sábado, 14 de mayo de 2011

EL ARTE DE HABLAR BIEN O LA POYA DEL PANADERO


¡Dejaos de pollas, vayamos a pollas…!
Es que no puede ser, caballeros…
Mientras unos estábamos entretenidos en eventos finos y de altura, deleitándonos con la voz y la guitarra del rapsoda y amigo Juan Gómez otros, como el señor periodista y escritor Andrés Cárdenas presentaba y firmaba en la Feria del Libro ejemplares de su última obra, 'Dejaos de pollas, vayamos a pollas'. (Manda cohones el titulillo…)
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En este volumen, escrito en el tono humorístico que le caracteriza, el columnista de IDEAL analiza de forma pormenorizada el curioso caso de ese sinónimo de pene que en Andalucía oriental se utiliza profusamente en contextos lingüísticos que poco o nada tienen que ver con el órgano sexual masculino.
En la presentación, Cárdenas defendió que este vocablo, para granadinos y jienenses, «no es una palabra soez o irreverente, porque si lo fuera no la tendríamos siempre en la boca». Se trata, subrayó, de «una especie de comodín», de «un término polisémico casi perfecto, porque pronunciada reiteradamente en una única frase se puede sustituir por casi cualquier otra en ese contexto sin que se altere el resultado final del discurso».
Por eso decía que no se puede: Que unos sean tan deslenguados y descreídos y además ocurrentes y graciosos, y otros en cambio dándole vueltas a un articulillo que por recato y morigeración nunca nos atrevimos a editar.
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1 Panadero de Alfacar

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Señoras y caballeros,
damas de cría, infantes,
y militares sin graduación:
Tarde, pero me he decidido,
y disimulen la indiscreción.
Échenle, si gustan, los sapos
y culebras al periodista,
Juan Cárdenas, el guasón,
Pues lo mío es pura ciencia
etimológica nazarí, fresco
y puro léxico andalusí.
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Y ahí va el cuento en cuestión.- Hace unos años, curioseando en una obra de Lévy Provençal "Tres tratados hispánicos de ḥisba", encontré un curioso étimo; el cual, me resultó muy familiar en la cercanía y el tiempo con Granada, Jaén, Almería, Murcia y sus Provincias: Como quien dice, en todo el antiguo Reino de Granada.
En dicho tratado, - en la que hace mención la ḥisba de 'Abd ar-Ra'ūf - el término hispano-andalusí "póya" -ببوخه- como un "bollo" o bien el "panecillo con el que se paga al hornero o panadero". Pasó al castellano como "poya", al catalán como "puja", y al árabe-maghrebí como "piwa". Su etimología parece ser la "puja" con la que había que alzar por encima de la hornada de pan, para pago del hornero; que al consistir en un "bollo pequeño y alargado", pronto adquirió su sentido secundario, como bien refleja socarronamente su autor en su ḥisba.
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Así pues estamos ante un vocablo malsonante por tierras hispanas. Mientras que en Murcia se utiliza "pijo" con el mismo origen y connotación, en Granada se dice claramente -como ejemplo- : "¿Qué "poyas" dices?".
Aquí estamos viendo que el granadino está muy disconforme con algún comentario no del todo claro. También podríamos escuchar del mismo modo a un murciano preguntar: ¿Qué "pijo" haces?
Es evidente que tanto el granadino como el murciano, están hablado correctamente al no referirse con dicho término a ningún órgano externo del panadero, sino más bien al poco o nulo contenido del discurso, o al escaso provecho de un determinado asunto o cuestión baladí.
Demos las más sinceras felicitaciones a ambas comunidades, por mantener parte de tan fresco léxico andalusí, y a Abd ar-Ra'ûf, por su inestimable sentido del humor.
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NITO

6 comentarios:

Antonio Montufo Gutiérrez dijo...

Ciertamente no podemos estar en dos sitios a la vez y tuvimos que elegir y elegimos bien porque el concierto fue inolvidable y nuestro querido Juan supo nombrar a sus amigos dedicando a cada uno su canción, en fin tendremos que comprar el famoso libro sobre el vocablo tan granadino de "pollas".
Como siempre tus intervenciones son acertadas y esta no iba a ser menos.

Manuel Espadafor Caba dijo...

Ya desde niños se les dice pito y minina, y sin olvidar el más serio: “miembro viril”, también se dice pilila, pistola, rabo, picha, falo, carajo, verga… y muchos más.
Me pregunto ¿Porqué tiene tantos sinónimos algo que mengua con la vejez?

SANDIRA dijo...

Yo también me lo he preguntado muchas veces, don Manuel: Tantos nombres y étimos para designar a un adminículo tan tonto.
Por eso vemos bien que el granaino, descendiente de aquellos polluos nazaríes, dejara asentada la cuestión con una sola interjección: ¡Vaya una polla! -Y, por favor: No confundamos términos, vayamos a pollillas-

Juan Gómez dijo...

Siento discrepar algo.El vocablo, en mi opinión,es un dominio territorial.
Ejemplo: "Monarquía". Es el Estado "regido" por un monarca designado a dedo y por orden generalmente "hereditario".
"Poyarquía". Es el Estado"rígido" de un poyarca designado a mano y por orden generalmente "ereccionario". En el reino poyarquico de Granada "la poya" llegó a ser moneda importante que pasaba de mano en mano como si tal cosa fuere, pero eso sí, con la solemnidad de la elocuencia en su maxima expresión. ¡Vaya poyas!.
Como siempre mil perdones y un abrazo.
Juan Gomez.

Alberto Granados dijo...

Nito, encantado de haber paado por este blog, en el que pienso quedarme más de un rato.
Permítame dos precisiones:
En primer lugar, yo también estuve en esa presentación, con el propósito de contarlo en mi blog y, en segunda instancia, en la revista culturla Pliegos de Alborán (separata de El faro de Motril). Le adjunto el enlace:

http://albertogranados.wordpress.com/2011/05/18/%C2%A1ejem/

En segundo lugar, una puntualización. En Jaén se habla siempre del mítico Poyagorda, el hornero de Los Caños. Siempre creí que el apelativo hacía referencia a la sobredotación del bendito envidiado horneo, pero parece que no, que la jaculatoeia obedece a que fue demasiado ávido en cortar la poya al pan que amasba.
De otra forma: cuando la gente llevaba harina a hornear, el hornero hacía la masa y, en presencia del maquilero, cortaba un quinto de la masa, que era su beneficio, para hacer pan y venderlo al público.
Parece ser que este Poyagorda abusba en el corte y que en vez de llevarse su quinto, se llevba una poya más desmesurada de lo normal. O sea, que era un poco ladrón, según la vox populi.
No sé esos extremos, pues es agua muy pasada, pero sí sé decir que existe la acepción "pan de poya" en el diccionario, que corrobora esta legendaria hipótesis.
Me encantan las cosas de esta cidad, así que voleré por aquí.
Y yo cumplo mis amenazas.

AG

Alberto Granados dijo...

He olvidado el enlace de Pliegos de Alborán: aquí va.

http://www.joselupianez.com/julio_agosto11.pdf

AG