sábado, 16 de febrero de 2013

LOS LADRONES DE ALHAMA


En la primavera de 1725, iba a suceder en Granada, el episodio curioso del robo, captura y “ajusticiamiento” de los que fueron conocidos como los ladrones de Alhama.

Justo el año en que Felipe V tomó el, por segunda  vez, cetro y el armiño y volvió a dirigir los destinos del más grande de los imperios terrestres. Por aquellas fechas, en la primavera de 1725, iba a suceder en Granada, uno de los episodios más llamativos de su historia contemporánea: el robo, captura y ajusticiamientos de los que fueron conocidos como los ladrones de Alhama, que pagarían caro su fechoría contra el mismísimo Altísimo.


Los galeotes.-
Huidos de las galeras de España, vivían en esta ciudad manteniéndose del robo y del resultado de diversas fechorías, José Ibáñez, conocido como “el Perdido”, natural de Zújar y Alejandro Reguero, nacido en Murtas. De nada les había servido para su enmienda la pena que le había impuesto la Justicia. En prosecución de sus malas artes salieron el último día hábil de 1725 con dirección a la Alhama, con el “sacrílego” pensamiento de perpetrar el robo de las lámparas de la iglesia de los Padres Carmelitas Calzados de dicha localidad, a la que llegaron la noche del día siguiente, 1 de mayo.

Cuando se aseguraron que no podían ser observados subieron un tejado y abriendo con gran sigilo una ventana sin reja que caía al interior del templo, uno de los dos bajó por un cordel hasta la planta de la iglesia quedando el otro arriba para recibir lo que fuese su compañero hurtando.
Teatro Cervantes. Año 1934
El robo.-
Comenzó a hacer el despojo que le sugería su codicia diabólica, como señalan las crónicas: “tomo dos atrileras carmesíes, dos lámparas de plata, una de María Santísima del Carmen y otra de Jesús Nazareno; quitó del candelero el cirio pascual que creyó de gran valor y lo paso todo con ayuda de la cuerda a su compañero que lo esperaba en el exterior. No obstante, no quedó saciada su codicia pues se atrevió a desnudar una imagen de la Soledad para quitarle un guardapié de tela que se usaba para su adorno.


La huida.-
Liados todos los efectos del robo en unas telas los dos malhechores abandonaron Alhama a altas horas de la madrugada con rumbo a Granada, llegando al amanecer al barranco de Agrón, donde se detuvieron y examinaron con detenimiento o los objetos robados y habiendo echado las Sagradas Formas en el Capillo que atándolo, “el Perdido”, lo puso en el interior del bolsillo de su capote. Lavaron el Copón en el río Cacín, haciéndolo después pedazos junto con la patena que le servía de tapa, golpeándolo con una piedra. Seguidamente volvieron a hacer un liote con los efectos y luego que alcanzaron la Vega de Granada, próxima ya la ciudad, segaron yerbas suficiente como para hacer un gran haz, que una vez confeccionado, sirvió para ocultar en su interior los objetos del robo, entrando de esta suerte en Granada, atravesando toda la ciudad, desde el Puente Genil hasta una casa inmediata a la iglesia parroquial de San Idelfonso.
.

Ocultaron el santísimo.-
Ningún sitio parecía adecuado como para ocultar las Formas que al final pusieron encima de unos tirantes pero, desconfiando Ibáñez de la seguridad del lugar, decidió liarlas nuevamente y ocultarlas en su bolsillo, donde las mantuvo durante varios días, al menos hasta el día trece del mes de mayo en que alquiló una casa a Doña María Brazuelos de Orejuela, en el lugar donde estuvo la ermita del Cristo Yedra, trasladando hasta ella el divino tesoro que ocultaba en su capote, metiendo en un agujero que tapó después con una piedra. El escondrijos no duró mucho tiempo porque el del 17 de Mayo “el perdido” levantó la sospecha de la justicia cuando salió hasta el campo del Triunfo para vender por un sospechoso “bajo precio” dos caballerías que resultaron ser robadas. El individuo al que intentó venderlas sin conseguirlo lo siguió hasta su casa y momentos después, acompañado de un alguacil y un oficial de pluma, regresó hasta la morada “del perdido” que fue prendido, sin hallare otra cosa que un papel donde tenía liada la puntilla del capillo y la llave de su casa.

El registro.-
Dada cuenta de la actuación al Alcalde del Crimen, Don Juan de Cáceres, de la detención y sospechando que éste pudiera tener efectos robados se dispuso el registro de su casa, donde sólo hallaron inicialmente un aparejo y unas lías. Cuando ya estaban para marcharse, el alguacil vió una piedra tapando un agujero que llamó su atención.
La retiró y descubrió en su interior el Capillo, que a juzgar por su poco peso pensó que en su interior no había nada, sin embargo, tras desliarlo la sorpresa fue mayúscula al encontrarse con las Sagradas Formas, unas enteras y otras quebradas. Intuyendo de lo que podía tratarse con reo aprendido, las condujo ante el juez quien teniendo presente las requisitorias despachadas en Alhama y conocedor de las rogativas que en aquella ciudad y en Granada se hacían por que apareciese la “Divina Alhaja”, concluyó que se trataban de las hostias robadas en el Temple.


La confesión.-
Dio el juez aviso al Colegio de Padres Clérigos Menores, los que sin más pompa que las luces que se pudieron llevar, trasladaron al “Señor” hasta la iglesia de su colegio. A las diez de la noche se dio aviso del descubrimiento al Ilustrísimo Señor Don Francisco de Perea, Arzobispo de esta ciudad, quien mandó suspender el culto público hasta tener noticia más evidente de la identidad de aquel hallazgo. El reo confesó, sin duda por las buenas partes practicadas por la policía y los números de la inquisición, sacando a todos de la duda. En poco tiempo de interrogatorio confesó el sacrílego robo, reconvenido con los demás efectos que se habían encontrado y con la confesión de Andrea Soriano, mujer de Alejandro Reguero, el otro malhechor que sabiendo de la detención de su compañero, huyó de Granada.

