sábado, 17 de enero de 2026

LA CASA DE LOS MIGUELETES




Una de las cosas más castizas del Albaicín es la llamada “de los Migueletes”,  en la calle de Benalúa, nombre de los señores y condes de este título, que tuvieron su finca nobiliaria en el lugar, a la vera de la Cuesta de Aceituneros y de las calles  –¡qué bellos nombres!- del Aire y de la Penitencia.

Debió tener un hechizo irresistible aquel Albaicín del siglo XVI, época en que los señores de Benalúa tuvieron el buen gusto de sentar su casona solariega en este sintió, que empezaba a poblarse de los cármenes que luego alcanzarían celebridad literaria merecida.

Aquel Albaicín fue el que maravilló al poeta don Luis de Góngora, quien, desde las ventanas del Generalife, quedó tan impresionado con la perspectiva del barrio, que dedicó un bello romance en 1588.

                                   

Era el Albaicín concurrido por genoveses y venecianos, atraídos al reclamo del buen negocio de la seda. El Albaicín que hacía exclamar a Bermúdez de Pedraza: “La amenidad del sitio, la frescura del río, los saltos de las fuentes, el ruido del agua, el cantar de los ruiseñores y los saludables y suaves aires fueron bastante para creer fue aquí el Paraíso Terrenal, si los cosmógrafos lo describieran en Europa como en Asia”.

                                          

La casa de los “Migueletes”, en el Albaicín de hoy, subdividida en pequeñas viviendas, sigue siendo un valioso testimonio del tiempo pasado. La singular disposición de su zaguán, las  artísticas zapatas, los apilastrados de madera torneada del patio principal, la cubierta con cúpula barroca, las hermosas columnas de mármol gris, y desde la galería superior una vista preciosa de la Alhambra, son algunos de los muy abundantes valores de tan noble edificio.

Y sí la casa estaba indisolublemente unida al nombre “de los Migueletes”, éstos se hallan igualmente vinculados a un período concreto de nuestra accidentada historia reciente: El cargo de vigilancia de caminos y la lucha contra el bandidaje, como obligaciones prioritarias. El viajero, escritor y dibujante romántico Richard Ford, dejó constancia de haber hecho su entrada en Granada, en diligencia, procedente de Jaén, escoltado por nueve fornidos “migueletes”, que –en este caso, al menos- no sólo aseguraron la integridad de viajeros y equipajes, sino que por si fuera poco, se pasaron cantando todo el camino y fumando “fuertes cigarros -dice Ford-, lo peor de la “Real Fábrica”.

                                            
En aquella Andalucía donde los bandidos pasaban fácilmente por héroes, “los Migueletes” fueron la única y mínima garantía de seguridad de aquellos lejanos viajeros, cuyos desplazamientos probaban una gran necesidad o un valor rayano en la temeridad.

Muchas veces, y a pesar de la protección de los “Migueletes” las diligencias eran asaltadas, con heridos o muertos en ambos bandos. Algún escritor de la época describió como patéticas las despedidas familiares, al pie de los carruajes, mientras la escolta de “Migueletes” montaba en sus caballos. “Era relativamente probable que alguno o algunos de los que se estaban despidiendo no llegaran con vida al término del viaje”.

  

 En la actualidad, el magnifico edificio histórico de la Casa de los Migueletes y que tanta melancolía despierta en nuestro querido cronista Juan  Bustos ( y del cual libamos), se ha convertido en el hotel boutique "Casa  1800 de Granada" En su patio se siguen guardando todos  los secretos de los antiguos vecinos de esta corrala, y ahora es el punto de encuentro de los huéspedes para desayunar, merendar o relajarse con el arrullo de la fuente de dos cabezas, Desde alguna  de sus habitaciones se contempla el importante monumento  de la Alhambra, una perfecta anfitriona para acurrucarnos entre sábanas.




                                                                        

 NITO




lunes, 1 de diciembre de 2025

EL POZO AIRÓN PROTECTOR DE TERREMOTOS

 

En España hay mas de 100 pozos "Airón" censados.


El Pozo Airón como protector de terremotos.

Plinio, el viejo, este romano del S. I fue un viajero que en su obra Historia Natural nos habla de unos profundos agujeros, unos pozos abiertos que eran el remedio para que no hubiera terremotos.

