sábado, 28 de febrero de 2015

LA RUTA DEL DESTIERRO

La bonita localidad de Colliure
Visitar la tumba de Antonio Machado cualquier tarde, bajo la luz gris mineral de Colliure y el frio y húmedo viento de la tramontana zumbando, es algo que da la medida de las cosas. Las pasadas, las que vendrán, las que no habría que olvidar. La suya es una tumba pequeña, insignificante para la grandeza de quien la ocupa, casi anónima, tapizada de cartas y flores de quienes la visitan en peregrinación. Ellos recuerdan, estos días, que el 22 de febrero de 1939, hace hoy 75 años, el poeta Antonio Machado moría en esa tierra, donde había recalado sólo 26 días antes huyendo de las tropas franquistas.



El 28 de enero de 1939, hacia las 5.30 de la tarde, el joven ferroviario Jacques Baills miraba cómo en la estación de Colliure, bajo la lluvia, bajaban del tren, vacilantes, cinco personas con aspecto de refugiados españoles. Ante su desorientación Baills les indicó la dirección del hotel Bougnol-Quintana. Más tarde sabrá que bajo el nombre de Profesor Antonio Machado se han inscrito tres personas más: José Machado, su esposa Matea Monedero y la madre del poeta. Los dos primeros ocupan una habitación inferior, los dos últimos comparten otra en el primer piso. En cuanto Baills descubre que aquel hombre derrotado es el poeta que leía en su infancia se le regala dos libros de Pío Baroja y uno de Gorki. Los últimos que el poeta leerá.


Antonio Machado camino del exilio en la casa Santa María, en Raset, aldea próxima a Cervià de Ter (Gerona), entre el 23 y 26 de enero de 1939, con José Machado (de pie, a la derecha), el doctor José María Sacristán, el catedrático de ciencias naturales Enrique Rioja y el filósofo Juan Roura Parella.

"La madre, Ana Ruiz de Machado, de 84 años, no se tenía en pie. La cogió en brazos como una pluma el periodista Corpus Barga, mientras ella le musitaba al oído: “¿Llegamos pronto a Sevilla?", explica el periodista Xavier Febrés en Els últims dies de Machado (La Mansarda), libro en el que detalla las vicisitudes del último tramo de vida del poeta. Febrés, como corresponsal del periódico de Perpinyà L'Indépendent tuvo acceso en 1979 a valiosas fuentes. "Recuperé testimonios con la ocasión del 40º aniversario del éxodo de medio millón de republicanos en la demarcación fronteriza francocatalana. La opción cívica del poeta, voluntariamente inmerso en aquella avalancha humana tan mal acogida por las autoridades francesas, sigue viva entre las nuevas generaciones", explica el periodista, que jamás, en las últimas décadas, ha visto sin visitantes la tumba de Machado.

El ataúd, cubierto por la bandera Republicana, fue porteado por los soldados.

¿Por qué  bajaron en Colliure? Quince minutos más y, en Perpiñán, podrían haber sido atendidos en un hospital, el poeta de su bronquitis crónica y sus problemas de corazón y su madre de ese desgaste brutal. Pero no pueden con su alma. Llevan tres o cuatro noches sin dormir, son incapaces de continuar. Además, Machado se resiste hasta el último momento a abandonar España. Así lo dejó escrito: "Cuando pienso en un posible destierro, en otra tierra, que no sea esta atormentada de España, mi corazón se turba y conturba de pesadumbre. Tengo la certeza de que el extranjero sería para mí la muerte". Dos años antes decía "soy viejo y estoy enfermo porque paso de los 60, que son muchos años para un español".

El dia del entierro en el domicilio del poeta: Casa Quintana

Tampoco quiso Antonio Machado  -aunque tuvo oportunidad según Corpus Barga de aceptar un ofrecimiento de José Bergamín-  irse a París. Le evocaba un mal recuerdo: allí contrajo su amada Leonor la tuberculosis que la llevaría a la tumba. Se había casado con ella cuando apenas tenía 15 años y él 34 y su muerte le sumió en una absoluta depresión. Es entonces cuando Machado solicita su traslado a Baeza (Jaén), donde vivirá con su madre dedicado a la enseñanza. Con el estallido de la guerra civil se traslada a Valencia.

Allí estaba la Murga 

En abril de 1938 Machado llega con sus familiares a Barcelona y se instalan un mes, bajo la protección del subsecretario del Ministerio de Instrucción Pública, Wenceslao Roces, en el hotel Majestic de Paseo de Gracia. De ahí van a la Torre Castanyer, en el número 21 de Paseo Sant Gervasi.



