lunes, 1 de julio de 2013

CHARADA POR SAN JUAN



  SOL INVICTO DEO
Ni es una piedra telúrica de toque, ni son las fuentes mágicas, ni las aguas lustrales del Darro y del Genil, ni tan siquiera es el olivo sagrado del Aceituno...
Todos ellos, que duda cabe, son señales de pasados testimonios del rito al Padre Sol que en Granada se celebraban en el Solsticio del Verano. Era el triunfo de la Vida sobre la Muerte. Era el triunfo de la Luz sobre las Tinieblas...

Pero yo tan sólo te preguntaré hoy:

/ -¿Sabes de la existencia de  una casa en Granada que nos recuerde los ritos exotéricos al invicto dios sol?¿ Con qué nombre ´"culto" se la conoce?

No es piedra mágica ni telúrica de toque


PRIMERA PISTA

Ritos mistéricos que al Padre Sol tienen por guía.
Por ellos pregunto. Asunto tuyo será el callar, roncear
o porfiar conmigo en fiera lid  en pos de la verdad.

Todo este embrollo gira sobe el solsticio de verano
y  todo sucede  en la pretendida noche de San Juan,
antes, mucho antes que de fenicios, romanos o moros.

Con el agua lustral del Darro ni un minuto pierdas
ni tampoco con el mágico Olivo del Cerro del Aceituno:
Sólo la casa  de Mitra, y no otra cosa, tu epicentro será.

-oOo-


SEGUNDA PISTA

Mitra, el Sol, era la  divinidad mayor de entre los persas.
Muchas leyendas y ritos se engendraron  en torno al Invicto.
Y ya ves, murguero, que éstas no faltan en nuestra tradición.

En Granada tuvo su casa, y que no sería la primera
de esa condición: La originaria otro nombre además tenía
y otra es su ubicación. Por ésta, más tarde te preguntaré yo.

Pero ¡asómbrate amigo lector! : En esta tierra garbancera,
la morada de Mitra (ya sabes: chuminás de la gente culta),
en Granada por la casa de Muebles Bonal se la conoció.

-oOo-


TERCERA PISTA


Con esto  y poco a poco, el enigma vamos solucionando:
Sabemos que la casa está ubicada en la Carrera del Darro.
Que luce orgullosa arquitectura fingidora  de méritos negados.

Y que su nombre rimbombante es (y por muy pocos conocido),
como Casa de Mitra, ya sabes, el nombre griego del Sol Invicto,
por muchos muebles (aunque muy buenos) que Bonal vendiera.

Y no creas que con esto su larga historia hasta aquí solo llegó:
Se sospecha, empero, que  al secretísimo Gran Oriente amparó
y por ahora, al fin, en  lindo y coqueto hotel con encanto se quedó.

-oOo-

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PISTA FINAL


 Descubierto ya el enigma, se pide (y como a traición), que te juegues tu cuarto a espadas y sin temor ni vacilación averigües  el nombre de la segunda casa cuyos dibujos son precursores de los de la Casa de Mitra y los nexos que puedan existir entre ellas.
¡Ese será el final de la presente charada y ese será tu mérito…!


Maquinando estoy ahora como colofón, y por ello pido licencia,
para proponer a la docta audiencia otra oculta y artera premisa
que al principio desta charada nada contaba y luego se me ocurrió:

No son, pues, muy viejos estos dibujos, pero heredan la tradición
que les legara ¡Ay, válgame el Cielo!  otro hogar de noble estirpe 
cuyo nombre te pido sin reparos. Y ya me rindo sin condición.

Como creo haber sido descubierto por avispado lector con maña,
me atrevería a preguntar con saña, complicando más la cuestión,
¿qué nexos dirías tú que unirían a estas dos mansiones, por Dios?

-oOo-

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SINOPSIS A LA CHARADA.-

Y llegamos al final del cuento. Pocos los participantes y menos aún los acertantes, aunque éstos se han aproximado bastante.

Siempre me queda la duda de si será por las vacaciones, por el calor, o si será por lo endiabladamente enrevesado de las pistas dadas o, como me temo, el tema propuesto no tiene el suficiente interés para el personal.

Todo los enigmas e interrogantes propuestos en la charada, las encontrará el lector que leyere el siguiente artículo que publicaré y el que no lo leyere no será iluminado por Mitra, el Invicto Sol.
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 .
NITO




domingo, 9 de junio de 2013

CARMEN DEL NEGRO



Un portavoz del grupo municipal de la oposición, denunció ante la prensa hace unos días, el estado en el que se encuentra el Carmen del Negro, un inmueble municipal catalogado donde está previsto construir el archivo histórico. La obra del carmen, situado en la Cuesta del Chapiz, en el Albaicín, lleva parada casi cinco años.
Y es que el Ayuntamiento espera sin éxito que el Estado aporte la financiación que había prometido para el futuro Archivo Histórico (y la que fue casa de Juan Latino), tras décadas de abandono.
Los turistas que pasan por la cuesta del Chapiz, muy cerca del Palacio de los Córdovas  (y los autóctonos también), se paran extrañados ante reja de hierro tras la que pueden ver un arco árabe y un edificio con gran parte de sus estructuras derruidas. Es la casa en la que vivió en el siglo XVI, Juan de Sessa, conocido como Juan Latino, el primer catedrático de raza negra de la universidad española. Este inmueble catalogado, anexo a Los Córdovas, sufre un grave estado de abandono desde hace más de tres décadas sin que los proyectos de recuperación se hayan llevado a cabo.



