jueves, 27 de septiembre de 2012

FRANCISCO DE PAULA, EL CRONISTA DE GRANADA


Granadino de pura cepa, investigador incansable, cronista de nuestra provincia y periodista notable fue Francisco de Paula Valladar y Serrano, una de las personas más eruditas de la Granada de finales del siglo XIX y primer tercio del siglo XX.
A Valladar –nacido en esta ciudad el 16 de abril de 1852 y fallecido también en esta Granada de sus pesares el día 22 de febrero de 1924- no le fue reconocida en vida ni aún tras su fallecimiento la incuestionable valía de sus trabajos de investigación.
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Siempre existieron (nos cuenta José Antonio Mesa Segura), ciertas reticencias respecto al pleno reconocimiento de la obra llevada a cabo por Valladares argumentándose en su contra el carácter autodidacta de su formación, si bien se ha venido produciendo simultáneamente el contrasentido de que un amplio sector de investigadores haya recurrido frecuentemente a sus documentados trabajos históricos, artísticos, musicales, periodísticos y literarios.

A estas alturas del siglo XXI –cumplido ya con creces el siglo y medio de su nacimiento- parece que ya se va tomando conciencia de lo que Granada debe a Valladar y que no le fue reconocido en su día.
Lo cierto es que a Francisco de Paula Valladar en Granada le ocurre como a Alfredo Cazabán en Jaén y Díaz de Escovar en Málaga: Fueron cronistas de talla y casi olvidados. ¿Y Juan Bustos…?


Así es Granada, unos cronistas con parque y otros aparcados. Nació hace 160 años y fue considerado como una de las personas más eruditas de finales del XIX e inicios del XX
El 16 de abril de 1852 nació en la calle Jesús y María el incansable investigador, bautizado en la iglesia de San Matías con el nombre de Francisco de Paula Toribio Valladar Serrano que resulta ser una de las personas más eruditas de finales del siglo XIX y principios del XX. No está mal aprovechar la fecha de su nacimiento para recordarlo.
Curiosamente su primer homenaje póstumo fue en Madrid. Y en Granada, en febrero de 2004, la Casa de los Tiros ofreció una interesante exposición diseñada por su director González de la Oliva, en la que se nos ofreció el Valladar escritor, periodista, cronista, músico, artista y poeta. Gracias al nutrido archivo que se guarda en esta ilustre finca donde “el corazón manda”.

Casa donde nació y vivió en la calle Jesús y María

Trabajó como Redactor-Jefe en La Lealtad y colaborador en El Defensor de Granada, funcionario del Ayuntamiento, Presidente de la Comisión de Monumentos y Delegado Regio de Bellas Artes, Presidente del Patronato del Generalife, Cronista de la Ciudad, Presidente de la Asociación de la Prensa y del Centro Artístico y literario, correspondiente de las Reales Academias de la Historia y de Bellas Artes de San Fernando. Una larga trayectoria profesional.
En 1884 crea su propia revista, La Alhambra, movimiento artístico y literario granadino que dura cuarenta años.
La primera ubicación del busto erigido al cronista, en el Triunfo. 

Fue cronista de Granada y desde 1903 también de su provincia, aunque sin retribución económica. Cronista de verdad, de los que viven y mueren en la ciudad que aman, conocen, estudian y defienden. Cronista generoso y preocupado, de cuya dilatada producción científica nos hemos beneficiado estudiosos de temas históricos, artísticos, literarios, periodísticos y hasta musicales. Llegó a ser director de orquesta y profesor de música.

Dos tesis doctorales hay escritas sobre él, aunque su modesto busto, obra del escultor José María Palma, pintarrajeado de vez en cuando, esté casi escondido más arriba del quiosco de las Titas (que por cierto es su tercera ubicación, que yo sepa), la calle puesta a su nombre en el Polígono de Cartuja más que calle es callecita y su tumba sigue desvencijada en el cementerio de San José. Pero, como reza en la losa que cubre al Gran Capitán en San Jerónimo, su gloria no quedó sepultada con él.

Francisco de Paula Valladar murió el 22 de febrero de 1924, la ciudad entera acudió a la conducción del cadáver, aunque el Ayuntamiento le denegó la pensión que solicitó su viuda Dolores Núñez. Es verdad que lo enterraron gratis, pero su tumba hoy presenta un aspecto que es mejor ni verla. Así es la vida en Granada. Por eso decimos que hay cronistas con parque y otros aparcados.

Relato basado en:
1) Reportaje gráfico de “Granada hoy” de José Luis Delgado.
2) Estudio preliminar de José Antonio Mesa Segura.


