viernes, 31 de julio de 2020

LEYENDA DE LA VIRGEN DE LA CABEZA DE MOTRIL



El día 15 de agosto se conmemora la fiesta de la Asunción de la Virgen, y en Motril, este día tiene una significación especial. Es el día de su Patrona, la Virgen de la Cabeza. Su efigie, pequeña y diminuta, recorre en loor de multitud las calles de Motril siguiendo una tradición arraigada en el tiempo. Fue en 1.635 cuando el cabildo municipal erigió su patronazgo sobre la efigie y el santuario y, desde entonces, ha celebrado con fervor y devoción su festividad.


 La Virgen de la Cabeza de Motril.
NUESTRA LEYENDA-

 "Una de esas leyendas que se ha  transmitido de generación en generación  quedando  plasmada en el sentir del pueblo de Motril es la de la Virgen de la Cabeza"


Corría el siglo XVI, cuando una carabela portuguesa, trasluchando en una horrorosa  e intempestiva  tempestad, se adentraba en aguas levantinas de nuestra península.
La tormenta se levantó con el anochecer, el viento gemía en la jarcia y las olas rompían con fuerza contra el casco de la pequeña embarcación. El capitán Joao ordenó maniobrar para capear el temporal que arreciaba por momentos: Pusieron proa al viento y redujeron el trapo a lo imprescindible, aunque ello supusiera salir de  rumbo, Las olas barrían ya la cubierta penetrando por imbornales y escotillas. Los hombres empezaron a bombear el agua infiltrada y los más animosos bajaron a la bodega a asegurar la entiba de la carga.

Hacía ya más de un mes que partieron  de Corintio en tierras griegas con buena carga para intercambiar por otras en los distintos puertos de su travesía, haciendo honor a sus orígenes  de marineros y comerciantes.
Fue el puerto de Palma de Mallorca el último del que partieron un hermoso cinco de junio de 1510, llevados por un viento de levante suave, con una mar tendida y serena como una balsa: Pronto alcanzarían las costas de Alicante. Desde allí emprenderían una navegación de cabotaje cerca de la costa para seguir mercadeando, y que les llevaría a su último destino, su querida Lisboa.



Pero el mar es caprichoso y a veces sus intenciones no van en la misma dirección que la de los simples mortales. En el anochecer del tercer día de navegación, desde que salieron de Palma de Mallorca, una terrible tormenta les atrapó en plena travesía. Llevaban luchando contra los elementos más de cinco días, los marineros estaban agotados y sus esperanzas de salir con vida de esta infernal tormenta eran escasas.

Exvoto
Una durísima ráfaga de viento les había desarbolado el palo de trinquete y la mitad de la jarcia correspondiente: El barco, ingobernable, daba bandazos de un lado a otro. La carga, en la bodega, perdió la concienzuda entiba y se movía a placer, añadiendo un peligro más, a pesar de los cordeles y tablones que la sujetaban. El capitán dio la orden de que varios marineros bajasen a asegurarla. Éstos, descendieron  sujetándose a lo que podían; en la  bodega del barco los fardos se aguantaban más mal que bien, sujetos a los cordeles que los mantenía unidos y equilibrados a ambos lados del barco para no escorar.  
Uno de los bultos que estaba envuelto en unas lonas se había soltado y recorría peligrosamente la bodega barriendo a su paso todo aquello que alcanzaba.  Dos marineros se apresuraron a recogerlo y hacerlo firme en su sitio, más cuando se disponían a anudarlo, las lonas que lo envolvía se cayeron al suelo  dejando ver su contenido, una magnífica  talla de virgen con un niño, de tradición mediterránea. Los dos marineros se miraron asombrados y como buenos católicos se santiguaron y besaron los pies de la virgen.



