viernes, 29 de mayo de 2020

LA GRIPE ESPAÑOLA DE 1918-19



 La mayor pandemia de la Hª Moderna: "La Gripe Española de 1918"

"CUALQUIER PANDEMIA PASADA NOS PARECE PEOR".-

El precedente del coronavirus: Todo lo que pudimos aprender de la gripe española de 1918


Este artículo lo tenía preparado para publicarlo mucho antes de que esta  negra nube que cubre hoy al mundo entero comenzara.  Cuando llegó la hora de “darlo a la estampa”, me contuve por no crear más inquietud y zozobra  entre mis amigos lectores. Ya, pasado lo peor, incluso perdido el respeto al “bicho” por parte de muchos insensatos, me atrevo a publicarlo con el propósito de animar al personal  y que sepan que Granada ya pasó  y superó otras pandemias y en peores condiciones  sanitarias, económicas e higiénicas, que la de ahora.


Nos referimos a la mayor  Pandemia de la Historia Moderna: La Gripe Española de 1918. La que más ha matado en Granada. La gripe que mató a miles de pobres en pueblos y no llegó a la Gran Vía.


Las comarcas más afectadas fueron Baza-Huéscar, la Alpujarra y Valle de Lecrín, donde fallecieron más personas que en la epidemia de cólera de 1885.
Se cree que la epidemia vino de Francia y entró a Granada por el Levante, transportada por temporeros y veraneantes
Se apunta que la Alpujarra fue contagiada por la madre de un soldado enfermo en el Hospital Militar de la capital.
Fallecieron buena parte de médicos y practicantes de los pueblos; desde la capital fueron enviados doctores para socorrer a infectados
Se calcula que costó la vida a 28.000 andaluces entre la primavera de 1918 y el invierno de 1919.
Desapareció en verano, pero regresó con más violencia en septiembre.
Son muchos los cronistas e historiadores que narraron esta gran tragedia en Granada. Remito al lector  a lo que de esta mal llamada gripe española, nos relata Juan Bustos en su obra “Un siglo que se va”:




LA GRIPE ESPAÑOLA.-
“En los presupuestos generales del Estado español, las partidas destinadas a los gastos de Sanidad e Higiene, suman unos millones de pesetas menos que aquellas que se consignan para piensos y arreos a los caballos del ejército”.
Dr. Ruiz Albéniz (1919)

“Granada fue una de las provincias españolas más afectadas. Aquella trágica epidemia que, en 1918 y 1919, alcanzó una gran mortandad.
Hace ya mucho tiempo que la gripe dejó de preocuparnos. Una simple vacuna nos inmuniza de ella. En plena era de los grandes avances de la investigación científica, cuesta cierto trabajo imaginar un estado de pánico colectivo mundial  a causa de una epidemia de gripe. Sin embargo, no es demasiado el tiempo que nos separa de una de esas situaciones de alarma general, provocada precisamente por las sucesivas oleadas de una gripe que dejó a su paso millones de víctimas mortales. En números redondos, 21 millones de muertos, muchos más que los ocasionados por la Primera Guerra Mundial.
Fue en los años 1918 y –en menor medida- 1919, cuando tal suceso se produjo. Aquella virulenta epidemia, que se conoció –injustamente-  con el nombre de “la gripe española”, se dejó sentir de manera dramática en la población granadina.


Parece probado que los primeros casos de “la epidemia trágica” -así la llaman también tratados de Medicina-, se dieron en Rusia y Siberia a finales de 1917. Era el tercer año de guerra. Pero en el mes de abril del año siguiente -ya estamos en el fatídico 1918-, el Ministerio de la Guerra francés se veía obligado a retirar de los frentes de batalla varios miles de soldados afectados de gripe. Era la primera noticia que admitía oficialmente la existencia de la epidemia en un país del occidente europeo.  En los meses siguientes, la gripe se extendió velozmente por el resto de Europa, Estados Unidos, la India, nueva Zelanda y África del Sur. No hay duda ninguna que las circunstancias de  guerra mundial que afectaban a todas las naciones –incluso las neutrales-, contribuyeron a la arrolladora expansión de la enfermedad. Las carencias alimenticias ocasionadas por la guerra, las penalidades de los frentes, la falta de prendas de abrigo para combatir el frío, fueron elementos que influyeron agravando la situación. El contagio eran facilísimo entre una población mal nutrida, hacinada generalmente en viviendas obreras extremadamente insalubres y, no digamos, en las trincheras donde se libraron las más sangrientas batallas de aquella guerra larga y espantosa.