¿Tenemos en Granada uno de esos pozos? Pues sí, ahora cegado, pero su origen dicen, se pierde en la noche de los tiempos.

La función de estas profundas aberturas era que saliera esa energía que comprime la tierra. De este modo, el aire sale libremente y las ciudades que viven cerca de uno sufren menos terremotos. Así que estos pozos eran «protectores» de los terremotos.

 

Aquí lo tenemos

 Airón, el dios talismán para evitar los terremotos.

Vamos a hablar de este lugar, para muchos granadinos desconocido, que es el Pozo Airón. Tanto la plataforma de Vico, el primer «callejero» granadino, como la plataforma de Dalmau lo sitúan en calle Elvira. No se sabe exactamente si fue abierto por los íberos o por los primeros musulmanes que se asentaron en el Albaicín.

Esta sima estaría habitada por el dios Airón, guardián de los ríos, los pozos y  las aguas. Gracias a este agujero, normalmente orificios naturales, la tierra podía expulsar esa energía que comprime en su interior que, al liberarse, hace que los seísmos se minimicen y evitan que fueran de gran magnitud. Los musulmanes de la época, ya se encargaron de tenerlo abierto, por si acaso.

Podemos encontrar estos pozos en algunos puntos de la península, así como en el sur de Francia, en Italia o en Grecia. Hay que decir que este dios si se enfadaba, para aplacar su ira exigía sacrificios de animales o humanos. En Granada, los restos que se han estudiado no son humanos, a diferencia de alguno de Francia en los que sí han aparecido esqueletos.

El significado de este nombre Airón o Ayrón en castellano, Aigrós en provenzal o Hauron en árabe, significa lo mismo: pozo profundísimo. Es más, este nombre también aparece en la Biblia y era el lugar donde se echaban las cosas o las personas de las que no querías saber nunca más de ellas.

Localización

El pozo Airón en las crónicas de Granada

Las menciones sobre este pozo Airón de calle Elvira, datan del s. XV. En las crónicas de la Batalla de la Higueruela, lo describen como un pozo que estaba abierto, enladrillado y tenía una gran profundidad.

No se sabe exactamente cuando empieza a cegarse este pozo, pues Miguel de Cervantes, que estuvo en Granada a finales del s. XVI, hace referencia a este lugar, como si estuviera abierto. En cambio, el historiador Bermúdez de Pedraza dice que ya a primeros del s. XVI estaba cerrado. Esto es porque en 1526 Isabel de Portugal, esposa de Carlos V, se encontraba en Granada, y en esa fecha ocurrieron una serie de fuertes terremotos. Ella estaba muy asustada y quería irse cuanto antes de la ciudad, y los ciudadanos achacaban estos fuertes movimientos a que el pozo estaba cerrado. Aunque textos posteriores del s. XVII explican que no estaba del todo cerrado.



Terremoto de 1778. Cierre de teatros y espectáculos públicos en Granada

Con el devastador terremoto de Lisboa que aquí también se notó, los ciudadanos se asustaron y pidieron que el pozo se drenara y se abriera nuevamente. Pero no fue hasta 1778, cuando un «enjambre» de seísmos azotaron esta zona y las casas, con las construcciones de la época, se desmoronaban con facilidad pues no estaban preparadas para estos movimientos. Los granadinos empezaron a rezar y a hacer procesiones para rogar a esos dioses del inframundo que los protegieran.

Lo que se hizo de inmediato fue cerrar los teatros y espectáculos públicos. El arzobispo Antonio Jorge y Galván, sostenía la teoría de que la culpa de estos devastadores terremotos tenían su origen en estos lugares, nidos de pecado, y perdición. Al igual que las mancebías que había en el barrio de la Manigua, donde el alcohol, las conversaciones lascivas, el fornicio y las mujeres de mala vida, eran el origen de que los dioses se enfadaran, así que acabando con esto se acabarían los terremotos. Y todo esto fue secundado por el Concejo Municipal que prohibió igualmente todo tipo de manifestación festiva.

El pueblo manifestó delante del consistorio para que abrieran el Pozo Airón y el alcalde pidió consejo a uno de los mayores juristas de Granada en aquél entonces, Gutierre Joaquín Vaca de Guzmán y Manrique, que aceptó estudiar el tema y dictaminar sobre el mismo.

