sábado, 25 de mayo de 2013

EL SAVOIA DE LOS BLANCARES


El bombardero Savoia SM-79 "Sparviero"

Retomamos hoy el tema de aquellos aviones que tuvieron su trágico destino final ligados para siempre, y en íntima comunión, con las duras rocas metamórficas de nuestra Sierra Nevada, la Yabal Sylary árabe, cuya narración ya iniciamos en este Blog el 7 de Julio de 2012.
Aquel desgraciado accidente, que  causó honda consternación en Granada, pues sus víctimas –sus cuatro tripulantes- y el propio avión pertenecían al Aeródromo de Armilla, fue más popularmente conocido en los medios aeronáuticos granadinos con el nombre de “El Sparviero de Tocón de Quéntar”.



Historia del vuelo.-
“El sábado, 27 de septiembre de 1952, sobre las 08´00 horas, despegó de la base Aérea de Armilla el SM-79 (un bombardero trimotor Savoia), con destino a Palma de Mallorca. Su tripulación estaba integrada por el segundo piloto, capitán Pedro Luque de Pablos; el primer piloto, teniente Ernesto Bernal Garrido; mecánico, brigada Francisco Enamoneta Urtáriz y el radio telegrafista, Sargento Jesús Ruiz López.
Estaba programado que volase un quinto tripulante, el cabo fotógrafo Julián Escrivá, pero éste llegó tarde a la base, presentándose justo en el momento en que el avión se disponía a despegar y aun cuando intentó subir, no lo hizo por indicárselo así el Capitán Pedro Luque. A la postre, el no haberse despertado a tiempo ese día salvo su vida.

Un "Sparviero" sobrevuela La Alhambra

Al poco tiempo de emprender el vuelo y en la vertical del pueblo de la Peza, comunicaron por radio el mal funcionamiento del motor izquierdo y decidieron regresar a Armilla. Pocos minutos después, ya de vuelta, de nuevo se pusieron en contacto con la base comunicando que el motor central se había parado. Ya con estos fallos el aparato comenzó, irremediablemente, a perder altura rápidamente.
Los esfuerzos de la tripulación por mantener el aparato en vuelo y alcanzar Armilla resultaron baldíos, y el trimotor, tras rozar las copas de varios pinos, finalmente se llevó por delante uno de ellos cayendo en el paraje denominado Cañada del Vinagre, en las cercanías de la pedanía de Tocón de Quéntar. El accidente tuvo lugar a las 08:30 horas. Tras chocar contra los pinos perdió las alas, realizó un viraje completo y se estrelló contra el suelo comenzando a arder inmediatamente puesto que llevaba los depósitos de combustible completamente llenos. El aparato resultó totalmente destrozado y sus tripulantes perecieron en el acto.



Al no tener noticias del avión en la Base Aérea de Armilla, a las 09´00 horas se dio aviso a los puestos de la Guardia Civil de la zona, conociéndose al poco rato que el aparado había caído en el lugar anteriormente mencionado.
Una pareja de la Guardia Civil del puesto de Diezma observó como el aparato, despidiendo humo, daba la vuelta a la cultura de La Peza y descendía avanzando sobre el río de La Gitana con dirección a Quéntar. Poco tiempo después pudieron observar una gran nube de humo”.
Hasta aquí el relato que nos hace Michel Lozares Sánchez en su libro “Los aviones de Sierra Nevada”.


Imagen del acto religioso que tuvo lugar en honor de la tripulación fallecida 


El avión.-
El Savoia-Marchetti S.M.79 “Sparviero” (Gavilán), fue el bombardero italiano más importante de la II Guerra Mundial. Este trimotor de sólida construcción y de particulares características lo convertirían en un gran avión bombardero/torpedero. Su prominente abultamiento dorsal fue el origen del apodo "il Gobbo maledetto" ("El maldito jorobado") debido a la ametralladora situada allí que dificultaba el ataque de los cazas enemigos. Más tarde recibió el apelativo oficial de Sparviero (Gavilán) . Fue un avión apreciado por sus tripulaciones y permaneció en servicio en la Fuerza Aérea Italiana hasta el año 1952.
Sus primeras armas las hizo en la Guerra civil española luchando en el bando de los nacionales.
Al finalizar la guerra el Ejército del Aire Español tenía operativos unos 80 SM-79 constituyendo la parte más importante del arma de bombardeo durante muchos años. Muchos de ellos estaban destinados en Armilla.



Características.-
Tipo de Avión: Bombardero rápido, reconocimiento y torpedero.
Fabricante: Società Anonima Costruzioni Aeronautiche Savoia
Diseño: Alessandro Marchetti
Designación del fabricante: SM-79 Sparviero.
Designación del Ejército del Aire Español: B-1.
Primer vuelo: 28 de septiembre de 1934
Introducido: Mayo de 1936
Entrada en servicio en España: 1937
Producción: 1936 – 1945 Unidades fabricadas: 1.330





Especificaciones técnicas.-
Tripulación: 6 (piloto, copiloto, ingeniero de vuelo/artillero, operador de radio, bombardero, artillero dorsal).
Longitud: 16,2 m.
Envergadura: 20,2 m.
Altura: 4,1 m.
Superficie alar: 61,7 m².
Peso vacío: 7.700 kg.
Peso cargado: 10.050 kg.
Planta motriz: 3 Motores Radiales Alfa Romeo 128-RC18 con 860 cv. de potencia unitaria.