Curiosamente cuando ya la epidemia era conocida internacionalmente como “la gripe española”, fue cuando entró en España, que hasta aquel momento se había visto libre de ella. Lo que son las cosas. El “microbio maligno” -así llamaban al virus los periódicos de la época-  entró precisamente por la frontera francesa.
 No es sorprendente. Recordemos que nuestros emigrantes de entonces habían suspendidos sus embarques para América, por los riesgos de los torpedos alemanes en el Atlántico. Así que, mientras duró el conflicto, la emigración española se había dirigido casi en exclusiva a los campos de Francia, faltos de sus hombres llamados a filas. Al aproximarse el final de la contienda -cesarían las hostilidades con la firma del armisticio del 11 de noviembre de aquel año-, los emigrantes españoles regresaron, trayendo con ellos -triste sarcasmo-  “la gripe española”.


Cuando los rumores de la propagación inminente de la epidemia llegaron a Granada, la gente se asustó de veras. Las noticias de los periódicos justificaban la inquietud. En dos meses, en los ejércitos franceses, se habían registrado cerca de 200.000 casos de gripe, con un total de 17.000 muertos. Las tropas inglesas también registraron 13.000 muertos por la misma causa. En París, los muertos se cifraban en 200.000 entre la población. En Estados Unidos, el panorama era aterrador con 550.000 defunciones en toda la nación. En Inglaterra, las víctimas eran ya 200.000; en Japón, 250.000; y varios millones en la India, dadas las lastimosas condiciones de vida de sus habitantes. “El hacinamiento, los incesantes movimientos de tropas, la falta de alimentos en muchas naciones -dice Pedro Pons, historiador de la epidemia- y, sobre todo, el abigarramiento de gentes de todas partes del mundo, portadores de cepas de virus gripales diferentes, fue una mezcla que hizo aparecer un híbrido extraordinariamente violento”.

A Granada llegó, con toda su fuerza, a finales de septiembre de 1918. A mediados de mes, el gobierno alerta a los gobernadores civiles. El de Granada se reúne con la junta Provincial de Sanidad el domingos, día 22.
Se acuerdan una serie de medidas preventivas. Pocas y rudimentarias, pero no hay otras: Se ordena a los alcaldes de los pueblos que comuniquen los casos que se produzcan, “procediendo enseguida a aislar los enfermos, esterilizando sus objetos personales”; a los propietarios de establecimientos públicos, el barrido persistente  con serrín y el lavado con  ”Zotal”; y el vecindario, que no se reúna en grupos “por el grave peligro de que se contagien gérmenes trasmitidos por personas aún convalecientes o incubando la enfermedad sin ellos saberlo”.  Más, como siempre, se llega tarde. ¡Al día siguiente ya  hay informes en la mesa del gobernador, comunicando la existencia de enfermos en los pueblos de la provincia!


El primer telegrama acuciante llega de Freila (1969 habitantes), rogando el envío de un médico con urgencia. Hay 250 vecinos con gripe, entre ellos el único médico. Otro mensaje, simultáneo casi, informa que en la Calahorra los afectados son más de 200 entre los 2060 habitantes. A partir de aquí se hacen continuas las malas noticias. En Orce,  el 27 de septiembre, de 1.000 habitantes, 800 tienen la gripe. Desde el día quince, aparición del primer caso en  el pueblo, ya los muertos eran 45. A finales de mes, el Dr. Fidel Fernández Martínez, asegura en “El Defensor”, que la gripe se presenta en tres formas: Leve, con muy poca calentura; grave, con altas temperaturas, que hacen que el paciente fallezca en pocas horas; y pulmonar, con fiebres de aspecto tifoideo. 

El mismo doctor, profesor auxiliar entonces de la Facultad de Medicina, hace un relato dramático en el periódico de lo que acaba de ver, volviendo de Adra, en los pueblos de nuestra provincia. En Castilléjar (2538 habitantes entonces), en pocas horas, había visto enterrar 18 personas víctimas de la gripe (6.287 habitantes), la situación aún era peor y la desolación completa. “Han enfermado los sepultureros –relataba el Dr. Fernández-, con lo que los enterramientos se hacen dificilísimos. He contado 22 cadáveres por enterrar y se carece de cal para cubrirlos, porque los industriales que se dedican a producirla o han muerto o han enfermado”. El panorama empezaba a ser trágico. Pero lo iba a ser más.



