jueves, 30 de julio de 2009

El desastre de la Escuadra en La Herradura


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Así, del modo más tonto que imaginarse pueda, pero del modo más trágico, se perdieron en 1562 en esta Bahía 25 galeras y 5000 vidas, además de los sueños de Felipe II, por un tiempo, en su política de dominio y control del Mediterráneo.

Los datos fueron recogidos en una tesis y posteriormente en un libro por la profesora María del Carmen Calero Palacios. En marzo de 1990, se colocaba un monumento al "Hombre de la Mar" realizado por el escultor granadino, Miguel Moreno Romera.


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Monumento a los hombres de la mar


He aquí el relato: "El domingo 18 de Octubre de 1562, concluidas las operaciones de pasaje y aprovisionamiento viendo D. Juan que comenzaba a correr viento de levante y el mar presagiaba borrasca, sale del puerto de Málaga con 28 galeras. Según la relación de Figueroa, testigo de los hechos, la armada avanzó hasta las puertas de "Vesmiliana" (junto al actual Rincón de la Victoria), donde empezó a correr viento de tierra. En este lugar la galera Caballo de Nápoles embistió a la Soberana de España, el choque hizo saltar el timón de esta última y tuvo que ser remolcada por la Renegada y la Esperanza.


Continuaron la navegación en malas condiciones, agravadas por la aparición de viento Sur, temido de todo marinero. La lluvia comenzó a hacer estragos en galeras y tripulación, al amanecer llegaron a la altura del río de la Miel, cambiando de nuevo el viento a Levante. La situación obligó a batir tiendas y aumentar la boga; al fin tras una noche de remar intensamente consiguieron entrar en la Herradura.

Serían aproximadamente las diez del día siguiente, 19 de Octubre, cuando comenzaron a situarse en la punta de Levante de la bahía. En una hora se dispusieron las galeras desde dicha punta hacia tierra; en primer lugar, la Soberana seguida de la Mendoza y San Juan, a continuación todas las demás. La Capitana, Patrona y Esperanza, estaban en el centro de la escuadra.

El peligro parecía haber pasado; el tiempo aclaró y la Punta de la Mona resguardaba de Levante. Los galeotes herrados pedían la libertad, pues así lo autoriza el Rey en estos casos. Había pasado solamente una media hora de estar anclados, cuando de nuevo tornóse el viento Sur y sobrevino el temporal con tal violencia, que no les dio tiempo a levar anclas y trasladarse al otro lado de la bahía (Cerro Gordo) ni dar la vuelta a la Punta de la Mona. Al cambiar el viento las galeras quedaban batidas abiertamente, habían buscado el refugio del Levante y el viento Sur las empujaba de frente.

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El mar creció y la furia de las olas movía las galeras de un lado para otro sin control, pese a que intentaron sujetarlas con dobles hierros, operación que provocó las murmuraciones de la tripulación porque no se solía echar más de uno en estos casos. Don Juan de Mendoza mandó soltar los galeotes y dio voces a las demás galeras de que hicieran lo mismo. La galera Capitana de Nápoles levó anclas pero con tan mala fortuna que fue a dar en las rocas y arrastrada por el mar hasta la playa encalló; el timón de la galera Santangel saltó y fue arrastrada por las olas hasta la playa; la Patrona y Caballo de Nápoles dieron la vuelta sobre sí mismas, e inmediatamente todas las galeras comenzaron a chocar unas con otras, destrozándose o hundiéndose. Los supervivientes se tiraban al mar pero la resaca, maderos y toda clase de objetos flotantes acababan con sus vidas.

Las galeras Brava, Renegada, Estrella y Esperanza, se habían perdido, el número de las hundidas era ya de diecinueve. La Capitana de España, quebró el árbol y fue embestida por las olas hasta atravesarse y hundirse.

A la una del día se acabaron de perder las galeras; a las cuatro de la tarde comenzó a calmar la tempestad, tres horas de tragedia habían bastado para acabar con la escuadra española. De las veintiocho galeras, veinticinco habían quedado en La Herradura. En el fondo del mar, duermen el sueño del paso de los siglos, cubiertos sus restos por bancos de arena"



NITO

domingo, 26 de julio de 2009

EL FALUCHO "SAN JUAN"


El falucho "San Juan"

Andaba enredado en un viejo manual sobre los “Recuerdos del pasado de Almuñécar”, cuando al hojear unas añejas láminas que reflejan las duras condiciones de vida y trabajo de sus habitantes a primeros del S. XX, me fijé que, en la playa, junto a las clásicas barcas pesqueras, veíase un velero de dos mástiles y botalón, de más que regulares dimensiones. Su silueta me era conocida. Se trataba, en suma, de un falucho que, cargado de carbón desde Inglaterra, rendía viaje en esta localidad. Mi imaginación y mis recuerdos náuticos me llevaron hasta el falucho "San Juan" del que tengo hecha una maqueta.