Visitando el monolito en 2013



NITO

lunes, 15 de abril de 2013

LA CASA DE LA HORNACINA

Así, en este color tan albaicinero, la conocí yo

En la despoblada y solitaria plazuela de Conde, en el Albaicín, existe una única casa, de apariencia humilde, que adorna su vieja fachada con una gran hornacina, en la cual nunca faltan flores y luces en honor de la Santísima Trinidad.
Esta casa, que hasta no hace muchos años presentaba su fachada pintada al “fresco”, y en su interior conservaba valores artísticos que la avaricia de los cultos pillos convirtió en dinero, fue un antiguo y aristocrático palacete árabe. A raíz de la Reconquista, y al empezar a despoblarse el Albaicín, dicha casa fue comprada para retiro del viejo capitán D. Álvaro de Lope e Hinestrosa.
Este buen señor, carente de familia y achacoso de salud (gastada durante el cerco de la ciudad), hacía una vida misteriosa, pues jamás se le veía en la calle, a excepción de los domingos, que salía muy temprano a oír misa en la próxima parroquia de Santa Isabel de los Abades. Vivía completamente solo; una vieja dueña iba todas las mañanas, hacía el arreglo de la casa, y del mercado de Puerta Nueva le llevaba las viandas del consumo.
Así transcurrió el tiempo, hasta que cierto día llegó la dueña, y, en vista del silencio obtenido ante sus insistentes llamadas, dio aviso a la justicia, la cual se presentó provista de un cerrajero, y “abriendo la casa encontraron al capitán tendido en el lecho y sin vida…”
Fama tenía el difunto de riquezas, pero, como carecía de familia, la justicia se apoderó de la casa y, efectuado un minucioso registro sólo halló una pequeña cantidad, en monedas de oro, conservada en el fondo de un arcón.
Dióse cristiana sepultura al pobre capitán, la justicia quedó en posesión de los bienes, y los vecinos tuvieron para murmurar durante muchos días.

Titiriteros en la plaza del Conde, del pintor Isidoro Marín Garés.

Largo tiempo estuvo la casa cerrada, hasta terminar los trámites judiciales consentidores de la venta en pública subasta; pero he aquí, que entre los vecinos de San Luis empezó a cundir la noticia de que en la casa había miedo, declarando, personas de cierta seriedad, haber sentido ruido de cadenas y lúgubres lamentos, asegurando que, a altas horas de la noche, un fantasma salía por los huecos de la casa…
La Real Chancillería ofreció la casa de forma gratuita a fin de desterrar el pánico
Ante tal leyenda se hizo imposible la venta del inmueble, y los señores de la Real Chancillería ofrecieron la casa para habitarla gratuitamente, a fin de desterrar el pánico que se había apoderado de los moradores del Albaicín; pero, a pesar de tal ofrecimiento, nadie se presentaba.