Poco antes -el 27 de marzo de 1938- el poeta había iniciado su colaboración con La Vanguardia, un conjunto de 24 artículos (14 de ellos bajo el lema "Desde el mirador de la guerra"). El gran maestro -absurdamente será expulsado post mórtem del cuerpo de catedráticos de Instituto-  publica allí el último artículo de su vida el 6 de enero de 1939.

A principios de 1939 se inician, desde Barcelona, los preparativos para la expedición hacia la frontera y el 22 de enero, a las tres de la madrugada, forman la comitiva con coches y ambulancias militares facilitadas por el doctor José Puche, director general de Sanidad. Además de la familia Machado están los hermanos Joaquim y Josep Xirau Palau. Se alojan primero en la señorial masía Can Santamaría, a diez kilómetros de Girona, donde el poeta llega en tan malas condiciones que se desmaya. Royo Gómez le fotografía en el jardín de la casa, abatido, demacrado. Cae Barcelona. El día 26 prosiguen.

La comitiva del entierro

Llegan a Mas Faixat, donde se les une un tercer grupo de intelectuales entre los que figuran Josep Pous i Pagès, presidente de la Institució de les Lletres Catalanes, el poeta Carles Riba -le regala un poema a Machado- y Corpus Barga. El camino tortuoso -Armentera, Sant Pere Pescador, El Port de la Selva, Llançà, etcétera...- resulta extenuante para todos. A medio kilómetro del límite con la frontera les advierten de que ese tramo sólo puede hacerse a pie y así es como lo recorren, bajo la lluvia, Machado y su madre.

Varias veces tuvo que pedir ayuda Corpus Barga. En una ocasión presenta al poeta "como lo que sería Paul Valéry para un francés" y logra, a cambio, una estufa de leña; en Cervera les dejan un vagón vacío en vía muerta donde madre e hijo pasarán la noche a oscuras y sin calefacción. Machado llega a preguntarle a Carles Riba si sabe dónde puede empeñar un reloj para conseguir algo de moneda francesa.

Soldados republicanos porteando al poeta a su última morada 

Una vez en el hotel de Colliure el ánimo no mejora y él sigue por prensa y radio las noticias de la guerra. En el comedor prefiere comer en una mesa apartada para que no le molesten. José Machado recordaría cómo, días antes de su muerte, salen a pasear. Antonio, entre rachas de viento, le dice señalando las humildes casitas de pescadores: "Quien pudiera vivir ahí, tras una de esas ventanas, libre ya...".

"Los últimos cuatro días de Machado fueron agitados con momentos de conciencia y otros de delirio, en los que repetía: 'Adiós, madre; adiós, madre'", explica Febrés. A su lado, en otra cama, separados por una delgada tela, su madre en estado semicomatoso, agonizaba como él. El médico confirma que, a causa de su neumonía, nada pueden hacer.

La última casa del poeta: Casa Quintana

Finalmente, el día 22 de febrero, miércoles de ceniza, cerca de las cuatro de la tarde, fallece Antonio Machado en el hotel Bougnol-Quintana. Tiene 64 años. A la familia les ofrecen una habitación contigua para que puedan velarle sin que la madre se dé cuenta pero ella, entre delirios, abre los ojos y pregunta por Antonio. Le cuentan que se lo han llevado a un sanatorio para curarlo. Su madre llora y cierra los ojos. Tres días más tarde -el 25 de febrero, a las 8 de la noche- morirá en esa misma cama; su cuerpo será inhumado en un lugar reservado a los pobres del mismo cementerio, a una calle del hotel.

Su tumba: Siempre muy visitada en todo el año

Amortajan su cuerpo sólo con una sábana, luego fotografían su cadáver cubierto con la bandera republicana que, aquella misma noche, ha cosido Julieta Figueres. El entierro, civil, cuenta con representación de refugiados y autoridades republicanas y el féretro es llevado a hombros por seis soldados republicanos uniformados. Llegan tres coronas de flores: una del Gobierno, otra de la embajada en París y otra del Centre Español de Perpinyà. El elogio fúnebre corre a cargo de Zugazagoitia, compañero de Machado en La Vanguardia durante la guerra que será fusilado al año siguiente en otra tapia de cementerio, en Madrid.

