viernes, 27 de enero de 2012

LAS BÜCKERS DE ARMILLA


Rara vez entrega el ser humano su cariño a objetos inanimados; pues bien, si hablamos de “la Bücker” a cualquier piloto español veterano, comprobaremos que nos hallamos ante una de esas extrañas ocasiones, al replicar siempre nuestro interlocutor con el apasionamiento de un adolescente enamorado, lo cual es perfectamente explicable si tenemos en cuenta que, casi sin excepción, esta avioneta fue su primer contacto inolvidable con el maravilloso mundo del aire.


Este aparato, salido de Alemania de las manos de Carl Clemens Bücker en el año 1935, fue un avión concebido para la escuela y deporte en el que se combinaban tres factores esenciales: Economía, duración y manejabilidad. La alta maniobrabilidad de este aerodino permitía una variedad de empleo que le hacía apto como entrenador elemental, escuela intermedia y aún como entrenador acrobático.


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El aparato era un biplaza, biplano arriostrado, de construcción mixta. Las alas, con una notable flecha, eran de estructura bilarguera en madera y revestimiento de tela. Estas alas eran intercambiables entre sí, ligadas por dos pares de montantes de tubo de acero. El fuselaje, construido a base de cuatro largueros y de elementos triangulares de tubo de acero sin arriostramiento alguno interior, constituía un armazón de peso asombrosamente bajo y extraordinaria resistencia a la torsión. Su revestimiento era de chapa de aluminio en capots y parte superior y de tela en el resto del fuselaje.
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Imitada y reproducida hasta la saciedad por todos los clubes de aeromodelismo.
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Esta avioneta Bücker, modelo Bu-131, encontró pronto favorable eco y fue adquirido para el entrenamiento de pilotos de distintas fuerzas aéreas. En cuanto a su producción se refiere, este prodigio alado no solo fue fabricado en Alemania. En Japón alcanzó una producción de 1.254 máquinas. Después de la 2ª Guerra se continuó su producción en Suiza y España, países en los que un nutrido contingente de estos aviones se halla aún en servicio, principalmente en manos de particulares.

Un cuadro de mandos sencillo pero eficaz.

De su producción en España se hizo cargo Construcciones Aeronáuticas, S. A., que los denominó CASA 1.131. De los 500 ejemplares construidos en Cádiz bajo licencia, los 200 primeros eran similares a los alemanes, con el mismo motor Hirth de 100 CV. Del resto de la producción, otras 330 máquinas, fueron provistas con el motor nacional “Tigre” de 125 CV, a la par que eran reforzados el fuselaje y el tren de aterrizaje. Y si a éstas añadimos las 95 compradas a Alemania, vemos que en total, el Ejército del Aire llegó a disponer de 625 ejemplares, gracias a los cuales, durante los difíciles años de la II.G.M. y de la inmediata posguerra, sus unidades, que en su mayoría tuvieron destinado este modelo, pudieron seguir volando. En años posteriores, con la puesta en servicio de modelos más modernos, la fiel Bücker siguió en la brecha haciendo lo que mejor sabía hacer: Enseñar a volar, tanto en el ámbito militar como en el civil.
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Las últimas bucker de Armilla sobrevuelan la Vega. Al fondo Sierra Arana.
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El último destino en el Ejército del Aire, después de casi 40 años de servicio, fue el Ala 78 de Granada, en cuyo Escuadrón 781, y con la misión de averiguar las aptitudes de los futuros alumnos de la Academia General del Aire para el vuelo y de impartir el curso elemental de vuelo a los alumnos de complemento, les llegó la “jubilación”.


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Tras su baja en el Servicio, numerosos ejemplares fueron enajenados en pública subasta y adquiridos por clubes, organismos y particulares de diversos países (España, Francia, Alemania, Gran Bretaña, Italia y EE.UU, entre otros) donde siguen volando y causando admiración.
Pero no es el punto final para este “Stradivarius del cielo” en España: En Albacete un romántico y avispado industrial, el amigo Jesús Ballester, con un puñado de colaboradores tan “locos” como él, las fabrica artesanalmente, con dedicación, esmero y cariño y… las exporta en pleno siglo XXI.

Nota.- Puede verse, además, la entrada en La Murga de 30 de Mayo de 2011 sobre este mismo tema.


