viernes, 31 de julio de 2020

LEYENDA DE LA VIRGEN DE LA CABEZA DE MOTRIL



El día 15 de agosto se conmemora la fiesta de la Asunción de la Virgen, y en Motril, este día tiene una significación especial. Es el día de su Patrona, la Virgen de la Cabeza. Su efigie, pequeña y diminuta, recorre en loor de multitud las calles de Motril siguiendo una tradición arraigada en el tiempo. Fue en 1.635 cuando el cabildo municipal erigió su patronazgo sobre la efigie y el santuario y, desde entonces, ha celebrado con fervor y devoción su festividad.


 La Virgen de la Cabeza de Motril.
NUESTRA LEYENDA-

 "Una de esas leyendas que se ha  transmitido de generación en generación  quedando  plasmada en el sentir del pueblo de Motril es la de la Virgen de la Cabeza"


Corría el siglo XVI, cuando una carabela portuguesa, trasluchando en una horrorosa  e intempestiva  tempestad, se adentraba en aguas levantinas de nuestra península.
La tormenta se levantó con el anochecer, el viento gemía en la jarcia y las olas rompían con fuerza contra el casco de la pequeña embarcación. El capitán Joao ordenó maniobrar para capear el temporal que arreciaba por momentos: Pusieron proa al viento y redujeron el trapo a lo imprescindible, aunque ello supusiera salir de  rumbo, Las olas barrían ya la cubierta penetrando por imbornales y escotillas. Los hombres empezaron a bombear el agua infiltrada y los más animosos bajaron a la bodega a asegurar la entiba de la carga.

Hacía ya más de un mes que partieron  de Corintio en tierras griegas con buena carga para intercambiar por otras en los distintos puertos de su travesía, haciendo honor a sus orígenes  de marineros y comerciantes.
Fue el puerto de Palma de Mallorca el último del que partieron un hermoso cinco de junio de 1510, llevados por un viento de levante suave, con una mar tendida y serena como una balsa: Pronto alcanzarían las costas de Alicante. Desde allí emprenderían una navegación de cabotaje cerca de la costa para seguir mercadeando, y que les llevaría a su último destino, su querida Lisboa.



Pero el mar es caprichoso y a veces sus intenciones no van en la misma dirección que la de los simples mortales. En el anochecer del tercer día de navegación, desde que salieron de Palma de Mallorca, una terrible tormenta les atrapó en plena travesía. Llevaban luchando contra los elementos más de cinco días, los marineros estaban agotados y sus esperanzas de salir con vida de esta infernal tormenta eran escasas.

Exvoto
Una durísima ráfaga de viento les había desarbolado el palo de trinquete y la mitad de la jarcia correspondiente: El barco, ingobernable, daba bandazos de un lado a otro. La carga, en la bodega, perdió la concienzuda entiba y se movía a placer, añadiendo un peligro más, a pesar de los cordeles y tablones que la sujetaban. El capitán dio la orden de que varios marineros bajasen a asegurarla. Éstos, descendieron  sujetándose a lo que podían; en la  bodega del barco los fardos se aguantaban más mal que bien, sujetos a los cordeles que los mantenía unidos y equilibrados a ambos lados del barco para no escorar.  
Uno de los bultos que estaba envuelto en unas lonas se había soltado y recorría peligrosamente la bodega barriendo a su paso todo aquello que alcanzaba.  Dos marineros se apresuraron a recogerlo y hacerlo firme en su sitio, más cuando se disponían a anudarlo, las lonas que lo envolvía se cayeron al suelo  dejando ver su contenido, una magnífica  talla de virgen con un niño, de tradición mediterránea. Los dos marineros se miraron asombrados y como buenos católicos se santiguaron y besaron los pies de la virgen.



Los dos pensaron lo mismo y en volandas la llevaron a cubierta a presencia del capitán,  que quedó admirado y anonadado ante la imagen de la Virgen. Sería por la necesidad de los humanos de agarrarse a lo divino cuando la vida peligra o por la devoción y compasión que la imagen inspiraba, el capitán cayó de rodillas y el resto de marineros de la nao empezaron a rezar  para que los librara a todos de perecer en el mar embravecido...