NITO

miércoles, 12 de septiembre de 2012

LA CANTINERA DE MONTE ARRUIT

Vista de Nador desde el Gurugú. Al fondo la laguna litoral  de Mar Chica

La historia que traemos hoy tuvo lugar durante los trágicos sucesos ocurridos en el caluroso verano norteafricano de 1921. Cuando nuestro Ejército Colonial sufrió el más disparatado y vergonzoso descalabro de su historia: El Desastre de Annual y Monte Arruit.
La carnicería humana fue tal que aún hoy los especialistas no se ponen de acuerdo en cuantificar las bajas, Tantas que “…los buitres, ese día, sólo comían de comandante para arriba”.
Allí se vivieron escenas de pánico, cobardía, desorganización, irresponsabilidad…, a la par que valentía, entrega, sacrificio y heroísmo...
¡Valentía y caridad…! Tal es el caso de la granadina Juana Martínez López: “La Cantinera de Monte Arruit” (*)
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Juana: La heroina de Monte Arruit

Crónica de una cantinera en Monte Arruit
-“Quiero ayudarte, porque eres benemérita de la Patria. Doce mil pesetas has perdido; te las daremos para que tengas otra vez tu comercio. También cuidaremos de tus hijos. A cambio de esto, España solo te pide que los eduques en tu misma resolución: valor y caridad que te colocan entre las heroínas de la raza”-
(Ministro de la Guerra, Sr. De La Cierva a Juana Martínez López).


Juana Martínez López

Esta mujer, que debió de nacer entre 1871 y 1881 ya que en las noticias de la época, se le hacían entre los 40 y 50 años, nacida en Yendón (**), en la provincia de Granada, estuvo casada con Bernardino Vizcaíno Sánchez. De tamaño mediano y complexión gruesa, era madre de cuatro o cinco hijos, de los cuales, no más se conoce el nombre de uno de ellos, Salvador, que fue el que junto a su madre, se quedó en Batel donde ella, regentaba una cantina ambulante en la cual, se suministraban víveres y bebidas a los soldados españoles allí destacados. De El Batel, marchó con las tropas a Monte Arruit, donde soportó con bravura sin igual, el asedio de los rifeños para posteriormente, caer cautiva. Fue liberada en las cercanías de Nador y de allí, marchó a Melilla.

Por su comportamiento y méritos obtenidos durante aquellos calurosos días del verano de 1921, el gobierno español, la condecoró con dos Cruces al Mérito Militar. Una vez fue recuperado en parte el territorio perdido, marchó con el Ejército a Monte Arruit, donde en las proximidades de la estación del ferrocarril, estableció una nueva cantina la cual regentó hasta su muerte el 14 de octubre de 1929 a consecuencia de una rápida pulmonía. Recibió cristiana sepultura en el Cementerio de la Purísima Concepción en Melilla a la mañana siguiente.
Juana Martínez, ya había destacado con anterioridad a los sucesos de Monte Arruit, ya que con ocasión de haber cuidado a un soldado que falleció de “repugnante enfermedad” hasta su último momento, incluso, lo amortajó. El general D. Manuel Fernández Silvestre, enterado de tan encomiable acción, hizo formar a la tropa y enalteció la labor de la cantinera Juana, solicitando para ella, la Cruz de Beneficencia.

Convivencia en Ben-Tieb

La marcha a Monte Arruit
Al caer Batel, las tropas se retiraron hacia Monte Arruit. Una de las personas que se integró en aquella fuerza, fue doña Juana Martínez López, Cantinera de Batel. Sobre dicha marcha, Juana, declararía ante el general D. Juan Picasso en la elaboración del Expediente que llevaba su nombre, quedando constancia en el folio nº 455, (textual)
“…Cuenta Juana Martínez López, cantinera de Batel –folio 455 vuelto- que el día 23 de Julio, después de mediodía vió pasar numerosas tropas en desorden, que huían hacia la plaza, algunos hombres sin armamentos, y todos destrozados o desnudos; también iba la Caballería de Alcántara, el quinto escuadrón y otros, mezclados, y mulos de Artillería. Pararon en el Batel hasta que a la caída de la tarde aumentó la afluencia de fugitivos; por lo que todos emprendieron la huída hacia Monte Arruit, refiriendo los demás pormenores de la suya, hasta lograr acogerse a esta posición, con vivo relato…”

Una vez hubo llegado a Monte Arruit, atendió de forma voluntaria a los heridos, entre ellos, al Jefe del Escuadrón de Caballería de Alcántara nº 14, que tan heroicamente cargó contra las fuerzas rifeñas hasta tres veces, para proteger la retirada de las tropas españolas, continuamente hostigadas por los moros. Juan J. Aranda, en su “Rincón de Aranda”, informa que el Teniente Coronel Primo de Rivera, jefe de ese valeroso Escuadrón de nuestra Caballería, murió en los brazos de Juana. El 23 de julio de 1921, murió en manos de esta mujer, de edad comprendida entre los 40 y 50 años, de estatura mediana. Sobre este hecho, el Ministro de la Guerra en aquellos años, Sr. De la Cierva, felicitó personalmente a la cantinera, quedando este hecho recogido en “La Vanguardia de Barcelona”, el viernes 30 de diciembre de 1921.

