sábado, 29 de febrero de 2020

LOS CRÍMENES DE PUERTA LOBO





"Cuerda de presos" del pintor granadino José María López Mezquita.

Por estos días se cumple un siglo del horrendo crimen cometido por un clan gitano en el Puerto del Lobo (entre Lanteira y Válor). A pedradas, puñaladas y disparos acabaron con la vida de dos guardias civiles que les detuvieron por cuatreros. Fueron perseguidos por la provincia y llevados a la capital para enjuiciarlos. Un consejo de guerra condenó a muerte a tres de ellosBuena parte de la sociedad granadina se movilizó para pedir la conmutación de las penas máximas por cadena perpetua, con nuevo alcalde de Granada a la cabeza: no se deseaba que a esta ciudad le cayese el baldón de cuatro personas pasadas por el cadalso. Incluso el verdugo local se quitó de enmedio. El alcalde Germán García Gil de Gibaja removió cielos y tierra para evitar aquel macabro espectáculo; cuando parecía que el presidente del Gobierno Eduardo Dato iba a firmar las amnistías, fue asesinado en Madrid. Tres de los gitanos fueron pasados por el garrote. A los dos guardias civiles asesinados se les acaba de homenajear en Ugíjar, cuartel al que pertenecían.

Así entraron en Granada los asesinos de Puerta Lobo
.
La crónica de Juan Bustos, sencilla y atrayente, la refiere como "Puerta Lobo":
"Tras unos pocos brotes posteriores de menor gravedad, la trágica epidemia de la “gripe española”  -también se le llamó “el soldado de Nápoles” por haber coincidido con una canción zarzuelera muy famosa-  pudo darse por extinguida en el invierno de 1919.

Para entonces, la opinión pública estaba impresionada con otro tema, con un suceso particularmente brutal que alcanzó repercusión en toda España: Los crímenes de Puerta Lobo, un lugar término de Ugíjar. Allí, la noche del 30 de octubre, dos guardias civiles, Cristóbal Ortega Rojas y Eugenio Guzmán Gamero, iban de camino hacia Granada llevando detenida una pareja de gitanos ladrones de ganado. Eran de la parte en Laujar, en Almería, y sus mujeres e hijos les seguían en la conducción.


MUNDO GRÁFICO.- Momento de la detención de tres de
 los Tartajas en los campos de Nerja. 

 En una parada para descansar, los cuatreros, en un fatal descuido de los guardias, se apoderaron de su armamento y los mataron a tiros. Lo más horrible sucedió cuando, incorporadas las gitanas y sus hijos, entre todos, mutilaron salvajemente los cadáveres, sometiéndolos a escarnios y vejaciones espantosas. Una vez consumadas aquellas bestialidades los gitanos huyeron con las caballerías robadas y las armas, municiones y correajes de los guardias civiles asesinados.

MUNDO GRÁFICO.- Francisco Utrera Gómez (14 años), condenado a 18 años de 
reclusión; Marcos Utrera Cortés (26), ejecutado; y Juan Utrera Cortés (37), ejecutado. 
Posan con los guardias civiles que les condujeron hasta Granada.

Hoy, qué duda cabe, estamos mucho más endurecidos en nuestra receptividad informativa. Nos salen al paso sucesos atroces como éste, o peores, continuamente. No hay periódico mi emisora que nos prive de nuestra dosis diaria de salvajismo, violencia, brutalidad. Pero entonces era distinto y España entera se conmocionó con los crímenes de los gitanos en Puerta Lobo. Hasta periódicos y revistas de Madrid hubo que enviaron a Ugijar y sus cercanías   sus reporteros más acreditados.


MUNDO GRÁFICO.- Entrada de la cuerda de presos a 
Granada por el Violón y a atravesar Puerta Real. 

El 2 de noviembre, la Guardia Civil capturaba a los fugitivos en Almuñécar, Vélez  de Benaudalla y Lanjarón. Su llegada a Granada el 16 de noviembre de 1919 concentró una gran multitud en las calles del trayecto hasta la cárcel. Poco después serían condenados a muerte. Se cerraba así un trágico episodio de la crónica negra española de 1919."

Cementerio de Nechite, donde reposan los dos guardias civiles inmolados

NOTA CURIOSA
El escritor británico Gerald Brenan atravesó el Puerto del Lobo a principios del año 1920, recién llegado a La Alpujarra. Era un camino muy transitado por arrieros y vendedores de pescado que hacían el trayecto entre la Costa y Guadix-El Marquesado. Al inglés le extrañó ver unas cruces en lo alto de aquella divisoria que une el camino entre Válor y Lanteira. Le explicaron que era en recuerdo del asesinato de dos guardias civiles a manos de un clan gitano, ocurrida pocos meses atrás. Le contaron infinidad de bulos y atrocidades en torno a aquellos crímenes, que Brenan recogió sin contrastar lo más mínimo en su libro Al Sur de Granada.

