viernes, 23 de agosto de 2013

LA CORAZA DE BRONCE

LA CORAZA DE BRONCE DE LA “CUEVA DEL JARRO”


LA CORAZA DE BRONCE DE LA CUEVA DEL JARRO.-

“…El choque contra el acantilado fue brutal y en pocos segundos la nao fue engullida por la mar embravecida, no dando lugar a escapar de aquélla furia del Dios Poseidón. Sus hombres, maderas y mercancías saltaron por los aires y el mar, como un amante furioso, fue despedazándolos y arrojándolos contra las piedras afiladas de los acantilados, algunos quedaron con vida y en el agua tratando de conseguir la playa a nado, el pasajero también buscaba salvar su vida nadando en dirección a una grieta abierta en la roca de grandes dimensiones buscando asirse a algo para trepar por el acantilado.
En vano fue su lucha pues el mar no daba tregua, el peso de su coraza de bronce como oficial de Tarento, en esta ocasión no le iba salvar la vida como en otras ocasiones en el campo de batalla; la lucha fue desproporcionada: el hombre con sus armas terrenales contra el dios Poseidón y  su polémica naturaleza.
Los siglos pasaron y la coraza de bronce permaneció sumergida y sin dueño que la volviera a enfundar para librar batallas con la que conseguir el honor en los campos de batalla, su destino era ese y no permanecer en los dominios del dios Poseidón, privándola del honor de su cometido.
Fue rescatada de las profundidades por Don Fernando J. Nestares en un lugar llamado por los pescadores la Cueva del Jarro,  de la Punta de la Mona, precisamente por la cantidad de ánforas, jarros y vasijas púnicas  encontradas en el lugar de otros pecios hundidos. Esta coraza salió a la luz del sol no para volver al pecho de un nuevo guerrero sino a la urna de cristal del Museo Arqueológico de Granada, donde muestra la belleza de diseño y sus orígenes”.
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Hasta aquí este fragmento final del libro “Leyendas de nuestros pueblos” de José Manuel Fernández, que no es más que una suposición de las muchas que pudieron haber pasado.
Lo verdaderamente cierto es que apareció en la costa granadina, en una profunda grieta junto a los acantilados de la Punta de la Mona, en la bahía de la antigua ciudad de Sexi (Almuñécar), donde se han encontrado fragmentos anfóricos púnicos de otros pecios hundidos posteriormente. La presencia de esta coraza en el sur de la Península Ibérica asocia esta zona al comercio del Sur de Italia y de Sicilia desde las últimas décadas del siglo V y a lo largo del IV a.C.




De esta época son especialmente frecuentes estas corazas anatómicas bivalvas en el área de Apulia, asociadas a enterramientos aristocráticos. En nuestro caso se piensa en el naufragio de un barco que arribaba al puerto púnico. La coraza pudo destinarse como presente a un guerrero aristocrático local. También se ha aludido a la posibilidad de que pudiera tratarse de un trofeo de guerra adquirido por un mercenario ibérico tras su regreso de alguna batalla en el Sur de Italia o en Sicilia. Pero esta explicación, extendida en décadas pasadas, que acudía a los mercenarios para justificar la presencia de obras de arte y de influjos mediterráneos en la Península ibérica se considera hoy con precaución y escepticismo.
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Queda una última opción, la de que se trate de una ofrenda sagrada, un exvoto tras un feliz viaje. Ello nos asociaría este objeto guerrero con otros armamentos hallados en la desembocadura de ríos o en entradas portuarias como los cascos de la Ría de Huelva y del río Guadalete, no lejos de la Torre de Doña Blanca, en Cádiz. Como el casco, imagen en bronce de la cabeza, la coraza anatómica es también una representación de quien la lleva, de su valor y coraje. No es inhabitual en el mundo antiguo ofrecer armas de bronce en lugares sacros. Las armas son ofrendas y remembranza, real o mítica, de quien la ha llevado o quien la ofrece. Pero en nuestro caso no podemos afirmar la intención votiva o personal de esta coraza hundida en el mar y debe permanecer, como la posibilidad más verosímil, el percance de un naufragio.
El casco descubierto en la Ria de Huelva en 1930


DESCRIPCIÓN

Coraza anatómica. Reproduce el esquema anatómico del cuerpo desnudo, modelado sobre una gran lámina de bronce. Una escotadura se adapta a la curvatura del cuello y dos laterales a las axilas. Se marcan los músculos pectorales y, mediante la incisión o troquelado, las tetillas. Se apuntan también los músculos del abdomen, insinuándose el relieve de las caderas y el círculo del ombligo.