Filatelia del Protectorado Español

D. Fernando Primo de Rivera, herido. Expira en brazos de Juana Martínez López
Dado a conocer a la opinión pública española en el diario “El Sol” de Madrid, bajo el título “…La Cantinera de Monte Arruit relata la retirada, defensa y rendición…” el hecho de la herida del valeroso jefe del Escuadrón de Caballería de Alcántara 14 durante la defensa de Monte Arruit, al cual una bala de cañón rifeño le arrancó casi en su totalidad el brazo y tuvo que ingresar en la enfermería para ser atendido. Para salvarle la vida, los médicos militares, de los cuales sólo sobrevivió a aquella matanza, el doctor Peña, capitán médico, tuvieron que amputarle el brazo. Primo de Rivera moriría tres días después a consecuencia de las infecciones dada la grave precariedad en la que aquellos galenos de la milicia, llevaban a cabo verdaderos milagros con sus manos y los escasos y nulos medios con los que contaban. Juana Martínez, narró de la forma siguiente aquellos hechos (textual):

“…que los sucesos la habían sorprendido en Batel, y que, no queriendo abandonar a las fuerzas ni a los heridos, envió el carro con tres hijos suyos a Melilla, y ella se quedó con otro, con el cual acompañó a las fuerzas en la retirada a Monte Arruit. Refiere Juana que el teniente coronel Primo de Rivera, el día que lo hirieron, entró en la enfermería, sujetándose el brazo izquierdo, que le colgaba, casi seccionado, por la bala de cañón, y le rogó a ella que avisase a los médicos y al general Navarro. De los médicos que hicieron la cura, uno de ellos sobrevive, es el capitán Peña. La practicaron con agua de colonia y ella tuvo en sus brazos a Primo de Rivera, mientras le hacían la amputación, sin cloroformo, porque tampoco lo había. Ella le cuidó después y le pidió que no se moviera.
El día del asalto, la brava mujer, armada de un fusil, se defendió y defendió a su hijo a tiros contra los moros, y así consiguió ganar la tienda de un hebreo en el poblado, y allí se defendió hasta que le dieron un culatazo en el pecho…”

Cementerio de Monte Arruit

Después de Monte Arruit
Juana Martínez, una vez hubo alcanzado la plaza de Melilla, fue objeto de homenajes como el que le rindió el Escuadrón de Caballería de Alcántara 14, y del que quedó constancia en la prensa de la época a tan merecido comportamiento.

Pero después de Arruit, ¿qué fue de la cantinera Juana?
La pista, se la seguimos a través de la prensa de la época, así, podemos saber que el 14 de agosto de 1922, resultó herida en un accidente automovilístico, en un choque de camiones ocurrido en Nador y que en el mes de julio, había estado en Madrid, donde había sido recibida por S.M. el Rey D. Alfonso XIII y ya se daba noticia en el “ABC” el 18 de julio de 1922.

Establecida en Monte Arruit, los soldados, le construyeron una casa en el año 1923 (la noticia, fue dada por el rotativo “ABC”, del día 16 de enero). Pero de las promesas que se la habían hecho tanto a ella como a terceras personas dimanantes del desastre vivido en 1921, por parte del Ministro de la Guerra Sr. La Cierva, ¿qué había sido de ellas? Juana, en vista que el tiempo pasaba y las “promesas”, habían sido eso, “promesas, palabras”, marchó en 1924 a Madrid para intentar que se le abonara lo perdido en la cantina de Batel.
Ese viaje, no debió de tener un resultado favorable ya que años después, en 1928, se desplazaba de nuevo a la península en busca de esa ayuda, dirigiéndose esta vez a Málaga, donde llegaría a entrevistarse con S.M.la Reina.

En Monte Arruit, Juana, se había convertido en una guía de excepción para todos aquellos que interesados en los sucesos del verano de 1921, visitaban dicho campamento. Fue de esta forma y con ocasión de la visita de los Magistrados de la Audiencia de Málaga de igual forma que hizo durante la visita de los Reyes de España a Arruit en 1927, que recibió donativos por parte del Presidente del Directorio Militar, el General D. Miguel Primo de Rivera y Orbaneja y de la Marquesa de Torralba.

En la pista de Tiztutin a Dar Drius estaba la posición de Batel

Octubre de 1929, fallece Juana Martínez López
Y España, no se olvidó de aquella valerosa y brava mujer, doña Juana Martínez López, Cantinera de Monte Arruit. Los diarios madrileños “El Heraldo de Madrid”, “La Libertad”, el “ABC” de los días 15 y 16 de octubre de 1929 respectivamente, daban la triste noticia de esta granadina que demostró su valor en aquellos calurosos días de julio y agosto de 1921.
Sus restos, descansan en el Cementerio de la Purísima Concepción, muy cerca del Panteón de los Héroes, como si Juana quisiera continuar cuidando a los bravos soldados que en Arruit sucumbieron y descansan en tan señalado lugar de honor. De hecho, la Comandancia General de Melilla, continúa recordando en la actualidad a Juana en sus actos celebrados con motivo del día de Todos los Santos.



(*) En realidad, Juana era la cantinera de Batel (Aasel), no de Arruit, aunque con posterioridad lo fuera.
(**) No he encontrado referencia alguna al pueblo Yendón en Granada.
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BIBLIOGRAFÍA.-
Relato basado en recortes de prensa de la época, fundamentalmente de “Heraldo de Melilla”, “ABC”, Telegrama del Rif” y otros.
Trabajo de D. Hans Nicolás Hungerbühler
Notas de D. Juan Díez Sánchez, de la Asociación de Estudios Melillenses.


NITO

lunes, 3 de septiembre de 2012

MI BAUTISMO EN HELICÓPTERO

Ante el Robinson  R 44
Uno de mis deseos más largamente acariciado se ha cumplido: Mi bautismo del aire desde un helicóptero. Y todo gracias a Tricópter, la joven empresa motrileña, que me lo ha puesto bastante fácil.
Su personal, tanto en tierra como en el vuelo, siempre atento y exquisito. Te reciben en el helipuerto, sito en la dársena del puerto comercial de Motril. Luego, tras una somera explicación de las características del vuelo contratado, firmar unos documentos y abono de tasas, te pesan para hacer la carga y centrado del helicóptero.