Al amanecer del nuevo día una gigantesca ola transportó, como en brazos, al desmantelado barco que quedó varado, con sus mástiles rotos y las bodegas anegadas, en una playa arenosa cerca de Motril sin tener que lamentar ninguna pérdida humana, por lo que los marineros  lo primero que hicieron al  pisar tierra fue poner a salvo la mercancía, incluida la Virgen y depositarlo todo en la arena y en seco. Diéronle muy emocionados las gracias a la imagen por haberles salvado la vida.
Curioso fue descubrir a los pocos días un prado de azucenas que nacía espontáneo junto a la Virgen y que envolvía con su maravilloso olor a aquel paraje que desde entonces se le conoce por la “Playa de las Azucenas”


Playa de "Las Azucenas"

El capitán con unos cuantos marineros se acercaron al pueblo de Motril para pedir ayuda y provisiones. La gente de Motril siempre hospitalaria, sobre todo con los necesitados, cargó varios carros de  mulas con objetos de primera necesidad y elementos para reflotar la carabela.
Tardaron pocos días los marineros,  junto con los magníficos carpinteros de ribera motrileños, en reparar la nave, dejando en una semana el barco preparado para volver a surcar las aguas del Mediterráneo.

Se despidieron de las autoridades y amigos de Motril y se dispusieron a subir  la santa imagen a bordo. Una vez colocada en cubierta, el mar empezó agitarse y lo que antes era un mar tranquilo en cuestión de minutos se había vuelto tempestuoso con olas cada vez más grandes, por lo que el capitán suspendió la partida hasta que amainara el nuevo temporal.
Volvieron  a preparar la partida en cuanto vieron atisbos de calma y se repitió lo que seis días antes tenían previsto, pero en cuanto subieron a la figura de la Virgen a bordo el viento sopló con fuerza levantando toros azules de la mar augurando una mala travesía. Así ocurrió hasta seis veces: Cada vez que  la tripulación de aquel barco portugués quería  hacerse a la mar, este se enfurecía, no sabiendo la causa del comportamiento tan anómalo de las  aguas.


Uno de los marineros que descubriera la figura de la Virgen en la bodega del barco,  le dijo al capitán:
–Mi capitán, creo que la Virgen nos manda señales de  querer  quedarse en esta tierra, pues no es más que embarcarla y el mar se alborota  de tal manera que nos impide seguir nuestro viaje.
El capitán pensó que la idea de su subalterno no era tan descabellada y así dio la orden de bajar la Virgen a tierra y hacerle una ermita sufragada por todos los marineros  en el Cerro de la Cabeza donde estuvo el antiguo palacio de la madre de Boabdil.

La cuestión es que el barco zarpó con toda su tripulación en un mar en calma y viento favorable hacia su destino; eso sí, algo más ligero pues la figura de la Virgen con el niño Jesús en brazos se quedó en Motril, en su nuevo Santuario, donde desde entonces  los motrileños la veneran con verdadera devoción, nombrándola su patrona.

Fotografía de Paco Tortosa

BIBLIOGRAFÍA.-
1/ "Las leyendas  de nuestros pueblos"  (José Fernández Martín)
2/ Datos históricos de A. López Fernández
3/ ¿En qué se funda la leyenda: 
      -Madoz (1848)
     - Santayo (1848)
     - Ilardura (Eco del Litoral, Motril 1905) 
     - Sexitano (1904)
 4/ Domínguez Blanco (1904)
 5 /"Vida Nueva" , Motril (1905)                     



NITO

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domingo, 28 de junio de 2020

“LA MONDA" DE LA DEHESA DE LLANOS.-



H.M-2 -Museo del Ejército del Aire-

Una vez más traemos a estas páginas las notas del libro “Los Aviones de Sierra Nevada” de Michel Lozares Sánchez. En la presente ocasión se cuenta el accidente (milagroso en sus consecuencias), sufrido por la avioneta militar “La Monda” (H.M-2 –Huarte-Mendicoa-) acaecido en “La Dehesa de los Llanos”, Güéjar-Sierra, el 2 de Agosto de 1958. 


