martes, 31 de marzo de 2015

LA LEYENDA DEL CRISTO DEL SILENCIO



Una de las procesiones  que más me impactó, cuando presencié por primera vez la Semana Santa granadina, fue la  del Cristo de la Misericordia o del Silencio. Este magnífico paso sale en la madrugada del Jueves Santo con un austero cortejo por la Carrera del Darro.
El alumbrado público y privado se apaga al paso de la Cofradía con objeto de resaltar aún más la belleza del Crucificado al que ilumina un leve foco y sus cuatro hachones a su paso por las calles en un silencio sobrecogedor, acompasado tan sólo de un solitario y lúgubre tambor con la caja destemplada.


Cuenta la leyenda…
Esta antigua leyenda  (que yo ya había escuchado de mis mayores y leído muchas veces y en varias versiones),  está basada en el libro de José Manuel Fernández Martín “Las leyendas de Nuestros Pueblos”.
Era una noche oscura sin luna, las horas habían pasado sin darse cuenta y las calles estaban desiertas. Era así como a él le gustaba pasear por Granada cuando buscaba inspiración. De Plaza Nueva al paseo de los Tristes y allí por la Cuesta del Chapíz, a su casa en el “Carmen de los Mascarones” en el Albaicín.
José de Mora llevaba varias semanas dándole vueltas a la cabeza y el paseo nocturno siempre le había ayudado a encontrar la inspiración, pero en esta ocasión el encargo de los clérigos regulares menores de san Francisco Caracciolo, una imagen del Cristo crucificado para su nueva capilla hecha tras la renovación de la iglesia, se le estaba haciendo duro de imaginar.

En los días anteriores el genial artista había dibujado montones de bocetos para la escultura, pero ninguno le satisfacía. José de Mora era uno de los mejores imagineros de Granada y este encargo debía convertirse en  su obra maestra  y así poder expresar su gran devoción. La dificultad de expresar en la talla el sufrimiento de la pasión de Jesús y la agónica muerte le tenía absorbido y los dibujos que hasta entonces había realizado, no llegaban a reproducir con fidelidad las líneas y trazos que emanaban de su mente.
Con su paso tranquilo y sosegado José de Mora se encaminaba por la ribera del río Darro con dirección a la Cuesta del Chapiz, cuando una mirada despistada al río le dejó helado: Un bulto negro iba rodando entre las aguas  a merced de la corriente turbulenta hasta quedar encajado entre dos grandes peñascos del río.


José de Mora se arrojó al río pues reconoció, en el último instante, que el bulto era una persona y que podría necesitar ayuda.
Luchando contra la fuerte corriente y calándose hasta los huesos en aquellas gélidas aguas, pudo rescatar  el cadáver de un hombre de unos treinta años, muerto al parecer ahogado.
No vio alrededor a nadie a quien pedir ayuda pero, al observar con más detenimiento el rostro del cadáver, pudo ver  en su cara la penosa y dura agonía que tuvo que padecer  el ahogado al perder su vida. José de Mora vio en un instante lo que con tanta obstinación le habían negado las Musas. La inspiración artística  del imaginero se iluminó: Tenía ante sí lo que andaba buscando y sin pensárselo dos veces, cargó con el muerto   cuesta arriba hacia su estudio.
Pero la Cuesta del Chapiz, amén de larga, es una señora cuesta que si para cualquier persona es fatigosa, imaginen lo que sería con semejante “tara” a cuestas y con el miedo a ser sorprendido.
Tenía el maestro unos brazos robustos y fuertes hechos a manejar a diario grandes volúmenes de recia madera tallando a base de golpes de mazo, formón  y gubia, pero aún así, tuvo que pararse varias veces a recuperar el resuello. Al llegar al cruce con el Camino del Monte y en  una de esas obligadas “estaciones”, fue sorprendido por un conocido de las Cuevas del Sacromonte, que iba “destilando” etílico más de la cuenta.
-Buenas noches, maestro Mora…
-Buenas noches, vecino. –Contestó el maestro.
- Vaya “cebollón” lleva ese que cargas a cuestas, ¡hip! -¡Ende luego hay gente que no sabe mear lo que bebe, cohones…! ¡Espera, te echo una mano…!  -Mientras se dirigía hacia él dando tumbos.
-No hace falta, vecino. Sigue tu camino. A este lo dejo dos casas más arriba. ¡Gracias!
Sacando fuerzas de flaqueza, Mora apretó el paso temiendo otro encuentro impertinente, llegó  por fin a su casa dejando el cadáver en el taller.
Todo el resto de la noche lo pasó tomando apuntes y bocetos con el cadáver desnudo y a la sola  luz de las velas, buscando rasgos y volúmenes.
Cuando consideró que su inspiración quedaba plasmada para ejecutar su obra maestra, dio parte a las autoridades de su hallazgo, no sin tener algunos problemas incluso con la Inquisición…
Dicen las malas lenguas que llegó a crucificar al ahogado  en el taller, buscando realismo, pero eso no pasa de ser una mera especulación.
De lo que no hay ninguna duda es que la obra esculpida que hizo del Cristo de la Salvación, como se llamó primero y que posteriormente pasaría a llamarse de la Misericordia, es el más bello de los crucificados andaluces”, en opinión de Gallego y Burín.
Este Cristo sereno y majestuoso, perfecto en proporciones,  muy descolgado, que analiza los pormenores de su anatomía, venas azuladas, tonos cianóticos y marfileños de la piel, conserva la huella congelada del dolor en las cejas contraídas. Tantos datos forenses hacen que esta  historia pudiera ser creíble.
También recoge la leyenda  – pero esto ya es mucho decir-  que Jesucristo se apareció al maestro José Mora y le dijo: “…En quién te has fijado para sacarme tan bien”.