Por aquellos días fue nombrado alguacil un tal Cosme Corchuelos, el cual había prestado grandes servicios a la justicia y se le tenía por hombre de extraordinario valor. Enterarse Corchuelos de la fantástica leyenda y presentarse a los oidores, todo fue uno.
“Yo -dijo- me encargo de deshacer tal patraña. Esta misma noche me quedaré en la casa; que ronden sus alrededores unos cuantos corchetes y que acudan en caso de yo necesitarlos. Ya veremos si existe el fantasma”.
Acabadas de dar las diez de la noche y ante la admiración de seis corchetes que quedaron de ronda en la plazuela, el valiente Corchuelos se introdujo en la casa. La noche transcurrió sin novedad y, en vista de que el sol doraba ya los altos miradores y el alguacil no daba señales de vida, la ronda decidió registrar la casa. Con la animación que da la luz del día, penetraron en el edificio, registrándolo todo, y, después de grandes esfuerzos, encontraron a Corchuelos, que estaba completamente oculto y a punto de asfixiarse entre las mantas del lecho.
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Momentos después, en el cuerpo de guardia de la casa de los Medallones, en la Plaza Larga, y tras de apurar un trago de aguardiente, Cosme explicó:
“Yo jamás he sido cobarde y he creído siempre que los trasgos y fantasmas son hijos de la fantasía de ruines y miedosos; pero, ¡por mi fe!, os juro que en esta ocasión creo en las almas en pena y en los aparecidos… El que dude de los que voy a decir, que se preste a la prueba. Cuando penetré en la casa, provisto de mi linterna, recorrí sus habitaciones y cerré cuidadosamente los pestillos de sus puertas; me introduje en la alcoba, cuyo balcón da vista a la placeta, y lo entreabrí para poder avisaros con prontitud; me tendí en la cama y esperé … El sueño se apoderó de mi; no sé cuánto dormí; lo que sí os puedo asegurar es que desperté sobresaltado; estaba completamente a oscuras; intenté incorporarme para asomarme al balcón, pero sin saber por qué, un miedo pavoroso se apoderó de mi y no tuve alientos para levantarme … Acababa de sentir un golpe seco en el corredor … Conteniendo hasta la respiración, oí, clara y distintamente, unos pasos que se acercaban, siguieron por la sala y los sentí perderse por la escalera … Un sudor frío inundó mi rostro, y, antes de dar tiempo a reponerme y llamar, volví a sentir los pasos subir por la escalera, haciéndola temblar, pasar el corredor y penetrar en la sala … No había duda de que era un ser invisible, puesto que no necesitó abrir para entrar; pero mi terror llegó al colmo cuando oí los pasos penetrar en la alcoba, y, al débil rayo de luna que entraba por la rendija del balcón, deslumbró mis ojos una figura blanca y transparente … Quise gritar y preguntarle quién era y qué quería; mas mi lengua enmudeció y creo que perdí el conocimiento, pues no recuerdo más hasta que llegasteis por mi …”.
Cuando terminó su relato el alguacil, gotas de sudor humedecían sus sienes y la palidez de la muerte se reflejaba en su semblante.
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Después del testimonio dado por Corchuelos, no quedó duda de que un gran misterio existía en la casa; y a tal extremo llegó este asunto, que, enterados los familiares del Santo Oficio, con la astucia que los caracterizaba, acordaron dar una batida en determinada noche y averiguar lo que de cierto hubiese.
La campana mayor de la Colegiata del Salvador tañó a las ánimas. Ante la fachada de una casona, en cuya hornacina se adivinaba la Faz de un Cristo, un farol agonizante apenas producía un punto de luz, balanceándose a impulsos del viento, que silbaba entre las viejas murallas de la Cadima. A este tiempo abrióse, silenciosa, la puerta de la casona, y entre las sombras fueron apareciendo hasta trece bultos negros, algunos de los cuales, y a impulsos del aire, dejaba asomar, entre los pliegues de la capa, una linterna… Tan fantástica comitiva cruzó la Plaza Larga, subió por la calle del Agua a la placeta de los Muñoces, torciendo hacia las Tres Estrellas e, internándose en el angosto callejón del Blanqueo Viejo, desembocó en la plazuela del Conde.
Detúvose el grupo un momento ante la deshabitada casa, y, a una señal convenida, acercáronse los trece hombres a la puerta y descubrieron las linternas para introducir la llave; pero cuál no sería el asombro de todos, al encontrarla abierta.
Algo de terror se apoderó de los esbirros, dudando todos sobre cuál había de entrar el primero; y con la muda comprensión de lo que no queremos demostrar, penetraron todos a un tiempo. Una vez en el patio y ocultas las linternas, aguardaron silenciosos, replegados en la sombra profunda del senador (sic). Más de dos horas transcurrieron sin que se oyera el menor ruido… A poco, el aire trajo hasta ellos las graves campanadas de San Salvador y los alocados repiques de las Tomasas. Eran las doce de la noche… El silencio, profundo…
Los corchetes contenían hasta la respiración, no sabemos si de miedo o por temor a que el fantasma se espantara… En vista de que el tiempo transcurría y dudando de la veracidad de la leyenda, uno de los bultos se acercó al que parecía ser el jefe, y le dijo: “Señor Corchuelos, yo creo que cuanto vos contasteis fue hijo de vuestro miedo o lo concebisteis bajo el influjo del vino… Al amanecer daréis cuenta de vuestras patrañas ante el Santo Tribunal…”
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El familiar que así hablaba, no pudo terminar; un ruido subterráneo se dejó oír, al par que una blanca silueta se dibujó en el hueco de una ignorada puerta al fondo de la galería… Imposible es describir la confusión que se formó. El primer intento de los corchetes fue huir, y hasta hubo alguno que, lleno de pavor, se lanzó a la calle, dando voces de “¡Favor, en nombre del Rey!”, escandalizando a los vecinos, quienes, en vez de acudir, se acurrucaron entre las ropas del lecho. Mientras tanto, otros, más animosos, avanzaron sobre el fantasma, que, hallándose sorprendido y no teniendo tiempo de huir, recibió la furiosa cometida de las espadas de los esbirros… Un grito de muerte resonó y el fantasma cayó sin vida al suelo.
El encantamiento de la casa quedó deshecho; descubierto el fantasma, resultó ser un pillo llamado Mascafierro, que tenía cuentas pendientes con la justicia, y antes de morir declaró que servía a cierto señor magistrado, prestándose a hacer el papel de fantasma mientras aquél sostenía pláticas amorosas con cierta linajuda dama que habitaba la finca colindante y por la cual comunicaba la secreta puerta de la galería del patio.
El Santo Tribunal echó tierra al asunto del magistrado y, para dar satisfacción al pueblo, quemó el cadáver de Mascafierro.
Tal fue el desenlace que dio al asunto, aquel Tribunal, cuyo fanatismo cubrió de humeantes restos humanos media Europa.
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Todavía, en los tiempos en que fue puesta la hornacina (Un mosaico policromado que sirve de remate a la ornamentación de la hornacina, dice: “Alabada sea la Stma. Trinidad.- Ave María Gratia Plena.- Casa núm. 4. Año 1778″), Granada era rica y poderosa. Sus tejidos y sus sedas eran estimados en todas partes, y el corazón era el Albaicín, ese viejo barrio, hundido hoy y entregado a gentes extrañas e incultas que siguen encizañándose en sus ruinas, sin saber que es la antigua jurisdicción que guarda “un poema sagrado por los siglos y las generaciones”.

En estos últimos años, antes de llegar a la completa transformación, en la Casa de la Hornacina hubo establecida una fábrica de sombreros para sacerdotes, cuando la industria principal de Granada era la de sombrerería, de la cual existían muchas fábricas, a cuyo amparo vivían infinidad de familias. El gremio de sombrereros fue, hasta hace pocos años, el más importante de la ciudad.
Tal es la verídica historia de la “Casa de la Hornacina”, única que existe en la antes populosa plazuela del Conde.

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Este artículo fue publicado originalmente en la revista “Granada Gráfica” y en “Chirimías” (boletín informativo de la asociación Granada Histórica y Cultural).