LOS ESCASOS REMEDIOS
Obviamente aquella España no estaba ni mucho menos preparada, con los pocos recursos y capacidad organizativa de las autoridades, para afrontar una campaña sanitaria que frenara  o redujera el rigor de la epidemia. El Dr. Martí Salazar, reconoció públicamente que “se dispone de una organización sanitaria meramente administrativa, burocrática, de papel de oficio, de expedientes, pero organización activa de laboratorios, instituto, personal idóneo, que es la base de ese tipo de campañas, ésa no existe en España”.
Lo que sí abundaban eran los anuncios de las medicinas contra la gripe. “El Noticiero Granadino”, del 10 de octubre de 1918 y días siguientes y meses siguientes, anunciaba a sus lectores que “las primeras eminencias médicas recomiendan la pomada mentolada  “Setroc”, ideal para preservarse contra la epidemia y otras enfermedades epidémicas. Depósito exclusivo: Farmacia Moderna, Antonio Cortés Contreras, Príncipe, 10. Por los mismos días se comunicaba a los enfermos, en otro anuncio: “Vuestra convalecencia será breve y segura tomando “Vino Pinedo”, reconstituyente enérgico. Representante, Abelardo Romera, Zacatín 18. Mientras los médicos recomendaban los remedios que la ciencia entonces permitía  -“Ante todo sudar, recomendaban muchos-, las farmacias se llenaban de productos poco menos que milagrosos: jarabes, pomadas, desinfectantes, tónicos. A alguno “se le iba la mano” en la publicidad de sus efectos. Por esta causa, la firma “Agua del Carmen”, se veía en la necesidad de anunciar que: “la verdadera Agua del Carmen, la de los carmelitas descalzos de Tarragona, es la única que evita la ofensiva epidémica”. Aumentaron fulminantemente sus ventas multitud de jarabes, y tisanas, estimulantes y otros productos curativos. Las marcas de coñac tampoco se quedaron atrás. Una firma de Jerez publicaba un anuncio genial, donde un guardia, armado sólo de una botella de coñac, daba el alto a la gripe. La imagen valía ya casi una terapia. Pero, obviamente, no bastaba para interrumpir la marcha macabra de la epidemia.


Una pandemia cada medio siglo

EMPEORA LA SITUACIÓN
En las semanas, en los meses siguientes, el panorama se hizo aún más pavoroso. A pesar de que como precaución, por ejemplo, el ministro de Instrucción Pública, Santiago Alba, se había dirigido a los Rectores de las Universidades, recomendándoles retrasarán la apertura del curso, “toda vez que la venida de alumnos de zonas afectadas, podría propagar los gérmenes entre sus compañeros, profesores y vecindario en general”. Fue inútil la medida. Como también la reiterada suspensión de todo tipo de actividades públicas que permitieran la aglomeración de gente. Se suspenden corridas de toros en varios pueblos, las ferias de Huéscar y Cortes de Baza y hasta una manifestación de los remolacheros que querían protestar por el mal momento de sus negocios.

De nada sirve todo esto. Impresiona leer los periódicos granadinos de aquel tiempo. No hay día o semana sin noticia de sobresalto. En noviembre  el alcalde de Cúllar Baza (7825 habitantes) informa que los casos de muertes siguen siendo muy abundantes en el pueblo. En Baza, un mes después, se sigue registrando un promedio de 15/20 defunciones diarias a causa de la epidemia. “El Defensor” resalta que “al cabo de tantas semanas de la aparición de la gripe, nuestra provincia sigue estando en cabeza entre las más castigadas de España”. En el mismo editorial, el periódico subraya que “Granada necesita urgentemente el auxilio del gobierno para que la epidemia no diezme de un modo más horrible la población”.

El gobernador, sintiéndose respaldado por la opinión pública, solicita ayuda de Madrid. Pero se queda frio cuando recibe respuesta, un telegrama del ministro de la Gobernación, anunciándole que no puede enviar dinero “por no haber en los presupuestos partidas para estos menesteres y ser muchísimos los pueblos y ciudades que demandan”.
Nada  interrumpe, por tanto, la propagación del desastre. En Cortes de Baza, clausuradas las escuelas, se carece en absoluto de medicamentos y “como el vecindario está tan atemorizado se ha pedido al párroco que prohíba los toques de campana anunciando los entierros”. En Fonelas, durante algunas semanas “las oficinas del Ayuntamiento y el Juzgado Municipal están cerradas por encontrarse enfermos todos los funcionarios, algunos de los cuales han fallecido”.

Reclaman médicos urgentemente  Chauchina, Gor, Gualchos, Gabia, Esfiliana, Fornes, porque los suyos han muerto o están enfermos. En Pedro Martínez, el mes de enero, en tres días se suceden veinte defunciones y hay 500 personas afectadas. Pero lo peor, acaso, sucede en Caniles, donde la epidemia llegó fulminantemente, traída por temporeros de Francia. Centenares de enfermos, casas y comercios cerrados, animales vagando en busca de alimento. “Los padres huyen de sus hijos -se lee en el Noticiario Granadino”-  y como han muerto los sepultureros, en muchas casas hay tres o cuatro cadáveres por enterrar. Hay gentes que han sacado los cadáveres a la calle y los han dejado en las puertas, donde llevan insepultos muchos días”. El alcalde, Juan Carpio, había formado una brigada de asistencia con los jóvenes de Caniles que quedaban sanos, para cavar fosas y sepultar los fallecidos.


