lunes, 23 de mayo de 2011

JULIANA: ABNEGACIÓN DE MADRE

Juliana
Había dejado la llave de su cuarto puesta, a propósito, “a cosica hecha”.
Sobre las nueve de la noche de aquel día de abril de 1.935, cuando la ultima luz solar se dejaba ver aun por aquellos montes de la Contravisesa, más abajo de Yégen, el pueblecito alpujarreño granadino, que se preparaba para la noche, para la oscuridad mas penetrante y el silencio mas sepulcral.
De algunas casas el humo de las chimeneas iniciaba su camino hacia el cielo, como si quisiera esconder los guiños de esas estrellas inmensas de la alta Alpujarra.
Juliana se dispuso a llevarle el tazón de “leche migá” a Don Gerardo, que miraba como hipnotizado las llamas de ese fuego de la chimenea, sentado en el viejo sillón.
Juliana tenía quince años, lozana y virgen inmaculada. Ni le miró, pero ambas miradas coincidieron en aquellos destellos del fuego. No mediaron palabra alguna. Dejó el tazón sobre la mesa y salió: “Que pasen buena noche los Señores” Se notó en esa frase su nerviosismo y se marchó con el corazón a punto de estallarle. Sus latidos sonaban como tambores de guerra que anunciaban los acontecimientos próximos a llegar.
Los señores de la casa se despidieron también: Buenas noches Don Gerardo, que ud. descanse.
Quedó sólo en el comedor sin apartar los ojos del fuego de la chimenea que expandía por toda la habitación el movimiento de sombras que iban y venían como si de un baile tenebroso se tratara: baile de la vida al propio tiempo que de la muerte. Permaneció unos instantes pensativo, como dudando, luego se levantó y se detuvo frente a la puerta del cuarto de Juliana. Sabía que la llave estaba puesta. Y entró.
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2 Gerald Brenan
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Cuantas veces se había preguntado Juliana por su futuro. ¿Sabría encontrar alguna salida digna frente a lo que la realidad le ofrecía? : Servir en la casa de algún cacique del pueblo a cambio de mal comer y un camastro donde refugiarse en las frías noches de invierno o en la casa de algunos señores de la capital donde su tiempo sería propiedad exclusiva de los “señoricos”. Había oído a algunos mayores del pueblo decir que existía un sitio que se llamaba Londres y otro que se llamaba Paris, y se dormía pensando si sería capaz de dar ese paso tan importante: marcharse para siempre.
De la noche a la mañana apareció Don Gerardo, que doblaba su edad y algo más, pero…era tan guapo… El forastero, tan “finico”. Esa cachimba entre los dientes, dejaba asomar un bigote intelectual que le daba un aire de extraordinaria nobleza. Pausado, tranquilo de movimientos, que le conferían asimismo, una extraordinaria elegancia. Juliana no tuvo defensa y se enamoró de él perdidamente, con ese amor que a los quince años es puro fuego que abrasa.
¡Creo que es inglés! Comentó Amalia, la panadera. Militar de profesión que ha venido al pueblo “pa tomar los aires” y descansar. Aunque también he oído decir que es artista de esos que escriben libros y novelas.
Juliana, como algunas solteras más del pueblo cayeron irremisiblemente en el sueño profundo del amor hacia aquel caballero llegado cual príncipe azul. Solo que ella no podía imaginar que el destino la llevaría a servir en la casa donde Don Gerardo tenía alquilada la habitación que le daría cobijo durante más, menos seis años.
¿Cuándo llegaría la mañana para poder llevarle el café y el bollo de pan recién “salio del horno”?. Y la hora del almuerzo “pa servirle lo que quisiera”. Desde la ventana procuraba mirarle sin ser vista, cuando él salía y se la comían los celos cuando alguna se le acercaba para darle las “güenas tardes”.
¡Qué malos tiempos…! La guerra civil en España asomaba sus fauces ya, por las esquinas y la miseria se cebaba con estos pueblos de la Alpujarra. Pero ella se alisaba y cepillaba el pelo mil veces antes de salir a servir al señorito.
El, ya se había percatado de estas miradas y esos sonrojos solamente con que le diera las gracias por servirle la cena. Se había fijado en la belleza primitiva de Juliana, casi árabe, morena y ojos grandes, penetrantes, capaces de encender un candil de torcía o mariposa por si mismos y la miraba de reojo como el depredador que acecha para dar el zarpazo definitivo.