Datación   400 [ac] a 301 [ac]
Contexto Cultural/Estilo       Hierro Pleno. Púnico
Uso/función.- Protección del tórax en acciones bélicas o juegos de lucha.
Lugar de Procedencia.- Cueva Submarina del Jarro, Almuñécar (Costa de Granada)




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NITO



jueves, 8 de agosto de 2013

EL SARDINAL DE NUESTRA COSTA



Maqueta de sardinal-almejero Juana y José

“La barca sardinal es a la mar, como el carrillo de mano es a la huerta”

Es decir: Herramienta para todo. Lo mismo se dedicaba a la sardina y al boquerón que a la almeja y otras faenas. Así es este barco al que tratamos hoy de ensalzar.  No hay pincel, canción o poema que –en cuestiones de arte marinera- no lo glose.

Mi sardinal (maqueta)

Nada extraño es que, enamorado de sus finas líneas, fuera uno de mis primeros trabajos como modelista, copiando de los ejemplares que veía arrumbados por estas playas. Precisamente el que tenía más a mano y del que tomé algunas medidas (nada de planos, entonces), se consume hoy como “brulote” infame asando sardinas. ¡Qué falta de sensibilidad, amigo…!

En plena faena

“El sardinal como embarcación y como arte de pesca ha sido otro de los grandes símbolos olvidados de nuestra casi evaporada cultura marítima de este litoral. Si la barca de jábega, con dificultades, ha conseguido salir a flote en las playas malagueñas, no podemos decir lo mismo de esta hermosa embarcación.

Sardinales en El Palo (foto L. Bellón)

Conocido por su airosa vela latina, la pronunciada  caída del mástil a proa y larga antena, junto a una proa recta (en ángulo de 90º), donde no suele estar presente el oculi (ojo pintado en las dos amuras), el sardinal ha sido estrechamente inmortalizado por numerosos marinistas en multitud de cuadros y lienzos que han adornado el espacio cultural pictórico del Mediterráneo en los últimos dos siglos. Su presencia en las playas suponía algo pintoresco.
El nuevo "LaIsa" en Benalmádena

A mediados de los años 40 del pasado siglo se contaban por docenas y alegraban nuestras bahías con su blanca nota en el horizonte.
Aparte de esto no se ha hecho nada más que repudiarlo hasta perderse del rebalaje. Una embarcación como ésta, injustamente relegada, no se merecía semejante final.

 Entre sardinales y jábegas (Almuñécar -Playa de San Cristobal- año 1961)

Con estas líneas nos proponemos efectuar un pequeño acercamiento hacia esta desconocida embarcación, cuyo ocaso y desaparición ha navegado casi en paralelo con la jábega. Ambas compartieron temporales, boles y pesqueras. Nunca rivalizaron. Unas propulsadas a vela y otras a remos, cohabitaron y ganaron el justo sustento en nuestro mar. Muy al final, algunas adoptaron el motor como medio de propulsión y solas las dejamos morir.

"Ntra. Sra. Virgen del Carmen" el día de su botadura.

Poco o prácticamente nada se ha escrito sobre ellas, a excepción del excelente trabajo de Luís Bellón en su libro “El Boquerón y la Sardina de Málaga” (Consejo Superior de Investigación Científicas. Instituto de Estudios Malagueños.1950). Sin duda el mejor tratado sobre el sardinal y la sardina (Sardina pilchardus, de la familia de los Clupéidos), la especie de mayor importancia pesquera en España.

El sardinal como embarcación y como arte de pesca es un “caladero virgen” aún por investigar. Podemos afirmar que se desconoce prácticamente todo sobre ella, ya sea desde: 
El aparejo (plano y superficie vélica, pasando por la escasa cabullería de la que disponía y terminando por las maniobras a bordo con las difíciles y peligrosas trasluchadas, consecuencia de la prolongada antena -“navegar a la mala” decían algunos cuando la percha quedaba a barlovento del mástil y la vela rozaba el palo-).


El casco de la embarcación (eslora, manga, puntal, tonelaje, número de cuadernas…).

Concluyendo con las líneas de aguas (arrufo); y su navegación (escora). El grado de inclinación del mástil, así como la medida del palo y la antena es un puro enigma. Igualmente singular era el calado del timón colgado a popa, que guardaba un cuidado paralelismo con la grácil curvatura del codaste, dando una impronta muy particular a nuestros sardinales.

Una ausencia casi generalizada del característico ojo de la jábega pintado en la amura del sardinal nos hace pensar, a falta de orígenes precisos, que el sardinal pudiera ser una evolución de otras embarcaciones de mayores proporciones que surcaron nuestras aguas y que, al igual que la barca, quedaron ancladas en este trozo costero hasta su pérdida.

