lunes, 25 de noviembre de 2019

DIEZ AMIGOS LIMITED




SIERRA NEVADA, HORA CERO
La temporada de esquí en la estación invernal de Sierra Nevada ha comenzado este domingo 24 de Noviembre. El primer día se ha estrenado con dos horas de retraso sobre el horario previsto a consecuencia del mal tiempo. El viento y la escasa visibilidad han hecho imposible cumplir con el horario del primer día, en el que se previó abrir a las nueve de la mañana. Finalmente, ha sido a las once cuando se ha procedido a abrir las pistas.
 Las pistas que estrenan la nueva campaña se concentran en las áreas de Borreguiles  y El Río. Los remontes que se pondrán en marcha este fin de semana son: El telecabina  Al-Ándalus, las alfombras Dauro, Borreguiles y El Bosque, y los telesillas de las pistas bajas, Emile Allais, Veleta II y Veleta.
Se prevé que la estación permanezca abierta hasta las 17:00 horas.

Dicho esto, parece como que siempre fue así, que la Estación siempre estuvo ahí, que el granadino siempre conoció y disfrutó de su Sierra, y que el deporte de la nieve le viene de muy antiguo… Veremos –por contra- que no fue sencillo, que fue muy tardío y que los primeros aventureros y pioneros son de anteayer mismo…
Leyendo –entre otros- a D. Juan Bustos, cronista oficial de la ciudad de Granada, nos enteramos de muchos de estos

ANTECEDENTES:
Hace apenas algo más de un  siglo empezó la práctica del excursionismo en España, y la Sierra granadina figuró pronto entre los parajes más frecuentados y atractivos.

“A cinco o seis leguas de Granada hay una elevadísima montaña que, por tener siempre nieve, se llama sierra nevada, y no enfría mucho la ciudad en el invierno porque está al mediodía, y por el verano la refresca con sus nieves, de que usan mucho para beber en Granada en los grandes calores”.
(Andrea Navajero, embajador de Venecia.- S.  XVI )



Cuatro siglos después de la visita del ilustre diplomático de la República Serenísima -así se llamaba entonces en las cortes europeas a la poderosa nación abierta al mar Adriático-, Sierra Nevada seguía siendo prácticamente una desconocida para los españoles en general y para los granadinos en particular, que se contentaban con tenerla a la vista, como un paisaje familiar e incitante, pero sin sentir apenas curiosidad por disfrutar la aventura de ascender a aquellas cumbres, que parecían sobre coger en su aislamiento y soledad permanentes. Apenas unos pocos caminantes de los pueblos cercanos del Alpujarra, algún que otro buscador de plantas medicinales y, muy de tarde en tarde, la expedición organizada por un excursionista intrépido, eran los únicos en cruzar los paisajes serranos, abundantes en sorpresas y emociones de todo tipo, desde glaciares este incisivos, cortaduras profundas, abismos insondables, vertientes es sumamente peligrosas y alturas que solamente los Alpes aventajaban en Europa.  Es un espectáculo tan soberbio –decía Antonio Munilla en la revista “Por esos mundos” (1921)- que la pluma no acierta a describir lo que el alma sintió tan intensamente”.


Hasta cierto punto, Sierra Nevada fue un descubrimiento de los visitantes extranjeros. Puede parecer exagerado, y acaso lo sea, pero nadie puede negar que aquellos viajeros de tiempos todavía incomodísimos, hicieron circular por Europa las primeras referencias, mapas, itinerarios, descripciones de imágenes de un territorio desconocido, cuyas bellezas naturales, allá abajo, muy al sur, escapaban a toda ponderación.
Por si fuera poco, al pie mismo de escenarios tan hermosos se alzaba una ciudad pintoresca y exótica como ninguna otra de Occidente: Granada.  Así que Sierra Nevada y Granada aparecieron juntas en muchos de los primeros libros y relatos de viajes editados a principios del siglo pasado. Recordemos los nombres de Capell Broke, Samuel  E. Cook, Richard Ford, el barón de Davillier, Williams George Clarke, Louisady  Tenyson, Teófilo Gautier, entre los pioneros de lo que hoy llamamos el excursionismo. Fueron viajeros cultos, de curiosidad insaciable, que no se conformaron con recorrer toda España monumental de arriba a abajo, sino que también dedicaron su tiempo a conocer la fascinante variedad de los paisajes españoles, no menos abundantes y atractivos que el riquísimo patrimonio artístico de la nación que visitaban.

En las impresiones de aquellos lejanos viajeros abundaban las referencias a Sierra Nevada, a sus es inmensos e impresionantes panoramas, y a la gama infinita de sus luces –rosas, ópalos, azules, naranjas y verdes, según las horas y la situación-, que consideraron únicas en el mundo. “De tiempo en tiempo -escribía Gautier- nos encontrábamos hileras de borriquillos que descendían de las alturas, cargados de nieve, con destino a Granada para el consumo diario. Los arrieros nos saludaban al pasar con el sacramental “vayan ustedes con Dios” y nuestro guía les lanzaban algún chiste acerca de la mercancía, que no llegaría a la ciudad y que se verían obligados a vender con destino al riego…”