Descripción de la talla.
Esta  talla es el máximo exponente de la escultura de nuestra tierra en la representación del Crucificado, dentro del más absoluto clasicismo. Se trata de un crucificado de tres clavos sobre cruz plana de taracea. Muestra a Jesús de Nazaret ya muerto, con la cabeza inclinada sobre el hombro derecho y la barbilla clavada en el pecho. Los brazos forman un acusado ángulo, mientras las piernas se mantienen rectas excepto una pequeña flexión de las rodillas que mantiene el pie izquierdo sobre el derecho (al contrario de la mayoría de las representaciones). En las heridas de los clavos apenas se aprecian desgarraduras y casi no hay sangre, al igual que en la herida del costado de la que manan unos finos hilillos que recorren el torso hasta la cintura. Muestra por tanto una disposición serena, estática, sin torsiones agónicas, transmitiendo un reposo absoluto.


La cabeza, excepcionalmente bella, muestra claros rasgos semíticos. Sus párpados, muy abultados y entrecerrados, dejan ver los hundidos ojos de cristal. Las cejas tienen un marcado quiebro característico del escultor. La nariz es larga y ligeramente aguileña, se muestra afilada por la muerte al igual que los pómulos. La boca entreabierta muestra los dientes resecos entre los labios exangües muy dibujados y sombreados por un ligero bigote. Sobre el pecho cae la barbilla envuelta en una barba bífida que se desparrama. Estos elementos, bigote y barba, están realizados en parte a punta de pincel, y su relieve apenas se hace notar. El cabello suavemente ensortijado, forma ondas grandes y abiertas que caen sobre el hombro izquierdo hacia atrás, y en el derecho hacia delante. También parte de la cabellera, sobre todo la que cae sobre el pecho y el rostro, ha sido realizada a punta de pincel. La corona de espinas que porta es sobreañadida, de metal oscuro, no tallada, que en ningún momento distrae la atención hacia ella ni hacia los sufrimientos que causa.


Todo el cuerpo presenta una musculatura proporcionada, pero no desmesuradamente remarcada. Las manos están entrecerradas, algo poco frecuente en la escultura española. El cuerpo se mantiene erguido, recto, como si la muerte no le hubiese vencido aún. Es elegante y fuerte, sin llegar a proporciones hercúleas. El paño de pureza, de tela encolada tiene un característico y muy poco habitual tono carmín violáceo, y está ceñido a la cintura por una cuerda dejando al descubierto la cadera derecha. La tonalidad pálida de su cuerpo, muestra de la muerte, no se acompaña de cardenales, heridas, laceraciones, llagas, ni sangre en exceso.


