domingo, 28 de marzo de 2021

CURIOSIDADES HISTÓRICAS DE LA SEMANA SANTA DE GRANADA

 


La Segunda República fue un periodo negro en la historia de las cofradías. La Constitución de 1931 estableció la separación de la Iglesia y el Estado. Las continuas crisis y la falta de hermanos menguaron los presupuestos de las hermandades. Además, se prohibieron las procesiones y se limitó la práctica religiosa al interior de los templos. IDEAL, un periódico de la Editorial Católica, vivió su primera Semana Santa en 1933 (se fundó en mayo del 32).

Hacía dos años que no se celebraban procesiones,  y no volverían hasta 1935 (aunque al año siguiente, con la Guerra Civil, se suprimieron de nuevo). En aquel año del 33, unos días antes de Pascua, el gobernador de Granada aseguró a la prensa que había recibido un telegrama del Gobierno que avisaba de la derogación del artículo 17 del Reglamento de Espectáculos, y que finalmente aquel año podrían celebrarse desfiles de miércoles a viernes. Pero no fue así, y un año más la ceremonia por parte de las cofradías se limitó a convocar a sus hermanos a actos como la función de palmas del Domingo de Ramos, los oficios  en templos como el Perpetuo Socorro, las adoraciones nocturnas del Viernes Santo o el acompañamiento a la cofradía del Silencio en su Quinario.

Hasta 1931, eran doce las hermandades que desfilaban por las calles de Granada. IDEAL, en su ejemplar del 13 de abril de 1933, publica un reportaje sobre la constitución de las primeras hermandades. Se detiene este artículo en detalles sobre la historia del Santo Entierro y cuenta su estación de penitencia en plena tarde del Viernes Santo y su desfile con guardias municipales de gala, nazarenos a sueldo, personal de sacristías, representantes del clero y autoridades que seguían a los penitentes. Cada año se nombraba una comisión para organizar la procesión que, para sufragar gastos, recorrían los barrios, casa por casa, en busca de donativos. 

El paso de esta comitiva iba anunciado por los trompetazos a cargo de tres individuos a los que el pueblo llamaba ‘chías’ porque lucían la prenda de ese nombre. Cuenta aquel artículo de IDEAL que un año el dinero recaudado fue tan poco, que estuvo a punto de suspenderse la procesión. José Messeguer, arzobispo de Granada, puso todo su empeño en que esto no ocurriera y organizó a una antigua hermandad que celebraba un viacrucis por el Albaicín y que dio lugar, en el año 1917 a la albaicinera hermandad del Vía Crucis. Salía el Domingo de Ramos de la iglesia del Salvador y subía por las tortuosas calles del barrio para alcanzar al amanecer, entre pitas y chumberas, la ermita de San Miguel.

Ritos de una Granada antigua 

Libertad para un preso

Estos cofrades del Vía Crucis tenían otra procesión el Martes Santo en la que recorrían las calles «más modernas» de la capital. Desfilaban las mismas imágenes, la de Jesús con la cruz a cuestas y la de la Virgen. Tapices de Garrigues habían sido previamente colocados en lugares estratégicos para rezar las estaciones. Un año, uno de aquellos tapices se colocó en el edificio del Gobierno Civil de la calle Duquesa. Al llegar la procesión, una comisión de su Junta de Gobierno subió a pedir la libertar de un preso. Después el cortejo se detenía en la calle de la Cárcel, ante la prisión provincial, y el Hermano Mayor exhibía la orden de libertad del elegido que, vestido con túnica y capirote, acompañaba a la procesión hasta la iglesia del Salvador.

El encuentro

En alguna ocasión, el Vía Crucis realizó una ceremonia de encuentro de Jesús con su Madre en el camino del Calvario, una ceremonia que dio origen a la Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad y Descendimiento del Señor. La imagen, la Soledad de Mora, salía de Santa Paula y sus hermanos vestían túnicas de terciopelo negro y capirote de raso amarillo con las insignias bordadas en seda y oro.

Ante el Cristo de los Favores (1915)

En 1935, año en el que las procesiones volvieron a la calle en Semana Santa, la Federación de Cofradías contrató a la banda de trompetas de Artillería y a la del Regimiento de Infantería y a cinco cantaores de saetas de «primera fila» para dar brillantez a los desfiles. Procesionaron el Lunes Santo, la Santa Cena y el Rescate; Martes, Vía Crucis y Rosario; el Miércoles, la Humildad y la Esperanza; el Jueves, Santa María de la Alhambra y el Cristo de la Expiración y el Viernes,  la Soledad, Santo Entierro, y el Descendimiento. También cuenta IDEAL que más de veinte mil personas rezaron a las tres de la tarde ante el Señor de los Favores.

Al Rescate (1925) o la Santa Cena (1926), se unen Los Dolores (1937), Los Gitanos (1939) el Huerto de los Olivos (1943) las Maravillas (1944), La Aurora, la Borriquilla (1947)… A partir de 1940  se recuperó definitivamente la celebración de la Semana Santa, hasta la fecha, que luce más bonita que nunca.

Vía Crucis del Salvador

Anecdotario.- En alguno de los días de Semana Santa, leí en IDEAL un artículo que contaba anécdotas sobre los cantaores de saetas, quiénes eran los más conocidos, los lugares donde iban a cantar y la afluencia de seguidores a los sitios donde se sabía de cierto que iban a cantar.

