viernes, 17 de octubre de 2014

LA BÓVEDA VISIGODA DE JATE

Foto del libro de José Ángel Ruiz Morales

Siempre me llamó la atención por sus extrañas formas. Pero nunca llegué a sospechar de su importancia histórica: Allí, camuflado entre las edificaciones cortijeras que lo mimetizan, aguanta impertérrito el paso del tiempo. ¡Y mira que pasé veces por su puerta camino de Peña Escrita…!

Luego me llegaron los libros de autores locales, en mis forzadas lecturas veraniegas y sobre todo la comunicación con las gentes del lugar (…eso es de tiempos de los moros. –Me decían).
Muchos veranos “dejándolo para mejor ocasión” hasta que el pasado estío de 2014, decidí visitarlo, pero en automóvil: Nada de andar los 15 km. de elevados desniveles (del 16% y  con picos del 25%), como alguna vez pensé hacerlo.

Senderistas de Almuñécar a los pies de la Bóveda

El caso es que para mí ha sido todo un auténtico descubrimiento: Pensar que en “la trasera de mi casa”  me estaba esperando esta construcción tardorromana datada entre los S. VI a VIII después de Cristo. Pensar que por aquí dejaron su huella los visigodos…

Ya leímos en la Presa local que “El Ayuntamiento de Almuñécar inició en el año 2005 los trámites para hacerse con un edificio histórico situado junto al nacimiento de río Jate de La Herradura. Encargando a los servicios técnicos municipales la catalogación del edificio y recomendado al concejal, José Rodríguez Jaime la adquisición voluntaria a los propietarios”.


José Ángel Ruiz Morales en su interesante libro “Nuevas aportaciones a la historia de Jate-La Herradura” nos dice:
      “En este pequeño valle que forma el nacimiento del río Jate se encuentrauna construcción que ha sido denominada en diferentes trabajos como eremitorio o pequeña iglesia bizantina , probable mezquita, o como construcción visigoda (bizantina) o prerrománica convertida en una especie de farmacia en época árabe.

Se trata de una construcción de planta rectangular cubierta con bóveda de medio cañón realizada en mampuesto ordinario de tamaño mediano-pequeño de rocas sedimentarias carbonatadas, principalmente calizas dolomíticas, trabajadas en basto o levemente retocadas en sus aristas y posteriormente  recubiertas de argamasa para impermeabilizar y homogeneizar la terminación de las paredes.



La carga de la bóveda se realiza mediante diez contrafuertes, dos en su frente y cuatro más en cada lado, donde aún es posible observar los mechinales dejados tras colocar los andamios de madera para la construcción del alzado. Los cuatro contrafuertes de la fachada norte se conservan, mientras que en la fachada sur los dos traseros han desaparecido o están integrados  en el cortijo anejo del mismo nombre.
 Los cimientos para nivelar la inclinación  del terreno donde fue construida son de mayor grosor que el resto de la construcción, creando una especie de basamento para salvar dicha inclinación.



Esta fábrica de planta rectangular está orientada oeste-este y presenta dos espacios, uno interior o “cubiculum inferius” más pequeño (posiblemente  se trata de una cella funeraria, pero no nos atrevemos a afirmarlo con rotundidad). En otros mausoleos de parecida tipología,   sí podemos afirmarlo por existir documentación de enterramientos en forma de fosas rectangulares denominadas formae (El Casón de Jumilla en Murcia).

El espacio superior o ”cella superius”, seguramente se accedería por una escalera de la que, al igual que ocurre en otros mausoleos de las mismas características, no ha quedado huella apreciable a simple vista(Molina Gómez: El Martyririum de la Alberca).

Sus medidas interiores son de 8´50 X 3´5 X 4 metros de altura aproximadamente. Por su parte las medidas exteriores incluyendo los contrafuertes son de 12 X10 m. -sospechando que para su realización se usó el pie romano o monetalis  (0,2296 m.), como unidad de medida  constructiva, como ocurre con sus referentes  hispanos y europeos-.