LOS NEVEROS

Por entonces, y desde muy antiguo, unos pocos hombres esforzados eran los únicos que subían a la Sierra de manera regular:los neveros”(+Clic), los dedicados a recoger nieve en las alturas y, una vez protegida lo rudimentariamente que permitían los medios de aquella época  -con mantas de lana o entre pacas de paja, la cargaban en sus recuas de burros o de mulos y la traían a la ciudad para refrescar el agua o para granizarla en helados y sorbetes, a los que los granadinos eran tan aficionados. “Los neveros”, a cuyo menester fatigoso y hasta arriesgado se dedicaron familias enteras durante varias generaciones, llegaron a dar su nombre al camino que recorrían habitualmente, a través de senderos angostos y resbaladizos que las vertientes del Genil y del Monachil, la Fuente de los Castaños, el Purche, las Crestas del Dornajo, Peñones de San Francisco, Laguna de las Yeguas, a la búsqueda de las umbrías y recodos donde abundaban los ventisqueros de nieves perpetuas. Refiriéndose a este “Camino de los Neveros”, tan popular y nombrado siempre en Granada, José Martín Aivar, lo califica de “la primera vía circulable de Sierra Nevada, que solo podía utilizarse en caballería o a pie, y que se hizo famosa por el uso que de ella se hacía”.





EL EXCURSIONISMO

A mediados del siglo XIX  empezó a extenderse una nueva afición: el excursionismo, el afán de andar a través de los campos en la montaña, sin otros propósitos que admirar paisajes, disfrutar de la vida al aire libre y practicar ejercicio. En definitiva, la gente empezaba a valorar lo que las ciudades le iban negando: un ambiente limpio y saludable. Era el reencuentro con la naturaleza. El mismo Pérez Galdós reconocía la diferencia: “no es lo mismo admirar la naturaleza desde la ventanilla de un tren o desde la terraza de un hotel”. Había que pisarla, que sentir la tibieza de la tierra bajo los pies. Y eso fue lo que hicieron los primeros excursionistas, muy escasos en número y mal interpretados por el resto de la población, que los consideraba personas ociosas, despreocupadas y caprichosas. Parece ser que la práctica del excursionismo -del que luego  derivarían el montañismo y el alpinismo-  empezó en España por Cataluña. Al menos, catalanas eran las primeras sociedades que estimulaban la naciente afición. Sin embargo, en 1814, ya se había publicado en Granada un curioso librito anónimo, titulado “Un viaje que han realizado dos amigos a Sierra Nevada, con el fin de saciar el apetito de su curiosidad, y no con otro objeto”, que puede considerarse un primer relato de excursionista por nuestra Sierra. Así que quizás nos anticipáramos.

De cualquier forma, no era lo mismo, sobre todo entonces, realizar excursiones por los hermosos parajes del Pirineo catalán y la sierra de Guadarrama, que subir a las alturas impresionantes de Sierra Nevada. Eso ya no era tan fácil, tan cómodo y placentero. Aquí había que arrostrar peligros sin cuento para poder disfrutar de los panoramas incomparables que nuestra Sierra reservaba sólo para los más audaces, lo más intrépidos. La escasez de caminos y lo despoblado de la zona, no eran todas las dificultades. Estaba, sobre todas, la propia grandeza de la alta montaña, con sus abismos y cortaduras, sus elevados cantiles, profundas cavernas, precipicios y ventisqueros, donde los deshielos de la nieve eran un riesgo más que añadir al paso de un excursionista confiado. “En los hoteles de Granada se podían pedir guías para las ascensiones  –dice Enrique de Obregón-, aunque era difícil encontrarlos ”.


DIEZ AMIGOS LIMITED

Por aquel tiempo, unos pocos granadinos empezaron a plantearse la posibilidad de disfrutar de aquella maravilla, tan cercana como desconocida. Sabemos de sus inquietudes, un siglo después, gracias a la abundante bibliografía del historiador Manuel Titos Martínez. Él nos advierte que “el acercamiento a Sierra Nevada por los granadinos fue ciertamente tardío”. Hasta 1882 no se organizó la primera excursión colectiva, protagonizada por la sociedad “El Fomento de las Artes”, creada para actividades culturales, entre las que se incluían esta práctica del excursionismo. ¿Y dónde mejor que Sierra Nevada? La iniciativa encontró entusiastas enseguida. En 1891, Valentín Barrecheguren y Alberto Álvarez de Cienfuegos, socios del Centro Artístico, organizaron otra subida colectiva, que marcó el comienzo de una nueva etapa en la historia de Sierra Nevada, ya que, a partir de esta experiencia, las excursiones organizadas por el Centro se institucionalizaron en los años siguientes.


Excursionistas del grupo "Diez Amigos Limited" en el año 1890

Como consecuencia de este ambiente surgió a poco una nueva sociedad excursionista de Sierra Nevada: la nombrada “Diez Amigos Limited”, una simpática peña que escogió su nombre por ser ése el número de sus componentes y por su propósito de no aumentarlos. Lo que empezó medio en broma, en 1898, terminó en serio y los miembros de la flamante asociación pronto conocieron a fondo los innumerables encantos de Sierra Nevada. La primera excursión la realizó el grupo en 1899 y tuvo un narrador de excepción: Nicolás María López en su libro “En Sierra Nevada”.

