miércoles, 15 de julio de 2009

¡SALVAD IGUERIBEN…!

Regulares

Introducción.

Como todos los comienzos de verano e inspirado por el calor, mis pensamientos y mis recuerdos me retrotraen a otros calores, a otros tiempos, cuando sedientos y cubiertos de polvo norteafricano por nuestros juegos infantiles, buscábamos refugio en las frescas tapias de la huerta de Mustafa, allá en las afueras de Beni-Enzar. El hospitalario moro, nos obsequiaba con la fresquísima agua de su pozo, que no la había mejor en el entorno (ni en mi propia casa) y que nos proporcionaba su criada halando con brío el rezumante y agujereado cubo con ayuda de una descentrada y chirriante polea de madera, del que bebíamos todos a morro, en comunión y santa hermandad “amigos y enemigos”, como si la propia vida dependiera de ello. Risueño y afable, sentado a la sombra de su mejor higuera como un patriarca, mirando nuestras escopetas y caballos de caña, hondas y tirachinas, a la par que a nuestras magulladas caras y rodillas, nos preguntaba cómo había terminado “la guerra de hoy”.

Montearruit

Este moro, leal a España y que creyó en su causa, había combatido siempre a las órdenes del luego General Mohammed ben Mizzian, en el Ejército Español y servido en la Mehal-la (tropas jalifianas).

Después, ya sosegados, venía lo mejor: Oír de los propios labios del viejo Mustafa, sus batallitas que, aderezadas con las que nos contaban en casa, llenaban nuestras tiernas mentes de épicos recuerdos en aquellas eternas vacaciones escolares de verano a las faldas del Gurugú…

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El año pasado escribía aquí en la Murga: “EN RECUERDO DE ANNUAL Y MONTEARRUIT” el 23-7-08, y en la que me hicieron este emocionante e inesperado comentario:

Anónimo dijo...

Estimado Nito.

Me permito corregir un poco la leyenda: De Monte Arruit. Quedaron vivos 67 hombres. La mayoría oficiales que fueron sacados por los rifeños antes de la matanza. El resto, despojos vivientes que pudieron zafarse de la muerte. El primer superviviente, mi abuelo paterno, Francisco Moreno Ruiz, que llegó a Melilla al día siguiente de la matanza y comunicó a Berenguer lo ocurrido. En la huida salvó la vida a Salvador Levia Cuevas, paisano y amigo suyo, lo cargó muchos kilómetros sobre su espalda.

Atentamente.

Paco Moreno

19 de febrero de 2009 18:02

¡Cómo me hubiera gustado conocer al Sr. Paco Moreno y agradecerle aquel Comentario y cómo desearía que me volviera a leer sobre este que ofrezco ahora y me volviera a corregir o reseñar algo interesante e inédito…!

(Continúa)

NITO