El estado de conservación actual es malo, principalmente debido a su utilización como cuadra, habiendo sufrido la pérdida  de la práctica totalidad del revestimiento y varios retoques  a la vez que el suelo ha sido extraído hasta llegar a la roca virgen”.


Mucho queda pues por descubrir y  escribir, desapasionado lector, sobre estos lares, que nos son tan cercanos, y que fueron la guarida, junto con Bobastro, del indomable Omar Ben Hafsun y la Herradura era una alquería de Jate (Sät).



NITO


martes, 7 de octubre de 2014

DOS POSTRES DE CASTAÑA



Estaba la negra Pancha
haciendo marrón glacé
y vino el negrito lindo
y se comió do ó tre.

Del castaño dijo Neruda que era “…otoño, aire, tierra, altura, silencio…” 
Adaptado desde hace milenios a las laderas norte  de nuestras sierras, permiten una recolección de sus frutos apreciable, dando origen a un sinfín de platos que, si en principio, llegó a  cubrir necesidades básicas, hoy solo se utilizan como postre y recreo culinario.

 Recientemente se ha fomentado el reaprovechamiento de la castaña mediante la oferta de productos tradicionales como el aguardiente de castaña, la crema de castaña, el pan de castaña, etc., pero en los últimos años ha continuado una tendencia a la caída de su producción y consumo.



"Los castañones" de Vivar

Y ahí vamos: Como casi siempre que saco a colación temas de nuestra cultura culinaria tradicional, hecho mano a la obra del profesor José Antonio Castillo, sobre todo de sus sublimes y ajustados sonetos para justificar  –en esta ocasión- dos postres de castañas: En almíbar y al brandy.

Ingredientes:
Un kilo de castañas pilongas.
Almíbar con agua, azúcar y canela.
Un buen chorreón de brandy.



Soneto con estrambote

Fruto de sombra y niebla, la castaña,
en fecunda cosecha, cada año,
ya rendidos sus bronces, el castaño
de los templados bosques de mi España.
-oOo-

Pan de pobres, la nombra la montaña
en los tiempos difíciles de antaño,
más hoy no se les busca en tal apaño
sino en dulce y marrón, cada campaña.
-oOo-

Pela y cuece a cien grados, en minutos
hasta cinco; haz almíbar con canela,
Azúcar, agua y mezcla con los frutos.
-oOo-
Al cabo debes darle otra cocción
de tiempo similar en la candela
y ya tienes tu postre de marrón.
-oOo-

Hay otra aplicación:
con tres cochuras más, haz un trasvase
de frutos, caldo y brandy en un envase.
-oOo-



De: "Los fogones de mi memoria"

Ponemos las castañas  en botes previamente esterilizados (hervidos con las tapas durante quince minutos). Llenamos con el almíbar y cocemos los botes, bien tapados, durante media hora, en la olla a presión, para que se haga el vacío y prevenir el botulismo.



Premio al goloso: Arroz con leche adornado de castañas en almíbar


NITO


jueves, 11 de septiembre de 2014

PAILEBOTE “HIPOCAMPO”

Concentración de pilot-boat: Amor por la tradición velera
Con mucha ilusión, con infinitas “vivencias náuticas” de mi niñez a cuestas y con una modesta maqueta de pailebote realizada hará una treintena  años, como leitmotiv  recurrente, quisiera hablaros de este mítico velero, que no hace tanto tiempo, era abundantísimo en nuestras costas. Nuestra Literatura, nuestras leyendas, nuestra historia, están profusamente ilustradas con esta modesta nave.
Veamos algo de su rol, su descripción y la historia viva de algunos modelos  españoles todavía en uso. Señalando que el gran momento de los motoveleros fue durante la posguerra, en un escenario con graves deficiencias en el sector del transporte y fuertes restricciones en cuanto a los combustibles:
 La denominación Pailebote viene del término inglés pilot´s boat, (embarcación del práctico de los puertos ingleses de la segunda mitad del siglo XIX), con el que se designa a una pequeña goleta de líneas muy finas y generalmente de solo dos palos, usada hasta hace pocos años en el tráfico de cabotaje por las costas españolas.
El Mediterráneo: Campeón en la construcción de veleros de cabotaje
Un pailebot o pailebote es pues, un tipo de embarcación de vela que ha tenido diversos usos: mercante, pesca o yate de recreo. Su aparejo es una variante del de las goletas, pues también consta de dos o más palos sin cruzar aparejados con velas cangrejas o bermudianas en todos sus mástiles, pero, así como la goleta tiene todos sus mástiles de igual o muy similar longitud, el pailebote tiene el mástil de proa, llamado trinquete, ostensiblemente más corto. Su diseño le permite alcanzar gran velocidad.