La ruta elegida
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El vuelo contratado tiene una duración total de 40 min. (en el que hay que incluir un ligero briefing mostrado en un audiovisual), sobre una ruta harto conocida: Motril-La Herradura, pero “desde arriba”, es decir, desde una nueva perspectiva. En el aire estás unos 20 min. que se te hacen cortísimos contemplando el paisaje con un ojo y analizando el cuadro de mandos con el otro…
Tras este briefing explicativo inicial, proceden a embarcarte en el helicóptero.
Despegamos del helipuerto del Puerto de Motril sobrevolándolo a ras de agua. Remontamos a 500 pies (152 metros) y reseguimos el litoral, dirección Oeste.

Sobre Salobreña

Sobrevolamos Playa Granada, con su campo de golf, y Villa Astrida, la mansión de vacaciones de los Reyes Balduino y Fabiola de Bélgica. Desde allí nos dirigimos a Salobreña, precioso pueblo blanco con estructura medieval construido alrededor de la muralla y el castillo árabe, que corona el pueblo, para a continuación poner rumbo por la costa a Almuñécar, capital turística de la zona. Desde allí iremos a la Punta de la Mona, saliente de tierra sobre el mar, con su precioso puerto deportivo y la Playa del Muerto y sus increíbles mansiones, y por supuesto, aguas inusitadamente transparentes, islotes de piedra, y una maravillosa vista de la bahía de La Herradura.

Sobrevolamos la feraz vega subtropical
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Finalizamos poniendo rumbo de vuelta al helipuerto, observando las plantaciones de frutos subtropicales de Almuñécar: Papayas, chirimoyos, mangos, etc.
El helicóptero cuenta con una cámara interior y otra exterior que graba, en tiempo real, todo lo que acontece  durante la “excursión” (cuidado, pues, con los tacos y exabruptos propios de  la emoción o del canguelo…). El video se entregar al final del paseo (es opcional) al cliente, que podrá contar así con un recuerdo "único" de la experiencia. Grabación esta, muy bien realizada por cierto y de adquisición casi obligada, pues no permiten el uso de tu cámara a bordo (así como de cualquier otro objeto que pueda salir despedido en alguna maniobra brusca).

Tráfico en Marina del Este. Al fondo la Bahía de la Herradura

Descripción del helicóptero volado.-
El Helicóptero es el Robinson R 44, (con motor de cilindros y que no conviene confundir con su hermano mayor, el R 66 a turbina), de cuatro plazas y 2.400 libras es uno de los helicópteros más livianos de su clase. A veces llamado el volkswagen escarabajo del vuelo vertical por su apariencia, resistencia, y efectividad. El R-44 tiene un récord de seguridad que se encuentra entre los mejores de la industria. Es actualmente el Helicóptero más vendido en el mundo.
Este Helicóptero, que sale al mercado en 1992 es actualmente el de mayor venta en todo el mundo. La fábrica vende anualmente unas 300 unidades (más que todas las demás marcas americanas juntas).
Su velocidad de crucero de 112 nudos (algo más de 200 km/h.), 4 amplias plazas, espectacular visibilidad y bajo coste operativo le han hecho ganar un lugar privilegiado entre los operadores comerciales y de trabajos aéreos, superando ventajosamente a muchos helicópteros de turbina.


Sencillo y eficaz cuadro de control


Es asimismo el helicóptero para el piloto privado, que desea desplazarse a bajo costo pero con alto rendimiento, el Helicóptero ideal para fotografía, publicidad, vigilancia y noticias para televisión.
En definitiva, el aparato con más futuro dentro de la producción mundial actual.
Su diseño liso, velocidad impresionante, y elasticidad hacen de él, un aparato noble y fiable. Silencioso y fácil de volar. Se adapta a cualquier necesidad, desde el exigente empresario hasta labores de rescate o policiales. En su fabricación, se utilizan los materiales y tecnología más avanzada.
La sensación en el vuelo es muy agradable, notando tan sólo pequeños deslizamientos planos (como si patinara), imputables creo, a la sensibilidad del aparato ante el viento cruzado. Y ya termino, desocupado lector amigo, diciéndote que,  sin juramento,me podrás creer que nunca veinte minutos fueron tan placenteros   y tan cortos.

La tripulación al completo

NITO

domingo, 26 de agosto de 2012

SEMIHELADO DE PIÑONATE


Buenas noticias para los adictos al chocolate: -¿Quién dijo miedo al oro marrón…? -Según un estudio del British Medical Journal, que acaba de ser presentado en el Congreso de Sociedad Europea de Cardiología, tomar mucho chocolate puede ser cardiosaludable ya que, según el estudio, reduce en casi un tercio el riesgo de desarrollar una enfermedad cardíaca.
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Después de dicho esto, casi es obligada la receta de un semihelado que os traigo hoy y cuyos orígenes parecen tener conexión con el Duque de Mantua, cuyo cocinero viajó a Granada en el séquito de Andrea de Navagero en 1526, cuando se celebraba la tornaboda del emperador Carlos V con Isabel de Portugal.

