miércoles, 16 de noviembre de 2011

LA TORTAJADA y La Belle Époque granadina


Una bellísima joven en el escenario parisiense del Empire, de plumas y crinolinas canta Miss Bouton d'Or. Es la noche de su debut y hay en el público expectación por conocer a La Tortajada, nueva en la plaza. De entrada, su belleza de mujer andaluza ha impresionado a los espectadores. Pero cuando la española levanta una auténtica marea de delirio es en el número de baile que sigue a su aparición. Cuando enmudecen las guitarras la sala puesta en pie aplaude y grita: "¡Tortajada! ¡Tortajada…!"



-Su verdadero nombre era Consuelo Tamayo. Tortajada era el apellido de su marido y su adopción respondía a esa inveterada costumbre del mundo del music-hall y de las varietés de escoger un nombre artístico original y sonoro. Sabido es que más que en el arte de aquellas figuras de la Belle Époque, importaba la fascinante y arrolladora presencia de la divette. La Tortajada cumplía cabalmente estos requisitos. Una mujer alta, de tez blanca, de pelo y ojos negros, de mirar incitante. Su morfología respondía al más acusado gusto de la época. Sus formas físicas eran de una orografía espectacular. Cintura afinada, hermoso escote y brazos bien torneados. El tipo de mujer que volvió loco aquel París, cuyos resplandores culturales y frívolos atrajeron a emperadores, reyes, grandes, duques y magnates del mundo entero.


 Cuando La Tortajada se presenta en el Empire de París, en 1882, tiene 15 años. El año anterior se había casado con el compositor catalán Ramón Tortajada, director del coro del convento de monjas, en Barcelona, donde se educaba Consuelo Tamayo. Descubrió en la adolescente corista una voz de excelentes registros y la animó a estudiar canto bajo la dirección del maestro Serra, en la ciudad condal. Más tarde dará clases de baile con el maestro Arriaza en Sevilla. Ramón Tortajada se dedicó a cultivar la mina artística que había descubierto en su alumna y, decidió explotarla. Bajo el señuelo de preceptor y protector, imagen paternal y amparadora de aquella adolescente de 14 años, la catapultó del convento a los grandes escenarios del mundo de las varietés. Tras unas actuaciones en Barcelona y Madrid la convenció para que se dedicase a las varietés.


París era la meta para las estrellas del mundo. La adolescente Consuelo no sabía gran cosa, pero su marido sí. Para su presentación en la Villa-Luz le compone Miss Bouton d'Or y la disfraza de vedette, con innecesarios corsés, sujetaligas, plumeros, pieles… Y nace La Tortajada. El empresario catalán Oller, creador en París de espectáculos de una magnificencia inusitada como el Nuevo Circo, las Montañas Rusas, el Moulin Rouge y el Olympia, contrató a La Tortajada, tras su restallante debut en el Empire, y su nombre fue pronto famoso en estos célebres escenarios. Fascinaba su juventud y su belleza, y entusiasmaban sus bailes y la cadencia de su voz andaluza. En poco tiempo su nombre se situó entre la media docena de figuras que se disputaban el centro parisién del music-hall. Su imagen ilustró en 100 diferentes imágenes las colecciones de postales, en donde la hermosa mujer iniciaba un strip-tease con un mantón de Manila. Por dos veces consecutivas dio la vuelta al mundo, actuando en los escenarios más célebres de Inglaterra, Berlín, Bélgica, Suiza, Italia, Rusia, Norteamérica, Transvaal… Fue recibida, agasajada y condecorada por el kaiser Guillermo II y el zar Nicolás II, e incluso el Papa Pío X le concedió una audiencia privada, y es que para las gentes devotas del espectáculo suponía un refrendo, algo así como la garantía del perdón de sus pecados.
En la biografía de La Bella Otero, de Arthur H. Lewis, se lee: Dos estrellas españolas oscurecían a todas las demás. Una fue la señorita Consuelo Tortajada, que cantó y bailó en el Alhambra durante muchos meses y la otra, todavía más renombrada, fue La Bella Otero. A diferencia de la Otero, esta bellísima española cosechaba triunfos de la crítica donde quiera se presentase y al parecer restringía sus actuaciones sólo al escenario".


El 1 de junio de 1901 reaparecía La Tortajada en el londinense The Alhambra, con la opereta melodramática en tres actos Los Contrabandistas. El diario Encore decía: "Nuevos giros se han introducido en The Alhambra. El más notable de ellos es La Bella Tortajada, la encantadora y completísima bailarina española que ha deleitado en anteriores ocasiones al público de Mr. Slater Dudas. Posee una extraordinaria voz que la emplea maravillosamente en la Aria de Contrabandista y Aria al sol y otras canciones. Aún más, hemos de destacar que posee una fuerza dramática grande que la hace maravillosa en la expresión de la pena, de la pasión, del odio y la desesperación. La opereta ha sido magníficamente presentada en escena por Mr. Phillip Wowden, con música de Ramón Tortajada, de gran fuerza artística descriptiva, considerándola como la mejor obra presentada en The Alhambra". Todos los periódicos ingleses enaltecieron el arte de La Tortajada.


La fantástica proyección de La Tortajada originó toda suerte de leyendas. Un día los periódicos publicaron que había sido raptada y llevada a África por un príncipe zulú. Otra vez que había sido asesinada por un príncipe vienés en Nueva York. 
En uno de sus viajes a España, Carmen de Burgos, Colombine, la entrevistó para su libro Confidencias de Artistas. La escritora pudo comprobar que no era fantasía, sino que sus aventuras exóticas y sus peripecias novelescas eran auténticas.
La Tortajada en sus viajes a España visitaba siempre Granada. Pero tan sólo una vez, en febrero de 1906, accedió a actuar ante sus paisanos. Fue en el teatro Cervantes, en una función destinada a fines benéficos. La artista puso como condición que la mitad de los ingresos fuesen destinados a las gentes pobres de Santa Fe.