ANTECEDENTES
Primer vuelo de la avioneta HM-1 y el por qué de su mote.
Fabricado su prototipo en 95 días, el proyecto del ingeniero Huarte Mendicoa, la avioneta de enseñanza HM-1 “Periquita” voló por primera vez el 7 de abril de 1942 pilotada por su diseñador. Basada en la avioneta GP-1 diseñada en 1934 por los ingenieros Pazó y González Gil, no fue muy apreciada por sus características de vuelo que hicieron cambiara su nombre por el mote de “La Monda”. Esta singular avioneta tenía su propia personalidad pues la gente que las voló comentaba, que al iniciar un viraje, se retrasaba, cuando no iniciaba un pequeño viraje al lado contrario, para luego comenzar el mandado, por lo cual se escuchaba " esta avioneta es la Monda".
Parece que sus “vicios” se debieron a un erróneo diseño del ala, que posteriormente fue modificada. Con esta modificación el Ejército del Aire adquirió 180 unidades.

En nuestro museo se conserva un ejemplar que proviene de la escuela de Especialistas de León, donde estuvo en vuelo entre 1953 y 1958. Finalmente fue entregada al museo el 4 de marzo de 1975.



HISTORIA DEL VUELO DE LA HM-2  DE NUESTRO RELATO.
El 2 de agosto de 1958, la avioneta HM-1 con E.4-145 despegó de la Base Aérea de Tablada (Sevilla) con destino a San Javier (Murcia). El plan de vuelo incluía una escala en la Base Aérea de Armilla (Granada) con el fin de repostar combustible.
A los mandos se encontraba el teniente piloto José Gandía Uceda, y como pasajero el cabo mecánico José Moreno García.
El vuelo entre Sevilla y Granada discurrió sin novedad. Tras repostar en la Base de Armilla, la avioneta despegó rumbo a San Javier. Las condiciones meteorológicas de la ruta eran buenas, con cielo despejado.
Tras sobrevolar Quéntar, en lugar de continuar rumbo a La Peza, bordeando de esta manera las estribaciones de sierra nevada, el piloto, por razones que se desconocen, eligió virar a la derecha internándose en el barranco del río Padules, tomando rumbo, seguramente por desconocimiento, a pleno macizo de Sierra Nevada.
Una vez remontado el barranco siguiendo el río, y cerca ya de la cabecera del mismo, el piloto se vio en la imposibilidad de rebasar la divisoria, no quedándole más remedio, por la imposibilidad de dar media vuelta, que realizar un aterrizaje forzoso; la avioneta tomó tierra en el paraje denominado La Dehesa de los Llanos.
Afortunadamente el piloto (con aproximadamente 500 horas de vuelo, según manifestó  él mismo) resultó herido leve y el pasajero ileso. La avioneta resultó totalmente destrozada.
Según se desprende del avance de la información abierta por la Base Aérea de Granada con motivo del accidente:
“El piloto, de entre las rutas que pudo escoger para emprender el vuelo Granada-San Javier, escogió una de las más accidentadas. La avioneta se metió en una vaguada, creyendo que tendría salida encontrándose al final de la misma con un monte que la cerraba. Debido a la altura insuficiente que llevaba y sin espacio suficiente para virar por estar encajonado en la vaguada, el piloto no pudo salvar el terreno, estrellándose contra el mismo.



“Este accidente presentaba las características de un incumplimiento de las órdenes de circulación aérea por parte del piloto, ya que no llevaba altura suficiente para sobrevolar la zona donde ocurrió el accidente y no había motivo alguno que justificara el meterse por la vaguada, ya que debido al tiempo despejado, pudo escoger otra ruta menos accidentada”.

Cabecera río Padules

LA AVIONETA
Hasta el momento del accidente había realizado un total de 242 horas y 36 minutos de vuelo; su motor tenía un total de 419 horas de funcionamiento.
Anteriormente la E.4 145  había sufrido dos accidentes de poca consideración. El primero ocurrió el siete de mayor de 1956, pilotada por el alférez de la M.A.U. José María Martín Pérez, tras la toma de tierra en la base aérea de Tablada que siguió a un vuelo de navegación Sevilla-Málaga-Sevilla; una vez rodando, se enredó una de las ruedas en unas matas, por irse de largo, produciendo un brusco frenado que originó el capotaje de la avioneta. El segundo accidente tuvo lugar el14  de diciembre del mismo año, efectuando un vuelo de aeródromo pilotada por el brigada piloto de complemento Juan Domingos de Dios; durante un vuelo a poca altura en campo abierto y en las cercanías de Tablada, sufrió un choque con un obstáculo perdiendo en el mismo la rueda izquierda, sufriendo algunos desperfectos en la parte inferior del plan izquierdo en la toma de tierra.
En este caso se cumplió el dicho: “a la tercera fue la vencida”.