 Variaciones sobre el mismo tema


“Se trata, pues, de un “semifredo crocantino” delicioso y fácil de hacer, nos dice José Antonio Castillo en su “Cocina andaluza para recitar”, que lo llamamos semihelado porque deberá estar sólo dos horas en congelación, y se saca unos minutos antes de servirlo”.
Nos propone esta receta: “Usar un molde alargado y forrado de film transparente para que el dulce se pueda extraer con facilidad.
Ni que decir tiene que en el S. XVI, los congeladores no existían, de modo que los cocineros de aquellas casas nobles utilizaban el hielo que llegaba a las ciudades desde los “pozos de nieve” que había en las sierras, como en Sierra Nevada, Granada; Sierra de las Nieves en Málaga, y otras.”




Ingredientes.-
Seis yemas de huevo.
Cien gramos de azúcar.
Cien gramos de chocolate de cocinar.
Cincuenta gramos de almendras machacadas, que mezclamos con un poco de caramelo (una cucharada de azúcar y dos de agua en un cazo hasta fundir).
Quinientos gramos de nata montada, cuatro partes para mezclar con el chocolate en el molde y una para adornar.


 Antiguo pozo de la nieve



Con un Soneto se diría así  (del mismo autor):


Quiere ahora explicaros este vate
un postre con un mágico ingrediente,
que de América llega proveniente
y que tiene por nombre chocolate.

Seis yemas y abundante azúcar bate
muy concienzuda e insistentemente;
prepara el caramelo y el crujiente
almendrado que llaman piñonate.

Se funde el chocolate y se le pone
el caramelo líquido, mezclado
con lo anterior, y todo se compone.

Con la nata montada, moldeando.
Se congela un tiempo, corta luego en frio
Y adorna con la nata a tu albedrío.

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Carrito con "glamour" 

NITO

domingo, 19 de agosto de 2012

BODA CORTIJERA


La parte más agreste y montaraz de la Herradura, esa parte menos conocida rio Jate arriba, estaba perlada de pequeños núcleos de población y cortijillos, aparentemente desvalidos y aislados, tuvieron una gran tradición popular, rica en costumbres, leyendas y folclore, tan grande como la Axarquía misma. Una de esas manifestaciones eran las bodas.
Cuando llegaba el día de casarse la novia debía tener hecho el ajuar. Este se componía de sujetadores, enaguas, bragas, sábanas, manteles, que desde pequeñas las muchachas se encargaban de hacer a mano. La novia aportaba el ajuar y los muebles y el novio la casa, un mulo y su ropa.



Semanas antes de la ceremonia preparaban el futuro hogar con ayuda de las amigas que planchaban la ropa, blanqueaban la casa y ponían el ajuar en exposición para que lo vieran los conocidos y vecinos.
La noche antes de la boda, cuando la novia no estaba presente, las amigas más íntimas le preparaban la cama y alguna broma para la noche de bodas.,
El gasto de la boda se repartía en tres partes, una pagaba la familia del novio, otra la familia de la novia, y la tercera, los compadres.


La comida para la boda la preparaban las personas mayores tres o cuatro días antes del acontecimiento, en la casa de la novia; consistía en cabritos, matanza, pavos, gallos, pan casero, pestiños, roscos, etc., dependiendo de su situación económica. La ceremonia religiosa se celebraba a las ocho de la mañana. Para la ocasión la novia se hacía dos trajes, uno para ir en el mulo desde su casa a la de la modista, donde se cambiaba y se ponía el de novia.


Los mulos de los que acompañaban a los novios también se adornaban, echando sobre ellos colchas floreadas, trajes con flecos, cascabeles…
En el trayecto hasta la iglesia, los novios iban en el mismo mulo, él delante y ella detrás, seguidos de los compadres y demás acompañantes. Después de “echarse las bendiciones” la novia se colocaba delante y el novio detrás.
Por regla general, la mayor parte de los acompañantes eran solteros y parejas que se disputaban ir detrás de los compadres, ya que esto se consideraba un privilegio. Ninguna mujer soltera quería ser la última, ya que se decía que era “la mosca”. Los niños y las personas mayores no iban en el acompañamiento, se quedaban esperando en el cortijo.


En determinadas ocasiones iba un burro cargado de bebidas y buñuelos para que se los comieran los acompañantes durante el trayecto de la iglesia al cortijo.
Una vez en el cortijo de la novia comenzaba la fiesta. Tocaban, cantaban y bailaban fandangos cortijeros, verdiales, se recitaban los trobos y se comía todo lo que habían preparado; la fiesta solía durar tres o cuatro días, hasta que se acababa la comida.
Una vez finalizada, se acompañaba al matrimonio a su futura casa, donde se ofrecía a los acompañantes una copa con roscos de huevo, vino, anís, etc.

Nota sentimental.-
Un amigo de mi joven vecino, aquí en la playa (cortijero por más señas y peón de albañil cuando puede), estaba contemplado embobado las estampas de un viejo libro fotos que tengo en casa (“Almuñécar: Recuerdos del pasado”). Estaban  ambos  ilustrándome sobre las costumbres, tradiciones y leyendas de los cortijos en La Herradura.


