domingo, 10 de julio de 2011

MASCARONES DE PROA

Diosa Minerva sobre la proa del buque Juan Sebastión del Cano

Ilusiona pensar que, desde las profundidades del mar, escalan por la roda del barco y se enraízan bajo su bauprés apoderándose del alma del barco y de sus tripulantes.
Desde ese instante, el azote del viento, la caricia de las olas, el calor del sol, la complicidad de las sirenas y la protección de Neptuno, serán invocados por esta figura, en demanda de amparo para todos.
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Santander: Réplica del mascarón de la Nao de Juan de la Cosa

Estamos hablando del mascarón de proa, figura decorativa, casi siempre de madera, ornamentada según la importancia y la jerarquía del barco del que forma parte. Decora, identifica y prestigia al patrón de la embarcación.
Desde tiempos inmemoriales los pueblos de las distintas latitudes han adornado sus embarcaciones. En España los mascarones de proa se implantan como una moda en el siglo XVI. Por aquél entonces viven en torno a la Corte importantes imagineros (extranjeros y españoles) que, además de esculpir la madera para temas religiosos, hacen esculturas para las proas de los barcos. Éstos y los carpinteros de ribera, son imprescindibles en las embarcaciones de gran porte. Generalmente utilizaban la madera de cedro porque es fácil de esculpir y poco propensa a la putrefacción y a la carcoma.
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."C""Capitán Miranda" de la Tall Ship Race
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A instancias del Capitán General Antonio Valdés, en 1793 una Real Orden firmada por Carlos IV dio libertad para tallar los mascarones de proa con figuras alusivas al nombre ó al apodo del barco. La misma Orden establece que aquellos buques cuyo nombre no era fácil de representar en una escultura, tenían que llevar un león rampante. Esta figura ya figuraba en todas las embarcaciones de la Armada hasta ese momento. El león simboliza valor y fuerza. En otros países, como Inglaterra ó Francia, sus barcos también esculpían sus proas con mascarones. A partir del rey inglés Enrique VIII, el león rampante es el mascarón tradicional de los buques de la marina británica. Desde principios del S. XVIII en Francia se utilizó un león coronado en los mascarones de proa hasta que en 1785 se puso el escudo flordelisado.
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Réplica del  navío Santísima Trinidad en el puerto de Málaga
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Hoy podemos ver algunos de estos mascarones en los museos más señeros del mundo. Una importante colección de estas esculturas de madera es la que está a bordo del Clípper Cutty Sark, en Greenwich. El Museo Marítimo de Barcelona tiene una colección de mascarones de proa que proceden de veleros catalanes del S. XIX. Destacan el llamado “Negre de la Riba” (Negro de la Ribera), el “Ninot” (muñeco, monigote) y la “Blanca Aurora”.
La literatura se ha hecho eco de estas bellas esculturas que engalanan los buques en sus proas. En “El laberinto de las sirenas” el escritor español Pío Baroja las recrea y las alaba así:
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“¡Mascarones!, ¡viejos mascarones de proa! Vosotros erais el remate de algo divino, como el barco de vela. Vosotros erais su enseña, la ornamentación del bello y gallardo barco, con su erguido bauprés.”
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El poeta chileno Pablo Neruda no sólo escribió sobre estas marineras tallas, sino que las coleccionó, junto con otros artículos relacionados con el mar, en su casa de la Isla Negra, frente al Pacífico. Neruda tenía varios mascarones. Los más conocidos son María Celeste, la Medusa, la Guillermina.

“La niña coronada por las antiguas olas,
allí miraba con sus ojos derrotados:
Sabía que vivimos en una red remota
de tiempo y agua y olas y sonidos y lluvia,
sin saber si existimos ó si somos su sueño”
(Fragmento de “Mascarón de Proa”, de Pablo Neruda)

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Bergantín de tres mástiles holandés "Thalassa"
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El espectáculo de esperar desde tu barquilla, a que te rebase un gran velero con todo el empuje de su velamen desplegado, saliendo de la dársena del puerto, portando un enigmático mascarón que parece que te va a embestir, es una vivencia sólo al alcance de muy pocos privilegiados. Añádase a este momento crítico el que el gran buque, ya sea goleta, fragata o clípper, dispara sus cañones con las salvas de obligada cortesía: ¡No hay sitio donde esconderse…!
Y aunque sean recuerdos de un pasado glorioso de los grandes veleros que surcaban los mares, aún podemos verlos. Recordemos los buques escuela de algunas naciones como el Palinuro, de Italia, el Guayas de Ecuador, el Satd de Ámsterdam, el Mircea, de Rumanía…
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Mi "Hipocampo" pailebote de 40 cms.
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El bergantín-goleta, Juan Sebastián Elcano, el buque escuela de España, navega por el mundo con un mascaron de proa bellísimo. Es una figura femenina que representa a la diosa romana Minerva, símbolo del conocimiento y de la sabiduría, con el escudo acuartelado de Castilla y León a sus pies, que es el tradicional de la marina de guerra, representando a España.
Así, aún cabalgan orgullosos por encima de las olas. Aún surcan los mares. Aún navegan recordando su grandeza de tiempos pasados. Los mascarones de proa aún navegan engrandeciendo los tiempos actuales de la marina velera.
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NITO

1 comentario:

Manuel Espadafor Caba dijo...

Así avanzaba la nave, surcando las bravas aguas espumosas, sumergiendo el bello rostro de la sirena de proa en cada embate de las olas…