viernes, 30 de mayo de 2014

LA POESÍA Y LA MÚSICA EN GRANADA




La poesía y la música en la Granada de ayer (1.940 / 1.960)

Sonaban las campanas en las iglesias repartidas por la ciudad. Era la hora de los maitines (llamada al rezo antes del amanecer). Volvian a sonar, eran las ocho, primera misa de la mañana.
“¡Aquí, Radio Granada! Noticias”. Eran los primeros sonidos del día de aquella Granada que se despertaba lentamente. Luego, el trasiego del día a día. El ir y venir de los carros que entraban en la ciudad por la Avd. Calvo Sotelo, recorriendo parte de San Juan de Dios, Santísimo y Santa Paula para llegar al mercado de San Agustín (casi todas las calles tenían -siguen teniendo- nombre de santo o santa).


Este hecho siempre me llamó la atención. Quizás las mercancías eran protegidas de malhechores, así, pasando por estas calles, pues la verdad es que no había demasiado que llevar al hogar. Comenzamos a ver, por otra parte, cada vez más coches que con su mala combustión casi te ahogaban.


Los domingos era otra cosa, el silencio duraba, al menos, hasta las nueve. Todo el mundo se aseaba y se bañaba como podía. Había que prepararse para la misa dominical, temida por muchos, por los insufribles sermones y deseada por otros, aunque ambos tenían, creo yo, la misma intención, después del “podemos ir en paz”: Todo el mundo iba en busca del vermut. Eso sí, con gran parsimonia, sin bullas. Alguno que otro más desahogado económicamente aprovechaba para pararse en mitad de la calle donde requería al limpiabotas.


La Granada intelectual pisaba otros lugares y se despertaba más tarde (se había trasnochado en la tertulia, arreglando el país mientras se agotaba el liquido espirituoso poco a poco) El Centro Artístico era el santuario y la Cafetería Granada una de sus sucursales: Federico por aquí, Federico por allá. Era el poeta, el escritor y era “granaino”. Se podría decir que no importaba realmente el final que este alma de Dios había tenido, todo lo contrario, su fama fue en aumento día a día y esto para nuestra intelectualidad era el “no va más”.
Pero la vida seguía, la juventud (o sea, nosotros) continuábamos haciendo lo que se nos permitía a la vista y lo que no se nos permitía también pero sin que nos vieran. Teníamos a la “radio” de nuestro lado asistiendo al paso de Concha Piquer al Dúo Dinámico, sin apenas darnos cuenta. Nuestros padres asistieron entre atónitos y aterrados al ver la forma en que nos movíamos con los recién llegados bailes, el Twist, la Yenka, el Rock.


Sí, la vida seguía, en otros ambientes, en los barrios, en los pueblos, seguía habiendo verbenas. Allí estaba Paquito Rodríguez. En la capital Gelu o Miquel Ríos hacían estragos.
Eran otros tiempos, simplemente eso, otros tiempos. Hoy, en este encuentro, vamos a dar algunas pinceladas a ese cuadro que representó el paso de la niñez a la pubertad.


Ahora nos toca a nosotros pintar otro cuadro, el de los “mayores”; para mí es el de la edad activa porque no hay quien nos pare.

Casi todos los que en estos momentos nos encontramos esbozando ese cuadro, estamos sin saberlo, en la certeza de que éste puede ser si no el definitivo, sí el más interesante.



JUAN GÓMEZ

jueves, 15 de mayo de 2014

LA CASA DEL AMERICANO


A modo de sinopsis.-  El personaje y su obra: “El Americano”.

 Cuando en marzo de 1910 Juan Jiménez Guerrero compró varios solares para construir un nuevo edificio al comienzo de la calle, entregó un cheque por 120.000 pesetas.
Entonces nada hacía pensar en la construcción que hoy se levanta entre la avenida Constitución y la Gran Vía, sería una de los monumentos más emblemáticos de la ciudad.

Juan Giménez Guerrero, llamado popularmente ‘El Americano´ por ser uno de los inmigrantes enriquecidos que regresaron a España al terminar la Independencia, dio nombre al edificio que cuenta con tres casas independientes que ocupan toda la manzana.