Placa homenaje a la memoria de los guardias civiles en el acuartelamiento de Ugíjar 
,

BIBLIOGRAFÍA:


Benemérita al día.Diario Digital no oficial.-

El Independiente de Granada.-
Juan Bustos: "Granada: Un siglo que se va".-



NITO
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domingo, 26 de enero de 2020

TREMOLACIÓN EN LOS MÁRTIRES



Precisamente estaba preparando este post sobre el Día de la Toma, cuando me topé, en la revista “ALHÓNDIGA”, con el finísimo artículo de Don Francisco Sánchez-Montes González. (Catedrático de la UGR).
Creo coincidimos en la conclusión: ¿Hacia dónde nos llevará la deriva de la Celebración en estos tiempos revueltos…?
“…Pues la intención de adulterar aquel acontecimiento, para instrumentalizarlo desde cualquier signo ideológico, ha hecho caer  su mera mención en polémica, en la manipulación de la historia, para olvidar la raíz de su significado y el contexto en el que se desarrollaron los hechos”.

La Toma de Granada, ya es una tensa tradición.
Partidarios y detractores cumplen con la celebración y llenan de gritos la Plaza del Carmen en una jornada en la que, a diferencia de otros años, ha vuelto la tensión. La Policía ha tenido que intervenir para evitar males mayores entre vecinos,
Pero “La Murga”  siempre quisiera ir más allá. Así, habrá de saber el avispado lector, que: Ni siempre se celebró el “Día de la Toma” el dos de Enero, ni siempre se tremoló el Pendón en el balcón del Ayuntamiento.
Ha tenido tantas variaciones y vicisitudes en estos 527 años de historia, que ya ninguna innovación nos extraña:
En 1939 tuvo lugar en el Carmen de los Mártires una especial celebración de la Toma, sólo para el Departamento de Filmografía de Falange.

A modo de explicación.- 1939, un año especial.
En los primeros días de 1939 la Guerra Civil que casi tocaba a su fin, se libraba la batalla de Cataluña y la República aguantaba cómo podía la ofensiva militar de Levante. En el resto del país habían concluido los grandes enfrentamientos militares, quedando reducida la actividad bélica a la actividad de guerrillas. Granada, ciudad sitiada desde el inicio del conflicto, continuaba en esta situación, pero la tensión del asedio había disminuido sensiblemente con el avance de las tropas nacionales. Cuatro meses después, el Primero de Abril, la rebelión sediciosa que conduciría al enfrentamiento entre españoles, concluiría con la proclamación del 30 de marzo y su lectura del uno de abril siguiente, del famoso bando militar que ponía fin a la Guerra Civil.
El enaltecimiento de los símbolos representativos del vencedor y de los principios de los que había basado su acción bélica iban a ser objeto de una especial exaltación. La celebración de la festividad de la Toma, la fiesta del dos de enero de Granada, sería considerada muy especialmente, al conducir directamente al recordatorio de la “Reconquista” y a la figura de los “Reyes Católicos”, sobre los que el General  Franco y su régimen recién instaurado en 1938, habían establecido su simbología política. Consta que el “Generalísimo” y su eficaz “aparato de propaganda” cursaron misivas y órdenes para que en aquel año, 1939, que luego sería considerado como “Primer año de la Victoria”, se hiciese un especial seguimiento de la ancestral celebración de la efeméride de la Toma de Granada.



Cambios en el ceremonial
La efemérides del dos de Enero de 1492 tenía un marcado simbolismo para el franquismo, la unidad, el imperio, el yugo y las flechas, el centralismo castellano, etcétera. Por ello, no podía pasar desapercibida como celebración para el régimen dictatorial instaurado en Burgos el año antes. La República aún no estaba del todo vencida, pero el ceremonial sufrió profundas transformaciones para adaptarlo –tristemente- al nuevo espíritu nacional. No pudo evitarse por tanto que los barones del réquiem impusieran sus miras en la fiesta. Las modificaciones en el ritual de celebración no sería esperar. Vendría de la mano, no de un apologeta del franquismo, sino de uno de los estudiosos más destacados de nuestro patrimonio, Jesús Bermúdez Pareja, que tras un riguroso análisis de los documentos históricos existentes al respecto de la celebración, añadiría elementos tan particulares y a la vez tan seductores para el nuevo régimen como, “una nueva forma de dar escolta al pendón real o la necesidad de tomar la espada del rey Fernando y la corona de la reina Isabel con un pañuelo de seda”.
Así pues, las modificaciones en el ceremonial de la Toma de Granada serían introducidas en 1939, siendo alcalde (el entonces llamado camarada), Gallego y Burín.


Cinematografía Nacional
Al socaire de los acontecimientos del nuevo régimen, en 1939 la Fiesta del dos de Enero fue proclamada como la -Fiesta de la Unidad Nacional-, considerado que ninguna otra fecha era más indicada para que la España de la Falange y del Movimiento evocase el ideal de Unidad de la Patria. En aquellos momentos se pensaba en el fragor de la contienda Civil que se luchaba por los mismos principios que inspiraron la reconquista concluida 447 años antes por los Reyes Católicos, en emulación falsaria de la auténtica historia de España.
Pero hay que reconocer que en 1939 fue el año en que por primera vez se filmase el acontecimiento festivo por un equipo del Departamento Nacional de Cinematografía de Falange Española Tradicionalista y de la J.O.N.S. -lo que luego sería el NODO-, suceso en torno al cual se cuenta la simpática anécdota, muy curiosa que a continuación sigue.