Decidió no abrirlo, en base a la teoría de que en la Vega de Granada, lugar donde más afectaban los seísmos, había muchos pozos, en cambio en Víznar que sólo había uno, apenas afectaban los movimientos.

El pueblo, no quedo nada contento con esta decisión, pero el Ayuntamiento, que además estaba con sus arcas medio vacías, le vino estupendamente esta decisión para no tener que empezar esa obra de gran envergadura pues los granadinos no querían sólo la apertura del Pozo Airón, sino hacer agujeros en toda la ciudad para que salieran esas energías telúricas, aparte de que los seísmos fueron desapareciendo. Así ya se pudieron abrir los teatros y la gente pudo volver a su divertimento y fiestas.

Entrada angosta

Definición de «caer en el Pozo Airón»

Y es que en el Diccionario de las Autoridades de 1776, define esta frase de «caer al Pozo Airón», como algo que es muy difícil sacarlo o hallarlo de donde está o que se ha extraviado.

El refranero popular asocia esta frase con algo que cae en el olvido para siempre y fue muy utilizada por los políticos y la prensa del S.XIX. Decían que el gobernante cuando quería perder o no hacer algo lo echaba en el pozo de Granada. De igual forma pasaba con ese dinero público que «desaparecía»  para siempre. Muchos «pozoairones» que se pueden aplicar a la actualidad.

 Granada siempre sorprende, verdad?


la antigua Casa Cuna

  


NITO



BIBLIOGRAFÍA.-

"Historias de Granada " de Eva Balea,

Prensa Local: IDEAL; GRANADA HOY



























viernes, 31 de octubre de 2025

RONCONI EN GRANADA

 


Ronconi representa el prototipo del barítono «verdiano» moderno. Como apuntaba una revista de la época (1847):

«Su voz no es particularmente melodiosa, ni su entonación estrictamente precisa... sin embargo... Su potencia es inmensa, y su extensión extraordinaria para un barítono. En los pasajes en forte su volumen llena el teatro como un trueno; en las frases apasionadas, cuando el artista alcanza un Sol, o a veces un La, con toda su potencia, el efecto es casi eléctrico».

Estas características, con tal potencia en el registro agudo, sin precedentes por entonces, se revelaron especialmente adecuadas para el carácter de barítono que desarrolló Verdi, y sirvieron de modelo a la siguiente generación de barítonos.

 Hoy os hablamos de un personaje singular. Se trata del barítono veneciano Ronconi, afincado en Granada y que jugó un papel clave en el gusto de la sociedad granadina por la ópera. Ronconi fue miembro de quizá, una de las más importantes, de las asociaciones artístico-literarias granadinas del S.XIX denominada bajo el nombre de "La Cuerda Granadina", centrada en el periodo de 1850 – 1854.

La Cuerda fue una sociedad literario artística sin normas, ni lujo, ni lugar fijo de reunión, un anarquismo que va a contrastar con la categoría de sus miembros, la mayoría granadinos, entre los que se encontraban arquitectos, políticos, barítonos, periodistas, escritores, músicos, poetas, quienes formarán los "nudos" de la susodicha cuerda. Los "nudos", comenzaron su trayectoria literaria y política, bien en los periódicos locales o en las sesiones literarias del Liceo, destacando entre ellos Pedro Antonio de Alarcón, Manuel de Palacios, el pintor Rafael Contreras, el arquitecto ruso Notbek o nuestro protagonista Giorgio Ronconi.


Divertido como el que más de sus miembros, es tal su pasión por la música que llega a crear una escuela de canto y declamación llamada “Isabel II” que, por los escasos apoyos oficiales tuvo una vida muy efímera. En la sala dedicada a la Mujer Granadina podemos contemplar esta fotografía, permitiéndonos conocer el rostro de este famoso cantante de ópera enamorado de Granada, que llegó a comprar el Carmen de Buenavista -hoy de Ronconi, junto al Alhambra Palace-, donde vivió junto a su mujer y su hija.