El punto gracioso del artículo, consistía en que el autor nos contaba lo que sucedió a uno de los saeteros más conocidos. El día en cuestión, para animarse un poco más, el saetero se tomó alguna copita de más y cuando llegó el momento, el hombre cantó ante el paso y todos los asistentes: »Virgen de la Soledad,/ no llores ni tengas pena…/ que he visto a tu Hijo cenando/ allá por Plaza Nueva…»

La cosa terminó en el Gobierno Civil, donde el artista fue premiado con una multa por falta de respeto.

¡Saeta...!

Pero la verdadera historia de La saeta del gitano, la contó Fulgencio Spa en un artículo publicado en IDEAL en 2008. Para que todos la conozcan entera, me permito reproducirla tal y como la contó su autor, FULGENCIO SPA CORTÉS

"Fue en tiempos en que las devociones tenían menos aderezos, menos oros. Un grupo de médicos granadinos, en Semana Santa, quisieron sacar un trono, de la Santa Cena, que es cuando Cristo instaura la Eucaristía. Los galenos se pusieron mano a la obra. Que si permisos eclesiástico, municipales, sede, cruces, cruces guía, trajes, capirotes, costaleros, capataces, y toda la parafernalia que requiere. Todo preparado. La Santa Cena, sobre las andas, con sus farolillos y las mejores flores. Los médicos que tanto saben de dolores y de salvar vidas, ilusionados. Unas nubecillas, tirando a negras asomaron por el norte y entre las nubes, estrellas daban esperanza de salida. Sonaron los tambores y cornetas de tragedia y las alpargatas, a sueldo, que portaban el trono se pusieron a compás para a salir a la calle. Unas gotas, recibieron a los cofrades. Avanzó, el trono, entre agua menuda y gentío. Y de pronto se desataron las nubes y dejaron caer la mercancía. Y el trono volvió a su sede, a la casa matriz, con los capirotes chuchurríos, los hábitos para secar, los farolillos chisporroteando, los cirios ahogados, las flores agradecidas por el agua y Cristo, entre su amado discípulo Juan, y Judas Iscariote, el traidor. Los galenos, tan acostumbrados a luchar contra la muerte, eran congoja. La Santa Cena, quedó aparcada, en la Casa Hermandad y reinó la desolación.

Al día siguiente, Viernes Santo, amaneció espléndido, un sol radiante. Suele ocurrir en primavera. Y los sanadores, ilusión y fe, acordaron sacar a su trono para pasearlo por Granada. La noche estrellada, brujería y magia. Y la Santa Cena que debiera salir en jueves Santo, paseo el misterio de la Eucaristía, entre fervor antiguo y un público extrañado, en Viernes Santo. Y camino de cantarle, a sueldo, a la Virgen de la Soledad, iba un gitano de junco, lorquiano, chaleco de arriero, cintura de violín, patillas de bandolero, faja negra de tratante de feria, y talle de bailaor. Y al pasar por Plaza Nueva se encontró a la Santa Cena. Miró con extrañeza, casi con superstición, a Jesús de Nazaret, «cenando» entre sus apóstoles. Y el gitano, entre fervor y misterio, mirando a la Virgen de la Soledad, se arrancó, con la emoción arriba, con una saeta de yunque de fragua, casi martinete, casi carcelera, casi seguiriya y soleá. La más sentida saeta que había, cantado, en su vida:

» Virgen de la Soledad,
no llores ni tengas pena…
que he visto a tu Hijo cenando
allá por Plaza Nueva…»

No sé si esta historia de la saeta del gitano, es cierta. Pero merecería serlo. Esa en que los médicos en acto de fe, no quisieron dejar a su Cristo, sin pasearlo, por las calles de Granada, en noche de embrujo, bajo las estrellas espléndidas, relucientes, tintineantes que casi rozaban, el Pico Veleta, de nuestra Sierra Nevada".

Plumilla de Rafael García Bonillo


NITO

 

BIBLIOGRAFÍA.

TE RECUERDO La memoria de Granada a través de las páginas de IDEAL

sábado, 27 de febrero de 2021

SARGENTO AURELIO DAZA ROJAS: HONOR Y GLORIA

El final de una derrota

"Sufrir, vivir y morir en Igueriben"

EL DESASTRE

El día siete de junio de 1921 unidades del Ejército español habían conquistado el cerro Igueriben, posición rocosa, aislada y sin posibilidad de obtener agua. Desde el primer momento soportó numerosos ataques de las fuerzas del cabecilla Abd-el-Krim, pero fue el diecisiete de julio cuando los rifeños iniciaron el asalto definitivo. Al amanecer, el montículo estaba cercado por las cabilas enemigas. Las provisiones procedentes de Annual, a cinco kilómetros de distancia, eran interceptadas en el camino. Los defensores de Igueriben, sufrieron las torturas del hambre, de las altas temperaturas y de la sed, y, aislados más de un mes, llegaron a beber sus propios orines mezclados con azúcar.