De estilo cercano al modernismo barcelonés, acogió en su planta baja durante muchos años al café ‘El Americano´, muy frecuentado durante la primera mitad del siglo pasado.



Repasando los escritos del que fuera (para mi gusto) el mejor cronista moderno de la ciudad, Don Juan Bustos, me encuentro con la cónica que hace sobre este popular y bellísimo edificio.
“Este es  el magnífico  edificio de la Gran Vía, que siempre ha sido conocido popularmente como “casa del Americano”, por ser ese el apelativo que los granadinos de principios de siglo dieron al rico propietario de la finca. Se llamaba Juan Giménez Guerrero y -según contaba Manuel Martín Rodríguez en su estudio sobre la polémica calle- había adquirido, en marzo de 1910, por un importe de 120.000 pesetas, los solares necesarios para su construcción.


Son tres casas independientes las que componen este edificio, que ocupa una manzana completa como es sabido. Destacan en él, en su plano estrictamente arquitectónico, los fuertes ritmos contrapuestos de los huecos de balcones verticales, y las barandas con balaustradas horizontales. En la interesante fachada destacan también determinados elementos ornamentales modernistas, con formas vegetales, especialmente en los remates de la balaustrada que corona la casa. Interés especial ofrece, entre los muchos detalles afortunados del edificio, el cierre que ocupa dos plantas, con gran superficie, en el frente curvo de la finca, precisamente donde, en la planta baja, se distinguen los arcos rebajados de cantería. Una gran forma decorativa modernista en la coronación de la esquina. De singular atractivo la cuidada ornamentación con tallas diversas. Una relación visual irreprochable con las restantes construcciones del más próximo entorno completa este breve comentario de las cualidades y méritos de tan notable construcción.



Muy poco sabemos de aquel Juan Giménez Guerrero llamado popularmente el americano. Su compra de estos solares de la Gran Vía en 1910, doce años después de las pérdidas coloniales, hace pensar que pudo ser de los emigrantes enriquecidos que regresaron a España al consumarse la independencia de los últimos territorios del otro lado del Atlántico. Quizá alguno de sus descendientes pudiera aportamos más daros sobre su identidad. Lo cierto, a fin de cuentas, es que el edificio fue así llamado desde el primer momento.



En los bajos de la casa, hubo un café popularísimo, que se montó casi al mismo tiempo que el inmueble se inauguraba. El café se llamó también “el Americano”. Su propietario era un hombre muy conocido entonces: Enrique Carmona, que compartía su trabajo en el mostrador, con sus actividades come jefe de personal de la Plaza de Toros del Triunfo y como conserje de la tristemente célebre “Casa de los locos”, instalada entonces en el Hospital Real. Aquel primitivo café del “Americano”, estuvo siempre muy concurrido, tanto por la calidad de su café, a veinte céntimos en vaso grande, como por la simpatía y buen trato de su dueño, hombre servicial y amable de los que contribuyeron a la buena reputación de estos establecimientos en nuestra ciudad .



POST SCRIPTUM.-

Estaba buscando ángulo, cámara en mano, de la parte trasera del edificio (la que pasa más desapercibida, al no estar al paso cotidiano), cuando me topo con el amigo NINO.
Al  contarle lo que hago por aquí, y “en qué gasto mi tiempo libre”, me hace notar una curiosidad palpable en el edificio y que, desde su lugar de trabajo, viene observando desde hace un par de años: Un moderno ático en construcción, al parecer paralizado -¿interdictado…?-
¿Para qué querrán más habitaciones para la “casa de los cien balcones” (según nota aclaratoria que nos manda  María Belén…)