Magnífica foto de Manuel Cogolludo: " El carmen de Ronconi"

En 1861, Ronconi funda en Granada la Escuela de Canto y Declamación Isabel II, con la autorización de la Reina Isabel II, por Real orden de 13 de abril, siendo inaugurada solemnemente la noche del 15 de febrero de 1862, bajo la presidencia del Gobernador de la Provincia. La Escuela, según sus estatutos fundacionales, disponía de plazas para 40 alumnos, 20 de cada sexo,

Al mismo tiempo, por instancia dirigida al Sr. Gobernador, solicita que se le permita funcionar en el Teatro Cómico de la ciudad, dos noches al mes. El Gobernador insta al Ayuntamiento para que concilie el uso del mencionado teatro por la empresa arrendataria con la escuela de Ronconi, dando así pruebas el Ayuntamiento de su celo por la prosperidad de Granada, "contribuyendo al sostén de un establecimiento de enseñanza que tan grandes beneficios promete". Al principio se le concedió una noche al mes hasta tanto se renovara el arrendamiento y el uso de las instalaciones para los ensayos.


El problema fue que al constituirse una Sociedad Artística asociada a la escuela surge un litigio con la empresa arrendataria que ve en las actuaciones musicales un potente rival que perjudicaría gravemente a la actividad teatral y, por supuesto a los beneficios. Las representaciones de óperas, dirigidas por el eminente artista Ronconi y las actuaciones de famosos artistas invitados provocarían el demérito y el decaimiento del teatro, "el Teatro Nacional quedaría reducido a ver solo aquellos actores que no temiesen al borron (sic) de ser desairados y vejados en su arte...", y, además, los arrendamientos del teatro serían harto difíciles, pues no habría un solo licitador en la subasta. Pese a los obstáculos puestos por el arrendatario del teatro, tanto el Gobernador como el Ayuntamiento intentan compatibilizar el uso de ambas actividades, pero al final ceden ante la presión del empresario del teatro.

El 8 de marzo de 1863, el compositor Giuseppe Verdi viene a Granada a ver a su amigo Ronconi, hospedándose en su casa. Visitó la Alhambra, la Catedral y Capilla Real, con su amigo y Pedro Antonio de Alarcón. Recibió numerosos saludos por parte de los granadinos y un homenaje por parte de los alumnos de la Escuela que cantaron algunos coros de sus obras.

Giuseppe-Verdi en Granada

En el periódico El Porvenir de Granada, el 18 de diciembre de 1863, aparece una nota de la Escuela de Canto y Declamación de Isabel II anunciando la próxima función de ejercicios prácticos en el teatro Isabel la Católica, motivo que aprovecha el director del Teatro Principal, Ramón Carsi, y el Ayuntamiento para considerar caducada la concesión sobre el uso del mencionado teatro. Decisión que también ratifica el Gobernador de la Provincia, dejando libre de toda obligación al empresario. La Escuela, según nota del mencionado periódico El Porvenir de Granada, había ampliado el número de alumnos, de ambos sexos, a 60, todos pensionados. También ampliaba la plantilla de profesores en dos plazas de Maestros de Solfeo y de Canto.

Como comenta José Luis Delgado (Granada Hoy, 03-09-2012), "A partir de ahí se le echan encima los tres grandes jinetes del Apocalipsis granadino: la envidia, el empresario mezquino y la autoridad incompetente que niegan el apoyo oficial. Para colmo de males tiene desavenencias con la orquesta y encima termina siendo tachado de especulador.

Ronconi divulgó su desilusión en un folleto lleno de desesperación y resentimiento, cargando las tintas contra algunos elementos indeseables de la ciudad de Granada. A los dos años nos quedamos sin Escuela y sin Ronconi.

Jorge Ronconi fue enterrado en Madrid, junto a Pedro A. de Alarcón. En la tumba quedó este epitafio:

Una joven Enriqueta Lozano le dedica este poema:

“¡Oh, Ronconi! Si acaso otras naciones

ensalcen lo sublime de tu aliento

di que en Granada hallaste ovaciones

puras como el celeste firmamento…

 


NITO

 

 

Bibliografía.-

Cultura.- Junta de Andalucía.

Öpera  World: José Manuel Barberá Soler.