NITO

viernes, 20 de enero de 2012

BLASFEMEAR, VERBO HÍBRIDO



Eran otros tiempos, pero la poesía y el arrobo que dimana de las cosas bellas, sigue siendo el mismo. En este caso me quiero referir –cómo no- a nuestro barrio universal: El Albaicín.
Hace unos días releía al viejo –y siempre actual- poeta Julio Alfredo Egea y no pude por menos, de sonreír ante sus ocurrencias:
¡Qué bonita –decía- es la plaza de San Miguel el Bajo! (Rahba Babis).
Plaza ideal para escuchar cantes perdidos, en cualquier alta noche con silencios de estrellas. La torre de la iglesia es espectral, por muy cerrada que sea la oscuridad nocturna, se recorta como un milagro de reflejos sobrenaturales. Esta iglesia de San Miguel el Bajo, con cierta dignidad en su abandono, cobija entre sus muros, en la boca de su aljibe tapiado, unas maravillosas columnas romanas como una página de historia remota en el misal de su sillería.



Plaza de tabernas y de tahonas con olor a pan recién cocido. En la puerta de su puesto de vinos de la costa, veréis al Lara con sombrero ancho, filósofo y flamenco. Por las espaldas de la plaza, al final del callejón del Gallo, encontraréis una placetilla recoleta y cortijera con suelo de tierra y frutales –del Gallo o del Huertecillo, se llama-, preciosa y natural. Está próximo el compás de Santa Isabel la Real, con su entrada amplia y conventual hacia la iglesia alzada sobre siglos de historia.

Sevilla 1965.- Poetas del Grupo "Versos al aire libre" : José Guevara, Trina Mercader,
Elena Martín Vivaldi, María de los Reyes, Julio Alfredo Egea  y Rafael Guillén.

En esta plaza de San Miguel el Bajo hay un Cristo del siglo XVII, maltratado, erosionado y roto por borrascas y revoluciones, lañado como los lebrillos, que ha cambiado varias veces de lugar (*). Con anterioridad estaba más cercano a las tabernas y bajo su mirada jugaban a la lotería, con cartones y habichuelas, los viejos del barrio. Era corriente oír blasfemias lanzadas por los jugadores desafortunados y de mala lengua, bajo la mirada paciente del Cristo. También llegaban a alzar la pata al pie de la Cruz todos los perros de los contornos y los borrachos que salían con urgencia también encontraban apoyadura en la cruz de piedra y allí meaban. Ahora está más distante de las tabernas y con un cerco de hierro. Queriendo yo saber cómo y cuando se trasladó el Cristo, le pregunté a un vecino, que me dijo: -Una noche se fue él solito, de tanto blasfemear
Insólito verbo híbrido creado para una situación especial, como es la de mear al tiempo que  se blasfema.




NITO


(*) El Cristo de las Lañas o de las Azucenas  fue restaurado a finales 2008.  -Este Blog publicó una entrada sobre el mismo el Martes, 18 de NOV. de 2008

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viernes, 13 de enero de 2012

BAÑO REAL DE COMARES










En este artículo vamos a tratar del baño real del Palacio de Comares, que es uno de los mejores conservados y que es el paradigma del baño musulmán. El baño musulmán o hamman responde fielmente al de las termas romanas aunque es en el periodo emiral-califal cuando se adapta el esquema del baño en salas alineadas.

Las salas de un hamman son: Apoditerium o al-bayt al-maslaj, es la sala del devestimiento y de reuniones, en esta sala suele haber un retrete abierto por una ranura vertical en el suelo por la que corre agua. El frigidarium o al-bayt al-barib es la sala fría, el tepidarium o al-bayt al-wastani es la sala templada, en árabe literalmente significa "sala intermedia", el caldarium o al-bayt al-sajun que es la sala caliente. El suelo de esta sala está hueco y se sostenía sobre pilares de ladrillo, es lo mismo que podemos contemplar el algunas ruinas de termas romanas, y la finalidad es mantener el suelo muy caliente para que el agua que caía al suelo se formara vapor con el calor del horno, para andar por este suelo se usaban grandes suecos, normalmente de esparto, que impedían que se quemaran los pies. La zona de servicio o hypocausis contaba con la caldera o al-burma, y todo este sector recibía el nombre genérico de horno o al-fun, aunque lo conocemoss más comunmente como leñera. En este baño de Comares existe un callejón estrecho para el acarreo de leñas con animales y que el Dr. Bermúdez Pareja llamó "callejón de servicio del baño".

