Nuestro gran pintor Pepe Carmona en uno de sus últimos certámenes participó con la acuarela titulada “El Balcón de los Pintores”, de la que realizó el siguiente comentario en el catálogo:
Prestigiosos pintores y fotógrafos retrataron este mirador con vistas a la Alhambra perteneciente a una vivienda de la calle Guinea, hoy en venta. El conocido balcón de los pintores, oculto entre muros y hierbajos, se desmorona debido al mal estado del inmueble sito en el Albaicín.
Estado actual del Balcón de los Pintores
Posiblemente sea el único balcón de sus características que quede en el Albaicín. Hubo uno similar en la calle Zenete, pero desapareció hace algún tiempo. Queda el consuelo de contemplar la fotografía de Arturo Cerdá que se conserva del peculiar mirador.
Algunos vecinos sostienen que el
nombre del ‘balcón de los pintores’ viene dado por el interés de los artistas
en alquilar este espacio para retratar la Alhambra, pero una de las personas
que más sabe de pintura granadina, Juan Manuel Segura, mantiene que
la denominación obedece al interés de los propios creadores en reproducir en
sus lienzos el balconcillo por su imponente arquitectura.
Esta versión cobra más sentido si se
tiene en cuenta que no hace falta alquilar una casa para retratar la Alhambra.
En el Albaicín son innumerables los rincones con extraordinarias vistas a
la colina de la Sabika.
Segura recuerda a bote pronto las
obras del balcón de los pintores que han plasmado artistas como el
sevillano Manuel Osuna, Rafael Latorre, Enrique Marín, Isidro Marín y
Tomás Martín Rebollo, entre otros. También instantáneas de fotógrafos como Arturo
Cerdá o Abelardo Linares, éste último conocido por su estudio fotográfico en la
Alhambra.
Hoy sería
imposible captar la belleza de aquellos retratos. Si uno compara cualquiera de
aquellas obras con la imagen actual del lugar se percata rápidamente del escaso
cuidado que se ha tenido a la hora de conservar este rincón histórico. La
normativa o la disciplina urbanísticas no entienden de arte y tampoco de
historia.
Juan Bustos, al referirse al gran reto que supone para los pintores captar
la luz en Granada, afirma ser un abierto desafío para todos los artistas
que han querido reproducirla. El juego cambiante de sus tonalidades —gama
riquísima de sutiles naranjas, azules que se transforman en delicados violetas,
púrpuras disueltos en rosas increíbles—, es tan intenso, tan llamativo, que
despierta la atención hasta del observador más indiferente. Alejandro Dumas,
apreciaría el fenómeno —no en balde tenía una especial sensibilidad para
el color— y lo describiría con acierto en pocas palabras: Esta es una luz que
imprime a las casas y a las figuras una coloración cálida y vivaz que yo no he
encontrado hasta ahora sino aquí”.
No puede sorprendernos, por tanto, que
cada artista que viniera a Granada dispuesto a interpretarla, a «descubrirla»
con sus pinceles, buscara con ahínco el lugar idóneo para mejor lograrlo, el
emplazamiento más estratégico para captar un más luminoso paisaje. Entre todos
estos puntos, el llamado “Balcón de los Pintores" en el Albayzín, ha sido
desde muy antiguo uno de esos enclaves estratégicos.
En la tortuosa y pintoresca confluencia de Azacayuela
de San Pedro con Limón, este viejo y privilegiado mirador se abre a una vista
prodigiosa. Isidoro Marín lo pintó, en 1894, con técnica perfecta y una gracia
y sencillez admirables. En 1923, casi treinta arios más tarde, conservaba el
mismo aspecto, como atestigua la fotografía que reproducimos hecha entonces por
el maestro Torres Molina.
La imagen -admirada en toda España y la América
Española, porque se publicó en “La Esfera”, en uno de sus
números´- era de las que definía el Albayzín de la
época. Un Albayzín todavía, para su suerte, casi incontaminado de experiencias
arquitectónicas; el barrio donde vivía el poético espíritu de la tradición,
donde había encontrado refugio la leyenda con su eco de siglos, donde se
encerraba, en suma, el alma vieja y melancólica de la ciudad. «El Albayzín es
Granada, como Triana es SeviIla —escribía Enrique Hernández Carrillo—; porque
el Albayzín, con sus calles pintorescas, sus casas antiguas y sus rincones
misteriosos, guarda el tesoro de Granada y mantiene vivos sus emocionantes
recuerdos.
No exageraba en demasía el entonces presidente
de la Comisión de Fiestas y Turismo del Ayuntamiento granadino. El aliento
invisible de la poesía se dejaba sentir todavía fuertemente en el noble barrio
albaycinero. Y desde el «Balcón de los Pintores", aún se podía disfrutar
de la exaltación de la luz en un panorama de color incopiable.
NITO
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