sábado, 18 de enero de 2014

EL PINTOR OLVIDADO DEL REALEJO



Bertuchi: La luz norteafricana 

Antes, mucho antes que yo conociera Granada, ya conocía gran parte de la obra pictórica de Mariano Bertuchi. En la Escuela Unitaria de Beni Enzar –Melilla- (¡Ay, aquel inconmensurable Don José…!), o en casa,  copiábamos postales de Bertuchi como temas de dibujo o pintura (mi padre era un gran entusiasta del pintor).
Bertuchi estaba presente en todas partes de aquella sociedad: Revistas ilustradas, carteles de turismo, libros, sellos de correos…

Tánger

La sorpresa fue cuando descubrí, ya viviendo en la Ciudad de los Cármenes, que era granadino y del Realejo. Y otra sorpresa fue descubrir que aquí casi nadie lo conocía (y mucho menos su obra).
Mariano Bertuchi Nieto nació el 6 de febrero de 1884 en el barrio del Realejo, concretamente en la casa número 2 de la calle Escutia, entre las calles Jarrería y Cuesta de los Monteros. En algunas fuentes he encontrado que fue en el número tres. Afortunadamente dicha vivienda está aún en pie, y se afirma que en su fachada hay una placa erigida el 24 de junio de 1956 por iniciativa de la Escuela de Artes y Oficios y el Ayuntamiento de Granada. Dicha placa, compuesta por un medallón de bronce y una lápida de mármol gris de Loja, fue realizada como homenaje al pintor apenas un año después de su fallecimiento en Tetuán, el 20 de junio de 1955.
Yo confieso no haber encontrado rastro alguno ni de esa placa ni trazas del pintor, salvo los pintarrajos grafiteros y la tristeza y decadencia de la calle.

Calle casa natal de Bertuchi
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Bertuchi, niño precoz, a los ocho años de edad recibe el diploma de la Academia Provincial de Bellas Artes de Málaga, donde estudiaba, y a los doce obtuviera el título de Socio de Honor del Liceo Artístico.
Contaba con tan sólo once años cuando debutó en la Exposición del Corpus Christi de 1895, que fue organizada por el Centro Artístico en su antiguo local de la Cuesta de Cuchilleros, concurriendo con algunos cuadros de temas granadinos. También participaron en dicho certamen unos jóvenes pintores desconocidos llamados José María Rodríguez Acosta y José María López Mezquita.




En 1900 expone en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, siendo discípulo en sus inicios del gran paisajista José Larrocha y de la Academia de Bellas Artes de San Felipe. Poco tiempo después, ya confirmado su talento para la pintura, completaría sus estudios en la Escuela Madrileña de Bellas Artes de San Fernando, con Antonio Muñoz Degraín de profesor.



Desembarco del 1º Tabor de Regulares en Cádiz

Por aquellos años se desataba la trágica e impopular Guerra de Marruecos, en la que miles de soldados españoles regaron con su sangre los áridos campos rifeños (Barranco del Lobo, Annual...). Muchos periodistas, fotógrafos, y también pintores, acompañaron a las fuerzas expedicionarias con el fin de informar sobre la carnicería que allí se estaba produciendo. Uno de ellos fue Bertuchi, que ya gozaba de una cierta fama como ilustrador; no olvidemos que las revistas ilustradas estaban en pleno apogeo, en una especie de edad de oro: Blanco y Negro, La Esfera, Nuevo Mundo, se superaban a la hora de mostrar las mejores fotografías y las más bellas estampas.

Proclamación de S.A.I. el Jalifa

El primer viaje de Bertuchi a Marruecos fue a Tánger, acompañando al intérprete oficial del general O'Donnell, Aníbal Rinaldi, a la sazón amigo íntimo de su padre. Después de este primer contacto con África vendrán otros muchos, hasta establecer su residencia permanente en aquel país. Así, poco a poco, casi de manera inadvertida, sus cuadros irán ocupando los despachos de los centros oficiales españoles.
María Pilar Queralt del Hierro, en unos apuntes biográficos del pintor granadino, afirma: "Con ello, iba entronizándose como pintor oficial del Marruecos español del siglo XX". Revistas y publicaciones de las tropas coloniales como África, Mauritania, Marruecos gráfico, Almotamid, Ketama o Marruecos turístico reproducirán en sus portadas carteles del pintor granadino llenos de motivos típicos de la zona: medinas, zocos, callejuelas, paisajes...