NITO

viernes, 29 de marzo de 2013

LA MUERTE DE “LA MORENA”



¡Qué cosas tiene esta Graná de mis entretelas…!
Era un diciembre pelón, con sus gentes desnutridas quitándose el hambre y el frio a tortazos y sin embargo, la poesía brincando entre las piteras del Sacromonte. Granada, creyéndose ombligo del mundo, asistió a un debate periodístico sobre la dimensión histórica del pobre jumento de don Andrés Manjón”.
En diciembre de 1934 se producía la fatal noticia que pronto corría, de boca en boca, por todas partes: ¡“La Morena” había muerto...! Sí, la burra de don Andrés, el fundador de la institución Avemariana, había fallecido. Granada, nuestra ciudad, singular en tantos aspectos, se conmocionaba y a diferencia de lo que habría sido normal en cualquier parte del mundo, abrió un debate que alcanzó a los medios de comunicación locales, sobre todo si “la Morena” merecía el pedestal de la fama y la celebración de unos funerales por haber sido peana y prolongación de la proclamada santidad del fundador manjoniano.



Lo cierto y verdad es que todo se condujo a la mesura. Como sus otras antecesoras, “la Morena” fue enterrada sin los honores pretendidos por algunos en la cueva del camino de las escuelas donde tuvo su habitual morada. Sin embargo, no faltaron voces que alabaran su animalesca figura o su contribución a la causa del fundador. Incluso las más enfervorizadas por el recuerdo, llegaron a compararla con Babieca, Bucéfalo o Rocinante, siendo su fama disipada, no por falta de méritos, sino por lo inapropiado del nombre, auténtico obstáculo para ser elevada al altar de la gloria equina. ¡Mira que llamarse Morena…!

En estos días tan cercanos a la celebración de la festividad de San Cecilio y de la institución sacromontana, con la que tan ligada está la figura de Manjón y de su caballería, daremos algunas de las más curiosas notas que se dijeron en aquellos días de mediados de de la II República, en una ciudad como Granada, capaz de pedir un funeral para el jumento, nombrarla epígono histórico o elevarla al pedestal de la gloria académica.
Los más sinceros, y libre de toda sospecha, fueron los chiquillos, que la lloraron y la enterraron. Además holgaron, sin escuela, en señal de luto y sentimiento.
Acerca de la burra blanca, hay una divertida anécdota: Un día le preguntaron a Don Andrés por qué iba siempre montado en una burra blanca, a lo que él contesto: -Hijo, para que no digan que por ahí va el burro de Don Andrés.



Sin ánimo de ofender, el burro ha estado muy unido a la ciudad de Granada. La especial orografía de la ciudad lo hacía imprescindible sobre todo en el Albaicín y el Sacromonte; era el animal típico de los habitantes de las cuevas gitanas; y muy frecuente entre los areneros del Genil y aguadores del Avellano. Era, en suma, el utilitario de entonces, incluso el taxi de algunos. Dicen que los componentes de la tertulia La Cuerda Granadina subían a la Alhambra como en procesión a lomos de burros. 



UNA BURRA EN LA UNIVERSIDAD
El burro granadino tiene también su bonita historia unida al Sacromonte. Sabemos que el prestigioso catedrático Don Andrés Manjón conservaba en las caballerizas del Ave María por lo menos cuatro jumentos: Purchila, Paloma, Longaniza y Morena, que es en la que bajaba a Granada. Cuenta él mismo que fue una de estas burras la primera en entrar en la Universidad. Dicho así, daría la impresión de que el obediente animal no sería tan burro o de que para entrar en tan prestigiosa institución no hay que ser muy listo.
Y es que resulta que, en un muy lluvioso día del mes de abril de 1900, era tal la cantidad de agua que caía que el Padre Manjón no quiso dejar su burra en la calle; optó por meterla en el recinto universitario y buscarle mejor cobijo.
Es la primera noticia que tengo de que la Universidad haya servido de protección a un burro. La primera, no la última. Aunque cuando murió la burra Morena por poco le levantan un monumento.



BIBLIOGRAFÍA.-

NOTAS DE LA PRENSA LOCAL DE LA ÉPOCA:
Granada Gráfica (Enero de 1935)
El Defensor de Granada (Enero de 1935)
Zirto, Ideal (Enero de 1935)

NITO

jueves, 14 de marzo de 2013

ANTONIO LÓPEZ SANCHO

Primer Concurso de Cante Jondo de la Alhambra.- Todo aquel que se preciara de ser álguien en Granada, debía "salir" y estar a tiro del lápiz de López Sancho. Son fácilmente reconocibles: Diego Bermúdez "El tío tenazas" (Cantaor); Ramón Montoya (Guitarrista); Pastora Pavón (Niña de los Peines); Andrés Segovia; José Ruiz Almodóvar; Ignacio Zuloaga; Manuel de Falla; Federico García Lorca; Hermenegildo Lanz; Santiago Rusiñol; Fernando de los Ríos; Ramón Carazo... 
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Fue un dibujante formidable y un artista cuya recia personalidad se prodigó en ricas y variadas manifestaciones. Más, por encima de todo, fue un granadino tan visceral y apasionado que rehuyó considerables mejoras en su vida profesional, con tal de no salir de la ciudad donde había nacido y donde quiso morir.
Se llamaba Antonio López Sancho. Eduardo Molina Fajardo lo definió como maestro del humorismo, “de un humorismo fino, sin concesiones a lo populachero, un humanismo perfecto, creador de sonrisas y no de carcajadas”.