ESPECIFICACIONES TÉCNICAS
Tipo: enseñanza y enlace.
Planta motriz: un motor ENMASA “Tigre” G –IV A.
Velocidad máxima: 230 km/h.
El techo de servicio: 4700 metros
Autonomía: 700 km.
Envergadura: 9,65 metros
Longitud: 7.65 m.



LUGAR DEL ACCIDENTE
El paraje denominado La Dehesa de los Llanos, lugar donde se accidentó la HM –1  está situado en la cabecera del río Padules, delimitado por el citado río y el Barranco de Soria, y allí donde muere la Loma de Prado Malo, que con una altura máxima de 2.041 metros fue el relieve que la avioneta no pudo superar.
Esta zona es la que encuentra, en dirección sureste, detrás del CerroZugeiro, el Cerro Carcaval  -con alturas de 1968 y 1961 metros, respectivamente-,  quedando la pedanía de Tocón de Quéntar a unos siete kilómetros de distancia en dirección noroeste. Para más señas, este paraje se encuentra próximo al límite triple de los términos municipales de Güéjar-Sierra, La Peza y Lugros.
La E.4-145 se estrelló a escasos metros del cortijo Berreaero (hoy en ruinas), emplazado a 1700 metros de altura, en pleno Barranco de Soria. Según testimonios de varios paisanos de Tocón de Quéntar, la avioneta pasó rozando los tejados del cortijo y cayó en una terraza dedicada a la siembra de patatas. Las coordenadas del lugar son: N 37º 12´,  W 03º 18´.


BIBLIOGRAFIA.-
"Los Aviones de Sierra Nevada" de Michel Lozarez Sánchez
AEROPLANO: Revista de Historia Aeronáutica




NITO
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viernes, 29 de mayo de 2020

LA GRIPE ESPAÑOLA DE 1918-19



 La mayor pandemia de la Hª Moderna: "La Gripe Española de 1918"

"CUALQUIER PANDEMIA PASADA NOS PARECE PEOR".-

El precedente del coronavirus: Todo lo que pudimos aprender de la gripe española de 1918


Este artículo lo tenía preparado para publicarlo mucho antes de que esta  negra nube que cubre hoy al mundo entero comenzara.  Cuando llegó la hora de “darlo a la estampa”, me contuve por no crear más inquietud y zozobra  entre mis amigos lectores. Ya, pasado lo peor, incluso perdido el respeto al “bicho” por parte de muchos insensatos, me atrevo a publicarlo con el propósito de animar al personal  y que sepan que Granada ya pasó  y superó otras pandemias y en peores condiciones  sanitarias, económicas e higiénicas, que la de ahora.


Nos referimos a la mayor  Pandemia de la Historia Moderna: La Gripe Española de 1918. La que más ha matado en Granada. La gripe que mató a miles de pobres en pueblos y no llegó a la Gran Vía.


Las comarcas más afectadas fueron Baza-Huéscar, la Alpujarra y Valle de Lecrín, donde fallecieron más personas que en la epidemia de cólera de 1885.
Se cree que la epidemia vino de Francia y entró a Granada por el Levante, transportada por temporeros y veraneantes
Se apunta que la Alpujarra fue contagiada por la madre de un soldado enfermo en el Hospital Militar de la capital.
Fallecieron buena parte de médicos y practicantes de los pueblos; desde la capital fueron enviados doctores para socorrer a infectados
Se calcula que costó la vida a 28.000 andaluces entre la primavera de 1918 y el invierno de 1919.
Desapareció en verano, pero regresó con más violencia en septiembre.
Son muchos los cronistas e historiadores que narraron esta gran tragedia en Granada. Remito al lector  a lo que de esta mal llamada gripe española, nos relata Juan Bustos en su obra “Un siglo que se va”:




LA GRIPE ESPAÑOLA.-
“En los presupuestos generales del Estado español, las partidas destinadas a los gastos de Sanidad e Higiene, suman unos millones de pesetas menos que aquellas que se consignan para piensos y arreos a los caballos del ejército”.
Dr. Ruiz Albéniz (1919)