Convoy de aprovisionamiento hacia una de las posiciones

Conforme avanzaban los días el número de bajas y de heridos era mayor. Los muertos no podían ser enterrados ni los heridos curados. La situación se recrudecía por el implacable sol del Rif y el hedor de los cadáveres en descomposición. Las ametralladoras dejaban de funcionar por falta de refrigeración. Hombres y armas se derretían. La artillería enemiga continuaba haciendo certeros blancos.

El comandante Julio Benítez, jefe de la posición, pedía, desesperadamente, provisiones, que no llegaban. Desde Annual el general Navarro les alentaba, el día veinte, para que resistieran una horas más; a lo que Benítez respondía:

-Esta guarnición jura a su general que no se rendirá más que a la muerte.

Entre aquellos valientes se encontraba Aurelio Daza, un sargento que había regresado de Francia, donde se encontraba trabajando, cuando fue reclamado para cumplir el servicio militar, en cuyo corazón vibraba el amor hacia el que sufre y la renuncia del héroe. Él era el que, después de batirse con temerario arrojo, elevaba el ánimo en los hombres de su sección y acudía solícito al lado de los enfermos y de los heridos. Curaba las heridas de aquellos cuerpos, enjugaba el sudor de aquellas frentes y siempre tenía palabras de consuelo y ánimo para todos.

Cinco días duró el asedio. Al despuntar el día 21 de julio salió de Annual una columna de tres mil hombres en un desesperado intento de desalojar Igueriben, pero la moral de los soldados estaba por los suelos y acabaron retirándose.

Recibieron, entonces, la orden de que pactaran la rendición, a lo que el comandante Benítez contestó:

-Como la tropa nada tiene que ver con los errores cometidos por el mando, dispongo que empiece la retirada, cubriéndola y protegiéndola  la oficialidad. Los oficiales de Igueriben mueren pero no se rinden. (*)

A las dos de la tarde se organizó la evacuación. Los oficiales se quedarían a cubrir la retirada y los soldados intentarían romper el cerco para llegar hasta Annual. Benítez transmitió su último mensaje a Annual:

-Solo quedan doce cargas de cañón, que empezaremos a disparar para rechazar el asalto. Contadlos y, al duodécimo disparo, abrid fuego sobre nosotros, pues estaremos revueltos con los moros.

El sargento Daza recibió la última orden de su comandante:

-Veinte cartuchos por cabeza.

No quedaba más munición.

Cumplió con precisión la orden y al frente de su sección se dispuso a abandonar Igueriben.  Apenas se inició la evacuación, el enemigo, en considerable superioridad, irrumpió en la posición. Los españoles gritaban, corrían, disparaban sus fusiles Mauser y, en último trance, acuchillaban. Morían matando. Una bala traidora penetró en la sien de Aurelio y paró el curso de aquel noble corazón. Sucumbió casi la totalidad de la tropa, más de trescientos hombres.

 

¡Resistiendo hasta morir...!

Y a partir de este momento empieza la lucha de un anciano padre, José Daza Fernández, por recuperar el cadáver de su hijo. Se desplazó varias veces a Melilla, buscó recomendaciones y, desesperado, hasta quiso ir personalmente al campo moro a dar sepultura a su hijo, a lo que evidentemente no accedieron las autoridades militares. Todas las gestiones resultaron infructuosas y el cuerpo de Aurelio Daza, con 25 años de edad, quedo en el maldito cerro tendido cara al cielo, bajo el sol, bajo el viento, bajo la lluvia. La oficialidad declaró a Aurelio como desaparecido y no como fallecido.

---oOo---

Como los pueblos se honran cuando glorifican a sus héroes, Valderrubio decidió, en 1926, erigir una lápida a la memoria del sargento Daza e inaugurarla solemnemente. Así se hizo, en la parte posterior de la casa número 3 de la calle del Pozo, que da a la calle Real, donde nació Aurelio, y que afortunadamente todavía sigue en pie, gracias al celo de los distintos moradores.

 

Lápida en la casa natal del Sargento Daza

UNA LÁPIDA AL SARGENTO DAZA

Homenaje al héroe de Igueriben en su pueblo natal.

El pasado domingo, cinco años después de la tragedia, tuvo lugar en el pintoresco pueblo de Asquerosa (que así se llamaba antiguamente a Valderrubio), el acto de descubrir una lápida en la casa donde nació el heroico Sargento Aurelio Daza Rojas, muerto gloriosamente en la posición de Igueriben el año de 1921.

El modesto pero sentido homenaje, tuvo la virtud de congregar en cariñosa ofrenda al vecindario de Asquerosa y a numerosos vecinos de los pueblos próximos. Fue una fiesta de amor a la memoria del héroe, en la que estuvieron espiritualmente unidos todos los paisanos y amigos del que ofreció su vida a la patria con la generosa abnegación de los mártires.

Frente a la casa donde nació el heroico Sargento, congregáronse las autoridades y un una gran muchedumbre.

Para asistir al homenaje marcharon desde Granada en automóvil el padre del glorioso soldado, nuestro querido amigo Don José Daza; el médico Don Manuel Ibáñez Campoy, el abogado Don Antonio Mesa Vallejo, Don Manuel López Cuervo, Don Francisco Guerrero, nuestro compañero “León Ferrán” y nuestro director Señor Ruiz Carnero.