La terraza del Campillo

Había nacido el 13 de noviembre de 1891 y con trece años recién cumplidos entró en las clases de la Escuela Superior de Bellas Artes y Artes Industriales de Granada –antecedente de la de Artes y Oficios-, donde aprendería de notables maestros como Larrocha, Sánchez Sola, Gómez Moreno o Isidro Marín.
Refiriéndose a los primeros dibujos de López Sancho en aquel periodo de aprendizaje, Marino Antequera dice que “de haber seguido por los caminos del arte puro hubiere sido uno de los más grandes dibujantes de todos los tiempos”. Pero López Sancho apostó decididamente por el campo del humor y de la ilustración, como se pudo observar orientando sus primeros pasos a colaborar en las revistas de la época.

Las viejas fiestas gremiales a orillas del Darro

En 1915, el joven artista se sintió lo suficientemente maduro, como para probar fortuna en Madrid, pero a poco se arrepiente de la aventura. Menos mal que, cuando ya estaba dispuesto a emprender el regreso, hambriento y derrotado, en la misma estación, a punto de tomar el tren, tiene un encuentro providencial: Alguien a quien recuerda vagamente y que -esto es lo importante- tiene relación familiar con el poderoso editor de cuentos Saturnino Calleja. “¡Precisamente está buscando un dibujante como tú! ¡Así que rompe ese billete y ven ahora mismo conmigo!”

El "Acuarium", uno de los últimos kioscos de agua en la Carrera del Genil

Así, de repente, López Sancho, se ve convertido en ilustrador de los cuentos y charadas de la célebre Editorial Calleja, lo que le convierte en un artista si no rico, por lo menos con ingresos regulares abundantes. Pero la añoranza de Granada acaba por hacerse irresistible y a ella regresa López Sancho, reduciendo un magnífico porvenir pero a gusto para siempre en la ciudad que amaba con un cariño sobrehumano.
A partir de entonces, desde la revista “Reflejos”, desde los salones del Centro Artístico, desde las Carocas del Corpus, los dibujos de Antonio López Sancho fueron las imágenes risueñas de una Granada amable y despreocupada, desahogada y vivaz.


“Llevaba siempre un lápiz dispuesto –dijo Molina Fajardo, su ya mentado biógrafo-, y más que hablar, con su charla parsimoniosa y sin prisa, dibujaba”.
La Granada que López Sancho amó siempre, una Granada de ferias y romerías, campanarios y tabernas, fuentes y crepúsculos increíbles, fue la que nos dejó este dibujante que acertó a captar con su lápiz el alma popular de la ciudad, con sus personajes y su ambiente. En línea de un Opisso o en un Sancha, nuestro Antonio López Sancho, quien en sus últimos años se dedicó preferentemente a su negocio de tejidos artísticos y alfombras alpujarreñas, fue uno de los artistas más representativos de la Granada de la primera mitad del siglo XX.

Así se veía él mismo

Es imposible tener una visión completa de la ciudad y sus acontecimientos en esa época, sin los dibujos de este formidable y modesto artista, cuya muerte, el 22 de junio de 1959, arrebató a Granada uno de sus intérpretes más cabales y veraces.


Extraido de un artículo de la revista "Calle Elvira (Pregón granadino)"

NITO

viernes, 1 de marzo de 2013

PAPAS CON ASADURA




“El que come asadura y besa a una vieja, no sabe lo que come ni lo que besa”
(Refranero popular)

Precisamente un mes atrás, los pueblos de la Granada serrana competían y rivalizaban en matices y calidad de recetas, gentileza y hospitalidad con el foráneo, presentando a degustación este rotundo plato. Por extensión y simpatía esta costumbre se extiende por la Vega, por el Llano y por la misma capital.

He aquí un botón de muestra:
“La Concejalía de Turismo, Agricultura y Ganadería del Ayuntamiento de Güéjar Sierra en colaboración con una treintena de empresarios locales ha culminado con éxito el decimoctavo aniversario de la tradicional Fiesta de la Asadura que cada año se celebra a principios del mes de febrero y que cuenta con un gran reconocimiento a nivel popular”.



De entre la infinidad de recetas existentes, traemos hoy la de las “Papas con asaura” de Alcázar.
Poetas en el ser y en el sentir son los creadores de un sencillo Blog que hace tiempo descubrí bicheando por la Red. Confieso que de él he libado en más de una ocasión y del que tomo hoy esta receta y el magistral poema que la ilustra.
Me refiero al magnífico Blog ALCÁZAR DE VENUS: “Entre la Nieve y el Mar” que como ellos mismos se definen:
“Al sur de Sierra Nevada, al norte del Mediterráneo y rodeada por los cerros y lomas del Talantar y del Junco, de las Cabañuelas y de Bargís, del pinar de los Gallegos y los de Camacho y del Mermejo, abierta al norte por la rambla de Alcázar y teniendo siempre al frente las nieves de la Sierra, descansa Alcázar de Venus a una altitud de unos 750ms.”