Ochenta  años después de aquella  tragedia, que causó tan elevada mortandad en la población granadina de la época, es de justicia recordar el dignísimo papel que la clase médica general desempeñó en el transcurso de la epidemia. En Granada, concretamente, fueron numerosísimos los casos de médicos ejemplares que se desvivieron  por sus enfermos hasta sucumbir ellos mismos. Muchos también los que, abandonando voluntariamente sus consultas en la ciudad, se dispersaron por los pueblos para sustituir a los compañeros enfermos o muertos y recorrían un día y otro, mientras tenían fuerzas, kilómetros y kilómetros por pésimos caminos, para visitar enfermos de las cortijadas. Fue aquella toda una lección magistral de comportamiento y ética. Otros elementos, en cambio, no parece que respondieron con la misma espontaneidad y desprendimiento. Por aquellos días “El Defensor” había abierto una suscripción “patriótica” para remediar los efectos de la epidemia, particularmente graves ante la población más pobre. El periódico, al cabo de corto tiempo, se veía en  la necesidad de insistir: “¿Será preciso recordar a todos los ricos de nuestra ciudad la conveniencia de cumplir un deber social y humanitario, contribuyendo a mejorar la delicada situación de la salud pública?”




BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA.-
“GRANADA.- Un siglo que se va” de Juan Bustos
El Independiente de Granada.- Gabriel Pozo Felguera


NITO

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jueves, 30 de abril de 2020

DUELOS Y QUEBRANTOS


"Vieja friendo huevos"  (Velázquez)
«En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor. Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lentejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos, consumían las tres partes de su hacienda.»

Dice un refrán popular:
“Comer aquí es un encanto, si tomas duelos y quebrantos”
La RAE define los “duelos y quebrantos” como: “Fritada hecha con huevos y grosura de animales, especialmente torreznos o sesos, alimentos compatibles con la abstinencia parcial que por precepto eclesiástico se guardaba los sábados en los reinos de Castilla”, que no son lo mismo que ”la merced de Dios” que el diccionario de la Real Academia de la Lengua define como: «la fritada de huevos y torreznos con miel», en los primeros entran las «grosuras» como elemento diferenciador.

Aquí conviene no confundir tocino, tocineta y panceta

No resisto la tentación de traer aquí lo que de este tema  nos cuenta José Antonio Castillo en su magnífica obra “COCINA ANDALUZA PARA RECITAR”:

 Duelos y quebrantos.
Como estamos en tiempo cervantino, bien nos vendrá un plato recién sacado de tan excelsa literatura. El caso es que Don Quijote solía comer todos los sábados con “duelos y quebrantos”, cuyos ingredientes se han prestado a múltiples conjeturas. Según algunos editores, atribuíanse a esta acepción culinaria, la tortilla de sesos de La Mancha, el aprovechamiento de los animales accidentados (de ahí, el duelo, por la pérdida, y el quebranto, por lo económico), los despojos y vísceras, ciertos tipos de guisos de judías, y otros que, al parecer, quedaban exentos de los rigores cuaresmales.

A principios del siglo XX, Don Francisco Rodríguez Marín, director qué fue de la Biblioteca Nacional, halló un curioso libro fechado en 1670, que respondía a lo largo y pomposo nombre de: Primera parte del Parnaso Nuevo y amenidades al gusto, en veintiocho entremeses, bailes y sainetes de los mejores ingenios de España.
Esta publicación vino a explicar el misterio gracias a los versos de la “mojiganga de la viuda” 4

¡Qué porfiada
Estás!, Isabelilla,
chocolate no me traigas
ni por pienso; que es regalo,
unos huevos y torreznos,
¡ay! que para una cuitada,
tiste, mísera vida
huevos y torreznos bastan,
que son duelos y quebrantos.


(4) Notas tomadas de: Salcedo, M. “Córdoba” (23-1-05)

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Foto del Blog "El Caldero Viajero"

Ingredientes:
Unas lonchas de tocino fresco ibérico, con vetas.
Dos huevos por comensal. Pan de leña. Tinto de Almagro.


DIÁLOGO ENTRE DON QUIJOTE Y DON PABLOS  (de José Antonio Castillo):

SONETO CON  ESTRAMBOTE
-Pardiez que venís flaco, Don Quijote.
-Es muy cierto, Don Pablos, que es espanto
mi extrema delgadez, como de santo
eremita o avaro sacerdote.