El Ayuntamiento de Granada ha decidido poner fin a esa situación y, al menos, adecentar el espacio exterior y consolidar el inmueble para que no siga cayéndose. La concejala, Isabel Nieto, confirma que han incluido las obras en los presupuestos de la Gerencia de Urbanismo para el próximo año, «ya que no podemos seguir a la espera de que el Estado, que ya negó fondos para acometer esta restauración, nos mande el dinero que nos hace falta».

Que no sigan cayendo tejas, que las paredes no se vengan abajo y que la parte ajardinada, al menos, esté decente. La idea es que el inmueble del siglo XIV no de la mala imagen que ahora aporta a un espacio clave del Albaicín, junto a los Córdovas y el Centro de Estudios Árabes.

El Carmen del Negro es, además, el espacio donde el Ayuntamiento inició la construcción del Archivo histórico Municipal. Un proyecto que sigue coleando desde el 'tripartito' para albergar el patrimonio documental de la ciudad que, en su momento, tenía un coste de más de nueve millones de euros. Un proyecto que la primera corporación presidida por Torres Hurtado se encontró iniciado y sin terminar y para el que no había financiación alguna. Isabel Nieto, señala que «fue un proyecto que nacía sobredimensionado, ya que se le solicitó a un gran arquitecto, Feduchi, que no tuvo en cuenta el enorme coste que podría tener su idea de construir un gran búnker para el archivo municipal. El equipo del alcalde Moratalla tampoco tuvo la previsión de dotarlo económicamente».

La silueta de la Historia

Desde 2004, ya con Torres Hurtado como alcalde, se acometió la primera fase del Archivo Histórico, que costó tres millones de euros. Para la segunda parte, en la que se incluía el millón de euros que costaría arreglar el carmen, le pidieron al Ministerio de Economía que concediese fondos europeos, «pero fueron negados por el gobierno del señor Zapatero, por lo que no se pudo continuar con el proyecto, ni del archivo ni del carmen», dice Isabel Nieto.
Ahora, cuando la situación del carmen ha llegado a niveles insostenibles, el Ayuntamiento ha decidido aportar el dinero que sea necesario para adecentar y consolidar los exteriores de este espacio histórico del Albaicín. «No para restaurarlo, sino solo para que no se caiga aún más, porque no tenemos dinero para otra cosa», dice.


Pero, a todo esto, ¿quién fue Juan Latino…?
La Crónica histórica nos dice que fue un esclavo de raza negra, traído de la gran Etiopía, que llegó con su madre como esclavo a España siendo muy niño y fue comprado (entre 1518-20, aproximadamente) para la familia Fernández de Córdova, el Duque de Sessa y su hijo Gonzalo, que colocaron al negrito Juan como compañero, previamente bautizado tres o cuatro veces ―por si acaso, ¡era tan negro…!- Que creció Juan junto al futuro duque, como compañero y amigo, aunque esclavo.
Y tanto creció su conocimiento en la cultura latina clásica hasta el punto que, de llamarle Juan de Sessa (los esclavos tomaban el nombre de la Casa que los poseía) o Juan el Negro, empezaron a llamarle Juan Latino, y se ganó una justísima fama por sus conocimientos y progresos en esta lengua. Tanto subió su prestigio que finalmente consiguió ―a los treinta años― la manumisión y su libertad, a la vez que una dote y una esposa blanca, bella y de distinguida familia, por increíble que parezca.

La ruina en el vergel

Llegó a ser profesor de latín en la universidad creada por Carlos V, y catedrático de Gramática en el Colegio Cardenalicio. Amigo del arzobispo Pedro Guerrero, y del presidente de la Real Chancillería
Pedro de Deza, entre otros.  Sobre la fecha de su muerte también existe indeterminación. Sabemos que está enterrado en la iglesia granadina de Santa Ana y San Gil, y que un incendio ocurrido mucho después de su fallecimiento destruyó las actas de inhumación entre 1596 y 1599; al no haberse encontrado estos documentos en los archivos parroquiales, razonablemente puede suponerse su óbito entre tales fechas, a muy avanzada edad.
Lápida existente en la iglesia de Santa Ana.

Según cronistas como Diego Ximénez de Enciso (Sevilla, 1585-1633), tenía Juan de Sessa “más de noventa años” cuando vivía retirado de la vida pública por causa de una enfermedad de la vista, posiblemente cataratas que le causaron completa ceguera. Puede afirmarse sin embargo –y es lo verdaderamente interesante –, que Juan de Sessa vivió y fue testigo excepcional del siglo XVI en Granada, una época decisiva en la historia de la ciudad. Todo esto fue, y es, meollo histórico de Granada.