Un día después del entierro llega a Colliure una carta a nombre de Antonio Machado ofreciéndole un lugar de lector en la universidad de Cambridge. Su hermano José les responde amablemente: "Lo enterramos ayer en este sencillo pueblecito de pescadores en un sencillo cementerio cerca del mar. Allí esperará hasta que una humanidad menos bárbara y cruel le permita volver a sus tierras castellanas que tanto amó". En un bolsillo del abrigo de Antonio, su hermano encuentra un papel arrugado con tres anotaciones: "Ser o no ser...", una cuarteta a Guiomar y un verso alejandrino, el último de su vida: "Estos días azules y este sol de la infancia...".

Aguantando la gélida y húmeda tramontana en Colliure

Nota.- Este relato está basado en distintos artículos de prensa nacional con motivo del 75º anniversaario de la muerte del poeta.


NITO

domingo, 15 de febrero de 2015

PUCHERICO DE TRIGO CON HINOJOS


Sin lugar a dudas, unos de los meses más fríos del año es febrero, pero si aparte hablamos de pueblos serranos de Granada, la temperatura puede llegar a congelar los termómetros. Hablar de Dílar, Güéjar Sierra, Pinos Genil,  Huétor de Santillán…, es hablar de frío en invierno y buenas nevadas y es que hablamos de pueblos, a  mil metros de altitud en las faldas de Sierra Nevada.



Receta, nostalgia y pervivencia  de los viejos potajes.-

Los lugareños de nuestros pueblos serranos, sabios y curtidos ante lo que el tiempo les depara, han sabido elaborar comidas para meter el cuerpo en calor y dotarlos de la energía necesaria.
Aquellos guisos se ponían a cocer toda la mañana y al fuego del carbón o el hogar. Su sabor era puro sobrio, como las viejas cocinas  de nuestra infancia que olían a aderezos, a chacina colgada, a puro campo.
Uno de los platos más tradicionales  de estos parajes es el Pucherico de Hinojos (con sus variantes propias y de la disponibilidad de la despensa),  platos calientes elaborados con materia del lugar, que a día de hoy se siguen cocinando y también se pueden degustar en los diferentes restaurantes del pueblo.
El Pucherico de Hinojos, elaborado en los ‘rincones’ o chimeneas de las casas, se convertía en la principal comida del día, tomándose como almuerzo o cena. Su principal ingrediente es el hinojo, pudiéndose acompañar con otras hierbas como las teticas de vaca o moquitos de vieja, además de trigo raspado y la pringue.
En el Ayuntamiento de Dílar, por ejemplo, se ha encargado de que estas comidas persistan en las nuevas generaciones y se trasmitan también a los visitantes del municipio. Para ello, en diferentes fuentes del pueblo (y en bellos mosaicos), se pueden leer las distintas recetas, sin obviar que todas estas comidas no sabrían igual si no se le añade el agua que emana de sus fuentes.



La receta del pucherico en esta variante es como sigue:

Ingredientes:
300 gramos de trigo limpio
150 gramos de garbanzos (dejados en remojo la noche anterior
250 gramos de magro de cerdo
100 gramos de tocino salado
100 gramos de casquería (oreja, rabo, espinazo)
500 gramos de morcilla de cebolla.
100 gramos de patatas
Azafrán en hebras
Un puñado de Hinojo fresco
Sal
Agua


Preparación:
Humedecemos el trigo y después lo majamos en un mortero de madera para quitarle la cascarilla (o lo compramos ya limpio y sin piel).
Lo lavamos bien. En una olla ponemos a cocer el trigo, los garbanzos, los hinojos (picados en rodajas finas), el tocino, la oreja, las manitas, y la carne magra de cerdo.
Dejamos que se haga todo, a fuego lento, durante 2 horas.
Mientras cortamos las patatas en trocitos.
Al cabo de ese tiempo añadimos a la olla, la morcilla, el azafrán, sal y las patatas.
Cuando estén cocidas estas patatas (20 minutos aproximadamente) retiramos la olla del fuego y dejamos reposar una media hora antes de servir.

Por supuesto, acompañado todo con el vino mosto de la tierra, que es excelente.


La poesía en estos potajes también existe.-

1/ Versión: Empedrado con judías y papas (Tomado de “El Alcázar de Venus”)

Se dice que el empedrado
es menester de albañiles,
más si se atreve el lector
con lo que ahora aquí sigue,
se encontrará satisfecho
una vez que bien lo guise,
ya que judías y papas,
junto a otros perejiles,
es el plato que en los cielos
prefieren los querubines;
y los pobres que habitamos
en estos tristes confines
también lo saboreamos
si el cuerpo nos lo permite.