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Un falucho en Almuñécar en 1910

He aquí su historia: Después de la guerra de Independencia de las colonias americanas de España, desaparecieron los barcos de marina mercante en la península, sólo quedaban pequeños veleros de cabotaje deseando restablecer la navegación con las Antillas. A través del Real Decreto de Carlos III, se restablece el comercio con las colonias que seguían fieles. El falucho San Juan, el denomiado posteriormente “El Glorioso” por sus proezas, fue el que realizó el primer viaje haciendo las veces de correo .

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Aprestándose a zarpar. Año 1910

Pero ¿qué era un falucho? La palabra falucho, que algunos tratadistas navales dicen proviene del árabe fulkan (barca), define en sí a una embarcación típicamente mediterránea cuyos orígenes se le suponen en la «bilancella» napolitana, modificada por los españoles al añadirle una pequeña vela de mesana también latina, parecida a la que empleaban los jabeques mediterráneos.

Pertenecía el falucho a la familia de los jabeques (embarcaciones empleadas por los piratas berberiscos y turcos por sus excelentes cualidades marineras). Su casco era ligero y alargado; algo mangudo y de no mucho puntal, pero de finas líneas de proa y popa para dar una buena entrada y salida al agua en su navegación. Arbolaba un palo mayor bastante inclinado hacia proa, pudiendo también en algunas variantes (sobre todo los mercantes) llevar un pequeño palo de mesana que, a diferencia del palo mayor, iba puesto en candela, además del botalón de proa para largar un foque.

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La maqueta del San Juan realizada en 1984

Hubo faluchos dedicados al servicio de guardacostas, al tráfico de cabotaje y a la pesca, caracterizándose todos ellos por su gran andar (excelente velocidad), buen gobierno y excelentes cualidades bolineras, ciñendo fácilmente en cinco cuartas; su porte (tamaño), por regla general, no solía pasar de las 50 ó 60 toneladas de registro bruto (TRB).

¿Te imaginas, lector atento, el temple de aquellos siete u ocho hombres, en una barca de 50 toneladas, llevando el correo a Cuba y burlando el bloqueo yanqui…? -¡Después dicen de Colón y sus yemas…!

NITO

viernes, 24 de julio de 2009

QUÉ MARAVILLA LA DEL CÁLAMO


Mini prueba. (Clic en la caracola)


¡Qué maravillosa labor la del cálamo:

Bebe oscuridad y vierte luz!

(Abu Hofs Ibn Burddd al-Asgar)

Dice mi vecino Emilio: “Todas estas estilográficas de diseño de mi propia colección, y son más de 55, serán tuyas si me cortas y tallas un cálamo de bambú parecido al del dibujo que nos muestras, con la condición de que sea capaz de escribir mi nombre y dos apellidos de una sola mojada en tintero…”


El proyecto

¿Le acepto el reto? –Creo que no está bien engañar a los amigos, pero… ¿Alguien tiene un trozo de bambú por ahí…?

Yo, por lo pronto, apresto mis herramientas y ensayo en toda ruda cañilla pajillera que me encuentro por estas huertas. Ya tengo unos cuantos mini-cálamos a los que sólo les falta probar su nobleza bebiendo la oscura tinta.

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El codiciado premio


NITO

martes, 21 de julio de 2009

COSTA DE LA CAÑAMIEL DE GRANADA


La Ribera de la Cañamiel de Granada.

Juan de Dios de la Rada y Delgado (1869), al fin de una exhaustiva descripción de la provincia de Granada, decía: “De caminos vecinales casi no debe hablarse, pues están en un deplorable estado de abandono

¿Les suena la vieja canción? Pues les va a sonar, murgueros. Andaba rebuscando entre mis antiguos recortes de prensa para ver de entresacar algo que llevarme a la tecla, cuando me encontré con el pensamiento del gran Francisco Izquierdo. A pesar de lo antiguo del artículo, a pesar de lo antiguo de las citas que hace, sigue siendo de rabiosa actualidad un viejo problema, ya endémico, granadino y todo a pesar, para nuestro lamento, de la recién rematada autovía que poco o nada nos ha resuelto.