El modelo seguido con su típica proa vertical y en especial el gorrete que se asemeja bastante al llaut mallorquín, junto a otras embarcaciones similares del levante español, nos hacen considerar esa variación mencionada. La existencia de corredores en las bandas pudiera hacer presuponer que estamos en presencia de una embarcación mucho más moderna que la barca, ya que el citado corredor sirve para facilitar el trabajo a bordo. El sardinal no estaba pensado inicialmente para ser movido a remo, no obstante se serviría de este medio de propulsión en las maniobras.

En comparación con la jábega su policromía es más austera.
Con el sardinal se mantuvo el concepto o idea de distancia y orientación en la mar, al fijarse por los sardinaleros las “quedadas” mediante las conocidas marcas por triangulación con puntos fijos de la costa.
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"...y como premio a toda una vida de trabajo: Te quemo haciendo espetos"

Así las cosas y del examen de la antigua Lista 3ª de pesca en los distintos distritos de la provincia marítima de Málaga, el más abundante en inscripciones de sardinales, incluso superando a las barcas de jábega fue Fuengirola. Las razones de aquella importante flota debemos apuntarla quizás a la buena pesquera existente en la zona para este tipo de embarcación, que a diario faenaban desde
Torremolinos a Marbella, pasando por Nerja, Almuñécar, incluso navegando a otros distritos o zonas.

El Director del entonces Laboratorio Oceanográfico de Málaga nos ofrecía la información sobre los sardinales recordando que según datos oficiales de 1946, en la provincia, existían 212 sardinales. Éstos faenaban durante todo el año, especialmente en verano.


En general tienen entre 6 y 8 metros de eslora: Provistos de vela latina, siempre llevan remos y algunos (en 1950) disponen de motor auxiliar. Tienen quilla normal y disponen de dos carenotes más cortos que los de las jábegas para facilitar las varadas y quedar adrizadas sobre los parales. La pronunciada brusca de bao de unos 15 cm, da una sensación en cubierta de abombamiento o acentuada curvatura que no tienen otras embarcaciones tradicionales.

Poseen corredores anchos a los lados, que dejan en medio un hueco, escotilla o caja central, que se puede tapar con sus cuarteles, para cubrir la red o proteger la parte de bodega, a proa, donde duerme o descansa la tripulación. Aislado a popa, queda otro hueco o escotilla, llamado buchín, donde se mete hasta medio cuerpo el patrón, provisto también de un cuartel pequeño. Llevan tres bancos para los remeros y en la regala siete toletes para otros tantos remos, cuatro por babor y tres por estribor, sirviendo el
más popel, e impar, para que bogue el patrón, si es necesario, en cuyo caso lo hace desde el buchín, gobernando con la caña del timón entre las piernas.

El palo inclinado hacia delante, sostiene a la percha o verga formada por dos piezas; el car, por la parte de proa, y la antena, por la de popa. En esta va atravesada una tabla, la luneta, con unos soportes, los cameteros, para la horquilla o cameta donde se apoya la verga arriada, o para la caña del timón cuando éste no se usa; detrás de la luneta queda un pequeño espacio triangular, la raba, típico y especial de esta clase de embarcaciones.

La roda es alta, elegante, coronada por su gorrete; hacia la flotación lleva un cáncamo o borondo para enganchar el cabo y varar la barquilla en los pocos casos en que se hacen de proa, pues lo normal es verificarlo de popa pasando una gaza por la contraroda de popa y el codaste; este último es también curvo y lleva el macho y la hembra para colocar el timón.

El pintado de los sardinales es igual que en las jábegas. Las hay con dibujos vivos, figuras de mujeres y figuras geométrica. Insiste Bellón que el ojo no es tan obligado como en la jábega. La tripulación está formada por el patrón y entre 4 y 6 hombres más.

La flota de sardinales, laúdes, faluchos, palangreros, bacas, marrajeros, eran presa fácil en los temporales. La lejanía con la línea de playa y su fragilidad hacían lo demás. Las desgracias en pérdidas de vidas humanas con los sardinales no dejaban indiferentes a la población marítima local. La Unión Mercantil del domingo 2 de febrero de 1896, pág. 1 destacaba el naufragio sufrido cerca de Vélez Málaga, en el lugar de Cantarriján, por el sardinal de Vélez “Dos Hermanos” conocido por “Minerva” con su patrón Sebastián Pastor”.



NITO


BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA.-

Pablo Portillo Strempel. "El sardinal malagueño" Una aproximación.
Vicepresidente de la ABJ

Benigno Rodríguez Santamaría. “Diccionario de artes de pesca de España y sus posesiones” (1923).