El amor entre ambos no era coincidente. Ella se había enamorado locamente: sería lo que Dios y él quisieran que fuese. Estaba dispuesta a asumirlo. No así él, que la veía con los ojos del hombre hambriento y sediento de mujer, aunque con educación exquisita no le mostraba sus íntimos intereses, lo que hacía que ella se hundiera cada vez más en la profundidad de su amor.
Los renovados sueños y esperanzas de Juliana estaban a punto de desvanecerse. Sería poseída por aquel embaucador y seductor inglés, pero con el paso del tiempo vería cómo éste solo se limitaba a alimentar su instinto más básico. Juliana se había entregado en cuerpo y alma. Se quedó embarazada y Don Gerardo para no ser objeto de comentarios impertinentes en el pueblo se marchó a Inglaterra.
La tragedia acababa de confirmarse: mujer soltera, menor de edad y embarazada no eran por aquellos entonces argumentos válidos en los pueblos del sur de aquella España terrible, que se preparaba para uno de los episodios mas vergonzosos y oscuros de su propia historia.
Elena, nombre que dio Juliana a la hija cuyo padre había trastornado su vida, tenía tres años, recién acabada la contienda civil. Y Don Gerardo se presentó en el pueblo.
La conversación no fue muy larga, pero si tensa e intensa. Las palabras y los silencios que acontecieron traspasaron el cielo alpujarreño: ¡Que se la lleve Vd.!, apostilló Juliana. ¡Mejor estará y mejor educación recibirá que aquí en medio de esta horrible miseria conmigo, aunque se me parta el alma!. El acuerdo sentenció: ¡no volverás a verla!
Durante algún tiempo Juliana recibió dinero que le enviaban desde Inglaterra. Luego vendría la amargura, porque años más tarde, arrepentida de su promesa, quiso buscar a su hija, efectivamente aquella sentencia se cumplió y jamás volvió a verla.
La vida de Juliana transcurrió a través de los años por un autentico “vía Crucis”: Los comentarios del pueblo no podía soportarlos y se vino a Granada donde trabajó de sol a sol en la cocina de un restaurante. Se casó dos veces, tuvo dos hijos con cada uno de los maridos y enviudó las mismas veces. Sus cuatro hijos fueron marchándose. La emigración era la única salida para aquella juventud que sin haber tenido culpa de nada, era receptora de los peores atributos humanos.
Así transcurrieron los últimos días de su vida. Intentando averiguar algo de su hija y no se enteró de que Miranda (así le pusieron tras su salida de Yégen) había fallecido dos años antes que ella.
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Hace unos días, con motivo de próximo recital en homenaje a Carlos Cano, indagando en su “Pasodoble torero a Gerald Brenan”, pude acceder, como casi siempre ocurren estas cosas, de casualidad, a un comentario que hace un par de años hizo un nieto de Juliana, desde un pueblo de Cataluña. La frase caló con fuerza en mí y, en honor a la verdad, me dejó “pillado”, provocándome de inmediato este escrito. El comentario decía así:
<”Mi abuela Juliana fue una gran mujer, que sacrificó el amor de una hija para que tuviese mejor vida que la que a ella le había tocado vivir. El señorito inglés, como siempre hicieron los caciques, la vio, le gustó, la usó y luego la abandonó”>
GAMEL WWOOSEY Don “Geraldo”, su esposa Gamel y su hija Miranda Helen
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Esta historia es verdadera y conocida y se han vertido ríos de tinta sobre ella. Antonio Ramos Espejo, periodista granadino, escribió “Ciega en Granada”, que narra esta historia. Fernando Colomo estrenó su película correspondiente sobre el asunto. Yégen, en el corazón de la alpujarra granadina existe y seguirá existiendo. Juliana Pelegrina y Gerald Brenan dieron y seguirán dando que hablar. La obra escrita de Brenan quedó inmortalizada y continuará siendo objeto de estudio de futuras generaciones, pero creo que el gran legado de Juliana (la que salió peor parada de esta historia) fue sin duda su generosidad, pues nos dejó un clarísimo ejemplo de amor sin recibir nada a cambio. El amor hace que sigamos vivos. Sin amor solo existe vacío y oscuridad. No seríamos capaces de sobrevivir mucho tiempo. Estoy seguro que esas estrellas que brillan más en la Alpujarra que en ningún otro lugar son sin duda la parte visible de ese extraordinario y poderoso amor que Juliana pudo y supo transmitir. Gracias Juliana.
carloscano-bs
¿Conocería Carlos Cano esta historia…?
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JUAN  GÓMEZ