-Sí, como Cabra, del hartazgo azote,
y a quien hambre y anemia deben tanto.
-El caso es que los sábados quebranto
y duelo almuerzo, a expensas de mi dote.

-Pues, ¿qué comida es esa, caballero?
-Es muy simple yantar.  Freíd, primero,
unas lonchas delgadas de tocino.

Sacadlas, y poned en esta grasa
unos huevos que sean de noble casa,
Y comedlos con pan de leña y vino.

-Almuerzo tan divino,
de la cuaresma exento y de sus dietas,
verá, vuesa merced, en mis recetas.


Bibliografía:
 "Cocina andaluza para recitar"  de José A. Castillo.
Blog "el Caldero Viajero"

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"Estampa  que no será entendida  por quien la leyere, 
salvo que recorriera  conmigo La Mancha en bicicleta"


NITO
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martes, 31 de marzo de 2020

SAYYIDA AL-HURRA: LA MUJER PIRATA NAZARÍ


                                      Retrato de Sayyida al-Hurra de Tetuán.

 Los "muchos miles de los desafortunados emigrantes" (lamentaba el historiador nacido en Argelia al-Maqqari un siglo después de la expulsión), fueron absorbidos por los principales centros urbanos del norte de África, como Fez, Orán y Túnez. Otros, observó al-Maqqari, "poblaron las ciudades y distritos desérticos del país como Tetwán (Tetuán), Salé y las llanuras de Metidja, cerca de Argel".
Y aquí entra en la Historia la figura renacentista de Sitt al-Hurra como la de uno de los protagonistas de la resistencia y de la mezcla de culturas de la época, y de sus formas de actuar.
En realidad, es poco lo que sabemos de primera mano o documentalmente acerca de esta Noble Dama aunque haya bastantes referencias históricas respecto a ella, muchas europeas. Conocida en la Historia como Sayyida al-Hurra, la Noble Dama pudo haber tenido el nombre propio de Aysha, en cuyo caso lo de al-Hurra, que significa la libre, sería un apelativo que le fue dado cuando asumió el gobierno de Tetuán. De todas formas, el apelativo de Sayyida al-Hurra viene a significar Noble Dama y lo llevaron antes y después varias notables mujeres musulmanasLo cierto es que era hija de Mawlāy Aly ibn Rashīd, sharīf o noble descendiente del santo Sīdī Abd al-Salām Ibn Mashísh, y de Lal-la Zuhra Fernández, una mudéjar o morisca de Vejer de la Frontera, cerca de Cádiz, o tal vez una elche. El padre de Sitt al-Hurra se había convertido en el príncipe de un estado prácticamente independiente de los wattasíes, con capital en Chauen, ciudad que fundó poblándola con gente de la comarca y con emigrados granadinos, o de otras partes, que escapaban del avance de los Reyes Católicos.


Como otras muchas familias nazaritas,

la de Sayyida al-Hurra, se despiden de Granada.
                      
Su madre tenía un hermano, Martín Fernández, que se islamizó igualmente, si es que no era ya musulmán, tomando el nombre de Aly Fernando; persona que debió tener puestos de responsabilidad en Tetuán y en la cora de Arcila. Y, del matrimonio entre el príncipe Ibn Rashīd y Lal-la Zuhra Fernández, hubo otro hijo, probablemente el primogénito, llamado Mawlāy Ibrāhīm, que llegó a la cumbre del poder sucediendo a su padre y siendo el valido del sultán wattasí de Fez. Era un buen político, un excelente militar y un hombre de carácter, siempre pendiente de su hermana Aysha, tan emprendedora y fuerte de temperamento como él. Siendo todavía una adolescente, Aysha, la futura Sitt al-Hurra, se casó con Aly Al-Mandari,(clik) aristócrata andalusí desplazado a Tetuán y repoblador de esta ciudad.
Al-Manzarī, fonéticamente transformado en Al-Mandrī, era procedente del reino de Granada, con cuya familia real estaba emparentado por un primer matrimonio, del que seguramente tuvo hijos que debieron luego formar parte de la aristocracia tetuaní. Cabe la posibilidad de que haya conocido a Ibn Rašīd en la guerra de Granada, cuando él era alcaide de Piñar, una fortaleza nazarí que rindió a los Reyes Católicos a instigación de Boabdil, y que se haya trasladado al norte de Marruecos por invitación de aquél.