No hay fecha que no llegue ni plazo que no se cumpla.

NITO

sábado, 25 de mayo de 2013

EL SAVOIA DE LOS BLANCARES


El bombardero Savoia SM-79 "Sparviero"

Retomamos hoy el tema de aquellos aviones que tuvieron su trágico destino final ligados para siempre, y en íntima comunión, con las duras rocas metamórficas de nuestra Sierra Nevada, la Yabal Sylary árabe, cuya narración ya iniciamos en este Blog el 7 de Julio de 2012.
Aquel desgraciado accidente, que  causó honda consternación en Granada, pues sus víctimas –sus cuatro tripulantes- y el propio avión pertenecían al Aeródromo de Armilla, fue más popularmente conocido en los medios aeronáuticos granadinos con el nombre de “El Sparviero de Tocón de Quéntar”.



Historia del vuelo.-
“El sábado, 27 de septiembre de 1952, sobre las 08´00 horas, despegó de la base Aérea de Armilla el SM-79 (un bombardero trimotor Savoia), con destino a Palma de Mallorca. Su tripulación estaba integrada por el segundo piloto, capitán Pedro Luque de Pablos; el primer piloto, teniente Ernesto Bernal Garrido; mecánico, brigada Francisco Enamoneta Urtáriz y el radio telegrafista, Sargento Jesús Ruiz López.
Estaba programado que volase un quinto tripulante, el cabo fotógrafo Julián Escrivá, pero éste llegó tarde a la base, presentándose justo en el momento en que el avión se disponía a despegar y aun cuando intentó subir, no lo hizo por indicárselo así el Capitán Pedro Luque. A la postre, el no haberse despertado a tiempo ese día salvo su vida.

Un "Sparviero" sobrevuela La Alhambra

Al poco tiempo de emprender el vuelo y en la vertical del pueblo de la Peza, comunicaron por radio el mal funcionamiento del motor izquierdo y decidieron regresar a Armilla. Pocos minutos después, ya de vuelta, de nuevo se pusieron en contacto con la base comunicando que el motor central se había parado. Ya con estos fallos el aparato comenzó, irremediablemente, a perder altura rápidamente.
Los esfuerzos de la tripulación por mantener el aparato en vuelo y alcanzar Armilla resultaron baldíos, y el trimotor, tras rozar las copas de varios pinos, finalmente se llevó por delante uno de ellos cayendo en el paraje denominado Cañada del Vinagre, en las cercanías de la pedanía de Tocón de Quéntar. El accidente tuvo lugar a las 08:30 horas. Tras chocar contra los pinos perdió las alas, realizó un viraje completo y se estrelló contra el suelo comenzando a arder inmediatamente puesto que llevaba los depósitos de combustible completamente llenos. El aparato resultó totalmente destrozado y sus tripulantes perecieron en el acto.



Al no tener noticias del avión en la Base Aérea de Armilla, a las 09´00 horas se dio aviso a los puestos de la Guardia Civil de la zona, conociéndose al poco rato que el aparado había caído en el lugar anteriormente mencionado.
Una pareja de la Guardia Civil del puesto de Diezma observó como el aparato, despidiendo humo, daba la vuelta a la cultura de La Peza y descendía avanzando sobre el río de La Gitana con dirección a Quéntar. Poco tiempo después pudieron observar una gran nube de humo”.
Hasta aquí el relato que nos hace Michel Lozares Sánchez en su libro “Los aviones de Sierra Nevada”.


Imagen del acto religioso que tuvo lugar en honor de la tripulación fallecida 


El avión.-
El Savoia-Marchetti S.M.79 “Sparviero” (Gavilán), fue el bombardero italiano más importante de la II Guerra Mundial. Este trimotor de sólida construcción y de particulares características lo convertirían en un gran avión bombardero/torpedero. Su prominente abultamiento dorsal fue el origen del apodo "il Gobbo maledetto" ("El maldito jorobado") debido a la ametralladora situada allí que dificultaba el ataque de los cazas enemigos. Más tarde recibió el apelativo oficial de Sparviero (Gavilán) . Fue un avión apreciado por sus tripulaciones y permaneció en servicio en la Fuerza Aérea Italiana hasta el año 1952.
Sus primeras armas las hizo en la Guerra civil española luchando en el bando de los nacionales.
Al finalizar la guerra el Ejército del Aire Español tenía operativos unos 80 SM-79 constituyendo la parte más importante del arma de bombardeo durante muchos años. Muchos de ellos estaban destinados en Armilla.