Es el Cristo muerto, el entregado, el sacrificado. Mora lo aparta de luchar con la muerte, lo sitúa más allá de ella, más cercano a su triunfo sobre la muerte misma. Bajo sus carnes marfileñas, tiembla el misterio de la Resurrección.

NITO



miércoles, 11 de marzo de 2015

EL TIEMPO QUE SE DESVANECE


Esta noble y vieja casona palaciega en la calle Ballesteros –decía Juan Bustos en su “Laberinto de imágenes y recuerdos”, más parece paisaje de decoración teatral que finca verdadera. Interesante muestra de la arquitectura granadina de una época ya lejana.

“Solar del linaje de los Condes de Castillejo, el edificio –acaso levantado sobre una mansión musulmana que los Reyes Católicos donaron a algún vasallo distinguido que luego se ennobleciera-, debió de ser de los primeros de estilo renacentista que se hicieron en Granada.


Aunque sufrió transformaciones en siglos posteriores, de la construcción original se conserva bastante todavía. Por ejemplo la curiosa portada en esquina, con sillares de piedra arenisca formando ángulo con pilastras en las jambas, sobre las que se apoya un arco de medio punto, rehundido, para cobijar el escudo familiar entre dos elementos ornamentales en forma de las características bichas y las no menos frecuentes hojas. Sobre él, una cornisa moldurada en “pecho de paloma”  y un magnífico balcón en esquina, con columna corintia estriada muy interesante: En los dos extremos, pilastras profusamente decoradas con capiteles corintios.


Del primitivo edificio, se conserva también, en el interior, sótanos abovedados en piedra, artesonados con vigas talladas primorosamente, columnas de mármol blanco de Macael (en el patio), luciendo en sus capiteles el escudo de armas de los Condes.
Fue creencia extendida algún tiempo que diego de Siloe había sido el primer propietario de esta casa. Se llegó a tener por seguro que el gran escultor  y arquitecto, no solo había vivido en ella, sino que la había proyectado y construido. En alguna Guía se dijo que era “la casa de diego de Siloe” sin más pruebas que  el convencimiento del autor. Aquí sí estuvo en época reciente una academia. Ahora es residencia de un destacado poeta granadino.


El noble palacio, con la dulce pátina del tiempo dando a sus piedras el encanto melancólico  de lo viejo, es una grata sorpresa para el paseante de las calles del casco antiguo de la ciudad. Hay en esta casona nobiliaria de la calle Ballesteros, frente a la Plaza del Padre Suárez, a pocos metros del continuo tráfago del Realejo, una atmósfera, lo que en teatro se llama “un ambiente”. 


Cuadro de Valentín Barrecheguren, médico y pintor.- Cortesía de D. Santiago Oliveras. 

Cuando nos acercamos sentimos una manera sutil de emoción y se  hace en nuestra conciencia la certidumbre de que algo hay en este lugar que le da un carácter fundamentalmente distinto. El secreto está en esa fachada que nos mira, insinuante, evocadora. Azorín escribió acertadamente: “Hay que entender el lenguaje de las viejas mansiones, cuyas piedras nos dicen al cabo de los siglos lo que antes no podían decir: La tragedia del tiempo que se desvanece”.


Nuestra mirada hoy es de lo más inquietante: El aspecto de la casa en la década de los 80 (obsérvese la foto en blanco y negro), era limpio y cuidado, con visillos en sus ventanas y plantas en sus balcones. En la actualidad su aspecto es deplorable. Como vemos, su degradación va avanzando cada día que pasa. La Universidad de Granada iba a ubicar en él un edificio que funcionara como extensión del cercano Centro de Lenguas Modernas, pero por lo que se ve, el proyecto no ha llegado a cuajar, sumiendo al edificio en un lamentable abandono.
Mucho tiempo llevan ondeando las banderolas y carteles del grupo Fortuny anunciando su restauración, Ya podría el Ayuntamiento obligarles a no tener el edificio en tal estado de degradación, no apto ni para okupas siquiera.



NITO



EL AVIÓN “SOLAR IMPULSE”

El avión solar completa su primer vuelo nocturno.