Vista trasera desde la Puerta Elvira


NITO


miércoles, 30 de abril de 2014

EL ENIGMA DE LA LOZA DORADA DE LA ALHAMBRA



Los palacios de la Alhambra, que tanto admiramos, sólo son una sombra empalidecida de lo que fue la eclosión cromática de otros tiempos. De ella sólo restan los paneles de alicatados policromos rivalizando con el verde profundo de la arboleda circundante, salpicado de flores, y el cálido rojo terracota de los muros. Faltan las ricas cortinas de seda, los velos finos y bellísimos que púdicamente velaban la desnudez de los muros encalados.
Faltan las solerías de azulejos heráldicos. Las tacas han perdido sus ricos jarros. Tampoco vemos los grandes vasos ornamentales dorados.
Y hemos de recurrir a nuestra imaginación para evocar los espléndidos banquetes, como los de la fiesta del “mawlid”, con las exquisitas viandas servidas en la vajilla más preciado del mundo islámico, “mezcla de blanco y amarillo intenso, como plata que corre entremedias del oro”.
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“Su piel deslumbra sus ojos como si fuera
un jardín donde los junquillos se abren ante
las anémonas;
mezcla de blanco y amarillo intenso,
como plata que corre entremedias del oro.”
(IBN ZAMRAK)


"El Azulejo de Fortuny" o de Yusuf III

El oro, simple espejismo
La cuna de la revolucionaria  técnica de la loza dorada, dentro del imperio islámico, sigue siendo un enigma, si bien hay que situarla en algún lugar de la hipotética franja que, desde el sur del mar Caspio, cruzando Mesopotamia, llegaría hasta el norte de Egipto.
Ciudades iraníes como Cashan, mesopotámicas como Sumarra o Bagdad, o egipcias como Fustat,  pudieron tener los primeros hornos de esta producción, de falsas sugerencias áureas. Tampoco sabemos cómo se inventó  o descubrió esta técnica. Tal vez fue por azar, al sufrir una imperfecta cochura alguna pieza dorada con óxidos de cobre. Una fortuita llama reductora sería la responsable, y la pieza, en vez de aparecer pintada, al final de la cocción con el verde de rigor, surgiría recubierta de tonalidades doradas, brillando entre los humos negruzcos adheridos al vedrío.



Acababa de nacer la loza dorada de reflejos metálicos.
Pero, además, con la ventaja de ser “ortodoxa ”, ya que, al carecer de oro, no infringía los cánones coránicos que rechazaban el lujo.
Aunque no conocemos ninguna receta antigua de esta fabricación y las variantes son numerosas a lo largo de los siglos y a lo ancho del mundo islámico, en principio el vedrío dorado se obtiene mediante una mezcla, previamente triturada y luego diluida el vinagre, integrada, en lo esencial, por sulfuro metálicos de cobre y de plata, almagra –peróxido de Hierro-  y cinabrio –bisulfuro de mercurio-.


Esta decoración se aplica sobre la superficie de la pieza, previamente juagueteada y luego recubierta de vidriado stannífero, lo que supone dos cochuras previas, pasando a continuación nuevamente al horno, donde, para conseguir la tonalidad dorada, es imprescindible la cocción con llama reductora.
En el viejo tratado cerámico de a Abú-l-Qasim deKashan (1301) esta técnica recibe el nombre de “color dos fuegos”.



Los comienzos
Cuando los alfares del Al-Andalus empiezan a fabricar loza dorada –presumiblemente a comienzos de la segunda mitad del siglo XII-, la producción goza de una venerable antigüedad de 300 años. Era el siglo IX. Los omeyas de damasco habían sido vencidos para mediados de la centuria anterior por la nueva dinastía de los abbasíes, quienes trasladaron la capital a Bagdad.
En el Al-Andalus empiezan a conocer la loza dorada en el siglo X, reservada como en el resto del mundo islámico, a los califas, emires y cortesanos de alto rango.
 Así, la fabricación del vedrío dorado, guardado tan celosamente al principio, se difundió  a lo largo de los siglos XI y XII a otros países del Islam. Egipto, Irán y Al-Andalus. Señalemos que, aunque la técnica básicamente es la misma, las diferencias pronto se harán notar, destacando de una manera especial la granadina (motivos ornamentales y formato de las piezas).
(Basado en un artículo de Balbina Matínez Caviró  en: “El arte nazarí y el problema de la loza dorada”).



        
Aliceres dorados granadinos

"En todas las paredes de la Alhambra
ondula el mar de al-zullaýý".