Características.-
Tipo de Avión: Bombardero rápido, reconocimiento y torpedero.
Fabricante: Società Anonima Costruzioni Aeronautiche Savoia
Diseño: Alessandro Marchetti
Designación del fabricante: SM-79 Sparviero.
Designación del Ejército del Aire Español: B-1.
Primer vuelo: 28 de septiembre de 1934
Introducido: Mayo de 1936
Entrada en servicio en España: 1937
Producción: 1936 – 1945 Unidades fabricadas: 1.330





Especificaciones técnicas.-
Tripulación: 6 (piloto, copiloto, ingeniero de vuelo/artillero, operador de radio, bombardero, artillero dorsal).
Longitud: 16,2 m.
Envergadura: 20,2 m.
Altura: 4,1 m.
Superficie alar: 61,7 m².
Peso vacío: 7.700 kg.
Peso cargado: 10.050 kg.
Planta motriz: 3 Motores Radiales Alfa Romeo 128-RC18 con 860 cv. de potencia unitaria.

Visitando el monolito en 2013



NITO

lunes, 15 de abril de 2013

LA CASA DE LA HORNACINA

Así, en este color tan albaicinero, la conocí yo

En la despoblada y solitaria plazuela de Conde, en el Albaicín, existe una única casa, de apariencia humilde, que adorna su vieja fachada con una gran hornacina, en la cual nunca faltan flores y luces en honor de la Santísima Trinidad.
Esta casa, que hasta no hace muchos años presentaba su fachada pintada al “fresco”, y en su interior conservaba valores artísticos que la avaricia de los cultos pillos convirtió en dinero, fue un antiguo y aristocrático palacete árabe. A raíz de la Reconquista, y al empezar a despoblarse el Albaicín, dicha casa fue comprada para retiro del viejo capitán D. Álvaro de Lope e Hinestrosa.
Este buen señor, carente de familia y achacoso de salud (gastada durante el cerco de la ciudad), hacía una vida misteriosa, pues jamás se le veía en la calle, a excepción de los domingos, que salía muy temprano a oír misa en la próxima parroquia de Santa Isabel de los Abades. Vivía completamente solo; una vieja dueña iba todas las mañanas, hacía el arreglo de la casa, y del mercado de Puerta Nueva le llevaba las viandas del consumo.
Así transcurrió el tiempo, hasta que cierto día llegó la dueña, y, en vista del silencio obtenido ante sus insistentes llamadas, dio aviso a la justicia, la cual se presentó provista de un cerrajero, y “abriendo la casa encontraron al capitán tendido en el lecho y sin vida…”
Fama tenía el difunto de riquezas, pero, como carecía de familia, la justicia se apoderó de la casa y, efectuado un minucioso registro sólo halló una pequeña cantidad, en monedas de oro, conservada en el fondo de un arcón.
Dióse cristiana sepultura al pobre capitán, la justicia quedó en posesión de los bienes, y los vecinos tuvieron para murmurar durante muchos días.

Titiriteros en la plaza del Conde, del pintor Isidoro Marín Garés.

Largo tiempo estuvo la casa cerrada, hasta terminar los trámites judiciales consentidores de la venta en pública subasta; pero he aquí, que entre los vecinos de San Luis empezó a cundir la noticia de que en la casa había miedo, declarando, personas de cierta seriedad, haber sentido ruido de cadenas y lúgubres lamentos, asegurando que, a altas horas de la noche, un fantasma salía por los huecos de la casa…
La Real Chancillería ofreció la casa de forma gratuita a fin de desterrar el pánico
Ante tal leyenda se hizo imposible la venta del inmueble, y los señores de la Real Chancillería ofrecieron la casa para habitarla gratuitamente, a fin de desterrar el pánico que se había apoderado de los moradores del Albaicín; pero, a pesar de tal ofrecimiento, nadie se presentaba.