Los baños son edificios de gran solidez , dado su uso. Fundamentalmente se usan muros de hormigón de cal y las bóvedas se construían de piedra o de ladrillo y eran de cañón, de aristas y esquifadas y en ellas se abrían pequeñas tragaluces o lucernas, midwa, que eran de piedra, cerámica o vidrio y las formas son lobuladas, cuadradas, hexagonales, octagonales o estrelladas y servían para dar luz cenital y para regular el calor y el vapor de las salas. Las madawi eran muy llamativas con cristales de diversos colores como describe Ibn Suhayd:

Yo estoy atónito por el placer de este baño

pues me parecía que la esfera celeste se manifestaba.

El rojo y el blanco que están encima de nosotros

nos hace creer que son la mejilla de la amada

cubierta de sudor.

Maravillado por la belleza de este baño el tiempo

ha venido a teñir las lucernas de su techo con

los rubores del crepúsculo.

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El baño de Comares ha conservado bastante bien todos los elementos, con las modificaciones estructurales propias de un cambio de uso y de mantenimiento más testimonial que funcional.

El lugar más emblemático de este baño es la sala al-bayt al-maslaj conocida como sala de las Camas por los dos amplios aposentos ligeramente elevados que la flanquean. Todo este espacio está aireado e iluminado cenitalmente por una linterna, muy frecuente en la arquitectura nazarita. Los elementos decorativos de esta sala son en gran parte originales, aunque techos y yeserías fueron reparados y repintados con vivos colores en la segunda mitad del XIX por Rafael Contreras con una mentalidad orientalista.

La sala caliente, al-bayt al-sajun tiene en sus extremos dos grandes pilas, iwanes, que vierten agua caliente y fría.

En el siglo XVI se renovaron algunos zócalos cerámicos de las salas en los que pueden verse las iniciales del "Plus Ultra" imperial.

Cuando Jerónimo Münzer visita estos baños con el Marqués de Mondéjar, este le explica que en la sala de las Camas es dónde el Sultán, situado en la galería superior contemplaba a las mujeres y le arrojaba una manzana a aquella con la que quería pasar la noche.

Actualmente el baño de Comares está cerrado a las visitas salvo un mes al año que se abre los martes, miércoles y jueves y es una medida acertada del Patronato de la Alhambra y Generalife para preservar este delicado espacio alhambreño.

Antonio Montufo Gutiérrez


viernes, 6 de enero de 2012

JUGUETES DE ALAMBRE (1)

 
Hoy, cuando el gasto navideño da vértigo, sobre todo si se piensa que la mitad de lo que compramos es superfluo e innecesario, cuando vemos a nuestros niños pequeños pateando costosos juguetes que nada les dicen, salvo la novedad fugaz del momento, me acuerdo de una exposición donde coches y camiones de alambre, pelotas de trapo, espadas hechas con restos de latas… eran los juguetes de los niños refugiados saharauis, que hasta finales de noviembre pudo verse en el Museo del Juguete de Catalunya, en Figueres.
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Pero me acuerdo, sobre todo, de mis tiempos de chavea en las duras tierras del Protectorado Marroquí, donde a falta de medios y oportunidad geográfica, nos la teníamos que ingeniar construyendo nuestros propios juguetes.
Quizás me venga de ahí la pasión por las manualidades y saber apreciar las cosas hechas con nuestras manos. Mis maestros fueron los morillos del barrio a los que pronto superé. Mis coches de alambre se cotizaban muy bien y el mercadeo de permutas funcionó a las mil maravillas.


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Hoy, rememoro aquella “industria” pensando en mi nieto Manuel con el deseo profundo de que pronto sepa apreciar las cosas hechas por uno mismo como las más bonitas del mundo.
El coche o el camión de alambre tenía unas cualidades que lo hacía único y superior a los que se compraban en la juguetería:
Se guiaba con una larga caña –pues era direccionable- a la que se le acoplaba un volante; circulaba en casi cualquier terreno y era fácilmente reparable. La forma era lo de menos y aquí se imponía tu habilidad y tu imaginación: Tratábamos de copiar los modelos reales que veíamos en nuestro entorno.
Todo el material necesario para esta técnica (que yo creí local), era de alambre. Alambre que no siempre lo teníamos a mano y que había que buscar en vertederos y viejas cercas. Alambre normal para la estructura y alambre fino para los empalmes. Las ruedas eran siempre de latas y botes de conservas.
He visto con sorpresa que esta técnica es universal, por lo menos en África, y que sesenta años después de “aquello”, se sigue practicando hoy día en pueblos deprimidos: La necesidad agudiza el ingenio.
Era digno de admirar el arte y la maña que empleaban los niños rifeños en estos artefactos: Sólo dos piedras (como martillo, yunque y cizalla) les bastaba. Así que cuando aparecí yo con alicates y martillo… ¡el “taller general” estaba siempre en la puerta de mi casa…!

