miércoles, 14 de enero de 2015

LA POSADA DE LAS IMÁGENES



La Posada de las Imágenes, adosada al antiguo Hotel Victoria

"Cambia la ciudad sin que los ciudadanos nos demos cabal cuenta de ello".

Lo decía Marino Antequera en IDEAL allá por el año 1955 refiriéndose al decreto del Ayuntamiento de la demolición, por ruinoso, del viejo edificio que acogía la posada de las Tablas, el único inmueble antiguo que quedaba en la Trinidad. Precisamente el año que nació el cronista, 1897, el solar que había ocupado el antiguo convento de Trinitarios Descalzos fue declarado de utilidad pública y sobre él se construyó la plaza. Esa zona había cambiado mucho en poco tiempo. La calle Tablas, que empezaba al final de Mesones y terminaba en las afueras, donde el Palacio del Conde de Luque, era una vía muy transitada. La mayoría de las casas de la calle eran antiguas viviendas solariegas "...con escudo heráldico en la fachada, portal empedrado, portón de clavos dorados, amplios patios y pilar con dos caños de agua corriente y hornacina con imagen", según la describe Eduardo Hernández Gómez en el artículo "De la Granada que fue", publicado en IDEAL el 14 de abril de 1948.

                   
Posada del Sol

Viajeros del siglo XIX
Precisamente, de posadas y hornacinas, quisiéramos tratar hoy. Construidas en puntos estratégicos de la ciudad, atendían al tráfico de viajeros y primeros turistas, "con la obligada baraúnda de recuas, arrieros, carreteros y trajinantes de toda laya", como la definía don Marino.
Miguel Lafuente y Alcántara, en su "Libro del Viajero en Granada", una completa "Guía del Trotamundos" para el turista de 1843, describe muy bien cómo eran los tipos de hospedaje que podía elegir el visitante del siglo XIX en la capital.

El enclave de la Posada de las Imágenes

Lafuente aconsejaba a todo viajero con recursos alojarse en fondas, que eran muy cómodas y solían estar bien atendidas. Para él, la mejor era la fonda Minerva, parada de la compañía de Diligencias generales, que estaba en la placeta de los Lobos.
La Antigua en la plaza de Bailén, parador de Diligencias peninsulares, también era de buena calidad, seguida por la del Campillo.
Otras fondas conocidas eran las del Suizo, en la esquina de la calle Milagro, la de San Francisco, en la Alhambra, o la de San Fernando, en la plaza del Matadero Viejo.

El viajero que contaba con menos recursos solía acomodarse en casas de huéspedes, que acogían a estudiantes, militares o a familias de los pueblos de alrededor que venían a pasar las fiestas del Corpus o Semana Santa a la capital.

Antaño

Las típicas posadas
Si definitivamente estaba en las últimas, entonces, y solo entonces, la posada era una buena opción. Lafuente escribe que entre su clientela se encontraban "carromateros, arrieros, soldados, personas desacomodadas, aunque laboriosas y útiles", capaces de tolerar el calor sofocante del verano y el frío glacial en el invierno: "Insectos, desapacible ruido y disonantes palabras en todas las estaciones". Y advierte: "Es triste, pero necesario decirlo: por muchas y muy gratas ilusiones que el forastero conciba al visitar la ciudad, sus maravillosos monumentos y recorrer sus magníficos paseos, su permanencia en una posada contribuirá mucho a rebajar su entusiasmo".

 Hogaño  

En Granada había 35 posadas a finales del siglo XIX. Las mejores eran las de San Rafael, en la calle Matadero; la del Sol y la de Espada, en la placeta de la Alhóndiga; la de las Imágenes, popular por las hornacinas que decoraban su fachada, que estaba en Puerta Real; la de Patazas, demolida en la ampliación de la calle Recogidas; la del Pilar del Toro, en la calle Elvira; la del Triunfo, junto a la plaza de toros; la de las Angustias y la de la Estrella, en la calle Mesones.
Antequera recuerda que, si bien podían ser sitios no recomendables para dormir cómodamente, en ninguna pensión se comía tan bien y tan barato. "El almuerzo de ocho reales constaba de una sopa, un plato de huevos con jamón, un guisado, una menestra, una ensalada, dos postres una copa de aguardiente y pan y vino a discreción". En la posada de las Tablas no se servían almuerzos, pero sus clientes solían acudir a una casa de comidas que había en la calle Alhóndiga, conocida por sus raciones de choto al ajillo a dos reales.
Viejas estampas de una ciudad han desaparecido poco a poco.



Barrios Rozúa, en su "Guía de la Granada desaparecida", nos habla de esta singular posada:
"La casa de las Imágenes fue edificada en el siglo XVII en el punto de encuentro de la calle recogidas con el Darro. La ampliación del puente de la Paja en 1701, embrión del embovedado del río, causó algunos perjuicios  a la casa de las Imágenes, cuyo propietario se embarcó en un pleito. Sin embargo, a la larga, le beneficiaría, porque contribuyó a realzar la importancia del lugar. La creciente demanda de alojamiento en la zona impuso la reconversión de lo que hasta ese momento había sido una pastelería en posada. A partir de entonces sería residencia habitual de comediantes del Coliseo.