Rio Martil (Tetuán)
                                                           
Lo cierto es que Tetuán fue reconstruida por los granadinos alrededor de 1485 y, en ese momento, Al-Mandrī estaría entre los treinta y los cuarenta años, dada su vida adulta anterior y las responsabilidades que había desempeñado. De 1485 a 1510, o 1512, año en el que Sayyida al-Hurra se hizo cargo del poder en Tetuán, en nombre de su marido y tal vez por incapacidad de éste, que se había ido quedando progresivamente ciego por una herida de guerra, hay unos veinticinco años en los que deben haberse producido el nacimiento de la misma Aysha o Sayyida al-Hurra, su matrimonio, el nacimiento de sus hijos y su propio aprendizaje político. Podríamos pensar, pues, que la Noble Dama nació en torno a 1485, algo después que su hermano Mawlāy Ibrāhīm, al mismo tiempo que nacía Tetuán, y que se casó con Al Mandari (Al-Mandrī) en torno a 1500, con una diferencia de edad de unos treinta o cuarenta años entre ambos, lo que no parece haber afectado su entendimiento mutuo.
Ella aprendió a su lado y estuvo colaborando con él y, luego, representándolo y cuidándolo hasta su muerte; cosa que no se hubiera producido de no existir un consenso en la pareja y una adaptación de sus caracteres, indudablemente recios. Lo cierto es que, en torno a 1510-1520, la pareja casó a una hija de ambos con Ahmad, un hijo de Hasan Hásim o quizás Hāshim, granadino inmigrado procedente de Baza y rival de Al-Mandrī en el gobierno de la ciudad, y Sayyida al-Hurra estuvo apoyándose más o menos verbalmente en su yerno para regir Tetuán, aunque su sostén fundamental lo haya tenido en su hermano Mawlāy Ibrāhīm, que gobernaba en Fez como factótum del sultán Ahmad al-Wattāsī. Probablemente fue en esos mismos años cuando otra hija de la pareja se casó con un tal Abū Aly, asimismo de origen granadino.
La inmigración granadina, como buena parte de la andalusí y de la morisca ulterior, se dedicaba de modo muy activo al corso, actividad oficialmente permitida y alentada por los Estados, con la que sacaba riqueza y mermaba la capacidad comercial, humana y militar de sus enemigos, en este caso los cristianos peninsulares. Al-Mandrī y Sayyida al-Hurra sostuvieron y financiaron la navegación corsaria, o la controlaron y abastecieron cuando no era propia, aprovechando el excelente caladero del río, que estaba resguardado. El empeño que puso Sayyida al-Hurra en proteger esta actividad concitó en contra de ella muchas enemistades, tanto extranjeras como marroquíes, que empezaron a pesar en su perjuicio, y en el del sultán, que lo consentía a pesar de los acuerdos internacionales. Esto no pareció importarle verdaderamente hasta 1539-1540.


El sultán de Marruecos Ahmed al -Wattasi,
con quien Sayyida formó una alianza.

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 Y es que, en 1539, murió Mawlāy Ibrāhīm, su hermano uterino y protector, y se hizo cargo del gobierno de Chauen su hermanastro Sīdī Muhammad, con quien no se llevaba bien y que, a partir de esa fecha, intentó intervenir en Tetuán. Al-Mandrī continuó en vida hasta 1540: «Todavía suspiraba por España el viejo caudillo», viene a decir de él un testimonio contemporáneo… Muerto su marido, Sayyida al-Hurra continuó rigiendo la ciudad con su yerno Ahmad, probablemente con menoscabo para su otro yerno Abū Aly, lo que creó rivalidades entre sus dos hijas. Sin embargo, dadas las dificultades que se le iban acumulando, la Noble Dama, en 1541 y con más de cincuenta años, dio un vuelco a la situación logrando que el propio sultán de todo Marruecos, Ahmad al-Wattāsī, se casara con ella.
El sultán viajó de Fez a Tetuán para desposarla, cosa que nunca había ocurrido antes en el país. Visto lo cual, la Dama desechó evidentemente todos los prejuicios y manejó a su antojo los asuntos de la región, como dice el historiador Gozalbes Busto. Así fue, lo hizo intensa, abusivamente, pero por poco tiempo.


                         Meandros del río Martil, antiguo apostadero del corso.