Definitivamente, Marruecos se convertirá en el escenario preferido de Mariano Bertuchi, en la fuente de su inspiración, pues es allí donde se aunarán la luz y el color de Málaga y Granada junto con el misterio y la belleza salvaje de los paisajes magrebíes.
En 1928, el pintor es nombrado inspector-jefe de los Servicios de Bellas Artes del Protectorado. Allí va a empezar a compatibilizar la pintura y su enseñanza junto con la dirección de las diversas instituciones creadas e impulsadas por su iniciativa: las Escuelas de Artes Indígenas de Tetuán y Xauen, la Escuela Preparatoria de Bellas Artes de Tetuán, y el Museo Marroquí de esta misma ciudad, población que fuera fundada por el granadino Al-Mandari. La huella que dejó tras su muerte fue tan honda que el Rey de Marruecos, Mohamed V, decidió que esos centros docentes continuasen con su labor después de alcanzada la independencia de su país.




Era tanto el prestigio del que disfrutaba Bertuchi, (ya era académico de la Real de Bellas Artes y de San Fernando), que la Dirección General de Correos, a la hora de buscar motivos para sus emisiones de sellos, se va a fijar en él. Ésta será la faceta más conocida del pintor entre los filatelistas.
En 1.947, como inspector de Bellas Artes del Protectorado Español, interviene en la restauración de palacio del Jalifa de Tetuán y de la fachada exterior del santuario de Sidi Ali bugaleb en Alcazarquivir.




El 29 de Julio de 1.948 se inaugura el Museo Marroquí dirigido por Bertuchi.
Mariano Bertuchi fallece en Tetuán el 20 de Junio de 1.955 a la edad de 71 años. Al día siguiente, y acompañado por un impresionante cortejo formado por su familia y las primeras autoridades civiles y militares del Protectorado, su cadáver es trasladado desde su domicilio en la Calle Generalísimo al cementerio católico de la ciudad.



En 1.956, un año después, Granada -su ciudad natal- le rinde homenaje mediante la realización en el Corral del Carbón de una exposición de su obra, descubriéndose una lápida que decía:
“En esta casa nacía el 6 de febrero de 1.884 el ilustre pintor don Mariano Bertuchi Nieto. Rinde homenaje a su memoria el Ayuntamiento de Granada y la Escuela de Artes y Oficios… Año 1.956”



NITO


NOTAS TOMADAS DE:
1/ Luis Morillo Vilches
“De la Sociedad Filatélica y Numismática Granadina”.
2/ El Faro de Ceuta: Diversos artículos.

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sábado, 4 de enero de 2014

HASTA ROMPER LA CAMPANA



“Granada sobre la Vega,
sobre Granada la Alhambra,
sobre la Alhambra la Torre
y en la Torre, la campana”.
.El Patronato de la Alhambra y el Generalife ha permitido el acceso gratuito a la Alcazaba, como cada 2 de enero, para que ciudadanos y visitantes puedan cumplir la tradición de tocar la campana de la Torre de la Vela.
"La tradición cuenta que las mujeres solteras de la ciudad que hagan sonar la campana el 2 de enero, contraerán matrimonio antes de que termine el año", ha explicado el Patronato, que ha destacado que se trata de una "oportunidad única" de contemplar unas "fantásticas panorámicas" de la ciudad de Granada, La Vega y Sierra Nevada.
La Torre de la Vela, colocada en época cristiana sobre una edificación cuya planta mide 16 metros de lado y con una altura de casi 27 metros, antiguamente servía para regular los riegos de la vega.


Foto Manuel Torres Molina. 1943

-Pero esta tradición de subir a tocar la campana de la Vela con ocasión de la fiesta de la Toma, la hizo quebrar en varias ocasiones.
Una tradición que ritualmente se renueva cada año el 2 de Enero. Es en esta fecha cuando miles de granadinos –y especialmente granadinas-  suben hasta las alturas áulicas de la colina palatina de la Alhambra   para tañer la campana de la Vela. Ello que es normal, hasta bien entrado el XVIII concitaba a los fornidos jóvenes de la ciudad, que con todo vigor la golpeaban para, rompiendo la campana, demostrar la “hombría”. Tanto es así, que la campana fue quebrada en varias ocasiones teniendo que ser sustituida.