El primer avión diseñado para volar día y noche sin combustible, aterrizó el pasado viernes, 9 de Julio, a las 9 de la mañana en el aeropuerto de Payerme (Suiza), tras completar con éxito su primer vuelo nocturno, El "Solar Impulse" HB-SIA estuvo en el aire 26 horas sin emitir ni un solo gramo de CO2, gracias a la energía captada por 10.750 células fotovoltáicas instaladas en sus alas. Tras la puesta de sol, los cuatro motores eléctricos del aparato siguieron funcionando gracias a la energía acumulada durante el día en sus baterías.

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"Estamos rozando el vuelo perpetuo", declaró eufórico a la agencia Reuters el padre del proyecto, el explorador suizo Bertrand Piccard (hijo del inventor del Batiscafo). El vuelo del HB-SIA ha sido el más largo de la historia de los aviones solares y el que ha alcanzado una mayor altura, 8.564 metros. Pero su gran logro ha sido demostrar "que la energía solar no tiene límites", ni siquiera la noche, como explicó el ingeniero Philippe Lauper, de la empresa Altran, responsable de buena parte del diseño de la aeronave.
Antecedentes: Los primeros intentos
La vuelta al mundo.
"Acabo de volar 26 horas sin usar una gota de combustible y sin causar contaminación", presumió el piloto y co-fundador del proyecto, André Borschberg, tras salir de la cabina del avión. Durante su aventura, el aparato alcanzó una velocidad de 126 kilómetros por hora, aunque la media del vuelo fue de tan sólo 43 kilómetros por hora.
El próximo objetivo del proyecto Solar Impulse, con un presupuesto de 40 millones de euros, es cruzar el océano Atlántico y, en un par de años, dar la vuelta al mundo haciendo escalas en los cinco continentes.


NITO

EL SEIS DOBLE VUELA DE NUEVO

Semblanza o ... ¡bravo por ti, Bravo!
Este abuelete que veis aquí es, nada más ni nada menos, que José M ª Bravo, el piloto cazador más famoso y veterano de "La Gloriosa", la Aviación de la República Española, posando ante el mítico "Rata" o "Mosca", el Policarpov I-16, su inseparable caballo de batalla con el que consiguió 23 derribos.
Luce el avión en su empenaje vertical una ficha de dominó, el famosísimo " Seis doble", la insignia de la unidad aérea de caza más poderosa de la aviación leal: La 3 ª Escuadrilla de Moscas de la cual fue su jefe indiscutible a los 22 años.

Foto tomada en Prat de Cabra en Agosto de 1938



El magnífico modelista colombiano Javier Ordóñez ha logrado magistralmente plasmar en este diorama y a escala 1 / 48, la vieja y conocidísima foto de guerra, mostrando a un sonriente y tranquilísimo Bravo dejándose afeitar por su ayudante Padín, minutos antes de entrar combate. Junto al estuche del barbero, y sobre el empenaje horizontal , descansan sus botas, su casco y su mono de vuelo .


Surcando de nuevo los cielos Madrid


El cabezón en una trepada vertiginosa a los mandos de Carlos Valle.

Este abuelete, de vida apasionante, ejemplo de compromiso, lealtad y sacrificio, que recientemente publicó un libro titulado "El seis doble" " donde cuenta sus peripecias y largo exilio, al que se le reconocieron sus méritos y le fuera concedido el grado de Coronel en nuestro Ejército, murió en Diciembre de 2009 a los 92 años. ¡Gracias, Bravo, por tu ejemplo de vida y por jugarte el bigote por la España en que creías! ¡Vuela alto...!



Mi réplica a escala 1 / 48 del mítico caza y que ya conocéis, luciendo una librea falangista.
EL PRIMER VUELO "OFICIAL" DEL MOSCA DE LA FIO


NITO

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LA AVIACION Y EL CORPUS EN GRANADA

Una cartelería fina y unos programas de mano de ensueño.