“Granada fue una de las provincias españolas más afectadas. Aquella trágica epidemia que, en 1918 y 1919, alcanzó una gran mortandad.
Hace ya mucho tiempo que la gripe dejó de preocuparnos. Una simple vacuna nos inmuniza de ella. En plena era de los grandes avances de la investigación científica, cuesta cierto trabajo imaginar un estado de pánico colectivo mundial  a causa de una epidemia de gripe. Sin embargo, no es demasiado el tiempo que nos separa de una de esas situaciones de alarma general, provocada precisamente por las sucesivas oleadas de una gripe que dejó a su paso millones de víctimas mortales. En números redondos, 21 millones de muertos, muchos más que los ocasionados por la Primera Guerra Mundial.
Fue en los años 1918 y –en menor medida- 1919, cuando tal suceso se produjo. Aquella virulenta epidemia, que se conoció –injustamente-  con el nombre de “la gripe española”, se dejó sentir de manera dramática en la población granadina.


Parece probado que los primeros casos de “la epidemia trágica” -así la llaman también tratados de Medicina-, se dieron en Rusia y Siberia a finales de 1917. Era el tercer año de guerra. Pero en el mes de abril del año siguiente -ya estamos en el fatídico 1918-, el Ministerio de la Guerra francés se veía obligado a retirar de los frentes de batalla varios miles de soldados afectados de gripe. Era la primera noticia que admitía oficialmente la existencia de la epidemia en un país del occidente europeo.  En los meses siguientes, la gripe se extendió velozmente por el resto de Europa, Estados Unidos, la India, nueva Zelanda y África del Sur. No hay duda ninguna que las circunstancias de  guerra mundial que afectaban a todas las naciones –incluso las neutrales-, contribuyeron a la arrolladora expansión de la enfermedad. Las carencias alimenticias ocasionadas por la guerra, las penalidades de los frentes, la falta de prendas de abrigo para combatir el frío, fueron elementos que influyeron agravando la situación. El contagio eran facilísimo entre una población mal nutrida, hacinada generalmente en viviendas obreras extremadamente insalubres y, no digamos, en las trincheras donde se libraron las más sangrientas batallas de aquella guerra larga y espantosa.

Curiosamente cuando ya la epidemia era conocida internacionalmente como “la gripe española”, fue cuando entró en España, que hasta aquel momento se había visto libre de ella. Lo que son las cosas. El “microbio maligno” -así llamaban al virus los periódicos de la época-  entró precisamente por la frontera francesa.
 No es sorprendente. Recordemos que nuestros emigrantes de entonces habían suspendidos sus embarques para América, por los riesgos de los torpedos alemanes en el Atlántico. Así que, mientras duró el conflicto, la emigración española se había dirigido casi en exclusiva a los campos de Francia, faltos de sus hombres llamados a filas. Al aproximarse el final de la contienda -cesarían las hostilidades con la firma del armisticio del 11 de noviembre de aquel año-, los emigrantes españoles regresaron, trayendo con ellos -triste sarcasmo-  “la gripe española”.


Cuando los rumores de la propagación inminente de la epidemia llegaron a Granada, la gente se asustó de veras. Las noticias de los periódicos justificaban la inquietud. En dos meses, en los ejércitos franceses, se habían registrado cerca de 200.000 casos de gripe, con un total de 17.000 muertos. Las tropas inglesas también registraron 13.000 muertos por la misma causa. En París, los muertos se cifraban en 200.000 entre la población. En Estados Unidos, el panorama era aterrador con 550.000 defunciones en toda la nación. En Inglaterra, las víctimas eran ya 200.000; en Japón, 250.000; y varios millones en la India, dadas las lastimosas condiciones de vida de sus habitantes. “El hacinamiento, los incesantes movimientos de tropas, la falta de alimentos en muchas naciones -dice Pedro Pons, historiador de la epidemia- y, sobre todo, el abigarramiento de gentes de todas partes del mundo, portadores de cepas de virus gripales diferentes, fue una mezcla que hizo aparecer un híbrido extraordinariamente violento”.