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Línea Alameda-El Palo

...Añade, teniendo en cuenta que sólo existía vía férrea de Granada a Loja, “que para llegar a Granada hay necesidad de dar un larguísimo rodeo. Si los granadinos hubieran conocido sus verdaderos intereses, habrían procurado establecer una línea de ferro-carril directamente para la Corte y hubieran hecho otra directamente para alguno de los puertos de sus costas, con lo que éstas habrían tomado toda la importancia a que sus especiales condiciones las llama, y la capital y la mayor parte de las poblaciones habrían tenido vida propia, sin quedar en esta parte tributarias de Málaga”.

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Salobreña

De caminos más vale no hablar, sollozaba De la Rada, y así hemos estado más de cien años, lamentando que una distancia relativamente corta hasta el litoral granadino fuese tan enormemente dilatada y difícil por el trazado y la condición de las carreteras. Unos años antes, Miguel Lafuente Alcántara (“El viajero en Granada”, 1843) escribe: “Vergonzoso es, pero necesario decirlo: la provincia de Granada, aunque bañada por el mar, no tiene fáciles medios de viajar ni de conducir efectos a las playas ni al extenso litoral que hay hasta Almería y Málaga. Arrieros, dueños de recuas de burros y mulos, son los que mantienen, al través de caminos ásperos y difíciles, comunicaciones con los pueblos marítimos; hasta tanto que el arrecife de Granada a Motril quede definitivamente concluido, es necesario valerse de cabalgaduras lentas e incómodas”. En esa época, hace siglo y medio, tan sólo los jueves y los sábados existía servicio de viajeros con la Costa y, por supuesto, de correos.

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Recalando en el puerto de Motril

En 1893, funcionando ya la línea de Ferro-carriles Andaluces, el enlace con Motril lo explotaba la compañía de diligencias “La Motrileña”, eso sí, con servicio diario de pasajeros, tardando seis horas en la ida y nueve horas en la vuelta, por ser cuesta arriba. “La Motrileña”, además, disponía de carretones denominados galeras para portes en general y de mensajería (carruajes para servicio público discrecional) que, siendo diarios y con rigurosa hora de salida, jamás se sabía cuándo llegaban a destino. Mi madre (perdón por el ejemplo familiar), en 1912, tardó cinco horas y media en llegar a la orilla del mar en coche de “La Motrileña”. El que esto escribe, en 1939, consumió tres largas horas de automóvil en arribar al Varadero.

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Azucarera motrileña

NITO

sábado, 18 de julio de 2009

LAMURGA DIVINA


La Murga divina: ¡Divina Murga...!

A fuerza de hacer de lo cotidiano costumbre, nos puede parecer que La Murga siempre estuvo ahí, entre nosotros.

- ¡Ah, pero ¿no fue siempre así...?!

-Pues no, no siempre estuvo tan al alcance de las manos.

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La verdad es que algo sí que había: Basta con mirar mi querida y anaranjada "Olympia" (hoy apartada aquí en la playa, en el rincón de la nostalgia pero, eso sí, pulcra y engrasada como el primer día), y con la que a base de collages y mucho type, daba la vara (murga) con mis pequeñas memorias a todo aquel que quísome oír.

¿Y antes aún? ¿ antes del ordenador y de la máquina...? -Sí, antes de las estilográficas, y de los palilleros con sus plumines y antes de los bolis multicolores y estilógrafos, mucho, mucho antes, cuando me enseñaron los padres de mis amigos morillos a cortar un cálamo yo mismo de un trozo de buena caña común o cañabrava...

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Cálamos de cañas y carrizos. Una con reservorio de lata.

Sueño todavía con la que me regalara el padre de mi amigo Maimún, tallada en nudoso y durísimo bambú, afiligranada ella y que duraba y duraba y no se despuntaba nunca. No era nada fácil trabajar ese material. Yo las empleaba siempre para dibujar, nunca para escribir pues "escribían muy gordo" para mis cuadernos escolares "occidentales", no como ellos que lo hacían en tablillas de madera enjabelgadas a modo de pizarras en sus escuelas coránicas.

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Cálamo de bambú

Siempre estuvo en mí el germen de la escritura; como si estuviera poseido de lo que los antiguos llamaron "el cálamus currente": "El correr de la pluma", con presteza y de improviso, sin reflexión previa, a vuela pluma que diríamos hoy...

¡Qué lástima que Natura no me diera más donaire e inteligencia para ello, cohones...!