Por aquellos días fue nombrado alguacil un tal Cosme Corchuelos, el cual había prestado grandes servicios a la justicia y se le tenía por hombre de extraordinario valor. Enterarse Corchuelos de la fantástica leyenda y presentarse a los oidores, todo fue uno.
“Yo -dijo- me encargo de deshacer tal patraña. Esta misma noche me quedaré en la casa; que ronden sus alrededores unos cuantos corchetes y que acudan en caso de yo necesitarlos. Ya veremos si existe el fantasma”.
Acabadas de dar las diez de la noche y ante la admiración de seis corchetes que quedaron de ronda en la plazuela, el valiente Corchuelos se introdujo en la casa. La noche transcurrió sin novedad y, en vista de que el sol doraba ya los altos miradores y el alguacil no daba señales de vida, la ronda decidió registrar la casa. Con la animación que da la luz del día, penetraron en el edificio, registrándolo todo, y, después de grandes esfuerzos, encontraron a Corchuelos, que estaba completamente oculto y a punto de asfixiarse entre las mantas del lecho.
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Momentos después, en el cuerpo de guardia de la casa de los Medallones, en la Plaza Larga, y tras de apurar un trago de aguardiente, Cosme explicó:
“Yo jamás he sido cobarde y he creído siempre que los trasgos y fantasmas son hijos de la fantasía de ruines y miedosos; pero, ¡por mi fe!, os juro que en esta ocasión creo en las almas en pena y en los aparecidos… El que dude de los que voy a decir, que se preste a la prueba. Cuando penetré en la casa, provisto de mi linterna, recorrí sus habitaciones y cerré cuidadosamente los pestillos de sus puertas; me introduje en la alcoba, cuyo balcón da vista a la placeta, y lo entreabrí para poder avisaros con prontitud; me tendí en la cama y esperé … El sueño se apoderó de mi; no sé cuánto dormí; lo que sí os puedo asegurar es que desperté sobresaltado; estaba completamente a oscuras; intenté incorporarme para asomarme al balcón, pero sin saber por qué, un miedo pavoroso se apoderó de mi y no tuve alientos para levantarme … Acababa de sentir un golpe seco en el corredor … Conteniendo hasta la respiración, oí, clara y distintamente, unos pasos que se acercaban, siguieron por la sala y los sentí perderse por la escalera … Un sudor frío inundó mi rostro, y, antes de dar tiempo a reponerme y llamar, volví a sentir los pasos subir por la escalera, haciéndola temblar, pasar el corredor y penetrar en la sala … No había duda de que era un ser invisible, puesto que no necesitó abrir para entrar; pero mi terror llegó al colmo cuando oí los pasos penetrar en la alcoba, y, al débil rayo de luna que entraba por la rendija del balcón, deslumbró mis ojos una figura blanca y transparente … Quise gritar y preguntarle quién era y qué quería; mas mi lengua enmudeció y creo que perdí el conocimiento, pues no recuerdo más hasta que llegasteis por mi …”.
Cuando terminó su relato el alguacil, gotas de sudor humedecían sus sienes y la palidez de la muerte se reflejaba en su semblante.
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Después del testimonio dado por Corchuelos, no quedó duda de que un gran misterio existía en la casa; y a tal extremo llegó este asunto, que, enterados los familiares del Santo Oficio, con la astucia que los caracterizaba, acordaron dar una batida en determinada noche y averiguar lo que de cierto hubiese.
La campana mayor de la Colegiata del Salvador tañó a las ánimas. Ante la fachada de una casona, en cuya hornacina se adivinaba la Faz de un Cristo, un farol agonizante apenas producía un punto de luz, balanceándose a impulsos del viento, que silbaba entre las viejas murallas de la Cadima. A este tiempo abrióse, silenciosa, la puerta de la casona, y entre las sombras fueron apareciendo hasta trece bultos negros, algunos de los cuales, y a impulsos del aire, dejaba asomar, entre los pliegues de la capa, una linterna… Tan fantástica comitiva cruzó la Plaza Larga, subió por la calle del Agua a la placeta de los Muñoces, torciendo hacia las Tres Estrellas e, internándose en el angosto callejón del Blanqueo Viejo, desembocó en la plazuela del Conde.
Detúvose el grupo un momento ante la deshabitada casa, y, a una señal convenida, acercáronse los trece hombres a la puerta y descubrieron las linternas para introducir la llave; pero cuál no sería el asombro de todos, al encontrarla abierta.
Algo de terror se apoderó de los esbirros, dudando todos sobre cuál había de entrar el primero; y con la muda comprensión de lo que no queremos demostrar, penetraron todos a un tiempo. Una vez en el patio y ocultas las linternas, aguardaron silenciosos, replegados en la sombra profunda del senador (sic). Más de dos horas transcurrieron sin que se oyera el menor ruido… A poco, el aire trajo hasta ellos las graves campanadas de San Salvador y los alocados repiques de las Tomasas. Eran las doce de la noche… El silencio, profundo…
Los corchetes contenían hasta la respiración, no sabemos si de miedo o por temor a que el fantasma se espantara… En vista de que el tiempo transcurría y dudando de la veracidad de la leyenda, uno de los bultos se acercó al que parecía ser el jefe, y le dijo: “Señor Corchuelos, yo creo que cuanto vos contasteis fue hijo de vuestro miedo o lo concebisteis bajo el influjo del vino… Al amanecer daréis cuenta de vuestras patrañas ante el Santo Tribunal…”
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El familiar que así hablaba, no pudo terminar; un ruido subterráneo se dejó oír, al par que una blanca silueta se dibujó en el hueco de una ignorada puerta al fondo de la galería… Imposible es describir la confusión que se formó. El primer intento de los corchetes fue huir, y hasta hubo alguno que, lleno de pavor, se lanzó a la calle, dando voces de “¡Favor, en nombre del Rey!”, escandalizando a los vecinos, quienes, en vez de acudir, se acurrucaron entre las ropas del lecho. Mientras tanto, otros, más animosos, avanzaron sobre el fantasma, que, hallándose sorprendido y no teniendo tiempo de huir, recibió la furiosa cometida de las espadas de los esbirros… Un grito de muerte resonó y el fantasma cayó sin vida al suelo.
El encantamiento de la casa quedó deshecho; descubierto el fantasma, resultó ser un pillo llamado Mascafierro, que tenía cuentas pendientes con la justicia, y antes de morir declaró que servía a cierto señor magistrado, prestándose a hacer el papel de fantasma mientras aquél sostenía pláticas amorosas con cierta linajuda dama que habitaba la finca colindante y por la cual comunicaba la secreta puerta de la galería del patio.
El Santo Tribunal echó tierra al asunto del magistrado y, para dar satisfacción al pueblo, quemó el cadáver de Mascafierro.
Tal fue el desenlace que dio al asunto, aquel Tribunal, cuyo fanatismo cubrió de humeantes restos humanos media Europa.
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Todavía, en los tiempos en que fue puesta la hornacina (Un mosaico policromado que sirve de remate a la ornamentación de la hornacina, dice: “Alabada sea la Stma. Trinidad.- Ave María Gratia Plena.- Casa núm. 4. Año 1778″), Granada era rica y poderosa. Sus tejidos y sus sedas eran estimados en todas partes, y el corazón era el Albaicín, ese viejo barrio, hundido hoy y entregado a gentes extrañas e incultas que siguen encizañándose en sus ruinas, sin saber que es la antigua jurisdicción que guarda “un poema sagrado por los siglos y las generaciones”.