El ajusticiamiento.-
Los dos malhechores que robaron las Sagradas Formas fueron ajusticiados, de manera brutal para nuestra mente contemporánea. El mismo día 25 en que el cuerpo del Señor entró en Alhama, José Ibáñez “el Perdido” fue ahorcado, arrastrado y descuartizado su cuerpo, siendo finalmente colocada su cabeza y su mano derecha frente al convento donde se efectuó el robo.
Su compañero, Alejandro Reguero, fue apresado en Lorca, por el corregidor de aquella localidad, Sr. Escolano, quien dispuso su traslado. Confesó su delito dándosele en Granada la misma suerte y pena que a su compañero el día 5 de junio de 1725.

El milagro de las formas.-
Años después las formas permanecían incorruptas. Se hizo la comprobación por el prepósito del Colegio de Clérigos Menores de Granada, el Padre Francisco Cabezas, quien encargó igual experiencia a los dominicos Don Manuel de Armas, Don Juan Díaz y Don Miguel Valverde, quienes declararon igualmente la incorrupción. Informado de ello el prelado granadino, Don Pedro Antonio de Berrueta, ordenó se iniciasen enero de 1764, diligencias para la declaración oficial del milagro.
Realmente interesante esta narración de los hechos del robo del Convento del Carmen en mayo de 1725. Por sí sola, para comprender la forma de pensar y actuar de personas e instituciones a mediados del Siglo XVIII, merece la atención para efectuar un detenido análisis histórico-social de la misma, lo que nos llevará a la mentalidad de personas e Iglesia en ese tiempo en nuestra tierra.
Bastantes años después, sería a mediados de los cincuenta del siglo pasado, las formas incorruptas fueron traídas a Alhama, entrando en la ciudad en un coche descapotable y siendo recibidas por el pueblo entero, en medio de algo realmente sorprendente y sumamente extraordinario por el gentío que había y los cantos y exclamaciones religiosos que se producían.

La historia se repite, que ya es mala suerte.-
Andaba enredado en estas notas, cuando la casualidad quiso que me topase con otras de igual naturaleza de la recientísima historia de Alhama, debidas al Blog de Raúl Gálvez.
En la madrugada del martes 14 de junio de 2011, unos ladrones entraron a la iglesia del Carmen de Alhama de Granada, donde se llevaron un colgante de oro que poseía la imagen de la Virgen de las Angustias y un relicario que había en uno de los sagrarios con formas incorruptas de hace trescientos años.

Los delincuentes pudieron entrar al templo por una de las ventanas que se sitúan en la parte trasera y que comunica con los tajos, esta es de un cuarto de baño que existe en la antigua vivienda que poseían los sacerdotes en la iglesia. Al parecer abrieron la reja y la persona que debía ser delgada y no muy alta, logró entrar por dicha ventana. Al entrar al templo, forzaron la cerradura de la puerta que accede al camarín de la Virgen del Carmen, pero al parecer no sustrajeron nada de lo que había. También forzaron el nuevo sagrario de madera que preside el altar mayor, pero sin éxito.
Los ladrones sí consiguieron sustraer su botín en el camarín de la Virgen de las Angustias, requisando una medalla de oro y rompiendo un buzón donde había dinero de donaciones. Además de lo más importante por el valor histórico y espiritual, un relicario antiguo que poseía formas consagradas incorruptas de hace trescientos años.

Todo el caso se supone que ocurrió en la madrugada del martes, y hasta el propio mediodía, cuando unos jóvenes que frecuentaban la zona de los tajos y se percataron del estado de la ventana, fueron los que comunicaron a la policía la incidencia. Estos se pusieron en contacto con el párroco de Alhama, que se desplazó hasta el lugar. La policía judicial ha tomado las posibles huellas y han recabado toda la información para poder localizar los objetos sustraídos.
El párroco manifestó su preocupación por las formas incorruptas y su valor para los creyentes cristianos, además puso de inmediato en conocimiento del arzobispado tal incidente, que a lo largo de estos días decidirán las acciones ante tal profanación.


NITO

martes, 5 de febrero de 2013

GUSTAVO DORÉ EN GRANADA



Nunca agradeceré bastante que en el hogar de mis padres y en la vieja y raquítica librería, estuviera siempre presente Gustavo Doré dando razón y fantasía a mi niñez desde el Quijote. Creo que fue herencia de mi abuelo. Poco después, cuando pude entender y pedir, me regalaron una Biblia escolar de ocasión, iluminada igualmente por Doré. Eran tiempos difíciles y de carestías raquíticas en aquel aislado Rif…


¡Ay, aquel grabador que hacía innecesarias las pobres fotos en los textos, ¡Aquel dibujante de atormentados cielos, de aquellas luces cenitales misteriosas, del que copiaron miles de artistas románticos…!

Varios lustros más tarde me encuentro inmerso en este revoltillo murguero en mi “inexplorada” Granada. Y como por afortunado encantamiento doy en descubrir que mi ídolo del buril estuvo, como un turista más por estos lares allá por 1860.


Entre los grandes artistas románticos del siglo XIX que se acercan a Granada y se convierten –con sus grabados, pinturas y trabajos- en cronistas de un tiempo y un espacio irrepetibles en trance de desaparición, destaca Gustavo Doré, el genial ilustrador, el supremo decorador de la Sagrada Biblia, de “La Divina Comedia”, del “Gargantúa” y del “Quijote” entre otras obras inmortales.

Cuando Doré viene a España en los años sesenta con el barón Charles Davillier, el prestigioso artista de Estraburgo está rotundamente consagrado en París y Londres. Pero su lápiz magistral alcanzará rasgos de autentico genio con las admirables ilustraciones que hará para el célebre libro “Viaje por España” de su noble compañero de aventura. Y entre todas, las láminas granadinas, captando un mundo impalpable que, gracias a ellas, se salvó de las veladuras del olvido.
Porque Doré tuvo el honor de ser el último artista del gusto romántico testigo de una Granada de calma antigua y silencios armoniosos que desaparecía para siempre. Gustavo Doré llegó oportunamente para escuchar un tiempo que se desvanecía, una historia en suspenso, casi irreal, de poderoso hechizo.