De Pinos Puente asistieron: el alcalde Don Diego Recio López; los concejales Don Julio Jiménez Moleón, Don José Mesa Martínez y Don Juan Flores Pérez; el secretario de aquel ayuntamiento José Fernández Molina y el oficial del mismo Don José María Ávila López; el juez municipal Don Antonio Vallejo Sánchez y los propietarios Don José Jiménez Moleón y Don Antonio Sánchez Mesa.

De Fuente Vaqueros, el cura párroco Don Enrique López Morcillo; el maestro nacional  (que fue maestro del Sargento Daza), Don Luis Martínez Suárez y el primer teniente de alcalde Don Manuel Rodríguez.

De Asquerosa, el alcalde pedáneo Don Alejandro Roldán Benavides, el cura párroco Don Cristóbal López Toro y el vecindario en masa.

Vista aérea de los restos de la posición de Igueriben

EL ACTO DE HOMENAJE.-  LOS DISCURSOS.

Congregada la concurrencia frente a la casa del heroico militar e iniciado el acto con unas palabras del alcalde de Pinos, el secretario Sr. Fernández Molina leyó unas cuartillas, dando cuenta del acuerdo del ayuntamiento de tributar el homenaje y enalteciendo la memoria del heroico hijo de Asquerosa. A continuación se leyó la siguiente carta de Don Luis Casado Escudero, único oficial superviviente de Igueriben, que no pudo asistir al acto por hallarse enfermo:

“Señoras, Señores:

Siempre fue propósito de mi alma prestar mi personal asistencia a este acto o en que un pueblo, haciendo honor a su hidalga condición, va a rendir el fervoroso tributo de su admiración y de su cariño a la memoria de aquel de sus hijos que, al ofrendar su vida a la mayor gloria de su patria, supo dar honra y prez a este noble solar que fue su cuna; pero el deber, más fuerte que el deseo, priva a mi espíritu de esa satisfacción, de la íntima y cordial satisfacción de verse entre vosotros, de convivir con vosotros en esa obra en la que el viril aliento de un hondo y arraigado patrio mismo flota en la serenidad de vuestras almas a las que va unido con los recios vínculos del amor fraterno el recuerdo del héroe y el nombre del mártir del deber.

Pero mi ausencia personal viene a suplirla estas cuartillas, que son rendido saludo para este vecindario honrado y laborioso a la vez que fervorosa adhesión a este homenaje que tan alto habla de la grandeza espiritual de este pueblo.

Recordad: Allá sobre la hosca aridez de un ingente peñasco, un puñado de soldados de España defendíamos con la ruda y salvaje embestida de las hordas rifeñas el sublime tesoro del honor patrio. Entre aquella minúscula falange, Daza, el admirable y admirado Sargento Daza, destacaba su gallarda figura de luchador de recio temple y de hombre humanitario, que bajo la égida de una de las más hermosas virtudes, la caridad dio constantes pruebas de la bondad de su gran corazón.


Fragmento del cuadro de Ferrer-Dalmau: "Las levas heroicas de Igueriben"

Yo le vi entre el trágico horror de aquel cuadro de muerte, prodigar el consuelo de sus palabras, los cuidados de sus consuelos a los que, abatidos por el plomo enemigo, caían para no levantarse más. Yo admiré sus incontables rasgos de abnegación y de bravura en aquellos momentos en los que el peligro ponía en riesgo inminente la seguridad de la posición y la vida de sus defensores. Y supe, finalmente, de su arrojo sublime en el doloroso instante en el cual, bajo el peso abrumador del imposible, nos vimos forzados a abandonar Igueriben, que fue tanto como abandonar un pedazo de nuestras almas… ¡Imborrables momentos aquellos!

El Sargento Daza, el compañero de sinsabores, el que con nosotros vivió todo el dolor de aquellos días, sereno y altivo, con ese desprecio de la vida de los que saben del Santo cumplimiento del deber, formó su mermada sección y al frente de ella, cara la muerte, luchó hasta caer bendecido por la patria y santificado por la gloria.

Este fue Daza, éste fue el valiente muchacho cuya memoria hoy perpetuáis en esta placa que habla de su gloria, que debe ser legítimo orgullo vuestro.

¡Benditos los hombres que como él proceden y enaltecidos sean los pueblos que como éste, acogiendo con tanto cariño la idea que yo les apuntara, han sabido dar la tan brillante y patriótica forma!

Y para poner un digno broche a este acto tan altamente patriótico, pronunciamos aquellas palabras que como suprema oración, gritó el heroico Daza al caer para siempre: ¡Viva España! ¡Viva el Rey! ¡Viva el Ejército!

Y vivan, Señores, los pueblos que, como éste, saben honrarse honrando a sus hijos”.

Después, el cura de Asquerosa pronunció un elocuente discurso. Exaltó la memoria del Sargento Daza, enalteció los ideales de patria y religión y aconsejó a los niños que recojan las nobles enseñanzas de estos altos ejemplos de cristianismo y de patriotismo. Fue aplaudido entusiásticamente.

Seguidamente habló el abogado granadino Sr. Mesa Vallejo, el cual, en términos elocuentes, que fueron ovacionados por la muchedumbre, cantó el heroísmo del defensor de Igueriben y ensalzó el espíritu de las mujeres españolas.