(Al-Jatib)

Veamos con detenimiento el proceso empleado en los alfares de Granada y Málaga: La técnica para su fabricación es de gran dificultad, pues para llegar a la obtención del reflejo dorado, la pieza debe ser sometida a una cochura múltiple y diversos procesos. Una vez torneada y seca la pieza se cuece por primera vez. La cerámica azul y dorada se realiza con engobe, óxido de cobalto y óxido de plomo, que dan el fondo blanco al transformarse con la cocción, el dibujo azul y una capa vidriada que lo recubre todo. En una segunda cocción se aplica el dorado con vinagre de sulfuros de plata y cobre pero al fijarse sobre el vidriado de la primera cocción se degrada; por este motivo, el fondo de ataurique o motivo vegetal se pierde en gran parte con el tiempo. Para esta cocción final se emplea leña de plantas aromáticas, como el romero, que produce mucho más humo por lo que las piezas salían ennegrecidas, lográndose el dorado por frotación con esparto u otro material similar.
Unas obras estaban decoradas exclusivamente en color dorado, mientras otras lo asociaban con el azul de cobalto y el manganeso, que les prestaba mayor variedad cromática. La tipología es variada, desde ataifores a jarras, pasando por escudillas, tarros, copas, tazas, tapaderas y demás piezas cerámicas, pero sobre todo destacan – y de una manera especial-  los llamados  "Jarrones de la Alhambra".




NITO

lunes, 14 de abril de 2014

SÁBADO DE GLORIA: MELOJA

De Taringa.net

Esta es la historia de un dulce que se hacía desde tiempos muy antiguos y que a los niños se les daba como premio, como si fuese un caramelo, por los pueblos de las sierras granadinas y de toda Andalucía en general, donde quiera que hubiera colmenas.

Es como una especie de arrope hecho a base de calabaza y miel, muy dulce.
Ahora, con más posibilidades  económicas y gustos más refinados, se toma como acompañamiento con quesos frescos, sobre pan tostado etc.



Cuando éramos pequeños, recuerdo como en casa se ponían aquellas rebanadas de hogazas de pan y se le cubría de aquella meloja negra y brillante que chorreaba por nuestros brazos y nos ponían “pringando”… pero que estaba exquisita y se nos decía que tenía un gran valor energético, sobre todo cuando encima de la rebanada se le ponían aquellos trozos de calabaza dulce que flotaban dentro del gran tarro de cristal.


Cuando en invierno, a veces, se hacían aquellas “gachas” de harina tan buenas que comíamos de postre, quiero recordar que mi madre preguntaba cómo queríamos que fuesen acompañadas y la oferta era….azúcar, miel de caña  ó “meloja”. Yo solía pedir que le pusiesen la meloja; aquello era algo estupendo… por el sabor tan contrastado de los tostones de las “gachas” con el sabor dulce de la meloja.

Copio estos cuartetos que encontré en el bonito Blog “Alcázar de Venus”  y  que de forma sencilla y acertada, al tiempo que poética, relatan el proceso para obtenerla.


LA MELOJA
Para hacer buena meloja
debes disponer de tiempo
pues se lleva casi un día
preparar todo el invento.

Que si la agüita de cal,
que si el panal de la miel,
que si partir la calabaza
para quitarle la piel.

Después, coser y cantar,
sólo hay que dejarla hervir
para que alcance su punto
y la sintamos crujir.

Esta meloja, señores,
es dulce tan especial
que hasta el mismo Carlos Cano
le cantaba sin cesar.

-oOo- 

Hoy queremos traer aquí estas recetas antiguas con el ánimo de que no se pierden tales costumbres, que es una manera de no olvidar nuestra cultura ni nuestros ancestros.

Veamos cuáles son sus ingredientes y su elaboración:
Agua de cal. Agua, miel y calabaza marranera. La proporción de calabaza/miel, puede ser, aproximadamente, medio kilo de miel por cada kilo de calabaza.
Para hacer el agua de cal se disuelven en un recipiente metálico unas piedras de cal viva en agua. Cuando la cal esté apagada se remueve con un palo limpio y se deja reposar hasta que decante y el agua que está sobre ella quede clara.
Se pela la calabaza sin miedo, es decir, no importa que nos llevemos algo más que la piel. Se hacen tajadas no muy gruesas, se echan en un recipiente y se cubre con el agua de cal. Se deja reposar durante unas horas (4 ó 5) a fin de que la calabaza se encalle (se endurezca).

