicicleta se hallaba la mas hermosa de las ermitas de Granada


NITO

 

Bibliografía.-

Guía de La GRANADA DESAPARECIDA (Juan Manuel Barrios Rozúa)

 “MISCELÁNEA DE GRANADA” de César Girón.

GUÍA DE GÓMEZ MORENO

Blog “La Granada Eterna”  -Mayo 2013- de Antonio Padial

 


martes, 28 de febrero de 2023

EL CAMINO MOZÁRABE A SANTIAGO


 

Todo el mundo ha oído hablar del Camino de Santiago y son muchas las personas que viajan al norte de España a recorrerlo. Pero quizá no tantas sepan que en Granada, también tenemos nuestro propio Camino. Se llama el Camino Mozárabe de Santiago, un conjunto de itinerarios históricos, que se fueron conformando en la época medieval y eran usados por los peregrinos de los antiguos territorios de Al-Ándalus en su recorrido hacia Santiago de Compostela. 

Real Monasterio de las Comendadoras de Santiago. 

 
Hoy en día, según explica la Federación Andaluza de Amigos del Camino de Santiago, se denomina Camino Mozárabe a los caminos de Santiago que empiezan en Almería, Málaga, Granada, Jaén y Córdoba, y que enlazan con la Vía de la Plata en Extremadura
 

En nuestra provincia, el Camino Mozárabe comienza en Huéneja, en el límite con la provincia de Almería, y tras recorrer varias comarcas, finaliza al llegar al término de Alcalá la Real, ya en la provincia de Jaén.

Nuestro Camino está dividido en 8 etapas, que van atravesando la falda de la Sierra Nevada oriental, en el Marquesado, pasando por los 'badlands' de la depresión de Guadix, para llegar a Granada a través de Quéntar y continuar por Pinos Puente y Moclín. Un itinerario cargado de un rico patrimonio histórico y cultural.

Las Etapas, pues, en nuestra provincia son: Huéneja, Alquife, Guadix,

La Peza, Quéntar, Granada, Pinos Puente y Moclín.


En el Pasaje del Cobertizo de Santo Domingo

Desde que comenzaron a peregrinar por este camino de cristianos de Al-Ándalus (mozárabes) para rezar y visitar el sepulcro del apóstol Santiago, en pleno siglo XXI se siguen recorriendo a pie los 1200 kilómetros que separan Granada de Santiago.

La ruta, que cruza el sureste peninsular hasta Mérida, es uno de los trayectos menos conocidos del camino de Santiago, quizás el más desconocido de los muchos caminos que conducen a Compostela.

Se convirtió además en un acceso para llegar a la Ruta de la Plata, vínculo entre Cádiz y Sevilla con el centro de la cristiandad peninsular.

Olvidado durante siglos, el recorrido se ha revitalizado desde que el Padre Hermenegildo de la Campana, S.J., realizó en el verano de 1994 el itinerario junto a un pequeño grupo de peregrinos hasta la tumba del apóstol, experiencia que quedó recogida en el libro “De Granada a Santiago, una ruta jacobea andaluza”.


En nuestra ciudad, arranca en el convento de las Comendadoras de Santiago en el Realejo granadino. El caminante atraviesa Granada, Maracena,  Atarfe y Pinos Puente en su primera jornada y efectúa  la primera parada en esta localidad, donde se ha creado recientemente el primer albergue de peregrinos de la provincia de Granada, bautizado como “El plantel”.

El primer albergue.-

En 2012 se abrió en Pinos Puente el primer albergue de peregrinos de la ruta Xacobea de Granada. Se encuentra a un paso del viejo puente del siglo IX que da nombre a la localidad. Es también la primera infraestructura de estas características que existe entre Granada y Mérida.

De propiedad municipal, está gestionado por la Asociación Granada Jacobea, una entidad que lleva diez años trabajando en la señalización, promoción y acondicionamiento de un camino más conocido en Finlandia, Holanda o Italia que la propia Granada.     

Nuestro cuño o señal de identidad

Hitos y señales  en Granada.