LA LÁPIDA

Cuando terminó de hablar el Sr. Mesa Vallejo, se procedió al descubrimiento de la lápida. El momento fue emocionante. La banda de música de Pinos Puente, que asistía al acto, tocó la Marcha Real, y la multitud prorrumpió en vivas a España y al Sargento Daza, en medio del mayor entusiasmo.

La lápida contiene la siguiente inscripción:

“En esta casa nació el heroico Sargento del Ejército Español Aurelio Daza Rojas, que el año 1921 murió gloriosamente en Igueriben (Africa), defendiendo la Patria”

El Ayuntamiento le dedica este recuerdo.

Año de 1926.

 

FINAL DEL ACTO

El acto terminó con la lectura de las siguientes cuartillas de don José Daza, por nuestro compañero León Ferrán:

<<Señores: Momentos son estos tristísimos para mí, muy tristes sí, porque traen a mi memoria el recuerdo de mi perdido hijo, pero son también de gozo y alegría, por la nueva vida espiritual, que ha alcanzado, aquel mártir del deber y de la caridad, engendrado en buena hora para que su heroica muerte sirva de ejemplo y de estímulo a cuantos luchan por la Patria y por la humanidad; a cuantos aman a nuestra España: En una palabra, a todos los que nos honramos en cobijarnos bajo nuestra invicta bandera roja y gualda.

Acabáis de rendir un sentido homenaje al que fue sargento de infantería Aurelio Daza, sustraído a la vida en la nefasta posición de Igueriben el año 1921, donde su valor, su brillante comportamiento, su ferrea disciplina y su sublime calidad, pusieron tan alto el nombre del soldado español, como lo escribieron los héroes de Ceriñola, de Pavía, de Almanza de las Navas de Bailén, y los marinos de Lepanto.

No tenía el sargento Daza en Julio de 1921, más tesoro que ofrendar a la patria que su vida. No poseía más caudal que su sangre generosa, y ésta la dio espontánea, noble y generosamente en el altar sagrado de la patria, cerrando sus ojos a la luz de sol, con esa sonrisa fría y desdeñosa que sólo Dios concede a los héroes.

Nada pensaba decir en estos sagrados instantes; mi situación y mi circunstancia de padre me lo vedaban, pero hay algo en el fondo del alma que ha hecho palpitar lo solemne del momento, y lleno de emoción, rebozando el corazón de lágrimas amargas, balbuceo más que digo... ¡Gracias señores, por el homenaje que habéis rendido, a la memoria de mi pobre hijo, víctima del deber cumplido! Gracias a todos, a las autoridades, a la prensa, palanca enorme del progreso; al teniente Casado Escudero, autor de esta idea; a los amigos, a todos, en fin.

Permitid que un anciano y dolorido padre os exprese su reconocimiento y su afecto>>.

Después de estas palabras, que fueron escuchadas con emoción, se dio por terminado el acto.


Sidi-Dris desde Igueriben

EPÍLOGO.-

Pues bien, dentro de unos meses se cumplirá el primer centenario de la guerra de África, del desastre de Annual y Monte Arruit, de la tragedia de Igueriben...  Valderrubio no puede quedar al margen de esta conmemoración este 21 de julio de 2021 y estoy seguro que el pueblo, orgulloso y agradecido, volverá a colocar  una corona de laurel en la lápida que recuerda al heroico sargento Aurelio Daza Rojas.

 Libro de Don Luis Casado Escudero, único oficial superviviente de Igueriben,

“Muere la tarde; la luz crepuscular adquiere un tono de un rojo intenso que transmite a las vecinas montañas, como si la naturaleza presagiara el triste fin que la fatalidad nos tenía reservado”. (Palabras del Teniente Casado)


NITO

 

BIBLIOGRAFÍA.-

El Defensor de Granada de 27 abril de 1926

El Faro de Melilla

desastredeannual.blogspot.com

 ABC


lunes, 1 de febrero de 2021

CASA SEÑORIAL DEL SIGLO XVIII

 

Estas cosas pasan. Y más si estás en Granada: Paseas casi a diario por allí, por aquella calle, durante un montón de años y de pronto, al fijarte en un viejo portón, en un cuarteado mármol, descubres que estás ante una auténtica portada renacentista: Ante una casa señorial del siglo XVIII, y en pleno barrio de San Matías.


 Resulta que es uno de los más interesantes edificios granadinos del siglo XVIII que aún se conservan, en  la calle Varela, número 19 (antiguo número 6), en un estado lamentable, pese a que fue pintado y remozado por sus dueños de entonces, sobre 1960.

Llamamos la atención sobre los ricos elementos de la que fuera antiguamente noble casona señorial de la familia Ruiz de Corcuera y, que llegó a ser sede de la ONCE hasta su instalación en la calle Recogidas.

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El enmarcado de la puerta moldeada en piedra de Sierra Elvira, con las interesantes zapatas en los dos ángulos superiores del hueco, a la forma italiana importada por Diego de Siloe y que éste utilizó en la puerta de la Catedral del Ecce Homo y en la de la iglesia del Salvador.

El escudo de los propietarios –cuyo linaje estudia María Angustias Moreno Olmedo en su “Heráldica y genealogía granadinas”-, luce sobre el dintel.