La Posada de las Imágenes, un sencillo ejemplo de arquitectura granadina, tenía tres cuerpos de alzada. En la planta baja  se abrían varias puertas de ancho vano sobre las que se ubicaban los espaciosos balcones del piso principal. En el tercer cuerpo los muros estaban rehundidos levemente y hacían sobresalir las pilastras. Las habitaciones se distribuían en torno a un patio.

Durante la primera mitad del siglo XIX la posada de las imágenes fue albergue de numerosos viajeros románticos que en algunos de sus relatos la citan. Los comentarios de los viajeros sobre la hostelería granadina son en general negativos por la poca calidad de sus servicios, y esta posada no es la excepción.
La construcción a su lado del moderno hotel Victoria marca la decadencia definitiva de la histórica posada. Pero lo que determinará su destrucción será el deseo municipal de ampliar aquel espacio urbano, ya que la posada provoca  un estrechamiento en la conexión  de la calle Recogidas  con la moderna calle Reyes Católicos. El Ayuntamiento entabla negociaciones  con el propietario en 1896 y el edificio es demolido poco después tras  la correspondiente indemnización. La parte de su solar que no se utilice para ensanchar la calle servirá para ampliar el hotel Victoria y dotarlo de la bella torre con cúpula que hoy tiene".


Hospedajes poco recomendables, sus paredes ocultaban historias de la picaresca local...

Otro testimonio imprescindible sobre el inmueble, nos lo presenta el cronista de la ciudad Juan Bustos en su "Laberinto de  Imágenes":  
"La posada de las Imágenes, -que podemos ver en la viejísima fotografía de Torres Molina, con el edificio frontero a la misma ocupado por el primitivo “Gran Hotel Victoria”-, fue durante mucho tiempo, en la Puerta Real, antes de la remodelación urbanística de este lugar, uno de los hospedajes más frecuentados de la ciudad. Miguel Lafuente Alcántara, en su “Libro del Viajero en Granada”, editado 1850, la menciona entre las mejores de su época. El autor no se andaba con rodeos y decía: “Aunque conocemos las incomodidades y lamentable atraso  de nuestras posadas, no podemos prescindir de recomendarlas a las personas de escasos medios; en ellas se observa una fidelidad a toda prueba, y se ofrece una económica, franca, aunque no muy elegante hospitalidad”. O sea, que nadie debía llamarse a engaño y pedir lo imposible.
Posada del Pilar del Toro

En la Granada de este cliché no había buenas posadas. Apenas media docena. Las restantes eran viejos caserones desprovistos de cualquier asomo de  de comodidad  en sus habitaciones. En bastantes de estas posadas no se daba comida alguna a los huéspedes; el local más bien servía para guardar carros y caballerías, a las que se les daba el pienso correspondiente. El cliente tenía que contentarse con las viandas propias que traían en sus alforjas, cuando no se iban a comer a cualquier bodegón de las cercanías.
En todos los patios de las posadas, aprovechando el arco de entrada al mismo, o el  medio punto de la puerta que conducía a las escaleras, había una imagen o varias, bien en su hornacina, bien en una tabla sustentada por unas palomillas clavadas a la pared. Las mujeres rezaban ante ellas en casos graves y, en todo momento, al pasar por delante, se santiguaban o se persignaban devotamente.
La “Posada de las Imágenes”, asentada en el edificio de tan fuerte sabor provinciano, sin duda fue hasta su final, digna heredera de aquellas posadas que cantaron Tirso, Calderón, Cervantes o Bretón de los Herreros. “Aquellas posadas donde se encerraban desde el más bueno al más malo, donde el más noble al más villano; donde el de arriba ocultaba su prosapia  para mejor cumplir su deseo, y donde el de abajo se crecía para dar más valimiento a su persona; donde el más sabio y el más necio compartían habitación.

Posada del Potro

NITO




BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA.-

Amanda Martínez
Juan Manuel Barrios Rozúa
Juan Bustos Rodríguez


1 comentario:

Isabel dijo...

Que interesante relato de unos tiempos relativamente cercanos en el tiempo, y que sin embargo parecen tan lejanos que se diría que no han pasado poco más de cien años, sino trescientos o cuatrocientos, tan diferente era la ciudad y sus costumbres.

El abuelo de mi suegra q.e.p.d. fue el dueño de la posada Patazas, demolida para ensanchar la actual calle Recogidas. Mi suegra me hablaba de la posada, de su abuelo (francés que recaló en Granada y que se enamoró y casó con una granadina), del extraño nombre de la posada, de cómo por avatares del destino la posada fue a caer en manos extrañas a la familia e hizo ricos a sus nuevos propietarios, de la amplísima azotea por la que jugaban los niños con patinetas de lado a lado, de cómo sus abuelos no habitaban en la posada sino en un carmen de la calle de Gracia...Relatos que a mí, que siempre me han gustado y atraído tanto los tiempos antiguos, me encantaban.

No sabía de la distinción entre fondas y posadas; pensaba que eran dos formas de nombrar el mismo tipo de inmueble. Y tampoco sabía de las incomodidades que se solían encontrar en ellas. Aunque dada la época, no es de extrañar.

También me ha resultado muy interesante conocer los menús que se daban en las mismas posadas. Menús tan abundantes, cómo variados. No creo yo que hubiera muchos viajeros que fueran capaces de dar cuenta de todo el menú, cómo no trajera hambre atrasada.

Gracias Nito por traernos estas estupendas fotografías de nuestro pasado, acompañadas de tan buenos e interesantes artículos.

Un saludo.