¿Recordamos los nombres de aquellos excursionistas afortunados que gozaron de una Sierra todavía virgen?: Alberto Álvarez de Cienfuegos, catedrático del instituto y Presidente de la sociedad “Diez Amigos Limited”; Paulino Ventura Traveset, impresor y secretario de la sociedad; Gregorio Fernández  Osuna, catedrático de la Facultad de Medicina; Eduardo Cobos Maza, profesor de la Escuela Normal; Antonio Álvarez de Cienfuegos, estudiante de Medicina; José Sánchez Pérez de Andrade, abogado; José Sánchez Gerona, artista, y Nicolás María López, bibliotecario de la Universidad. En cierto modo, los cimientos de la Sierra Nevada deportiva y turística de hoy, qué duda cabe que los pusieron estos hombres que acabamos de enumerar.


LOS ESQUÍES

A todo esto, nadie se ocupaba de esquiar. Los esquíes eran poco menos que desconocidos en España hasta comienzos de nuestro siglo. Sólo los muy viajeros al extranjero, en particular a los países nórdicos, tenían alguna referencia de aquel medio fácil y curioso para deslizarse cómodamente por la nieve. Se ignora, claro está, el nombre del inventor del primer par de esquíes, del mismo modo que tampoco se conoce el nombre del inventor de la rueda. Pero, gracias a vestigios históricos diversos, sabemos que el uso del esquí, en los países escandinavos y en Laponia, se remonta a épocas muy remotas. En 1908 se esquió por primera vez en España. Lo hizo un grupo de aficionados, en las nieves de los Rasgos de Peguera, cerca de Berga, en la provincia de Barcelona. En 1925, se inauguró la primera estación de deportes de invierno española en la Molina.


Para entonces, ya eran también relativamente frecuentes algunos incipientes  esquiadores en Sierra Nevada, donde el 6 de  Agosto de 1907, se había dicho la primera misa en las alturas del Veleta. Una anécdota bella y emotiva de la historia de nuestra Sierra. “El Defensor de Granada” del día dos, comunicaba así la singular noticia a sus lectores: “Por primera vez, desde la creación del mundo hasta nuestros días, va a celebrarse en lo más alto del Picacho del Veleta, el santo sacrificio de la Misa”. La ceremonia religiosa, a 3.470 metros de altitud, fue oficiada por el Magistral de la Catedral, Modesto López Iriarte. Entre los asistentes -bien abrigados, como el sacerdote, es de suponer-, Fermín Garrido, Miguel Rodríguez Acosta Lillo, Julio Moreno, José Méndez Vellido, Federico Márquez. “Salieron al amanecer de la víspera de la misa -contaba José Acosta Medina mucho después-, por el Camino de los Neveros, llegaron a mediodía a Fuente Alta, montaron campamento y a la madrugada siguiente para el Collado del Veleta, luego permanecerían en la Laguna las Yeguas, en cuatro tiendas de campaña”.



En 1912, se constituía la sociedad “Sierra Nevada”, otro paso más, y de gran importancia, para el conocimiento, la promoción y la divulgación de la Sierra. Pronto la semilla cundió y empezaron a verse animosos excursionistas, que se tiznaban la cara con corcho quemado para evitar los estragos del fuerte sol en la piel.

En 1919, el Duque de San Pedro de Galatino, que invertía una cuantiosa fortuna en ejecución del tranvía a Sierra Nevada, hizo construir un hotel al término de la línea. Fue otro impulso más para la Sierra granadina. Como lo fue el tranvía, puesto en marcha en 1925, con un recorrido pintoresco al máximo, de dieciocho kilómetros, desde Granada hasta Maitena, a mil metros de altitud, por bellísimos parajes del valle del Genil. No sorprende que la guía “Hachette” calificara esta excursión de “muy recomendable”. 

En 1931, Sierra Nevada, recibiría el mejor homenaje: El libro “Sierra Nevada”, de Fidel Fernández Martínez, uno de los hombres más polifacéticos de Granada de la primera mitad del siglo XX –médico, académico de Bellas Artes, conservador de la Alhambra-  y uno de los que más ha hecho por el conocimiento de nuestra Sierra. “Este libro -dice Enrique de Obregón- es el texto más bello jamás escrito por un enamorado de la montaña”. Hay aún quien recuerda, que al autor llegaron a llamarle el “Emperador de Sierra Nevada”.


BIBLIOGRAFÍA.-
“GRANADA. Un siglo que se va” de Juan Bustos Rodríguez.
“Sierra Nevada” de Fidel Fernández Martínez.
“Diez Amigos Limited” de Manuel Titos Martínez
"Los hombres neveros" de D. Francisco Pérez-Rejón Sola



NITO


domingo, 29 de septiembre de 2019


ANTECEDENTES DEL AEROPUERTO DE GRANADA



CADA DE LOS 20

El aeropuerto de Armilla y el avión “Granada”.-

Ya vimos, en una primera aproximación, cómo el final de la década de los 40 había sido un calvario para la aviación comercial granadina. Seguimos relatando el desesperante devenir  de la creación del aeropuerto que pone de los nervios al lector más templado. Menos mal que la obra de la que libo, de José Luis Entrala, está impregnada de un fino humor y jocosidad, a la vez que que nos muestra el gran conocimiento de la sociedad granadina. 