Luís Bellón. “El boquerón y la sardina de Málaga”. Consejo Superior de Investigación Científicas. Instituto de Estudios Malagueños. (1950).

Juan A. Camiñas, Jorge Baro y Rogelio Abad. “La pesca en el Mediterráneo andaluz”. Servicio de Publicaciones de la Fundación Unicaja. D.I. MA-1489/04. ISBN 84-95979-24-1.

DIFUNDE
Amigos de la Barca de Jábega
www.amigosjabega.org


miércoles, 24 de julio de 2013

EL FARO DE LA HERRADURA

Existe un kit dedicado a los modelistas que reproduce este faro.

Como ya es costumbre, y en época veraniega, nos gusta recrearnos en la contemplación y el estudio de las fortificaciones costeras de este litoral granadino. Esta vez le toca el turno a una de las más significativas: el Faro de la Herradura.

Antes de ser faro que alumbrara las noches de La Herradura.

Localización:
Situada a algo más de cien metros de la línea de acantilados de la Punta de la Mona o Punta de la Concepción. Conecta visualmente la Torre de Cerro Gordo y el Castillo de la Herradura hacia poniente y con el Castillo de Almuñécar a levante.

Esquema general que responde a a este tipo de torre vigía 
 
Aspectos históricos:
En época musulmana existía en la zona una fortificación tipo ribat, la Rábita de Xarfa, destinada a vigilar la Bahía de la Herradura. Próximo al ribat se conserva el aljibe, que sirvió como abastecimiento de agua.
A comienzos del siglo XVI es ya una torre de vigilancia. Tuvo una restauración en el siglo XVIII. En el siglo XIX, a partir de 1839 fue ocupada por el Arma de Carabineros.
Y finalmente, en el año 1990, fue transformada en faro.

En 1993 los reporteros de Ideal lo inmortalizaron  así en su  inauguración oficial

Características:
Construido, como se ha dicho, sobre la antiquísima torre vigía de la Punta de la Mona o de la Concepción. Antes de su reforma en el siglo XVIII, era una estancia árabe conocida como Torre de la Rábita o Xarfa.
La torre es troncocónica, dividida en dos cámaras, hecha en mampostería de piedra caliza y mortero bastardo, con verdugadas de ladrillo. Asimismo, hay una cornisa, también de ladrillo, que sirve para un pequeño parapeto coronado por otra hilada de ladrillo. Estos están siempre colocados a tizón. En la cara N presenta la existencia de una pequeña aspillera, de una puerta-ventana enmarcada en ladrillo y cuatro pequeñas saeteras defensivas distribuidas una en cada lado de la torre. La cámara superior presenta una cubierta esférica.
La torre fue restaurada en 1990 para albergar el faro, en donde se le añadió una linterna con balconcillo metálico y una escalera exterior para acceso a 7,5 m.de altura. Su ubicación y altura focal de 140 m. le hacen ser un buen balcón sobre el Mediterráneo, presentando un mirador en su base.
 

Tal y como luce hoy en el cabo.

Altura del faro: 14 metros.
Altitud: 140 m. sobre el nivel del mar.
Alcance: 15 millas, unos 28 kilómetros.
Ciclo: DB 5 s. Destellos blancos cada 5 segundos.
DB; per 1+<4>=5
Punta de la Mona.
Latitud: 36º 43,5’N Longitud: 3º 43,8’W
Red Litoral de la Autoridad Portuaria de Motril.
Sólo exteriores. Fácil acceso.
B.I.C. (1985).

Restos del aljibe de la Punta de la Mona para el servicio de los torreros


OBRAS CONSULTADAS
Historia de la Herradura de M. Simón Mateos Rivas
El mar como frontera de Gabriel Sierra Santos
Almuñécar: Recuerdos del pasado

NITO
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miércoles, 17 de julio de 2013

LA CASA DE MITRA



Hoy traemos la historia de este inmueble que, además de responder a los “enigmas” de la charada anterior, van a ilustrarnos –y muy bien, por cierto- sobre lo que se ha convenido en llamar “la arquitectura fingida o simulada” en Granada. Tema del que seguiremos escribiendo en trabajos posteriores.

