jueves, 17 de julio de 2008

ESCUELA DE MARIDOS: Escuela de paciencia III


HOMBRE LIBRE DE PESADA CARGA


CAPÍTULO QUINTO


El quinto y último dice
las verdades asentadas:

Para verse el hombre libre
de estas cargas tan pesadas,

es no casarse en la vida
opinión muy acertada.

Se ahorra que la mujer
le acuchille la garganta,

ni que el chiquillo le llore,
ni que le cague en la cama,

ni el cuidado le desvele,
ni le pidan lo que gana,

ni le echen contribución,
ni aguanten estas cabronadas,

ni castigue a la mujer,
ni ella se incomode en nada,

ni le haga comer velillas,
ni tenga una mala cara:

La que quiera tomar leche,
puede comprar una cabra,

y si no, que se haga rosca
y se muerda las cascarrias.

Este capítulo, amigos,
es el que a mi más me agrada,

porque bien reflexionado,
tenemos por cosa clara

que aquel que anda, tropieza;
pues si tropieza que caiga,

que yo no meneo un pie
porque no me da la gana.

Cuando el calor apriete,
unos refrescos de horchata;

el hombre que se ve libre,
el jornal que gana gasta

en vestir bien y comer
y requebrar a las damas;

y si se ofrece un remiendo,
a lavarse las zurrapas,

o limpiarse los faldones,
¿quién teme, mientras que halla

mujeres de otro, y dinero
que es el que todo lo allana?

Y si fuere militar,
porque la edad acompaña,

sufre el tiempo de su empeño,
haciendo lo que le mandan.

Más vale servir diez años
en rigurosa campaña,

y exponerse a malos ratos,
a las bombas y a las balas,

servir desde el general
hasta el cabo de escuadra,

que sufrir a una mujer
bachillera y desollada.

Aprended todos el libro
que he traído de Granada;

Si no queréis aprenderle
y caéis en la desgracia

de que una tuna os agarre,
pasaréis la vida amarga,

llegaréis a coronel
sin haber sentado plaza:

Con que haced lo que os agrade
que yo me marcho a mi casa,

Perdónenme si quieren,
y si no, no me da la gana.

FIN

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