       
“…Hizo falta una guerra para que Granada tuviera un aeropuerto, aprobado y construido a una inaudita velocidad.
En 1921 la gente de Armilla ya se estaba acostumbrando a ver volar los endebles aviones de la época que hasta se atrevían a tomar tierra en los llanos sin necesidad de pistas, radares ni ayudas de vuelo. Algunos de ellos eran aviones militares que hacían escala casi forzosa en su ruta a los campos de batalla del norte de Marruecos  donde España libraba  una feroz y absurda guerra colonial. En julio de aquel año llegó en estas condiciones, un avión Bristol de la “Compañía Española de Navegación Aérea S.A”, con capacidad para cuatro pasajeros, que provocó el siguiente comentario de la prensa:

De Havilland DH.9 de CETA (Compañía Española de Tráfico Aéreo) en 1922. El avión era un DH.9 militar modificado a base de sustituir el puesto trasero del observador-ametrallador-bombardero por dos asientos para pasajeros, cubiertos por una especie de caperuza con dos estrechas ventanas sin cristales.

Con motivo de este arribo a los llanos de Armilla, ha vuelto a hablarse del positivo beneficio que significaría establecer allí un aeródromo oficial, tanto por la situación geográfica como por las excelencias del campo.  Y seguramente si nuestro ayuntamiento -después de ponerse al habla con el de Armilla-  realizara esta gestión, tal vez lo consiguiera.
El periodista José Acosta (Ideal, 29.09.1963) recuerda que en ese verano de 1921 hubo una reunión en el Gobierno civil para tratar del aeropuerto. Allí estuvo el alcalde de Granada, Germán Gil de Gibara (el de las tres ges), que el doce de Agosto recibe la sorprendente propuesta de Don Antonio (o Antonino) Gil dispuesto a regalar sus terrenos en los llanos de Armilla. Se lo comunica el Alcalde al Ministro de Guerra y, a vuelta de correo, el General Echagüe, director de la Aeronáutica  Militar, acepta la oferta.

El biplano de Lucien Demazel que voló en el Hipódromo de Armilla 
el 28 de mayo de 1913. (Archivo E. Atienza, gentilrza de M. Echevarría)

Los acontecimientos se precipitaron y el 17 de septiembre se recibió un telegrama del ministro Echagüe pidiendo que se allanen los terrenos previstos para mandar enseguida una escuadrilla de aeroplanos y un parque de tiendas de campaña que alojarán a los soldados mientras se construyen los hangares y talleres necesarios. Don Germán Gil llama al arquitecto Cendoya que, con una cuadrilla de obreros municipales y ¡…en un solo día!, alisa el campo. El 27 llegan los dos primeros aviones militares, en escala de su viaje hasta la zona de guerra de Nador, y desde aquel momento el flujo de aviones es continuo aunque el Ministerio de la Guerra tardó hasta el nueve de diciembre en librar las las primeras 250.000 pesetas para las obras del aeródromo de Armilla, que ya se llaman así oficialmente. Con este cuarto de millón se construyeron cuatro hangares de 484 m², nave de talleres, garaje, vivienda de las tropas y de los oficiales. Incluso se especula con la posibilidad de adoquinar la carretera hasta Granada.



Inauguración del aeródromo de Amilla. El general Echagüe acompañado del capitán Manzaneque se aproxima a saludar a los pilotos que volaron en aquella histórica jornada de 20 de junio de 1922 (Archivo E. Atienza)

El Comandante Luis Dávila que ha sido nombrado jefe del aeródromo y no para de dar la vara a todo el mundo para que las obras se concluyan en el plazo fijado. Y, aunque parezca mentira, así ocurre. El 20 de junio de 1922 se inaugura oficialmente el flamante aeródromo, nadie decía entonces aeropuerto, con cinco aeroplanos volando majestuosamente sobre la vega. Los elogios llueven de todas partes y con el sentido de la exageración que caracteriza a los granadinos pasamos de la nada a disponer del mejor aeródromo de España (La Publicidad, 04.04.1922) edificado en un lugar inmejorable y que “ha dado una gran importancia a Granada.” El campo tenía una superficie de 900 por 500 metros, los hangares estaban terminados y hasta cuenta con un estanque de riego de 380 m² que se surte de un nacimiento de agua propio.

Varias décadas después la balanza se inclinará al lado opuesto y el aeropuerto, ya con ese nombre, será un desastre donde los aviones no pueden aterrizar cómodamente por lo inadecuado de su situación y lo inclinado del terreno.
El ayuntamiento de Granada se lo tomó con calma y dos años después no había firmado las escrituras de los terrenos regalados por Antonio Gil, ni los de otros vecinos (comprada y no pagadas aún). Pero el asunto no pasó a mayores,   Armilla siguió siendo camino y posada para los aviones que luchaban la cruel guerra de Marruecos y también para los primeros intentos de transporte de pasajeros civiles que empezarán muchos años más tarde. Además de acelerar al máximo la construcción del aeródromo, la guerra de África provocó un movimiento de solidaridad que se tradujo en la compra de un avión de guerra, bautizado con el nombre de “Granada”, mediante suscripción popular. Fue un idea de Don Bruno Portillo que el Centro Artístico acogió inmediatamente abriendo la suscripción donde las autoridades predican con el ejemplo: Diputación, 1500 pesetas. Ayuntamiento, 1.000. Gobierno civil 250. Arzobispado 250 (¡Para comprar un avión de guerra...!), y muchas cantidades menores de establecimientos como los hoteles Nuevo Oriente y Suizo y particulares como el actor Fernando Granada.... Visto el éxito se encarga el avión a la Havilland inglesa y la escuela de Artes y Oficios elaboró una placa de 70x70 con la leyenda “Granada al Ejército español”.