Muy buenos hierros, especialmente en la ventana sobre la puerta principal, en forja, con adornos superiores y laterales. El edificio está rematado por un cuerpo abierto con cuatro arcos en la fachada, enmarcados graciosamente. El tejado se apoya sobre un alero de modillones cerámicos en la fachada principal y de canecillos de madera en la secundaria, cosa muy normal por razones de economía en los edificios granadinos de la época.


La hermosa reja principal es de las conocidas como “carceleras”, formada por barrotes verticales aprisionados por los horizontales. Es de forja. Los adornos superiores y los pequeños laterales son de rica motivación.

Son muy buenos, igualmente, los balcones  laterales, adornados con unos corazones en el centro de los hierros.

La finca –cuyo interior conservaba ricos  artesonados, salas, columnas corintias de mármol blanco y otros elementos de valor-, figura en las Guías de Gallego y Burín, Gómez Moreno, Valladar y en el ya citado libro de María Angustias Moreno Olmedo.

Es de los inmuebles que define a la perfección la arquitectura doméstica de nuestra ciudad en un periodo muy extenso de su historia.



LOS PALACIOS DEL RENACIMIENTO.-

En la Guía de Historia y Arte de don Rafael López Guzmán, al hablarnos de los Palacios del Renacimiento granadino, nos dice que  Los Señores Ruiz de Corcuera procedían de Miranda de Ebro y se establecieron en Granada después de la conquista, en la que participaron activamente.

La casa de la calle Varela ha sido muy remodelada; conserva, no obstante, la portada, el patio y algunas techumbres de habitaciones.  La puerta de entrada es de fines del siglo XVI. Realizada en piedra de Elvira tiene diseño adintelado con  modillones en los ángulos. Sobre ella aparece la heráldica de los Ruiz de Corcuera.

El patio era peristilado con ocho columnas dóricas de mármol blanco sobre altos pedestales cuadrados y zapatas de acanto en la parte superior. En el centro del patio existió una fuente de la que no se tienen noticias en la actualidad.


 La cubierta más destacable es una armadura de limas moamares (artesonado de ocho caras), ochavada con el almizate apeinazado con lazo de ocho situada en una estancia del primer piso. En ella, la decoración pintada que marca las distintas partes constructivas se completa con grutescos sobre la tablazón.


NOTA FINAL TRISTE: “He tenido la suerte (nos dice Fco. Javier Hernández en su Blog Heráldica y Genealogía Granadina)  de poder asomarme a su interior y no queda absolutamente nada de valor, ni columnas, ni zapatas, ni barandas, todo ha sido poco a poco expoliado. A fecha de hoy la casa está vaciada, y se encuentra completamente andamiada en espera de un futuro mejor”.

EL ESCUDO HERÁLDICO:

Familia Ruiz de Corcuera: En Campo de Oro, cinco paneles verdes sobre ondas de azul y plata.

Lo podemos ver con el número 20 en el MAPA DE HERALDICA DE GRANADA.



NITO

 

BIBLIOGRAFÍA.-

Laberinto de Imágenes: Juan bustos Rodríguez

Guía de Historia y Arte de don Rafael López Guzmán.

Blog: Heráldica y Genealogía Granadina de Fco. Javier Hernández

viernes, 1 de enero de 2021

NOTICIAS FRESCAS SOBRE EL 2 DE ENERO



Noticias frescas.- Así decía, hace tiempo, el ínclito e inmenso Don Francisco Izquierdo sobre el fingimiento granadino, al hablarnos sobre “La Toma”. 

<…Traer o llevar “noticias frescas” es expresión que, bien intencionada, significa comunicar novedades, hechos recientes, sucesos calentitos, pero, por un lado y debido a la sorna popular, la frase da a entender que las noticias son tardías, añejas de mucho tiempo y, por supuesto, conocidas por todo quisque, hasta por los que no se enteran de nada>.

En Granada, en cambio, las noticias frescas son de anticipación, como huevo de gallina aún sin poner. Contamos como ejemplos verdaderamente asombrosos: El adelanto del dogma de la Inmaculada Concepción en tres siglos por mano caligráfica de un capuchino del  marketing fervoroso, verdadero genio de la publicidad interactivo-devota.

Gracias a su antepromoción, los granadinos gozan de la columna triunfal, obra de Alonso de Mena y Francisco Potes, que preside los jardines de El Triunfo.  O la noticia de que en el año de 1616, año en que mueren Miguel de Cervantes y Guillermo Shakespeare, “dan comienzo en Granada los trabajos para la instalación de la red telefónica”, según afirma Luis Morell y Terry en sus Efemérides granadinas (1882).

Nuestro eterno Bertuchi

La diligencia en crear la noticia y en madrugarla que diría un astuto reportero, se manifiesta a finales del siglo XV. La información insólita ocurre antes de la entrega de la ciudad a los Reyes Católicos, acontecimiento sucedido el 2 de enero de 1492, aunque no está tan claro, según veremos seguidamente.

Los breves, noticias de corta extensión literal, eran impresos de cuatro páginas en tamaño pliego de cordel  a manera de gacetilla o noticieros que circulaban de uno a otro país y con premura de información al día, de flagrante actualidad.

Los breves editados en relación con la Toma de Granada ganaron por la mano al hecho histórico, lo anunciaron con delantera de años. Es el caso del pliego intitulado Ad Hispaniarum  Príncipes Ferdinandum  et  Elizabeth panengyris de triumpho Granadatensí, escrito por Paulus Pompilius y publicado por Eucharius Silber, en 1490.

