jueves, 27 de septiembre de 2012

FRANCISCO DE PAULA, EL CRONISTA DE GRANADA


Granadino de pura cepa, investigador incansable, cronista de nuestra provincia y periodista notable fue Francisco de Paula Valladar y Serrano, una de las personas más eruditas de la Granada de finales del siglo XIX y primer tercio del siglo XX.
A Valladar –nacido en esta ciudad el 16 de abril de 1852 y fallecido también en esta Granada de sus pesares el día 22 de febrero de 1924- no le fue reconocida en vida ni aún tras su fallecimiento la incuestionable valía de sus trabajos de investigación.
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Siempre existieron (nos cuenta José Antonio Mesa Segura), ciertas reticencias respecto al pleno reconocimiento de la obra llevada a cabo por Valladares argumentándose en su contra el carácter autodidacta de su formación, si bien se ha venido produciendo simultáneamente el contrasentido de que un amplio sector de investigadores haya recurrido frecuentemente a sus documentados trabajos históricos, artísticos, musicales, periodísticos y literarios.

A estas alturas del siglo XXI –cumplido ya con creces el siglo y medio de su nacimiento- parece que ya se va tomando conciencia de lo que Granada debe a Valladar y que no le fue reconocido en su día.
Lo cierto es que a Francisco de Paula Valladar en Granada le ocurre como a Alfredo Cazabán en Jaén y Díaz de Escovar en Málaga: Fueron cronistas de talla y casi olvidados. ¿Y Juan Bustos…?


Así es Granada, unos cronistas con parque y otros aparcados. Nació hace 160 años y fue considerado como una de las personas más eruditas de finales del XIX e inicios del XX
El 16 de abril de 1852 nació en la calle Jesús y María el incansable investigador, bautizado en la iglesia de San Matías con el nombre de Francisco de Paula Toribio Valladar Serrano que resulta ser una de las personas más eruditas de finales del siglo XIX y principios del XX. No está mal aprovechar la fecha de su nacimiento para recordarlo.
Curiosamente su primer homenaje póstumo fue en Madrid. Y en Granada, en febrero de 2004, la Casa de los Tiros ofreció una interesante exposición diseñada por su director González de la Oliva, en la que se nos ofreció el Valladar escritor, periodista, cronista, músico, artista y poeta. Gracias al nutrido archivo que se guarda en esta ilustre finca donde “el corazón manda”.

Casa donde nació y vivió en la calle Jesús y María

Trabajó como Redactor-Jefe en La Lealtad y colaborador en El Defensor de Granada, funcionario del Ayuntamiento, Presidente de la Comisión de Monumentos y Delegado Regio de Bellas Artes, Presidente del Patronato del Generalife, Cronista de la Ciudad, Presidente de la Asociación de la Prensa y del Centro Artístico y literario, correspondiente de las Reales Academias de la Historia y de Bellas Artes de San Fernando. Una larga trayectoria profesional.
En 1884 crea su propia revista, La Alhambra, movimiento artístico y literario granadino que dura cuarenta años.
La primera ubicación del busto erigido al cronista, en el Triunfo. 

Fue cronista de Granada y desde 1903 también de su provincia, aunque sin retribución económica. Cronista de verdad, de los que viven y mueren en la ciudad que aman, conocen, estudian y defienden. Cronista generoso y preocupado, de cuya dilatada producción científica nos hemos beneficiado estudiosos de temas históricos, artísticos, literarios, periodísticos y hasta musicales. Llegó a ser director de orquesta y profesor de música.

Dos tesis doctorales hay escritas sobre él, aunque su modesto busto, obra del escultor José María Palma, pintarrajeado de vez en cuando, esté casi escondido más arriba del quiosco de las Titas (que por cierto es su tercera ubicación, que yo sepa), la calle puesta a su nombre en el Polígono de Cartuja más que calle es callecita y su tumba sigue desvencijada en el cementerio de San José. Pero, como reza en la losa que cubre al Gran Capitán en San Jerónimo, su gloria no quedó sepultada con él.