Aquel genio indiscutible del dibujo, uno de los artista mimados por el público, venía a España buscando elementos nuevos para su arte, como antes los había buscado en Escocia o en el País de Gales. En Granada, la inspiración de Doré se dejó llevar por su fuerza natural y logró dibujos de una impresionante belleza y calidad. La Alhambra, el Albayzín, el Sacromonte, diversos escenarios humanos de la ciudad, fueron idealizados y engrandecidos por su buril.
Pero Doré no se olvidó de las gentes, de los trajinantes, de los gitanos, de los mendigos, que pululaban por doquier. A estas gentes desventuradas, el artista las exagera en sus dibujos y grabados, las deforma, las caricaturiza.

Buscando su Oriente, Gustavo Doré (como los grandes artistas que le precedieron: Roberts, Vivian, Lewis…),  fue también un maravilloso turista, andariego, inquieto, incansable... Recorrieron la ciudad, la Vega y el Sacromonte. Llegaron a Sierra Nevada entrando por Güéjar Sierra y por la Loma del Castañar pasaron al valle opuesto, el de Monachil, y por San Jerónimo, la Fuente de los Neveros y  por los Peñones de San Francisco llegaron al Veleta, del que nos dejó dos hermosos dibujos: Un nevero y el Panderón del Veleta. En otras jornadas se encaminaron hacia Almería a través de la Alpujarra.

Fue unn viajero que no necesitó de cámaras ni de objetivos fotográficos para captar el aire de infinita melancolía de una ciudad en la que empezaba a ignorarse la voz antigua de la historia. Pero aún bastaba y sobraba con subirse en una silla  –como decía Fernández Almagro- para ver un paisaje.

NITO
.

sábado, 26 de enero de 2013

NI LLORÓ NI SUSPIRÓ


Mirad, murgueros, que os lo tengo dicho sienes y sienes de veces: El Rey Boabdil ni lloró ni suspiró. No, por lo menos, en el paraje geográfico que todos conocemos.
Las últimas y abundantes lágrimas conocidas del Rey Chico, como era conocido entre sus súbditos, se vertieron sobre una tumba, en un pequeño pueblo granadino llamado Mondújar. En esa tierra dejó Boabdil los restos mortales de la persona que amó tanto como a Granada, a su esposa Morayma, la mujer que se mantuvo fiel a su lado, que le dio dos hijos y que sufrió en silencio, tanto como él, su vida y reinado desdichado.
Morayma sigue enterrada allí, en algún lugar entre la colina que sostiene las ruinas del otrora importante castillo de Mondújar y las verdes tierras del Valle de Lecrín, a escasos 30 kilómetros de la Alhambra. Sigue en ese lugar desconocido hasta ahora, que, además, debe también albergar los restos de los reyes nazaritas que gobernaron el Reino de Granada, entre ellos el de su suegro Muley Hacen.
Lo más asombroso es que nadie ha decidido investigar con interés en los últimos 500 años donde está sepultada buena parte de la historia de Al Andalus, ya que existen documentos que relatan cómo Boabdil trasladó desde la Alhambra a Mondújar el Cementerio Real Nazarí cuando, vencido, tuvo que dejar a Isabel y Fernando la majestuosa fortaleza gobernada por sus antepasados.

El otrora importante castillo de Mondújar

Pero también hay que deshacer otro entuerto que ha permanecido durante años escondido entre los estudios, más o menos afortunados, de historiadores y escritores aficionados a desentrañar una de las etapas más noveladas de la historia de España: Morayma no murió en ese pueblo.
Hasta allí llegó trasladada por su esposo desde Láujar de Andarax, importante localidad de la Alpujarra almeriense distante unos cien kilómetros, en el que con toda certeza murió y en donde la pareja se había instalado con su corte después de firmar las Capitulaciones con los Reyes Católicos.
Las lágrimas de Boabdil tuvieron que ser densas y dolorosas, porque también podemos suponer que junto a Morayma fue sepultado uno de los dos hijos habidos en el matrimonio.

.Leonardo Villena nos cuenta en su libro El último suspiro del rey Boabdil que la biografía de Boabdil y de parte de su familia está plagada de falsedades, la mayoría intencionadas. Tan falsas como la famosa leyenda del 'Suspiro del Moro' (en la antigua carretera Granada-Motril), porque Boabdil no pasó, ni tan siquiera, por este lugar. Boabdil, sólo se detuvo para ver Granada en unas crestas serranas de El Padul, en el puerto de 'El Manar', porque por allí discurría el camino de la Alpujarra.
Boabdil no lloró (bastante había llorado ya) cuando se despidió de Granada, ni su madre fue tan cruel (ni tan imprudente, so pena de morir allí mismo desnucada de un filial tortazo), que le dijera: «Llora como mujer por lo que no has sabido defender como hombre». Esto fue un invento y bulo del historiador Antonio de Guevara, obispo de Guadix y de Mondoñedo, en el verano de 1526, para lucirse ante el emperador Carlos V, en los jardines del Generalife, cuando visitó Granada en su viaje de luna de miel tras su matrimonio con Isabel de Portugal, es decir, treinta y cuatro años después de ocurridos los hechos.
.
Impresionante vistas desde la fortaleza de Mondújar 
.
P.A. de Alarcón nos recuerda este trance.-

Desde el lugar en que parado habían,
a la vez abarcaba la mirada
los rudos montes en que entrar debían
y la extendida vega matizada.

¡Un paso más..., y nunca ya verían
el mágico horizonte de Granada!
¡Un paso más..., y de su vista ansiosa
desparecía la ciudad hermosa!

El Moro aquel altivo y prepotente
se apartó de familia y servidumbre,
y silencioso, tétrico, doliente,
quedó como clavado en la alta cumbre.


¿Véis…? Nada de llanto, nada de suspiros. Sí entenderíamos, en cambio, su amargura. Su gran amargura y por tantas cosas…


Granada desde el Manar: “¡Un paso más..., y nunca ya verían Granada!“ 
 -(Foto cortesía de P. Zúñiga)

-oOo-
Pero lo que viene a continuación no se cómo encajarlo en esta historia. Yo lo transcribo aquí tal y como creo que sucedió: El lector me juzgará.

¡Si yo pudiera, Boabdil,
devolverte la mirada...!
Yo lloraría contigo
si la historia me dejara,
lloraría siete siglos
hasta que el llanto se secara...
¡Si yo pudiera, Boabdil,
devolverte la mirada…!