Nos cuenta Juan Bustos, el que fuera cronista de la ciudad nazarí, que “El bello paisaje de Granada  –que más de una vez recordaría al viajero diplomático veneciano Andrés Navagiero, “un tapiz de Flandes”-,  ha tenido siempre en la pintoresca carrera del Darro uno de sus lugares de más intenso atractivo.
Siguiendo el sinuoso curso del río, que por allí discurre, dominado desde la altura por los baluartes de la Alhambra, esta vía urbana de tan marcado carácter y sabor, permite gozar de una de las vistas más originales, sugestivas y famosas de la ciudad.
Sí el tráfico consiente al lector el placer de ir a pie por esta insólita y celebrada  calle, podrá disfrutar con esta casa que hace esquina a Lavadero de Santa Inés y contribuye, con el empaque de su traza y la calidad de sus elementos, a la fisonomía peculiar de un conjunto arquitectónico que alcanzó su mejor momento en los siglos XVII y XVIII.  El interesante edificio luce pinturas que son copias modernas de otras antiguas que existieron en la cercana “Casa del Padre Eterno”, pintadas quizás –anota Gallego y Burín en su”Guía”-  por Julio Aquiles y Alejandro Mayner,  o por el italiano Antonio Sémini, que vivió en Granada mientras decoraba las casas de Don Álvaro de Bazán.
La fachada es la propia de las mansiones nobles granadinas de los siglos mencionados. Un buen alero de madera, balcón central con ornamentación plateresca  -copia también del de la “Casa del Padre Eterno”-, y excelentes rejas y balcones de hierro forjado, resaltan merecidamente.
En la parte superior, culmina la construcción una torre en forma de mirador, con arcos, casi todos en la actualidad cerrados.
En suma, la finca  –aún afectada por un comercio en su planta baja, que rompe la estética general del inmueble-  es un notable ejemplar de la arquitectura doméstica granadina, tan rica y abigarradamente representada en esta carrera del Darro, que con sus iglesias, conventos y casas señoriales, sigue presentando una imagen de innegables sabor y fuerte colorido”.


Y para ir contestando a todas las interrogantes planteadas en la charada, nada  más fácil que dejarnos llevar de la mano por César Girón (“Nuevas curiosidades granadinas”).
“La irrupción del cristianismo supuso la conversión, de muchos de estos “cuentos” y celebraciones ancestrales  –y de buena parte de la mitología pagana-  a los cánones de la tradición religiosa. De este modo, la natural llegada de la estación estival, momento en el que la luz vence a las tinieblas, celebrado por todas las civilizaciones, fue acomodado a la festividad de San Juan Bautista, quedando el antiguo culto al Sol reconducido a la jubilosa y mistérica celebración que hoy acontece en la madrugada de la madrugada del 24 de junio”.



La casa de muebles Bonal

Dormida durante casi una década en la que estuvo prácticamente abandonada, sobrevivió a la ruina la conocida  -vulgarmente hoy día, entre el vecindario del actual bajo Albaicín-  como casa de muebles Bonal,  situada en la carrera del Darro, que alberga actualmente un pequeño hotel de lujo al que sus propietarios le han dado el sonoro nombre de “El ladrón de agua”.
Sin embargo, el nombre comercial del popular establecimiento de venta de muebles de los años cuarenta a ochenta del siglo pasado no sirvió por fortuna, para eclipsar el auténtico nombre con la que fue conocida la casa 13 de la carrera del Darro en algunos ambientes de principios del pasado siglo: “ La casa de Mitra” o la “Casa del Sol”, en la que su propietario, el comerciante y coleccionista Nicolás Fajardo Arcos, estableció un pequeño museo-anticuario en 1920, que perduraría hasta 1936 en que los avatares de la guerra  determinaron su cierre.
La casa había sido adquirida por Fajardo Arcos con el importe de la venta al industrial Torres y López de su primigenio anticuario situado en el número 17 de la Gran Vía de Colón  –Nicolás Fajardo Arcos tenía también otro establecimiento en Madrid, en la Carrera de San Jerónimo.


La Casa de Mitra

Las pinturas de la fachada de la casa número trece de la Carrera del Darro, que en 1995 de algún modo restaurara la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, se encuentra hoy día, apenas una década después, necesitada de una intervención que las libere, al menos, del polvo que las cubre.  Como podemos contemplar, son de una gran belleza.
Fueron trazadas  –así lo revelan los documentos gráficos que se conservan- en 1920  y su autor fue el hijo mayor del propietario, Nicolás Fajardo Vílchez, que copió por encargo de su padre, las de la “Casa del Padre Eterno”, de la que era también propietario, y las plasmó en la fachada de esta bellísima casa de la Carrera.
Representan en su motivo central al dios Mitra trazando los elementos sobre  la creación y bajo su mirada cruzada, a sus pies, la cartela, con el lema advertido: “Deo Soli Invicto Mithre”.
A la izquierda de Mitra aparece otra pintura. Representa una figura alada que da muerte a la serpiente, en una escena que siguiendo la tradición persa llevaría a Satán, el funcionario celestial acusador propio de la tradición hebrea transformado en personaje demoníaco por antonomasia: Belcebú, ángel de la muerte que se reveló contra la creación de la humanidad por el “padre de los padres”  –y que luego sería el Iblis coránico-, que vienen a representar el triunfo de la luz sobre las tinieblas, del día sobre la noche: el solsticio de verano.