Francisco de Paula Valladar murió el 22 de febrero de 1924, la ciudad entera acudió a la conducción del cadáver, aunque el Ayuntamiento le denegó la pensión que solicitó su viuda Dolores Núñez. Es verdad que lo enterraron gratis, pero su tumba hoy presenta un aspecto que es mejor ni verla. Así es la vida en Granada. Por eso decimos que hay cronistas con parque y otros aparcados.

Relato basado en:
1) Reportaje gráfico de “Granada hoy” de José Luis Delgado.
2) Estudio preliminar de José Antonio Mesa Segura.


NITO

miércoles, 12 de septiembre de 2012

LA CANTINERA DE MONTE ARRUIT

Vista de Nador desde el Gurugú. Al fondo la laguna litoral  de Mar Chica

La historia que traemos hoy tuvo lugar durante los trágicos sucesos ocurridos en el caluroso verano norteafricano de 1921. Cuando nuestro Ejército Colonial sufrió el más disparatado y vergonzoso descalabro de su historia: El Desastre de Annual y Monte Arruit.
La carnicería humana fue tal que aún hoy los especialistas no se ponen de acuerdo en cuantificar las bajas, Tantas que “…los buitres, ese día, sólo comían de comandante para arriba”.
Allí se vivieron escenas de pánico, cobardía, desorganización, irresponsabilidad…, a la par que valentía, entrega, sacrificio y heroísmo...
¡Valentía y caridad…! Tal es el caso de la granadina Juana Martínez López: “La Cantinera de Monte Arruit” (*)
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Juana: La heroina de Monte Arruit

Crónica de una cantinera en Monte Arruit
-“Quiero ayudarte, porque eres benemérita de la Patria. Doce mil pesetas has perdido; te las daremos para que tengas otra vez tu comercio. También cuidaremos de tus hijos. A cambio de esto, España solo te pide que los eduques en tu misma resolución: valor y caridad que te colocan entre las heroínas de la raza”-
(Ministro de la Guerra, Sr. De La Cierva a Juana Martínez López).


Juana Martínez López

Esta mujer, que debió de nacer entre 1871 y 1881 ya que en las noticias de la época, se le hacían entre los 40 y 50 años, nacida en Yendón (**), en la provincia de Granada, estuvo casada con Bernardino Vizcaíno Sánchez. De tamaño mediano y complexión gruesa, era madre de cuatro o cinco hijos, de los cuales, no más se conoce el nombre de uno de ellos, Salvador, que fue el que junto a su madre, se quedó en Batel donde ella, regentaba una cantina ambulante en la cual, se suministraban víveres y bebidas a los soldados españoles allí destacados. De El Batel, marchó con las tropas a Monte Arruit, donde soportó con bravura sin igual, el asedio de los rifeños para posteriormente, caer cautiva. Fue liberada en las cercanías de Nador y de allí, marchó a Melilla.

Por su comportamiento y méritos obtenidos durante aquellos calurosos días del verano de 1921, el gobierno español, la condecoró con dos Cruces al Mérito Militar. Una vez fue recuperado en parte el territorio perdido, marchó con el Ejército a Monte Arruit, donde en las proximidades de la estación del ferrocarril, estableció una nueva cantina la cual regentó hasta su muerte el 14 de octubre de 1929 a consecuencia de una rápida pulmonía. Recibió cristiana sepultura en el Cementerio de la Purísima Concepción en Melilla a la mañana siguiente.
Juana Martínez, ya había destacado con anterioridad a los sucesos de Monte Arruit, ya que con ocasión de haber cuidado a un soldado que falleció de “repugnante enfermedad” hasta su último momento, incluso, lo amortajó. El general D. Manuel Fernández Silvestre, enterado de tan encomiable acción, hizo formar a la tropa y enalteció la labor de la cantinera Juana, solicitando para ella, la Cruz de Beneficencia.