José Luis Delgado (Prensa Local) 








lunes, 4 de agosto de 2025

AQUELLA GRANADA DE NUESTROS ABUELOS (3)



 


AMBIENTE CIUDADANO

En 1902, casarse en Granada costaba 23 pesetas, en concepto de derechos de expediente matrimonial, incluida la toma de dichos, y se pagaban en la Curia. Como los pobres no tenían ni 23 pesetas, se les casaba sin pagar nada, siempre que acreditasen la falta de medios. Se decía que se casaban “de oficio”. Los bautizos costaban cinco pesetas en las parroquias de primera: el Sagrario, la Magdalena, San Justo y Pastor, y San Matías. Costaban cuatro pesetas en las restantes, excepto en el Salvador y el Sacromonte, de tercera categoría, que costaban tres pesetas.

Morirse ya era más complicado. No el hecho de la defunción, sino el del entierro. Una simple fosa en el suelo costaba 100 pesetas con 10 más en concepto de depósito..


La ciudad estaba entonces bastante  sucia por la negligencia e incivismo de sus vecinos y escasez de recursos económicos en el Ayuntamiento para retirar tanta basura. El entonces llamado pomposamente “Servicio de Limpieza Pública y Riegos” municipal – el “INAGRA” de hace un siglo – sólo disponía de ocho carros de mulas, seis cubas de riego, cuarenta carretillas y las correspondientes palas y regaderas.

El capítulo de atención a siniestros era más grave porque los bomberos - que tenían su Parque en la calle Escudo del Carmen, al lado del Ayuntamiento -, únicamente disponían de cinco bombas, cinco bombines, unas pocas camillas y una escalera. En 1902, además, el cuerpo de bomberos estaba de lo más desacreditado, desde su ineficaz intervención, en septiembre de 1890, en la extinción de un peligroso incendio ocurrido en la Alhambra. Allí se habían presentado en lastimosas condiciones: con gran retraso, sin una sola bomba que funcionara debidamente, con mangas rotas e inútiles y hasta sin hachas. Sólo de milagro –que no por la acción de los bomberos– se evitó un verdadero desastre en el monumento.

Pero no eran sólo los bomberos los únicos profesionales desacreditados por entonces. También lo estaban los médicos. Los granadinos no habían olvidado la trágica epidemia de cólera de 1885, que causó varios miles de víctimas entre la población, una de ellas el arzobispo Bienvenido Monzón, que había sido arzobispo de Granada bastantes años y ahora lo era de Sevilla, y que veraneando en La Zubia aquel 1885 había muerto a causa del cólera. Durante aquella terrible epidemia, nuevo azote de la ciudad apenas un año después de la gran tragedia del terremoto de 1884, se habían dado numerosos casos de médicos que se habían negado a asistir a los enfermos pobres. Una verdadera mancha de descrédito para el buen nombre de la profesión médica granadina.



A PIE O EN BURRO

Faltaban dos años para que, en 1904, empezaran a circular los primeros tranvías eléctricos. Y uno para que, en 1903, apareciera en las calles granadinas el primer automóvil, que sería un Renault de 18 caballos propiedad del duque de San Pedro, que lo había adquirido en París. Así que, sin tranvías ni automóviles, la gente iba a pie a todas partes, y sólo en ocasiones se utilizaban coches de caballos, cuya parada estaba frente a la Acera del Casino, con tarifa de una peseta el trayecto por el interior urbano. Para subir al Albaicín o al Sacromonte, las personas de edad alquilaban, también por una peseta, las dóciles burras de una mujer a la que toda Granada conocía por el apodo de “Pepica, la de las burras”, que se ponía a diario con sus animales por los alrededores de la iglesia de Santa Ana. Los usuarios de las burras hacían el trayecto acompañados por algún chiquillo que, luego, a  cambio de unos céntimos, devolvían los rucios a su dueña. ¡Y había que ver cómo bajaban los chiquillos por las cuestas, emulando a los caballeros que aún se desplazaban por la ciudad jinetes de sus caballos propios…!


Así era, a grandes rasgos, aquella Granada de 1902, año en el que nacía el Observatorio Astronómico-Geofísico de Cartuja, la mayoría de cuyos aparatos fue construida por PP. Y Hermanos de la Compañía de Jesús en Granada. Era una Granada en la que –como ocurre en la de hoy – todo iba muy mal para la gran mayoría y todo bien para unos pocos, muy contados privilegiados. Hoy, los cien años de vida del Observatorio dedicados a la investigación científica, representan un argumento de continuidad que nadie puede rebatir. Afianzado en su tradición y fiel a su destino, el Observatorio granadino asegura las virtudes que en éste su primer siglo ha sabido poner, con fidelidad, constancia y modestia al servicio de la Ciencia.