Perfil del Sta. Eulalia
El empleo del pailebote se inició poco después de la primera guerra mundial, y vino a remplazar a los grandes y viejos veleros, que, al no poder competir con los buques de vapor, se habían refugiado en el tráfico de cabotaje. La ventaja de este tipo de embarcación estriba en su sencillo manejo, para el que precisaba de pocos tripulantes. Cabe destacar que hasta su desaparición los tripulantes participaban en las operaciones de carga y descarga, desempeñando generalmente la función de maquinilleros y percibiendo por ello una remuneración por cada día trabajado.

EJEMPLOS VIVOS


El Santa Eulàlia en la actualidad

 

El Pailebote “Santa Eulalia”

Los amantes de la navegación tenéis la oportunidad de salir a navegar en el pailebote Santa Eulàlia, un velero mercante construido en 1918 que el Museu Marítim de Barcelona ha recuperado y restaurado. La navegación tiene una duración de 3 horas y se hace un recorrido por la fachada marítima de Barcelona.

En el Moll de la Fusta de Barcelona, a pocos metros del Museu Marítim al que pertenece, se encuentra el pailebote Santa Eulàlia,  bonita embarcación histórica de tres palos, restaurada para el disfrute de todos aquellos que quieran saber un poco más sobre el pasado marinero de nuestro país.
En este estado lamentable se encontraba el Sta. Eulália

En 1997, este Museo, adquirió en subasta una embarcación histórica y muy especial: el barco llamado por aquel entonces Sayrernar Uno y que estaba concebido para tareas auxiliares en trabajos de submarinismo. Tras un cuidadoso proceso de restauración que permitió recuperar fielmente su aspecto original, el barco fue anclado en el Moll de la Fusta del Port Vell de Barcelona y rebautizado con el nombre de Santa Eulàlia, la co-patrona de la ciudad.
Gracias a esta operación pionera en España, se daba un paso más en la divulgación de un patrimonio marítimo de primer orden. Además, el pailebote se recuperó de tal manera que no supone solamente un lugar de visita, sino que al mismo tiempo constituye un buque insignia del museo cuando navega por las aguas del Mediterráneo.

El día de su rebotadura: Acción encomiable del Museo de Barcelona

La visita de esta vieja embarcación, construida en 1918 en Torrevieja con el nombre de Carmen Flores, es más que recomendable. El barco es un magnífico representante del museo dentro del agua; un ejemplo de pailebote de tres palos que podremos conocer paseando por el puerto o, mejor aún, si subimos a bordo y descubrimos todos los secretos de la navegación a vela.

 


El más antiguo del mundo: El “Isla Ebusitana”

Es uno de los barcos con más historia de España, se trata del Pailebote de 33 metros, ISLA EBUSITANA, con el armador Antonio Lorente López y defendiendo los colores del Club de Mar de Puerto Sherry.