Una tremolación muy especial
Con ocasión de la grabación para el mencionado departamento de Falange, se desplazó hasta Granada un equipo del mismo, compuesto por los técnicos –camaradas- Bernardo Bernárdez y Ramón Sanz de la Orza. Este equipo habría de impresionar las primeras imágenes que se conservan del acontecimiento, “con la misión de captar las escenas de mayor relieve para ser inmediatamente proyectadas en los salones de espectáculos de la España Nacional”, dicen los documentos.
Pero sucedió que habiéndose acabado la cinta de filmación nada más comenzada la celebración de la plaza del Carmen, el acontecimiento no pudo grabarse según lo previsto. Puesto tan lamentable “accidente” en conocimiento del Gobernador Militar, éste, presto, llamó al alcalde, Antonio Gallego y Burín, al que conminó a que el acto se repitiese, dadas las expectativas del Movimiento y del propio “Generalísimo” en relación con el asunto. Como lógicamente no se podía repetir el acontecimiento, Antonio Gallego Burín tuvo la feliz idea de hacer una representación muy particular del acto de  tremolación, pero eso sí, evitando tener que salir al balcón del Ayuntamiento, en un acto, que los viandantes, seguro que sorprendidos, no entenderían, y que significaría, además, un grave atentado a la historia.



Desde el Carmen de los Mártires
Al día siguiente, 3 de Enero, el concejal elegido aquel año para realizar la tremolación, el joven arquitecto Miguel Olmedo Collantes, acompañado del Alcalde Gallego Burín, con el pendón bajo el brazo, seguido por el equipo de filmación de Falange, subieron hasta el carmen de los Mártires, previa solicitud del correspondiente permiso a sus propietarios, para desde el balcón principal, realizar de nuevo, la tremolación del Pendón Real de Castilla.
Con todos los atavíos, chaqué, chistera, medalla, acompañado únicamente del Alcalde y sólo para el equipo de filmación del Departamento Nacional de Cinematografía, Miguel Olmedo Collantes  repitió el grito por tres veces, a pleno pulmón, pero sin el pueblo congregado ante él, el ancestral: “ ¡¡¡Granada!!!  Que exige el ceremonial.
Además de la simpática anécdota histórica, lógico es que aquel de 1939 se ha considerado en justicia, el acto de tremolación menos concurrido de la historia. Las imágenes que se conservan en la Filmoteca Nacional del NODO así lo confirman. Por fortuna faltaron los vítores de: “¡España, España, España!”, que el día antes, en la Plaza del Carmen, habían sido profedidos enérgicamente por el Vicesecretario Nacional del Movimiento, Julián Pemartín Sanjuan, que obligadamente fueron respondidos por todos los congregados, con el: “¡Una, Grande, Libre!” “Arriba España”, de rigor impuesto por los cánones fascistas.



BIBLIOGRAFIA.- 
Revista "Alhóndiga".-Un 2 de Enero de 1492
Nuevas curiosidades granadinas. -César Girón
Granada hoy.- Prensa local

 NITO

miércoles, 25 de diciembre de 2019

DÓNDE NACIÓ JESÚS ?



¿ Jesús nació en Belén o en Nazaret ?
Al filo de la medianoche de esta Nochebuena, me hago la misma pregunta que todas las  Navidades sobre Jesucristo , y que hoy me han sido respondidas por un equipo de profesores de Historia y Teología de la Universidad de Navarra.
San Mateo dice de manera explícita que Jesús nació en «Belén de Judá en tiempos del rey Herodes» (Mt 2,1; cfr 2,5.6.8.16) y lo mismo San Lucas (Lc 2,4.15). El cuarto evangelio lo menciona de una manera indirecta. Se produjo una discusión a propósito de la identidad de Jesús y “unos decían: Éste es verdaderamente el profeta. Otros: Éste es el Cristo. En cambio, otros replicaban: ¿Acaso el Cristo viene de Galilea? ¿No dice la Escritura que el Cristo viene de la descendencia de David y de Belén, la aldea de donde era David?” (Jn 7,40-42).

El cuarto evangelista se sirve aquí de una ironía: Él y el lector cristiano saben que Jesús es el Mesías y que nació en Belén. Algunos oponentes a Jesús quieren demostrar que no es el Mesías diciendo que, de serlo, hubiera nacido en Belén y en cambio ellos saben (creen saber) que nació en Nazaret. El procedimiento es habitual en el cuarto evangelio (Jn 3,12; 6,42; 9,40-1). Por ejemplo, pregunta la mujer samaritana: “¿O es que eres tú mayor que nuestro padre Jacob?” (Jn 4,12). Los oyentes de Juan saben que Jesús es el Mesías, Hijo de Dios, superior a Jacob, de modo que la pregunta de la mujer era una afirmación de esa superioridad. Por tanto, el evangelista prueba que Jesús es el Mesías incluso con las afirmaciones de sus oponentes.

Gruta de la basílica de la Natividad donde nació Jesús

Éste ha sido el consenso común entre creyentes e investigadores durante más de 1900 años. Sin embargo, en el siglo pasado, algunos investigadores afirmaron que Jesús es tenido en todo el Nuevo Testamento por “el nazareno” (el que es, o el que proviene, de Nazaret) y que la mención de Belén como lugar de nacimiento obedece a una invención de los dos primeros evangelistas que revisten a Jesús con una de las características que en aquel momento se atribuían al futuro mesías: ser descendiente de David y nacer en Belén. 