Pinturas mistéricas

La “Casa del Padre Eterno”, situada en el número nueve de la placeta del  Lavadero  de Santa Inés, es un inmueble rodeado de antiguas y bellas tradiciones creadas en torno a las pinturas que decoran en su patio  –atribuidas a Julio Aquiles, Alejandro Mayner  o al italiano Antonio Sémini-  en las que se contempla al “Supremo Hacedor, el globo terráqueo junto a sus rodillas dirigiendo su mirada de una manera muy particular hacia un ángulo de la estancia”. 

¿Existe identidad entre las pinturas del Padre Eterno y las de la casa número trece de la Carrera del Darro, la casa de Mitra?
Parece que sí, tanto por su significado como por su origen, en especial de las segundas.
El sentido moral de la pintura de la casa del Padre Eterno es el mismo que el del culto a Mitra: la esperanza en una redención, que suponían en el más allá, una vida puramente espiritual, razones por las cuales fue el mayor rival del cristianismo durante los primeros siglos.

Hay que señalar obligatoriamente que el estudio de estas pinturas del siglo XVI –el cinqueccento granadino- aún está por estudiar y valorar en su justa medida.
Piénsese por ejemplo la gran importancia que le otorga en la historia del Arte Universal a las pinturas sobre Mitra  existentes en la Gruta Sagrada, en Roma, como las halladas en otros lugares cercanos, como Ostia. Éstas, las granadinas, que de no ser por un golpe de suerte a buen seguro habían desaparecido, son únicas por su concepción y cronología, además de por su ubicación en España.

Casa del Padre Eterno


¿Sociedad secreta?

Responder la pregunta de si la casa número trece de la Carrera del Darro, la casa de Mitra, fue sede de la sociedad secreta, no es tarea fácil. Por la comparación de los documentos gráficos que se conservan se sabe que las pinturas y la reforma del inmueble, que hunde sus raíces en el siglo XVI, se llevó en torno a 1920, momento en el que este tipo de sociedades, con una tradición en las décadas anteriores, estaban presentes en Granada.
El propietario que efectuó tales reformas fue, como ya se ha dicho, el industrial granadino Nicolás Fajardo Arcos. A este le seguirían su segundo hijo Germán Fajardo Vílchez, que viviría durante toda su vida en la cercana Casa del Padre Eterno, en la placeta del Lavadero de Santa Inés, situada justo o a la espalda de ésta de la carrera del Darro, con la que como vemos, guardaría aún más estrecha relación.

Según cuentan quienes les conocieron, ambos tuvieron una especial predilección por las cuestiones esotéricas y las reuniones cultas que celebraban en su casa, por lo que las pinturas de la fachada de la casa número trece de la Carrera del Darro, no serían una mera casualidad. Sus descendientes señalan que tanto Nicolás Fajardo Arcos como sus hijos, además de conocidos republicanos, fueron muy dados a la masonería.
 
Y justo es concluir ahora, que si alguien en tiempos del régimen franquista hubiera recalado en lo que las pinturas de su fachada representan, habrían desaparecido inmediatamente, puesto que junto a la representación de Mitra, el dios persa del Sol, “el padre de los padres” en la mitología de Oriente Medio, aparecen claros y destacados símbolos masónicos: el compás, el triángulo, el libro sagrado o el globo terrestre, y un pergamino, con el glorioso lema: “Al invicto dios sol Mitra”.



NITO

lunes, 1 de julio de 2013

CHARADA POR SAN JUAN



  SOL INVICTO DEO
Ni es una piedra telúrica de toque, ni son las fuentes mágicas, ni las aguas lustrales del Darro y del Genil, ni tan siquiera es el olivo sagrado del Aceituno...
Todos ellos, que duda cabe, son señales de pasados testimonios del rito al Padre Sol que en Granada se celebraban en el Solsticio del Verano. Era el triunfo de la Vida sobre la Muerte. Era el triunfo de la Luz sobre las Tinieblas...

Pero yo tan sólo te preguntaré hoy:

/ -¿Sabes de la existencia de  una casa en Granada que nos recuerde los ritos exotéricos al invicto dios sol?¿ Con qué nombre ´"culto" se la conoce?

No es piedra mágica ni telúrica de toque


PRIMERA PISTA

Ritos mistéricos que al Padre Sol tienen por guía.
Por ellos pregunto. Asunto tuyo será el callar, roncear
o porfiar conmigo en fiera lid  en pos de la verdad.