sábado, 14 de mayo de 2011

EL ARTE DE HABLAR BIEN O LA POYA DEL PANADERO


¡Dejaos de pollas, vayamos a pollas…!
Es que no puede ser, caballeros…
Mientras unos estábamos entretenidos en eventos finos y de altura, deleitándonos con la voz y la guitarra del rapsoda y amigo Juan Gómez otros, como el señor periodista y escritor Andrés Cárdenas presentaba y firmaba en la Feria del Libro ejemplares de su última obra, 'Dejaos de pollas, vayamos a pollas'. (Manda cohones el titulillo…)
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En este volumen, escrito en el tono humorístico que le caracteriza, el columnista de IDEAL analiza de forma pormenorizada el curioso caso de ese sinónimo de pene que en Andalucía oriental se utiliza profusamente en contextos lingüísticos que poco o nada tienen que ver con el órgano sexual masculino.
En la presentación, Cárdenas defendió que este vocablo, para granadinos y jienenses, «no es una palabra soez o irreverente, porque si lo fuera no la tendríamos siempre en la boca». Se trata, subrayó, de «una especie de comodín», de «un término polisémico casi perfecto, porque pronunciada reiteradamente en una única frase se puede sustituir por casi cualquier otra en ese contexto sin que se altere el resultado final del discurso».
Por eso decía que no se puede: Que unos sean tan deslenguados y descreídos y además ocurrentes y graciosos, y otros en cambio dándole vueltas a un articulillo que por recato y morigeración nunca nos atrevimos a editar.
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1 Panadero de Alfacar

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Señoras y caballeros,
damas de cría, infantes,
y militares sin graduación:
Tarde, pero me he decidido,
y disimulen la indiscreción.
Échenle, si gustan, los sapos
y culebras al periodista,
Juan Cárdenas, el guasón,
Pues lo mío es pura ciencia
etimológica nazarí, fresco
y puro léxico andalusí.
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Y ahí va el cuento en cuestión.- Hace unos años, curioseando en una obra de Lévy Provençal "Tres tratados hispánicos de ḥisba", encontré un curioso étimo; el cual, me resultó muy familiar en la cercanía y el tiempo con Granada, Jaén, Almería, Murcia y sus Provincias: Como quien dice, en todo el antiguo Reino de Granada.
En dicho tratado, - en la que hace mención la ḥisba de 'Abd ar-Ra'ūf - el término hispano-andalusí "póya" -ببوخه- como un "bollo" o bien el "panecillo con el que se paga al hornero o panadero". Pasó al castellano como "poya", al catalán como "puja", y al árabe-maghrebí como "piwa". Su etimología parece ser la "puja" con la que había que alzar por encima de la hornada de pan, para pago del hornero; que al consistir en un "bollo pequeño y alargado", pronto adquirió su sentido secundario, como bien refleja socarronamente su autor en su ḥisba.
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Así pues estamos ante un vocablo malsonante por tierras hispanas. Mientras que en Murcia se utiliza "pijo" con el mismo origen y connotación, en Granada se dice claramente -como ejemplo- : "¿Qué "poyas" dices?".
Aquí estamos viendo que el granadino está muy disconforme con algún comentario no del todo claro. También podríamos escuchar del mismo modo a un murciano preguntar: ¿Qué "pijo" haces?
Es evidente que tanto el granadino como el murciano, están hablado correctamente al no referirse con dicho término a ningún órgano externo del panadero, sino más bien al poco o nulo contenido del discurso, o al escaso provecho de un determinado asunto o cuestión baladí.
Demos las más sinceras felicitaciones a ambas comunidades, por mantener parte de tan fresco léxico andalusí, y a Abd ar-Ra'ûf, por su inestimable sentido del humor.
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NITO

sábado, 7 de mayo de 2011

CAMINO DE RONDA DE LA ALCAZABA


El Camino de Ronda de la Alcazaba es el espacio del mes de Abril de la Alhambra.