Convivencia en Ben-Tieb

La marcha a Monte Arruit
Al caer Batel, las tropas se retiraron hacia Monte Arruit. Una de las personas que se integró en aquella fuerza, fue doña Juana Martínez López, Cantinera de Batel. Sobre dicha marcha, Juana, declararía ante el general D. Juan Picasso en la elaboración del Expediente que llevaba su nombre, quedando constancia en el folio nº 455, (textual)
“…Cuenta Juana Martínez López, cantinera de Batel –folio 455 vuelto- que el día 23 de Julio, después de mediodía vió pasar numerosas tropas en desorden, que huían hacia la plaza, algunos hombres sin armamentos, y todos destrozados o desnudos; también iba la Caballería de Alcántara, el quinto escuadrón y otros, mezclados, y mulos de Artillería. Pararon en el Batel hasta que a la caída de la tarde aumentó la afluencia de fugitivos; por lo que todos emprendieron la huída hacia Monte Arruit, refiriendo los demás pormenores de la suya, hasta lograr acogerse a esta posición, con vivo relato…”

Una vez hubo llegado a Monte Arruit, atendió de forma voluntaria a los heridos, entre ellos, al Jefe del Escuadrón de Caballería de Alcántara nº 14, que tan heroicamente cargó contra las fuerzas rifeñas hasta tres veces, para proteger la retirada de las tropas españolas, continuamente hostigadas por los moros. Juan J. Aranda, en su “Rincón de Aranda”, informa que el Teniente Coronel Primo de Rivera, jefe de ese valeroso Escuadrón de nuestra Caballería, murió en los brazos de Juana. El 23 de julio de 1921, murió en manos de esta mujer, de edad comprendida entre los 40 y 50 años, de estatura mediana. Sobre este hecho, el Ministro de la Guerra en aquellos años, Sr. De la Cierva, felicitó personalmente a la cantinera, quedando este hecho recogido en “La Vanguardia de Barcelona”, el viernes 30 de diciembre de 1921.

Filatelia del Protectorado Español

D. Fernando Primo de Rivera, herido. Expira en brazos de Juana Martínez López
Dado a conocer a la opinión pública española en el diario “El Sol” de Madrid, bajo el título “…La Cantinera de Monte Arruit relata la retirada, defensa y rendición…” el hecho de la herida del valeroso jefe del Escuadrón de Caballería de Alcántara 14 durante la defensa de Monte Arruit, al cual una bala de cañón rifeño le arrancó casi en su totalidad el brazo y tuvo que ingresar en la enfermería para ser atendido. Para salvarle la vida, los médicos militares, de los cuales sólo sobrevivió a aquella matanza, el doctor Peña, capitán médico, tuvieron que amputarle el brazo. Primo de Rivera moriría tres días después a consecuencia de las infecciones dada la grave precariedad en la que aquellos galenos de la milicia, llevaban a cabo verdaderos milagros con sus manos y los escasos y nulos medios con los que contaban. Juana Martínez, narró de la forma siguiente aquellos hechos (textual):

“…que los sucesos la habían sorprendido en Batel, y que, no queriendo abandonar a las fuerzas ni a los heridos, envió el carro con tres hijos suyos a Melilla, y ella se quedó con otro, con el cual acompañó a las fuerzas en la retirada a Monte Arruit. Refiere Juana que el teniente coronel Primo de Rivera, el día que lo hirieron, entró en la enfermería, sujetándose el brazo izquierdo, que le colgaba, casi seccionado, por la bala de cañón, y le rogó a ella que avisase a los médicos y al general Navarro. De los médicos que hicieron la cura, uno de ellos sobrevive, es el capitán Peña. La practicaron con agua de colonia y ella tuvo en sus brazos a Primo de Rivera, mientras le hacían la amputación, sin cloroformo, porque tampoco lo había. Ella le cuidó después y le pidió que no se moviera.
El día del asalto, la brava mujer, armada de un fusil, se defendió y defendió a su hijo a tiros contra los moros, y así consiguió ganar la tienda de un hebreo en el poblado, y allí se defendió hasta que le dieron un culatazo en el pecho…”