“La que toca el dos de enero,
la campana de la vela
se casa dentro de un año…
… si no se queda soltera”

En relatos de cronistas granadinos como  César Girón, Francisco de Paula, o más antiguamente por Francisco Enríquez de la Jorquera, nos cuentan la larga historia de la campana de la Vela y su tradición. La primera campana, que acompañó a las huestes cristianas fue donada a la ciudad por los Reyes Católicos.
Cuando en 1569, año en que la Guerra de los Moriscos alcanzaba sus episodios más trágicos, hubo que sustituir la campana con toda urgencia, por haberse quebrado por tantos y continuos toques de rebato que hubo de soportar. Fue el maestro campanero Juan Vélez quien fundió una nueva campana de bronce, que realmente duró muy poco tiempo, solo 25 años.
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En 1591 hubo de ser sustituida dado su total deterioro, principalmente por los últimos toques reguladores de los tiempos de riego y por la mala costumbre que entre los granadinos  se extendía de golpearla despiadadamente cada dos de enero.
Fue Antón García el fundidor que elaboró otra pieza nueva que debió resultar de pésima calidad, por lo que duró sólo cuatro años, debiendo ser refundida nuevamente en 1525. La de Antón García volvió a sucumbir por el solo hecho de empeñarse Granada en tocarla.

Quebrada nuevamente en apenas tres décadas, en 1624, se decidió buscar, por el Gobernador de la Alhambra, un maestro fundidor lejos de nuestras fronteras, capaz de asegurar la vida de la histórica y fundamental campana. Fue elegido por su fama el campanero francés Ramón Fontán que refundió la anterior y realizó una nueva que se partiría apenas quince años después a causa, no de los toques, sino por el intenso frío que nuestra tierra padeció durante el invierno de 1640. “La francesa” fue reparada nuevamente y prolongó su vida otros quince años más.
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En 1655 tuvo que ser refundida por el maestro campanero Diego de la Sota perdurando hasta 1740.
Rajada otra vez en este último año, se descolgó y en medio de un gran despliegue de medios, fue trasladada a la capital hispalense para su refundición.
Fracturándose de nuevo a los 22 años, fue reparada y colocada de nuevo. Pero once años después, en 1773, debido al ímpetu manifestado por los granadinos, que ese año subieron a tocarla los días  uno y dos de enero y del poco reposo que gozó durante el día, terminó maltrecha, cascada y quebrada.
Un toque final, cuando ya se había marchado la gente,  dijo a toda Granada con un sonido lastimero, que la campana de la Vela, había sucumbido de nuevo al ímpetu de los jóvenes granadinos que la partieron por el cumplimiento de esta tradición de gran arraigo ciudadano.

La campana actual
La campana que vemos actualmente fue fundida por José Lorenzo Corona en 1773, y debió ser la mejor, pues ahí sigue contemplando la ciudad, con sus 234 años de existencia.
-Ha soportado  toques de riego,  de horas,  de cambio de guardia,  de arrebato  y  –sobre todo-  a la intensidad que la tradición de la Toma de Granada hace que suene  ininterrumpídamente durante los días enteros, cada 2 de enero, en la que los mozos y muchachas de siempre, se emplearon a fondo en hacerla tañer.

Enmudecida
La campana permaneció muda desde 1808 hasta 1840 por distintas razones; espacio temporal en que sólo sonó en contadas ocasiones.
Tuvo que trasladarse de lugar la espadaña que soporta la campana, por encontrarse medio derruida por algún temblor de tierra y que resquebrajó su fábrica.
Desde 1787 había sido levantada en lado noroeste, siendo ubicada en el centro del lado de poniente.
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La campana de la Vela soy
y cien arrobas peso sin badajo.
el que no me lo quiera creer,
atrévase a ponerse debajo.


“En agosto de 1840 se trasladó esta campana desde el ángulo derecho que ocupaba al sitio donde se halla, y se reedificó  la torre que amenazaba ruina, siendo Gobernador de la fortaleza el teniente coronel Don Juan Parejo”.