Lo cierto es que una argumentación como ésta no prueba nada. En el siglo I, se decían bastantes cosas del futuro mesías que no se cumplen en Jesús y, por lo que sabemos —a pesar de lo que pueda parecer (Mt 2,5; Jn 7,42)—, no es posible que el nacimiento en Belén fuera una de las que se invocaran más a menudo como prueba. Hay que pensar más bien en la dirección contraria: porque Jesús, que era de Nazaret (es decir que estaba criado allí), había nacido en Belén es por lo que los evangelistas descubren en los textos del Antiguo Testamento que se cumple en él esa cualidad mesiánica. Todos los testimonios de la tradición avalan además los datos evangélicos. San Justino, nacido en Palestina hacia el año 100 d.C., menciona unos cincuenta años más tarde que Jesús nació en una cueva cerca de Belén (Diálogo 78). Orígenes también da testimonio de ello (Contra Celso I, 51). Los evangelios apócrifos atestiguan lo mismo (Pseudo-Mateo, 13; Protevangelio de Santiago, 17ss.; Evangelio de la infancia, 2-4).
En resumen, el parecer común a los estudiosos de hoy en día es que no hay argumentos fuertes para ir contra lo que afirman los evangelios y se ha recibido en toda la tradición: Jesús nació en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes.
Bibliografía
A. Puig, Jesús. Una biografía, Destino, Barcelona 2005;
J. González Echegaray,Arqueología y evangelios, Verbo Divino, Estella 1994;
S. Muñoz Iglesias, Los evangelios de la infancia, BAC, Madrid, 1990.

 NITO


lunes, 25 de noviembre de 2019

DIEZ AMIGOS LIMITED




SIERRA NEVADA, HORA CERO
La temporada de esquí en la estación invernal de Sierra Nevada ha comenzado este domingo 24 de Noviembre. El primer día se ha estrenado con dos horas de retraso sobre el horario previsto a consecuencia del mal tiempo. El viento y la escasa visibilidad han hecho imposible cumplir con el horario del primer día, en el que se previó abrir a las nueve de la mañana. Finalmente, ha sido a las once cuando se ha procedido a abrir las pistas.
 Las pistas que estrenan la nueva campaña se concentran en las áreas de Borreguiles  y El Río. Los remontes que se pondrán en marcha este fin de semana son: El telecabina  Al-Ándalus, las alfombras Dauro, Borreguiles y El Bosque, y los telesillas de las pistas bajas, Emile Allais, Veleta II y Veleta.
Se prevé que la estación permanezca abierta hasta las 17:00 horas.

Dicho esto, parece como que siempre fue así, que la Estación siempre estuvo ahí, que el granadino siempre conoció y disfrutó de su Sierra, y que el deporte de la nieve le viene de muy antiguo… Veremos –por contra- que no fue sencillo, que fue muy tardío y que los primeros aventureros y pioneros son de anteayer mismo…
Leyendo –entre otros- a D. Juan Bustos, cronista oficial de la ciudad de Granada, nos enteramos de muchos de estos

ANTECEDENTES:
Hace apenas algo más de un  siglo empezó la práctica del excursionismo en España, y la Sierra granadina figuró pronto entre los parajes más frecuentados y atractivos.

“A cinco o seis leguas de Granada hay una elevadísima montaña que, por tener siempre nieve, se llama sierra nevada, y no enfría mucho la ciudad en el invierno porque está al mediodía, y por el verano la refresca con sus nieves, de que usan mucho para beber en Granada en los grandes calores”.
(Andrea Navajero, embajador de Venecia.- S.  XVI )



Cuatro siglos después de la visita del ilustre diplomático de la República Serenísima -así se llamaba entonces en las cortes europeas a la poderosa nación abierta al mar Adriático-, Sierra Nevada seguía siendo prácticamente una desconocida para los españoles en general y para los granadinos en particular, que se contentaban con tenerla a la vista, como un paisaje familiar e incitante, pero sin sentir apenas curiosidad por disfrutar la aventura de ascender a aquellas cumbres, que parecían sobre coger en su aislamiento y soledad permanentes. Apenas unos pocos caminantes de los pueblos cercanos del Alpujarra, algún que otro buscador de plantas medicinales y, muy de tarde en tarde, la expedición organizada por un excursionista intrépido, eran los únicos en cruzar los paisajes serranos, abundantes en sorpresas y emociones de todo tipo, desde glaciares este incisivos, cortaduras profundas, abismos insondables, vertientes es sumamente peligrosas y alturas que solamente los Alpes aventajaban en Europa.  Es un espectáculo tan soberbio –decía Antonio Munilla en la revista “Por esos mundos” (1921)- que la pluma no acierta a describir lo que el alma sintió tan intensamente”.