2/  Versión:    “Cocina andaluza para recitar” de Jósé A. Castillo:

SONETO

Paso previo: Remoja la legumbre
por la noche con sal y agua templada.
Pon en aceite virgen, troceada,
la mezcla de hortalizas en la lumbre.

Salpimienta: no tengas pesadumbre
de ponerle azafrán. Despepitada,
la pulpa de la ñora va mezclada
con el frito, cual dicta la costumbre.

Añade el agua, las legumbres
y el chorizo; con muy lenta cochura
déjalo hacer según se te aconseja.

¡Proteinas del pobre, tan sabrosas!
paladar de la infancia que perdura,
el garbanzo, la alubia y la lenteja.



NITO



Nota: Todas las fotos están tomadas de Internet


sábado, 31 de enero de 2015

TRAGEDIA EN LOS PEÑONES DE SAN FRANCISCO

Una Iberavia  española luce en La Ferté Alé (Paris)

Cuando se van a cumplir casi  los cincuenta años de aquel trágico suceso que paralizó a la sociedad granadina y que liga el extraño destino de algunos aviones a Sierra Nevada, La Murga quiere rendir un tributo inolvidable al que fuera uno de los más destacados deportistas, pionero del esquí granadino y entusiasta de la aviación: Demetrio Spínola Ortega.

 Nos narra Michel Lozares Sánchez en su libro “Los aviones de Sierra Nevada” que el día 6 de marzo de 1966, la avioneta Iberavia AISA  I-11B con matrícula L.8C-69 despegó, para efectuar un vuelo local, de la Base de Armilla a las 13:00 horas.
A los mandos se encontraba Demetrio Spínola Ortega, que llevaba como pasajero a Antonio Molinero. Era la segunda vez en aquella jornada  que el señor Spínola se ponía a los mandos de esta avioneta.

Iberavia AISA mostrando su liviana construcción: Madera y tela

Tras la salida, la avioneta puso rumbo a la sierra. El día aparecía claro en casi toda la zona de vuelo, con algunos cúmulos a 2.500 metros y bancos de niebla en los valles.
Tras alcanzar la zona de las pistas de esquí, la avioneta estuvo sobrevolando la estación, realizando repetidas veces vuelo rasante –pasadas- sobre los paradores y pistas. Se dio la circunstancia  de que entre los numerosos esquiadores que se encontraban en la zona, estaban los hijos del señor Spínola. Su padre los saludada desde la avioneta y ellos le correspondían, pues sabían de quién se trataba.
Entre las 13:45 y 14:00 horas, a la salida de una pasada, la AISSA se metió en un banco de niebla muy próximo al terreno, seguramente el piloto no se dio cuenta o no lo pudo evitar; acto seguido se escuchó un fuerte golpe. La avioneta se había estrellado frontal y violentamente contra los Peñones de San Francisco. A escasos 600 metros del Albergue Universitario y a 2.500 metros de altura.


Otro ejemplar recién salido de la fábrica aún sin matrícula

Sus dos tripulantes murieron en el acto. El señor Spínola contaba con 675 horas de vuelo (212 de las cuales en el modelo de avioneta accidentada). Se da la circunstancia  de que años antes de este accidente mortal, el 7 de abril de 1959, tuvo que realizar un aterrizaje de emergencia en Salobreña cuando pilotaba la avioneta Bücker  BU-131.
Aparte de su gran afición a la aviación, el señor Spínola  fue un conocido montañero y esquiador, pionero de Sierra Nevada y socio fundador de la Sociedad Sierra Nevada.
Grupos de montañeros en colaboración con la Guardia Civil y soldados del Servicio de Enlace Radiofónico se dirigieron inmediatamente al lugar del accidente, donde realizaron los trabajos de rescate de las víctimas.


La causa del accidente,  y según el informe de investigación del  mismo (Archivo General e Histórico del Ejército del Aire. Exp. 1102/23), firmado por el coronel Fernando Querol Müller, de la Base Aérea de Granada, quedaron bien claras:
“Es parecer del Jefe que suscribe, que el accidente se produjo como consecuencia de la infracción, por parte del piloto, del Reglamento de Disciplina de Vuelo, al efectuar repetidas pasadas en vuelo rasante en el lugar de la Sierra que sobrevolaba , metiéndose en niebla cuando ejecutaba una de ellas que le produjo la falta de visibilidad que le impidió ver los Peñones de San Francisco, contra los que se estrelló”.