Pailebote "Nieves"
Su Historia
El velero fue botado al agua por el constructor naval José Coll en el año 1856 en Palma de Mallorca con el muy religioso nombre de Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo.
Su casco fue hecho con maderas de la isla, fundamentalmente de pino y roble. Había dobles tablas de pino de 80 milímetros cada una sobre cuadernas de roble de 280 milímetros de grueso. El velero fue dedicado desde su botadura hasta los años setenta del siglo XX al comercio marítimo desde las Islas Baleares y otros puertos, como Valencia, Vinaroz, Málaga, Barcelona y finalmente Ibiza.
El primer motor no le fue instalado hasta el año 1933. Era un Otto Bronz de segunda mano, fabricado en 1920 y que tenía apenas 40 CV.
La vida comercial bajo pabellón Español terminó en el año 1978m cuando sus dueños Ibicencos vendieron entonces el Motovelero a una persona de nacionalidad holandesa. Después de otros cambios de propietario paso en 1987 a manos de un señor Suizo, Christian Vondruska, quien a lo largo de 17 años iba a cuidar miméticamente del barco, garantizando así que no se perdiera este histórico velero.
Finalmente, en verano de 2004 fue adquirido por unos empresarios del Mar Menor, sus nuevos dueños volvieron a poner el barco bajo pabellón Español. a finales de 2005 Dº Antonio Lorente decide asumir el reto en solitario, trasladando el barco a Cartagena.
Actualmente Cartagena y Puerto Sherry, concretamente el Club de Mar, son las bases del barco.

Mi pailebote "Hipocampo". En los banderines de señales dice MANUEL

El mítico y quimérico “Hipocampo”
Y, cómo no, fuera de catálogo (y motivo o excusa para este artículo), he aquí mi quimérico y querido pailebote “Hipocampo” matrícula de Palma. No se perdió en ninguna borrasca, ni en ningún otro siniestro marinero: Sencillamente, no existió ¿o tal vez sí…?

Soñar no cuesta nada
Veamos: Como “Hipocampo” no existió tal pailebote; pero si existió como “Virgen de Loreto” –postrer nombre de los varios que recibiera este enigmático motovelero, de andaduras e historia desconocida para mí- que, a mis seis años, apareció en mi vida un buen día en la Base de Hidroaviones del Atalayón de la Mar Chica (Melilla). Barco, desvencijado y desarbolado (solo tenía los palos machos), pero muy cuidado por la marinería de la Base y al cual me era permitido entrar y salir como por mi propia casa, con solo tres condiciones: No subir a los palos. No bajar a las bodegas. Y siempre vigilado por el botero.

Así sería el aspecto del "Virgen de Loreto" cuando lo conocí
Nadie supo contarme después, el origen de su historia, ni cómo Aviación lo tenía en la Base de Hidros. Su última singladura,  dicen,  antes de convertirse en pontón, fue Melilla-Los Alcázares (otra base aeronaval en Murcia), cargado de motores para revisar o averiados de los hidroaviones Dornier-Wal (tipo “Plus –Ultra” y de los que llegué a conocer cinco, en estado operativo, de los catorce que existieron al final de la guerra civil con los que se formó la 51 Escuadrilla). 

Mar-Chica vista desde el Gurugú. La península en ella es El Atalayón.

En el viaje de tornavuelta a su base en Melilla fue sorprendido por un fuerte temporal que arrasó su arboladura, llegando a duras penas a su base con la ayuda de su débil motor Otto Bronz de apenas 50 CV.

Chatarras de aviones Dornier y enigmáticos veleros:¿Caben mejores juguetes...?

Se contaba entre la marinería que este buque en 1920, había establecido un record de velocidad a vela, pues en sus orígenes carecía de motor, entre Barcelona y Soller (Mallorca) en 12 horas, marca en verdad asombrosa si se tiene en cuenta que el “Vapor” Correo de Transmediterránea, en la actualidad tarda cerca de 8 horas.
Esta marca solo nos dice dos cosas:  Lo fino y veloz que era este tipo de velero de cabotaje y las “tripas” de su patrón.

Con su línea de arrufo quebrantada apareció varado en la playa este motovelero
Sobre su posible origen mi padre me contó, no sé si fantaseando o no, que apareció varado y con grandes  destrozos en la barra de la Restinga de La Mar-Chica tras un fortísimo temporal de Levante durante la Guerra Civil. ¿Contrabando, armas, fuga de personajes de la ciudad camino de “la zona francesa”…?¿Por qué desapareció su folio, su matrícula?
Con esta reseña yo he indagado y encontrado varios naufragios y desapariciones de Pilo´s-Boat  en Melilla. ¿Alguno de ellos podría ser mi “Hipocampo”…?