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Luego vendrían otros refinamientos a los que los nativos no estaban acostumbrados: El forrado del chasis con cartón, las imitaciones de vehículos del ejército o la conducción nocturna con luz…
¡En qué bazar juguetero se podría adquirir algo parecido…!

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Esta experiencia, y como podréis sospechar, la llevé años después al aula: El éxito estaba asegurado –y eso que ya eran otros tiempos, donde la oferta y las posibilidades eran incomparables- y si el alumno tenía habilidad y ese gusto por las cosas hechas por él mismo, no las cambiaba por nada del mundo.
Aquí empleé por primera vez técnicas pedagógicas: Todos partían de planos a escala hechos por ellos mismos. La oportunidad de aplicar y aunar las disciplinas teóricas aprendidas en clase –como el cálculo, el sistema métrico decimal, el dibujo técnico- era enorme.
No os extrañe, pues, si en esta Navidad y en víspera de Reyes,  retomo los alicates y el alambre.
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Los pasos. Parte Primera.-

Lo primero es buscar un modelo que te haga tilín y sacarle un plano simplificado con los perfiles.  En este caso optamos por el popular Citroën 2 CV.
Alambre maleable y herramientas elementales serán tus aliados.
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Ejercicio de imaginación. Reciclando material: Todo vale, todo es aprovechable, aquí no se tira nada.  Si no sirve para éste, se usará en otro modelo.

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Pensando en el parquet de nuestro piso y que, de momento, el modelo no saldrá a la calle, buscaremos unas ruedas “de fortuna” blandas y silenciosas, prescindiendo de las de lata.

 
Pasito a paso y con grandes dotes de paciencia, iremos conformando el chasis al que luego forraremos con hojalata, chapa de aluminio, plástico o cartón –según disponibilidad- y habilidad.
Lo más bonito y entretenido será el pintado de la maqueta y la decoración con aquellos detalles que nuestra imaginación nos irá dictando.

NITO

jueves, 29 de diciembre de 2011

LA SÉPTIMA ÉPOCA MURGUERA



EMPANADA DE SALMÓN.-

Cavilaba cómo celebrar el séptimo año del nacimiento de esta Murga, cuando aburrido y sin muchas ideas me metí entre fogones. Allí encontré la solución: Incordiando lo que pude me facilitaron el material y me hicieron acomodo. Con consejos y avisos se remató la faena. La decoración, improvisada en el último momento, quedó escasa y pobre: En ella, lector de buena voluntad, se intuye una M (por lo de Murga) y debajo de ella se insinúa un chamuscado siete.



PROCESO.-
Temiendo que en mi retorcido poema no se atine fácilmente con el proceso, paso a explicar éste paso a paso:
Extiendo una lámina muy fina de hojaldre, la pincho varias veces con un tenedor para que no suba en exceso. La horneo ligeramente a 180º  unos 10, 15 minutos.
Una vez fuera, pongo sobre ella el salmón troceado, las gambas y  los huevos duros picados o en rodajas. Sólo resta cubrir con el queso rallado que más te guste y colocar encima la otra tapa de hojaldre a la que decorarás y pintarás con el huevo batido. Meter en el horno hasta dorar.






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INGREDIENTES.-
- Paquete de hojaldre.
- 2 Filetes de salmón fresco.
- 150 gr. de gambas peladas.
- 5 Huevos duros.
- 1 paquete de queso rallado.
- 1 huevo batido para pintar.

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EL POEMA.-
Queriendo menda celebrar con esmero,
(y con cierto punto de sibaritismo refinado),
la Séptima Etapa de este blog murguero,
una empanada de salmón de rico hojaldre
con diligencia atrevime solito a cocinar...
Primero yo horneo, con mucha vista,
una lámina de delicado y fino hojaldre,
picada con tenedor o punzón fiero.
El salmón troceado y gambas coloco presto
al que cubrimos con rodajas de huevo.
Sólo queda espolvorear el cremoso queso
y tapar, abrochando, con la otra lámina.
Con donaire pinto ésta de batido huevo;
decoro y remato horneando la faena.