Los restos de la avioneta son recogidos por montañeros
La avioneta
Fue construida por AISSA (Aeronáutica Industrial, S.A.) en sus talleres de Carabanchel (Madrid). Su número de fábrica era el 154.
Causó alta en el ejército del Aire el 7 de Junio de 1957 y recibió la matrícula  L.8C-69
Aunque  en el, momento del accidente había sido cedida  por EdA al RACE –en total se le cedieron110 avionetas de este modelo-, aún no había recibido ninguna matrícula civil.
Había realizado un total de 1.250 horas y 35 minutos de vuelo, y desde la última revisión (IRAN) 47:20 h. El motor tenía, en total, 73:53 h. de funcionamiento.

Comunicado oficial a  la Subsecretaría de Aviación Civil

Con anterioridad, el 3 de Octubre de 1958 había sufrido otro accidente, aunque esta vez con más suerte. Por entonces estaba destinada en Torrejón de Ardoz. Tuvo que realizar una toma de emergencia en el lecho de río Andarax, en terrenos de Gádor (Almería), con mala meteorología  y ya aproximándose la noche, porque el piloto (sargento Víctor Manuel Álvarez Gálvez) se despistó y se perdió. Estaba haciendo prácticas de navegación en viaje de Torrejón a Albacete y Sevilla y regreso. Llevaba como pasajero al sargento armero Miguel Simón García. Los tripulantes resultaron ilesos y los daños del avión fueron mínimos.

  
Granada y Huétor de Santillán dedican sendas calles a su memoria

Especificaciones técnicas
Tipo: Entrenamiento y enlace.
Planta motriz: Un motor Continental C-90
Velocidad máxima: 188 k/h
Autonomía: 650 k.
Envergadura: 9,34 m.
Longitud: 6,47 m.


Los Peñones de San Francisco 

El lugar del accidente
Como se ha mencionado, la L.8C-69 se estrelló a escasos metros del Albergue Universitario, contra las rocas de los Peñones de San Francisco próximos al collado que separa aquel albergue y el actual Albergue Militar, y en la vertiente que da cara a la Hoya de la Mora. Por tan solo 3 metros de altura, la avioneta habría salvado las rocas. Las coordenadas  del lugar son: N 37º 06´ 04´´, W 3º 22´53´´.
Los restos de aparato fueron recuperados manualmente, y en la actualidad, de existir algún vestigio del mismo, su identificación se hace francamente difícil, debido a la gran cantidad de desechos que, lamentablemente, se encuentran en esta zona.



NITO

miércoles, 14 de enero de 2015

LA POSADA DE LAS IMÁGENES



La Posada de las Imágenes, adosada al antiguo Hotel Victoria

"Cambia la ciudad sin que los ciudadanos nos demos cabal cuenta de ello".

Lo decía Marino Antequera en IDEAL allá por el año 1955 refiriéndose al decreto del Ayuntamiento de la demolición, por ruinoso, del viejo edificio que acogía la posada de las Tablas, el único inmueble antiguo que quedaba en la Trinidad. Precisamente el año que nació el cronista, 1897, el solar que había ocupado el antiguo convento de Trinitarios Descalzos fue declarado de utilidad pública y sobre él se construyó la plaza. Esa zona había cambiado mucho en poco tiempo. La calle Tablas, que empezaba al final de Mesones y terminaba en las afueras, donde el Palacio del Conde de Luque, era una vía muy transitada. La mayoría de las casas de la calle eran antiguas viviendas solariegas "...con escudo heráldico en la fachada, portal empedrado, portón de clavos dorados, amplios patios y pilar con dos caños de agua corriente y hornacina con imagen", según la describe Eduardo Hernández Gómez en el artículo "De la Granada que fue", publicado en IDEAL el 14 de abril de 1948.

                   
Posada del Sol

Viajeros del siglo XIX
Precisamente, de posadas y hornacinas, quisiéramos tratar hoy. Construidas en puntos estratégicos de la ciudad, atendían al tráfico de viajeros y primeros turistas, "con la obligada baraúnda de recuas, arrieros, carreteros y trajinantes de toda laya", como la definía don Marino.
Miguel Lafuente y Alcántara, en su "Libro del Viajero en Granada", una completa "Guía del Trotamundos" para el turista de 1843, describe muy bien cómo eran los tipos de hospedaje que podía elegir el visitante del siglo XIX en la capital.