Todo estas razones barajaba y razonaba yo apoyado en el pie del antiguo mojón kilométrico del puerto del “Suspiro del Moro”, tratando de buscar consonante a esos raquíticos versos sobre el Desdichado, cuando reparé en un caminante surgido de una incipiente neblina, y que por el arcén venía. Al rebasarme me saludó con la vieja fórmula andaluza:
-¡Buenos días nos de Dios…! Mientras su mano diestra rozaba apenas su sombrero. ¡Su sombrero ¡ ¡Dios mío, aquel viejo y sudado sombrero de color de ala de mosca…!
-¡Vaya con Dios! -Quería responderle yo. Pero sólo me salió un grito casi helado: - ¡Martinico…! - ¿Es usted…?
Él era, en efecto. Aquel hombrecillo frágil y miope, que tiene la rara virtud de adivinar mis pensamientos y que aparece y desaparece como por encantamiento: Martinico, el mismísimo duende de la Alhambra.
-Ya veo que me recuerda y me parece que continúa usted con el mismo tema de nuestro último encuentro. ¿Me equivoco…?
-Acierta, como siempre y sí, sí, meditaba sobre la suerte que corriera el Desdichado, después que pasara por estos lugares, pues no se sabe ni donde esté su tumba.
-¡Ni nunca se sabrá, créame…! –Razón de Estado, diríamos hoy. Fue el mayor de los secretos de los Reyes Católicos y lo que más convino a la Historia en aquellos tiempos.
-Bástele saber, para su tranquilidad, que salvo un corto espacio de tiempo prudencial administrando su señorío en Láujar de Andarax, nunca, nunca, Boabdil salió de Granada y que a su muerte, acaecida a los 70 años, su cuerpo fue enterrado en secreto junto a su esposa en Mondújar.
-Entonces, si sabemos dónde… -Salté yo.
-No, nunca se sabrá.  –Me interumpió.  -Y aquí si requiero de toda su fe en mí. No le confundiré: ¡Palabra de Martinico!: -Comprendimos que no era tumba digna de él y que para compensar su infortunio y tanto sufrimiento, merecía que todos los días, y hasta la Eternidad, sus huesos pudieran contemplar la Alhambra.

Dicho esto, y tras ultimar la limpieza de sus lentes, se ajustó el sempiterno sombrero de color ala de mosca y se despidió gentil, caminando con extraña y nerviosa agilidad carretera abajo hasta perderse tras la sospechosa neblina que rápidamente lo cubrió todo, dejándome, como siempre, entre la duda de si fue o no real su presencia y esta conversación.


NITO
.

lunes, 14 de enero de 2013

EL “KATIUSKA” DE CECILIO




Cinco años hacen ahora del fallecimiento del piloto-aviador de la Aviación de la Republica, el granadino Cecilio Rodríguez López.
Cecilio nació en Granada hace 95 años. Su afición a los aviones le llevó a ingresar voluntario en el Ejército del Aire. Entonces comenzó la guerra y Cecilio fue seleccionado para realizar un curso de piloto en Rusia. En octubre de 1936 era ya teniente. Pero luego vino la derrota, la entrega, la expulsión del ejército y la humillación.
Con la llegada de la democracia y reunidos en la Asociación de Aviadores de la República (ADR), los veteranos miembros del Ejército del Aire que participaron en la contienda, con el bando republicano han librado una dura batalla de más de siete años contra la Administración hasta conseguir que ésta reconociera sus derechos como miembros del Ejército Español en el grado que les correspondería si no hubieran sido injustamente expulsados de él tras la guerra.
Por ser injusto, lo es hasta la propia denominación de “aviadores de la República”, asegura el nuevo Coronel.
Oficialmente, siempre ha habido un solo ejército, el español. Que en el 36 se fragmentara en dos partes debido a una sublevación no quiere decir que hubiera dos ejércitos, sino dos bandos: Uno, el de los sublevados; el otro, el de los que continuaron dentro de la legalidad y en el que estaba yo, argumenta, apoyando su convencimiento con secos y marciales golpes de sus nudillos sobre la mesa.
La batalla ha sido larga pero victoriosa. El Tribunal Constitucional así lo reconoció en junio de 1987, recuerda Cecilio. A partir de entonces y uno por uno, la Administración fue revisando los expedientes y reconociendo los ascensos de todos los afectados. Yo he pasado de teniente a ser coronel y a percibir el aumento de la pensión correspondiente, relata con satisfacción la victoriosa batalla.


El nuevo coronel

Readmitido en el seno del Ejército del Aire y con su honor ya reparado, el veterano coronel no vio mejor forma de agradecimiento que renovar su juramento de fidelidad a la bandera. Ha sido el segundo día más feliz de mi vida, asegura con rotundidad. El primero fue en un lejano mes marzo de 1936 cuando, aún siendo casi niño, juró igualmente dar su vida por la bandera.
Eran otros tiempos. Y también otra bandera: La tricolor republicana. Pero para Cecilio, entre una y otra no hay ninguna diferencia porque, tanto aquella como ésta, era y es la bandera constitucional.
Para tan magno acontecimiento, Cecilio Rodríguez encargó su uniforme de gala a un sastre granadino especialista en trajes militares. En la solapa engarzó las insignias de piloto militar y piloto civil y bordadas en oro, sobre los puños lucían las tres estrellas de ocho puntas, divisa de coronel.
Cecilio asegura ser el primer miembro de la Asociación de Aviadores de la República que ha renovado su juramento. Pero también está seguro de que, cuando en mayo lo cuente en la próxima reunión de fraternidad en Barcelona, muchos caerán en picado tras su estela.
                         