Hundimiento del Pailebote"Alfredo" en el puerto de Melilla en 1924


"Dicen que fue marinero
el que supo hablar al viento,
enseñando a su velero
el norte en el firmamento"

NITO


lunes, 1 de septiembre de 2014

LOS FITÓNIMOS EN NUESTRAS CALLES


Acuarela de Carmona Almendros

(Continuación)

Después del agua, como elemento inspirador en el callejero, quizás sea el mundo vegetal el que más nos distingue de otro pueblos y ciudades. Es decir, los fitónimos para nombrar a nuestras calles y plazas.

 Una ciudad cuya otrora exuberante vegetación y vasta arboleda se alaba por propios y foráneos, incitando encendidos ditirambos en los escritores arábigos y no menos hiperbólicos elogios en los cristianos, que se muestra hipersensible ante el paisaje que las causa, y protesta (casi siempre inútilmente) las talas seculares que lo deterioran, tenía que rotular su callejero con abundantes fitónimos.



De tal manera, nos encontramos con referencias a árboles y plantas que testifican su presencia como ornamento de paseos y jardines, que sirven de sombra y alivio en los patinillos que centran sus casas, o definen espacios como el huerto-jardín de sus cármenes, o reptan y se alzan por los tapiales encalados, dando carácter a un urbanismo peculiar: Ciprés (hoy Málaga; y su homónima en el Albayzín, hoy Fátima), Granadillo, Almés, Alamillos, Naranjos, Pino, Cambrones, Rosal, Jazmín, Parra...


Foto de Mayte Martínez Caro

 «Tienen sus huertos y jardines con tantos naranjos, cidros, limones, toronjos, laureles... que parecen las casas de encantamento... ay en ellas otros tantos vergeles», y añade Bermúdez de Pedraza: «no ay casa grande, mediana, ni pequeña que no tenga huerto, parra, naranjo, o maceta con flores, o yerbas olorosas».

Y Huerto, Jardines y Vergeles también encuentran su lugar en el nomenclátor.



NITO



miércoles, 13 de agosto de 2014

CURIOSIDADES DEL CALLEJERO GRANADINO



Curiosidades del callejero granadino. Algunos aspectos de su nomenclatura.

Interesantísimo y muy jugoso me ha parecido el trabajo que hace el estudioso José González Martínez sobre el nomenclátor de las calles de Granada.
Casi como en todas partes, la nomenclatura de las calles conserva las huellas de la historia. En Granada es de destacar la toponimia árabe, el influjo de la religión, la antigua localización de los oficios, el comercio y la industria, la importancia del agua y de las plantas. La topografía aparece estrechamente relacionada con las costumbres y usos, con la política y con las leyendas populares. Sin embargo  –y casi como en todas partes- el desarrollo urbano las va transformando.
Hoy quiero resaltar, y de una manera especial, la toponímia callejera debida al agua por ser tan consustancial con nuestra Ciudad.

«Y Granada tiene dos ríos que la bañan
y muchos más arroyos por las calles»
(Vicente Espinel, Vida del escudero Marcos de Obregón).



El agua
El agua, que ha sido determinante en la configuración de la ciudad y en el paisaje que la circunda, señalará ríos y acequias en Carreras del Darro y del Genil, callejón de Acequia Gorda, etc. Las fuentes causarán hidrónimos como Fuente Nueva, Fuente Peña y Fuentecilla. Y cualquier otra incidencia en su urbanismo se reflejará en su onomástica, como los pilares, con Caño Dorado, Caños del Realejo, Pilarillo de Morales, Pilar del Toro... O los múltiples aljibes de sugeridores títulos, como el del Rey, de la Gitana, de Trillo, de Polo, Aljibillo. O en Bañuelo se evocan los baños tan significantes en las costumbres musulmanas e infundadamente desdeñados por los cristianos.
 «¿Vivirán nuestras mujeres sin baños, tradición tan antigua? ¿Veránlas en sus casas tristes, sucias, enfermas, donde tenían la limpieza por contentamiento, por vestido, por sanidad?» (Diego Hurtado de Mendoza, Guerra de Granada.