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NITO

jueves, 16 de julio de 2009

“IGUERIBEN NO SE RINDE”

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"Igueriben no se rinde" 17 DE Julio de 1921

Hoy quisiera recordar aquel desastre militar honrando a aquellos hombres cuyo baracka los colocó en el Blocao de IGUERIBEN, el fatídico 17 de Julio de 1921 y que fue como el anticipo de lo que ocurriría días más tarde en Annual y Monte Arruit, y en definitiva, del hundimiento de la Comandancia de Melilla, que dejó a esta ciudad a merced de las harcas de Abd-el-Krim y que si no entraron a degüello en esta plaza, fue por las repercusiones internacionales que hubiesen conllevado contra su causa.

El lector que leyera hoy el título de la novela de José Díaz-Fernández, El blocao (1928), difícilmente entenderia ciertos vocablos. Blocao: Pequeña fortificación de madera y sacos terreros, fácilmente transportable. El término casi se ha extinguido, como una llama a la que se le acaba el oxígeno. En los años 20 era, sin embargo, de uso común en los periódicos, junto a palabras más exóticas, como “cabila”, “Harca” o “mía”. En aquel tiempo no necesitaban explicación, pero ahora ya hemos olvidado su significado, igual que olvidamos la guerra que las convirtió en moneda de intercambio cotidiano. “Paqueo”: Por la sensación auditiva que producían los disparos de los francotiradores moros, nuestras tropas comenzaron a llamarles pacos, onomatopeya resultante de unir el sonido del disparo (pa) y el eco del mismo (co).

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Comandante Don Julio Benítez

In Memoriam

Cuando a comienzos de julio el Comandante Benítez fue transferido de Sidi Dris a Igueriben, en la posición se venían sufriendo paqueos y hostigamiento desde hacía varias semanas. Distante cinco kilómetros de Annual, una pequeña población situada al noroeste del protectorado español en el norte de África, el blocao de Igueriben ofrecía pocas ventajas a sus defensores: las barrancas que rodeaban la fortificación forzaron a los zapadores a tender la línea de espinos demasiado próxima a las trincheras, eventualidad esta que beneficiaría a unos posibles asaltantes; caso de dominar el enemigo las alturas periféricas el camino de acceso estaría totalmente batido y, por tanto, inutilizable; y, lo que es peor, se carecía de abastecimiento de agua. La guarnición la integraban dos compañías de fusiles, una de ametralladoras y una batería ligera, en total, 350 hombres. El día 14 de julio se intensificaron los ataques, coyuntura esta que obligó a los integrantes del destacamento a permanecer de continuo en los parapetos soportando durante el día un sol abrasador. La mañana del 17 se agotaron las reservas de agua. El 18 los moros emplazaron dos cañones cuyos fuegos causaron fuertes daños en las defensas y un gran número de muertos y heridos entre los sitiados. Sin embargo, lo realmente grave dentro del reducto eran los estragos que estaba causando la sed. Se había recurrido a estrujar patatas para sorber el liquido que almacenaban y a beber el jugo de las conservas, llegando algunos hombres a ingerir orines, tinta de escribir o colonia. El día 21, una columna de 3000 soldados procedentes de Melilla intentó acercarse en auxilio de la posición pero fue duramente atacada y hubo de emprender la retirada tras haber sufrido más de 150 bajas. Ante la imposibilidad del socorro, desde la Comandancia General se autorizó la evacuación del puesto. Benítez ordenó entonces destruir cuanto de provecho pudiera ser utilizado por los harqueños, incendiándose las tiendas y barracones e inutilizándose las piezas de artillería. En pequeños grupos comenzaron a abandonar el recinto siendo el último en hacerlo el propio Comandante, el cual resultó mortalmente alcanzado por fuego enemigo antes de llegar a la alambrada. El resto de los defensores fue masacrado en su retirada, logrando escapar y llegar con vida a Annual tan solo un Sargento y diez Soldados, algunos de los cuales fallecieron a las pocas horas debido a las heridas y privaciones sufridas durante el cerco. Don Julio Benítez y Benítez había nacido en el malagueño pueblo de El Burgo el día 17 de Agosto del año 1878.