Tiempos de Corpus de 1914. Una cartelería fina la de esta década y unos programas de mano de ensueño. Una sociedad granadina refinada y amante de los deportes. Un programa de fiestas con espectáculos populares y unos organizadores que anhelan ver anunciados en sus programas de fiesta, como mínimo, “tres corridas de toros y dos tardes de aviación…”
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Bleriot XI
Así fue como empezó la actividad aérea granadina en el hipódromo de Armilla: Como espectáculo de feria, como curiosa novedad para atraer público.
Los periódicos de Granada afirmaban que “las tardes de aviación son otro de los números que no deben faltar del programa de festejos, como ejemplo de cultura y como medio eficacísimo para atraer a nuestra ciudad enorme contingente de forasteros”.

“Casi puede decirse que es un espectáculo desconocido en Granada y sin miedo puede afirmarse que contratando buenos aviadores, ha de ser uno de los números que más animación de a nuestra capital”.
4Belle Époque hasta en los comic
Así, y ante el apetitoso reclamo, fueron llegando una escogida panoplia de aviadores pioneros y sus locos cacharros. Veamos pues estas locas vicisitudes en aquel año y quienes fueron sus protagonistas:
Quizás Hedilla fuera el más famoso. Dicen las crónicas que embarcó su Vendôme en el ferrocarril y marcharon ambos para Granada para participar en la semana de Aviación que había convocado el Ayuntamiento, para dar realce a la fiesta del Corpus que iban a realizarse en el Hipódromo de Armilla, convertido en aeródromo.

Allí fueron llegando Julio Adaro con su monoplano Deperdussin con motor Gnôme de 80 hp, Manuel Menéndez también con Deperdussin con motor de 50 hp, Salvador Hedilla con su Vendôme, el belga Henry Tixier con su Bleriot XI con su motor Gnôme de 50 hp y el francés Jean Mauvais con su biplano Sánchez Besa con motor Renault de 70 hp.


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Salvador Hedilla en su Monocoque II
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Las pruebas comenzaron el miércoles 17 de junio con una prueba de clasificación. El viernes 19 se realizaron las pruebas de velocidad con un recorrido entre el hipódromo de Armilla y la Torre de la Vela, cubriéndolo dos veces y por último el viernes 19 se realizó la prueba de precisión en la cual los pilotos ascendían a 600 metros, realizaban tantas vueltas en espiral como pudieran y realizaban un aterrizaje de precisión, cuya referencia era una sábana blanca, sujeta en el suelo.

Hedilla, debido al mal funcionamiento de su motor, solo pudo obtener el cuarto puesto en la clasificación general, por lo cual recibió 2.000 pesetas, según estaba establecido como premio por su clasificación.
BiplanoSanchezBesa2 Jean Mauvais y su biplano "Sánchez Mesa"
NITO
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sábado, 28 de febrero de 2015

LA RUTA DEL DESTIERRO

La bonita localidad de Colliure
Visitar la tumba de Antonio Machado cualquier tarde, bajo la luz gris mineral de Colliure y el frio y húmedo viento de la tramontana zumbando, es algo que da la medida de las cosas. Las pasadas, las que vendrán, las que no habría que olvidar. La suya es una tumba pequeña, insignificante para la grandeza de quien la ocupa, casi anónima, tapizada de cartas y flores de quienes la visitan en peregrinación. Ellos recuerdan, estos días, que el 22 de febrero de 1939, hace hoy 75 años, el poeta Antonio Machado moría en esa tierra, donde había recalado sólo 26 días antes huyendo de las tropas franquistas.



El 28 de enero de 1939, hacia las 5.30 de la tarde, el joven ferroviario Jacques Baills miraba cómo en la estación de Colliure, bajo la lluvia, bajaban del tren, vacilantes, cinco personas con aspecto de refugiados españoles. Ante su desorientación Baills les indicó la dirección del hotel Bougnol-Quintana. Más tarde sabrá que bajo el nombre de Profesor Antonio Machado se han inscrito tres personas más: José Machado, su esposa Matea Monedero y la madre del poeta. Los dos primeros ocupan una habitación inferior, los dos últimos comparten otra en el primer piso. En cuanto Baills descubre que aquel hombre derrotado es el poeta que leía en su infancia se le regala dos libros de Pío Baroja y uno de Gorki. Los últimos que el poeta leerá.