El enclave de la Posada de las Imágenes

Lafuente aconsejaba a todo viajero con recursos alojarse en fondas, que eran muy cómodas y solían estar bien atendidas. Para él, la mejor era la fonda Minerva, parada de la compañía de Diligencias generales, que estaba en la placeta de los Lobos.
La Antigua en la plaza de Bailén, parador de Diligencias peninsulares, también era de buena calidad, seguida por la del Campillo.
Otras fondas conocidas eran las del Suizo, en la esquina de la calle Milagro, la de San Francisco, en la Alhambra, o la de San Fernando, en la plaza del Matadero Viejo.

El viajero que contaba con menos recursos solía acomodarse en casas de huéspedes, que acogían a estudiantes, militares o a familias de los pueblos de alrededor que venían a pasar las fiestas del Corpus o Semana Santa a la capital.

Antaño

Las típicas posadas
Si definitivamente estaba en las últimas, entonces, y solo entonces, la posada era una buena opción. Lafuente escribe que entre su clientela se encontraban "carromateros, arrieros, soldados, personas desacomodadas, aunque laboriosas y útiles", capaces de tolerar el calor sofocante del verano y el frío glacial en el invierno: "Insectos, desapacible ruido y disonantes palabras en todas las estaciones". Y advierte: "Es triste, pero necesario decirlo: por muchas y muy gratas ilusiones que el forastero conciba al visitar la ciudad, sus maravillosos monumentos y recorrer sus magníficos paseos, su permanencia en una posada contribuirá mucho a rebajar su entusiasmo".

 Hogaño  

En Granada había 35 posadas a finales del siglo XIX. Las mejores eran las de San Rafael, en la calle Matadero; la del Sol y la de Espada, en la placeta de la Alhóndiga; la de las Imágenes, popular por las hornacinas que decoraban su fachada, que estaba en Puerta Real; la de Patazas, demolida en la ampliación de la calle Recogidas; la del Pilar del Toro, en la calle Elvira; la del Triunfo, junto a la plaza de toros; la de las Angustias y la de la Estrella, en la calle Mesones.
Antequera recuerda que, si bien podían ser sitios no recomendables para dormir cómodamente, en ninguna pensión se comía tan bien y tan barato. "El almuerzo de ocho reales constaba de una sopa, un plato de huevos con jamón, un guisado, una menestra, una ensalada, dos postres una copa de aguardiente y pan y vino a discreción". En la posada de las Tablas no se servían almuerzos, pero sus clientes solían acudir a una casa de comidas que había en la calle Alhóndiga, conocida por sus raciones de choto al ajillo a dos reales.
Viejas estampas de una ciudad han desaparecido poco a poco.



Barrios Rozúa, en su "Guía de la Granada desaparecida", nos habla de esta singular posada:
"La casa de las Imágenes fue edificada en el siglo XVII en el punto de encuentro de la calle recogidas con el Darro. La ampliación del puente de la Paja en 1701, embrión del embovedado del río, causó algunos perjuicios  a la casa de las Imágenes, cuyo propietario se embarcó en un pleito. Sin embargo, a la larga, le beneficiaría, porque contribuyó a realzar la importancia del lugar. La creciente demanda de alojamiento en la zona impuso la reconversión de lo que hasta ese momento había sido una pastelería en posada. A partir de entonces sería residencia habitual de comediantes del Coliseo.

La Posada de las Imágenes, un sencillo ejemplo de arquitectura granadina, tenía tres cuerpos de alzada. En la planta baja  se abrían varias puertas de ancho vano sobre las que se ubicaban los espaciosos balcones del piso principal. En el tercer cuerpo los muros estaban rehundidos levemente y hacían sobresalir las pilastras. Las habitaciones se distribuían en torno a un patio.

Durante la primera mitad del siglo XIX la posada de las imágenes fue albergue de numerosos viajeros románticos que en algunos de sus relatos la citan. Los comentarios de los viajeros sobre la hostelería granadina son en general negativos por la poca calidad de sus servicios, y esta posada no es la excepción.
La construcción a su lado del moderno hotel Victoria marca la decadencia definitiva de la histórica posada. Pero lo que determinará su destrucción será el deseo municipal de ampliar aquel espacio urbano, ya que la posada provoca  un estrechamiento en la conexión  de la calle Recogidas  con la moderna calle Reyes Católicos. El Ayuntamiento entabla negociaciones  con el propietario en 1896 y el edificio es demolido poco después tras  la correspondiente indemnización. La parte de su solar que no se utilice para ensanchar la calle servirá para ampliar el hotel Victoria y dotarlo de la bella torre con cúpula que hoy tiene".