NITO

 

 

 

domingo, 29 de junio de 2025

LAS IGLESIAS DE FALLA EN GRANADA

 


Manuel de Falla, el famoso compositor, tenía una profunda conexión con  las iglesias de Granada: la iglesia de San Cecilio en Granada. Esta iglesia, (junto con la Santa Ana), es mencionada frecuentemente en relación con su vida y su religiosidad. Además, en su testamento, Falla expresó su deseo de que una lámpara ardiera constantemente ante el sagrario de esta iglesia en representación de su alma. 

 "En lo que concierne a los sufragios antes indicados es mi voluntad que, independientemente de los que se celebren dentro del Mes de Ánimas de cada año, así como, según la costumbre establecida, se celebren por mi alma a mi fallecimiento y sigan celebrándose en años sucesivos, acompañados siempre de eficaces limosnas, se dediquen otros en la misma forma a la santa memoria y al eterno descanso de nuestros amados padres (y de modo muy especial en las fechas de aniversario y en las fiestas de San José y del Santo Nombre de Jesús)."

Escrito de Dña. María Victoria Molina Fernández con motivo de la bendición de la lámpara votiva en recuerdo a Manuel de Falla.
Parroquia de San Cecilio. Granada, 27 noviembre 2022:

Más allá de la iglesia de San Cecilio, Falla también tuvo vínculos con la Iglesia Mayor de Puerto Real, también conocida como iglesia de San Sebastián. Su hermano, fue fundamental en la restauración de este templo. 

Finalmente, la Catedral de Cádiz también es relevante en la vida de Falla, ya que sus restos, junto con los del poeta José María Pemán, descansan en la cripta de la catedral. 

 Las iglesias que mas asiduamente frecuentara  aquel hombre devotísimo que fue don Manuel de falla eran pues, las iglesias de Santa Ana y de San Cecilio, ambas próximas al carmen de la Antequeruela, donde vivió el gran músico la mayor parte de los años de su estancia granadina, y la segunda, además, su parroquia.


Federico Sopeña refiere que el maestro, siempre delicado de salud, “mientras pudo caminar bajaba a misa a San Cecilio.” También lo sitúa allí Melchor Fernández Almagro, “con recogimiento y fervor conmovedores”. Gallego Morell, en cambio, que la notable biografía de su padre, recuerda que “Falla bajaba a misa a la iglesia de Santa Ana y, al salir, entraba en casa y se sentaba en el patio, en el que se hacía la tertulia”.

Falla era muy religioso. Juan Ramón Jiménez, lo retrataría en 1926  “sonriente y dichoso tras su rosario rezado”, y hasta hace poco todavía, por el Realejo, por el Campo del Príncipe, por el Caidero, por el Carril de San Cecilio, hay quien recuerda haber visto a Don Manuel –“una menuda presencia neta y  negra” entrar o salir de la vieja iglesia puesta bajo la advocación del santo patrón de Granada, y abierta a la luminosa explanada que antiguamente ocupaban las huertas y jardines de los últimos reyes nazaríes. Por el lado de Plaza Nueva, gente con los setenta cumplidos, cuenta la ejemplar devoción del compositor en las misas de Santa Ana.

Esta última iglesia es una de las más bellos construcciones religiosas granadinas. Los nombres de Diego de Siloé y del maestro albañil Alonso Hernández Tirado, figuran entre los autores del templo, el uno como autor del proyecto, y de otro, ejecutor de las obras. Once años -entre 1537 y 1548-, se emplearon en los trabajos y dos más exigió la torre realizada por el maestro Juan Castellar entre 1561 y 1563. La de San Cecilio no se levanta –como la de Santa Ana- sobre una primitiva mezquita musulmana, sino sobre el solar de una sinagoga, que tuvieron los judíos en la Granada nazarí aunque hay quien apunta que este terreno había sido ocupado por el oratorio cristiano permitido por los soberanos de la Alhambra. Un poco más arriba, en cambio, sí estaba la mezquita Antequeruela, que venía dando nombre al barrio donde se asentaba en tiempos. Entre 1528 y 1534 se construyó esta iglesia puesta bajo la advocación del santo patrón de la ciudad. Juan de Marquina fue el autor de la bonita y elegante fachada de estilo plateresco, construida en 1533 a expensas del Arzobispo Avalos, como prueban sus escudos allí esculpidos.