Sin embargo, años más tarde, la caída de un rayo durante una fuerte tormenta, hubo de reconstruirse nuevamente la edificación de la espadaña, siendo sustituida la anterior lápida, por otra que relata ambos acontecimientos y que aún puede verse junto a campana de la Vela; en ella dice:
“En 1840 se trasladó la campana desde el ángulo norte de la Torre al sitio que hoy ocupa, y en 1881 fue destruida la espadaña por un rayo y reedificada en esta misma fecha”.





Desde 1998 la campana ha renovado su histórica trayectoria con la instalación de un dispositivo electrónico que la hace sonar regularmente y que fue costeado por la asociación Granada Histórica que la donó a la Alhambra,  y esto fue necesario por la desaparición de los oficios de campanero y del gremio de guardeses y torreros que en ella vivían y la hacían tañer.
Los sonidos de la Vela siempre formaron parte de Granada y su historia de modo que, como dice la profecía, “Granada dejará de existir cuando la Campana de la Vela deje de oírse”.


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“En lo alto de la Vela;
hay una campana de plata;
cuando suenan sus metales
dice que, ¡viva Granada!”



NITO

domingo, 29 de diciembre de 2013

EL TERCER DESEO: ENIGMA


¡Qué curioso!  -Los granadinos de toda la vida admiten, sin ninguna clase de problemas, ser descendientes de los moros, aunque también de los judíos y por supuesto de los cristianos que se establecieron aquí después de la Toma. Pocos admiten ser descendientes de los alemanes que acompañaron al emperador Carlos V en los seis meses que pasó en Granada tras su casamiento con Isabel de Portugal. Los que tienen el labio befo, la piel blanca y un acusado prognatismo (que los hay entre nosotros) dicen ser todos hijos del emperador y no he oído que ninguno de ellos se proclame hijo de algún palafrenero del gran Carlos.
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Volviendo a los primeros, diremos que son muchos los granadinos que se creen sucesores de aquellos nazaritas, creadores y dueños de aquélla Granada culta y refinada.
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Te propongo hoy un juego, al que no me atrevo a llamar charada, que demostraría  si tienes o nó algo de herencia nazarita. Estoy convencido de que no la tienes, y si acaso la tuvieras, estaría ésta tan diluida por el tiempo y por la contaminación histórica y medioambiental (ya sabes: la malafornicius granatensis), que apenas dejaría rastro en tu ADN.
 Sólo así podrás demostrarme, sí acaso, que por tus venas corre, no digo ya sangre árabe, sino al menos espíritu sarraceno, sagaz y ardiente que caracteriza fundamentalmente a los hijos del desierto.
Pero mucho me temo que no, que no quede ni rastro en nuestros genes de aquellos que se pasearon por nuestra tierra, poseedores de aquel genio vivo, receloso y fatalista. Que ya no queda nada de nada.

-"¡Vamos, hombre: Decídete ya, que no tenemos todo el día...!"

LA PRUEBA.-
¿Recuerdas el cuento clásico de Aladino y la lámpara maravillosa? ¿Recuerdas cuándo lo leíste por primera vez…? ¿Qué sensación te causó…?

Supongamos que has sido tan afortunado que, en uno de tus paseos por “El Llano de la Perdiz”, te has topado con la Lámpara y su desesperado Genio. Supongamos que el Genio está esperando a que le formules tu tercer deseo. Ya le has pedido –como es natural y según apetencias y necesidades-, salud, amor, dinero, belleza, poder… ¿Te atreverías a rematar la faena pidiendo un tercer y último deseo con marchamo oriental-nazarita…?
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Esta es la prueba que te propongo para demostrar sí tú eres heredero de aquellos que se fueron y llevas, si no la misma sangre, repito, por lo menos algún atisbo de aquel espíritu oriental.
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Parece una tontería, pero es en estos inocentes juegos, donde niños moros de ocho o diez  años, sin mucha o ninguna formación académica (aunque sí coránica), me demostraban que, como poco, eran más pillos, más despiertos, más prácticos que yo, y que en sus genes todavía se conservaban atisbos de sus antecesores, los de “Las mil y una noches”.