Hasta cierto punto, Sierra Nevada fue un descubrimiento de los visitantes extranjeros. Puede parecer exagerado, y acaso lo sea, pero nadie puede negar que aquellos viajeros de tiempos todavía incomodísimos, hicieron circular por Europa las primeras referencias, mapas, itinerarios, descripciones de imágenes de un territorio desconocido, cuyas bellezas naturales, allá abajo, muy al sur, escapaban a toda ponderación.
Por si fuera poco, al pie mismo de escenarios tan hermosos se alzaba una ciudad pintoresca y exótica como ninguna otra de Occidente: Granada.  Así que Sierra Nevada y Granada aparecieron juntas en muchos de los primeros libros y relatos de viajes editados a principios del siglo pasado. Recordemos los nombres de Capell Broke, Samuel  E. Cook, Richard Ford, el barón de Davillier, Williams George Clarke, Louisady  Tenyson, Teófilo Gautier, entre los pioneros de lo que hoy llamamos el excursionismo. Fueron viajeros cultos, de curiosidad insaciable, que no se conformaron con recorrer toda España monumental de arriba a abajo, sino que también dedicaron su tiempo a conocer la fascinante variedad de los paisajes españoles, no menos abundantes y atractivos que el riquísimo patrimonio artístico de la nación que visitaban.

En las impresiones de aquellos lejanos viajeros abundaban las referencias a Sierra Nevada, a sus es inmensos e impresionantes panoramas, y a la gama infinita de sus luces –rosas, ópalos, azules, naranjas y verdes, según las horas y la situación-, que consideraron únicas en el mundo. “De tiempo en tiempo -escribía Gautier- nos encontrábamos hileras de borriquillos que descendían de las alturas, cargados de nieve, con destino a Granada para el consumo diario. Los arrieros nos saludaban al pasar con el sacramental “vayan ustedes con Dios” y nuestro guía les lanzaban algún chiste acerca de la mercancía, que no llegaría a la ciudad y que se verían obligados a vender con destino al riego…”



LOS NEVEROS

Por entonces, y desde muy antiguo, unos pocos hombres esforzados eran los únicos que subían a la Sierra de manera regular:los neveros”(+Clic), los dedicados a recoger nieve en las alturas y, una vez protegida lo rudimentariamente que permitían los medios de aquella época  -con mantas de lana o entre pacas de paja, la cargaban en sus recuas de burros o de mulos y la traían a la ciudad para refrescar el agua o para granizarla en helados y sorbetes, a los que los granadinos eran tan aficionados. “Los neveros”, a cuyo menester fatigoso y hasta arriesgado se dedicaron familias enteras durante varias generaciones, llegaron a dar su nombre al camino que recorrían habitualmente, a través de senderos angostos y resbaladizos que las vertientes del Genil y del Monachil, la Fuente de los Castaños, el Purche, las Crestas del Dornajo, Peñones de San Francisco, Laguna de las Yeguas, a la búsqueda de las umbrías y recodos donde abundaban los ventisqueros de nieves perpetuas. Refiriéndose a este “Camino de los Neveros”, tan popular y nombrado siempre en Granada, José Martín Aivar, lo califica de “la primera vía circulable de Sierra Nevada, que solo podía utilizarse en caballería o a pie, y que se hizo famosa por el uso que de ella se hacía”.





EL EXCURSIONISMO

A mediados del siglo XIX  empezó a extenderse una nueva afición: el excursionismo, el afán de andar a través de los campos en la montaña, sin otros propósitos que admirar paisajes, disfrutar de la vida al aire libre y practicar ejercicio. En definitiva, la gente empezaba a valorar lo que las ciudades le iban negando: un ambiente limpio y saludable. Era el reencuentro con la naturaleza. El mismo Pérez Galdós reconocía la diferencia: “no es lo mismo admirar la naturaleza desde la ventanilla de un tren o desde la terraza de un hotel”. Había que pisarla, que sentir la tibieza de la tierra bajo los pies. Y eso fue lo que hicieron los primeros excursionistas, muy escasos en número y mal interpretados por el resto de la población, que los consideraba personas ociosas, despreocupadas y caprichosas. Parece ser que la práctica del excursionismo -del que luego  derivarían el montañismo y el alpinismo-  empezó en España por Cataluña. Al menos, catalanas eran las primeras sociedades que estimulaban la naciente afición. Sin embargo, en 1814, ya se había publicado en Granada un curioso librito anónimo, titulado “Un viaje que han realizado dos amigos a Sierra Nevada, con el fin de saciar el apetito de su curiosidad, y no con otro objeto”, que puede considerarse un primer relato de excursionista por nuestra Sierra. Así que quizás nos anticipáramos.

De cualquier forma, no era lo mismo, sobre todo entonces, realizar excursiones por los hermosos parajes del Pirineo catalán y la sierra de Guadarrama, que subir a las alturas impresionantes de Sierra Nevada. Eso ya no era tan fácil, tan cómodo y placentero. Aquí había que arrostrar peligros sin cuento para poder disfrutar de los panoramas incomparables que nuestra Sierra reservaba sólo para los más audaces, lo más intrépidos. La escasez de caminos y lo despoblado de la zona, no eran todas las dificultades. Estaba, sobre todas, la propia grandeza de la alta montaña, con sus abismos y cortaduras, sus elevados cantiles, profundas cavernas, precipicios y ventisqueros, donde los deshielos de la nieve eran un riesgo más que añadir al paso de un excursionista confiado. “En los hoteles de Granada se podían pedir guías para las ascensiones  –dice Enrique de Obregón-, aunque era difícil encontrarlos ”.