La Casa Árabe en la Plaza de la Mariana

La Tortajada eligió Granada para su retiro. Pero Consuelo Tamayo no podía vivir lejos del lujo y la fastuosidad. Adquirieron un “palacete árabe”, que el gran actor granadino Francisco Fuentes se había hecho construir en la plaza Mariana de Pineda. Colombine nos deja esta descripción: "La casa de La Tortajada es una reproducción del palacio de Alhamar. Están allí sus salas de muros calados y azulejos, sus miradores y ajimeces, sus jardines construidos en el primer piso y poblados de mirtos, arrayanes y cipreses".
La Tortajada siguió viviendo en su palacete árabe, convertida en una señora devota y burguesa. En lujoso landó tirado por los potros más hermosos de Granada, iba a misa a la Virgen de las Angustias y paseaba su espléndida belleza morena, cubierta de soberbias joyas, como una reina destronada, bajo las miradas pasionales de los granadinos. Era un monumento viviente, ornato de la ciudad, y de su plaza de toros.
Sin duda el busto femenino más desarrollado y célebre de la Granada de 1902, debió de ser el de la célebre artista La Tortajada –“de pecho de pupitre”, llegó a decir el grave y sesudo Melchor Fernández Almagro –



Con el tiempo La Tortajada se convirtió en doña Consuelo. Iniciado el declive de su juventud, invulnerable al desengaño, abrió la jaula dorada de su casa al amor de un hombre joven que, como pájaro depredador, acabó de dilapidar su fortuna. En las manos de la artista quedaron tan sólo las pruebas de su fastuoso pasado: fotos, cartas, programas, condecoraciones, recortes de prensa… Sus familiares, buenas gentes de Santa Fe, le abrieron las puertas de su modesto hogar, donde doña Consuelo tuvo una vida larga y sosegada, tan larga que, cuando murió en 1957, muy pocos se acordaban de ella. Su nombre era un recuerdo deslumbrante de la Belle Époque. Consuelo Tamayo vivió rindiendo culto a su pasado esplendor físico. No se resignó a perder su belleza. Los parientes que la cuidaban nos contaron que nunca supieron su edad. Incluso cuando era ya una anciana, jamás se dejó ver sin maquillar. Su compostura personal era un rito cada mañana. Varada en el recuerdo de su fulgurante pasado, acabó sus días en Santa Fe. En su pequeño cementerio tuvo reposo aquel cuerpo de arrebatadores perfiles, que tantas pasiones había despertado en las cortes europeas.


En esta casa de la calle Castillo de Santafé, murió la Tortajada.

NITO

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martes, 8 de noviembre de 2011

SINOPSIS PARISINA

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Serenados ya los pulsos de esta escapada llena de incidentes, puedo afirmar convencido, que lo mejor de Paris son los amigos Jean Noel- Florance y Francis-Anita, nuestros anfitriones. Sin la ayuda de ellos, lógicamente, se nos habría ocultado mucho de la verdadera esencia francesa, ya que no fue sólo Paris.
La lluvia antipática nos despidió y nos volvió a recibir en Granada. Sin embargo nos respetó en Francia, salvo la mañana de la visita a Orsay.

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No contaré nada sobre la Ciudad de la Luz, harto conocida de todos y que siempre te encandilará; sí contaré algo de lo “chuministas” que son los parisinos (no confundir con chauvinistas, que es otra cosa y que en verdad lo son en la misma medida que nosotros podemos serlo con nuestra Graná…).

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Quiero decir que todas las chuminaicas que busques y puedas imaginar, están allí, incluso las españolas: Revistas, catálogos, postales, fotos de guerra, carteles republicanos, libros viejos, pinturas… Sólo un ligero paseo por el Sena, alrededor de los bouquinistes, con sus cofres verdes sobre el pretil del río y a la vista de Notre Dame, te lo confirmarán.

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Además quedan las galerías de arte viejo y otras mil fruslerías, los puestos callejeros de ropa y de frutas, entre las que encontré higos chumbos sicilianos, y sobre todo, las bicicletas: Esas bicicletas de alquiler para el ciudadano ágil con cienes y cienes de aparcamientos bicicleteros, en donde la primera media hora, es gratis.

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Una visita obligada vespertina a Monmartre para ver la puesta de sol sobre Paris, con la consabida cerveza en una terraza mientras escuchas a los músicos callejeros con su acordeón y dimos por finalizada el recorrido parisino.

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Punto y aparte fue el viaje y estancia en la monumental Vendôme, (con su admirable Abadía de La Trinité), nuevo domicilio de de Jean Noel, a 150 kms. de Paris en la ruta de los castillos del Loira.
Otoño vivo en la campiña del Blé, que atravesamos, lleno de retorcidos e increíbles góticos por todas partes…

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Visitando la Catedral de Chartres te quedarías, a buen seguro, sin habla, lector murguero, pero yo -capullín integral con fijaciones- me emocionó una lápida en el suelo de la calle, frente a su fachada: ¡Camino de Santiago.- 1625 km. a Compostela….! Y es que por aquí pasa la más occidental de las cuatro vías principales jacobípetas que, a modo de varillaje de abanico, desembocan en Roncesvalles.

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Los Château de la Loira (solamente visitamos tres de los cincuenta y siete que tiene, so pena de volverte loco), bien merecerían un estudio especial.Todos ellos están inscritos en el Patrimonio Mundial.
Sin embargo habría que narrar el ambiente que los rodea y cómo sus visitantes disfrutan de su radiante campiña y respetando las tradiciones, como la del pique-nique, (equivalente a nuestras merendicas en el campo).

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También nosotros llevamos nuestra cesta bien provista, frente al castillo de Cheverny. Allí se concentran los días festivos grandes grupos de amigos con sus aficiones preferidas, como las bicis experimentales, ultraligeros caseros o la competición de globos aerostáticos sobre La Loira.

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Para recordar siempre, además de lo narrado, las cenas con los amigos en sus acomodadas casas relatando las incidencias de la jornada, en compañía de “Paco” el loro porculero de Francis que, además de tocar diana todas las mañanas, se empeñaba en desayunar zumo de naranja y coca cola para cenar, con nosotros.

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NITO
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miércoles, 26 de octubre de 2011

EL VELATORIO

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¡Juani. Las siete y media! ¡Levántate!
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Es otoño, debe ser porque, aparentemente, todo va muriéndose... El caso es que, una vez más, ha llegado Noviembre, parece como si el ciclo vital se fuese cerrando. A mí me da la impresión de que, alguien, desde lo alto de un campanario golpea con el badajo de la campana mi memoria. Otra vez... aquí está. Leo en el periódico eso de “Haloween” y ya es suficiente, la campana vuelve a sonar. Aún se me pone la carne de gallina... y todo a pesar de que esa palabreja me resulte antipática. No termino de entender cómo tradiciones de otros países recalan en el nuestro de esta forma tan facilona, y más todavía, ver cómo lo/as padres/madres compran a sus hijos de cuatro/cinco años trajes de esqueleto-calavera con tejido fosforito (que resalte bien en la oscuridad) en el Hipercor, no vaya a tener el niño un trauma en su cole por no ir adecuadamente vestido para día tan señalado. Pero, en fin, sirve para recordarme (in-adecuadamente) que estamos en el mes de los difuntos.
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Un día de Noviembre de 1.958...
La calle estaba mojada. Había llovido casi toda la noche y las ocho menos cuarto era noche cerrada (todavía no se había inventado el adelanto/atraso de la hora del reloj). Luz lúgubre de aquellas bombillas tristes de los faroles de esa Granada que no despertaba nunca. Yo sí. Mi padre me llamaba todas las mañanas, (¡Juani, las siete y media...!) bajaba las escaleras de tres en tres y cruzaba la calle Santa Paula como una centella penetrando en el convento del mismo nombre del que era monaguillo y personaje con la responsabilidad, nada más y nada menos, que de preparar y disponer todo para las ocho en punto en que las monjas tras la celosía del fondo de la iglesia se predisponían para oír la misa diaria que D. Francisco, el cura, celebraba.
-Ave María Purísima. ¡Bueno días madre!
-Buenos días Juanito. Toma la llave.
El torno giraba con un chirrido nada alegre, como si fuera el chillido de un gato al que despellejasen, y yo cogía la llave que era un autentico tempano de hielo.
¿Miedo a la oscuridad? -Sí, ¿A los muertos? -más., ¿A los fantasmas? -también. Pero allí estaba yo con mis ocho años abriendo puertas y luces a las tinieblas más imponentes e impenetrables del mundo. El silencio era sepulcral y sabía además que Noviembre era el mes de los muertos... me lo dijo el cura.