-¿Cómo tiene Ud. esas fotos? –Exclamó exaltado el cortijero.
-Pues comprando el libro en la librería del pueblo. –Le dije.
-Es que los novios subidos en el mulo son mis padres el día de su boda.
Con los ojos arrasados apuntilló: –¡A mi madre no la conocí nunca. Y esa es la primera foto que veo de ella…!
Resumiendo: Me quedé sin el libro.



NITO

domingo, 12 de agosto de 2012

LA PRIMERA FOTO DE LOS ARRAYANES


1851.- La primera fue de King Tenison
La primera vista fotográfica conocida del Patio de los Arrayanes es un calotipo realizado por Edward King Tenison en 1851. Al localizarse en el libro de firmas su visita el 9 de Septiembre de ese año, acompañado de su mujer Louisa y su hija, puede adelantarse en dos años la toma de esta fotografía, pues hasta ahora se consideraba como cierta la fecha de 1853.


El punto de vista elegido por Tenison es el mismo que el de las litografías de Lewis y Girault de Prangey: Una visión desde el extremo del estanque en la fachada sur; pero la imagen abarca menos amplitud que las estampas, debido sin duda a la limitada apertura del objetivo de la cámara en esa temprana fecha. Lo que observamos en la imagen certifica exactamente lo representado en las litografías: la visión de la fachada norte del patio con su cubierta a un agua, que arranca desde la Torre de Comares, el estanque y la las plantas de arrayán más descuidadas que en la acuarela de Gerhardt, pero con el mismo número de cipreses intercalados y los macizos de boj tratando de ocultar el tronco del arrayán.
Observando con detenimiento la fotografía, podemos comprobar también el ondulado de la cubierta, el movimiento del alero y la deformación de las limas.

1833.- Lewis

1836.- Girault

Obsérvese cómo en las dos litografías anteriores, (las consideradas como primeras pre-fotografías), no existen las torrecillas laterales enmarcando a la Torre de Comares.

Veamos algunas de las siguientes fotos en el tiempo:
1852.- Pablo Marés

1853.- Francisco de Leygonier

En Mayo de 1902, casi diez años más tarde, se levanta de nuevo la cubierta de la galería, para retejarla ahora con las tejas vidriadas de colores, componiendo los tradicionales dibujos en zig-zag, al tiempo que se remató el cupulín con sus escamas imbricadas, pero esta vez con un diseño menos caprichoso. Los trabajos se acabaron en septiembre.
Coincidiendo con estos trabajos, hubo de realizarse la serie de vistas estereoscópicas de la casa Underwood & Underwood ambientada con personajes vestidos a la usanza árabe, pues la única vista que hay del Patio de los Arrayanes es la de la fachada opuesta.
Las obras se reanudaron en Enero de 1904, completándose los enlucidos, yeserías y zócalos de azulejos del interior de la galería, como prueba la fotografía. Estas obras se terminaron en 1905.

1904. Alois Beer

El cese de Mariano Contreras como arquitecto de la Alhambra se produce en 1907, nombrándose en ese momento a Modesto Cendoya arquitecto director, cargo desde el que dirigirá su trabajo hacia otras zonas de los palacios nazaríes. En el Patio de los Arrayanes se produjeron desde entonces pocos cambios que ayuden a identificar fotografías: algún árbol que crece u otro que se seca, cambios de especies vegetales y así hasta 1923, momento en que cesa Cendoya y tiene lugar el nombramiento de Leopoldo Torres Balbás como arquitecto restaurador.


1859. Charles Clifford.
 
Con Torres Balbás la Alhambra vivirá sus mejores años. Merced a su gestión, se aplican criterios científicos en todas sus intervenciones, incluso en la que más problemas causó, que no fue otra que el desmontaje en 1934 de la cúpula de escamas imbricadas del templete Oriental del Patio de los Leones.
Un año antes, dejaba escrito en el Diario de obras “…1933-Septiembre: Se arreglaba la galería que precede a la Sala de la Barca. Se había quitado el cupulín que sobresalía de la cubierta a un agua y las tejas de colores de esta, y el techo y el alero, a los que se les dio aceite.”


1862. Charles Clifford.

Don Leopoldo creía que en el arte hispano musulmán no existió la cúpula exterior como elemento arquitectónico y fue consecuente con ello, eliminando en 1933 el cupulín de Arrayanes y en 1934 la cúpula del templete de los Leones, pues ambos habían sido un invento del restaurador-adornista Rafael Contreras. Una fotografía de A. Campaña y J. Puig-Ferrán, fechada en la década de 1940 deja constancia de esta transformación, que hace desaparecer el cupulín y las tejas vidriadas, observándose también que se ha enlucido de nuevo el muro almenado que une las dos torrecitas, ya que por lo visto seguía dando problemas la canal de recogida de aguas de la cubierta de la Sala de la Barca.

1890. Valentín Barrecheuren.

Con ese hacer y deshacer a lo largo de casi cien años, se abre y cierra un periodo crucial en la historia contemporánea del monumento granadino. Las imágenes conservadas nos ilustran sobre los efectos del tiempo y de la incuria humana sobre un monumento frágil, pero también nos muestran las cambiantes concepciones que inspiraron su restauración y conservación. En ellas, la rotunda fisonomía de la Torre de Comares sigue definiendo y dominando el conjunto, casi como única permanencia cierta en un tiempo de cambios.
 