Los dos pensaron lo mismo y en volandas la llevaron a cubierta a presencia del capitán,  que quedó admirado y anonadado ante la imagen de la Virgen. Sería por la necesidad de los humanos de agarrarse a lo divino cuando la vida peligra o por la devoción y compasión que la imagen inspiraba, el capitán cayó de rodillas y el resto de marineros de la nao empezaron a rezar  para que los librara a todos de perecer en el mar embravecido...

Al amanecer del nuevo día una gigantesca ola transportó, como en brazos, al desmantelado barco que quedó varado, con sus mástiles rotos y las bodegas anegadas, en una playa arenosa cerca de Motril sin tener que lamentar ninguna pérdida humana, por lo que los marineros  lo primero que hicieron al  pisar tierra fue poner a salvo la mercancía, incluida la Virgen y depositarlo todo en la arena y en seco. Diéronle muy emocionados las gracias a la imagen por haberles salvado la vida.
Curioso fue descubrir a los pocos días un prado de azucenas que nacía espontáneo junto a la Virgen y que envolvía con su maravilloso olor a aquel paraje que desde entonces se le conoce por la “Playa de las Azucenas”


Playa de "Las Azucenas"

El capitán con unos cuantos marineros se acercaron al pueblo de Motril para pedir ayuda y provisiones. La gente de Motril siempre hospitalaria, sobre todo con los necesitados, cargó varios carros de  mulas con objetos de primera necesidad y elementos para reflotar la carabela.
Tardaron pocos días los marineros,  junto con los magníficos carpinteros de ribera motrileños, en reparar la nave, dejando en una semana el barco preparado para volver a surcar las aguas del Mediterráneo.

Se despidieron de las autoridades y amigos de Motril y se dispusieron a subir  la santa imagen a bordo. Una vez colocada en cubierta, el mar empezó agitarse y lo que antes era un mar tranquilo en cuestión de minutos se había vuelto tempestuoso con olas cada vez más grandes, por lo que el capitán suspendió la partida hasta que amainara el nuevo temporal.
Volvieron  a preparar la partida en cuanto vieron atisbos de calma y se repitió lo que seis días antes tenían previsto, pero en cuanto subieron a la figura de la Virgen a bordo el viento sopló con fuerza levantando toros azules de la mar augurando una mala travesía. Así ocurrió hasta seis veces: Cada vez que  la tripulación de aquel barco portugués quería  hacerse a la mar, este se enfurecía, no sabiendo la causa del comportamiento tan anómalo de las  aguas.


Uno de los marineros que descubriera la figura de la Virgen en la bodega del barco,  le dijo al capitán:
–Mi capitán, creo que la Virgen nos manda señales de  querer  quedarse en esta tierra, pues no es más que embarcarla y el mar se alborota  de tal manera que nos impide seguir nuestro viaje.
El capitán pensó que la idea de su subalterno no era tan descabellada y así dio la orden de bajar la Virgen a tierra y hacerle una ermita sufragada por todos los marineros  en el Cerro de la Cabeza donde estuvo el antiguo palacio de la madre de Boabdil.

La cuestión es que el barco zarpó con toda su tripulación en un mar en calma y viento favorable hacia su destino; eso sí, algo más ligero pues la figura de la Virgen con el niño Jesús en brazos se quedó en Motril, en su nuevo Santuario, donde desde entonces  los motrileños la veneran con verdadera devoción, nombrándola su patrona.

Fotografía de Paco Tortosa

BIBLIOGRAFÍA.-
1/ "Las leyendas  de nuestros pueblos"  (José Fernández Martín)
2/ Datos históricos de A. López Fernández
3/ ¿En qué se funda la leyenda: 
      -Madoz (1848)
     - Santayo (1848)
     - Ilardura (Eco del Litoral, Motril 1905) 
     - Sexitano (1904)
 4/ Domínguez Blanco (1904)
 5 /"Vida Nueva" , Motril (1905)                     



NITO

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1 comentario:

Unknown dijo...

Muy bonita leyenda!!