Más las Azacayas y Azacayuelas. De la conducción y repartimiento de las aguas perviven señales en Alcubilla del Caracol ó en plazas de Cauchiles, que rememoran la figura del cañero, heredero de los zanaguidles, que como ellos se encargaron del cuidado, reparo y distribución de ellas.
Denominándose específicamente del Agua, existen en el Albayzín («por ella entra casi descubierta la Acequia del Agua de Alfacar»), en Santo Domingo, Cartuja y la calle de la Duquesa, que también fue conocida así. Y quizás donde se remansan las aguas al confluir los dos ríos se llamó placeta del Remanso. O Arenas, porque sus orillas las tenían. Y la puerta del Arenal (Bib-Rambla) que por contenerlas en abundancia, a la orilla de su cauce, nominó a la que siendo ágora, campo lúdico de justas y torneos, escenario de fiestas religiosas y profanas, se califica como plaza mayor.

Ladrón del Agua nos conduce a los tiempos en que las monjas de Santa Isabel reciben las aguas de Aynadamar y les son usurpadas, a veces con fuerza de armas, por los frailes del llano.

(Continuará).



NITO 

martes, 15 de julio de 2014

EL DUENDE DE DÍLAR



Hoy nos refrescamos con una serie de cuentecillos y leyendas populares granadinos. Muchos de ellos narrados por nuestros propios abuelos hasta la saciedad y que llenaban aquellos huecos de nuestro ocio en los largos inviernos.
La siguiente Leyenda está extraída del libro “Las leyendas de nuestros pueblos” de José Manuel Fernández. Tiene para mí el interés añadido de que en uno de esos molinos que narra el autor, vivió mi abuelo materno, capataz de las obras de la Central Eléctrica de Dílar que allí se construía, hasta que éstas finalizaron. Ningún molino, para entonces, estaba operativo. La misma “Fábrica de la luz” se encargó de “darles la puntilla”: El agua ya no era competitiva frente al watio.


El relato.

“El municipio de Dílar está situado dentro de lo que se conocía como pueblo del entorno de “La Campana de Granada” (hasta donde dicen que llegaba el sonido de la campanas de la Torre de la Vela de la Alhambra: ¡Aquello sí que era un mundo sin ruidos, sin contaminación acústica!).

Es un pueblo que puede presumir de una gran riqueza natural y de su abundante y pura agua venida directamente en las cumbres de Sierra Nevada. Las acequias y el rio que rodean los valles de Dílar dotan a esta comarca de una belleza singular. Antiguamente la ribera del río estaba poblada de molinos que aprovecharon el agua para moler el trigo, aceitunas, etc. Y es uno de estos molinos donde comienza esta leyenda que les voy a contar…
En el centro de Dílar se encuentra la calle más estrecha que existe en el municipio con apenas un metro de ancha y de nombre “La Paz”. No es de las más bonitas que posee Dílar, pero en cambio tiene ese encanto de lo mágico y desconocido.



La calle posee un sobrenombre que los dilareños conocen como “la calle del duende”. Cuenta la leyenda que una familia de molineros que habitaban en uno de los molinos del río Dílar sufría desde hacía tiempo, retrasos en la entrega del material y no por ser malos trabajadores, sí no porque las herramientas nunca estaban donde debían estar, esto hacía que se perdiera el tiempo buscando la palanca, el martillo, la criba o el cenacho. Nunca estaban donde se dejaba y esto traía de cabeza al molinero que le echaba la culpa a su mujer.

-¿Dónde has puesto  el martillo, Isabel? - ¡Lo dejé ayer encima de la piedra y ya no está…!
-¡Pedro, yo no lo he cogido! –Debe de estar donde los dejaras… Que iba hacer yo con el martillo… -¿lavar la ropa con él…?
Así un día tras otro el molinero no sabía por qué las cosas de lugar. El pobre desesperado habló con su señora muy preocupado porque su memoria estaba empezando a fallar y aún era joven.