Porque, el 22 de octubre de 1542, Hasan Hásim o Háshim, consuegro de Sayyida al-Hurra, viniendo de Fez con un grupo de jinetes y en connivencia con su hijo Ahmad, entró en Tetuán y dio un golpe de poder destituyendo a Sayyida al-Hurra, expulsándola de la ciudad y arrebatándole los bienes. «Citalforra alcaidesa y senhora de dicha ciudad» —como dicen los Anais portugueses— había caído. Este golpe de Estado queda muy oscuro. Parece ser que el sultán avisó a la Noble Dama, pero desconocemos por qué ella no le hizo caso, y no sabemos en qué medida conspiraron las propias hijas de ésta en contra de su madre y en favor de sus esposos, pero sí parece que lo hicieron. Tampoco sabemos si el sultán quedó hasta cierto punto complacido con este final, puesto que tal vez contara con que los sucesores de la Noble Dama iban a ser más fáciles que ella misma, de cara a los problemas internacionales que le causaba la ‘Granada tetuaní’ señera y autónoma.
¿Qué fue de Sayyida al-Hurra después? No lo sabemos. Parece que regresó a la casa paterna de Chauen, en donde se aisló y en donde probablemente vivió y murió, ignoramos en qué fecha, en una habitación que todavía se conserva con sus cosas. Está enterrada cerca de esa casa, en la zawiyya raisuniyya.
Una vez desaparecida de Tetuán, la ciudad fue gobernada por su yerno Ahmad y puede que por un hijo de éste, o sea por un nieto de al-Mandrī y de Sayyida al-Hurra, que tal vez adoptó el apellido Al-Mandrī, y en este tiempo hubo luchas entre los Hásim o Háshim y los Abū Aly, o sea guerras nobiliarias familiares que implicaban a los grupos granadinos, hasta que un nuevo sultán hizo ocupar la ciudad, en 1562, por sus tropas, que eran en buena parte moriscas.
Resulta muy difícil meterse en la interpretación de una persona como Sayyida al- Hurra, así de contrastada entre luces y sombras, tanto más cuanto que no disponemos, por ahora, de más material histórico que el analizado ni de más fuentes. Tal vez convenga repasar los datos subjetivamente, desde dentro, empezando por la etapa en que vivió y fue protagonista de cosas.
Aquella fue una época en la que se reequilibró el mundo. Prácticamente todo: las vías comerciales, el concepto y la anchura del orbe, el concepto del Estado, la ciencia y la invención, el ten con ten de las religiones, los bloques expansivos, la emigración, el saber, los índices demográficos, la alimentación, los ejércitos, el arte… La gente que
participó, dentro del área siempre susceptible y múltiple del Estrecho de Gibraltar, lo hizo acomodándose a las nuevas dimensiones sobre un tejido social muchas veces antiguo o pasado, no pudiendo afirmarse de cara a la marejada por falta de un suelo estable. Es lo que probablemente le ocurrió a Sayyida al-Hurra. Pero ella tuvo el arrojo y la inteligencia de ser protagonista de la situación.

Sus acciones fueron seguramente las convenientes dentro de su medio político y social, dentro de su paisaje. Gobernó porque era de una familia de gobernantes y estaba casada con un gran jefe. El gobierno y la directriz eran su ambiente desde niña y, en cuanto tuvo que hacerlo, lo hizo, quizás con un endurecimiento progresivo que terminó por perjudicarle. Al morir su marido, no supo continuar siendo una mujer extraordinaria apoyada en un hombre dentro de una sociedad de hombres, y quiso ser ella misma el hombre con comportamiento de tal y con desafío; lo cual, en aquella época, era imposible de imponer y de mantener. El hecho de que nadie se opusiera abiertamente a su caída, lo prueba.

Según Rodolfo Gil Grimau (Publicado en El Legado Andalusí, Granada, 2005), no debió ser una mujer altiva, aunque sí convencida de poder superar a todos por lo que terminó pecando de confiada. Y, por lo tanto, es posible que haya creído mucho en sí misma, siendo también una buena creyente en Dios, que debió aceptar, sobre todo en la etapa silenciosa y última de su vida, lo que el Altísimo le fue dando. Ahora su cuerpo ocupa una pequeña tumba, en un rincón discreto de la zawiyya raysuniyya, que dije antes. Hay una reducidísima ventana que da al exterior y, por fuera, muchas mujeres de Chauen depositan flores en el alfeizar. Sitt al-Hurra, Sayyida al- Hurra nunca ha dejado de ser una Noble Dama y continúa siendo un símbolo de libertad para muchos, y de esperanza.

Visión romántica de la pirata que nunca salio al mar a combatir. 

BIBLIOGRAFIA:
Rodolfo Gil Grimau (Publicado en El Legado Andalusí, Granada, 2005)
Sayyida al-Hurra (Wilipedia) 
Dina El Idrissi:  "Sitt Al Hurra"                


NITO

sábado, 29 de febrero de 2020

LOS CRÍMENES DE PUERTA LOBO





"Cuerda de presos" del pintor granadino José María López Mezquita.