Cementerio de Monte Arruit

Después de Monte Arruit
Juana Martínez, una vez hubo alcanzado la plaza de Melilla, fue objeto de homenajes como el que le rindió el Escuadrón de Caballería de Alcántara 14, y del que quedó constancia en la prensa de la época a tan merecido comportamiento.

Pero después de Arruit, ¿qué fue de la cantinera Juana?
La pista, se la seguimos a través de la prensa de la época, así, podemos saber que el 14 de agosto de 1922, resultó herida en un accidente automovilístico, en un choque de camiones ocurrido en Nador y que en el mes de julio, había estado en Madrid, donde había sido recibida por S.M. el Rey D. Alfonso XIII y ya se daba noticia en el “ABC” el 18 de julio de 1922.

Establecida en Monte Arruit, los soldados, le construyeron una casa en el año 1923 (la noticia, fue dada por el rotativo “ABC”, del día 16 de enero). Pero de las promesas que se la habían hecho tanto a ella como a terceras personas dimanantes del desastre vivido en 1921, por parte del Ministro de la Guerra Sr. La Cierva, ¿qué había sido de ellas? Juana, en vista que el tiempo pasaba y las “promesas”, habían sido eso, “promesas, palabras”, marchó en 1924 a Madrid para intentar que se le abonara lo perdido en la cantina de Batel.
Ese viaje, no debió de tener un resultado favorable ya que años después, en 1928, se desplazaba de nuevo a la península en busca de esa ayuda, dirigiéndose esta vez a Málaga, donde llegaría a entrevistarse con S.M.la Reina.

En Monte Arruit, Juana, se había convertido en una guía de excepción para todos aquellos que interesados en los sucesos del verano de 1921, visitaban dicho campamento. Fue de esta forma y con ocasión de la visita de los Magistrados de la Audiencia de Málaga de igual forma que hizo durante la visita de los Reyes de España a Arruit en 1927, que recibió donativos por parte del Presidente del Directorio Militar, el General D. Miguel Primo de Rivera y Orbaneja y de la Marquesa de Torralba.

En la pista de Tiztutin a Dar Drius estaba la posición de Batel

Octubre de 1929, fallece Juana Martínez López
Y España, no se olvidó de aquella valerosa y brava mujer, doña Juana Martínez López, Cantinera de Monte Arruit. Los diarios madrileños “El Heraldo de Madrid”, “La Libertad”, el “ABC” de los días 15 y 16 de octubre de 1929 respectivamente, daban la triste noticia de esta granadina que demostró su valor en aquellos calurosos días de julio y agosto de 1921.
Sus restos, descansan en el Cementerio de la Purísima Concepción, muy cerca del Panteón de los Héroes, como si Juana quisiera continuar cuidando a los bravos soldados que en Arruit sucumbieron y descansan en tan señalado lugar de honor. De hecho, la Comandancia General de Melilla, continúa recordando en la actualidad a Juana en sus actos celebrados con motivo del día de Todos los Santos.



(*) En realidad, Juana era la cantinera de Batel (Aasel), no de Arruit, aunque con posterioridad lo fuera.
(**) No he encontrado referencia alguna al pueblo Yendón en Granada.
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BIBLIOGRAFÍA.-
Relato basado en recortes de prensa de la época, fundamentalmente de “Heraldo de Melilla”, “ABC”, Telegrama del Rif” y otros.
Trabajo de D. Hans Nicolás Hungerbühler
Notas de D. Juan Díez Sánchez, de la Asociación de Estudios Melillenses.


NITO