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Dibujo de la Posición de Igueriben

Alcanzado el empleo de Subteniente del arma de Infantería, marchó voluntario a la guerra de Cuba donde, por sus esforzados méritos, se le concedió la Cruz de María Cristina. En 1912, ya con el grado de Teniente, se incorporó a la guarnición de Melilla pasando destinado al Regimiento de "Ceriñola". Hombre de profundas convicciones patrióticas, desde el primer momento se convirtió en el alma de la defensa de Igueriben. Con constantes derroches de valor y total desprecio de su vida, recorría los puestos de tirador para infundir alientos y animar a sus hombres, lo que le convirtió en ejemplo de tan altas virtudes militares que, a pesar de las extremas condiciones que soportaban en el blocao, los supervivientes afirmaron que todos habían depositado en él una fe ciega en el triunfo. En telegrama a su Comandante General que les autorizaba a retirarse, Benítez contestó: "Los de Igueriben mueren pero no se rinden. Tengo doce disparos de cañón; cuéntenlos, y cuando oigan el último hagan fuego sobre nosotros pues estaremos revueltos con los moros". Por el gran espíritu militar demostrado en la defensa de la posición que se le había encomendado, en enero de 1925 le fue concedida la Cruz Laureada de San Fernando, la más insigne recompensa de los ejércitos españoles y una de las condecoraciones de mayor prestigio en todo el mundo.

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NITO

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miércoles, 15 de julio de 2009

¡SALVAD IGUERIBEN…!

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Introducción.

Como todos los comienzos de verano e inspirado por el calor, mis pensamientos y mis recuerdos me retrotraen a otros calores, a otros tiempos, cuando sedientos y cubiertos de polvo norteafricano por nuestros juegos infantiles, buscábamos refugio en las frescas tapias de la huerta de Mustafa, allá en las afueras de Beni-Enzar. El hospitalario moro, nos obsequiaba con la fresquísima agua de su pozo, que no la había mejor en el entorno (ni en mi propia casa) y que nos proporcionaba su criada halando con brío el rezumante y agujereado cubo con ayuda de una descentrada y chirriante polea de madera, del que bebíamos todos a morro, en comunión y santa hermandad “amigos y enemigos”, como si la propia vida dependiera de ello. Risueño y afable, sentado a la sombra de su mejor higuera como un patriarca, mirando nuestras escopetas y caballos de caña, hondas y tirachinas, a la par que a nuestras magulladas caras y rodillas, nos preguntaba cómo había terminado “la guerra de hoy”.

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Este moro, leal a España y que creyó en su causa, había combatido siempre a las órdenes del luego General Mohammed ben Mizzian, en el Ejército Español y servido en la Mehal-la (tropas jalifianas).

Después, ya sosegados, venía lo mejor: Oír de los propios labios del viejo Mustafa, sus batallitas que, aderezadas con las que nos contaban en casa, llenaban nuestras tiernas mentes de épicos recuerdos en aquellas eternas vacaciones escolares de verano a las faldas del Gurugú…

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El año pasado escribía aquí en la Murga: “EN RECUERDO DE ANNUAL Y MONTEARRUIT” el 23-7-08, y en la que me hicieron este emocionante e inesperado comentario:

Anónimo dijo...

Estimado Nito.

Me permito corregir un poco la leyenda: De Monte Arruit. Quedaron vivos 67 hombres. La mayoría oficiales que fueron sacados por los rifeños antes de la matanza. El resto, despojos vivientes que pudieron zafarse de la muerte. El primer superviviente, mi abuelo paterno, Francisco Moreno Ruiz, que llegó a Melilla al día siguiente de la matanza y comunicó a Berenguer lo ocurrido. En la huida salvó la vida a Salvador Levia Cuevas, paisano y amigo suyo, lo cargó muchos kilómetros sobre su espalda.

Atentamente.

Paco Moreno

19 de febrero de 2009 18:02

¡Cómo me hubiera gustado conocer al Sr. Paco Moreno y agradecerle aquel Comentario y cómo desearía que me volviera a leer sobre este que ofrezco ahora y me volviera a corregir o reseñar algo interesante e inédito…!

(Continúa)

NITO

martes, 14 de julio de 2009

EL CÁLAMO SUPREMO Y MARTINICO

Una piadosa cortina de chumberas cubre las cinco tumbas moras
Tan absorto me encontraba observando las tumbas árabes aparecidas hace algunos años en La Herradura al construirse la trinchera para la nueva autovía, que no me di cuenta de su presencia hasta que me di de bruces con él. Sí, allí estaba Martinico, aquel hombrecillo enjuto y enigmático, ya viejo conocido, sentado a la sombra en un peñón al borde del camino que serpentea paralelo a la Rambla de las Tejas, limpiando sus gruesas lentes, y con su sombrero de color ala de mosca reposando en sus rodillas.

-¡Qué casualidad, Ud. por aquí! –Me espetó. –Lo veo muy ensimismado contemplando esas viejas tumbas.