Antonio Machado camino del exilio en la casa Santa María, en Raset, aldea próxima a Cervià de Ter (Gerona), entre el 23 y 26 de enero de 1939, con José Machado (de pie, a la derecha), el doctor José María Sacristán, el catedrático de ciencias naturales Enrique Rioja y el filósofo Juan Roura Parella.

"La madre, Ana Ruiz de Machado, de 84 años, no se tenía en pie. La cogió en brazos como una pluma el periodista Corpus Barga, mientras ella le musitaba al oído: “¿Llegamos pronto a Sevilla?", explica el periodista Xavier Febrés en Els últims dies de Machado (La Mansarda), libro en el que detalla las vicisitudes del último tramo de vida del poeta. Febrés, como corresponsal del periódico de Perpinyà L'Indépendent tuvo acceso en 1979 a valiosas fuentes. "Recuperé testimonios con la ocasión del 40º aniversario del éxodo de medio millón de republicanos en la demarcación fronteriza francocatalana. La opción cívica del poeta, voluntariamente inmerso en aquella avalancha humana tan mal acogida por las autoridades francesas, sigue viva entre las nuevas generaciones", explica el periodista, que jamás, en las últimas décadas, ha visto sin visitantes la tumba de Machado.

El ataúd, cubierto por la bandera Republicana, fue porteado por los soldados.

¿Por qué  bajaron en Colliure? Quince minutos más y, en Perpiñán, podrían haber sido atendidos en un hospital, el poeta de su bronquitis crónica y sus problemas de corazón y su madre de ese desgaste brutal. Pero no pueden con su alma. Llevan tres o cuatro noches sin dormir, son incapaces de continuar. Además, Machado se resiste hasta el último momento a abandonar España. Así lo dejó escrito: "Cuando pienso en un posible destierro, en otra tierra, que no sea esta atormentada de España, mi corazón se turba y conturba de pesadumbre. Tengo la certeza de que el extranjero sería para mí la muerte". Dos años antes decía "soy viejo y estoy enfermo porque paso de los 60, que son muchos años para un español".

El dia del entierro en el domicilio del poeta: Casa Quintana

Tampoco quiso Antonio Machado  -aunque tuvo oportunidad según Corpus Barga de aceptar un ofrecimiento de José Bergamín-  irse a París. Le evocaba un mal recuerdo: allí contrajo su amada Leonor la tuberculosis que la llevaría a la tumba. Se había casado con ella cuando apenas tenía 15 años y él 34 y su muerte le sumió en una absoluta depresión. Es entonces cuando Machado solicita su traslado a Baeza (Jaén), donde vivirá con su madre dedicado a la enseñanza. Con el estallido de la guerra civil se traslada a Valencia.

Allí estaba la Murga 

En abril de 1938 Machado llega con sus familiares a Barcelona y se instalan un mes, bajo la protección del subsecretario del Ministerio de Instrucción Pública, Wenceslao Roces, en el hotel Majestic de Paseo de Gracia. De ahí van a la Torre Castanyer, en el número 21 de Paseo Sant Gervasi.



Poco antes -el 27 de marzo de 1938- el poeta había iniciado su colaboración con La Vanguardia, un conjunto de 24 artículos (14 de ellos bajo el lema "Desde el mirador de la guerra"). El gran maestro -absurdamente será expulsado post mórtem del cuerpo de catedráticos de Instituto-  publica allí el último artículo de su vida el 6 de enero de 1939.

A principios de 1939 se inician, desde Barcelona, los preparativos para la expedición hacia la frontera y el 22 de enero, a las tres de la madrugada, forman la comitiva con coches y ambulancias militares facilitadas por el doctor José Puche, director general de Sanidad. Además de la familia Machado están los hermanos Joaquim y Josep Xirau Palau. Se alojan primero en la señorial masía Can Santamaría, a diez kilómetros de Girona, donde el poeta llega en tan malas condiciones que se desmaya. Royo Gómez le fotografía en el jardín de la casa, abatido, demacrado. Cae Barcelona. El día 26 prosiguen.