El poema en décimas:
En los tiempos de mi abuela
al hacerse la matanza
se tenía por costumbre
cocinar unas patatas,
patatas con asadura
de la negra y de la blanca
proveniente toda ella
del marrano o la marrana
que se había sacrificado
aquella misma mañana.
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Cuando el guiso estaba listo
se reunían en la casa
los familiares y amigos
ante tan rica pitanza;
después del duro trabajo
siempre se cogía con ganas
y solía acompañarse
de vino servido en jarras
para refrescar un poco
a las sufridas gargantas.
-oOo-
Así pasaban el rato
entre bromas y entre chanzas
picando de aquí y de allá
hasta que el cuerpo aguantaba;
incluso solían tomarse
de cafelito una taza
con dulces que habían sobrado
de la Navidad pasada,
quedando tan satisfechos
como el mismo Sancho Panza.
-oOo-


Del Blog AlcazardeVenus

Ingredientes:
(La cantidad de los ingredientes dependerá del número de comensales. En las matanzas eran varios los kilos de patatas y de asadura que se utilizaban. Para una comida en familia o entre amigos, cuatro seis comensales, serán aquellos que el sentido común nos determine. Como regla general no escrita podríamos decir que el doble de asadura negra que blanca y el doble de patatas que de asadura).

(De Elhornodemiabuela)

Fundamentales:
Patatas
Asadura negra y blanca
Cebolla
Aceite de oliva
Para el majado:
Un par de dientes de ajo
Dos pimientos rojos secos
Sal
Pimienta
Un puñado de almendras
Un vaso de vino blanco
Azafrán o colorante

(De Elhornodemiabuela)

Preparación:
Se pelan las patatas y se cortan en trozos que no sean pequeños, se sazonan y se fríen en aceite de oliva. Se sacan del aceite y se reservan.
Se corta la asadura en taquitos irregulares y se lava con abundante agua.
Se pica la cebolla y se rehoga en una sartén con no mucho aceite. Una vez esté la cebolla dorada se le añaden los tacos de asadura, se sazonan y todo se deja freír.
Mientras tanto, en un mortero se ponen los dientes de ajo, los pimientos rojos, previamente hervidos, un poco de sal y pimienta y las almendras, escaldadas y fritas. Se machaca todo hasta conseguir una masa homogénea a la que se le añade el vaso de vino y se mezcla convenientemente.
Cuando la asadura esté frita, se deja en la sartén con un poco de aceite y se le añaden las patatas. Se revuelven un poco y en el centro se hace un hueco en el que volcaremos el contenido del mortero, se va introduciendo, poco a poco, el majado en las patatas y la asadura y se le añade por encima un poco de azafrán o colorante.
Una vez se haya reducido el vino, se retira el guiso del fuego y está listo para llevarse a la mesa donde se suele comer al modo de "cucharada y paso atrás" acompañándose de aceitunas y otros encurtidos, y algún que otro vasito de vino del terreno.

Otros tiempos, la misma fórmula, la misma hospitalidad...

NITO

sábado, 16 de febrero de 2013

LOS LADRONES DE ALHAMA


En la primavera de 1725, iba a suceder en Granada, el episodio curioso del robo, captura y “ajusticiamiento” de los que fueron conocidos como los ladrones de Alhama.

Justo el año en que Felipe V tomó el, por segunda  vez, cetro y el armiño y volvió a dirigir los destinos del más grande de los imperios terrestres. Por aquellas fechas, en la primavera de 1725, iba a suceder en Granada, uno de los episodios más llamativos de su historia contemporánea: el robo, captura y ajusticiamientos de los que fueron conocidos como los ladrones de Alhama, que pagarían caro su fechoría contra el mismísimo Altísimo.


Los galeotes.-
Huidos de las galeras de España, vivían en esta ciudad manteniéndose del robo y del resultado de diversas fechorías, José Ibáñez, conocido como “el Perdido”, natural de Zújar y Alejandro Reguero, nacido en Murtas. De nada les había servido para su enmienda la pena que le había impuesto la Justicia. En prosecución de sus malas artes salieron el último día hábil de 1725 con dirección a la Alhama, con el “sacrílego” pensamiento de perpetrar el robo de las lámparas de la iglesia de los Padres Carmelitas Calzados de dicha localidad, a la que llegaron la noche del día siguiente, 1 de mayo.

Cuando se aseguraron que no podían ser observados subieron un tejado y abriendo con gran sigilo una ventana sin reja que caía al interior del templo, uno de los dos bajó por un cordel hasta la planta de la iglesia quedando el otro arriba para recibir lo que fuese su compañero hurtando.
Teatro Cervantes. Año 1934
El robo.-
Comenzó a hacer el despojo que le sugería su codicia diabólica, como señalan las crónicas: “tomo dos atrileras carmesíes, dos lámparas de plata, una de María Santísima del Carmen y otra de Jesús Nazareno; quitó del candelero el cirio pascual que creyó de gran valor y lo paso todo con ayuda de la cuerda a su compañero que lo esperaba en el exterior. No obstante, no quedó saciada su codicia pues se atrevió a desnudar una imagen de la Soledad para quitarle un guardapié de tela que se usaba para su adorno.