El punto de partida (o kilómetro cero), es el Real Monasterio de la Madre de Dios de las Comendadoras de Santiago, congregación ligada a la Orden Militar homónima. Construido sobre los terrenos en un principio destinados a la Catedral Metropolitana; su fundación data de 1501. Aquí un azulejo alienta al peregrino en el inicio de su viaje, otros pequeños azulejos y flechas pintadas en la pared nos marcan el camino en un recorrido por el Realejo y el Centro, estos fueron colocados por la Asociación de Amigos del Camino de Santiago.

Abandonando el compás del monasterio tomaremos por la calle Comendadoras de Santiago siguiendo las flechas que nos llevaran hasta el Cobertizo de Santo Domingo sobre el que se levanta una de las joyas del barroco granadino, el camarín de la Virgen del Rosario, aquella que acompañara a Don Juan de Austria en la Batalla de Lepanto. Seguiremos por la Plaza de Santo Domingo y Jesús y María dejando a nuestras espaldas a Fray Luis de Granada para llegar a la calle San Matías. En la esquina de esta con Escudo del Carmen se levanta el Antiguo Hospital de Peregrinos, fundado en 1501 por Juan Muñoz de Salazar, contador mayor de los Reyes Católicos y alférez de Santa Fe, bajo el título de la Madre de Dios. Esta antigua casa solariega de los Salazar ha sido íntegramente restaurada y acoge hoy la Fundación de la Prensa. Bajamos hasta la calle Lepanto y rodeamos el Ayuntamiento granadino para llegar por Mariana Pineda al Corral del Carbón, el antiguo “jans” árabe es una de las mejor conservadas hospederías para caravanas de las muchas que existían en la Edad Media.

Antiguo Hospital de Peregrinos (1501), hoy sede de la Fundación de Prensa

Siguiendo por la calle Puente del Carbón cruzaremos Reyes Católicos y el Zacatín y entraremos en la Alcaicería donde sus estrechas calles y típicas tiendas nos transportan siglos atrás al antiguo mercado de la seda granadino. Llegamos así ante la fachada principal de la Catedral obra del “Miguel Ángel” español, Alonso Cano, que parece asomarse a una ventana de su estudio en la Torre para despedir al viajero. Desde el pie de esta seguiremos por Cárcel Baja y San Jerónimo, en la esquina con el hospital de San Juan de Dios, en una de las pocas capillas públicas que quedan podremos observar al Señor de la Puerta Real, imagen cargada de historia y avatares en el tiempo. Pasaremos después ante la basílica del santo de los pobres hasta llegar a la Avenida de la Constitución y la de Andalucía donde una flecha amarilla, color característico del camino, nos indica la dirección de Pinos Puente, primera parada de la ruta jacobea que, más de mil kilómetro después, acaba en la plaza del Obradoiro. 


Primera etapa: Granada-Pinos Puente (19,36 kms)

Dejando atrás Granada, aparecerá Maracena casi dentro de su trama urbana. Tras Atarfe, y siguiendo el Camino Real, la llanura de la Vega de Granada se ciñe a la presencia de Sierra Elvira. Bordeando esta importante elevación el peregrino alcanzará Pinos Puente salvando el río Cubillas gracias a su emblemático Puente de la Virgen de las Angustias por donde entrará en la población.

Perfil de la Etapa
 

NITO


7 BIBLIOGRAFÍA.-

Granada insólita y secreta (de César Requesens).

Federación Andaluza de Asociaciones de Amigos del Camino de Santiago.

 

 

domingo, 29 de enero de 2023

ARMANDO PALACIO VALDÉS


En la acuarela de Zacarías Cerezo se capta el alma de Granada

Apunte necesario

NO, no es un personaje granadino, si acaso, lo nombraría ahora mismo granadino de honor: Yo me enamoré de Granada, sin conocerla, gracias a la florida prosa del ínclito don Armando en una de sus últimas novelas. Y es que en Palacio Valdés no se describe la bella ciudad andaluza, sino que se canta.