A Granada llegó, con toda su fuerza, a finales de septiembre de 1918. A mediados de mes, el gobierno alerta a los gobernadores civiles. El de Granada se reúne con la junta Provincial de Sanidad el domingos, día 22.
Se acuerdan una serie de medidas preventivas. Pocas y rudimentarias, pero no hay otras: Se ordena a los alcaldes de los pueblos que comuniquen los casos que se produzcan, “procediendo enseguida a aislar los enfermos, esterilizando sus objetos personales”; a los propietarios de establecimientos públicos, el barrido persistente  con serrín y el lavado con  ”Zotal”; y el vecindario, que no se reúna en grupos “por el grave peligro de que se contagien gérmenes trasmitidos por personas aún convalecientes o incubando la enfermedad sin ellos saberlo”.  Más, como siempre, se llega tarde. ¡Al día siguiente ya  hay informes en la mesa del gobernador, comunicando la existencia de enfermos en los pueblos de la provincia!


El primer telegrama acuciante llega de Freila (1969 habitantes), rogando el envío de un médico con urgencia. Hay 250 vecinos con gripe, entre ellos el único médico. Otro mensaje, simultáneo casi, informa que en la Calahorra los afectados son más de 200 entre los 2060 habitantes. A partir de aquí se hacen continuas las malas noticias. En Orce,  el 27 de septiembre, de 1.000 habitantes, 800 tienen la gripe. Desde el día quince, aparición del primer caso en  el pueblo, ya los muertos eran 45. A finales de mes, el Dr. Fidel Fernández Martínez, asegura en “El Defensor”, que la gripe se presenta en tres formas: Leve, con muy poca calentura; grave, con altas temperaturas, que hacen que el paciente fallezca en pocas horas; y pulmonar, con fiebres de aspecto tifoideo. 

El mismo doctor, profesor auxiliar entonces de la Facultad de Medicina, hace un relato dramático en el periódico de lo que acaba de ver, volviendo de Adra, en los pueblos de nuestra provincia. En Castilléjar (2538 habitantes entonces), en pocas horas, había visto enterrar 18 personas víctimas de la gripe (6.287 habitantes), la situación aún era peor y la desolación completa. “Han enfermado los sepultureros –relataba el Dr. Fernández-, con lo que los enterramientos se hacen dificilísimos. He contado 22 cadáveres por enterrar y se carece de cal para cubrirlos, porque los industriales que se dedican a producirla o han muerto o han enfermado”. El panorama empezaba a ser trágico. Pero lo iba a ser más.



LOS ESCASOS REMEDIOS
Obviamente aquella España no estaba ni mucho menos preparada, con los pocos recursos y capacidad organizativa de las autoridades, para afrontar una campaña sanitaria que frenara  o redujera el rigor de la epidemia. El Dr. Martí Salazar, reconoció públicamente que “se dispone de una organización sanitaria meramente administrativa, burocrática, de papel de oficio, de expedientes, pero organización activa de laboratorios, instituto, personal idóneo, que es la base de ese tipo de campañas, ésa no existe en España”.
Lo que sí abundaban eran los anuncios de las medicinas contra la gripe. “El Noticiero Granadino”, del 10 de octubre de 1918 y días siguientes y meses siguientes, anunciaba a sus lectores que “las primeras eminencias médicas recomiendan la pomada mentolada  “Setroc”, ideal para preservarse contra la epidemia y otras enfermedades epidémicas. Depósito exclusivo: Farmacia Moderna, Antonio Cortés Contreras, Príncipe, 10. Por los mismos días se comunicaba a los enfermos, en otro anuncio: “Vuestra convalecencia será breve y segura tomando “Vino Pinedo”, reconstituyente enérgico. Representante, Abelardo Romera, Zacatín 18. Mientras los médicos recomendaban los remedios que la ciencia entonces permitía  -“Ante todo sudar, recomendaban muchos-, las farmacias se llenaban de productos poco menos que milagrosos: jarabes, pomadas, desinfectantes, tónicos. A alguno “se le iba la mano” en la publicidad de sus efectos. Por esta causa, la firma “Agua del Carmen”, se veía en la necesidad de anunciar que: “la verdadera Agua del Carmen, la de los carmelitas descalzos de Tarragona, es la única que evita la ofensiva epidémica”. Aumentaron fulminantemente sus ventas multitud de jarabes, y tisanas, estimulantes y otros productos curativos. Las marcas de coñac tampoco se quedaron atrás. Una firma de Jerez publicaba un anuncio genial, donde un guardia, armado sólo de una botella de coñac, daba el alto a la gripe. La imagen valía ya casi una terapia. Pero, obviamente, no bastaba para interrumpir la marcha macabra de la epidemia.