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NITO
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sábado, 24 de diciembre de 2011

ESTAMOS EN NAVIDAD

Queridos amigos: En este día tan especial y puñetero,
La Murga quisiera estar en todas y cada una de vuestras casas,
como quisiera estar en todos y cada uno de vuestros corazones
y daros un fuerte y sentido apretón que demostrara el calor
y la ilusión que por aquí gastamos, a la par que brindaría con  lo
que tengáis descorchado y  más a mano, por esa ilusión
que me suponéis todos vosotros en  esta tarea de entreteneros.
¡Por todos vosotros, componentes de La Murga!

NITO

viernes, 16 de diciembre de 2011

IDEAS PARA UN ENIGMA MURGUERO

 

Dime, murguero: -¿Por qué demonios Eratóstenes, un señor que ya fumaba en pipa  276  años antes de Cristo, director –entre otras muchas cosas- de la Biblioteca de Alejandría, pudo ver y escribir sobre la Cruz del Sur (sin salir de su jardín), y yo que vivo en una Latitud semejante a la del sabio, no puedo verla?



Sabemos que muchos pueblos antiguos mediterráneos y de oriente próximo, vieron, disfrutaron y divulgaron la existencia de la Cruz del Sur, como así consta en los tratados de astronomía que se conservan. Así, en el Siglo XI d. Cristo, el astrólogo árabe Al-Biruni descubrió que desde 30º latitud norte en la India se podía ver una configuración estelar del sur, conocida como Sula: “La viga de la Crucifixión”.

Constelaciones Lupus, Centauro y, a sus pies, Crux.

El erudito victoriano R. H. Allen sugiere  este otro dato para darnos la clave e  interpretar una referencia contenida en la Divina Comedia de Dante (principios del siglo XIV). Dante, que ya sospecha la “nueva” ubicación de La Cruz del Sur, cuando entra en el Purgatorio por la entrada que se abre al hemisferio sur,  declara que:

“… dispuesto a espiar
este extraño polo, recuerdo cuatro estrellas
 las mismas que vieron los primeros hombres, (*)
y que desde entonces ningún hombre vivo a vuelto a ver.”
(Purgatorio, Canto 1:22-4).



Que esta constelación, por tanto, se fue borrando en el cielo y los hombres terminaron por olvidarla hasta el punto de no aparecer en los nuevos tratados de Astronomía.
Que Cristóbal Colón no la pudo ver en sus cuatro viajes (ni falta que le hizo). Que navegantes portugueses, como Magallanes la redescubrieron en el S. XV en el Hemisferio Sur y que si hoy quieres verla, no te cabe otra que hacer lo mismo que el murguero Antonio Pérez.


Y ahora viene el enigma, la pelea y la pregunta: ¿A qué demonios pudo deberse esto…? (**)



(*) Los primeros hombres son los primeros cristianos, porque la Cruz del Sur era visible desde  Jerusalén en la época de Cristo.
(**) Lo del demonio era un decir de mi agüela, cuando no entendía los problemas de la Ciencia.

PISTAS AL ENIGMA

¡Oh Cruz del Sur, oh trébol de fósforo fragante!
Con cuatro besos hoy penetró tu hermosura
y atravesó la sombra fría y mi sombrero.
Dile al viejo Mediterráneo, pues a mí no me cree,
que será nuevamente bendecido, si paciente espera
26.000 años, con tu mágica luz sideral perdida.

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No valen como respuesta, ni mucho menos es solución,
 lo de volteretas, cataclismos, brincos o repullos
que la Tierra diera. Sí se aproxima algo, lo de bamboleos
 del torcido eje en el telúrico caminar del viejo Planeta.
Pero dímelo fino, por Dios, y con su nombre cabal:
Mira que, en estos ambientes, por tu elegancia te medirán.

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NITO

PISTAS.

viernes, 9 de diciembre de 2011

EL PROBLEMA DE LA LONGITUD





Deformaciones en el trazo de Cartas: Desconocimiento de la Longitud
Tal parece como si la responsabilidad de llevar a buen puerto el crucero “Música”, en el que va nuestro murguero Antonio, fuese solo mía: Hago más horas de puente de las reglamentarias todas las noches y vigilo su senda.
Además le sigo buscando cosas del mar que le distraigan y le hagan corta la travesía, como las curiosidades esas de La Cruz del Sur.
Y así, previendo que ya mismo la nave entra en la Latitud Cero, es decir, corta la línea ecuatorial, me acordé, y me dio por pensar, en aquel viejo y difícil problema del cálculo de La Longitud.