Un "Kats" capturado en manos del "enemigo"

El baúl de los recuerdos.
No guardo ningún rencor, exclama el Coronel mientras echaba mano de una gruesa carpeta que hace las funciones de baúl de los recuerdos. Allí guarda recortes de periódicos, viejas fotografías, boletines oficiales y documentación de todo tipo.
Algunos papeles traen a su memoria gratos momentos de su vida. Otros, sin embargo, pondrían los pelos de punta al mercenario más curtido.
En un viejo mapa de la Unión Soviética aparece señalada la ciudad de Kirobabá, entre Bakú y Tiflis, en la República de Azerbaiyán. Allí estaba la escuela en la que Cecilio obtuvo el título de piloto en un curso acelerado de seis meses. Las premuras de la guerra redujeron al mínimo los requisitos que en tiempo de paz son casi insalvables. En seis meses pasé de no tener ni idea a pilotar yo solo un bombardero.
Tanto Cecilio como sus 200 compañeros de curso tuvieron rápida ocasión de estrenar sus flamantes títulos sobre el cielo ensangrentado de España. Muchos de ellos cayeron en su primer servicio.
Este soy yo, dice señalando a uno de los aviadores que forman delante de un bombardero Tupolev SB-2 “Katiuska” en una vieja foto.  Era agosto de 1937 y los trece miembros de la Cuarta Escuadrilla posan sonrientes en la base de Albacete.
Cecilio ha visto morir a muchos de ellos. Y también su propia vida en serio peligro en más de una ocasión. Pero, afortunadamente para él, es de los que aún lo pueden contar. Tres veces inutilizaron uno de los dos motores de su Katiuska y en las tres ocasiones consiguió llegar a tierra sano y salvo. Tengo  una estrella, no se ha fabricado la bala destinada a mí.


La Cuarta Escuadrilla al completo. (clic)

No pudieron cogerme.
En la carpeta también figura una copia de la sentencia de muerte a la que fue condenado tras ser hecho prisionero. Me cogieron a traición porque en el aire no tuvieron cojones de pillarme, remachó, con su gallardía aún intacta.
Aquélla fecha y aquel lugar, 29 del mazo de 1939 a las nueve de la mañana en el aeródromo de Barajas, la recuerda como si fuera ayer, el general franquista Kindelán me había prometido respetar nuestras vidas y nuestra libertad; incluso que al que quisiera seguiría formando parte del Ejército del Aire, recuerda.
La escuadrilla podía haberse ido al extranjero, como hicieron muchas otras, pero Cecilio confío en la palabra de Kindelán. Nada más tomar tierra, se echaron sobre nosotros y comenzaron a maltratarnos y a humillarnos… Éramos prisioneros, relata.
Luego vino el juicio y la condena a muerte. Nos acusaron por un delito de auxilio a la rebelión.
¡Qué cosas, resulta que el rebelde era yo…! -Los rebeldes son ustedes, le dije al juez. Pero él soltó una carcajada. No hubo nada más que hacer. Todos fuimos condenados a muerte.
Tres meses estuvo Cecilio en la cárcel con la sentencia de muerte amenazante sobre su cabeza.

                            

Tres meses en los que iban llamando al compañero de celda para cumplir la sentencia. Y al cabo de tres meses llegó el susto, también de muerte. Pero sólo fue un susto. Cuando dijeron mi nombre me eché a temblar. Pero me lo tomé con resignación. Ya está, ya no cantaré más el “Cara al sol”, ni a saludar con el brazo en alto, ni… “cojones en vinagre”, me dije.
Pero Cecilio volvió a cantar el cara al sol y a saludar brazo en alto por interactivos de la oficialidad. Porque Cecilio no fue conducido al patíbulo sino a Granada para cumplir los 16 años y un día de cárcel a que había sido condenado después de revisarse la sentencia.
Tampoco tuvo que aguantar mucho tiempo a la sombra. Tras 27 meses de cárcel, un indulto de Franco puso a Cecilio de patitas en la calle de su Granada natal, ya como civil.
Puede parecer poco, pero en esos dos años y pico pasé las de Caín. Los sufrimientos físicos eran horribles pero lo que más dolía eran las humillaciones, asegura el Coronel. La palabra más suave que me dijeron fue hijo de puta.
Sentado en la sala de estar, Cecilio Rodríguez se guarda los viejos papeles, las viejas fotos, los documentos… Y da carpetazo al repaso.
No guardó ningún rencor a nadie, asegura el coronel.
El sentimiento de venganza es lo único que he tirado de esta carpeta."
.
Hasta aquí lo extraído de IDEAL del día 12 de Enero de 1992.
Ahora traigo unas emocionadas palabras de su compañero Gregorio, único superviviente de la Cuarta Escuadrilla de “Katiuskas”.


El mítico "46" que todos los modelistas quieren imitar.

Palabras de Gregorio Rodríguez, su camarada.
“Ésta conocida foto, de los pilotos de la 4ª de “Kats”, ha cumplido ya más de setenta años. Yo no podía imaginar entonces que, entre todos, el Destino me iba a elegir a mí para entonar el RIP de la misma.
Soy el único superviviente que queda, por lo tanto me corresponde a mí, metafóricamente hablando, “apagar la luz” (El último que salga que apague la luz)”.
Quiero rendir un merecido homenaje póstumo a todos los que fueron mis compañeros; magníficos compañeros y amigos que, en lo mejor de nuestra juventud, nos vimos involucrados en una absurda guerra fraticida. Siento mucha tristeza, a medida que los recuerdos acuden a mi mente.
Pero la vida es así, no queda más remedio que hacer frente a lo que venga. De nada sirven las lamentaciones.
El inexorable paso del “tiempo”, poco a poco, ha ido acabando con los demás. Gracias a nuestra Asociación de Aviadores ADAR, hemos permanecido unidos.
En el mes de julio del 2004 se fue Calvaróns y el 31 de octubre de ese mismo año se fue Mata.
Ya sólo quedábamos dos: Cecilio Rodríguez y yo. Nos reuníamos en las asambleas que anualmente celebramos en Benidorm, donde solíamos recordar todo lo “vivido”.
Finalmente, el 5 de enero de 2008, Cecilio realizó su último vuelo. Ya sólo quedo yo. Ya no tengo a nadie con quien recordar aquellos días del Peninsular, el Savoy y aquellos servicios de alto riesgo, en los que nos jugábamos la vida diariamente.


                            

Jaime Mata, Eusebio Alonso, Gregorio Gutiérrez y Cecilio Rodríguez. Foto tomada el 29 de octubre de 1994 en el Hotel General Álava de Vitoria, con motivo de la inhumaciónde los restos del General Hidalgo de Cisneros.