La comitiva del entierro

Llegan a Mas Faixat, donde se les une un tercer grupo de intelectuales entre los que figuran Josep Pous i Pagès, presidente de la Institució de les Lletres Catalanes, el poeta Carles Riba -le regala un poema a Machado- y Corpus Barga. El camino tortuoso -Armentera, Sant Pere Pescador, El Port de la Selva, Llançà, etcétera...- resulta extenuante para todos. A medio kilómetro del límite con la frontera les advierten de que ese tramo sólo puede hacerse a pie y así es como lo recorren, bajo la lluvia, Machado y su madre.

Varias veces tuvo que pedir ayuda Corpus Barga. En una ocasión presenta al poeta "como lo que sería Paul Valéry para un francés" y logra, a cambio, una estufa de leña; en Cervera les dejan un vagón vacío en vía muerta donde madre e hijo pasarán la noche a oscuras y sin calefacción. Machado llega a preguntarle a Carles Riba si sabe dónde puede empeñar un reloj para conseguir algo de moneda francesa.

Soldados republicanos porteando al poeta a su última morada 

Una vez en el hotel de Colliure el ánimo no mejora y él sigue por prensa y radio las noticias de la guerra. En el comedor prefiere comer en una mesa apartada para que no le molesten. José Machado recordaría cómo, días antes de su muerte, salen a pasear. Antonio, entre rachas de viento, le dice señalando las humildes casitas de pescadores: "Quien pudiera vivir ahí, tras una de esas ventanas, libre ya...".

"Los últimos cuatro días de Machado fueron agitados con momentos de conciencia y otros de delirio, en los que repetía: 'Adiós, madre; adiós, madre'", explica Febrés. A su lado, en otra cama, separados por una delgada tela, su madre en estado semicomatoso, agonizaba como él. El médico confirma que, a causa de su neumonía, nada pueden hacer.

La última casa del poeta: Casa Quintana

Finalmente, el día 22 de febrero, miércoles de ceniza, cerca de las cuatro de la tarde, fallece Antonio Machado en el hotel Bougnol-Quintana. Tiene 64 años. A la familia les ofrecen una habitación contigua para que puedan velarle sin que la madre se dé cuenta pero ella, entre delirios, abre los ojos y pregunta por Antonio. Le cuentan que se lo han llevado a un sanatorio para curarlo. Su madre llora y cierra los ojos. Tres días más tarde -el 25 de febrero, a las 8 de la noche- morirá en esa misma cama; su cuerpo será inhumado en un lugar reservado a los pobres del mismo cementerio, a una calle del hotel.

Su tumba: Siempre muy visitada en todo el año

Amortajan su cuerpo sólo con una sábana, luego fotografían su cadáver cubierto con la bandera republicana que, aquella misma noche, ha cosido Julieta Figueres. El entierro, civil, cuenta con representación de refugiados y autoridades republicanas y el féretro es llevado a hombros por seis soldados republicanos uniformados. Llegan tres coronas de flores: una del Gobierno, otra de la embajada en París y otra del Centre Español de Perpinyà. El elogio fúnebre corre a cargo de Zugazagoitia, compañero de Machado en La Vanguardia durante la guerra que será fusilado al año siguiente en otra tapia de cementerio, en Madrid.

Un día después del entierro llega a Colliure una carta a nombre de Antonio Machado ofreciéndole un lugar de lector en la universidad de Cambridge. Su hermano José les responde amablemente: "Lo enterramos ayer en este sencillo pueblecito de pescadores en un sencillo cementerio cerca del mar. Allí esperará hasta que una humanidad menos bárbara y cruel le permita volver a sus tierras castellanas que tanto amó". En un bolsillo del abrigo de Antonio, su hermano encuentra un papel arrugado con tres anotaciones: "Ser o no ser...", una cuarteta a Guiomar y un verso alejandrino, el último de su vida: "Estos días azules y este sol de la infancia...".

Aguantando la gélida y húmeda tramontana en Colliure

Nota.- Este relato está basado en distintos artículos de prensa nacional con motivo del 75º anniversaario de la muerte del poeta.


NITO

domingo, 15 de febrero de 2015

PUCHERICO DE TRIGO CON HINOJOS


Sin lugar a dudas, unos de los meses más fríos del año es febrero, pero si aparte hablamos de pueblos serranos de Granada, la temperatura puede llegar a congelar los termómetros. Hablar de Dílar, Güéjar Sierra, Pinos Genil,  Huétor de Santillán…, es hablar de frío en invierno y buenas nevadas y es que hablamos de pueblos, a  mil metros de altitud en las faldas de Sierra Nevada.