Magnífica acuarela de J. Abellán sobre el De Havilland


Pero no podía faltar la polémica que surge ante la propuesta de colocar en el avión la imagen de la Virgen de las Angustias. El pretexto es que se trata de una “guerra Santa” contra el islamismo marroquí, un duelo Dios-Alá que la Virgen debe presidir junto a la ametralladora del avión de combate granadino. Menos mal que se impuso la sensatez y la opinión de Fernando Gómez de la Cruz (director de La Publicidad) a riesgo de quedar señalado como impío ateo por el fundamentalismo religioso de la sociedad granadina de entonces. La Virgen de las Angustias pudo respirar tranquila en su camarín de la Carrera al no verse mezclada en los intereses económicos de la cruenta guerra de África.

 El 21 de febrero de 1921 se entrega al avión Granada al Ejército. Fue en acto agridulce porque el deseo de todos era hacerlo en Granada pero hubo que hacerlo en Madrid con la presencia de la reina Victoria Eugenia, la bendición del Obispo de Sión y posterior banquete en el Ritz.
Otra instantánea del  mismo avión

Hasta mediados de mayo no vieron los granadinos “su avión” que según las crónicas era “el más grandioso y soberbio de los que hay en Armilla” y tenía las siguientes características: Fabricado por la casa Havilland, con un motor Napier de 456 caballos, 1906 kilos de peso y velocidad media de 200 km/h que hoy alcanza cualquier coche utilitario. Su calidad de “guerrero” venía dada exclusivamente por una ametralladora situada junto al asiento del observador. Nada de bombas ni otras zarandajas.
 El piloto designado para el Granada fue el Capitán Sáenz de Buruaga que,  el 17 de mayo de 1922, llevó como pasajeras, en un vuelo de exhibición sobre la ciudad, a las hijas del Presidente de la Diputación que para eso era la institución que más dinero había puesto. Pilar y Manolita Hitos pasaron un día de locura entre la emoción del vuelo y  el contacto directo con uno de los héroes de la aviación española.

Fue entonces cuando se rindieron cuentas de la compra. Se habían recaudado 108.126,73 ptas. El avión costó en Inglaterra. 83.981,730 pts.  Como vino empaquetado y por barco, los gastos de transporte fueron de 5.000 pesetas, a las que se sumaron las 1.200,80 de los actos de entrega y bendición, y las 413 de la placa de la Escuela de Artes y Oficios. 

Observarán que sobraron 17.510,28 ptas. Con ellas la comisión organizadora decidió obsequiar a los 3.000 pobres más pobres de Granada con sendas raciones compuestas por dos kilos de pan, uno de arroz, bacalao y patatas, medio de garbanzos, y un litro de aceite…”


 Biblografía.- 1) José Luis Entrala: Granada: Un siglo de anécdotas.
                        2)  Revista Aeroplano
                        3)  Prensa local:"La Publicidad" e "Ideal"
                        4)  Enciclopedia de Aviación Militar española


Biplano "Bristol"  con motor Hispano Suiza de 300 HP  de la Compañía Española
 de Navegación Aérea de San Sebastián para sus viajes de pasajeros a Granada.




NITO




viernes, 30 de agosto de 2019

AL-MANDARI: EL GRANADINO QUE FUNDÓ TETUÁN


El castillo de Píñar
Lo vio venir y no se fiaba ni de su sombra. ¡Qué inteligente! ¡Qué valiente…! ¡¿De qué pasta estaban hechos aquellos hombres de la frontera…?!

Callejero de Píñar

Al-Mandari Alcaide de Piñar
Las Capitulaciones para la entrega de Granada celebradas en Santa Fe en 1491 fueron acogidas por muchos granadinos como esperanzadoras, en la sana convicción de que les depararían una coexistencia cordial con los invasores cristianos. Otros en cambio, como Sidi Alí al-Mandari, el valeroso alcaide de la fortaleza de Píñar, habían comprendido desde el primer momento que ello era prácticamente imposible. Tras la caída de toda la comarca de los Montes Orientales en 1485, nuestro protagonista no quiso ver lo que vendría después. Ni aceptó la sumisión del vasallaje a los cristianos, ni acometió la tarea numantina, heroica pero inútil, de la defensa de Granada. (1).

Tetuán desde su Alcazaba

Desde el castillo de Píñar como cada noche, Al-Mandari  podía ver el fuego de Torrecardela que controlaba la zona del río Fardes y la Hoya de Guadix a través de las atalayas de Pedro Martínez. Este espacio fronterizo de Barylat (Los Montes), estuvo constantemente puesto a prueba ante los cada vez más frecuentes ataques castellanos.
“Pero  esta noche será la última guardia del Castillo de Píñar en manos de árabes, Ala así lo ha querido y por la mañana partiré con algunos de mis mejores y más fieles guerreros nazaríes rumbo al exilio en tierras africanas. El abandono de esta fortaleza lo hago voluntario. No seré un títere más dentro de este circo de codicia y cobardía. El destino del Castillo la historia lo escribirá, pero mi destino lo escribiré yo con pulso firme en otras tierras”.

