jueves, 19 de febrero de 2009

EL CORO DE LA CATEDRAL

La Catedral y su coro
Explicaba Antonio Montufo en el interior de la Catedral a la muchachada de Ofecum (con la pasión y el ardor que le caracteriza) cómo traicionaron la idea de Alonso Cano quienes dispusieron que entre los dos órganos y ocupando todo el ancho de la nave central, montaran un coro. El maestro Cano imaginó que el esplendoro tabernáculo pudiera ser visto sin estorbos desde la plaza de Las Pasiegas con las puertas abiertas...

Ante la extrañeza de los presentes que nada sabían de tal coro, Montufo les dijo que "incluso Nito tiene una vieja fotografía de Rafael Garzón de 1885 que lo muestra". Naturalmente tuve que mandarla por correo a varios interesados en poseerla. Y ya, al hilo de esta entrañable anécdota, trascribiré un artículo interesantísimo de Juan Bustos sobre este controvertido coro.


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Coro

"...Igual que desde el primer momento abundaron los elogios para la admirable fábrica de la Catedral granadina -calificada por el marqués de Lozoya como “la obra cumbre del Renacimiento hispánico hasta El Escorial”- menudearon las críticas, muy justificadas, a la pobreza y vulgaridad de su coro. Era poco menos que incomprensible, que tan magnífico y suntuoso templo tuviera un coro en nada merecedor de ocupar sitio entre tantos esplendores artísticos. Sin embargo así ocurrió, acaso porque, como decía Pemán, “las catedrales españolas son a menudo claros exponentes étnicos de largas aspiraciones y cortos presupuestos”. En la nuestra, la escasez proverbial de recursos quizá coaligada con el mal gusto de algún Cabildo, dio como resultado aquel coro, cuyo escaso valor no dejó de ser criticado por quienes entendían que era indigno de mezclarse con tanta grandeza.
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Facistol
Y lo peor de todo era que, conforme a la tradición española, el coro, dispuesto en medio de la nave central, interrumpía la espléndida vista de ésta en toda su extensión. Era, en suma, un elemento perturbador interceptando la visión de tan sublime magnificencia. A finales del siglo XIX arreciaron las censuras. Rafael Contreras, en su «Estudio descriptivo de monumentos de Granada, Sevilla y Córdoba. (1878), decía que «este coro no tiene nada de especial mérito y el altar del trascoro es obra de gusto rarísimo y extravagante ".

Poco antes, en 1850, Lafuente Alcántara, en su “Libro del Viajero en Granada”, había escrito: “La sillería del coro es común y el trascoro, obra de un trabajo sumamente prolijo, es de un gusto depravado”. Valladar, en su Novísima Guía de Granada. (1892), sería igualmente rotundo: «Interrumpe la nave central el coro, que ningún especial méritos tiene. El altar es de extravagante buen gusto”. Tanta insistencia daría como resultado, no sin agotadoras indecisiones, que, al fin, la pieza indigna de la grandeza y suntuosidad del templo catedralicio granadino, fuera desmontada de su primitivo emplazamiento y repartida por la basílica:

La sillería, alrededor del esplendoroso tabernáculo de plata repujada, obra de 1926 de Navas Parejo costeada por el Duque de San Pedro de Galatino; el trascoro, el Facistol (obra magnífica de caoba empezada por Alonso Cano y terminada por sus discípulos); las rejas que sí merecían la pena era por su antigüedad, en fin, todos los elementos encontraron su debido emplazamiento, pero no sin que antes se desencadenara una cierta polémica a nivel nacional, que ayudaría a calmar el periodista Cándido G. Ortiz de Villajos, escribiendo en ABC una crónica en defensa de la decisión de la reforma del interior catedralicio, tomada por el entonces titular de la silla arzobispal de Granada, el cardenal-arzobispo Casanova y Marzol.

La sustancial transformación tuvo lugar en el mes de junio de 1930, quedando desde entonces visible en toda su grandeza el fabuloso prodigio arquitectónico soñado por Diego de Siloé. La fotografía, curiosa fotografía que hoy mostramos, nos permite conocer cómo era la nave central de nuestra Catedral cuando el coro ocupaba su anterior emplazamiento. Es evidente que los críticos habían tenido toda la razón".


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NITO

2 comentarios:

Antonio Montufo Gutierrez dijo...

Muy buena, pero que muy buena intervención y muy documentada. Antonio Montufo

Jacobo70 dijo...

La posición española del coro tiene una razón de ser: dividir la catedral en dos espacios. El altar mayor de las catedrales es privativo del Cabildo, y el lugar donde éste órgano celebraba sus misas. El resto de la ciudadanía las celebraba en el denominado "altar ordinario", que es el del trascoro. Las catedrales son dos iglesias en una, y eso lo sabían todos los arquitectos que proyectaron catedrales en España. Y eso incluye a Siloé. Que la vista de la rotonda del altar mayor desde la puerta de la catedral es hoy día espectacular, eso es cierto, pero también es cierto que esa no fue nunca la intención de Diego de Siloé, ya que la catedral se concibió desde sus inicios con el coro en la mave central. La otra opción posible (el coro a la francesa) obliga a hacer cabeceras muy profundas para poder situarlo detrás del tabernáculo del altar mayor, y eso, está claro que nunca se pensó para Granada.