-¡Hombre, celebro verle de nuevo! – Sí, ya es casualidad encontrarle precisamente por aquí. –Le digo mientras no dejo de observar la trasparencia de su piel.

-¿Tienen algún interés para Ud. esos enterramientos? –Ya veo que viene cámara en mano.

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-Bueno, un interés relativo. Precisamente andaba preguntándome por la identidad de estas anónimas tumbas de hace 500 años, lo caprichoso de su destino que las hace aflorar ahora por pura casualidad, su infortunio al no descansar en paz y sin una lápida que las recuerde.

-Bueno, una cosa es segura. –Me dijo. –Fueron súbditos fieles de un triste rey cuya tumba, a pesar de epitafios regios, que sin duda en su día tuvieron, también es hoy anónima.

-¿Se refiere al infeliz Boabdil, último rey nazarí de Granada…? Precisamente se leyó en la prensa hace años el descubrimiento de su mármol funerario en Tremecén.

-No crea todo lo que lea, amigo. Se equivocaron todos. Se equivocó Mr. Brossard, su descubridor, se equivocó su ayudante Sidi Hammú Ben Rustán, se equivocó la Academia Francesa de Inscripciones al galardonar al científico por tan meritoria labor y se equivocó el periodista y también investigador Gillermo Rittwagen al sacar la noticia en la prensa en 1929

La traducción (muy meritoria por cierto) aparece trascrita en su totalidad, salvo muy contados renglones imposibles de descifrar por el desgaste de ciertas palabras escritas en imperfecta caligrafía arábigo-andalusí, pero que eran claves para la comprensión total y certera: La genealogía ascendente del personaje fallecido. Se hubiera visto que no coincidía con la de Boabdil en su totalidad y sí con la de su tío El Zagal, de su mismo nombre y apellido. Es así de rotundo: Abú Abd Aláh Muhammend, es decir, Boabdil El Zagal, sí está enterrado en Tremecén. Por el contrario, Abú Abd Aláh Muhammend, es decir, Boabdil El Chico, no sabemos a ciencia cierta dónde acabaron sus huesos. La teoría más generalizada es que fue en Tetuán, aunque yo tengo sospechas más que ciertas, de que sus cenizas descansan y para siempre en su Granada, junto con las de su amada Morayma.

capit.C.V. y muley

-¿Y en qué se basa usted para tamaño aserto?

-Hay muchas pistas que nos han sido dadas, principalmente por el "Al-Calam Al-A´Lâ", (El Cálamo Supremo), de Cide Hamette Benengeli, además del sentido común, que así lo indican. La determinante es una cláusula secreta y privada de las anexas a las propias Capitulaciones de 1492 y que me fue mostrada, otorgada a favor del último de los reyes moros, por la piedad y sentimentalismo de la propia Isabel la Católica.

Dicho esto, y tras ultimar la limpieza de sus lentes, tomó el sempiterno sombrero de color ala de mosca y se despidió gentil, caminando con extraña y nerviosa agilidad cañada abajo hasta perderse tras un frondoso cañaveral, dejándome, como siempre, entre la duda de si fue o no real su presencia y esta conversación.

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Boabdil niño

NITO

viernes, 10 de julio de 2009

LA LÁPIDA AL DESCUBIERTO

He aquí la trascripción de la lápida sepulcral de Boabdil (fragmento) y la traducción de la misma, íntegra. Como queda dicho en entradas anteriores, fue descubierta y traducida en Tremecén, Argelia, por Mr. Brosselard sobre 1860.

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TRADUCCIÓN

En el nombre de Dios piadoso y clemente. Bendiga Dios á

nuestro Señor Muhammad y á su familia.

Este es el sepulcro de un rey que murió en el

destierro, en Tremecén, como proscripto, entregado al ocio entre

sus mujeres,

quien había combatido

por la religión, aunque el algihed le negara

sus felicidades.

Hirióle el destino implacable con sus decretos,

pero Dios le dió la resignación,

á la sazón que la desgracia caía sobre él.

¡Derrame el Señor para siempre sobre esta sepultura

el rocío de su cielo!