Foto de Jaime Nicolau Escriva


NITO

martes, 24 de diciembre de 2013

Granada luce preciosa


Como si yo fuera el mismísimo "Genio de Aladino", 
el de la lámpara maravillosa, me dispongo a concederte tres dones,
bien elegidos (ya hablaremos en charada próxima, si sabrías acertar tu solo). 
Fíjate bien, murguero: El alma serena, el cuerpo equilibrado y bolsillo sin agobio.
Toda esta sarta de buenos deseos es lo que pido para tí.
¡¡¡Feliz Navidad Murguera!!!


viernes, 20 de diciembre de 2013

MONDÚJAR- BARRANCO DEL PLEITO


 Ruta ofrecida por cortesía de nuestros montañeros murgueros  Pepe Zúñiga, Pepe Prieto y Paco.

Ruta circular de 16 km. de distancia con un recorrido en su mayor parte de sendero y unos 6 km de pista de media montaña.

         Esta ruta es muy soleada, pasando por una zona de montaña en la que predominan grandes plantaciones de almendros y desgraciadamente unas pocas manchas de pinos después de un incendio.


       Tanto el ascenso desde la localidad de Acequias hasta la pista forestal se realiza por un sendero con ascenso constante, pero cómodo, con vistas al río Torrente, Nigüelas, Valle de Dúrcal y Padul.


       
 El trayecto de pista forestal que va del barranco del Pleito a Haza Llana es casi llano, con una vegetación de almendros, tierras de labor y pinos. A lo largo de unos dos o tres kilómetros, paralela a la pista va una tubería de agua, con varias fuentes a lo largo del recorrido.


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 La bajada se realiza por un sendero que en la parte alta atraviesa un pinar joven con magnificas vistas al barranco de Tablate y valle de Lecrín.

      Esta ruta merece la pena hacerla, esperamos que en el mes de febrero o marzo volver para contemplar los almendros en flor. Hoy el tiempo nos ha acompañado, el día medio nublado, temperatura de unos 10 grados, ideal para esta actividad.



      Participantes: Paco, Pepe Zúñiga y Pepe Prieto.

      Datos:   
                Tiempo total: 4:00 h., tiempo activo: 03:50 h.
                Pasos: 25774. Distancia: 16 km.
                Ascenso: 620 m, descenso: 635 m., altitud máxima: 1290 m
                Calorías: 1746 kcal.  
                 



domingo, 1 de diciembre de 2013

EL CUADRANTE SOLAR DE LA ALHAMBRA




La tradición de los cuadrantes solares andalusíes es sorprendentemente pobre si se contrasta con la habilidad que demostraron los artesanos de esta zona a la hora de construir, por ejemplo, astrolabios. Este cuadrante que comentamos ahora, es una de las ocho piezas de esta índole conservadas.
Su cronología exacta es desconocida. Está realizado en un placa de mármol de 26 x 19 x 3 cm. aproximadamente.  Se presume que su origen es Córdoba y en la actualidad está depositado en el Museo de la Alhambra.

El esquema del cuadrante tratado

 Puede observarse en él que las curvas que corresponden a la sombra que proyecta el sol en los solsticios han sido aproximadas mediante arcos de círculo: dada la dificultad que tiene el dibujar arcos de hipérbola, puede comprobarse que cinco de las ocho piezas conservadas recurren al expediente de calcular la sombra del sol en el comienzo de cada hora para ambos solsticios y unir los puntos obtenidos mediante líneas rectas, lo que constituye un expediente más preciso que el utilizado aquí.
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Ejemplar encontrado en el Patio de los Relojes de Medina Azahara
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 Por otra parte, este cuadrante presenta dos líneas Este-Oeste, en lugar de una sola (que corresponde a la sombra proyectada por el sol en los equinoccios). La segunda (sombra del sol en Tauro y Virgo) está trazada de modo que sea tangente al borde meridional del agujero en el que se insertaba el gnomon y parece haber desempeñado el papel de una recta auxiliar al trazar el instrumento.

El astrolabio. La "Summa hábilis" de la ciencia y eficacia andalusíes

Un último rasgo curioso se encuentra en el dibujo situado en la esquina SE del instrumento, que se ha interpretado como un compás, unas tenacillas o pinzas o un mihrab: es más que probable que marque la dirección de la alquibla hacia el punto medio entre el Sur y el Este del horizonte, una solución de compromiso que está documentada en otras fuentes andalusíes.