 Abúl Hassan Áli Al-Mandari Al-Garnati, conocido como Sidi Al- Mandari o simplemente Al-Mandari, fue poco después el fundador de Tetuán en Marruecos. (2)

La alcazaba de Tetuán  (foto tomada en 1942)

ALI AL-MANDARI, SIDI MANDRI (APROX 1450 - 1540)

Abu al-Hasan 'Ali al-Manzari al-Garnati al-Titwaní, más conocido como Sidi Mandri fue un militar de alto rango de los ejércitos nazaríes leales a Boabdil, además del último alcaide del poderoso castillo de Píñar, habiéndola rendido a los Reyes Católicos en 1485. Tras la caída de toda la comarca de los Montes Orientales, al-Mandri no aceptó la sumisión del vasallaje a los cristianos y se exilió a Marruecos, gobernado por los wattasíes.

Las murallas de su Alcazaba
Después vendrían Las Capitulaciones
El sentimiento de derrota se vio agudizado por el cautiverio del monarca nazarí que había caído en poder de los cristianos tras el cerco de Lucena en 1483, llevaron a Al-Mandari y a un grupo de fieles y bravos guerreros a ponerse a servicio del señor de Marruecos, en constante lucha con las guarniciones portuguesas.

Su papel en el reino de Granada y su pasado es una incógnita de la que sólo se conocen algunos datos proporcionados por León el Africano. Todo apunta a que Al-Mandri pertenecía a una noble familia granadina, siendo su abuelo Alí-Abd Allah Muhammad Al-Mandari según se cita en un documento fechado en el 1476 y que al parecer el cargo de alcaides de la fortaleza de Piñar, lo habrían ostentado otros miembros de su familia anteriormente.

Estuvo casado con una sobrina de Aben Comixa llamada Fátima quien sería apresada por Alonso de Cárdenas cuando vadeaba el río Genil y conducida hasta Pinos Puente, donde le aguardaba el Conde de Tendilla quien la encerraría en Alcalá la Real, hasta que fue libertada gracias a la mediación del propio Boabdil.

Acompañado por sus tropas y otros refugiados hispano-musulmanes se asentaron en el conjunto de ruinas que formaba Tetuán que había sido arrasada en el siglo XIV y XV por castellanos y portugueses respectivamente. Ochenta granadinos nazaríes comenzaron a construir casas en la parte denominada Al Balad, pero eran hostigados por la tribu de los Beni Hozmar, que reivindicaban la propiedad de este lugar. Informaron al sultán Mohammad Ach-Chaikh Al Wattassi quien les prestó unos soldados para protegerles además de escribir al gobernador de Chauen -otra población formada por gentes venidas de al-Ándalus- para que enviara a una persona competente que construyera una muralla defensiva. Mohammed ben Ali Al Mandari, un comandante de origen andalusí unió la ciudad, de la que fue gobernador y arquitecto. Es considerado como el verdadero fundador.
A los granadinos exiliados se debe la refundación de Tetuán y la
reconstrucción de la parte más antigua de su medina bajo la dirección de Sidi Mandri que la gobernó desde 1485 hasta su muerte.

Las mazmorras de Tetuán

Sidi Mandri fue un personaje longevo y a diferencia del resto de su vida anterior de la que pocos detalles se conocen, su muerte si puede fecharse de un modo casi exacto ya que el misionero sevillano Fernando de Contreras, redentor de cautivos, presenció los últimos años de vida del refundador de Tetuán al que pretendía convertir al catolicismo y que  sirvió posteriormente como mediador entre  Hasen Al –Mandari –su yerno- y la corte hispana. Fernando de Contreras relató a Sidi Mandri noticias de su lejana y querida Granada a la que nunca pudo regresar. (3)

Plano de la Alcazaba de Tetuán

Nota.- En recuerdo de tan importante contribución que hicieron los exiliados de Píñar a la historia de Tetuán, ambas localidades están hoy hermanadas.
¡Ah, y no, no es toda la historia de este personaje…! En breve contaremos cómo este bravo guerrero, que  gozó de una larga vida, fomentó y protegió el corso y se casó en segundas nupcias con Al Hurra, de origen andalusí, la mujer pirata mas terrible del mediterráneo occidental.


 BIBLIOGRAFIA.-
 (1) "Nuevas siluetas granadinas" de César Girón y Mª Dolores Fernández- Fígares.
(2) "Leyendas de nuestros pueblos" de José Manuel Fernández Martín
(3) Del legadonazariblog

NITO


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lunes, 15 de abril de 2019

DATOS INÉDITOS SOBRE EL CRISTO DE LA MISERICORDIA



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EUROPA PRESS (Miércoles, 7 noviembre 2018)


Una investigación de la Universidad de Granada (UGR) ha revelado toda la documentación oculta desde finales del XVII acerca del Cristo de la Misericordia, de José de Mora, una de las obras más importantes de la imaginería del Barroco, cuya réplica procesiona en la Semana Santa granadina cada Jueves Santo.