DIEZ AMIGOS LIMITED

Por aquel tiempo, unos pocos granadinos empezaron a plantearse la posibilidad de disfrutar de aquella maravilla, tan cercana como desconocida. Sabemos de sus inquietudes, un siglo después, gracias a la abundante bibliografía del historiador Manuel Titos Martínez. Él nos advierte que “el acercamiento a Sierra Nevada por los granadinos fue ciertamente tardío”. Hasta 1882 no se organizó la primera excursión colectiva, protagonizada por la sociedad “El Fomento de las Artes”, creada para actividades culturales, entre las que se incluían esta práctica del excursionismo. ¿Y dónde mejor que Sierra Nevada? La iniciativa encontró entusiastas enseguida. En 1891, Valentín Barrecheguren y Alberto Álvarez de Cienfuegos, socios del Centro Artístico, organizaron otra subida colectiva, que marcó el comienzo de una nueva etapa en la historia de Sierra Nevada, ya que, a partir de esta experiencia, las excursiones organizadas por el Centro se institucionalizaron en los años siguientes.


Excursionistas del grupo "Diez Amigos Limited" en el año 1890

Como consecuencia de este ambiente surgió a poco una nueva sociedad excursionista de Sierra Nevada: la nombrada “Diez Amigos Limited”, una simpática peña que escogió su nombre por ser ése el número de sus componentes y por su propósito de no aumentarlos. Lo que empezó medio en broma, en 1898, terminó en serio y los miembros de la flamante asociación pronto conocieron a fondo los innumerables encantos de Sierra Nevada. La primera excursión la realizó el grupo en 1899 y tuvo un narrador de excepción: Nicolás María López en su libro “En Sierra Nevada”.

¿Recordamos los nombres de aquellos excursionistas afortunados que gozaron de una Sierra todavía virgen?: Alberto Álvarez de Cienfuegos, catedrático del instituto y Presidente de la sociedad “Diez Amigos Limited”; Paulino Ventura Traveset, impresor y secretario de la sociedad; Gregorio Fernández  Osuna, catedrático de la Facultad de Medicina; Eduardo Cobos Maza, profesor de la Escuela Normal; Antonio Álvarez de Cienfuegos, estudiante de Medicina; José Sánchez Pérez de Andrade, abogado; José Sánchez Gerona, artista, y Nicolás María López, bibliotecario de la Universidad. En cierto modo, los cimientos de la Sierra Nevada deportiva y turística de hoy, qué duda cabe que los pusieron estos hombres que acabamos de enumerar.


LOS ESQUÍES

A todo esto, nadie se ocupaba de esquiar. Los esquíes eran poco menos que desconocidos en España hasta comienzos de nuestro siglo. Sólo los muy viajeros al extranjero, en particular a los países nórdicos, tenían alguna referencia de aquel medio fácil y curioso para deslizarse cómodamente por la nieve. Se ignora, claro está, el nombre del inventor del primer par de esquíes, del mismo modo que tampoco se conoce el nombre del inventor de la rueda. Pero, gracias a vestigios históricos diversos, sabemos que el uso del esquí, en los países escandinavos y en Laponia, se remonta a épocas muy remotas. En 1908 se esquió por primera vez en España. Lo hizo un grupo de aficionados, en las nieves de los Rasgos de Peguera, cerca de Berga, en la provincia de Barcelona. En 1925, se inauguró la primera estación de deportes de invierno española en la Molina.


Para entonces, ya eran también relativamente frecuentes algunos incipientes  esquiadores en Sierra Nevada, donde el 6 de  Agosto de 1907, se había dicho la primera misa en las alturas del Veleta. Una anécdota bella y emotiva de la historia de nuestra Sierra. “El Defensor de Granada” del día dos, comunicaba así la singular noticia a sus lectores: “Por primera vez, desde la creación del mundo hasta nuestros días, va a celebrarse en lo más alto del Picacho del Veleta, el santo sacrificio de la Misa”. La ceremonia religiosa, a 3.470 metros de altitud, fue oficiada por el Magistral de la Catedral, Modesto López Iriarte. Entre los asistentes -bien abrigados, como el sacerdote, es de suponer-, Fermín Garrido, Miguel Rodríguez Acosta Lillo, Julio Moreno, José Méndez Vellido, Federico Márquez. “Salieron al amanecer de la víspera de la misa -contaba José Acosta Medina mucho después-, por el Camino de los Neveros, llegaron a mediodía a Fuente Alta, montaron campamento y a la madrugada siguiente para el Collado del Veleta, luego permanecerían en la Laguna las Yeguas, en cuatro tiendas de campaña”.



En 1912, se constituía la sociedad “Sierra Nevada”, otro paso más, y de gran importancia, para el conocimiento, la promoción y la divulgación de la Sierra. Pronto la semilla cundió y empezaron a verse animosos excursionistas, que se tiznaban la cara con corcho quemado para evitar los estragos del fuerte sol en la piel.

En 1919, el Duque de San Pedro de Galatino, que invertía una cuantiosa fortuna en ejecución del tranvía a Sierra Nevada, hizo construir un hotel al término de la línea. Fue otro impulso más para la Sierra granadina. Como lo fue el tranvía, puesto en marcha en 1925, con un recorrido pintoresco al máximo, de dieciocho kilómetros, desde Granada hasta Maitena, a mil metros de altitud, por bellísimos parajes del valle del Genil. No sorprende que la guía “Hachette” calificara esta excursión de “muy recomendable”. 