La huida.-
Liados todos los efectos del robo en unas telas los dos malhechores abandonaron Alhama a altas horas de la madrugada con rumbo a Granada, llegando al amanecer al barranco de Agrón, donde se detuvieron y examinaron con detenimiento o los objetos robados y habiendo echado las Sagradas Formas en el Capillo que atándolo, “el Perdido”, lo puso en el interior del bolsillo de su capote. Lavaron el Copón en el río Cacín, haciéndolo después pedazos junto con la patena que le servía de tapa, golpeándolo con una piedra. Seguidamente volvieron a hacer un liote con los efectos y luego que alcanzaron la Vega de Granada, próxima ya la ciudad, segaron yerbas suficiente como para hacer un gran haz, que una vez confeccionado, sirvió para ocultar en su interior los objetos del robo, entrando de esta suerte en Granada, atravesando toda la ciudad, desde el Puente Genil hasta una casa inmediata a la iglesia parroquial de San Idelfonso.
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Ocultaron el santísimo.-
Ningún sitio parecía adecuado como para ocultar las Formas que al final pusieron encima de unos tirantes pero, desconfiando Ibáñez de la seguridad del lugar, decidió liarlas nuevamente y ocultarlas en su bolsillo, donde las mantuvo durante varios días, al menos hasta el día trece del mes de mayo en que alquiló una casa a Doña María Brazuelos de Orejuela, en el lugar donde estuvo la ermita del Cristo Yedra, trasladando hasta ella el divino tesoro que ocultaba en su capote, metiendo en un agujero que tapó después con una piedra. El escondrijos no duró mucho tiempo porque el del 17 de Mayo “el perdido” levantó la sospecha de la justicia cuando salió hasta el campo del Triunfo para vender por un sospechoso “bajo precio” dos caballerías que resultaron ser robadas. El individuo al que intentó venderlas sin conseguirlo lo siguió hasta su casa y momentos después, acompañado de un alguacil y un oficial de pluma, regresó hasta la morada “del perdido” que fue prendido, sin hallare otra cosa que un papel donde tenía liada la puntilla del capillo y la llave de su casa.

El registro.-
Dada cuenta de la actuación al Alcalde del Crimen, Don Juan de Cáceres, de la detención y sospechando que éste pudiera tener efectos robados se dispuso el registro de su casa, donde sólo hallaron inicialmente un aparejo y unas lías. Cuando ya estaban para marcharse, el alguacil vió una piedra tapando un agujero que llamó su atención.
La retiró y descubrió en su interior el Capillo, que a juzgar por su poco peso pensó que en su interior no había nada, sin embargo, tras desliarlo la sorpresa fue mayúscula al encontrarse con las Sagradas Formas, unas enteras y otras quebradas. Intuyendo de lo que podía tratarse con reo aprendido, las condujo ante el juez quien teniendo presente las requisitorias despachadas en Alhama y conocedor de las rogativas que en aquella ciudad y en Granada se hacían por que apareciese la “Divina Alhaja”, concluyó que se trataban de las hostias robadas en el Temple.


La confesión.-
Dio el juez aviso al Colegio de Padres Clérigos Menores, los que sin más pompa que las luces que se pudieron llevar, trasladaron al “Señor” hasta la iglesia de su colegio. A las diez de la noche se dio aviso del descubrimiento al Ilustrísimo Señor Don Francisco de Perea, Arzobispo de esta ciudad, quien mandó suspender el culto público hasta tener noticia más evidente de la identidad de aquel hallazgo. El reo confesó, sin duda por las buenas partes practicadas por la policía y los números de la inquisición, sacando a todos de la duda. En poco tiempo de interrogatorio confesó el sacrílego robo, reconvenido con los demás efectos que se habían encontrado y con la confesión de Andrea Soriano, mujer de Alejandro Reguero, el otro malhechor que sabiendo de la detención de su compañero, huyó de Granada.

El ajusticiamiento.-
Los dos malhechores que robaron las Sagradas Formas fueron ajusticiados, de manera brutal para nuestra mente contemporánea. El mismo día 25 en que el cuerpo del Señor entró en Alhama, José Ibáñez “el Perdido” fue ahorcado, arrastrado y descuartizado su cuerpo, siendo finalmente colocada su cabeza y su mano derecha frente al convento donde se efectuó el robo.
Su compañero, Alejandro Reguero, fue apresado en Lorca, por el corregidor de aquella localidad, Sr. Escolano, quien dispuso su traslado. Confesó su delito dándosele en Granada la misma suerte y pena que a su compañero el día 5 de junio de 1725.

El milagro de las formas.-
Años después las formas permanecían incorruptas. Se hizo la comprobación por el prepósito del Colegio de Clérigos Menores de Granada, el Padre Francisco Cabezas, quien encargó igual experiencia a los dominicos Don Manuel de Armas, Don Juan Díaz y Don Miguel Valverde, quienes declararon igualmente la incorrupción. Informado de ello el prelado granadino, Don Pedro Antonio de Berrueta, ordenó se iniciasen enero de 1764, diligencias para la declaración oficial del milagro.
Realmente interesante esta narración de los hechos del robo del Convento del Carmen en mayo de 1725. Por sí sola, para comprender la forma de pensar y actuar de personas e instituciones a mediados del Siglo XVIII, merece la atención para efectuar un detenido análisis histórico-social de la misma, lo que nos llevará a la mentalidad de personas e Iglesia en ese tiempo en nuestra tierra.
Bastantes años después, sería a mediados de los cincuenta del siglo pasado, las formas incorruptas fueron traídas a Alhama, entrando en la ciudad en un coche descapotable y siendo recibidas por el pueblo entero, en medio de algo realmente sorprendente y sumamente extraordinario por el gentío que había y los cantos y exclamaciones religiosos que se producían.

La historia se repite, que ya es mala suerte.-
Andaba enredado en estas notas, cuando la casualidad quiso que me topase con otras de igual naturaleza de la recientísima historia de Alhama, debidas al Blog de Raúl Gálvez.
En la madrugada del martes 14 de junio de 2011, unos ladrones entraron a la iglesia del Carmen de Alhama de Granada, donde se llevaron un colgante de oro que poseía la imagen de la Virgen de las Angustias y un relicario que había en uno de los sagrarios con formas incorruptas de hace trescientos años.

