viernes, 23 de enero de 2009

PARQUE NACIONAL DE GARAJONAY


Desembarcando en San Sebastián de la Gomera

El bosque jurásico


Desde este mirador se divisaba Tenerife en el horizonte

Una vez desembarcados en San Sebastián de la Gomera, tomamos el autobús que venía en el ferry con nosotros y nos dispusimos a serpentear carretera arriba por entre cañadas, barrancos y roques. Cada kilómetro el paisaje cambiaba drásticamente. Así hasta que la niebla y la fina lluvia horizontal nos envolvió. El ondulante paisaje del parque nacional tapizado por una densa masa forestal está dominado por el pico Garajonay, que con sus 1.487 metros es la cota más alta no sólo del área protegida sino también de toda la isla de La Gomera. Las brumas procedentes de los dominantes vientos alisios, presentes la mayoría de los días del año, pueden considerarse como parte integrante del paisaje.

Su uniformidad paisajística sólo se ve rota por los denominados roques o pitones que corresponden a antiguas chimeneas volcánicas por las que salieron lavas pastosas y por los acantilados que constituyen gran parte de los linderos del parque.

Laurisilva: "Selva de laureles"

En la lujuriante vegetación destacan los bosques de laurisilva, una formación relíctica del Terciario que ha desaparecido de todo el mundo. Además de las extraordinarias representaciones de laurisilva existen otras masas forestales formadas por el fayal-brezal y por el brezal-clímax de porte arbóreo. Hasta la fecha se han censado en el parque más de 450 especies vegetales de las que 34 son endémicas de la isla y 8 exclusivas del propio parque nacional.
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Rituales de jefes guanches

El guía nos llevó a un calvero, donde misteriosamente no crece ni una hierba y donde los "druidas" guanches hacían sus aquelarres junto a una piedra de sacrificio o ara. Entumecidos como estábamos, nos llevó allí mismo, a un restaurante-refugio y nos recomendó, además de un café, que probáramos el gomerón, chupito estomacal a base de miel de palmera y otros hierbajos: ¡Alucinante...!

Elixir de dioses paganos: "El gomerón"

No acabaron las sorpresas: Bajamos a una altitud media por debajo de los nublos y con una radiante primavera, nos dispusimos a almorzar en un pequeño y acogedor refugio rodeado de feraces huertas aterrazadas entre limones, naranjos, almendros, papayas y aguacates.

Estrella nos dedica con su silbo: "Saludos a La Murga"

A los postres, nos sorprendió el dueño y dos camareros con una demostración del silbo gomero que ante el peligro de la extinción de este peculiar sistema de comunicación, es asignatura obligada en los colegios.

Adiós a la Gomera

Llegados al puerto y tras dos horas de tiempo libre por la ciudad, embarcamos de nuevo y decimos adiós a tan maravillosa isla, auténtico Edén y a donde no me importaría ser desterrado.


NITO