En 1931, Sierra Nevada, recibiría el mejor homenaje: El libro “Sierra Nevada”, de Fidel Fernández Martínez, uno de los hombres más polifacéticos de Granada de la primera mitad del siglo XX –médico, académico de Bellas Artes, conservador de la Alhambra-  y uno de los que más ha hecho por el conocimiento de nuestra Sierra. “Este libro -dice Enrique de Obregón- es el texto más bello jamás escrito por un enamorado de la montaña”. Hay aún quien recuerda, que al autor llegaron a llamarle el “Emperador de Sierra Nevada”.


BIBLIOGRAFÍA.-
“GRANADA. Un siglo que se va” de Juan Bustos Rodríguez.
“Sierra Nevada” de Fidel Fernández Martínez.
“Diez Amigos Limited” de Manuel Titos Martínez
"Los hombres neveros" de D. Francisco Pérez-Rejón Sola



NITO


domingo, 29 de septiembre de 2019


ANTECEDENTES DEL AEROPUERTO DE GRANADA



CADA DE LOS 20

El aeropuerto de Armilla y el avión “Granada”.-

Ya vimos, en una primera aproximación, cómo el final de la década de los 40 había sido un calvario para la aviación comercial granadina. Seguimos relatando el desesperante devenir  de la creación del aeropuerto que pone de los nervios al lector más templado. Menos mal que la obra de la que libo, de José Luis Entrala, está impregnada de un fino humor y jocosidad, a la vez que que nos muestra el gran conocimiento de la sociedad granadina. 

       
“…Hizo falta una guerra para que Granada tuviera un aeropuerto, aprobado y construido a una inaudita velocidad.
En 1921 la gente de Armilla ya se estaba acostumbrando a ver volar los endebles aviones de la época que hasta se atrevían a tomar tierra en los llanos sin necesidad de pistas, radares ni ayudas de vuelo. Algunos de ellos eran aviones militares que hacían escala casi forzosa en su ruta a los campos de batalla del norte de Marruecos  donde España libraba  una feroz y absurda guerra colonial. En julio de aquel año llegó en estas condiciones, un avión Bristol de la “Compañía Española de Navegación Aérea S.A”, con capacidad para cuatro pasajeros, que provocó el siguiente comentario de la prensa:

De Havilland DH.9 de CETA (Compañía Española de Tráfico Aéreo) en 1922. El avión era un DH.9 militar modificado a base de sustituir el puesto trasero del observador-ametrallador-bombardero por dos asientos para pasajeros, cubiertos por una especie de caperuza con dos estrechas ventanas sin cristales.

Con motivo de este arribo a los llanos de Armilla, ha vuelto a hablarse del positivo beneficio que significaría establecer allí un aeródromo oficial, tanto por la situación geográfica como por las excelencias del campo.  Y seguramente si nuestro ayuntamiento -después de ponerse al habla con el de Armilla-  realizara esta gestión, tal vez lo consiguiera.
El periodista José Acosta (Ideal, 29.09.1963) recuerda que en ese verano de 1921 hubo una reunión en el Gobierno civil para tratar del aeropuerto. Allí estuvo el alcalde de Granada, Germán Gil de Gibara (el de las tres ges), que el doce de Agosto recibe la sorprendente propuesta de Don Antonio (o Antonino) Gil dispuesto a regalar sus terrenos en los llanos de Armilla. Se lo comunica el Alcalde al Ministro de Guerra y, a vuelta de correo, el General Echagüe, director de la Aeronáutica  Militar, acepta la oferta.

El biplano de Lucien Demazel que voló en el Hipódromo de Armilla 
el 28 de mayo de 1913. (Archivo E. Atienza, gentilrza de M. Echevarría)

Los acontecimientos se precipitaron y el 17 de septiembre se recibió un telegrama del ministro Echagüe pidiendo que se allanen los terrenos previstos para mandar enseguida una escuadrilla de aeroplanos y un parque de tiendas de campaña que alojarán a los soldados mientras se construyen los hangares y talleres necesarios. Don Germán Gil llama al arquitecto Cendoya que, con una cuadrilla de obreros municipales y ¡…en un solo día!, alisa el campo. El 27 llegan los dos primeros aviones militares, en escala de su viaje hasta la zona de guerra de Nador, y desde aquel momento el flujo de aviones es continuo aunque el Ministerio de la Guerra tardó hasta el nueve de diciembre en librar las las primeras 250.000 pesetas para las obras del aeródromo de Armilla, que ya se llaman así oficialmente. Con este cuarto de millón se construyeron cuatro hangares de 484 m², nave de talleres, garaje, vivienda de las tropas y de los oficiales. Incluso se especula con la posibilidad de adoquinar la carretera hasta Granada.