La "Fábrica de la Luz", funcionando  desde 1923

Y la mujer muy nerviosa le contó que a ella también los útiles de la cocina desaparecían y los encontraba en otro lugar, así pues o a los dos les fallaba la memoria o tenía que haber otra explicación…
Un día en el mercado del pueblo la mujer del molinero estaba haciendo la compra cuando una de sus amigas al verla le dijo: -Isabel qué mala cara tienes, parece que no has dormido en días.
-Una semana llevo sin dormir. –Le contestó. -Todas las noches las paso en vela y por la mañana estoy que no me aguanto de pié.
-¿Y eso por qué? -Preguntó a la amiga.
Isabel cogió del brazo a su amiga y la atrajo a un callejón menos concurrido y hablándole en voz baja le comentó todo lo que le ocurría desde hacía algún tiempo a ella y a su marido dentro de la casa del molino.
-Juana, temo que nos tomen por locos la gente del pueblo.
Mujer, lo que me cuentas es un poco raro pero sí hay alguien que te puede ayudar es la curandera Antonia quien vive cerca de la Ermita de la Virgen de las Nieves, ella sabe de esas cosas raras. Si quieres yo te acompaño.
Y las dos mujeres se dirigieron a casa de Antonia y le expusieron el problema.
-Isabel, el problema que tienes en la casa viene dado por la atracción que posee el agua para todo lo misterioso y mágico, al estar tu casa y el molino a la orilla del río Dílar no es de extrañar que se haya colado algún duende dentro de la casa y él sea el responsable de todo el lío que os trae de cabeza a tu marido y a ti. Te advierto que son muy juguetones y bromistas los duendes del agua.
-¿Pero qué puedo hacer? –Cada día perdemos varias horas buscando lo que el duende nos esconde y mi marido está desesperado.
La única solución que yo veo a vuestro problema es que cambiéis de casa y dejéis la del molino cerrada con el duende dentro, de esta manera podréis comenzar de nuevo sin inquilinos que os molesten.
-Por intentarlo no perdemos nada, de todas maneras mi marido posee una casa en el pueblo heredado de su padre, así que esta noche lo hablaré con él.
La conversación fue corta ya que el molinero no creía en esas cosas de magia y espíritus así que recriminó a su mujer que ya era mayorcita para creer en duendes, pero la mujer no se dio por vencida y esa misma noche antes de acostarse en vertió un poco de harina por el suelo de la cocina dejando un manto blanco. A la mañana siguiente antes de que su marido se despertase corrió a ver el suelo de la cocina y… Efectivamente sus sospechas eran ciertas y un montón de pequeñas pisadas recorrían el cuarto de izquierda a derecha, de arriba abajo, estando todo desordenado y cambiado de sitio.
La molinera despertó a su marido y le enseñó la cocina explicándole lo que había preparado la noche anterior para comprobar lo que Antonia la curandera le había dicho.
Los ojos del molinero no podían dar crédito a lo que estaba viendo y sin decir palabra empezó a preparar la mudanza a la casa de su padre en el pueblo.



Los siguientes días fueron de infarto y gracias a que los vecinos que ayudaron a recoger y trasladar los enseres a su nueva casa. Todavía el molinero tenía que dar un último viaje al molino para terminar de recoger las últimas herramientas y cerrar a cal y canto las puertas de su viejo molino. Isabel mientras tanto estaba en plena faena colocando todas las piezas en la nueva cocina, aquí los cuchillos, allí las sartenes, en esa otra alacena los pucheros, y en la estantería de arriba los cazos…
-Humm, creo que se me olvidó el lebrillo de cerámica para fregar los platos.
– ¡”No te preocupes que ese te lo he traído yo”! -Escucho una vocecita detrás de ella y al girarse para ver quién era no pudo aguantar el grito que se le escapó de su garganta al contemplar a un hombrecito verde con las orejas de punta y risa picarona. Al parecer el “duende” había decidido también trasladarse a la nueva casa.

Desde entonces a esa calle del Dílar le llaman del Duende y si no me creen pregunten a los vecinos”.


Modernas turbinas suizas de 2000 CV para el río Dílar


NITO