Estas eran las iglesias más frecuentados por Manuel de Falla. Hasta hace no mucho  tiempo, había vecinos de ambos lugares que recordaban. “Esa nada de carne que bastaba a su voz”, como alguien lo describió atinadamente.  Bajaba Falla a San Cecilio a su misa diaria. Con Dios y la música entronizados en su corazón.


NITO

 

BIBLIOGRAFÍA.-

María Victoria Molina Fernández.-

Con motivo de la bendición de la lámpara votiva en recuerdo a Manuel de Falla.
Parroquia de San Cecilio. Granada, 27 noviembre 2022.

 Juan Bustos Rodríguez.-  Laberinto de Imágenes.

sábado, 31 de mayo de 2025

GRANADA INSÓLITA Y SECRETA


LA CAPILLA “PICHINA”

Si  Barcelona tiene la Sagrada Familia, Madrid la Puerta de Alcalá, Londres el Big Ben y París la Torre Eiffel, Granada tiene la Alhambra. Pero no sólo de monumentos emblemáticos vive el turista, y mucho menos el residente, que sabe que su ciudad esconde muchos, muchos más tesoros de los que muestra al visitante convencional.

Con ese convencimiento se publicó  en 2015  Granada insólita y secreta, una guía de la ciudad que muestra numerosos rincones y detalles en los que no reparan sus residentes y que nunca conocerían los visitantes si no fuera por publicaciones como ésta.

El escritor y periodista César Requeséns es el autor de esta joya cien por cien granadina, a la que ha dedicado varios años, plagada de imágenes, datos, anécdotas y curiosidades. Esta guía, editada por la francesa Jonglez, que ya ha publicado obras similares de otras ciudades europeas como París, Londres, Lisboa, Milán, Ámsterdam, Bruselas o Florencia, además de Madrid y Barcelona, mantiene la idea de las antiguas guías literarias, según explica su autor, que "pretenden transmitir el encanto del lugar". 

Requeséns, que fue quien propuso a la editorial la ciudad de Granada para ser "protagonista" de una de sus publicaciones, explica que durante este tiempo ha acumulado tantos "secretos" granadinos, que podría escribir ya una segunda parte, lo que espera que se produzca por que la ciudad "está plagada" de lugares dignos de conocer.


En los años 70 una tertulia de incipientes artistas granadinos, hoy consagrados, plasmó en las paredes del edificio del Carmen de los Patos unos frescos muy picantes, que con sorna dieron en llamar ´Capilla Pichina’ (‘picha’ es sinónimo de pene en el argot granadino). Como las paredes lucían blancas como lienzos, los propios artistas emprendieron la tarea de plasmar en ellas su desbordante imaginación. La abrumadora mayoría de artistas del sexo masculino motivó que el elemento fálico fuera la temática dominante en todos los frescos, de ahí que todos los cuadros incluyan algún miembro, algunos de ellos de descomunales proporciones.


Mariano Cruz, propietario del edificio y del restaurante el Mirador de Morayma, fue quien promovió a finales del franquismo las reuniones en la bodega de su propia casa. Artistas, escritores, bohemios y curiosos protegidos bajo el velo de la inocua gastronomía– daban rienda suelta a sus ideas artísticas. El poeta Rafael Guillén, premio Nacional de Poesía, el escritor Francisco Izquierdo o el escultor Cayetano Aníbal fueron algunos de los habituales de aquellas charlas interminables en las que el vino y las buenas viandas animaban el intercambio de ideas y pareceres.

Aquellas reuniones seguían celebrándose de vez en cuando pero en un lugar más confortable y a ras de tierra, es decir, en el propio restaurante. Abajo, en la bodega donde ahora duermen los caldos que esperan a ser servidos en las mesas, descansan los frescos, recuerdo de aquellas noches de vino y arte.



NITO