Esta tumba es del rey justo, magnánimo, generoso, del defensor de la religión, del cumplido, del amir de los muslimes, del vicario del Señor de los mundos, nuestro señor Abo-Abdi-l-lah, el victorioso con el auxilio de Dios, hijo de nuestro señor el amir de los muslimes ................................................................... el santo Abol-Hacen, hijo del amir de los muslimes Abol-hexix (Yusuf II), hijo del amir de los muslimes Abo-Abdi-l-lah, hijo del amir de los muslimes Abol hexix (Yusuf I), hijo del amir de los muslimes Abol-gualid ben Nasr, Al-Ansari, Al-Jazrachi, As-saadi, el andaluz. ¡Santifique Dios su túmulo y le señale un lugar elevado en el Paraíso! Combatió en su país de Andalucía por el triunfo de la fe, no inspirándose sino en su celo por la gloria divina, y prodigando su vida generosa á cada instante, sobre el campo de batalla, en las terribles lides en que numerosos ejércitos de los adoradores de la Cruz caían sobre un puñado de caballeros (muslimes). No se dió reposo durante la época de su poderío y califato en la empresa de combatir por la gloria de Dios, concediendo á la guerra santa cuanto ella exige, y fortificando el valor de sus guerreros en los momentos en que parecía próximo á vacilar

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............................................................................ Llegó á la ciudad de Tremecén, donde halló siempre buena acogida y compasión hacia sus desgracias. Entonces se verificó lo que había prometido Aquél, cuyos decretos son irrevocables............................................................................................................................. y del cual todos los mortales sufren la ley según lo que él ha dicho: toda alma gustará la muerte. Sorprendióle por cierto la suya en tierra extraña, [145] lejos de la patria, de la tierra de sus abuelos, los grandes reyes de la estirpe de Ansar, los sostenes de la religión del Elegido, del Predilecto .............................. Dios le ha elevado á las regiones de felicidad .................................................. y le ha envuelto con su gracia (al morir) entre las dos oraciones de la tarde, el miércoles de la luna nueva de Xáabán del año ochocientos noventa y nueve (Mayo de 1494), á la sazón que su edad se acercaba á los cuarenta años.

¡Oh Dios mío! ¡Que hallen gracia en ti las peleas que he

peleado por la fe!

Mi temor es que no alcancen gracia á tus ojos...

sino aquellas que son mis acciones dignas de alabanza.

Muévenme á esperar tu perdón y á confiar en el logro de mi deseo.

¡Por los méritos de Muhammad, no engañes, Señor,

mi esperanza!

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NITO

miércoles, 8 de julio de 2009

LA IMPOSTURA DE UNA LÁPIDA

Le Grande Mosquée de Tlemsen

Atentos y prestos me estad todos
y atentos a esta intrincada grafía,
pues aquí, por no saber geofrafía
y menos de historia de nasríes moros,
se cagó to entero el Mr. Brosselard
y hasta el corvejón la pata metió
como más adelante se probará.
¡Mirad qué formidable lío formó
que a la opinión científica cegó...!

NITO

domingo, 5 de julio de 2009

EL HALLAZGO EN TREMECÉN

"Un hallazgo verdaderamente fortuito y providencial, ocurrido en la encantadora y luminosa ciudad argelina de Tlemecén, ha permitido saber, al menos, el lugar de la muerte oscura y silenciosa de Boabdil el Chico".
He aquí cómo:

Al verificarse en 1860, reciente aún la ocupación por Francia de la última capital del emir Abd-al-Kader, el derribo de varias viejas casuchas moras, que se oponían de una nueva calle, cerca de la venerada mezquita de Sid Ibrahím, descubrióse que el pavimento del vestíbulo de una de las casas estaba formado, en parte, por una losa de mármol ónice, sobre cuya gastada superficie se advertían los enmarañados y jeroglíficos trazos de una inscripción sepulcral árabe.

La proximidad de la losa a la puerta de entrada había sido causa del deterioro, ya que con el continuo roce giratorio de la puerta había quedado impresa la huella circular sobre su superficie, cuyos relieves habían sufrido el natural desgaste.

Ello, unido al paso constante de los moradores de la casa por la losa, habían reducido grandemente el relieve de la inscripción, redondeando las aristas, achatándolas, hasta el punto de que la lectura del texto resultaba dificultosa en extremo.

Los descubridores quisieron averiguar algo relacionado con aquella losa funeraria tan extraña, e impíamente arrancada de su tumba para venir a servir de loseta de un pavimento de una casa vulgar, cosa que desdice de la veneración que los musulmanes tienen por cuanto se relaciona con los muertos. Pero nada lograron averiguar respecto del origen, fecha ni motivo por el cual hubiese sido la losa arrancada de su tumba y figurase en el vestíbulo de una miserable vivienda.

Entregóse la piedra a la autoridad militar, quien dispuso pasase a adornar el Casino de los oficiales de la guarnición, donde se iban depositando los numerosos hallazgos arqueológicos que se encontraban, a guisa de museo artístico e histórico.