En estos últimos años, antes de llegar a la completa transformación, en la Casa de la Hornacina hubo establecida una fábrica de sombreros para sacerdotes, cuando la industria principal de Granada era la de sombrerería, de la cual existían muchas fábricas, a cuyo amparo vivían infinidad de familias. El gremio de sombrereros fue, hasta hace pocos años, el más importante de la ciudad.
Tal es la verídica historia de la “Casa de la Hornacina”, única que existe en la antes populosa plazuela del Conde.

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Este artículo fue publicado originalmente en la revista “Granada Gráfica” y en “Chirimías” (boletín informativo de la asociación Granada Histórica y Cultural).

NITO

viernes, 29 de marzo de 2013

LA MUERTE DE “LA MORENA”



¡Qué cosas tiene esta Graná de mis entretelas…!
Era un diciembre pelón, con sus gentes desnutridas quitándose el hambre y el frio a tortazos y sin embargo, la poesía brincando entre las piteras del Sacromonte. Granada, creyéndose ombligo del mundo, asistió a un debate periodístico sobre la dimensión histórica del pobre jumento de don Andrés Manjón”.
En diciembre de 1934 se producía la fatal noticia que pronto corría, de boca en boca, por todas partes: ¡“La Morena” había muerto...! Sí, la burra de don Andrés, el fundador de la institución Avemariana, había fallecido. Granada, nuestra ciudad, singular en tantos aspectos, se conmocionaba y a diferencia de lo que habría sido normal en cualquier parte del mundo, abrió un debate que alcanzó a los medios de comunicación locales, sobre todo si “la Morena” merecía el pedestal de la fama y la celebración de unos funerales por haber sido peana y prolongación de la proclamada santidad del fundador manjoniano.



Lo cierto y verdad es que todo se condujo a la mesura. Como sus otras antecesoras, “la Morena” fue enterrada sin los honores pretendidos por algunos en la cueva del camino de las escuelas donde tuvo su habitual morada. Sin embargo, no faltaron voces que alabaran su animalesca figura o su contribución a la causa del fundador. Incluso las más enfervorizadas por el recuerdo, llegaron a compararla con Babieca, Bucéfalo o Rocinante, siendo su fama disipada, no por falta de méritos, sino por lo inapropiado del nombre, auténtico obstáculo para ser elevada al altar de la gloria equina. ¡Mira que llamarse Morena…!

En estos días tan cercanos a la celebración de la festividad de San Cecilio y de la institución sacromontana, con la que tan ligada está la figura de Manjón y de su caballería, daremos algunas de las más curiosas notas que se dijeron en aquellos días de mediados de de la II República, en una ciudad como Granada, capaz de pedir un funeral para el jumento, nombrarla epígono histórico o elevarla al pedestal de la gloria académica.
Los más sinceros, y libre de toda sospecha, fueron los chiquillos, que la lloraron y la enterraron. Además holgaron, sin escuela, en señal de luto y sentimiento.
Acerca de la burra blanca, hay una divertida anécdota: Un día le preguntaron a Don Andrés por qué iba siempre montado en una burra blanca, a lo que él contesto: -Hijo, para que no digan que por ahí va el burro de Don Andrés.



Sin ánimo de ofender, el burro ha estado muy unido a la ciudad de Granada. La especial orografía de la ciudad lo hacía imprescindible sobre todo en el Albaicín y el Sacromonte; era el animal típico de los habitantes de las cuevas gitanas; y muy frecuente entre los areneros del Genil y aguadores del Avellano. Era, en suma, el utilitario de entonces, incluso el taxi de algunos. Dicen que los componentes de la tertulia La Cuerda Granadina subían a la Alhambra como en procesión a lomos de burros. 