Bombardero Tupolev SB-2 Katiuska
Voló por primera vez el 7 de octubre de 1933. Fue diseñado por Andrei Nokolaevich Tupolev. De construcción enteramente metálica, con planos provistos de flaps, tren retráctil hidráulico, amortiguadores y frenos automáticos. Tenía una limpia línea aerodinámica, que unida a la potencia de sus dos motores le permitía alcanzar una velocidad máxima de 430 km/h.
En España, entraron en servicio a comienzos de 1936, los primeros Katiuska –como fueron llamados por los republicanos– entrando en combate el día 28 de octubre de 1936 al bombardear Tablada y Talavera.
El tercer avión importante del inventario soviético en manos republicanas fue el SB-2 “Sofía Katiuska”, el más moderno bombardero del mundo en el momento de aparecer en España. Su velocidad, del orden de 400 km/h, le hacía difícilmente interceptable por los Fiar CR.32 e incluso por los Messerschmibtt Bf-109.
Dotado de una excelente autonomía, el SB-2 logró en numerosas ocasiones burlar los dispositivos defensivos nacionalistas mediante rutas de aproximación largas e imprevistas, surgiendo a retaguardia de su objetivo.
Se recibieron aproximadamente 100 unidades, que actuaron en todos los frentes, tanto en misiones estratégicas como tácticas, contándose entre sus acciones el bombardeo del acorazado alemán Deutschland (29/05/1937) y según algunos documentos e historiadores, remataron el hundimiento del crucero nacional Baleares (6/03/1938).
Al igual que resultó con otros tipos de aviones recibidos de la U.R.S.S., los primeros Katiuska fueron tripulados exclusivamente por rusos, transfiriéndose de forma paulatina a españoles.

Lámina de Katiuska con la librea de los nacionales

Características
Potencia 2 x 860 C.V.
Envergadura 20,12 m.
Longitud 12, 22m.
Superficie alar 51,34 m².
Peso vacío 3.995 kg.
Peso total 6.910 kg.
Velocidad de crucero 280 km./h.
Velocidad máxima 430 km./h.
Alcance 1.450 km.
Techo 9.400 m.
Nota marginal:
Pero a Cecilio se le conoce más en Granada por su calidad humana y ser socio fundador y Director de la Escuela de Pilotos Civiles de Granada añadida a su labor como profesor de vuelo durante 25 años donde ha hecho más de 5.000 horas de instrucción y formado a cerca de 200 pilotos para los cuales, él siempre fue y será "el profesror".
NITO
.










jueves, 27 de diciembre de 2012

LA CERCADA CRUZ DE LOS MÁRTIRES

 
A causa del cerco a la que se le tiene sometida: Tapias, altas cancelas, fincas particulares, enmarañada vegetación y otros inconvenientes, poco repara el “granadino actual” en una de las cruces monumentales más bellas de la ciudad.
Esta cruz, denominada de los Mártires, es poseedora, sin embargo, de una singular historia “…pues que en su día quiso ser tan alta que se viera iluminada desde el Atlas africano”.
Veamos su historia basándonos en el relato que, de este monumento, nos hace César Girón:

Proyecto para las altas cumbres de Sierra Nevada.

“La entrada del siglo XX supuso una fiebre por la organización de celebraciones religiosas y de toda índole en nuestra ciudad, muchas de las cuales tuvieron o pretendieron tener como escenario las cumbres de Sierra Nevada. En tal sentido el arzobispo de Granada José Moreno Mazón alentó la idea de conmemorar la entrada del nuevo siglo levantando una cruz de grandes proporciones en la cumbre más alta de la península, en el Mulhacén. El proyecto que fue realizado por el arquitecto Juan Montserrat y Pons, contemplaba la construcción de una cruz de más de treinta y tres metros de altura, con un coste de ejecución de más de ochenta y tres mil pesetas de la época y que se podría ver desde Granada”.

Ubicación final en la antigua colina del Abahul: El Hotel Alhambra Palace aún no existía.

Voces airadas se alzaron en la ciudad en contra de su erección en las alturas del Mulhacén. Dicen que por sensibilidad y respeto a la que fuera la tumba de uno de los más importantes reyes musulmanes, Muley Hacen. Dicen que por no mancillar nuestras altas cumbres. Quiero pensar que al final se impondría la cordura y la cruda realidad por el elevado presupuesto y la falta de tecnología. Basta una lectura al Defensor de Granada en su edición del 8 de Diciembre de 1889 para ver la fuerte reacción contra este enclave de la cruz. Es por ello que se pensó en otra cumbre importante, que no podía ser otra que el Veleta, que ofrecía las ventajas de abaratar el coste de la construcción por su mejor accesibilidad y presentar una mejor visión del monumento desde Granada.

En 1910 ambas siluetas se hicieron solidarias.

Al efecto, fue abierta una cuestación popular por las autoridades y el arzobispado granadinos con el fin de sufragar los gastos del proyecto. Sin embargo –siempre se ha dicho, que no es lo mismo predicar que dar trigo-, el alto costo del mismo unido a las dificultades técnicas de la ejecución en tal altura (por no hablar de que aún no existía ni carretera), hicieron abandonar pronto la idea de un proyecto tan costoso en el Veleta, de modo que fue buscado como lugar más idóneo la colina de los Mártires en Granada, alentándose esta ubicación desde El Defensor en numerosos artículos periodísticos publicados entre finales de diciembre de 1889 y el 22 de enero de 1900.
.
Cuando sea primavera, ni esto podrá ser observado.

“La monumental Cruz de los Mártires, se levanta sobre un gran basamento que sirve para ganar altura. De barrocas formas, rodeada de alta cancela de hierro y sobre otro poderoso basamento concebido como altar, la Cruz podía verse a gran distancia a pesar de que vio reducida su altura en un tercio del proyecto original. Asimismo, se decidió elevar en este sitio un recuerdo de los cristianos que aquí sufrieron cautiverio y martirio durante el tiempo de de los musulmanes. En este pedestal de la Cruz existen varias inscripciones, de las que solo pueden ser leídas tres desde el paseo de los Mártires, pues la de su lado Sur solo puede leerse desde el interior de uno de los cármenes de la Antequeruela.

Como al buen pagador no le duelen prendas y rectificar es de justicia, tenemos que afirmar que sus actuales dueños nos han dado todo tipo de facilidades para culminar felizmente este artículo.
.
A la cruz le falta hoy, el medallón con la efigie de la Virgen en su crucero.