Todo este embrollo gira sobe el solsticio de verano
y  todo sucede  en la pretendida noche de San Juan,
antes, mucho antes que de fenicios, romanos o moros.

Con el agua lustral del Darro ni un minuto pierdas
ni tampoco con el mágico Olivo del Cerro del Aceituno:
Sólo la casa  de Mitra, y no otra cosa, tu epicentro será.

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SEGUNDA PISTA

Mitra, el Sol, era la  divinidad mayor de entre los persas.
Muchas leyendas y ritos se engendraron  en torno al Invicto.
Y ya ves, murguero, que éstas no faltan en nuestra tradición.

En Granada tuvo su casa, y que no sería la primera
de esa condición: La originaria otro nombre además tenía
y otra es su ubicación. Por ésta, más tarde te preguntaré yo.

Pero ¡asómbrate amigo lector! : En esta tierra garbancera,
la morada de Mitra (ya sabes: chuminás de la gente culta),
en Granada por la casa de Muebles Bonal se la conoció.

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TERCERA PISTA


Con esto  y poco a poco, el enigma vamos solucionando:
Sabemos que la casa está ubicada en la Carrera del Darro.
Que luce orgullosa arquitectura fingidora  de méritos negados.

Y que su nombre rimbombante es (y por muy pocos conocido),
como Casa de Mitra, ya sabes, el nombre griego del Sol Invicto,
por muchos muebles (aunque muy buenos) que Bonal vendiera.

Y no creas que con esto su larga historia hasta aquí solo llegó:
Se sospecha, empero, que  al secretísimo Gran Oriente amparó
y por ahora, al fin, en  lindo y coqueto hotel con encanto se quedó.

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PISTA FINAL


 Descubierto ya el enigma, se pide (y como a traición), que te juegues tu cuarto a espadas y sin temor ni vacilación averigües  el nombre de la segunda casa cuyos dibujos son precursores de los de la Casa de Mitra y los nexos que puedan existir entre ellas.
¡Ese será el final de la presente charada y ese será tu mérito…!


Maquinando estoy ahora como colofón, y por ello pido licencia,
para proponer a la docta audiencia otra oculta y artera premisa
que al principio desta charada nada contaba y luego se me ocurrió:

No son, pues, muy viejos estos dibujos, pero heredan la tradición
que les legara ¡Ay, válgame el Cielo!  otro hogar de noble estirpe 
cuyo nombre te pido sin reparos. Y ya me rindo sin condición.

Como creo haber sido descubierto por avispado lector con maña,
me atrevería a preguntar con saña, complicando más la cuestión,
¿qué nexos dirías tú que unirían a estas dos mansiones, por Dios?

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SINOPSIS A LA CHARADA.-

Y llegamos al final del cuento. Pocos los participantes y menos aún los acertantes, aunque éstos se han aproximado bastante.

Siempre me queda la duda de si será por las vacaciones, por el calor, o si será por lo endiabladamente enrevesado de las pistas dadas o, como me temo, el tema propuesto no tiene el suficiente interés para el personal.

Todo los enigmas e interrogantes propuestos en la charada, las encontrará el lector que leyere el siguiente artículo que publicaré y el que no lo leyere no será iluminado por Mitra, el Invicto Sol.
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 .
NITO




domingo, 9 de junio de 2013

CARMEN DEL NEGRO



Un portavoz del grupo municipal de la oposición, denunció ante la prensa hace unos días, el estado en el que se encuentra el Carmen del Negro, un inmueble municipal catalogado donde está previsto construir el archivo histórico. La obra del carmen, situado en la Cuesta del Chapiz, en el Albaicín, lleva parada casi cinco años.
Y es que el Ayuntamiento espera sin éxito que el Estado aporte la financiación que había prometido para el futuro Archivo Histórico (y la que fue casa de Juan Latino), tras décadas de abandono.
Los turistas que pasan por la cuesta del Chapiz, muy cerca del Palacio de los Córdovas  (y los autóctonos también), se paran extrañados ante reja de hierro tras la que pueden ver un arco árabe y un edificio con gran parte de sus estructuras derruidas. Es la casa en la que vivió en el siglo XVI, Juan de Sessa, conocido como Juan Latino, el primer catedrático de raza negra de la universidad española. Este inmueble catalogado, anexo a Los Córdovas, sufre un grave estado de abandono desde hace más de tres décadas sin que los proyectos de recuperación se hayan llevado a cabo.