"La Murga" tenía ya su cronómetro: Le faltaba el barco
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Parece increíble, pero hasta que el hombre no dispuso de un par de cronómetros mecánicos de resorte fiables a bordo, no se pudo hacer el cálculo exacto y al instante de la Longitud geográfica ni elaborar mapas o cartas náuticas con rigor.
Ya de por sí, el solo hecho de descubrir que el control del tiempo podía ser la solución al problema de la longitud geográfica, fue un gran logro del hombre. El caso es que La Bóveda Celeste, con sus estrellas, planetas y satélites, con sus movimientos sincrónicos, rapidísimos y regulares, estaba lleno de “relojes”. Piénsese en las cuatro “lunas galileas” de Júpiter, ejemplo de cronómetro de regularidad infinita y sin pilas.
El problema estaba, sin embargo, en que este y otros ejemplos, eran adecuados en tierra firme, con cielo despejado y todo el tiempo del mundo para realizar los pesados cálculos matemáticos, pero… ¡y en mitad de una borrasca, lloviendo a mares y con mar arbolada…! -¿Quién es el guapo que planta un pesado telescopio en una oscilante y peligrosa cubierta?


Las lunas de Júpiter: Cronómetros perfectos 

En busca de la Longitud
De las dos coordenadas geográficas necesarias para poder orientarse en alta mar, el cálculo de la longitud resultó ser una tarea ardua y complicada, cuya resolución no tuvo lugar hasta bien entrado el siglo XVIII con la invención de un reloj lo suficientemente preciso, que determinara tanto la hora del puerto de salida como la de cualquier punto en el planeta.
Y no es que antes del siglo XVIII se prescindiera de la longitud. En mapas antiguos se ven establecidos meridianos que dividen el planeta. El problema era establecer las coordenadas. Mientras que la latitud se puede establecer a base de observar el firmamento y conocer la hora solar, la longitud no se conseguía hallar con exactitud porque no existía ningún instrumento lo suficientemente preciso para conocer el transcurso del tiempo, que es el que determina la longitud hacia el este o hacia el oeste de un punto concreto. En el siglo XV y XVI, lo más usual era navegar estableciendo un punto de latitud determinado, como meridiano cero. Colón, por ejemplo, eligió las Islas Canarias, y “montándose” en ese paralelo referencial, a modo de rail, viajar hacia el oeste hasta encontrar tierra sin “apearse” de él.
Queremos decir con esto que el Almirante de la Mar Oceana (como todos los navegantes de su tiempo), siempre supo su altura –su latitud-, pero no sabía a qué distancia se encontraba de su puerto de salida (en realidad, cuánto había navegado, salvo valores aproximados que daba la experiencia).
Para hallar la longitud es necesario medir el tiempo a la vez, en dos puntos de la Tierra. Es necesario conocer la hora en el puerto base y la hora en el barco –situación en el mar-. Los dos tiempos reales permiten al navegante convertir la diferencia entre ambos en separación geográfica. Una hora equivale a 15º de rotación terrestre. Cada hora de diferencia entre el barco y el punto de partida supone un avance de 15º hacia el este o hacia el oeste. Para que esta medición sea verdaderamente efectiva es necesario que el reloj que mide el tiempo sea de una precisión altísima con apenas error, y esto no se consiguió hasta 1768, momento en el que se dio por válido el primer prototipo de cronómetro marino.