 En las inscripciones de la Cruz puede leerse lo siguiente, situándonos desde el paseo de los Mártires:
Frente.- “JHS. Se erigió esta Cruz monumental como homenaje a Jesucristo nuestro Redentor para conmemorar la entrada del siglo XX por iniciativa del Exmo. Sr. D. José Moreno Mazón arzobispo de Granada a expensas suyas y de varios fieles de Granada y de España en testimonio de su fe Católica”.
Izquierda.- “Inaugurose el 8 de Diciembre de 1903 festividad de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María. Laus Deo Deiparaeque”.
Derecha.- Eligiose este memorable lugar llamado de los Mártires, para la erección del presente monumento, por haber sido martirizados en él por los sarracenos, muchos cristianos”.
Detrás.- "Se bendijo la primera piedra de este monumento por dicho Sr. Arzobispo en 8 de Junio de 1902 con asistencia de las dignas autoridades y gran concurso de pueblo"


 

NITO
.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

LA RUINA DE LA CASA DE LA LONA


Ó LA CASA DEL GALLO DE VIENTO


El aspecto tan desolador que todos conocemos de la llamada “Casa de la Lona”, nos lo presentan estas tristes fotografías, que parecen sacadas de una obra de Pier Paolo Pasolini.
Había sido uno de los edificios más característicos de la ciudad, en la plaza de San Miguel el Bajo, en los tiempos de su consentida ruina que acabaría con su lamentable demolición a comienzos de los años 1970.
Esta antigua y notable finca se había levantado sobre un primitivo palacio que los reyes musulmanes ocuparon hasta que hicieron la Alhambra. Podéis imaginaros la riqueza e importancia del edificio. Pero en la más vieja memoria de la ciudad se conservó mucho tiempo el curioso nombre con que fue generalmente conocida aquella residencia real: “La casa del Gallo de Viento”.


¿Os imagináis nombre más bello y tan cargado de resonancias medievales…?
Al parecer, y a modo de veleta, en una de las torrecillas del recinto, había habido un jinete árabe armado para la guerra a lomos de un brioso corcel.
Ibn al Jatib, que conoció el palacio, dijo que “no admitía comparación con ningún otro en tierra de moros ni de infieles”. El mismo observador y testigo directo, se refería a la curiosa veleta con estas palabras: “Es un gallo de cobre con cabeza de caballo, montado por un caballero armado de lanza y adarga. Cuando el viento cambia, cambia también de dirección el caballero”.



Hasta aquí, la simple historia. Que una veleta, con forma de gallo ó jinete en un caballo con cabeza de gallo señalara la dirección del viento, entra dentro de lo lógico, para eso son las veletas. Lo principal no se ha dicho todavía:
“Cuando este autómata con apariencia de fiero jinete cincelado en bronce, se volvía loco girando sobre su eje, emitiendo un grave ulular, Granada temblaba de miedo. Un conjuro (no olvidemos que estamos en Granada) y un misterioso mecanismo de bolas metálicas adosadas hacían que este jinete señalara con su lanza la dirección del enemigo cristiano que acaba de aparecer por cualquier punto cardinal de su horizonte“.
"Torre heptagonal en piedra de Egipto..."

Según cuentan las tradiciones, este mágico talismán, que a modo de veleta centinela, lucía la siguiente inscripción arábiga:
.
Calet el Bedici Aben Habuz
Quidat ehahet Lindabuz.
.
(Dice el sabio Aben Habuz
Que así se defiende el al-Ándalus).



El Palacio estaba ya bastante transformado cuando los Reyes Católicos conquistaron la ciudad: Poco a poco fueron desapareciendo los últimos rasgos ziríes.
Según una tradición poco contrastada –al decir de Barrios Rozúa- buena parte del edificio se dedicó a fábrica de lonas para las velas de los barcos. Lo que sí es cierto es que en un extremo del solar se construyó en el siglo XVI una casa morisca estructurada en torno a una alberca.
Tras un desgraciado incendio en 1639, se procedió convertirla en una corrala de vecinos en torno a un gran patio rectangular, con un aljibe construido sobre la alberca de la antigua casa morisca.


En el primer tercio del siglo XIX el edificio se convirtió en fábrica de tejidos de cáñamo, llegando a albergar hasta trescientos telares. De ahí derivaría, más que del supuesto anterior, el nombre de la Casa de la Lona.
La fotografía es una cruda denuncia, porque este estado tan degradante de la vieja y noble Casa de la Lona pudo evitarse garantizando al patrimonio ambiental de la ciudad, la supervivencia de una construcción representativa de la arquitectura de una época.
“A pesar de las denuncias de muchos ilusos -nos confiesa Eladio Fernández Nieto- , los primeros años 70 vieron cómo echaron por tierra aquel corral de vecinos, que conservaba aún en sus entrañas muros del siglo XV de metro y medio de anchura y en el que, alguna vez, y en alguna altiva torre heptágonal, giró loca la mágica Veleta del Gallo de Viento.
.
NITO
.

sábado, 1 de diciembre de 2012

LA VERDAD DE UNAS CUENTAS


Hace ahora cuatro años (miércoles 3 de Diciembre de 2008), narrábamos algo sobre la figura del Gran Capitán y sus famosas cuentas.
Hoy, que su nombre vuelve a sonar gracias a la exitosa serie de TVE, nos gustaría añadir algo poco conocido sobre el recio carácter del Capitán y sus dichosas cuentas.
.
Tratamiento literario
El tratamiento literario del hecho se debe a una recomposición que comienza rimada y que habrá de considerarse popular, puesto que más que del original o de otro autor conocido provendría de sucesivos añadidos:
.
Por picos, palas y azadones, cien millones de ducados; por limosnas para que frailes y monjas rezasen por los españoles, ciento cincuenta mil ducados; por guantes perfumados para que los soldados no oliesen el hedor de la batalla, doscientos millones de ducados; por reponer las campanas averiadas a causa del continuo repicar a victoria, ciento setenta mil ducados; y, finalmente, por la paciencia de tener que descender a estas pequeñeces del rey a quien he regalado un reino, cien millones de ducados.
.
Más de un siglo más tarde, parte de la divulgación del tópico se debe a una obra de teatro homónima, de Lope de Vega.