Hospedajes poco recomendables, sus paredes ocultaban historias de la picaresca local...

Otro testimonio imprescindible sobre el inmueble, nos lo presenta el cronista de la ciudad Juan Bustos en su "Laberinto de  Imágenes":  
"La posada de las Imágenes, -que podemos ver en la viejísima fotografía de Torres Molina, con el edificio frontero a la misma ocupado por el primitivo “Gran Hotel Victoria”-, fue durante mucho tiempo, en la Puerta Real, antes de la remodelación urbanística de este lugar, uno de los hospedajes más frecuentados de la ciudad. Miguel Lafuente Alcántara, en su “Libro del Viajero en Granada”, editado 1850, la menciona entre las mejores de su época. El autor no se andaba con rodeos y decía: “Aunque conocemos las incomodidades y lamentable atraso  de nuestras posadas, no podemos prescindir de recomendarlas a las personas de escasos medios; en ellas se observa una fidelidad a toda prueba, y se ofrece una económica, franca, aunque no muy elegante hospitalidad”. O sea, que nadie debía llamarse a engaño y pedir lo imposible.
Posada del Pilar del Toro

En la Granada de este cliché no había buenas posadas. Apenas media docena. Las restantes eran viejos caserones desprovistos de cualquier asomo de  de comodidad  en sus habitaciones. En bastantes de estas posadas no se daba comida alguna a los huéspedes; el local más bien servía para guardar carros y caballerías, a las que se les daba el pienso correspondiente. El cliente tenía que contentarse con las viandas propias que traían en sus alforjas, cuando no se iban a comer a cualquier bodegón de las cercanías.
En todos los patios de las posadas, aprovechando el arco de entrada al mismo, o el  medio punto de la puerta que conducía a las escaleras, había una imagen o varias, bien en su hornacina, bien en una tabla sustentada por unas palomillas clavadas a la pared. Las mujeres rezaban ante ellas en casos graves y, en todo momento, al pasar por delante, se santiguaban o se persignaban devotamente.
La “Posada de las Imágenes”, asentada en el edificio de tan fuerte sabor provinciano, sin duda fue hasta su final, digna heredera de aquellas posadas que cantaron Tirso, Calderón, Cervantes o Bretón de los Herreros. “Aquellas posadas donde se encerraban desde el más bueno al más malo, donde el más noble al más villano; donde el de arriba ocultaba su prosapia  para mejor cumplir su deseo, y donde el de abajo se crecía para dar más valimiento a su persona; donde el más sabio y el más necio compartían habitación.

Posada del Potro

NITO




BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA.-

Amanda Martínez
Juan Manuel Barrios Rozúa
Juan Bustos Rodríguez


miércoles, 31 de diciembre de 2014

UN RELOJ CON MALAFOLLÁ




Una Nochevieja con mala uva.

Repasando las efemérides granadinas, referentes a pasadas navidades, me encuentro con un texto que nos relata el Blog “Tras la Cámara” (Historias de un reportero), que no tienen desperdicio.
“Granada, Nochevieja de 1994, las campanadas de fin de año que Canal Sur TV retransmitía en directo desde la Plaza del Carmen para toda Andalucía no sonaron. Mientras,  a pocos kilómetros de allí, en la población alpujarreña de Bérchules un apagón había enojado a sus vecinos que se quedaron con las uvas en la mano. Ahora celebran el fin de año cada primer sábado de agosto.

El motivo de retransmitir las campanadas de fin de año desde Granada fue la elección de Sierra Nevada como sede de la Copa del Mundo de Esquí en 1995. La cadena fichó para la ocasión al cordobés Matías Prats padre, famoso por ser la voz del NO-DO así como por su comentarios taurinos y de partidos de fútbol. Para retransmitir el evento en directo se desplazó una unidad móvil de televisión con cinco cámaras, una la operaba yo desde un practicable situado frente a la fachada del ayuntamiento granadino. La gente, que llenaba la plaza, estaba muy animada, cargados con la parafernalia habitual. Algunos lucían pancartas alusivas a la Copa del Mundo de Esquí.