UNA BURRA EN LA UNIVERSIDAD
El burro granadino tiene también su bonita historia unida al Sacromonte. Sabemos que el prestigioso catedrático Don Andrés Manjón conservaba en las caballerizas del Ave María por lo menos cuatro jumentos: Purchila, Paloma, Longaniza y Morena, que es en la que bajaba a Granada. Cuenta él mismo que fue una de estas burras la primera en entrar en la Universidad. Dicho así, daría la impresión de que el obediente animal no sería tan burro o de que para entrar en tan prestigiosa institución no hay que ser muy listo.
Y es que resulta que, en un muy lluvioso día del mes de abril de 1900, era tal la cantidad de agua que caía que el Padre Manjón no quiso dejar su burra en la calle; optó por meterla en el recinto universitario y buscarle mejor cobijo.
Es la primera noticia que tengo de que la Universidad haya servido de protección a un burro. La primera, no la última. Aunque cuando murió la burra Morena por poco le levantan un monumento.



BIBLIOGRAFÍA.-

NOTAS DE LA PRENSA LOCAL DE LA ÉPOCA:
Granada Gráfica (Enero de 1935)
El Defensor de Granada (Enero de 1935)
Zirto, Ideal (Enero de 1935)

NITO

jueves, 14 de marzo de 2013

ANTONIO LÓPEZ SANCHO

Primer Concurso de Cante Jondo de la Alhambra.- Todo aquel que se preciara de ser álguien en Granada, debía "salir" y estar a tiro del lápiz de López Sancho. Son fácilmente reconocibles: Diego Bermúdez "El tío tenazas" (Cantaor); Ramón Montoya (Guitarrista); Pastora Pavón (Niña de los Peines); Andrés Segovia; José Ruiz Almodóvar; Ignacio Zuloaga; Manuel de Falla; Federico García Lorca; Hermenegildo Lanz; Santiago Rusiñol; Fernando de los Ríos; Ramón Carazo... 
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Fue un dibujante formidable y un artista cuya recia personalidad se prodigó en ricas y variadas manifestaciones. Más, por encima de todo, fue un granadino tan visceral y apasionado que rehuyó considerables mejoras en su vida profesional, con tal de no salir de la ciudad donde había nacido y donde quiso morir.
Se llamaba Antonio López Sancho. Eduardo Molina Fajardo lo definió como maestro del humorismo, “de un humorismo fino, sin concesiones a lo populachero, un humanismo perfecto, creador de sonrisas y no de carcajadas”.

La terraza del Campillo

Había nacido el 13 de noviembre de 1891 y con trece años recién cumplidos entró en las clases de la Escuela Superior de Bellas Artes y Artes Industriales de Granada –antecedente de la de Artes y Oficios-, donde aprendería de notables maestros como Larrocha, Sánchez Sola, Gómez Moreno o Isidro Marín.
Refiriéndose a los primeros dibujos de López Sancho en aquel periodo de aprendizaje, Marino Antequera dice que “de haber seguido por los caminos del arte puro hubiere sido uno de los más grandes dibujantes de todos los tiempos”. Pero López Sancho apostó decididamente por el campo del humor y de la ilustración, como se pudo observar orientando sus primeros pasos a colaborar en las revistas de la época.

Las viejas fiestas gremiales a orillas del Darro

En 1915, el joven artista se sintió lo suficientemente maduro, como para probar fortuna en Madrid, pero a poco se arrepiente de la aventura. Menos mal que, cuando ya estaba dispuesto a emprender el regreso, hambriento y derrotado, en la misma estación, a punto de tomar el tren, tiene un encuentro providencial: Alguien a quien recuerda vagamente y que -esto es lo importante- tiene relación familiar con el poderoso editor de cuentos Saturnino Calleja. “¡Precisamente está buscando un dibujante como tú! ¡Así que rompe ese billete y ven ahora mismo conmigo!”

El "Acuarium", uno de los últimos kioscos de agua en la Carrera del Genil

Así, de repente, López Sancho, se ve convertido en ilustrador de los cuentos y charadas de la célebre Editorial Calleja, lo que le convierte en un artista si no rico, por lo menos con ingresos regulares abundantes. Pero la añoranza de Granada acaba por hacerse irresistible y a ella regresa López Sancho, reduciendo un magnífico porvenir pero a gusto para siempre en la ciudad que amaba con un cariño sobrehumano.
A partir de entonces, desde la revista “Reflejos”, desde los salones del Centro Artístico, desde las Carocas del Corpus, los dibujos de Antonio López Sancho fueron las imágenes risueñas de una Granada amable y despreocupada, desahogada y vivaz.


“Llevaba siempre un lápiz dispuesto –dijo Molina Fajardo, su ya mentado biógrafo-, y más que hablar, con su charla parsimoniosa y sin prisa, dibujaba”.
La Granada que López Sancho amó siempre, una Granada de ferias y romerías, campanarios y tabernas, fuentes y crepúsculos increíbles, fue la que nos dejó este dibujante que acertó a captar con su lápiz el alma popular de la ciudad, con sus personajes y su ambiente. En línea de un Opisso o en un Sancha, nuestro Antonio López Sancho, quien en sus últimos años se dedicó preferentemente a su negocio de tejidos artísticos y alfombras alpujarreñas, fue uno de los artistas más representativos de la Granada de la primera mitad del siglo XX.