La lectura de  “Los Cármenes de Granada”  despertaron en mí una alegría que jamás hasta entonces había sentido: la alegría del sitio".  Eso que lo envuelve todo en un manto de goce profundo. En Palacio Valdés la mayoría de las descripciones de las calles andaluzas no trasciende el mero propósito costumbrista; lo que más resalta es el aspecto pintoresco de las calles y el ambiente alegre y campechano que en ellas reina. Calles, estrechas y tortuosas, y de las plazas, pequeñas e irregulares, dan a la ciudad el consabido aspecto laberíntico que caracteriza todas las ciudades medievales del mediterráneo.


Palacio Valdés, o  el pintoresquismo costumbrista.

“En  1929, la Editorial Pueyo ponía en circulación una nueva novela del entonces admirado y popular escritor español Armando Palacio Valdés. Se titulaba «Los Cármenes de Granada”, y en ella, su autor, había querido que nuestra ciudad, sus monumentos, su historia y su paisaje enmarcaran un romance actual impregnado de dulce melancolía y resuelto al final en un áspero desenlace dramático. La novela —todo hay que decirlo—, no figura entre las mejores del prolífico escritor asturiano, pero es evidente que allí donde se leyó -y era uno de los novelistas españoles de más grandes tiradas y más traducido-, contribuyó a divulgar el nombre y el encanto poderoso de Granada, lo que nunca está de más agradecer”.


“La obra literaria de Palacio Valdés era ya  muy copiosa cuando publicó “Los Cármenes de Granada”. Entre “El señorito Octavio”, aparecida en 1882 y consagrándole muy joven -había nacido en Entralgo (Asturias)  en 1853-, a la novela granadina que origina esta semblanza, había una producción abundante en títulos de verdadero éxito en las librerías: “La aldea perdida”, “El idilio de un enfermo”, “La alegría del capitán Ribot”, “Marta y María”, “La fe”, “El maestrante” (con un adulterio que causó sensación en la época), ”Maximina”, “Riverita” y, por encima de todas en cuanto a popularidad, “La hermana San Sulpicio”…

Carmen de la Victoria

Hacia los años 30, Palacio Valdés, con Blasco Ibáñez, era el escritor español más copiosamente traducido. Cuando «Le Temps» había dado en folletín “Misericordia”, de Galdós, diez años antes,”Journal des Débats” ya había traducido y publicado “Riverita”.

Cuando el ilustre crítico cubano José de Armas había dado a conocer su estudio de la literatura española contemporánea en las páginas de “New York Herald”,  Palacio Valdés llevaba ya agotadas media docena de ediciones en los Estados Unidos. Sus novelas, fáciles y variadas, las definía Cristóbal de Castro como prototipo de pulcritud literaria, “de una elevación y un buen gusto por nadie superados”.

Los cármenes del Albaicín -Granada-

“Ninguno de sus abundantes lectores dejó de sentirse amigo suyo al hojear sus libros. En esto residía uno de sus principales aciertos: en su sanidad argumental, en la familiaridad, en el optimismo que comunicaba. “Su linaje intelectual es tan limpio como sus ojos claros y sus finas barbas, de plata. Su estilo, corno sus modales, tiene distinción natural".  Así describió un crítico al autor de “Los Cármenes de Granada”, obra a juicio del mismo comentarista, “tan vivaz, airosa y juvenil como las escritas por el maestro hace medio siglo, pero, a la vez, más rica en técnica y más sutil de observación”.

Monumento en Avilés de Armando Palacio Valdés

“Como tan a menudo sucede en el mundo de la novela, Palacio Valdés, tras haber gozado durante casi medio siglo de una vasta celebridad, ha entrado en un semiolvido profundo, del que lo arrancan de tarde en tarde contadas iniciativas editoriales.

Si alguna apostara por reeditar “Los Cármenes de Granada” permitiría a la actual generación conocer esta novela ambientada en nuestra ciudad. Una novela muy propia de aquel renombrado escritor, de quien dijo una lectora apasionada: “Toda la literatura de don Armando es del color de sus ojos”. Y los ojos del maestro eran azules”.

Panteón familiar en el cementerio de la Carriona  -Avilés-

BIBLIOGRAFÍA.-

-Diario PÚBLICO FORTES: www.nortes.me

-Foto Turismo de Asturias

-Granada, laberinto de imágenes de Juan Bustos.