"La Conquista" de Carlos Luis de Ribera (Museo Catedral de Burgos)

Aunque este Eucario Silber, de Roma, ya había estampado otro breve sobre la conquista en 1487, año en que el tipógrafo Hurus de Zaragoza publicaba el suceso. Y Rugerius, establecido en Florencia, acometía el mismo tema en 1490, copiando al citado Pablo Pompilio, así como varios impresores de distintos lugares, pero en la misma fecha, se adelantaron a cantar la gesta de los castellanos contra los musulmanes granadinos.

Hubo autores y tipógrafos más precavidos, como Mantegattis, de Milán; Treperel, de París; Ungut y Polono, de Sevilla, y del mismo Eucario Silber, de Roma, este con tercera edición, que lanzaron al público sus breves en 1492, el año del evento, que dicen los cúrsiles, pero las tropas cristianas entraron en Granada con los panegíricos en las mochilas, prueba de que la edición de los ejemplares se hizo en 1491, quizá antes. Era la crónica de una muerte anunciada, con perdón de Gabriel García Márquez.

La Puerta de los Siete  Suelos o "Bab al Gadur"

La burla de fechas ocurre igualmente “el memorable, fausto y felicísimo” día dos de enero de 1492, “término dichoso del imperio de la infidelidad en la Península, satisfacción del sentimiento nacional, seguro de la unidad española” y, por lo mismo, “el más grande hito de en los anales hispánicos”.

Instituido como fiesta solemne en 1519, conforme a lo dispuesto en el testamento de Fernando el Católico, esa “fecha poderosa e indeleble” tuvo a lo ancho del tiempo contestaciones chumgueras, a manera de ardid de conjuras casi intencionado en algunos casos y fortuito o en otros. Respuesta camelística que ha suavizado o ha entorpecido más de una vez la solemnidad y altanería del hecho y de su celebración.

Lo que nunca sabremos es si los hados  de la guasa trastocaron, cuando les vino en gana, el aparato fanfarrón del triunfo de la Cruz sobre los enemigos de Cristo o fueron los propios granadinos, gente de tan diversa casta e intenciones, los que confundieron, desairaron o dedicaron higas al importantísimo cumpleaños y a sus magníficas conmemoraciones.  O fueron ambos intermediarios apadrinados por el fingimiento.

Remedando a Padilla (serie TVE "Isabel"

De primeras inventaron la sopa de letras con posibles vocablos de seguidores del dos de enero, divertimento que consiste en cruzar sinónimos y antónimos para despiste de muchos y sinsabor de unos cuantos. Y así, desde la sospecha, descubrimos los términos reconquista, conquista, triunfo, derrota, capitulación, ganancia, rendición, toma, entrega, incorporación, restauración y tantos más.

Pasatiempo chungo este de las palabras cruzadas por lo que tiene de acertijo y por lo que encierra de hipocresía, aunque ha servido durante siglos para ingeniar titulares de sermones histórico/panegíricos  y vaniloquios políticos, pronunciados cada 2 de enero en la santa iglesia Catedral o en el salón de plenos del Ayuntamiento.

Por lo pronto, la broma se instala en inscripciones recordatorias del suceso y de los protagonistas, textos con vocación de epitafio y a menudo tarados por el humor errátil o la errata cachonda. Ocurre en la lápida de mármol con letras de plomo que hay junto al retablo de la puerta de la Justicia de la Alhambra.


Dice: “Los muy altos y poderosos Señores Don Fernando y Doña Isabel…/ …. conquistaron por fuerza de armas este reino y ciudad de Granada, la cual, después de haber tenido sus altezas en persona sitiada mucho tiempo, el rey moro Muley Hacén les entregó con su Alhambra a dos de Enero de 1492…”

Muley Hacén murió en 1485, seis años antes. Otro ejemplo está en el pasadizo que une el Mexuar con el patio de los Arrayanes donde se afirma, con rótulo de la época:

“Los muy altos… / … Señores Don Fernando y Doña Isabel…/ … conquistaron esta ciudad y su reino y les fue entregada a once días de Enero de mil cuatrocientos noventa y uno”.

Mas, otra lápida desaparecida, que presidió la ermita de los Santos Mártires de la Alhambra, aseguraba que la entrega de las llaves por Boabdil se efectuó “en este sitio”, o séase, en el Campo de los Mártires, al ladito del hotel Palace. Y por citar una última leyenda, recuerdo la inscripción de la ermita de San Sebastián, en el paseo del Violón, cuyos errores hacen tamaño favor al dos de enero de 1492.


Interesante boceto original de Benlliure

Y, sí hemos de creer a los cronistas, menuda novatada le gastó el dos de enero al ilustre desesperado Don Cristóbal Colón. Dicen que abatido y sin esperanzas, el marino salió secretamente del Real de Santa Fe, muy de madrugada, camino de La Rábida con la “intención de recoger a su hijo Diego y marchar a Francia”. Cuando el mensajero enviado por Isabel la católica le alcanza cerca de Moclín y le insta encarecidamente, en nombre de la Reyna, a que vuelva para seguir las capitulaciones del viaje a Cipango, Don Cristobal  va y no se fía, respondiendo al mandadero con un corte de mangas genovesas. Trabajo costó convencerle, siendo el día de la toma de posesión de Granada por los ínclitos Reyes Católicos.