Por estos días se cumple un siglo del horrendo crimen cometido por un clan gitano en el Puerto del Lobo (entre Lanteira y Válor). A pedradas, puñaladas y disparos acabaron con la vida de dos guardias civiles que les detuvieron por cuatreros. Fueron perseguidos por la provincia y llevados a la capital para enjuiciarlos. Un consejo de guerra condenó a muerte a tres de ellosBuena parte de la sociedad granadina se movilizó para pedir la conmutación de las penas máximas por cadena perpetua, con nuevo alcalde de Granada a la cabeza: no se deseaba que a esta ciudad le cayese el baldón de cuatro personas pasadas por el cadalso. Incluso el verdugo local se quitó de enmedio. El alcalde Germán García Gil de Gibaja removió cielos y tierra para evitar aquel macabro espectáculo; cuando parecía que el presidente del Gobierno Eduardo Dato iba a firmar las amnistías, fue asesinado en Madrid. Tres de los gitanos fueron pasados por el garrote. A los dos guardias civiles asesinados se les acaba de homenajear en Ugíjar, cuartel al que pertenecían.

Así entraron en Granada los asesinos de Puerta Lobo
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La crónica de Juan Bustos, sencilla y atrayente, la refiere como "Puerta Lobo":
"Tras unos pocos brotes posteriores de menor gravedad, la trágica epidemia de la “gripe española”  -también se le llamó “el soldado de Nápoles” por haber coincidido con una canción zarzuelera muy famosa-  pudo darse por extinguida en el invierno de 1919.

Para entonces, la opinión pública estaba impresionada con otro tema, con un suceso particularmente brutal que alcanzó repercusión en toda España: Los crímenes de Puerta Lobo, un lugar término de Ugíjar. Allí, la noche del 30 de octubre, dos guardias civiles, Cristóbal Ortega Rojas y Eugenio Guzmán Gamero, iban de camino hacia Granada llevando detenida una pareja de gitanos ladrones de ganado. Eran de la parte en Laujar, en Almería, y sus mujeres e hijos les seguían en la conducción.


MUNDO GRÁFICO.- Momento de la detención de tres de
 los Tartajas en los campos de Nerja. 

 En una parada para descansar, los cuatreros, en un fatal descuido de los guardias, se apoderaron de su armamento y los mataron a tiros. Lo más horrible sucedió cuando, incorporadas las gitanas y sus hijos, entre todos, mutilaron salvajemente los cadáveres, sometiéndolos a escarnios y vejaciones espantosas. Una vez consumadas aquellas bestialidades los gitanos huyeron con las caballerías robadas y las armas, municiones y correajes de los guardias civiles asesinados.

MUNDO GRÁFICO.- Francisco Utrera Gómez (14 años), condenado a 18 años de 
reclusión; Marcos Utrera Cortés (26), ejecutado; y Juan Utrera Cortés (37), ejecutado. 
Posan con los guardias civiles que les condujeron hasta Granada.

Hoy, qué duda cabe, estamos mucho más endurecidos en nuestra receptividad informativa. Nos salen al paso sucesos atroces como éste, o peores, continuamente. No hay periódico mi emisora que nos prive de nuestra dosis diaria de salvajismo, violencia, brutalidad. Pero entonces era distinto y España entera se conmocionó con los crímenes de los gitanos en Puerta Lobo. Hasta periódicos y revistas de Madrid hubo que enviaron a Ugijar y sus cercanías   sus reporteros más acreditados.


MUNDO GRÁFICO.- Entrada de la cuerda de presos a 
Granada por el Violón y a atravesar Puerta Real. 

El 2 de noviembre, la Guardia Civil capturaba a los fugitivos en Almuñécar, Vélez  de Benaudalla y Lanjarón. Su llegada a Granada el 16 de noviembre de 1919 concentró una gran multitud en las calles del trayecto hasta la cárcel. Poco después serían condenados a muerte. Se cerraba así un trágico episodio de la crónica negra española de 1919."

Cementerio de Nechite, donde reposan los dos guardias civiles inmolados

NOTA CURIOSA
El escritor británico Gerald Brenan atravesó el Puerto del Lobo a principios del año 1920, recién llegado a La Alpujarra. Era un camino muy transitado por arrieros y vendedores de pescado que hacían el trayecto entre la Costa y Guadix-El Marquesado. Al inglés le extrañó ver unas cruces en lo alto de aquella divisoria que une el camino entre Válor y Lanteira. Le explicaron que era en recuerdo del asesinato de dos guardias civiles a manos de un clan gitano, ocurrida pocos meses atrás. Le contaron infinidad de bulos y atrocidades en torno a aquellos crímenes, que Brenan recogió sin contrastar lo más mínimo en su libro Al Sur de Granada.

Placa homenaje a la memoria de los guardias civiles en el acuartelamiento de Ugíjar 
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BIBLIOGRAFÍA:


Benemérita al día.Diario Digital no oficial.-

El Independiente de Granada.-
Juan Bustos: "Granada: Un siglo que se va".-



NITO
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