Se pone en el fuego una olla media de agua con un poco de la miel. Cuando comienza a hervir, cuidado que se puede subir, se añaden las tajadas de calabaza y se le va añadiendo poco a poco más miel. Se deja hervir a fuego medio hasta que las tajadas de calabaza se cuezan por dentro y estén tiesas por fuera. Al mismo tiempo que se reduce el volumen de agua se va formando un caldo meloso que nos servirá de conservante. De vez en cuando habrá que ir probando hasta que veamos que están en su punto de miel y de cocción. Si fuese necesario se puede rectificar de agua o miel, si añadimos agua la calentaremos previamente para que no corte la cocción.

El enemigo de las abejas

Esta forma de escarchar la fruta -fruta cristalizada-  con agua de cal o Hidróxido de Calcio  [Ca(OH)2] constituye un magnífico conservante a la vez que desinfectante, muy usado en la antigüedad y que España introdujo en Hispanoamérica, siendo Méjico donde  la fruta cristalizada forma parte de las tradiciones y sus mejores expositores son los dulces típicos (Camote, Higo, biznaga, calabaza, fresas).


En otra ocasión mostraremos la forma de hacer arropes (conviene no confundir con las melojas).  Sobre todo estoy interesado en un arrope con marchamo y aroma oriental  –allende del mar-  a base de chumbos. Aún no tengo afinada la receta del todo, pero más o menos sería:Pelar los chumbos, cortar en trozos pequeños. Hervir los trozos sin dejar de revolver con cuchara de madera en una olla de cobre apenas cubierta de agua. Debe obtener una mezcla espesa, su preparación es lenta hasta que los chumbos queden deshechos.
Colar de tal manera que pase la pulpa pero queden las semillas. Volver a poner al fuego y dejar hervir hasta que tome un color oscuro. 


NITO


sábado, 29 de marzo de 2014

LA TARACEA GRANADINA




La Taracea: Ya es un arte en peligro de extinción.


Uno de los muchos símbolos que caracterizan a Granada es la taracea o el arte de la incrustación. Pero, atención: La taracea ya es un arte en peligro de extinción.

Es una técnica introducida por los árabes en España que el visitante enseguida asocia a su monumento más emblemático: La Alhambra, pues son los diseños que cubren los muebles techos y atauriques del edificio nazarí los que reproducen hoy los artesanos en sus talleres.


Son pocos los talleres –otrora numerosos- que mantienen vivo el oficio colorista de la taracea.
Entre los materiales que se usan destacan diferentes tipos de maderas como la caoba, el ébano, el palo-santo, el nogal o las procedente de los árboles frutales, así como el hueso y el metal. Estas piezas de diferentes materiales se van pegando sobre una superficie de madera hasta cubrirla totalmente, que posteriormente se pule hasta su acabado final. En algunas piezas se incrusta algo de metal (cobre o plata). Todas las labores son manuales y únicamente se hacen con materiales naturales.



La belleza de la taracea ha garantizado la supervivencia de esta artesanía hasta hoy; sin embargo el escaso interés por los oficios manuales podría poner en peligro un arte que ya solo se mantiene en Damasco y en Granada.
Como la mayoría de los antiguos oficios manuales, el arte de la taracea se enfrenta a la falta de aprendices que se interesen por desempeñar este ancestral oficio, que poco a poco se queda sin los creadores de este curioso tipo de mosaico hecho a base de maderas y hueso. Uno de los pocos talleres que todavía sobreviven a este oficio es el conocido como Laguna Taracea, el único situado en el entorno de la Alhambra, y uno de los más antiguos de Granada tras haber pasado de padres a hijos desde hace más de dos siglos.



A modo de pequeño tutorial, tomemos este pequeño estuche y previo barnizado del interior, busquemos los centros geométricos de la futura figura a taracear.