Cuando el reloj marcaba las doce y todos, con la uva de enero en la mano, esperábamos la primera campanada… ¡no sonó!  -Se hizo un plomizo silencio y la aguja pasó al otro año sin que nos hubiésemos comido uva alguna. El enfado en la plaza fue notable, y entonces, en la retransmisión televisiva, con su singular voz, grave y profunda, el ya octogenario Matías Prats sentenció: “El tiemmmpo se ha retrotraído en Granada…”
Muchos pensaron que la culpa de que no sonaran era de Canal Sur pero lo que sucedió fue que el encargado del reloj olvidó dejar conectado el sistema de audio y, claro, no sonaron. Desde entonces siempre que se retransmiten las campanadas de fin de año se graban previamente por si el del reloj tuvo un mal día. Pareció un mal augurio porque ese invierno las nevadas fueron tan inusualmente escasas en Sierra Nevada que se tuvo que suspender la Copa del Mundo de Esquí por falta del blanco elemento y se hubo de celebrar al año siguiente.



-oOo-

Un reloj con mafollá.

Más anecdótica y completa, si cabe,  es la versión que de este mismo suceso malafollesco granadino nos hace César Girón (Nuevas curiosidades granadinas):

“ …Al año siguiente le tocó el turno a la capital, a Granada. El relojero del ayuntamiento dejó sin campanadas, sin uvas y con cara de póker, a propios y extraños. Aquel año todo estaba preparado para que por primera vez Granada fuese la protagonista y sede de las campanadas oficiales de Andalucía, ¡Y lo fue…!
El reloj de la Plaza del Carmen se averió minutos antes de la media noche. Las doce campanadas no sonaron. Canal Sur Televisión había realizado todo un despliegue técnico y humano para retransmitir  las campanadas desde Granada, por primera vez, como un símbolo del año que comenzaba, que venía repleto de sucesos  para nuestra tierra, muy especialmente, el Mundial de Esquí que como después fue, tuvo que aplazarse por la falta de nieve hasta el año siguiente -1996- , y la partida del Rally París-Dakar que aquel año salió de granada por primera vez.


Aquel fatídico año de 1995, el más duro en términos de sequía que se recuerdan, comenzó con “el infortunio” municipal.
Miles de andaluces presenciaron desde sus receptores, “en vivo y en directo”, la imagen muda del reloj del Ayuntamiento de Granada, que además, iba con un minuto de adelanto. Y se quedaron, esperando, con las uvas en la mano. En la Plaza del Carmen, abarrotada de público, ocurrió otro tanto.
Paradójicamente, el ayuntamiento acababa de gastar 60.000 pesetas para revisar “minuciosamente” la maquinaria  del reloj que pese a todo, falló-



Todo estaba preparado.
“Todo está bajo control” parece que dijo un representante del entonces equipo de gobierno municipal que presidía el alcalde Quero Molina a preguntas, días después, de un representante de la oposición. Fue al alcalde a quién más disgustó el suceso, porque las arcas municipales en aquella época atravesaban un paupérrimo estado de liquidez. El país estaba saliendo de la profunda crisis económica repuntada en 1993 y el Ayuntamiento tuvo que habilitar días antes un crédito de 60.000 pesetas para revisar la maquinaria del reloj y asegurarse de la presencia del relojero en la plaza del Carmen durante la Nochevieja, que estuvo allí pero sólo justo un minuto antes de las doce. Como se ha dicho, las campanas no sonaron. No falló la maquinaria según se supo y se dijo días después.


El incidente provocó un profundo malestar político y ciudadano. “Granada hizo el ridículo en Nochevieja ante toda Andalucía” opinaron los representantes de las fuerzas políticas de la oposición. Pero el único ridículo lo hizo realmente el relojero, que dijo que “el reloj estaba perfecto. Sólo le desconecté las campanadas a partir de la medianoche para no alterar el sueño de los vecinos”.
Guillermo Soria en su viñeta de Ideal tildó al reloj de “Malafollá”, auténtica expresión lingüística granadina  que resume de un solo trazo el sentimiento de rabia, cabreo, sorpresa, absurdez, denuedo y soledad que un suceso como éste provoca en un momento tan puntual y esperado, que inesperadamente se ve alterado".


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Puntualizando,  y para terminar,  yo diría que el auténtico malafollá de aquella malhadada ocasión no fue el pobre reloj, sino su relojero y también –no lo olvidemos-  la malafollesca Primera Ley de Murphy: «Si algo puede salir mal, saldrá mal».

En cualquier caso, y al margen del capricho del destino, pensemos en positivo:

“Feliz quién ve sus horas en dorado presente”.



NITO