Los delincuentes pudieron entrar al templo por una de las ventanas que se sitúan en la parte trasera y que comunica con los tajos, esta es de un cuarto de baño que existe en la antigua vivienda que poseían los sacerdotes en la iglesia. Al parecer abrieron la reja y la persona que debía ser delgada y no muy alta, logró entrar por dicha ventana. Al entrar al templo, forzaron la cerradura de la puerta que accede al camarín de la Virgen del Carmen, pero al parecer no sustrajeron nada de lo que había. También forzaron el nuevo sagrario de madera que preside el altar mayor, pero sin éxito.
Los ladrones sí consiguieron sustraer su botín en el camarín de la Virgen de las Angustias, requisando una medalla de oro y rompiendo un buzón donde había dinero de donaciones. Además de lo más importante por el valor histórico y espiritual, un relicario antiguo que poseía formas consagradas incorruptas de hace trescientos años.

Todo el caso se supone que ocurrió en la madrugada del martes, y hasta el propio mediodía, cuando unos jóvenes que frecuentaban la zona de los tajos y se percataron del estado de la ventana, fueron los que comunicaron a la policía la incidencia. Estos se pusieron en contacto con el párroco de Alhama, que se desplazó hasta el lugar. La policía judicial ha tomado las posibles huellas y han recabado toda la información para poder localizar los objetos sustraídos.
El párroco manifestó su preocupación por las formas incorruptas y su valor para los creyentes cristianos, además puso de inmediato en conocimiento del arzobispado tal incidente, que a lo largo de estos días decidirán las acciones ante tal profanación.


NITO

martes, 5 de febrero de 2013

GUSTAVO DORÉ EN GRANADA



Nunca agradeceré bastante que en el hogar de mis padres y en la vieja y raquítica librería, estuviera siempre presente Gustavo Doré dando razón y fantasía a mi niñez desde el Quijote. Creo que fue herencia de mi abuelo. Poco después, cuando pude entender y pedir, me regalaron una Biblia escolar de ocasión, iluminada igualmente por Doré. Eran tiempos difíciles y de carestías raquíticas en aquel aislado Rif…


¡Ay, aquel grabador que hacía innecesarias las pobres fotos en los textos, ¡Aquel dibujante de atormentados cielos, de aquellas luces cenitales misteriosas, del que copiaron miles de artistas románticos…!

Varios lustros más tarde me encuentro inmerso en este revoltillo murguero en mi “inexplorada” Granada. Y como por afortunado encantamiento doy en descubrir que mi ídolo del buril estuvo, como un turista más por estos lares allá por 1860.


Entre los grandes artistas románticos del siglo XIX que se acercan a Granada y se convierten –con sus grabados, pinturas y trabajos- en cronistas de un tiempo y un espacio irrepetibles en trance de desaparición, destaca Gustavo Doré, el genial ilustrador, el supremo decorador de la Sagrada Biblia, de “La Divina Comedia”, del “Gargantúa” y del “Quijote” entre otras obras inmortales.

Cuando Doré viene a España en los años sesenta con el barón Charles Davillier, el prestigioso artista de Estraburgo está rotundamente consagrado en París y Londres. Pero su lápiz magistral alcanzará rasgos de autentico genio con las admirables ilustraciones que hará para el célebre libro “Viaje por España” de su noble compañero de aventura. Y entre todas, las láminas granadinas, captando un mundo impalpable que, gracias a ellas, se salvó de las veladuras del olvido.
Porque Doré tuvo el honor de ser el último artista del gusto romántico testigo de una Granada de calma antigua y silencios armoniosos que desaparecía para siempre. Gustavo Doré llegó oportunamente para escuchar un tiempo que se desvanecía, una historia en suspenso, casi irreal, de poderoso hechizo.

Aquel genio indiscutible del dibujo, uno de los artista mimados por el público, venía a España buscando elementos nuevos para su arte, como antes los había buscado en Escocia o en el País de Gales. En Granada, la inspiración de Doré se dejó llevar por su fuerza natural y logró dibujos de una impresionante belleza y calidad. La Alhambra, el Albayzín, el Sacromonte, diversos escenarios humanos de la ciudad, fueron idealizados y engrandecidos por su buril.
Pero Doré no se olvidó de las gentes, de los trajinantes, de los gitanos, de los mendigos, que pululaban por doquier. A estas gentes desventuradas, el artista las exagera en sus dibujos y grabados, las deforma, las caricaturiza.

Buscando su Oriente, Gustavo Doré (como los grandes artistas que le precedieron: Roberts, Vivian, Lewis…),  fue también un maravilloso turista, andariego, inquieto, incansable... Recorrieron la ciudad, la Vega y el Sacromonte. Llegaron a Sierra Nevada entrando por Güéjar Sierra y por la Loma del Castañar pasaron al valle opuesto, el de Monachil, y por San Jerónimo, la Fuente de los Neveros y  por los Peñones de San Francisco llegaron al Veleta, del que nos dejó dos hermosos dibujos: Un nevero y el Panderón del Veleta. En otras jornadas se encaminaron hacia Almería a través de la Alpujarra.

Fue unn viajero que no necesitó de cámaras ni de objetivos fotográficos para captar el aire de infinita melancolía de una ciudad en la que empezaba a ignorarse la voz antigua de la historia. Pero aún bastaba y sobraba con subirse en una silla  –como decía Fernández Almagro- para ver un paisaje.

NITO
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