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Madrasa almohade de Tremecén

La losa medía 91 centímetros de largo por 44 de ancho, siendo el espesor de la piedra de sólo 6. Las letras eran de estilo andaluz poco delicado, y por el frote a que había estado sometidas durante siglos, tal vez, aparecían borrosas, casi ilegibles, contribuyendo a hacer más difícil la tarea de su traducción el enmarañamiento natural de la escritura árabe, en apretados y próximos renglones, en número de 27, para tan reducida superficie. La naturaleza de la piedra, por otra parte, contribuía a la dificultad de la lectura, con las venas y manchas que surcaban la superficie. Menos mal que la losa estaba íntegra y no le faltaba el más mínimo trozo.

Acertó, muchos años después, a examinar detenidamente la piedra el sabio arabista Mr. Broselard, antiguo prefecto de Roán, quien, ayudado por el inteligente mufti de la misma ciudad de Tlemecen, Sid Hammú Ben Rustan, se empeñó en la ardua tarea de descifrar la enigmática piedra. En el número del “Journal Asiátique”, correspondiente a los meses de Enero y Febrero de 1876, apareció el fruto de la ímproba labor, transcribiendo casi en su conjunto el texto árabe y dando la traducción correspondiente, salvo muy contados renglones imposibles de descifrar por el mal estado de las inscripciones.

Y cuál no sería la sorpresa de Mr. Brosselard al encontrarse frente al mármol funerario que cubriese la tumba de Boabdil, el último rey moro de Granada y de España.

En la hoy oscura y silenciosa metrópoli argelina de Tlemecen, antes fastuosa corte de sultanes poderosos, vino, en efecto, a acabar sus tristes días Abú Abd Aláh Muhammend, conocido por Boabdil.

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Rendida la encantadora ciudad de la Alhambra a los Reyes Católicos, el infortunado monarca granadino pasó a África, habiendo corrido muy inciertas y contradictorias noticias sobre su vida y suerte en el amargo destierro, no faltando cronistas árabes que afirman que llegó a oscurecerse completamente, donde tuvo que ejercer los más bajos oficios para subsistir.

Sin embargo, las voces más corrientes eran que se retiró a Tetuán, acompañado por las principales familias de su reino, donde no tardó en volver a las empresas belicosas que tan poca fortuna le depararon, tomando partido por el rey de Fez, en contra de Marrakech, hasta que, muerto en una batalla, desaparecieron sus huellas. Se decía, sin embargo, que en Fez había labrado un magnífico palacio, semejante al de la Alhambra, pero del cual no queda la menor memoria. También se pretendía que estaba enterrado en el vasto y antiquísimo cementerio que rodea a Tetuán por el lado Norte, y que contiene tumbas magníficas y viejísimas.


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NITO


jueves, 2 de julio de 2009

ALMOGROTE (PATÉ DE QUESO GOMERO

Almogrote (Paté de queso gomero)
Es este un invento culinario gomero, poco extendido por las demás islas, sabroso y picantillo. Plato frugal, sencillo, pensado para aprovechar restos de quesos duros en cocinas humildes y rústicas. ¡Ah, y no olvides!: Cuanto más pique, más vino trasegarás y más grandes serán, en consecuencia, los “nuos” de pan que emboles, que de eso se trataba en tiempos difíciles: Alimentarse gustosamente de casi cualquier cosa. Después de probar el que venden ya hecho al gusto guanche, prefiero hacerlo yo mismo, pues no tengo el gaznate de hojalata como ellos: ¡Y cómo pica el cabrito..!
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La receta, tal como me la dieron:

El almogrote es relativamente fácil de preparar. Sólo tienes que hacerte con un buen pedazo de queso “que rebote contra el suelo como una piedra”, (si no es posible buscarlo gomero, al menos que sea de cabra , bien pestosillo que ofenda a tu pituitaria y que esté muy curado). Tienes que trocearlo lo más pequeño que puedas y pasarlo luego por el mortero.

Luego pelas unos tomates y mézclalos con el queso, “dos pimientas piconas de puta la madre” (pimientos secos algo picantes, semejantes a la ñora murciana), unos dientes de ajo bien picaditos y un poco de aceite de oliva. Pásalo todo por la batidora hasta que obtengas una mezcla homogénea.

Es entonces cuando ya puedes disfrutar del peculiar e intenso sabor del almogrote untándolo en rebanadas de pan, (mejor si éste está tostadito). Sobre todo si eres amante del queso en todas sus variedades, te encantará.

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NITO
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