Una pandemia cada medio siglo

EMPEORA LA SITUACIÓN
En las semanas, en los meses siguientes, el panorama se hizo aún más pavoroso. A pesar de que como precaución, por ejemplo, el ministro de Instrucción Pública, Santiago Alba, se había dirigido a los Rectores de las Universidades, recomendándoles retrasarán la apertura del curso, “toda vez que la venida de alumnos de zonas afectadas, podría propagar los gérmenes entre sus compañeros, profesores y vecindario en general”. Fue inútil la medida. Como también la reiterada suspensión de todo tipo de actividades públicas que permitieran la aglomeración de gente. Se suspenden corridas de toros en varios pueblos, las ferias de Huéscar y Cortes de Baza y hasta una manifestación de los remolacheros que querían protestar por el mal momento de sus negocios.

De nada sirve todo esto. Impresiona leer los periódicos granadinos de aquel tiempo. No hay día o semana sin noticia de sobresalto. En noviembre  el alcalde de Cúllar Baza (7825 habitantes) informa que los casos de muertes siguen siendo muy abundantes en el pueblo. En Baza, un mes después, se sigue registrando un promedio de 15/20 defunciones diarias a causa de la epidemia. “El Defensor” resalta que “al cabo de tantas semanas de la aparición de la gripe, nuestra provincia sigue estando en cabeza entre las más castigadas de España”. En el mismo editorial, el periódico subraya que “Granada necesita urgentemente el auxilio del gobierno para que la epidemia no diezme de un modo más horrible la población”.

El gobernador, sintiéndose respaldado por la opinión pública, solicita ayuda de Madrid. Pero se queda frio cuando recibe respuesta, un telegrama del ministro de la Gobernación, anunciándole que no puede enviar dinero “por no haber en los presupuestos partidas para estos menesteres y ser muchísimos los pueblos y ciudades que demandan”.
Nada  interrumpe, por tanto, la propagación del desastre. En Cortes de Baza, clausuradas las escuelas, se carece en absoluto de medicamentos y “como el vecindario está tan atemorizado se ha pedido al párroco que prohíba los toques de campana anunciando los entierros”. En Fonelas, durante algunas semanas “las oficinas del Ayuntamiento y el Juzgado Municipal están cerradas por encontrarse enfermos todos los funcionarios, algunos de los cuales han fallecido”.

Reclaman médicos urgentemente  Chauchina, Gor, Gualchos, Gabia, Esfiliana, Fornes, porque los suyos han muerto o están enfermos. En Pedro Martínez, el mes de enero, en tres días se suceden veinte defunciones y hay 500 personas afectadas. Pero lo peor, acaso, sucede en Caniles, donde la epidemia llegó fulminantemente, traída por temporeros de Francia. Centenares de enfermos, casas y comercios cerrados, animales vagando en busca de alimento. “Los padres huyen de sus hijos -se lee en el Noticiario Granadino”-  y como han muerto los sepultureros, en muchas casas hay tres o cuatro cadáveres por enterrar. Hay gentes que han sacado los cadáveres a la calle y los han dejado en las puertas, donde llevan insepultos muchos días”. El alcalde, Juan Carpio, había formado una brigada de asistencia con los jóvenes de Caniles que quedaban sanos, para cavar fosas y sepultar los fallecidos.


Ochenta  años después de aquella  tragedia, que causó tan elevada mortandad en la población granadina de la época, es de justicia recordar el dignísimo papel que la clase médica general desempeñó en el transcurso de la epidemia. En Granada, concretamente, fueron numerosísimos los casos de médicos ejemplares que se desvivieron  por sus enfermos hasta sucumbir ellos mismos. Muchos también los que, abandonando voluntariamente sus consultas en la ciudad, se dispersaron por los pueblos para sustituir a los compañeros enfermos o muertos y recorrían un día y otro, mientras tenían fuerzas, kilómetros y kilómetros por pésimos caminos, para visitar enfermos de las cortijadas. Fue aquella toda una lección magistral de comportamiento y ética. Otros elementos, en cambio, no parece que respondieron con la misma espontaneidad y desprendimiento. Por aquellos días “El Defensor” había abierto una suscripción “patriótica” para remediar los efectos de la epidemia, particularmente graves ante la población más pobre. El periódico, al cabo de corto tiempo, se veía en  la necesidad de insistir: “¿Será preciso recordar a todos los ricos de nuestra ciudad la conveniencia de cumplir un deber social y humanitario, contribuyendo a mejorar la delicada situación de la salud pública?”




BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA.-
“GRANADA.- Un siglo que se va” de Juan Bustos
El Independiente de Granada.- Gabriel Pozo Felguera


NITO

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jueves, 30 de abril de 2020

DUELOS Y QUEBRANTOS


"Vieja friendo huevos"  (Velázquez)
«En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor. Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lentejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos, consumían las tres partes de su hacienda.»

Dice un refrán popular:
“Comer aquí es un encanto, si tomas duelos y quebrantos”
La RAE define los “duelos y quebrantos” como: “Fritada hecha con huevos y grosura de animales, especialmente torreznos o sesos, alimentos compatibles con la abstinencia parcial que por precepto eclesiástico se guardaba los sábados en los reinos de Castilla”, que no son lo mismo que ”la merced de Dios” que el diccionario de la Real Academia de la Lengua define como: «la fritada de huevos y torreznos con miel», en los primeros entran las «grosuras» como elemento diferenciador.

Aquí conviene no confundir tocino, tocineta y panceta

No resisto la tentación de traer aquí lo que de este tema  nos cuenta José Antonio Castillo en su magnífica obra “COCINA ANDALUZA PARA RECITAR”:

 Duelos y quebrantos.
Como estamos en tiempo cervantino, bien nos vendrá un plato recién sacado de tan excelsa literatura. El caso es que Don Quijote solía comer todos los sábados con “duelos y quebrantos”, cuyos ingredientes se han prestado a múltiples conjeturas. Según algunos editores, atribuíanse a esta acepción culinaria, la tortilla de sesos de La Mancha, el aprovechamiento de los animales accidentados (de ahí, el duelo, por la pérdida, y el quebranto, por lo económico), los despojos y vísceras, ciertos tipos de guisos de judías, y otros que, al parecer, quedaban exentos de los rigores cuaresmales.

A principios del siglo XX, Don Francisco Rodríguez Marín, director qué fue de la Biblioteca Nacional, halló un curioso libro fechado en 1670, que respondía a lo largo y pomposo nombre de: Primera parte del Parnaso Nuevo y amenidades al gusto, en veintiocho entremeses, bailes y sainetes de los mejores ingenios de España.
Esta publicación vino a explicar el misterio gracias a los versos de la “mojiganga de la viuda” 4

¡Qué porfiada
Estás!, Isabelilla,
chocolate no me traigas
ni por pienso; que es regalo,
unos huevos y torreznos,
¡ay! que para una cuitada,
tiste, mísera vida
huevos y torreznos bastan,
que son duelos y quebrantos.


(4) Notas tomadas de: Salcedo, M. “Córdoba” (23-1-05)

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Foto del Blog "El Caldero Viajero"

Ingredientes:
Unas lonchas de tocino fresco ibérico, con vetas.
Dos huevos por comensal. Pan de leña. Tinto de Almagro.


DIÁLOGO ENTRE DON QUIJOTE Y DON PABLOS  (de José Antonio Castillo):

SONETO CON  ESTRAMBOTE
-Pardiez que venís flaco, Don Quijote.
-Es muy cierto, Don Pablos, que es espanto
mi extrema delgadez, como de santo
eremita o avaro sacerdote.

-Sí, como Cabra, del hartazgo azote,
y a quien hambre y anemia deben tanto.
-El caso es que los sábados quebranto
y duelo almuerzo, a expensas de mi dote.

-Pues, ¿qué comida es esa, caballero?
-Es muy simple yantar.  Freíd, primero,
unas lonchas delgadas de tocino.

Sacadlas, y poned en esta grasa
unos huevos que sean de noble casa,
Y comedlos con pan de leña y vino.

-Almuerzo tan divino,
de la cuaresma exento y de sus dietas,
verá, vuesa merced, en mis recetas.


Bibliografía:
 "Cocina andaluza para recitar"  de José A. Castillo.
Blog "el Caldero Viajero"

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"Estampa  que no será entendida  por quien la leyere, 
salvo que recorriera  conmigo La Mancha en bicicleta"


NITO
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