Uno de los artesanos de este taller, Francisco Cabello, explica que “…la taracea es un trabajo de origen árabe consistente en la incrustación de diversos materiales de gran tradición en Granada, que se remonta a los siglos XIV y XV. Entonces, los muebles y otros elementos de la Alhambra estaban elaborados con esta técnica, por ello sus diseños están inspirados en las decoraciones de los techos y paredes del palacio nazarí.”
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Los “mosaicos” se forman con tiras geométricas de las maderas y materiales elegidos. Se encolan de dentro afuera y se van acoplando capas hasta lograr el diseño deseado, se cortan con unas sierras de muy alta precisión en planchas milimétricas para, combinando varios de ellos, decorar la pieza alternándose con grecas y cordones para dar el acabado tan diverso y colorista que podemos apreciar en las piezas de artesanía que vemos en los comercios.


Con estrellas, grecas y cordones vamos "tapizando" la superficie, procurando que, tanto formas como colores, armonicen con la idea. Cuidemos las uniones y empalmes.

Los acabados elegidos para estas piezas, después de que estén lijadas y pulidas, son el ancestral barnizado a muñequilla que logra un acabado mate o el poliéster que ofrece un acabado más duradero con brillo aplicado a pistola que protege y da un acabado perfecto, aunque no “clásico”.


Poco a poco el enchapado  va dando forma y color al dibujo que nos propusimos. A veces hay que echar mano del calibre para tomar puntos equidistantes.

La muñequilla es una técnica artesanal de barnizado que consiste en aplicar con un trapo untado en el barniz capas a base de muñeca, girando la mano en círculos, dejando secar y dar otra mano o capa. Este acabado es más frágil que el poliéster pero ofrece un acabado sin brillos que es requerido por algunos como en los tableros de ajedrez.


Ya está terminada la tapa. Sólo resta lijar y pulir a mano, dar varias manos de barniz tapaporos con lijados intermedios para, finalmente, abrillantar  a nuestro gusto. Particularmente a mi me gustan los acabados satinados, para lo que empleo  cera natural de abejas y frotado con gamuza.

(Continuará)


NITO

lunes, 10 de marzo de 2014

EL YAMÛR GRANADINO



DESCRIPCIÓN.-
Yâmûr era en Occidente la barra con que normalmente terminaban las torres de las mezquitas, en las que se ensartaban bolas o manzanas doradas (si bien en el Egipto del siglo XV, los alminares de las mezquitas remataban en una media luna, erguida sobre un mástil, pero según cuenta un viajero de ese país que visitó Granada en el año 870/ 1465-6, el alminar de la mezquita mayor de Granada tenía por remate un gallo con las alas abiertas, llamado por las gentes farrûÿ al-ruwâh, gallo de viento).



CARACTERÍSTICAS.-
El Yamûr granadino
Cobre
163.5 cm

Período zirí, s. XI




Procedencia

Mezquita del Cadí (Granada), reutilizado en la Iglesia de Santa Ana.



Comentarios

Esta pieza debió proceder de la mezquita Almanzora o Masyid Ibn Tawba, por el nombre de su constructor., fundada en época zirí bajo el poder de Badis. Fue de dimensiones modestas ya que para erigir la actual iglesia de santa Ana en 1531 se tuvieron que adquirir algunas propiedades alrededor. Esta mezquita pertenece al barrio de Almanzora, que toma el nombre de Almanzor, el victorioso, título que se le dio a Badis.


Nuestro Yamur.  (Museo de la Alhambra)

El yamur es un remate colocado en el tope de los alminares como elemento decorativo, en el que se ha apuntado una posible simbología mágica protectora hacia la mezquita. Esta pieza, forma parte de los pocos yamures conservados de pequeñas mezquitas desaparecidas y reutilizados como elementos decorativos en construcciones posteriores, en este caso, en la iglesia mudéjar de santa Ana, en la cubierta, a la altura de la capilla mayor y formando parte de una veleta cristiana.