En los desplantes al dos de enero también intervino la famosa campana de la torre de la Vela. En 1732, el mismo día del aniversario, a un sastre de Alhama, luego de guardar cola durante la noche anterior para subir de los primeros hasta la campana y rubricar con el badajo la expulsión de la morisma, le bastó un solo talán para quebrarla y dejarla inútil.

"El suspiro del moro" de Francisco Pradilla y Ortiz (1848-1921)

Fue un golpe de réquiem que enterró ese año el jolgorio de los granadinos. Mandaron fundir otra, ésta de 104 arrobas, se instaló a tiempo, no sin gran esfuerzo, pero “unos aires muy recios” la volvieron a cascar en 1739. Malas lenguas dijeron que fue el mismo sastre de Alhama, lo que dio lugar a la intervención de los inquisidores, siempre tan desconfiados, y el sastre cumplió pena de destierro y la advertencia severa, en caso de visitar Granada una vez cumplido el exilio, de “no acercarse un ápice”  alrededor del conjunto monumental, ni siquiera de mirar cara a cara la torre de la Vela.

Los propios granadinos, tan apegados a la fiesta inicial del año y a su pompa y bureo, tomaron como pretexto cualquier motivo que afectará a sus faltriquera para montar el fingimiento de la protesta y de paso enturbiar la fecha luminosa de los fastos locales.

Bobdil y Gonzalo de Córdoba, una amistad más allá de la religión

Así sucedió en 1631, después de pregonada la pragmática de la sal, la cual mandaba vender el celemín a cinco reales. “Uno de los mayores precios que se an impuesto en esta monarchuía”, escribe Henríquez de la Jorquera y añade: “no siendo su valor más de seís cuartos en esta ciudad”. Como el tributo era injusto, los lugareños se echaron a la calle y el dos de enero, fecha en que se pregonó la pragmática, murió súbitamente en los balcones del Cabildo. Lance que se reprodujo a los 6 años. El dos de enero de 1639 se hizo saber públicamente una orden real en la que se exigía el registro de los tratantes y mercaderes nativos y de los franceses avecindados en la ciudad, a fin de que “todos los travaxabores pagasen un tanto cada día para su Magestad”. Nuevo alboroto y luego desplante a la histórica fiesta.

Y de mal agüero fue el dos de enero de 1641, pues en su madrugada “sucedieron cinco muertes en distintas partes que fue un caso lastimoso porque todas fueron muertes desastradas y en pendencias trabadas”, con lo que se tuvo ese día por nefato y nadie salió de sus casas.


El dos de Enero de 1642 también se malogró el Día de la Toma, pues en tal fecha ahorcaron en la plaza de Bibarambla a uno de los famosos y temidos vaqueros de Güejar  Sierra, salteador de caminos y asesino de varias personas, espectáculo que atrajo a tantísima gente, hasta colmar la plaza después de larga espera, que el personal no hizo caso a la procesión cívico-religiosa y menos aún a los jolgorios previstos, incluidas las campanadas de rigor exorcista.

En estos días que corren, se pretende un nuevo disimulo del “memorable, fastuoso y felicísimo” dos de enero de 1492. Esta vez por mano conveniente de los listos del octavo día, líderes de la tolerancia y del oportunismo político, pregoneros de la amigable compañía de las tres culturas tradicionales granadinas. Uno se pregunta: ¿Dónde están las tres culturas locales? ¿Hubo alguna vez convivencia entre judíos, moros y católicos? ¿No es un cachondeo transgénico dar cuarrécano por melón?>

Y en este afán polemista de los granadinos que se visualiza el 2 de enero, en las movilizaciones de los que están a favor o en contra de la celebración, tú, finísimo lector mío, ¿qué opinas sobre la fiesta…? ¿La Toma o la dejas…?

Ermita de San Sebastián, hoy

Lápida de mármol colocada en el siglo XVIII para conmemorar la entrega de la ciudad, aunque redactada con numerosos errores:

"Aviendo Muley Boaudeli, último rey Moro de Granada,

entregado las llaves de esta ciudad el Viernes dos de Enero

de 1492 a las tres de la tarde en la puerta de la Alhambra a

nuestro católicos Monarcas Don Fernando de Castilla y Doña

Isabel de Aragón, después de 777, que esta ciudad sufría el

Yugo Mahometano desde la pérdida de España, acaecida en

Domingo 2 de Noviembra del año 714 salió dicho católico Rey

a despedir a el expresado Boaudeli hasta este sitio antes

Mezquita de Moros, y entonces eregida en Hermita de

San Sebastián, donde dieron los primeros gracias a Dios

el Glorioso Conquistador y su exército, entonando el

Te Deum, y tremolándose el Estandarte de la Fe en

cuya memoria se dic dicha hora la Plegaria en la Catedral

y se gana indulgencia plenaria, rezando tres Padres Nuestros

y tres Aves Marías."

"La Toma" de 2021, Año del COVID: Silencio y soledad.


NITO

 

Bibliografía.-

"La Granada fingida" de Francisco Izquierdo.

"El Independiente" de Granada.

Diario "Ideal"