El Cristo de la Misericordia fue encargado por la familia del abogado de la Real Chancillería Juan de la Barreda a José Mora, artista bastetano que estaba asentado en Granada. Su fecha de hechura fue 1688 y el encargo se firmó por 2.000 reales. Además, el artista recibió de los Clérigos Regulares Menores, como pago complementario en especie, seis pinturas «de gran valor», según ha informado la UGR en una nota de prensa.


Estos detalles han sido desvelados por el investigador José Antonio Díaz Gómez, alumno de la Escuela de Doctorado de Humanidades, Ciencias Sociales y Jurídicas de la UGR e investigador del departamento de Historia del Arte, quien acaba de defender sobre el patrimonio de las órdenes del Oratorio de San Felipe Neri y de los Clérigos Regulares Menores.

El crucificado fue encargado a José de Mora para presidir la capilla funeraria de la familia propietaria en la iglesia de San Gregorio Bético. La Desamortización de Mendizábal estuvo a punto de provocar la pérdida de la imagen o su traspaso a manos privadas. «La misma investigación ha desvelado que el párroco de la cercana iglesia de San José aprovechó el periodo de dos años que tuvo la Junta de Bienes Nacionales para realizar el inventario» correspondiente a los conventos expropiados para que el Cristo de la Misericordia pasase a su templo, donde ahora es venerado.


La investigación realizada en la UGR también detalla que, desde un primer momento, se reconoció la gran valía de la imagen, que descansaba sobre una cruz lisa. Fue en 1740, cuando los letrados de la Real Chancillería quisieron fundar una hermandad con la imagen como titular, cuando los clérigos menores impusieron la realización de una nueva cruz más fuerte. En 1741, la actual cruz de taracea se adosó a la obra de arte.

Esa fue la condición para poder crear la hermandad y poder utilizar el crucificado de Mora en altares de cultos, toda vez que, por su gran valía, no se autorizaba sacarlo en procesión. La imagen comenzó a ser procesionada a comienzos del siglo XIX, tras la retirada de las tropas francesas de Granada.


Actualmente, procesiona una copia por puntos de Don Antonio Barbero Gor. La imagen original preside una capilla en la iglesia de San José, remodelada hace dos décadas con la colaboración de la Duquesa de Alba.



Cristo de la Misericordia de José de Mora.

SECRETOS DE LA HISTORIA.
La talla del Cristo de la Misericordia, único crucificado de gran formato conocido en la producción del escultor del rey José de Mora, se presenta como uno de los grandes hitos artísticos de la Escuela granadina y, más aún, del Barroco español.
A pesar de haber marcado un punto de inflexión en la escultura granadina, se trata de una obra de arte de la que se desconocían por completo sus orígenes. En consecuencia, la historiografía contemporánea había lanzado «diversas hipótesis carentes del respaldo de la documentación histórica«.
Los interrogantes que estaban abiertos quedan resueltos gracias a la investigación doctoral realizada por Díaz Gómez, en la que se ha basado un artículo científico que ha sido publicado hace dos años en la revista 'De arte' de la Universidad de León.
Con esta aportación, quedan documentados los orígenes de esta relevante escultura, fijados definitivamente en el año 1688, coincidiendo con el periodo de madurez artística de José de Mora en Granada.

UNA RESTAURACIÓN CAPITAL 
Desde el 26 de Febrero de 2016 al Cristo de la Misericordia de José Mora, no se le ha vuelto a ver procesionando  por Granada y con motivo de la celebración del año de la Misericordia.



Réplica del Cristo de la Misericordia, de Antonio Barbero (1975) 
que la hermandad procesiona anualmente /David García


La hermandad del Silencio de Granada recibió, en aquellos días, el consentimiento del arzobispo para que la cofradía pudiera procesionar con el Cristo de la Misericordia de José de Mora en el vía crucis extraordinario para esta ocasión.
Se trataba de una concesión extraordinaria que hizo el prelado granadino después de la petición formulada por la hermandad. De esta manera el crucificado original de José de Mora volvió a las calles granadinas después de 2009, cuando salió para participar en la "Passio Granatensis", aunque con motivo de la inestabilidad meteorológica finalmente no formó parte del vía crucis magno.
“…Este Cristo se nos está cayendo a peasos” –Decían las gentes.

LA HERMANDAD Y COFRADÍA
 Como es bien sabido por todos, venía siendo grande el deterioro de la imagen muy antes ya de su proceso de restauración, principalmente por estar conformada por múltiples piezas ensambladas que aumentan y disminuyen de volumen según las variaciones de humedad y temperatura ambiente.  En semejante situación resultó ser en extremo dañina y gravosa para el futuro de la talla, la exposición sobre Alonso Cano celebrada en 1967 en el Hospital Real, debido precisamente al enorme contraste entre la humedad y la umbría de la capilla de San José, con las cálidas salas del recinto expositivo, calculándose que bien pudieron agravarse las adherencias de las colas originales que unen a unas piezas con otras, y a que con el transcurso del tiempo se produjera un singular resquebrajamiento de las policromías. 

Continúan pasando los años y con ellos el patente deterioro de nuestra imagen, dando lugar a que entrados ya en el año de 1975 el equipo de escultores y restauradores de la Dirección General de Bellas Artes y de la Real Academia de Nuestra Señora de las Angustias, dictaminaran la total inmovilización de la imagen en su capilla de la Iglesia de San José, a fin que no se dañase más con los traslados y desfiles procesionales.