El cronómetro marino
Los relojes en los barcos no eran precisos en absoluto: Se atrasaban, se paraban, se averiaban; a consecuencia de las condiciones de humedad altísima en el mar que oxidaban los mecanismos, los movimientos del barco desajustaban los péndulos de los relojes, los golpes y caídas en cualquier movimiento brusco, los terribles cambios de presión atmosférica en función de las distintas latitudes y que incidían sobre los materiales del mecanismo interno del reloj… La búsqueda por inventar un artefacto que consiguiera solventar todos estos problemas se convirtió en la obsesión de un relojero inglés a comienzos del siglo XVIII, y esta tarea le ocupó toda su vida.
El desastre del 22 de octubre de 1707, cuando cuatro buques de guerra ingleses naufragaron junto a las costas de las Islas Sorlingas al sur de Inglaterra a consecuencia de un error de cálculo en la estima de la longitud, en el que murieron casi 2.000 hombres, supuso la espoleta definitiva para crear en 1714 El Consejo de Longitud, cuya misión era la de inspeccionar cualquier avance o invento que estuviese relacionado con el cálculo de las longitudes.
En el plano científico, desde Galileo a Newton, científicos y astrónomos seguían empeñados y defendieron que, con la observación previa de la luna y el control del tiempo que tardaba en moverse a lo largo de una noche, es decir, el método de las distancias lunares, se podía hallar la longitud en el mar.
El caso llegó a tales extremos que en varios países se habían ofrecido incentivos económicos para motivar a la gente en la búsqueda de un método eficaz que solucionara el problema. Tanto la Corona española como la francesa habían ofrecido premios para aquellos que consiguiesen resolver esta cuestión. En aquella época, la determinación de la longitud era tan importante como serían muchos años más tarde la bomba atómica o el genoma humano, y los países más importantes pretendían ser los primeros en resolver este asunto. Pero fue Inglaterra, isla y potencia marítima de creciente importancia, la que se llevó el gato al agua.
En 1714, el Gobierno Inglés ofreció, mediante un Decreto del Parlamento, 20.000 libras a quien pudiera determinar la longitud con un error de medio grado (que equivale a 2 minutos de tiempo). Hay que tener en cuenta que 4 segundos equivalen a 1 milla náutica: Llegar a buen puerto o irse contra las rocas. El método propuesto tenía que probarse en un barco en navegación.
El decreto establecía que “sobre el Océano, desde Gran Bretaña hasta cualquier puerto en las Indias Occidentales señalado por el Comité... sin perder la longitud por encima de los límites establecidos”. El método tenía que ser probado y ser útil en el Mar.
El Comité de la Longitud juzgaría y adjudicaría el Premio de la Longitud. Recibieron unas cuantas proposiciones extrañas y maravillosas, como la cuadratura del círculo o la invención de una máquina de movimiento perpetuo. La frase “determinar la longitud” pasó a ser sinónimo de lunático o de loco. Casi todo el mundo pensó que era imposible determinar la longitud.
El problema fue eventualmente resuelto por un carpintero de Lincolnshire con muy poca formación: John Harrison supero a la comunidad científica y académica de su época y ganó el premio de la Longitud a base de esfuerzo personal y de un talento y conocimiento técnico extraordinario. Harrison había nacido en 1693 y siguió los pasos de su padre que había sido carpintero. Para resolver el problema de la longitud Harrison diseñaría un reloj portátil que tuviese la misma precisión que los mejores relojes de pie de su época, y la respuesta al problema fue el reloj H4.


El fabuloso reloj H-4 de Harrison: Fin de un problema

El H4 fue completamente distinto a los anteriores que había ideado: H1, H2, y H3. Medía solo 13 cm. de diámetro y pesaba 1,45 Kg. Era como un reloj de bolsillo grande. El 18 de Noviembre de 1761 el hijo de Harrison, William, partió hacia las Indias Occidentales en el barco Deptford con el reloj H4. Llegaron a Jamaica el 19 de Junio de 1762; al comprobar la hora que marcaba el reloj, empleando medidas astronómicas, comprobaron que solo había atrasado 5.1 segundos. Era un logro impresionante pero aún pasó tiempo hasta que el Comité de la Longitud decidió darle el premio a Harrison.
Sin embargo, el Comité, pidió que Harrison construyese más relojes y que desvelara sus secretos. Se le pagarían 10.000 libras. El resto sería pagado cuando entregase más relojes que permitiesen calcular la longitud con un error no superior a las 30 millas.


John Harrison y su cronómetro marino de alta precisión

En Agosto de 1765 se le pagó la mitad del premio pero se quedó sin sus cuatro relojes (H1, H2, H3 y H4). Para conseguir la otra mitad tenía que construir al menos otros dos relojes. Además, el H4 original tenía que estar depositado en el Observatorio, con lo cual tenía que construir su copia siguiendo sus planos y su memoria. Nevil Maskelyne, que había sido nombrado astrónomo real, seguía abrigando serias dudas sobre los relojes y estaba convencido de que el único método seguro para calcular la longitud en el mar era el de la distancia lunar.