La Alhambra se encuentra elevada sobre la colina de la Sabika. Esta situación implica un control del espacio física y simbólicamente, consiguiéndose el dominio de un territorio a la vez que su defensa. La ubicación la hace independiente e inexpugnable, especialmente a partir de un punto estratégico como es la Al-Qasba, el espacio más antiguo de la Alhambra.
Su construcción se remonta según las crónicas a la época omeya y para algunos historiadores a la romana y visigoda aunque los restos más antiguos documentados son del siglo XI cuando se comienzan las primeras obras por orden de Yusuf Ibn Nagrella, visir judío del emir Badis Ibn Habus (1.038-1.073.)
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La Alcazaba fue escenario de luchas en varias ocasiones, ya en la crisis del Califato, allá por el año 888 Ben Haldún se hizo fuerte en ella y tras la caída del dominio almorávide lo hizo un caudillo local llamado Zafadola. En 1238 el primer emir nazarita Muhammad Ibn Al-ahmar Ibn Nars manda construir sobre las ruinas preexistes la Alcazaba. Esta se le compara con un barco cuya proa está orientada hacia el oeste dominando completamente la ciudad. Tiene una forma triangular y se puede decir que es el paradigma de cómo debe ser una fortaleza pues está en lo alto de una colina cuyos bordes son escarpados los del norte sobre el rio Darro, los del oeste sobre la Madinat Garnata y la Vega (al-Fabs), los del norte sobre el barranco de la Asabina y tan solo la parte oriental es la de más fácil acceso por esta es la parte mejor defendida por altas torres.
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En la época zirí la Alcazaba tenía tres torres al norte y una al este. La entrada se situaba en el oeste y era muy compleja. De esta antigua alcazaba salían dos líneas de murallas. Una coracha se dirigía hacia el norte y bajaba hasta el Darro e iba través de la Bib al-Difaf, hoy mal llamada Puente de os Tableros, enlazaba con la muralla de la Alcazaba Cadima y otra coracha se  dirigía hacia el sur para enlazar con la alcazaba del Mauror, salvando la vaguada de la Sabica donde se situaba la Bib al-Jandaq o puerta del Foso. Posteriormente en la etapa Almohade (s.XII-XIV) se añadió una puerta en recodo con arco apuntado de piedra y una bella bóveda baída de ladrillo. Como puerta exterior está en recodo al final de la compleja entrada zirí. Esta puerta comunicaba con la torre de la Vela y fue macizada en la época cristiana y es Torres Balbás el que la descubre en 1.906 dejándola en el estado actual.
Sobre estas ruinas de la anterior alcazaba construye en 1238 Muhammad I Ibn al-Ahmar su alcazaba.
Tiene doble amurallamiento y en el centro se encuentra el patio de Armas y el barrio castrense con un baño y una serie de silos y mazmorras así como un aljibe.
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En las murallas interiores encontramos las siguientes torres: Al oeste, torre de la Vela y en su base la primitiva puerta, al sur torres de la Pólvora y la Sultana, al este las torres más potentes porque esta es la parte más llana y son la del Homenaje en la que se supone que establece Muhammad su sede, Quebrada, el nombre le viene porque años más tarde Yusuf I sobre la torre anterior levanta la suya y como los materiales son diferentes y dado que Granada es zona sísmica se resquebraja y la del Adarguero o Hueca. En la muralla sur se levantan las torres Arquiza y las torres del Criado del Dr.Ortiz.
Luego construye otra línea de murallas más al exterior con su adarve y entre ambas líneas de murallas discurre el foso o la calle perimetral y levanta una serie de torres, la de los Hidalgos y la de las Armas.
El acceso a la Alcazaba se hacía por la Puerta de las Armas, nombre que le viene por ser el lugar donde estas se depositaban pues no se podía entrar en el recinto armado. Una vez superada esta puerta se llega al foso y allí se tiene dos opciones: Si vas a la derecha, se penetra en una calle perimetral que rodeando la Torre de la Vela se penetra al patio de Armas por la puerta más antigua de la Alhambra y si vas a la izquierda, se dirige hacia la Puerta de la Tahona y una vez superada se llegaba a la plaza de la mezquita de los príncipes con tres opciones: Ir al Mesuar, ir a la calle Real Baja o subir a la Puerta del Vino y tomar la calle Real Alta.
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El tramo comprendido entre las puertas de las Armas y de la Tahona sería sobrecogedor por ir encajonados entre la muralla interior que además esta alamborada con gruesas piedras y la exterior con la impresionante torre del Homenaje en la que siempre había guardia en sus almenas. Al construir tras la Reconquista el muro para proteger las torres del Homenaje, Quebrada y del Adarguero se hace un revellín en forma troncocónica que se conoce como el Cubo y se deja en su interior la puerta de la Tahona que no es descubierta hasta los años 50 por Prieto Moreno y Jesús Bermúdez Pareja.
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Antonio Montufo Gutiérrez

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