Inauguración del aeródromo de Amilla. El general Echagüe acompañado del capitán Manzaneque se aproxima a saludar a los pilotos que volaron en aquella histórica jornada de 20 de junio de 1922 (Archivo E. Atienza)

El Comandante Luis Dávila que ha sido nombrado jefe del aeródromo y no para de dar la vara a todo el mundo para que las obras se concluyan en el plazo fijado. Y, aunque parezca mentira, así ocurre. El 20 de junio de 1922 se inaugura oficialmente el flamante aeródromo, nadie decía entonces aeropuerto, con cinco aeroplanos volando majestuosamente sobre la vega. Los elogios llueven de todas partes y con el sentido de la exageración que caracteriza a los granadinos pasamos de la nada a disponer del mejor aeródromo de España (La Publicidad, 04.04.1922) edificado en un lugar inmejorable y que “ha dado una gran importancia a Granada.” El campo tenía una superficie de 900 por 500 metros, los hangares estaban terminados y hasta cuenta con un estanque de riego de 380 m² que se surte de un nacimiento de agua propio.

Varias décadas después la balanza se inclinará al lado opuesto y el aeropuerto, ya con ese nombre, será un desastre donde los aviones no pueden aterrizar cómodamente por lo inadecuado de su situación y lo inclinado del terreno.
El ayuntamiento de Granada se lo tomó con calma y dos años después no había firmado las escrituras de los terrenos regalados por Antonio Gil, ni los de otros vecinos (comprada y no pagadas aún). Pero el asunto no pasó a mayores,   Armilla siguió siendo camino y posada para los aviones que luchaban la cruel guerra de Marruecos y también para los primeros intentos de transporte de pasajeros civiles que empezarán muchos años más tarde. Además de acelerar al máximo la construcción del aeródromo, la guerra de África provocó un movimiento de solidaridad que se tradujo en la compra de un avión de guerra, bautizado con el nombre de “Granada”, mediante suscripción popular. Fue un idea de Don Bruno Portillo que el Centro Artístico acogió inmediatamente abriendo la suscripción donde las autoridades predican con el ejemplo: Diputación, 1500 pesetas. Ayuntamiento, 1.000. Gobierno civil 250. Arzobispado 250 (¡Para comprar un avión de guerra...!), y muchas cantidades menores de establecimientos como los hoteles Nuevo Oriente y Suizo y particulares como el actor Fernando Granada.... Visto el éxito se encarga el avión a la Havilland inglesa y la escuela de Artes y Oficios elaboró una placa de 70x70 con la leyenda “Granada al Ejército español”.

Magnífica acuarela de J. Abellán sobre el De Havilland


Pero no podía faltar la polémica que surge ante la propuesta de colocar en el avión la imagen de la Virgen de las Angustias. El pretexto es que se trata de una “guerra Santa” contra el islamismo marroquí, un duelo Dios-Alá que la Virgen debe presidir junto a la ametralladora del avión de combate granadino. Menos mal que se impuso la sensatez y la opinión de Fernando Gómez de la Cruz (director de La Publicidad) a riesgo de quedar señalado como impío ateo por el fundamentalismo religioso de la sociedad granadina de entonces. La Virgen de las Angustias pudo respirar tranquila en su camarín de la Carrera al no verse mezclada en los intereses económicos de la cruenta guerra de África.

 El 21 de febrero de 1921 se entrega al avión Granada al Ejército. Fue en acto agridulce porque el deseo de todos era hacerlo en Granada pero hubo que hacerlo en Madrid con la presencia de la reina Victoria Eugenia, la bendición del Obispo de Sión y posterior banquete en el Ritz.
Otra instantánea del  mismo avión

Hasta mediados de mayo no vieron los granadinos “su avión” que según las crónicas era “el más grandioso y soberbio de los que hay en Armilla” y tenía las siguientes características: Fabricado por la casa Havilland, con un motor Napier de 456 caballos, 1906 kilos de peso y velocidad media de 200 km/h que hoy alcanza cualquier coche utilitario. Su calidad de “guerrero” venía dada exclusivamente por una ametralladora situada junto al asiento del observador. Nada de bombas ni otras zarandajas.
 El piloto designado para el Granada fue el Capitán Sáenz de Buruaga que,  el 17 de mayo de 1922, llevó como pasajeras, en un vuelo de exhibición sobre la ciudad, a las hijas del Presidente de la Diputación que para eso era la institución que más dinero había puesto. Pilar y Manolita Hitos pasaron un día de locura entre la emoción del vuelo y  el contacto directo con uno de los héroes de la aviación española.

Fue entonces cuando se rindieron cuentas de la compra. Se habían recaudado 108.126,73 ptas. El avión costó en Inglaterra. 83.981,730 pts.  Como vino empaquetado y por barco, los gastos de transporte fueron de 5.000 pesetas, a las que se sumaron las 1.200,80 de los actos de entrega y bendición, y las 413 de la placa de la Escuela de Artes y Oficios. 

Observarán que sobraron 17.510,28 ptas. Con ellas la comisión organizadora decidió obsequiar a los 3.000 pobres más pobres de Granada con sendas raciones compuestas por dos kilos de pan, uno de arroz, bacalao y patatas, medio de garbanzos, y un litro de aceite…”


 Biblografía.- 1) José Luis Entrala: Granada: Un siglo de anécdotas.
                        2)  Revista Aeroplano
                        3)  Prensa local:"La Publicidad" e "Ideal"
                        4)  Enciclopedia de Aviación Militar española


Biplano "Bristol"  con motor Hispano Suiza de 300 HP  de la Compañía Española
 de Navegación Aérea de San Sebastián para sus viajes de pasajeros a Granada.




NITO