Mi anillo solar

Pero ¿Qué es un cuadrante?
Ni más ni menos que un reloj de sol. El principio de los cuadrantes solares se basa en la proyección de la sombra de una varilla (llamada estilo) sobre un soporte graduado. El Sol efectúa una revolución aparente cada 24 horas (evidentemente es la Tierra la que gira sobre sí misma). Es posible medir el ángulo horario del Sol y hallar la hora solar verdadera, o por el esquema de correcciones, la hora legal.

Siempre el empeño inútil del hombre por controlar el tiempo

Se pueden construir cuadrantes sobre todo tipos de soportes planos o no. Los cuadrantes no planos son bastante raros y son difíciles de construir. Los cuadrantes planos son tan variados como sea la orientación y la inclinación del soporte. Los más corrientes son los cuadrantes horizontales (colocados a menudo sobre columnas en los jardines) y los cuadrantes verticales meridionales (en las fachadas de casas y en iglesias).
La ciencia de los cuadrantes solares se llama gnomónica, no confundir con gnómica a pesar de su etimología común.
 Algún día esta Murga atrevida presentará un tutorial sobre la forma de hacer un sencillo y fiable reloj solar contando tan sólo con el conocimiento de nuestra Latitud local (para Granada es de 37´11º N).



NITO

sábado, 16 de noviembre de 2013

ESQUINAS ATREVIDAS EN GRAN VÍA




Entre las cada vez más escasas muestras de interés arquitectónico de una época concreta –comienzos del siglo XX- que van quedándonos en Granada, destacamos este notable edificio de la Gran Vía, esquina a Tinajilla.
No es un caso único en esta Avenida el gusto por rematar las esquinas cuando no es posible utilizar el ángulo recto. Crean así sus arquitectos unas bellas esquinas atrevidas y originales (véase el edificio esquina a Azacayas).


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 Nos dice Juan Bustos Rodríguez  en su Granada, laberinto de imágenes y recuerdos: “Su cierre en piedra artificial (cemento) y sus barandas en hierro forjado, con diseño y ornamentación modernista, caracterizan su estilo, que fue el adoptado en tiempos de la burguesía progresista de nuestra ciudad –con la del resto del país- hacia finales del S. XIX.
Era aquélla burguesía la que estuvo ligada a un excitante tirón industrial que, por lo efímero, apenas dejó más recuerdo que sus frustradas expectativas de desarrollo.




 Pero volviendo a la finca, resaltaremos su  abundancia en elementos de interés, empezando por los propios de la ornamentación vegetal y floral que decora  la vistosa fachada.
Es interesante, así mismo, la ligazón del cierre a los balcones laterales, dentro de una composición unitaria de la fachada, que desestima la simple superposición de elementos sueltos.
Original  también el dintel trilobulado encima de los balcones, que en su moldura recuerda formas góticas, estilo artístico con el que tantas relaciones formales tubo, en definitiva, el estilo modernista.



De gran visualidad el remate superior, con cornisa discontinua, con molduras y modillones, culminando con barandillas de huecos arcos en su parte inferior y remates de la parte de obra que continúan a modo de grandes pilastras.
Acaba tan deliciosa ornamentación una serie de motivos vegetales y florales. En la planta baja pueden observarse los arcos que eran propios durante una época en los huecos de fachadas para los locales comerciales”.
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En la casa, por cierto, tuvo lugar un episodio dramático cierta vez. En los terribles años 40. Unos rateros fueron sorprendidos en plena fechoría, se armó el consiguiente revuelo entre los inquilinos, se corrió la voz de que podían ser los célebres hermanos Quero, los últimos resistentes al régimen del 18 de julio que eran buscados por todas las fuerzas de seguridad, se presentó la policía y los pobres desdichados –que no eran ninguno de los Quero-  murieron acribillados.

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En estos ejemplos de ´”esquinas atrevidas” que posee la Gran Vía, se ha huido de la fractura rotunda del ángulo recto, aliviando su rigidez con gracia y originalidad manifiesta. En la época en que se levantaron estos edificios, aún no había muerto la Diversidad; aún no había aparecido ese horrible y mal llamado “sentido práctico” que está acabando con nuestra elegante arquitectura en la ciudad.