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A mediados del pasado mes de Septiembre murió un primo de un buen amigo. El Cementerio de San José está ahora muy bien dotado y estructurado para la normal despedida de los seres queridos, pero...todo tiene su “pero” en esta vida, en la anterior y en la que vendrá. Ahora a las doce de las noche, todo lo más a la una de la madrugada el personal asistente va desapareciendo, quedando solo el finado (que casi nunca puede irse) y los familiares más cercanos, llegando éstos incluso a cerrar el tanatorio con llave hasta la mañana, que vuelven ya descansados del ajetreo que conlleva un sepelio.
No obstante, durante el tiempo que estuve en el cementerio tuve tiempo suficiente para recordar <<Mi primer velatorio>>. La ocasión fue propicia y ocurrió como consecuencia del propio saludo a mi llegada al grupo de conocidos. ¿Qué tal?, ¿Cómo va la cosa...?, recibiendo por contestación de uno de ellos, con voz débil y las manos en los bolsillos: “Aquí, aburríos”.
Aquel inicio de conversación fue como otra campanada llamando a la puerta del intelecto, sustrayendo mi atención. Contesté inmediatamente: -¡Escuchadme! Voy a contaros lo que es un verdadero velatorio. De los que hoy, por desgracia, ya no se ven.
Los interlocutores, algo perplejos, mostraron una mueca de asentimiento (de toda forma no había otra cosa mejor que hacer...) y se dispusieron a escuchar:
<<Transcurría el verano de 1.958. Tenía yo...eso es, ocho años recién cumplidos. Era un niño como casi todos los niños, travieso, inquieto y no me gustaba el colegio. Mi mundo lo constituía la placeta donde nos podíamos juntar todas las tardes a jugar entre 25/30 niños/niñas y el convento de Santa Paula del que era personaje principal ya que era el que lo abría y lo cerraba. -¡Ah! Mi sueldo era de cuatro pesetas al mes.
En el primer piso de mi casa vivía Doña Dolores, señora de edad avanzada y que se encontraba sola pues había tenido solamente una hermana que murió ya hacía años. A Doña Dolores en el barrio todo el mundo le llamaba “La Tita Lola”. Delgada, alta, cabellos blancos recogidos en óptimo roete que combinaban perfectamente con su toquilla de color gris, lo que infundía en ella un aire de persona sabia y buena. Le gustaban mucho los niños y nosotros nos pasábamos largos ratos con ella atentos a las historias que contaba de aquella forma tan personal. Como agradecida por la compañía nos daba caramelos y regaliz que guardaba en el cajón de aquel imponente repostero color caoba. Otras tardes, cuando había comprado la hogaza de pan, nos la repartía con aceite y azúcar. No puedo olvidar para describirla, el arte que atesoraba haciendo “croché” con el que pasó la mayor parte de su solitaria vida; ni sus manos de largos dedos que sufrían cada invierno el azote de los sabañones y que con tanta paciencia resistía.
Pues bien, La Tita Lola que solía subir a mi casa (2º piso) a cascar con mi abuela mientras trabajaban el “croché” (perdón por lo de cascar, porque mi abuela padecía sordera total) no subió en dos días, lo que alarmó a mi familia y al resto del vecindario. Llamaron y llamaron a su puerta y nadie respondió. Escolástico, el lechero que traía la leche de Alfacar en una yegua un día sí y otro no, trató en vano abrir la puerta, lo que llevó al unánime acuerdo de llamar a la policía armada, que se presentó al rato con el cerrajero de rigor y éste abrió la puerta. Allí estaba La Tita Lola en su cama, muerta. Los chaveas nos colamos como pudimos entre los mayores y la pareja de guardias nos echó rápidamente.
Después todo pasó sin pérdida de tiempo alguno. La amortajaron, vinieron los “tíos” de la Funeraria Nuestra Señora de la Soledad y la subieron a mi casa. No sabía por qué, quizás por la amistad que le unía con mi abuela, el caso es que mis padres decidieron encargarse de todo.
La pusieron, como se pone a todo el mundo en este trance: En medio de la habitación de la entrada. La caja era de color nogal y tenía como un acolchado cubierto con una sábana blanca que denotaba comodidad. Aquello lo vi bien pues quería que estuviera lo más cómoda posible. Terminaba la decoración, cuatro candelabros y una mesita pequeña con una libreta grande donde la gente escribía cosas.
Aquella noche fue la primera vez en mi vida que yo toqué a un ser sin vida. Tuve miedo, pero fue más intensa la sensación de saber que se terminaba algo muy entrañable para mí.
A los niños pronto nos dieron de cenar para quitarnos del follón que crecía por momentos, pero yo... quise quedarme y resistir hasta que mis ocho años lo permitieran, sin hacerme notar hasta bien entrada la madrugada que mi padre me descubrió detrás del sillón de mi abuela, con los ojos ya enrojecidos por el sueño.
Aquello sí que fue un velatorio. La conversación de los mayores era amena, divertida y variada. Cada uno contaba algún caso ocurrido o que había escuchado por la radio. Lo hacían con tanta gracia que el siguiente no tenía más remedio que exagerar el suyo. Comentaron con sorna cómo Amalia, una solterona muy gorda que vivía en el numero 27, trataba de aprender a tocar la bandurria y no podía porque las tetas eran tan enormes que no llegaba con los brazos a aplicar la púa a las cuerdas de aquel instrumento.
Sebastián, vecino del entresuelo, contó seguidamente un chiste: Resulta que había fallecido un hombre, al parecer, juerguista por naturaleza, y cuando estaban velándolo llegaron los sepultureros y la esposa se puso a gritar: ¡no se lo lleven, por favor, no se lo lleven!- Señora tranquila, hemos venido para enterrar el muerto.
¡No, por favor, no se lo lleven!, gritaba más fuerte la mujer.
Pero señora, ha llegado la hora de llevarnos al muerto. ¡No se lo lleven, no se lo lleven!, seguía gritando.
Los sepultureros, ya cansados dijeron: bueno señora, ¿porqué no deja que nos llevemos al muerto?
Y ella respondió: -¡Es que... es la primera vez que duerme en la casa!
Entonces intervino mi “tío” Emilio, casi sin dar tiempo a que terminara el anterior, cogió un embudo de la cocina para dar un sonido radiofónico mas real y seguidamente contó con todo detalle el gol de Zara en los mundiales de Brasil de 1.950 en el estadio Maracaná. Partido que enfrentaba a España con Inglaterra:
...Tiene en este momento la pelota Gabri Alonso que regatea a Ramsey, avanza con ella, sigue avanzando, sortea a Dickinson y con pase largo llega el balón a Gainza... Gainza de cabeza centra, el esférico llega a Zarra y éste chuta y gol, goool, gooooool. Señoras y señores, Zarra acaba de marcar para España un gol maravilloso. En jugada de plena profundidad y rapidez iniciada en el defensa Alonso que ha sabido aguantar los dedos en el ojo del medio centro inglés Wrigh y el agarrón en los güevos del interior Mattheus, cosa que el Sr. Juez de la contienda, Sr. Galeoti de Italia, no ha querido o sabido ver. Pero bueno todo ha salido perfecto con este golazo de Zarra que el cancerbero Wiliams no ha podido atajar. -(Sentenciaba):  A los tres minutos de juego de la segunda parte España 1, Inglaterra 0.