    
Deterioros manifiestos


Estudiada por la Hermandad y Cofradía la posibilidad de su sustitución, vino a celebrarse un contrato con el profesor y escultor granadino D. Antonio Barbero Gor, por el que éste se comprometía a realizar una copia por puntos de la extraordinaria imagen barroca que nos ocupa, y como no hay rosas sin espinas, este año se encontró la Cofradía con varias adversidades;  por un lado, la celebración del cincuentenario de su fundación, y por otro, ciertas inoportunidades de última hora que le iban a poner muy cuesta arriba la celebración de la Estación de Penitencia, y es que el templo de San Pedro, de donde parte tradicionalmente la Cofradía, estaba en obras;  de otra suerte, que parte de los costaleros exigiesen una cantidad adicional y desorbitada para sacar el paso, y todo esto sumado al contratiempo de tener aún inacabada la nueva imagen para las fechas de Semana Santa. 


A última hora vinieron las soluciones de urgencia, tal vez buenas para unos y no tanto para otros, pero soluciones al fin y al cabo, y así se vino a procesionar nuestro crucificado en su talla original tendido o recostado sobre unas angarillas portadas por los propios cofrades, iniciando su recorrido desde el vecino Convento de San Bernardo, para sortear riesgos previsibles y para que sufriera el menor daño posible.
 
No hay ni que decir que la Estación de Penitencia de ese año en su peculiaridad, fue toda una prueba de fe y del enorme espíritu de piedad y de sacrificio que animaba a los hermanos de esta Cofradía nuestra.  En lo sucesivo y con el transcurso de los años, hubo que esperar hasta 1994 para que tanto la imagen original como la gran cruz de taracea comenzasen su proceso de restauración en una acertada intervención dirigida con maestría y profesionalidad por la profesora Dª. Bárbara Hasbach Lugo.
  
Hoy recibe los cultos de su Hermandad y Cofradía a excepción de los de la procesión de penitencia, salvo el paréntesis introducido con licencia eclesiástica para su salida extraordinaria con motivo de la celebración de la Passio Granatensis que aconteció en nuestra ciudad en la tarde del Sábado Santo 11 de abril de 2009.


¿Y CÓMO ES ESTE CRISTO…?

Sereno y majestuoso, perfecto de proporciones, blando de factura, muy descolgado, es acaso, en opinión de Gallego y Burín, que es granadino, «el más bello de los Crucificados andaluces», aunque no ciertamente por la ensoñación mística con que lo razona.  
Tiene la mansedumbre compositiva del Cristo de San Plácido de Velázquez, dice de él Martín González y añade que contradice el barroquismo porque es la suprema quietud y rehuye lo sangriento. Aunque tal vez se asemeje más al Cristo de la Clemencia de Martínez Montañes, porque gira la cabeza a su derecha y no la hunde simétrica en el pecho como el de Velázquez.

Casi avanza el realismo positivista del siglo XIX diríamos por la veracidad en todos sus pormenores de la anatomía: planos musculares, tendones, ya todo relajado, pacífico, aunque la cabeza de rasgos judaicos aún conserva la huella congelada del dolor en las cejas contraídas. La cabellera revuelta se derrama sobre el torso espléndido fundiéndose dulce y pictóricamente con la piel de tonos marfileños ya cianóticos. Otras certeras pinceladas de sombra proyectan la muerte hacia el interior de las órbitas de los ojos, cuyo brillo apagado apenas traspasa las pestañas, como si el pintor quisiera trascender la obra genial del escultor. El brevísimo sudario de tela encolada cuelga de un cordón real, con lo que el naturalismo de este recurso «pone más de relieve el carácter ideal y simbólico de la cruz de taracea» (Otero).


TRES CRUCES
El Cristo de la Misericordia ha estado colocado en tres cruces distintas en las fechas siguientes: Sobre la primitiva de taracea cartujana en carey y marfil, objeto de la actual restauración, hasta el año 1926.  Sobre una de taracea granadina de ébano, carey, marfil y nácar, realizada por don Inocencio Molero Peche en 1926 hasta 1975. 
Y sobre una sencilla cruz plana de madera chapada, donada a la Cofradía con anterioridad por el Centro Artístico y Literario de la Ciudad de Granada, desde 1975 hasta 1995 fecha en que se retiró para hacer la restauración del Cristo, después de lo cual se volvió a colocar sobre la primera cruz mencionada, de carey y marfil.



La segunda cruz, la de taracea granadina y también restaurada, es la que actualmente lleva la réplica del Cristo que se encuentra en la iglesia del San Nicolás de Granada y que sale en procesión del Silencio el jueves santo.

Restaurando la cruz original


BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA.-

EUROPA-PRESS. Granada
GALLEGO Y BURÍN A.  Granada. Guía Artística.
JOSÉ ANTONIO DÍAZ GÓMEZ. Investigador del Departamento de Historia del Arte.
WEB COFRADÍA Y HERMANDAD DEL SILENCIO.



NOTA.- "La Murga de Nito" ya trató otros pormenores sobre el Cristo de la Misericordia  o del Silencio (el más bello Crucificado de España), en Marzo de 2015
https://nito-lamurga.blogspot.com/2015/03/la-leyenda-del-cristo-del-silencio.html

NITO