Estampillas conmemorativas de los 300 años del reloj de Harrison

El Comité había nombrado a Larcum Kendall como relojero conservador de los relojes de Harrison en el Observatorio. Además le habían encargado una copia del H4. En 1769 terminó el K1. John Harrison, que tenía 70 años, y su hijo William terminaron la primera copia: el H5. Pidieron al Comité que considerase el K1 y el H5 como los dos relojes necesarios para cobrar la segunda mitad del premio, la respuesta fue que las dos copias del H4 tenían que ser hechas por Harrison.
Harrison decidió dirigirse directamente al rey Jorge III, al que le entusiasmaba la ciencia, y que al conocer los detalles de cómo había sido tratado Harrison decidió que había que otorgarle el premio. El mismo rey comprobó la precisión de los relojes de Harrison. Pero el Comité siguió terqueando. Harrison apeló al Parlamento quien finalmente admitió que tenía derecho a la otra mitad del premio.
Harrison murió a los 83 años. La tozudez y el ingenio de este carpintero, que acabó siendo relojero, contribuyó, mucho más que los cañones, a que Inglaterra obtuviese el Imperio que hasta hace bien poco se extendía por toda la tierra.

El método de las distancias lunares

Ya veis los muchos problemas que aguantó Harrison para que su invento fuese reconocido. Por eso diré siempre que la historia del problema de la Longitud es una historia de soberbias y mezquindades: La cosa es que el método de la distancia lunar unía a científicos de todo el mundo en una empresa internacional a gran escala. Además, su utilización exigía unos conocimientos que en absoluto estaban al alcance de cualquiera. Entonces llega Harrison y dice que él arregla todo el asunto con un aparatito que puede usar el más tonto. No se lo quisieron consentir.
Pero ganó.
NITO

sábado, 3 de diciembre de 2011

ANTIGUA SEDE DE LA CAJA DE AHORROS

Hoy nos parece una calle secundaria, incómoda por lo estrecha para el tráfico rodado, mal ventilada, sin apenas servicios… Sin  embargo antaño fue una arteria muy notable y muy codiciada por los granadinos. Hablamos de la  calle de San Matías que conserva aún, por fortuna, buena parte de los edificios que desde muy antiguo le confieren prestancia y relieve. No puede olvidarse que esta calle abundó en fincas de calidad, puesto que en ella se aposentaron algunos miembros de la nobleza granadina, a la que se unieron luego los representantes de una clase emergente, la burguesía.
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Juan Bustos Rodríguez, el que fuera genial Cronista Oficial de la Ciudad de Granada, nos dice que, entre las edificaciones que definen las rancias estructuras arquitectónicas de esta calle, merece atención sobresaliente la finca Nº 17. Una muestra notable de la arquitectura granadina del siglo XVIII, siglo en que Granada culminó su transformación urbana iniciada en la conquista cristiana. La finca puede considerarse como de gran importancia por su fachada manierista simétrica (*), magníficamente estructurada en pilastras y frontones, con aleros moldurables y excelente portada tallada en piedra que abarca el balcón principal.
(*) Ignoro si el cierre del balcón del piso superior, que le da un gracioso toque asimétrico, fue un elemento añadido o no al inmueble.
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Otros detalles del edificio, todos de calidad singular, son: laterales sencillos de canalero en pico de gorrión y forja carcelera; un amplio patio, con ocho columnas corintias en mármol y galería superior con elementos originales de interés.
La casa fue en su día modelo de las casonas señoriales que, durante más de dos siglos, abundaron en este sector de la ciudad, ocupado con gente de alcurnia. Esta conserva aún su zaguán, su gran patio -actualmente retransformado- al que se abrían las habitaciones secundarias, mientras que las principales lo hacían a la calle. La última planta era la destinada a los servicios y criados.
La fachada principal de la edificación es de lo más representativa. Testimonio del primitivo orden palaciego de la finca son sus los hierros de forja especial, carpintería de cuarterones tallada, artesonados, etc. La misma puerta principal, en madera noble con clavos de bronce, confirma la calidad de vida de los señoriales propietarios.
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Durante un tiempo, y como lo atestigua una lápida conmemorativa, este palacete estuvo ocupado por las dependencias de de la Caja General y Monte de Piedad de Granada. Los granadinos, en todo aquel periodo, conocieron la institución más como “Monte de Piedad” que con su nombre completo.
Aunque quizás convenga aquí advertir que no se trata de la primigenia institución “El Monte de Santa Rita de Casia”, que tuvo su sede inicial en el número 53 de la Carrera del Darro, y que se fundara en 1740, aunque ambas, en cierto modo, son las precursoras de nuestra actual Caja de Ahorros de Granada.
En la actualidad, este edificio es sede del Instituto Andaluz de la Mujer, como con anterioridad, había sido sede del Consejo Escolar de Andalucía.

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NITO
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