NITO
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miércoles, 30 de octubre de 2013

CUANTO MÁS RICOS, MÁS ANIMALES


 
En esta fotografía de 1904, se puede ver al carruaje mortuorio de primera clase que se dirige hacia la Carrera del Darro y al nuevo camino del Rey Chico hasta el cementerio. De este modo el paseo del Darro pasó a denominarse "paseo de los tristes". (Archivo Giménez Yanguas)
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En un momento en que la celebración de Halloween, inventada por los norteamericanos sobre una antigua costumbre celta más con miras comerciales que otra cosa, causa furor entre nuestra juventud, más que por nada, por convertirse la efeméride en un multitudinario baile de disfraces al estilo Hollywood, propuestas como las del Ayuntamiento de Guadix y de los Hermanos Fossores de la localidad de conmemorar la noche de difuntos con solemnidad, debe ser contemplada con admiración.
Pero eso es una cosa y otra muy distinta es lo que le estoy leyendo a César Girón, en sus "Nuevas curiosidades granadinas". ¡Me ha sorprendido tanto, que no me lo acabo de creer...!

Carmen del Aljibillo

Nuestras tradiciones
“En esto de morirse, dice el erudito Luis Carandell, los pueblos mediterráneos sabemos mucho”. La celebración de la muerte y de su ritual ha sido siempre muy particular en nuestro país, donde las plañideras eran un elemento, sí se quiere, más importante aún el propio sacerdote, en el momento post mortem. “Un entierro sin lloronas, no era ni entierro ni era nada”. Como un entierro sin carruajes, vamos. Enterrar a un pariente sin la presencia de una larga procesión de carros representativos de las distintas y principales estirpes del lugar era poco más o menos que airear a los cuatro vientos, que el finado era un “don nadie”.

Conocido es el dicho popular que corría por Granada durante el siglo XIX y a principios del XX: “Cuanto más ricos, más animales”, en referencia directa a que cuando de un sepelio de un ricohombre se trataba, la sucesión de coches particulares enjaezados sus caballos enlutados era directamente proporcional a su consideración material por el resto de los mortales, que de este modo sin ir o asistir las más veces, participaban en el último viaje, haciendo ostentosa demostración de aflicción, enviando su mejor carruaje con un tiro de caballos empenachados de negro.

Mucho animal en representación de sus dueños

Procesión fúnebre
Formar un sepelio en Granada no debía ser nada fácil. Así se concluye de los numerosos testimonios que pueden hallarse sobre los entierros que de común se celebraban en nuestra ciudad, casi siempre, en torno a la parroquial de Santa Ana, en Plaza Nueva, donde de un modo u otro se iniciaba, se continuaba o se despedía –las menos de las veces- a las procesiones fúnebres de los difuntos granadinos.
Leer la crónica de los sepelios realizados a principales personalidades de nuestra ciudad como por ejemplo Eduardo Rodríguez Bolívar o Manuel Rodríguez Acosta Palacios, pone claramente al descubierto cuan magnificentes debían ser aquellos románticos funerales. Hasta 130 carruajes enganchados a tiros de 6 y 8 caballos  participaron, cientos de sentidas plañideras en su mayoría contratadas en el entorno de las principales parroquias, decenas de veleros –que llegaron a organizarse en una especie de gremio- que alumbraran el cortejo, curas, monaguillos y religiosos revestidos, el director espiritual del finado que había de celebrar el funeral, representaciones institucionales, amigos, parientes, familia cercana, el difunto en su ataúd, descubierto si es posible, colocado sobre un armón de artillería y hasta tres bandas de música –ahí es nada- que abrían el cortejo, se ubicaban enmedio del mismo y tras el finado, para dar solemnidad al fúnebre desfile y sembrar de tristeza el aire de Granada.