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Era el momento de ir a la Gran Vía y comprar helado. No tardaron en volver pues fueron a “Los Valencianos” que estaban ubicados en la esquina izquierda de edificio del cine Olimpia. Una olla entera de helado de turrón ¡qué suspiros!, ¡Está como si fuera de “los Italianos!, ¡Este está más bueno...!. Cómo pude resistir, aun me lo pregunto.
El helado abrió el apetito a todo el mundo y mi madre preocupada sin saber qué hacer (en aquellos años la vida era bastante precaria para casi todo el mundo) no se lo pensó dos veces y como buena albaicinera (no tiraba nada), sacó del cajón del repostero unos “mantecaos” de la pasada navidad que de manera inconcebible, no le salieron buenos pues se pegaban en las encías. Estaban duros y algo rancios, pero no quedó ni uno.
La Tita Lola seguía allí,”en pleno óbito, inmóvil, como si estuviera muerta..., que lo estaba, pero no saltó de la caja por esas cosas de la vida o de la muerte que no están bien por “el qué dirán”, aunque yo creo, a tenor de lo que sigue, que debió estar a punto de “gritar” un “¡me cago en tooo...!”. Yo le habría aplaudido si hubiese ocurrido así y hubiese apostillado su grito con un “yo tambieeeen”.
Sabían mis padres que en su juventud Doña Dolores había sido madrina de la hija de una pariente suya. Había hablado alguna vez de su ahijada, pero lo que no se podía imaginar nadie fue que aquella noche se presentara en mi casa a esas horas. Como es normal se cortó de inmediato la tan animada tertulia. Casi sin respiro pasó a leer en un papel y enumerar los bienes (nadie supo cómo los conocía) que su madrina le dejaba en herencia. Se formó lo más grande. Mi corazón se movía ahora con otros “meneos”. Mi tía le echó en cara que nunca se había interesado por ella. La discusión siguió creciendo y temí lo peor pues aquella señora los tenía bien puestos (a mí me pareció que tenía hasta bigote). Los nubarrones de la discordia se habían instalado en aquella habitación, pero ahí estaba Florencio, el vecino del 2º izquierda con sus grandes bigotes blancos que, con voz profunda, propuso un trato... Todos, a regañadientes, le escucharon mientras él desmenuzaba un “mantecao” y lo iba introduciendo en la boca de su viejo gato de la “M” (nunca he sabido porqué se llaman así, pues en principio creí que era por el color: “Gato de Mierda”) que posaba acostado en su hombro como siempre.
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Por fin llegaron a un acuerdo y se repartieron hasta la escobilla del retrete. Eso sí, la ahijada se llevó todo lo que existía de valor. Escuché que la muy zorra se llevó las sabanas de hilo de la “Viuda de Tolrá” que había comprado a un viajante catalán. Mis padres se conformaron con un crucifijo de madera y un molinillo de café.
Como hubo consenso, la cosa se animó de nuevo y sacaron una botella de anís del mono que debía tener por lo menos siete navidades a juzgar por la etiqueta que no dejaba ver ni la cabeza ni los brazos del legendario primate. Luego hicieron tila pues hubo, como unos tres minutos de llanto, y al final café de pucherillo.
De pronto, cuando todo parecía estar en calma, mi padre cayó en la cuenta ¿Y la esquela? -vamos, rápido, quizás nos dé tiempo.
El periódico Ideal estaba muy cerca de mi casa, en la calle Compás de San Jerónimo, haciendo esquina con Gran Capitán. Entonces permanecía abierta una oficina por la noche, haciendo guardia, para las notas mortuorias.
-De acuerdo, vamos, pero eso debe costar unos cuartos. Alguien respondió “si es pequeña me parece que puede salir por unos veinte duros”.
-Bueno, pero tendremos que hacer hincapié en que “no se van a repartir esquelas”. Ya es demasiado tarde. (Estas esquelas se repartían a los allegados después del entierro y en ellas figuraba una foto del finado con la fecha de nacimiento y muerte, además de una oración para ser rezada por el alma del muerto. En realidad parecían recordatorios de primera comunión a no ser por el color que mostraba el ribete negro).
Dicho y hecho, la nota mortuoria salió en el periódico pero con su reseña “no se reparten esquelas”.
esquela de mujer
Y yo... sentí más que nunca no ser mayor como ellos para estar metido en aquel maravilloso trance final (quiero decir berenjenal).
Desde que mi padre me sacó de detrás del sillón de mi abuela hasta que volví a oír “¡Juani. Las siete y media. Levántate...! habían pasado unas tres horas. Creí que no podía ser verdad pero, como todos los días, fui una centella para ir y para volver del Convento de Santa Paula. En mi casa mi madre ya tenía preparado el desayuno. Tazón de leche y un trozo de bollo casero con aceite. Escuché a mi padre decir: tenemos que darnos prisa el coche fúnebre vendrá a las diez y la enterraran a las once. El hoyo debe estar ya abierto... Yo quedé en silencio mirando al bollo, pensando en que ya se la llevaban para siempre y comprendí por vez primera en mi vida eso de... “El muerto al hoyo y el vivo al bollo"
Miré el reloj, eran las dos menos cuarto. Uno de mis oyentes me dijo: -”T'has pasao, tío”. -Anda vamos a ver si está abierto el Café Fútbol y tomamos algo. Eché un vistazo a mi alrededor y pensé que era buena idea.
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El cementerio de San José está bien, como decía al principio, pero es... demasiado serio. Le falta algo. En “Los Asperones”, (así se llama el cementerio de Málaga) hay otra cosa. Quizás más mundana. Por ejemplo, existe un comercio dentro del recinto; así, puedes visitar la “boutique del finado”, con gran variedad de lápidas y flores de todos los colores y materias y también ánforas y recipientes de todas las formas y dibujos para la ceniza de aquellos que deciden el crematorio como último trance mundano para el traslado del alma hasta el más allá, un estanco (los que van a velar fuman como carreteros), creo que dos funerarias con cajas confeccionadas en diversas clases de madera, desde chopo hasta caoba y palo santo que valen un pastón y un Café-Bar (Ad hoc) //¡Qué bárbaro, aún me acuerdo del latín!//. Si, allí observé que tenían en la cafetería huesos de santo, brazos de gitano, orejones y en el bar callos, riñones al jerez o asadura de hígado. También había criadillas, pero no supe de qué eran. Para los niños tenían gusanitos de todos los calibres. En fin, lo normal en estos tiempos y en estos lugares. Bueno, en Granada, por contra el lugar tiene unas inmejorables vistas a Sierra Nevada y si no vas preparado en invierno puedes pedir que te hagan sitio... claro que bien pensado ¿para qué quieren las vistas los lugareños? -Eso digo yo... (Contestó el primer interlocutor).
Los demás se marcharon como habían venido, con esa cara de “malafollá” tan granaina, que no se sabe si ríen o penan o ambas cosas al mismo tiempo, pero a todos quedó claro el mensaje-discurso-cuento-embuste y, finalmente, mediando un hondo suspiro repitieron conmigo:

