lunes, 5 de octubre de 2009

ADIOS AL “CALA ISSA”


Siguiendo la más genuina y arcaica de las costumbres marineras del Mediterráneo, te bautizamos con el nombre de un accidente geográfico local: Cala Issa es una playita de ensueño y alcanzarla en barca, nuestra primera aventura marinera. Eras un velerillo de 3,50 metros de eslora de fina carena blanca, provisto de un motor auxiliar. Fuiste nuestro sueño y nuestro capricho durante más de 30 años. Contigo nos iniciamos y contigo nos despedimos de la navegación deportiva. La edad y las fuerzas no perdonan.

Prisas se han dado tus nuevos dueños para cambiarte el nombre, mi querida “Cala Issa”. Te han puesto con letras desmesuradas y negras el nombre de “Bangelus”.

Para ellos será un nombre evocador de algo, cariñoso tal vez, con ansias o sueños marineros… Pero por la manera de echarte de nuevo a la mar, (gente joven y novata por lo que veo), nada entiende de estos asuntos.


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Así, tras darte unas manos de barniz en tus viejas maderas y acicalado un poco, te sacaron a que les demostraras tu buen andar. Varias veces estuvieron a punto de dar contigo en tierra revolcándoos todos en la rompiente, dejándote varada y anegada, más luego que consiguieran ganar altura y hacer un par de largos a la Bahía, te dejaron con la quilla al sol, tras una virada en redondo, con la consiguiente trasluchada y con la escota lascada. ¡Con lo mal que te sentaba a ti esa maniobra, pequeña…!


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De ese modo, lo que nunca te ocurriera con nosotros en 30 años, te ocurrió con tus nuevos dueños en cinco minutos: ¡Tu venerable quilla puesta al sol…! ¡Mal hayan tan torpes manos..!

-Aunque tú, bribona, te tomaste tu desquite: Les hiciste sudar la gota gorda más de 40 minutos… ¡Y eso que vinieron a ayudar dos barcos con gente que se sabía el protocolo para enderezar veleros mástil-abajo! -Sin poder conseguirlo, te dieron un lastimoso remolque hasta la orilla. Te colocaron con mimo de nuevo en la playa, te desenredaron el enmarañado aparejo y te limpiaron con cubitos de agua la arena adherida a tu anaranjada cubierta, mientras se secaba y tesaba tu arboladura al sol.

¡No, si después de todo parecen buena gente, mi querida “Cala Issa”..! ¡Ten paciencia con ellos, como la tuviste con nosotros, que también te dimos lo nuestro!


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NITO

1 comentario:

Manuel Espadafor dijo...

A todo lo que se le toma cariño duele dejarlo, pero piensa que no ha sido para el desguace, que sigue siendo útil y a la vez escuela de novatos