Sí, es verdad. Se veía venir ya desde tiempo atrás: “El Bar Granados cierra definitivamente”.
Creo que no habrá pillado a casi nadie de sorpresa, sobre todo si uno conoce algo de los pocos santuarios de la “malafollá granaina” que van quedando en nuestra ciudad. Se notaba. En los últimos años, lo que se dice regularidad en abrir al público no la había.
En este sentido, después de leer la noticia de Ideal de 19 de Agosto pasado, me han llamado poderosamente la atención los comentarios que algunos clientes y no clientes han hecho acerca de la noticia:
1. “Un sitio muy agradable. Era Graná en estado puro”.
2. “Ah! ¿Pero es que estaba abierto?
3. “¿Y este señor, por qué tenía las puertas y las fachadas de su negocio tan descuidadas?”. -Me lo he preguntado muchísimos años.
.Como veréis, no se puede difundir a los cuatro vientos tanto con tan pocas palabras. Es el volcán de la sabiduría arrojando lava de “la rancia idiosincrasia granaina”.
Yo también voy a echarle mi dosis de “malafollailla”, pa eso nací en la calle Santa Paula, cerca del mercado de San Agustín: Digo y asevero que Luis abría o cerraba cuando le salía de la misma “poyiya”.
Tenía descuidadas las puertas y las fachadas y rotos algunos cristales, también en su interior, porque, asimismo, le salía de su “poyiya”. -Perdóneme señor, pero… se lo va a tener que seguir preguntando muchos años más.
Sobre el comentario de que era lugar agradable. Graná en estado puro. ¿Qué puedo decir? -Lo suscribo letra a letra.
Recuerdo haber escrito (cuestiones del trabajo) hace como unos 30 años lo siguiente:
“Luis Granados es persona de reconocida solvencia moral y económica. Su negocio se desarrolla con normalidad y magnífico desenvolvimiento. Estimamos que no existe ningún tipo de dificultad para el pago de las amortizaciones. Caso de ser autorizada esta operación, se afrontará con la mayor garantía. El objeto de esta solicitud es la reforma de negocio (Bar) situado en lugar céntrico de esta ciudad”.
Probablemente, él no había solicitado ninguna operación financiera, pero los productores del Banco las proponían para ofrecer algo que ya de antemano sabían estaba aprobado.
A la sazón, yo trabajaba en el negociado de créditos de un Banco y hacíamos producción cuando la ocasión se presentaba, podía coincidir ésta a la salida, sobre todo los viernes o sábados, que era de rigor y obligado cumplimiento refrescar el gaznate con “un mejorana” y un tomate aliñao con esa mezcla de hierbas que Luis fabricaba de manera artística, que no artesana, pues es artista el que tiene arte y Luis lo tiene.
A lo que íbamos... La oferta del Banco era buena pues además tenia la seguridad de su recobro final.
La respuesta de Luis no fue menos buena y además tajante: “Anda ya...”(Aquí tengo yo que añadir: tampoco le salió de su “poyiya”).
“Todo pasa y todo queda... pero lo nuestro es pasar...”
… Hoy decimos adiós al Mejorana, como antes dijimos adiós al “pálido” de las bodegas Muñoz Rivas, y nos despedimos del “forzudo” del Cortijo las Cruces en la calle Recogidas. Antes nos habíamos quedado mudos con la despedida del “Cristóbal” en la calle Santa Teresa, luego fue a los “chatos manchegos” del Elefante (casa Enrique). Como en su día fue el “Rey Chico” o “Casa Bienvenido” y tantos otros. No hace tanto “la Pajuana” en Puente Verde o antes “Los Manueles”, “Bodegas las 3 M” o bodegas “La Goma”. No hablemos de aquellas cafeterías entrañables como “El Zeluán” en San Juan de Dios o “El Suizo” en “Puerta Rá” o “El Americano” en Gran Vía.
Cafeterías éstas apropiadas para tertulias y reuniones. Recuerdo grato de una tertulia en el Suizo a la que asistí como invitado durante un tiempo y en la que conocí historias inverosímiles contadas por aquellos “intelectuales” doctos en materias variopintas y no exentos de su correspondiente “malafollá”. Por cierto, también eran conocedores y asiduos de las bodegas, las hubierenlas donde las hubiere.
Bares, tascas, ventas, bodegas o cafés, con ese sabor rancio que le daba sobre todo la gente que los frecuentaba y su aspecto, por dentro y por fuera. No tardé mucho en comprender el por qué se mantenía la fisonomía primitiva de aquellos lugares. Ni que decir tiene que, algunos de los aquí nombrados optaron por la reforma y puesta al día. La consecuencia inmediata fue la pérdida de ese encanto nostálgico que les había otorgado el paso de los años.
De las pocas (bodegas) que van quedando merecen especial atención las “Espadafor” (de sus paredes cuelgan aún fotografías que ponen el bigote de punta), “La Mancha” con su caldico de cocido y “Las Castañeda” con sus sui géneris foyasas de calicasas . ¡No cerréis por Dios…!
Y ahora… Ahora toca decir adiós al “Mejorana” del “Bar Granados”. ¡Ahora...!
Ahora... ya se van humedeciendo estos ojos que escriben con el corazón porque con la mano no podrían y porque los recuerdos siempre quedan y jamás vuelven a ser realidad y Graná sigue inyectándonos a grandes dosis esos innumerables recuerdos en el alma; en sitio menos etéreo no cabrían.
¡Que viva Luis Granados,
que viva “el Mejorana”,
que no hay otro igual
en toda Granada!
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En el “Granados” hubo alegrías muchas y tristezas, pero menos. En su tiempo, cuando cerraba más tarde aparecían por el bar los que para ellos la noche era su particular día y su propia vida. Entonces decía Luis con voz más enérgica: “Vete ya cohones..., que tengo que cerrar” A lo que el otro respondía: -¿Y a onde vas? Con esa calma del que está “agustico” y no tiene nunca prisa. Repetía: -¿Ande pollas vas…? -Hasta que no me acabe este y otro mejorana no me voy.
-Haces muy bien en guardar el secreto de tu cosecha propia. Sabemos bien que no será un Rioja del 82 o un Rivera del 77, pero es “tu cosecha propia”. Ahora que debes saber que ese “Mejorana del Granados” ya no te pertenece porque es desde este Agosto de 2011, patrimonio de esa Graná profunda, dueña en exclusiva de sus duendes, de sus poetas y bohemios, de su propio aire serrano y de sus gentes, incluidas esas que hablan de La Alhambra sin haberla visto nunca y al mismo tiempo se parten el pecho por el Granada C.F. Es el contraste del que se sabe poseedor de algo grande heredado pero no sabe o no quiere reconocerlo. “Déjate de poyas, vayamos a poyiyas...”. Tú siempre lo has sabido y lo has comprendido: - ¿Reformar la bodega? ¡Anda ya..!
Puede que alguien que lea estas “cuatro letras” piense “estos granainos están locos de remate”; puede que esté en lo cierto, pero seguro que no caerá en la cuenta de que efectivamente algunos pocos/muchos estamos locos sin remedio, pero es por esta Graná que tenía lugares como “EL BAR GRANADOS”.
-Hasta luego Luis.
Juan Gómez
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