“LOS VELATORIOS YA NO SON COMO LOS DE ANTES”.

The end (que quiere decir: Sacabó en granaino)
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Juan Gómez. Noviembre 2011

P.S. - El Café Fútbol estaba abierto y de ese “algo” tomamos “bastante”. Amén.

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lunes, 17 de octubre de 2011

CHOTO AL AJILLO: PLATO PAGANO

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Siendo antaño el Albaicín un barrio que gozó de  merecida fama cabrera, resulta curioso que el choto, el  cabrito lechal, no fuera  propio de los guisos festivos-religiosos de la localidad. Como curioso y anecdótico resulta  el relato que nos hace  Mariano Cruz en su “Ritual de la Cocina Albaycinera” y que recoge estos fragmentos de nuestra historia aún cercana:
“ El santoral no promocionó este manjar, ni siquiera la tradición islámica. Es un plato raramente casero en el Barrio, aunque sí era “comida de trabajo”. La calle Larga de San Cristóbal fue sede del gremio de cabreros y de éstos surgieron las familias principales del Barrio (Antonio el Becerro, el Zota, Miguel Peña, Antonio el Candiles, los Picheles, el Puri, el Cojo Copas, los Carlos, el Cara Sucia, Torcuato, el Loro, el Colorao, los Vinagres, el Feo, la Niña del Cojo Copas, los Libares, Frasquito el Chede, el Cirilo, el Forasterico de Beas, etc.).

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El choto  se criaba en el Barrio y su consumo, entre los albaicineros, debía reunir condiciones muy especiales. Grupos de amigos, con frecuencia, decidían guisar , un choto, bien como final o principio de una fiesta, bien como comida de trabajo, por remate de una obra, por haber cerrado un trato, o como signo exterior del poder, o porque a uno se le calentaba la boca en el Cafetín de Plaza Larga.
Luego, bastaba comprar, por allí cerca, un buen choto de mes y medio que estuviera hecho (de quince días sólo es agua) y que no hubiera comido hierba, solo “mamao”.

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Como el macho se echaba para abril o mayo (cinco meses de gestación) en octubre o noviembre el choto estaba a punto. Aparte el consumo por las gentes del Barrio, se vendía en el peladero de la Pescadería y en los “cuartos de gallina” (puestos de “toda la vida” donde se vendía la caza (volatería), las gallinas, los conejos y el choto troceado). Los lugares usuales para el guiso y la adquisición de la arroba de vino, fueron el ventorrillo del Tío Miguel y la Venta de la Pastora. Hoy, con los coches, se encuentra uno los “grupos de trabajo” en la Fuente de la Teja, Prado Negro y el nacimiento del río de Beas. También se come de encargo en la Mosca del Puente de Mariano o en la Granja (nueva venta), junto al cruce de la carretera de Murcia con la calle Pagés. A La Granja, los jóvenes del Barrio la llaman La Malvinas porque estiman que doscientos metros es mucha distancia.
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La tradición sitúa el mejor guisado de choto en la Venta de la Pastora, donde las Peñuelas, en el camino viejo del Fargue. Aún se conserva el edificio, con su fachada de posada antigua, descanso que fue en de los traficantes del Levante cuando encontraban cerrada la puerta de Fajalauza. Su situación y vistas eran privilegiadas. El dueño tenía, a la entrada, haces de leña para animar la gran chimenea, a tres perillas el brazao. En su última etapa, a comienzos del siglo XIX, la Posada de las Peñuelas se convirtió en Venta de la Pastora, se mantuvo así hasta que, al disminuir el tránsito por la apertura de la carretera de Murcia y después de un robo en la venta, la Pastora se marchó y el edificio se transformó en casa de vecinos.
El choto en ajillo del que hablamos, que normalmente los hombres “se lo guisan y se lo comen”, requiere las siguientes operaciones que refiero textualmente, tal como me lo contó El Carlos, cabrero; trabajador, sin vicios, que únicamente se desahogaba en la Romería de Moclín voceando cuando lo del santo eso de ¡cabrón!:  -“Al choto, primeramente, se le ennuca con una navaja chotera, por debajo del cuello. Sin bregar da toda la sangre, que se recoge en un plato con una mijilla de sal. La sangre se fríe y ya tenemos la primera tapa. Luego se cuelga el animal de una pata, se le abre, y se le quitan los despojos (el cuajo se aparta para hacer queso); la asadura y el corazón se dejan en su sitio. Es aconsejable matarlo por la noche y que oree con la piel, porque si se mata y se desuella en el mismo instante la flor de la carne se va con la piel. Luego se desprende del bicho la asadura y el corazón y se trocean con las carne”.
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Comienza el guiso.
Hay que preparar la salsa de ajillo cabrero: se majan pimientos cornicabra que sean de Cogollos Vega (después de abrirlos y quitarles las semillas), algunos ajos crudos y otros fritos muy bien machacados, almendras fritas (que estén tostaillas), asadura negra y sangre, también fritas y majadas, miga de pan borracha en vino, una miaja de orégano (que sea de Capileira) y vino. Todo bien batido. La carne, con mucho aceite, y un poco de vino se pone al fuego y cuando esté “mareá”, antes que empiece a crujir, se le echan los piñones; después más vino y, cuando cruje, se le añade la salsa de ajillo cabrero y se deja hervir un tanto con la carne para que tome gusto y espese.
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Siempre hay algún delicao al que hay que conformar.