Cabe preguntarse si se quedó pendiente en la mente de Leopoldo Torres Balbás seguir eliminando invenciones que como las torretas almenadas y el muro que las une habían modificado la imagen del Patio de los Arrayanes que nos trasmitieron artistas como Lewis o Girault de Prangey y que los fotógrafos Tenison y Masson nos han confirmado.
Quizás sea el momento de plantearse la des-restauración de lo falseado en el pórtico del Patio de los Arrayanes.

1872. Frith.

NITO


Bibliografía consultada.-
* Vílchez Vílchez, Carlos. La Alhambra de Leopoldo Torres Balbás
(Obras de restauración y conservación.1923-1936). Editorial Comares.

* Sánchez Gómez, Carlos,Papeles del Partal, núm 3.


sábado, 4 de agosto de 2012

PEDALEAR MATA



SOBRE LA BICI
La cultura de la bici en las ciudades sigue siendo, en general, un quiero y no puedo. En nuestra luminosa ciudad de los cármenes no habría de ser menos y estamos  -como en tantas otras cosas- a la cola de España : Faltaría más…
Es un slogan de modernidad pero luego, ni hay arcenes en condiciones, ni los coches respetan al ciclista. Faltan ciudadanos que tomen como propio el slogan “La ciudad para los peatones, ciclistas y otros medios no contaminantes de transporte”.

Y bien que lo siento, como nostálgico bicicletero. Pero es lo que hay y lo que la ciudadanía demanda…
Además hay otra cuestión que hace al simpático biciclo un artefacto receloso, aún dentro del círculo de sus propios simpatizantes: ¿Sabías que el pedalear mata…? Vamos a explicarnos mejor. ¡ No vayamos a pollillas…!


PEDALEAR MATA

Pedalear mata. Un poco pero mata. Alguien se ha empeñado en elaborar una estadística curiosa: “Al ir en bici, sobre todo en las ciudades, se exponen más los pulmones a los óxidos de nitrógeno, al ozono o al CO que emanan de los apestosos tubos de escape y se pierden, en consecuencia, entre 8 y 40 días de vida. A eso hay que sumarle entre 5 y 9 días por la menor protección en caso de un accidente”.
“En contrapartida, al hacer ejercicio regularmente se alarga la existencia entre 90 y 420 días. Si jugamos con las cifras y, si restamos las medias de todos los datos, sale que, a la larga, usar la bici de manera regular, hace que vivamos siete meses y cuatro días más. ¡El tiempo de un viaje iniciático por el Continente Euroasiático, vamos!”.


La sociedad posmoderna es sedentaria. Si a eso añadimos la tele y las bebidas carbonatadas, ya tenemos un cóctel mortífero para la salud pública; un estudio realizado en Nueva Zelanda concluía que la isla se ahorraría 200 millones de dólares anuales en gasto sanitario si el 5 por ciento de los automovilistas se pasasen a la bicicleta. Coca-cola, sándwich prefabricado y tele, pueden acabar siendo sinónimo de merienda y de obesidad. Si nó que se lo digan a los 72 millones de obesos de Estados Unidos. Si a esto le añades el coche la cosa puede acabar en mórbida.


Ir al trabajo en transporte público implica realizar una media de 51 minutos de ejercicio leve al día. Ir en coche, solo 8, explica Francesca Racioppi, directora del Centro Europeo para el Medio Ambiente y la Salud de la OMS.
Tiene sentido: Entre escaleras, esperas, mini paseos por los andenes y traqueteo, el metro tiene un punto de tabla del Holyday Gym. El coche tiene más que ver con el sillón-ball y la bici es una clase de step con hora de funky. Menos cuando es cuesta abajo que entonces es como hacer pilates.


Cuando alguien me pregunta si practico deporte, contesto que no. “Pero voy en bici”, matizo rápidamente. La conclusión es: Sí...! -Parece que el concepto ejercicio implica camiseta ancha, pantalones de chándal y máquinas. “Coma bien, haga ejercicio y relájese. Ese eslogan médico ha sido fatal para las ciudades y sus ciudadanos”, asegura Enrique Jacoby, experto en salud pública y promotor de Ciudades activas, ciudades saludables. “Asociar el ejercicio únicamente al deporte es un gran error”, continúa.
Para llevar una vida saludable no hay que pasar por la pista de pádel o echarse a correr al parque. Se puede aprovechar el trasiego diario para incorporar movimiento a la rutina.

Así como la OMS lucha contra las enfermedades contagiosas, también se preocupa por las no contagiosas. Y, contra el sedentarismo y la obesidad, la bici es una medida muy efectiva y barata. Mucha gente teme usar la bici en las grandes urbes.
- ¡Seguridad!
- ¡Peligro...!, -Alegan.
- ¡Deberían tenerle más miedo a su sofá…!



NITO

domingo, 29 de julio de 2012

MI VELACHERO DEL SIGLO XIX



"Si ambas luces de un vapor,
por la proa has avistado,
debes caer a estribor,
dejando ver tu encarnado".


Todos los niños, cuando fantasean con aventuras marinas, sueñan con un galeón o barco fantástico que llene sus juegos. Con el paso del tiempo, y ayudados por las lecturas de Salgari, Stevenson o de Julio Verne, estos sueños mudaban a rápidas fragatas o maniobrables goletas.