Así se veía él mismo

Es imposible tener una visión completa de la ciudad y sus acontecimientos en esa época, sin los dibujos de este formidable y modesto artista, cuya muerte, el 22 de junio de 1959, arrebató a Granada uno de sus intérpretes más cabales y veraces.


Extraido de un artículo de la revista "Calle Elvira (Pregón granadino)"

NITO

viernes, 1 de marzo de 2013

PAPAS CON ASADURA




“El que come asadura y besa a una vieja, no sabe lo que come ni lo que besa”
(Refranero popular)

Precisamente un mes atrás, los pueblos de la Granada serrana competían y rivalizaban en matices y calidad de recetas, gentileza y hospitalidad con el foráneo, presentando a degustación este rotundo plato. Por extensión y simpatía esta costumbre se extiende por la Vega, por el Llano y por la misma capital.

He aquí un botón de muestra:
“La Concejalía de Turismo, Agricultura y Ganadería del Ayuntamiento de Güéjar Sierra en colaboración con una treintena de empresarios locales ha culminado con éxito el decimoctavo aniversario de la tradicional Fiesta de la Asadura que cada año se celebra a principios del mes de febrero y que cuenta con un gran reconocimiento a nivel popular”.



De entre la infinidad de recetas existentes, traemos hoy la de las “Papas con asaura” de Alcázar.
Poetas en el ser y en el sentir son los creadores de un sencillo Blog que hace tiempo descubrí bicheando por la Red. Confieso que de él he libado en más de una ocasión y del que tomo hoy esta receta y el magistral poema que la ilustra.
Me refiero al magnífico Blog ALCÁZAR DE VENUS: “Entre la Nieve y el Mar” que como ellos mismos se definen:
“Al sur de Sierra Nevada, al norte del Mediterráneo y rodeada por los cerros y lomas del Talantar y del Junco, de las Cabañuelas y de Bargís, del pinar de los Gallegos y los de Camacho y del Mermejo, abierta al norte por la rambla de Alcázar y teniendo siempre al frente las nieves de la Sierra, descansa Alcázar de Venus a una altitud de unos 750ms.”

El poema en décimas:
En los tiempos de mi abuela
al hacerse la matanza
se tenía por costumbre
cocinar unas patatas,
patatas con asadura
de la negra y de la blanca
proveniente toda ella
del marrano o la marrana
que se había sacrificado
aquella misma mañana.
-oOo-
Cuando el guiso estaba listo
se reunían en la casa
los familiares y amigos
ante tan rica pitanza;
después del duro trabajo
siempre se cogía con ganas
y solía acompañarse
de vino servido en jarras
para refrescar un poco
a las sufridas gargantas.
-oOo-
Así pasaban el rato
entre bromas y entre chanzas
picando de aquí y de allá
hasta que el cuerpo aguantaba;
incluso solían tomarse
de cafelito una taza
con dulces que habían sobrado
de la Navidad pasada,
quedando tan satisfechos
como el mismo Sancho Panza.
-oOo-


Del Blog AlcazardeVenus

Ingredientes:
(La cantidad de los ingredientes dependerá del número de comensales. En las matanzas eran varios los kilos de patatas y de asadura que se utilizaban. Para una comida en familia o entre amigos, cuatro seis comensales, serán aquellos que el sentido común nos determine. Como regla general no escrita podríamos decir que el doble de asadura negra que blanca y el doble de patatas que de asadura).

(De Elhornodemiabuela)

Fundamentales:
Patatas
Asadura negra y blanca
Cebolla
Aceite de oliva
Para el majado:
Un par de dientes de ajo
Dos pimientos rojos secos
Sal
Pimienta
Un puñado de almendras
Un vaso de vino blanco
Azafrán o colorante

(De Elhornodemiabuela)

Preparación:
Se pelan las patatas y se cortan en trozos que no sean pequeños, se sazonan y se fríen en aceite de oliva. Se sacan del aceite y se reservan.
Se corta la asadura en taquitos irregulares y se lava con abundante agua.
Se pica la cebolla y se rehoga en una sartén con no mucho aceite. Una vez esté la cebolla dorada se le añaden los tacos de asadura, se sazonan y todo se deja freír.
Mientras tanto, en un mortero se ponen los dientes de ajo, los pimientos rojos, previamente hervidos, un poco de sal y pimienta y las almendras, escaldadas y fritas. Se machaca todo hasta conseguir una masa homogénea a la que se le añade el vaso de vino y se mezcla convenientemente.
Cuando la asadura esté frita, se deja en la sartén con un poco de aceite y se le añaden las patatas. Se revuelven un poco y en el centro se hace un hueco en el que volcaremos el contenido del mortero, se va introduciendo, poco a poco, el majado en las patatas y la asadura y se le añade por encima un poco de azafrán o colorante.
Una vez se haya reducido el vino, se retira el guiso del fuego y está listo para llevarse a la mesa donde se suele comer al modo de "cucharada y paso atrás" acompañándose de aceitunas y otros encurtidos, y algún que otro vasito de vino del terreno.

Otros tiempos, la misma fórmula, la misma hospitalidad...

NITO