NITO
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lunes, 10 de octubre de 2011

LA FUENTE DE LOS GIGANTES


Segundo emplazamiento
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Para algunos granadinos (sobre todo para los más jóvenes), causará sorpresa quizás el saber que la fuente mostrada en la fotografía y que les resulta familiar, estuviera ubicada aquí, justo donde hoy luce hermosísima la novedosa “Fuente de las granadas”.
A ellos, principalmente, dedico esta entrada y este trozo de historia local, releyendo extasiado al cronista inigualable que fue Juan Bustos en su “Laberinto de imágenes y recuerdos:

Tercer emplazamiento
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La condenada prisa se llevó por delante para siempre el encanto de los amables y espaciosos Paseos de la ciudad. Alguien dijo que el viejo placer peripatético ha sido sustituido por la angustia de lo imprevisto y de la velocidad. Antes, durante casi un siglo, los granadinos bajaban a disfrutar de sus Paseos a ambas márgenes del Genil casi todas las tardes del año que el buen tiempo lo permitía.
Simplemente para encontrarse, para caminar descansadamente, no diciendo nada, conversando.
En los días soleados del invierno y al anochecer de los veranos, la burguesía en particular practicaba una costumbre de citarse en el Salón o en la Bomba, punto frecuentado por todos con asiduidad que hoy extrañaría. El venir a estos lugares poco menos que a diario, formaba parte de la rutina habitual de cientos de granadinos de la clase media acomodada.
Se acudía a estos paseos para reunirse con las amistades, para ver y ser vistos, para mirar y ser mirados. Una especie de foso social separaba el Salón y la Bomba del paseo de en frente, el del Violón, concurrido por la gente trabajadora, sin duda más a sus anchas lejos de la compostura almidonada de la otra sociedad. Para ello, no sin gracia y desgarro, el mismo pueblo llamaría al Violón en aquella época “el paseo de la Chancleta”. Bromas aparte, la verdad es que la estratificación social de la ciudad se dejaba sentir también en este tipo de preferencias.
¿El último emplazamiento…?
Pero vamos con la imagen que, en definitiva, dicta el comentario. La bella fotografía aquí elegida nos brinda la entrada al paseo del Salón, cuando lucía en este lugar una fuente que hoy vemos en la plaza de Bibarrambla, la llamada de “los Gigantones”. Gallego Burín en su “Guía” anota que la fuente es el siglo XVI y estuvo instalada primeramente en el convento de San Agustín. Desmontada de allí al ser demolido el edificio religioso con motivo de la exclaustración, la fuente inició su peregrinación urbana que, en siglo y medio, la tuvo inicialmente al comienzo del Paseo del Salón, dejando este sitio al monumento de la Reina Isabel la Católica y Colon (instalado en 1892) para ser llevada al paseo de la Bomba y, por fin, en 1940, trasladada a donde se encuentra ahora.
La foto de la cabecera está, pues, tomada sobre los finales del siglo XIX, cuando los paseos del Salón de la Bomba, empezaban a poblarse de hermosos y elegantes palacetes, rodeados de risueños jardines. Empresarios, médicos, abogados, y algunas familias de la nobleza y la alta burguesía, figuraron entre los primeros propietarios de la zona. Hoy, estos viejos, amables y serenos escenarios, han sido asesinados por el automóvil y el despiadado urbanismo, como diría Foxá.



NITO

sábado, 1 de octubre de 2011

LA TORRE DE LAS INFANTAS



La Torre de las Infantas es una Torre-palacio o Calahurra y se encuentra situada sobre la muralla septentrional de la Alhambra. Su construcción se debe a Muhammad VII (1392-1408) según descubrió Luis Seco de Lucena estudiando en las yeserías una inscripción dedicada a Abu biAbd Allah al-Mustaín Bi-llah y se hizo en 1393-94. Como todas las torres alhambreñas su nombre ha ido camando a través del tiempo, así en el siglo XVI se llamaba torre de Quintarnaya, por ser el personaje que la habitaba y el actual, de las Infantas, se debe a la famosa leyenda de las tres princesas Zaida, Zoraida y Zorajaida, uno de los Cuentos de la Alhambra de Washington Irwing. Este cuento narra la historia de estas tres princesas que se enamoran de tres caballeros cristianos prisioneros en la Alhambra con los que fraguan fugarse a tierras cristianas descolgándose por las ventanas que dan a la Cuesta de los Chinos y de aquí partir a caballo hacia Castilla, más una de ellas, llegado el momento se arrepiente, y cuando es descubierta la fuga, el Sultán la encierra de por vida en la Torre.


Es la última construcción de la dinastía nazarita y se observan ciertos cambios respecto de las otras contrucciones de la Alhambra, en las proporciones y en la decoración. Lo que más asombra de esta torre es el enorme contraste entre el exterior, un paramento liso interrumpido por los vanos de las ventanas geminadas cerradas antiguamente por celosías muy tupidas, que mas bien parece la casa de un labriego y que no nos permite sospechar la complejidad estructural volumétrica que a través de la distribución de espacios y la enorme riqueza decorativa de alicatados, yeserías y cubiertas que hay en su interior. Es el paradigma de los palacios musulmanes, el exterior es pobre, en contradicción de los palacios castellanos que hacen en el exterior ostentación de las riquezas de sus propietarios, cumpliendo así el consejo del Corán que dice: "..No hagas ostentación de tus riquezas".


Lo que caracteriza a esta torre es que en poco espacio se concentra una abrumadora decoración que reviste una enorme complejidad arquitectónica. Es un ejemplo de la gran habilidad de la arquitectura nazarí para lograr un máximo aprovechamiento de un espacio interior. Si la Torre de la Cautiva es la adaptación de un palacio completo, con su patio y pórtico incluidos, en la Torre de las Infantas es la adaptación de un salón real, nada y nada menos que la Sala de las Dos Hermanas cuya distribución repite como podemos ver en el sala-mirador que da a la Cuesta de los Chinos y al Generalife, copia del mirador de Daraxa en la sala de los Aljimeces.