-Armando Palacios Valdés: En su obra literaria, por José Luis Campal Fernández.

 

NITO

miércoles, 4 de enero de 2023

ARTABÁN: EL CUARTO REY MAGO


Había, en tiempos de mi niñez, un desafortunado aserto que decía que los Reyes Magos no dejan regalos a los niños pobres porque no tienen botas (Julio Camba), y es bien sabido que es menester –además- disponer en una habitación de la casa de un par de estos zapatos para que sus majestades de Oriente corran raudos a dejar sus presentes. Oro, incienso y mirra llevaron Melchor, Gaspar y Baltasar al Niño Jesús siguiendo una estrella que les condujo a Belén. Cada uno representaba a los continentes conocidos antes del descubrimiento de América, venían de Europa, de Asia y de África.

Para otros eran los genuinos descendientes de los tres hijos que tuvo Noé: Sem, Cam y Jafet que hacían con sus caravanas la ruta del incienso partiendo de Arabia. Aunque asegura Máximo que comenzaban su andadura en la Babilonia de los ríos Tigris y Éufrates, en la actual Irak.  Cuando llegaron a Belén tenían veinte, cuarenta y sesenta años, la imagen de la juventud, la madurez y la senectud en el orden inverso a su enumeración tradicional. Se sabe que fueron muy longevos, viviendo más de cien años, y desde el siglo XII sus reliquias viajeras yacen enterradas en la catedral de Colonia.

Acuden puntualmente en la noche del 5 de enero a su cita con la república de los niños, que cuando comienzan a ser mozalbetes les da por decir que los reyes son los padres. Se da el caso, igualmente,  que con el paso del tiempo todos volvemos a habitar el mágico territorio de la infancia, recuperando definitivamente la ilusión de aquellas noches.

Una leyenda llevada al cine hace ya algunos años, cuenta que hubo un cuarto rey llamado Artabán. Era un mago persa muy acaudalado que vendió todos sus bienes para unirse a la caravana de Melchor, Gaspar y Baltasar. Compró camellos y provisiones para el camino y un zafiro, un rubí y una perla como ofrendas para el Niño Dios. En su ruta para alcanzar a los otros magos se encontró a un hombre enfermo que le pidió ayuda. Artabán vendió el zafiro para socorrerlo y se quedó junto a él hasta que el hombre se repuso. Continuó el cuarto Rey su viaje hasta Belén pero tuvo que detenerse y vender el rubí para rescatar a un niño que Herodes en su matanza de los inocentes había mandado asesinar. El rubí supuso su libertad. La perla, que era el único tesoro que le quedaba, tuvo que empeñarla para salvar a una joven doncella que iba a ser vendida como esclava. Artabán no pudo llegar a tiempo a Belén, pero su ejemplo solidario perduró a lo largo de los tiempos. 

Yo me pregunto, siguiendo una antigua leyenda, si no fue Artabán aquel mago viajero que pobre y viejo, con un pequeño asno como única compañía y patrimonio, llegó a Jerusalén de Judea a la misma hora que en el monte Gólgota expiraba Jesús condenado a morir crucificado. No pudo ofrecerle nada porque nada tenía, miró a los ojos de Jesús y él le devolvió la mirada antes de morir. Me hubiera gustado mucho que aquel hombre fuese Artabán.



Se ha vertido mucha literatura en torno a los Magos de Oriente. Ellos sostienen la tradición española y ponen fin al largo ciclo navideño. Son maestros en la magia feliz de los días de júbilo, sus caravanas vienen repletas de presentes, traen regalos para todos, reparten quintales de ilusión, vienen con el bálsamo que sana por un día todas las enfermedades, en sus zurrones maduran todas las frutas conocidas, lucen las estrellas perdidas que ellos devuelven a un firmamento de papel pegado en las traseras de los nacimientos donde siempre hay colgado un cometa de purpurina que yo he encontrado  hace  poco, guardado en una caja donde conservaba mis tesoros de la infancia.

Bienvenidos, Majestades; dejo mis botas en el salón junto al salvado y el agua que pongo para los camellos.



NITO