Receta, nostalgia y pervivencia  de los viejos potajes.-

Los lugareños de nuestros pueblos serranos, sabios y curtidos ante lo que el tiempo les depara, han sabido elaborar comidas para meter el cuerpo en calor y dotarlos de la energía necesaria.
Aquellos guisos se ponían a cocer toda la mañana y al fuego del carbón o el hogar. Su sabor era puro sobrio, como las viejas cocinas  de nuestra infancia que olían a aderezos, a chacina colgada, a puro campo.
Uno de los platos más tradicionales  de estos parajes es el Pucherico de Hinojos (con sus variantes propias y de la disponibilidad de la despensa),  platos calientes elaborados con materia del lugar, que a día de hoy se siguen cocinando y también se pueden degustar en los diferentes restaurantes del pueblo.
El Pucherico de Hinojos, elaborado en los ‘rincones’ o chimeneas de las casas, se convertía en la principal comida del día, tomándose como almuerzo o cena. Su principal ingrediente es el hinojo, pudiéndose acompañar con otras hierbas como las teticas de vaca o moquitos de vieja, además de trigo raspado y la pringue.
En el Ayuntamiento de Dílar, por ejemplo, se ha encargado de que estas comidas persistan en las nuevas generaciones y se trasmitan también a los visitantes del municipio. Para ello, en diferentes fuentes del pueblo (y en bellos mosaicos), se pueden leer las distintas recetas, sin obviar que todas estas comidas no sabrían igual si no se le añade el agua que emana de sus fuentes.



La receta del pucherico en esta variante es como sigue:

Ingredientes:
300 gramos de trigo limpio
150 gramos de garbanzos (dejados en remojo la noche anterior
250 gramos de magro de cerdo
100 gramos de tocino salado
100 gramos de casquería (oreja, rabo, espinazo)
500 gramos de morcilla de cebolla.
100 gramos de patatas
Azafrán en hebras
Un puñado de Hinojo fresco
Sal
Agua


Preparación:
Humedecemos el trigo y después lo majamos en un mortero de madera para quitarle la cascarilla (o lo compramos ya limpio y sin piel).
Lo lavamos bien. En una olla ponemos a cocer el trigo, los garbanzos, los hinojos (picados en rodajas finas), el tocino, la oreja, las manitas, y la carne magra de cerdo.
Dejamos que se haga todo, a fuego lento, durante 2 horas.
Mientras cortamos las patatas en trocitos.
Al cabo de ese tiempo añadimos a la olla, la morcilla, el azafrán, sal y las patatas.
Cuando estén cocidas estas patatas (20 minutos aproximadamente) retiramos la olla del fuego y dejamos reposar una media hora antes de servir.

Por supuesto, acompañado todo con el vino mosto de la tierra, que es excelente.


La poesía en estos potajes también existe.-

1/ Versión: Empedrado con judías y papas (Tomado de “El Alcázar de Venus”)

Se dice que el empedrado
es menester de albañiles,
más si se atreve el lector
con lo que ahora aquí sigue,
se encontrará satisfecho
una vez que bien lo guise,
ya que judías y papas,
junto a otros perejiles,
es el plato que en los cielos
prefieren los querubines;
y los pobres que habitamos
en estos tristes confines
también lo saboreamos
si el cuerpo nos lo permite.


2/  Versión:    “Cocina andaluza para recitar” de Jósé A. Castillo:

SONETO

Paso previo: Remoja la legumbre
por la noche con sal y agua templada.
Pon en aceite virgen, troceada,
la mezcla de hortalizas en la lumbre.

Salpimienta: no tengas pesadumbre
de ponerle azafrán. Despepitada,
la pulpa de la ñora va mezclada
con el frito, cual dicta la costumbre.

Añade el agua, las legumbres
y el chorizo; con muy lenta cochura
déjalo hacer según se te aconseja.

¡Proteinas del pobre, tan sabrosas!
paladar de la infancia que perdura,
el garbanzo, la alubia y la lenteja.



NITO



Nota: Todas las fotos están tomadas de Internet