La entrada como es característico en toda casa musulmana es un pasadizo en triple recodo con unas inscripciones que dicen:

"¡Que excelente es el Creador, el Fundador!
 Mi refugio es el Señor de todas las gentes,
el que me dirige hacia el bien!"  

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"Tú que entras, párate, por Dios, contempla
cuánto luce su beldad perfecta y rara
A tus ojos da suelta en mis encantos.
de madera de color nos mandan soplos
Más la gracia, dirán verdad, si buscas
está en los moradores, no en la casa"

(Traducción de Emilio García Gómez)


Sobre ella se alza una bovedilla de mocaraabes pintada figurando ladrillos rojos llagueados de blanco, decoración que puede verse también en otros espacios de la Alhambra como la Casa de las Pinturas, la Puerta de las Armas y la de la Justicia. En los extremos del pasadiso encontramos sendos bancos para la guardia y tras pasar el recodo vemos dos puertas a izquierda y derecha que dan acceso respectivamente a las habitaciones superiores y a un retrete.


Como es habitual en las casas árabes todas las dependencias están repartidas en torno al patio central que se prolonga por una gran linterna que terminaba en una bóveda de mocarabes que desgraciadamente se perdió en el siglo XIX por un rayo y que en la actualidad se ha sustituido por un artesonado moderno.


Podemos afirmar que esta torre es la arquitectura de lo etéreo, es una maravillosa mezcla de luz y de color en un espacio vital, es la arquitectura del vacio. Cuando te encuentras dentro de ella es como si a la vez estuvieses en el exterior porque estás en la muralla y a la vez en la medina y en las huertas del Generalife. Es la perfecta armonía de lo interior y lo exterior.


Antonio Montufo Gutiérrez

jueves, 22 de septiembre de 2011

LA BALDWIN DE GUADIX SE ESCAPA


Una parte de mi vida (como la de cualquier hijo de vecino que peine canas) ha estado inmersa en el mundo del vapor. Ese vapor vivo, que si bien ya no movía a los barcos ni a las fábricas, seguía moviendo a los renqueantes trenes.
¡Cuántos días, cuántas horas, la locomotora a vapor llenó nuestras vidas y alimentado nuestra imaginación! ¡Quién en su niñez no ha soñado con una máquina de vapor! -Estaba presente en tus juegos, en tus tebeos, en el cine… en tantas cosas. Hasta tuvimos que estudiar su mecanismo en Física de 3º de Bachiller:
-Juanito, enumere las partes principales de una máquina de combustión externa.
-Sí, don José: Caldera-hogar, cilindro, pistón, caja de distribución del vapor y mecanismo trasmisor del movimiento (biela y maniveeeela).

https://load.wikimedia.org/wikipedia/commons/a/af/Walschaert_gear_reversing.gif


En consecuencia, no te extrañe desapasionado lector, que leyendo la prensa hace unos días, pegara un respingo de la silla con una inquietante noticia revestida de cierto revuelo y alarma social –no ajena a rivalidades políticas- acaecida en Guadix:
La huida a escondidas de la máquina de vapor Baldwin –“La Guadix”- a la campaña turística del Tren de la Fresa a Aranjuez por segundo año consecutivo. (?)
-Ah, me pregunto sorprendido, pero ¿Guadix tiene una locomotora de vapor…? ¿Y anda todavía…? ¿Aquella con la que se rodaron tantas películas famosas…?
-Ah, ¿Y qué temen los accitanos que nos la birlen y tome el mismo camino que la Dama de Baza…?
Uno, que no domina el tema, que no conoce todas las bazas del entramado y, sobre todo, queriendo ser objetivo, me remito a lo que ha publicado la Prensa local.
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La Baldwin está que echa humo.
El nuevo viaje de la locomotora Baldwin a Madrid ha provocado un enfrentamiento entre el gobierno accitano y la oposición en líneas similares a las que se produjesen tan sólo hace un año. El concejal del PSOE de Guadix, Iván López Ariza, ha pedido al alcalde accitano, Santiago Pérez López, que explique a la ciudadanía por qué la locomotora de vapor Baldwin ha vuelto a salir otra vez de Guadix para realizar la campaña del Tren de la Fresa entre Madrid y Aranjuez. Ante esta situación, el alcalde de Guadix, ha contestado que «el tener la Baldwin en el Tren de la Fresa supone tenerla en funcionamiento, y no arrinconada como había estado hasta ahora».
De esta manera, el concejal del PSOE ha insistido en que Pérez López tiene que hacer público y tener en conocimiento a la ciudadanía sobre qué es lo que está sucediendo con la máquina Baldwin y a cambio de qué se la han llevado nuevamente a Madrid para prestar servicio al Tren de la Fresa, que el año pasado ya se quedó sin locomotora propia para poder realizar esta ruta turística.
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  Cuadro del inolvidable Villar Yebra
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«Seguramente tendrá respuestas muy sencillas y serán buenas noticias para Guadix, pero sin información difícilmente la ciudadanía puede estar enterada sobre esta locomotora que es muy querida».
Por otro lado, el concejal socialista ha advertido sobre «las preocupantes» declaraciones que hizo el año pasado la Fundación de Ferrocarriles Españoles, recordando que la titularidad de la Baldwin es suya y no de la ciudad de Guadix, quien sólo tiene una cesión. «Y sorprende, por otro lado, que el director del Museo del Ferrocarril dijera que la intención es crear un parque conjunto con todas las locomotoras antiguas, siendo la Baldwin de Guadix la más atractiva para este fin».
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Mejor andando que parada.
Por su parte, el alcalde de Guadix ha manifestado que el traslado de la máquina es fruto del convenio firmado en su día entre el Ayuntamiento accitano, la Fundación de Ferrocarriles Españoles y la Compañía General de Ferrocarriles. «Es más -ha afirmado Pérez López-, al Ayuntamiento le interesa que la máquina esté a pleno rendimiento y funcionamiento sin que le cueste un euro». En este sentido, el alcalde ha informado que todos los costes de traslado corren por cuenta de la Fundación de Ferrocarriles.
Santiago Pérez ha recordado que el principal objetivo del equipo de Gobierno sigue siendo conseguir el Tren Turístico Comarca de Guadix. «Hemos hecho varias gestiones para ello y por eso le pediría a Iván López Ariza que explique por qué cuando él era diputado provincial, el proyecto que presentó el Ayuntamiento a la Junta y Diputación para conseguir una subvención destinada a este fin, quedó marginado y no recibió ni un euro, cuando sí se apoyaron otros proyectos en la comarca de Baza-Huéscar».
Ende luego, afirmo yo: ¡Cómo somos los granainos para nuestras cosas. ¡Si esta Baldwin estuviera en Sevilla…!