Un entierro pasa junto al molino del Rey Chico (grabado de Lewis, 1834)

Estampicas de muerto
Esta particular forma de morirse y "celebrarse" el óbito en nuestra ciudad no era exclusiva de Granada. En todas partes se celebraba en modo similar. Todo comenzaron con los anuncios de una posible muerte que corría de boca en boca y en algún caso llegaron a anunciarse en algún periódico local: -Necrológica- mañana o tal vez pasado mañana, no más tarde, morirá en el manchego pueblo de Valdepeñas, víctima de la cruel  enfermedad que le aqueja, la madre del joven ilustrado, Tomás Capilla Hinojosa, quien lo anticipa sus amigos y conocidos, rogándole una oración por el eterno descanso de su alma, cuando sea necesario. (El Defensor 1894).
Pero lo normal era que tras la muerte decretada, se colocasen, además de en la prensa si se era pudiente, anuncios o proclamas en las puertas de las parroquias y en las esquinas de las calles principales de la colación a la que pertenecía y vivía el finado. Así, con estas esquelas, se enteraba todo el mundo de la desaparición de un ser vivo. Después, como recordarán, hasta hace pocos años, se hacían lo que en Granada se llamaba vulgarmente: “las estampicas del muerto”, que era como una especie de recordatorio de primera comunión, pero en negro, impreso como un esquela de mano, con encintado negro, con cruz fúnebre, oración para el último viaje y en ocasiones con una fotografía entristecida del finado, que eran enviadas por correo o repartidas por los parientes a todos aquellos que se encontraban, tras el entierro del ser querido.

La cuesta de los Chinos o "Cuesta de los muertos"

Hasta el camposanto
Salvo los suicidados a los que se procuraba realizar un entierro discreto, el resto de los mortales en Granada gozaban de un reconocido “paseíllo”. Los sepelios en nuestra ciudad eran conducidos entre otras manifestaciones de duelo hasta el cementerio de San José, en la colina de los Alixares, desde más o menos 1804 que fue el momento en que este camposanto comienza su andadura contemporánea. Pocos eran los cortejos fúnebres que subían por la cuesta de Gomérez y la Alhambra hasta el cementerio. Se debía ser una personalidad muy principal para ello. Lo normal y permitido era que el desfile fúnebre tomarse por Plaza Nueva y la carrera del Darro, hasta el Paseo de los Tristes y tomando el Puente del Aljibillo, se alcanzase el comienzo de la Cuesta de los Chinos, conocida entonces como “Cuesta de los muertos”. Allí lo normal es que el cadáver pasase de los hombros de los seres más allegados a los del personal especializado y pagado, contratado en el quiosco del Rey Chico, que se encargaría del transporte por la empinada cuesta hasta el cementerio, hasta donde corre que te pillo muchas veces, llegaban por distintos medios e itinerarios los que querían estar presentes en el momento de dar tierra al finado.

Grabado de Rocío Fernández

Estampas “granadinas”
Lo normal era que los familiares despidiesen a los asistentes en el Rey Chico, delante del quiosco que allí había en el que los veleros y porteadores recibían sus asignaciones y tomaran una copa de coñac o aguardiente para hacer fuerzas. Era allí donde los familiares formaban y los asistentes les hacían “las manifestaciones de duelo”. Realizado ello, el cortejo fúnebre, claramente menguado, tomada dirección a las alturas áulicas del cerro del Sol.  Durante el tránsito por la cuesta de los Chinos, o de los Muertos, eran cuando se producían las escenas  –no siempre-  más genuinamente “granaínas”.
Sí familiares muy cercanos no habían podido llegar al entierro por vivir lejos de Granada y no se disponía de foto reciente del difunto, era el momento, cuando prácticamente nadie había en el cortejo, de sacar el cadáver del ataúd y tras apoyarlo en la tapia de la Alhambra para tomarle una instantánea, “lo más natural posible”, para que los dolientes tuvieran el último recuerdo del ser querido; era lo que se conocía como “la foto del último momento”. Y sí la noche llegaba, lo que a veces pasaba, dada la complejidad de los funerales, frecuente era que se despidiese hasta el día siguiente a los pocos que acompañarán al cadáver por el barranco del Rey Chico, y el ataúd era “escondido” en alguna de las cuevas de la cuesta, donde debidamente guardado, quedaba en espera de la mañana siguiente, en que era sacado de nuevo y se renovaba “el paseíllo”, siendo llevado definitivamente el finado hasta el camposanto, donde se le daba sepultura como si nada hubiese pasado.





NITO