Libro de cuentas de don Gonzalo con su firma en la página izquierda

Los hechos y su significado
Una interpretación del hecho supone que, tras la muerte de Isabel la Católica en 1504, viendo su viudo Fernando el Católico que la Guerra de Italia estaba siendo enormemente costosa, pidió a Gonzalo Fernández de Córdoba que le presentara cuentas justificadas de tales gastos. Parece ser que los enemigos políticos del Gran Capitán querían aprovechar la muerte de la reina, hasta entonces valedora del militar castellano.
Una narración clásica, que se no se priva de aplaudir el desplante castizo del Gran Capitán, se encuentra en la biografía del Gran Capitán obra de Luis María de Lojendio:
En la tarea de revisión administrativa a que se aplicaba don Fernando llegó su turno al obligado descargo de la gestión económica. El Rey, que vivía en constante forcejeo con la penuria de medios que le ahogaba, concedía a este capítulo una gran importancia. Entre sus contadores figuraba Juan Bautista Spinelli, que había cultivado en el ánimo del Monarca los grandes recelos sobre el despilfarro del Gran Capitán, «así como aquel que sagacísimamente buscaba las cuentas de los gastado y de todo lo recibido, y mostró cómo no había dejado cosa alguna en el fisco, a fin que dando desordenadamente viniese a ganar nombre de liberalísimo» (Paulo Jovio, pg. 540).

El Duque de Nemours vencido

Al decir de la crónica manuscrita, este Spinelli se mostraba ahora arrogante con Gonzalo. Se había crecido, confiando en la protección de don Fernando. Llegó a comportarse en público con notoria falta de respeto. Y en cierta ocasión en que se manifestó así ante don Gonzalo y su acompañamiento, «aunque el Gran Capitán era el hombre más sufrido del mundo y que de mejor voluntad perdonaba las injurias, visto que todos aquellos caballeros habían mirado en ello y a él díjo: Venid acá un momento, Juan Baptista. Solíades vos pasar por delante de mi con tanto desacato. Y antes que respondiese, le tomó por los cabellos y le dio dos bofetadas, de manera que le hinchó la boca de sangre» (Crónica manuscrita pg. 445).
Este pudo ser, muy bien, el estado de ánimo en que Gonzalo de Córdoba fue llamado a rendir cuentas de su administración. De todos es conocida la leyenda famosa. Casi con las mismas palabras consignan el incidente de la crónica general (pg. 224 y 225), la manuscrita (pg. 443) y Paulo Jovio (542 y 543):
«Había Gonzalo Fernández en aquellos días burlado la diligencia y curiosidad de los tesoreros envidiosos, y a él enojados y al Rey poco honrosos, que siendo llamado como a juicio para que diese cuenta de lo gastado en la guerra y del recibo asentado en la tesorería y mostrando ser muy mayor la entrada que no era lo gastado, respondió muy severamente que él traería otra escritura muy más auténtica que ninguna de aquéllas, por lo cual mostraría, clara y patentemente que, había mucho más gastado que recibido y que quería que le pagasen todo el alcance de aquella cuenta como deuda que le debía la Cámara Real.
El día siguiente presentó un librillo y con un título muy arrogante con que puso silencio a los tesoreros y al Rey y todos mucha risa. En el primer capítulo asentó que había gastado en frailes y sacerdotes, religiosos, en pobres y monjas, los cuales continuamente estaban en oración rogando a Nuestro Señor Jesucristo, y a todos los santos y santas que le diesen victoria, doscientos mil y setecientos treinta y seis ducados y nueve reales.
La segunda partida asentó setecientos mil y cuatrocientos y noventa y cuatro ducados a las espías de los cuales había entendido los designios de los enemigos y ganado muchas victorias, y finalmente, la libre posesión de tan gran reino.



Entendida del Rey la argucia mandó poner silencio, porque quien sería aquél si no fue algún ingrato o verdaderamente de baja y vil condición que buscase los deudores y quisiese saber el número de los dineros dados secretamente de un tan excelente capitán» (Crónica general, pgs. 244 y 245).
Esta es una de las anécdotas de que más ha gustado la fantasía española, porque el gesto de Gonzalo, con cuanto tiene de arrogancia y desplante, de fino humor y amarga ironía, encaja plenamente en la psicología de su pueblo. Y como ocurre en España con todos los relatos ingeniosos, la fantasía, cuando se apoderó de él, lo fue completando. Las partidas de esa cuenta famosa se ampliaron. Ya no se trataba tan sólo de esos dos asientos iniciales que consignan las crónicas. Surgieron los diez mil ducados de guantes perfumados, los ciento setenta mil por reponer campanas gastadas a fuerza de repicar victorias, los cien millones por la paciencia en escuchar al Rey que pedía cuentas al que le regaló un Reino...


La anécdota pasaba a ser tema de leyenda. ¿Qué pudo haber de realidad en el gesto inicial? Don Antonio Rodríguez Villa, que con su investigación fecunda y competente tanta luz proyectó sobre la figura del Gran Capitán, ha dejado bien centrado el alcance de este problema:
«Puede a este propósito decirse -escribe en informe dirigido a la Real Academia de la Historia- que si el hecho no fue cierto y oficial, mereció serlo, y lo fue, en nuestra opinión, de una manera oficiosa. Porque, enojado y resentido aquel invicto caudillo de que los codiciosos tesoreros de S. A., acaso incitados por ella, le apremiasen continuamente a dar cuenta de los gastos hechos en la segunda conquista de Nápoles, les presentó o refirió de palabra aquellas irónicas, y graciosas partidas de descargo, que tanto se celebraron entonces y perduran todavía ahora en nuestra memoria».
No hay razones que obliguen a dudar: de la certeza de este incidente en su alcance concreto, tal como lo refieren las crónicas. Gonzalo, por su temperamento, por su noble desinterés y generosidad, no podía admitir una mezquina discusión de cuentas con gentes de la traza de un Spinelli. Se sentía ofendido, no sólo por, el desconsiderado acoso de los tesoreros, sino también por la actitud del Monarca, que, cuando menos, lo toleraba. Desahogó su amargura envolviéndola en ingenio e ironía. Cuando se enteró el Rey Católico de las partidas fantásticas de aquella rendición de cuentas, apreció en su justa medida cuán ruin y ridículo resultaba este forcejeo.

Espada del Gran Capitán

NITO