El Ayuntamiento de Granada ha decidido poner fin a esa situación y, al menos, adecentar el espacio exterior y consolidar el inmueble para que no siga cayéndose. La concejala, Isabel Nieto, confirma que han incluido las obras en los presupuestos de la Gerencia de Urbanismo para el próximo año, «ya que no podemos seguir a la espera de que el Estado, que ya negó fondos para acometer esta restauración, nos mande el dinero que nos hace falta».

Que no sigan cayendo tejas, que las paredes no se vengan abajo y que la parte ajardinada, al menos, esté decente. La idea es que el inmueble del siglo XIV no de la mala imagen que ahora aporta a un espacio clave del Albaicín, junto a los Córdovas y el Centro de Estudios Árabes.

El Carmen del Negro es, además, el espacio donde el Ayuntamiento inició la construcción del Archivo histórico Municipal. Un proyecto que sigue coleando desde el 'tripartito' para albergar el patrimonio documental de la ciudad que, en su momento, tenía un coste de más de nueve millones de euros. Un proyecto que la primera corporación presidida por Torres Hurtado se encontró iniciado y sin terminar y para el que no había financiación alguna. Isabel Nieto, señala que «fue un proyecto que nacía sobredimensionado, ya que se le solicitó a un gran arquitecto, Feduchi, que no tuvo en cuenta el enorme coste que podría tener su idea de construir un gran búnker para el archivo municipal. El equipo del alcalde Moratalla tampoco tuvo la previsión de dotarlo económicamente».

La silueta de la Historia

Desde 2004, ya con Torres Hurtado como alcalde, se acometió la primera fase del Archivo Histórico, que costó tres millones de euros. Para la segunda parte, en la que se incluía el millón de euros que costaría arreglar el carmen, le pidieron al Ministerio de Economía que concediese fondos europeos, «pero fueron negados por el gobierno del señor Zapatero, por lo que no se pudo continuar con el proyecto, ni del archivo ni del carmen», dice Isabel Nieto.
Ahora, cuando la situación del carmen ha llegado a niveles insostenibles, el Ayuntamiento ha decidido aportar el dinero que sea necesario para adecentar y consolidar los exteriores de este espacio histórico del Albaicín. «No para restaurarlo, sino solo para que no se caiga aún más, porque no tenemos dinero para otra cosa», dice.


Pero, a todo esto, ¿quién fue Juan Latino…?
La Crónica histórica nos dice que fue un esclavo de raza negra, traído de la gran Etiopía, que llegó con su madre como esclavo a España siendo muy niño y fue comprado (entre 1518-20, aproximadamente) para la familia Fernández de Córdova, el Duque de Sessa y su hijo Gonzalo, que colocaron al negrito Juan como compañero, previamente bautizado tres o cuatro veces ―por si acaso, ¡era tan negro…!- Que creció Juan junto al futuro duque, como compañero y amigo, aunque esclavo.
Y tanto creció su conocimiento en la cultura latina clásica hasta el punto que, de llamarle Juan de Sessa (los esclavos tomaban el nombre de la Casa que los poseía) o Juan el Negro, empezaron a llamarle Juan Latino, y se ganó una justísima fama por sus conocimientos y progresos en esta lengua. Tanto subió su prestigio que finalmente consiguió ―a los treinta años― la manumisión y su libertad, a la vez que una dote y una esposa blanca, bella y de distinguida familia, por increíble que parezca.

La ruina en el vergel

Llegó a ser profesor de latín en la universidad creada por Carlos V, y catedrático de Gramática en el Colegio Cardenalicio. Amigo del arzobispo Pedro Guerrero, y del presidente de la Real Chancillería
Pedro de Deza, entre otros.  Sobre la fecha de su muerte también existe indeterminación. Sabemos que está enterrado en la iglesia granadina de Santa Ana y San Gil, y que un incendio ocurrido mucho después de su fallecimiento destruyó las actas de inhumación entre 1596 y 1599; al no haberse encontrado estos documentos en los archivos parroquiales, razonablemente puede suponerse su óbito entre tales fechas, a muy avanzada edad.
Lápida existente en la iglesia de Santa Ana.

Según cronistas como Diego Ximénez de Enciso (Sevilla, 1585-1633), tenía Juan de Sessa “más de noventa años” cuando vivía retirado de la vida pública por causa de una enfermedad de la vista, posiblemente cataratas que le causaron completa ceguera. Puede afirmarse sin embargo –y es lo verdaderamente interesante –, que Juan de Sessa vivió y fue testigo excepcional del siglo XVI en Granada, una época decisiva en la historia de la ciudad. Todo esto fue, y es, meollo histórico de Granada.

No hay fecha que no llegue ni plazo que no se cumpla.

NITO