En mi caso particular alguién se saltó este aserto. Si hay un barco velero que marcara mi niñez diría –sin lugar a dudas- que fue el velachero. Pero no un velachero cualquiera: ¡Había de ser un Velachero del S. XIX…!
Y todo por mor de mi padre, gran fabulador y aventurero mental, que llenó mi mundo infantil con tales enredos.
Un día me obsequió con un tosco "velachero" (¡?!), hecho por él durante aquellos aburridos e interminables servicios de guardia en la Base de Hidros de Atalayón (Nador), tallado en un bloque de corcho proveniente de un viejo salvavidas, provisto de un solo mástil con una vela de un trozo de camisa vieja sobre la que escribió con boli rojo el enigmático nombre de “Jafamet”. Por supuesto que el engendro parecía más un pecio de náufrago que  a un verdadero velachero, del que ni mi padre ni yo, teníamos idea. Con el tiempo, y en sucesivos modelos mejorados, su aspecto se asemejaba más a una tartana levantina. 

Ese mismo día fuimos a botarlo a La Mar Chica de Melilla. No se portó bien en la primera prueba de mar: Lanzado desde el pequeño malecón, se atravesaba al viento y volcaba con facilidad. Poco a poco lo fuimos mejorando hasta conseguir que no volcara, para lo que fue preciso dotarlo de una antiestética quilla lastrada con plomo. Luego vino lo del timón “automático” de viento o artimón y mi berrinche y lloriquera, pues “aquello” se parecía más a una mariposa que a un velero, hasta que comprendí que con aquella veleta, mi Jafamet mantenía el rumbo prefijado y tan veloz, que ganaba la orilla opuesta antes que yo llegara corriendo a ella. ¿Se imaginan a un niño de cuatro o cinco años manejando tales términos y técnicas marineras…?


Luego vendrían otros velacheros más perfeccionados estéticamente y más navegables, pero siempre bajo la atenta dirección de mi padre.
Durante las “necesarias horas de taller” para mejorarlo y arreglar averías, después de hechos los deberes y mientras venía la cena, mi padre nos relataba las aventuras de “Jafamet”, temible joven pirata berberisco, con su rápido “velachero”. Mi progenitor tuvo que poner a prueba su paciencia ante el chaparrón de preguntas que le caían todos los días. Pero para que se sepa: “Jafamet” era un pirarta bueno, que ayudaba a los necesitados y no como aquel otro “perro yaur” de Abul-Seif de mis pesadillas.

Acuarela de la Tartana levantina "Rafael Verdera"

Cuando me emancipé de “su astillero”, (ya en aguas del Mar Menor), me construí uno con una penca de palmera, material formidable que se dejaba modelar casi con las manos y con una flotabilidad total en el que, por primera vez, utilicé para las velas el plástico: Ya no importaban los rociones del agua…
Dibujo del Velachero "Cap de Pera" matricula de Palma

Derivado del vinco genovés, el velachero era uno de los más espectaculares entre todos los navíos tradicionales que navegaban a vela por el Mediterráneo. La elevada popa y la curvatura de su casco eran similares al jabeque argelino, en tanto que el velamen y los aparejos resultaba una evidente combinación de los tipos mediterráneos y del norte de Europa. El mástil de proa cargaba tres velas cuadras con sus vergas, así como un foque, un petifoque y un trinquete unidos a un largo bauprés. El mástil de la mayor y el de mesana aparejaban las tradicionales velas latinas del Mediterráneo. Muy veloz, fácil de manejar, y con una respetable capacidad de carga, lo hacían imbatible al competir en el precio de los fletes con otros navíos.
Plano del Velachero de la casa Constructo

En el Mediterráneo hubo una gran variedad de veleros, siendo muy difícil sintetizarlos, sobre todo si se tiene en cuenta las variedades de tipos en la zona oriental. Sin embargo en líneas generales, puede decirse que los veleros medievales fueron sustituidos primeramente por los jabeques. Luego aparecieron los pingues, bombardas y polacras, que perduraron hasta el S. XIX. El jabeque en particular, con sus dos o tres palos y velas latinas, fue un descendiente directo de la galera y alcanzó gran difusión en el mediterráneo central y occidental. Con su elevada velocidad y facilidad de maniobra, no sólo servía como nave de carga sino también de guerra, y de hecho era el tipo usado por los corsarios y piratas berberiscos en sus correrías por las costas cristianas.
Otro tipo de nave mediterránea era el pingue, y, por antonomasia, el pingue genovés. Este velero tenía una popa muy elevada, aparejo muy particular: Trinquete con tres o cuatro velas cuadras, mientras que en los palos mayor y mesana largaba velas latinas.
A finales del XVII aparecieron el falucho, con dos palos y aparejo latino, y la tartana, con un solo palo dispuesto en candela. Una variante de todos estos tipos fue el laúd, que todavía subsiste en algunos lugares. Todos estos tipos citados formaron la marina de cabotaje del Mediterráneo, y en general eran naves muy ligeras y veloces, muchas de las cuales fueron armadas en corso contra los ingleses durante las guerras napoleónicas.
Pues bien, imaginemos un pingue genovés, pero algo más pequeño y evolucionado en las modernas técnicas veleras del siglo XIX y estaremos ante mi velachero: El velachero de mis sueños y el que reproduje a escala, en cuanto pude hacerme de unos modestos planos.
NITO