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NITO



viernes, 16 de septiembre de 2011

EL ARCO DE LAS OREJAS VIAJERO


¡Mira que si pudiera ser...!
Entienda amigo, no puede ser. Hemos probado y comprobado, echado cuentas y manipulado y ya no puede ser… y mira que la idea es enormemente bella: ¡Nada más, ni nada menos que trasladar el Arco de las Orejas desde su enclave actual en los bosques de la Alhambra a su lugar de origen, en la plaza de Bibrrambla…! ¡Pero, hombre de Dios, ¿es que espera encontrar pájaros de antaño en nidos de hogaño?...!
Resulta que el candidato del PA a la Alcaldía de Granada, Fernando Egea, tuvo la feliz idea de proponer este traslado, ya que según él, su emplazamiento actual, en mitad del bosque de la Alhambra, "no tiene ningún sentido", ya que "allí nunca hubo una entrada a Granada ni es posible contemplar su belleza".
Y a mí (soñador como soy), se me escapan suspiros como membrillos: ¡Mira que si pudiera ser…!
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Recordemos que a finales del siglo XIX, cuatro empresarios granadinos propusieron la demolición de la Puerta de Bibrrambla, diciendo que era un obstáculo para el desarrollo comercial del centro de la ciudad. Tristemente, consiguieron imponer su deseo a pesar de las protestas de los intelectuales granadinos. Estos no tuvieron más remedio que conservar las piedras del esqueleto de la estructura en el Museo Arqueológico. Más de treinta años después, el restaurador de la Alhambra, Torres Balbás, mandó reconstruir la puerta en el bosque de la Alhambra, donde hoy la encontramos, olvidada entre los tilos y las hojas muertas. ¡Y menos mal…!
Recordemos también, la crueldad de la vida en la Edad Media, esta “Puerta del Arenal” - Bib-Rambla - fue llamada por los granadinos el Arco de las Orejas, porque en su fachada se exhibían las orejas (y otras partes) de los delincuentes, debidamente amputadas en el centro de la plaza... El nombre aún sobrevive allí, pues el hueco que dejó es ahora un callejón que se llama Arco de las Orejas, a unos pasos de la plaza. Su extraña forma rectangular, ancha y corta, no es más que el hueco producido por la demolición de la puerta. Un destacado amante de Granada comentó recientemente que deberían haber hecho lo mismo con las orejas de los cuatro empresarios...
Así la definía Don Leopoldo Torres Balbás: "Se abría en una torre cuadrada. En su frente exterior ostenta un gran arco de herradura aguda hecho con dovelas de piedra franca y arrancado de impostas de piedra de Sierra Elvira. Tras este arco presenta otro escarzano, para paso del adarve, y seguía un espacio a cielo abierto. El arco de la puerta se abría a un pasadizo, dividido transversalmente, por un arco agudo de ladrillo, en dos tramos... El último arco daba paso directamente a la plaza desde el segundo tramo; pero ignoramos si ésta era la disposición primitiva, o si, anteriormente, la puerta se prolongaba formando recodo, como la de la Justicia y otras muchas musulmanas y si esta última parte fue derribada para facilitar el acceso".


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David Roberts
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Mirad con qué belleza describe Juan Bustos este escenario: “Milenaria, decantada a lo largo de generaciones, abierta a la avidez de todas las contemplaciones apasio­nadas, segura de sí misma, Granada fue una su­prema e indiscutida categoría romántica. Aquella ciudad, que tenía ya detrás demasiados siglos, y había visto surgir y hundirse luego demasiados designios que parecían arrolla­dores; esfinge desdeñosa, ante toda frivolidad, fue la Granada que deslumbró al sensitivo y exquisito artista inglés David Roberts, autor del hermoso grabado mundialmente conocido y soñado.
Roberts, un romántico que jugará con la ruina­, con el colorido, la vegetación, con el tipismo en suma, encontrará en el famoso y legendario Arco de las Orejas, motivo de inspiración para esta obra absoluta, deliciosamente exó­tica. El Arco de las Orejas se abría en el ángulo Suroeste de la Plaza de Bib-rambla, a la que daba principal acceso y ornato, y de la que había tomado su nombre antigua­mente.
La antigüedad del arco era considerable, hermosa obra árabe del siglo XIV, «de análoga técnica y traza a las de la hermosísima Puerta Judiciaria. En el es­pléndido grabado de David Roberts, el Arco de las Orejas, por los años 30 del siglo XIX, levantaba todavía su notabilísima edi­ficación en Bib-rambla. Su grandioso arco, de labrados sillares y más de diez metros de altura, el magnífico trabajo de sus impostas y la gracia del arco más pequeño; las líneas esbeltas, serenas y graciosas de una cons­trucción de seis siglos, quedaron para siempre recogidas por la fina sensibilidad del gran pintor inglés. Tan fuerte impresión debió causar el escenario al propio artista, que hizo un segundo grabado sobre el mismo tema, igualmente bello y tan sólo con algunos curiosos cambios en los personajes y su disposición”.



.David Roberts
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Y escucha, oh murguero, esta paradoja granadina: En 1881, el Arco de la Orejas es declarado monumento nacional y en 1884 (tres años más tarde), fue demolido con las bendi­ciones municipales. No faltaron pretextos para el destrozo: necesidades de higiene, de urbanización, supuesto estado de ruina. En realidad fueron intereses particulares, como en tantos otros casos parecidos, los que lograron derribar el histórico arco, perdiendo la ciudad para siempre esta antigua puerta, que era un magnífico elemento de decoración. «En el fondo -diría más tarde el arquitecto conservador de la Alhambra, Torres Balbás-­, es nada más que cuestión de incultura y mal gusto, ignorancia del pasado cuyo cono­cimiento presta vida espiritual a los viejos monumentos». Los restos del Arco de las Orejas permanecieron abandonados a su suerte en distintos almacenes del Ayunta­miento, hasta que acabaron en el Museo Arqueológico provincial. Allí los encontró y estudió Leopoldo Torres Balbás, quién reedi­ficó el arco en las alamedas de la Alhambra en 1935, un poco más arriba del Arco de las Granadas, si bien es verdad que no pudo restaurar sus bóvedas ya que habían desaparecido.
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Basado en un dibujo del Patronato de la Alhambra
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NITO

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Bibliografía consultada.-
*Granada: Laberinto de imágenes, de Juan Bustos Rodríguez
*Prensa local de Granada


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