Yamur de la iglesia de San Mateo de Lucena

Cuando lo vi por primera vez, expuesto en el Museo de la Alhambra,  lo primero que me impactó fue su tamaño. Es uno de los mayores del Al- andalus, junto con los de Alcolea y Pedoche (que presumen de ser los mayores existentes, con 2,2 y 1,8 metros respectivamente, ignorando el nuestro).
Lo segundo, y esto si que lo hace único, es la decena de orificios irregulares de bala en sus diferentes esferas:   Tiene cuatro en la inferior, otros cuatro en la mediana y uno más en la bola intermedia superior. Unos orificios son de entrada y otros de salida. También se observan abolladuras de dentro hacia fuera.
En principio me contaron que el origen de los disparos fue durante la Guerra Civil. Cualquiera que sepa lo que es un Mauser, desechará enseguida la idea: Todo apunta a pelotazo de mosquete y retrotraernos a los soldaditos de Napoleón que les sirvió la “veleta” de distracción en sus aburridas guardias desde la Alhambra.

                                                          El Yamur de Pedroche


Este yamur está formado por un arranque troncocónico con molduraciones, del que hay un perno al que se engarzan cinco bolas huecas de bronce, realizadas en dos semiesferas soldadas, tres de ellas mayores en tamaño decreciente, separadas por dos menores iguales. El vástago que engarzaba las bolas, de unos dos metros de altura, parece que fue reutilizado y empalmado hasta una altura de 4,23, y rematado por una banderola y una cruz de hierro calada, que, como indica  D. Leopoldo Torres Balbás, se repite en el ejemplar del Alcolea,
“santificado al coronarlo con el más alto símbolo cristiano”.



NITO
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lunes, 17 de febrero de 2014

EFEMÉRIDE VERGONZOSA

El pantano de Canales engullendo parte del trazado

Esta mañana fría y desapacible de Febrero, y mientras repasaba la prensa digital, me topo con Granadablog de Ideal –presentado por Amanda Martínez Badía- que recoge la triste y vergonzosa efeméride  donde  se nos recuerda que hace 40 años la provincia se despidió de sus tranvías. 

Atrevido, airoso y a su paso

Su desmantelamiento definitivo comenzó el día 19 de enero de 1974, cuando dejó de prestar servicio el añorado tranvía de Sierra Nevada. Tras él y en unos días, dejaron de prestar servicio las líneas de Dúrcal y Pinos Puente, sacrificadas por estar muy viejas y porque habían dejado de ser rentables por la feroz competencia de los autobuses (enésima mentira). 

Estación típica del tranvía: Pinos Genil

Según una información publicada en IDEAL, FEVE, la empresa responsable de los tranvías, aseguraba que el levantamiento de la vía de la Sierra obedecía a que unos ocho kilómetros del trazado discurrían por la zona de las obras de la presa de Canales. Para salvar la línea se planteó la construcción de un túnel pero era tan caro, que no hacía rentable el trayecto (enésima-más-una mentira. No eran más que excusas.

"El Púlpito" de Canales

Cierto es que estaba obsoleto, que era incómodo para los tiempos que se avecinaban, que empleaba hora y media en hacer quince kilómetros… De todo esto me acordaba con tristeza varios años después viajando de Chamonix al Mont Blanc (Aiguille du Midi) en un trenecito “bala de plata”, de similar trazado que el nuestro, con los asientos calefactados y departamentos para skies y trineos.

El "Mont Blanc": Tipismo, confort y velocidad

No le demos más vueltas: La verdad es que aquel tranvía desapareció por pura desidia malafollesca granaina.
A saber: Porque los granadinos lo consintieron, por la mediocridad de sus políticos, por la falta de visión de sus empresarios y por el pelotazo crematístico que para algunos supuso su desaparición.
 Aquel día, muchos granadinos (entre los que me encontraba) acudieron a despedirse de su tranvía e hicieron el recorrido entre aplausos.

¡Tanto trabajo para nada...!  -Construcción puente de Canales

 El 14 de febrero, hace cuarenta años, dejaron de funcionar las líneas de La Zubia y Fuente Vaqueros. Granada se despedía de sus tranvías tras casi tres cuartos de siglo de existencia.
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¡Qué más nos deparará el futuro...!


                                                                             NITO